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101 MÁLAGA: SUEÑO MEDITERRÁNEO (Segunda Parte)

martes, 22 de marzo de 2011


Proviene de la primera parte,
101 MÁLAGA: Sueño Mediterráneo,
que se puede consultar en el propio enlace


Picasso, el museo

Perfila Picasso con su mirada una nueva visión de Málaga. La Málaga de rostro sesgado, bosquejado a veces, tamizada la normalidad por el cincel de un aliento distinto, diferente, único. Quizá nada sea casual. Quizá los múltiples rostros de Málaga esbozaran en aquel niño que jugaba en la plaza de la Merced la idea de una mirada sin igual, deshilaran en la mente del pintor universal el perfume del salitre, el vuelo raso de las gaviotas, las mujeres y hombres tendidos en los arenales. Quién sabe cuál sería el germen que culminó en el desbocado cubismo. Pero no hay duda de que el Mediterráneo malagueño está siempre presente en la vida de Picasso, ya sea como una ensoñación de la infancia o como un aliento en su adn. Con estas ideas pergeñando en nuestra cabeza guardamos la civilizada cola.
El Museo Picasso ocupa el antiguo Palacio de Buenavista. Paredes blancas, encaladas. Un edificio majestuoso con cierta disposición ascética erigido en el siglo XVI. Todo en Málaga es vanguardia y pasado, y así bajo este templo de modernidad que alberga una de las obras más prolíficas y rompedoras del siglo XX se encuentra un yacimiento arqueológico en el que fenicios, romanos y árabes parecen compartir con Picasso su gusto por la esencia mediterránea en su obra.
Son 155. 155 obras que sirven para trazar un perfecto mapa de la evolución de Pablo Ruiz Picasso como pintor y escultor. 155 obras que avalan la existencia de este museo en Málaga, ciudad natal del artista, y que lo transforman en el más visitado de la provincia. Encontramos libros ilustrados, pintura, dibujo, escultura, cerámica, obra gráfica en un arco temporal que va desde 1890 hasta 1973. Son ellas, las 155 obras, las que cobran protagonismo absoluto. Las paredes blancas permiten la explosión de los colores y las composiciones, percibir los perfiles imposibles, las palomas a punto de iniciar un vuelo imaginario, la volatilidad de sus esculturas.
Nos sumergimos en el onírico mundo del autor, flotando, vagando, mirando al resto de visitantes con una visión nueva. Descomponemos sus rostros y los volvemos a componer en un juego de rompecabezas equívocos. Visitantes de paso que saltan de una obra a otra. Visitantes apasionados, que hablan con certeza de ese o este brochazo. Visitantes descreídos, incapaces de poner en valor lo rompedor de la obra. Visitantes concienzudos, que desmenuzan y se acercan y se alejan y respiran Picasso por los poros. Nosotros saltamos, hablamos, creemos, desmenuzamos. El Museo Picasso requiere tiempo y necesita que el visitante aporte, solo hay que abrir la mente y dejarse llevar.
Toda la información acerca del museo, horarios, tarifas, exposiciones temporales, la colección, orígenes y obras, agenda, noticias, etc… Se pueden encontrar en la página web http://www.museopicassomalaga.org/. Nosotros hemos adquirido la entrada combinada a la Colección Permanente y a la exposición temporal “Kippenberger miró a Picasso" (8 euros por persona. El acceso a la colección permanente es de 6 euros y la exposición temporal de 4,50 euros). Como recomendación aparte de esta visita y afrontando un gasto generoso pero muy bien empleado, recomendamos desayunar un día en la cafetería del museo, en el patio, agua y piedra. Una auténtica gozada antes de que el recinto termine de desperezarse, cuando las obras aún parece palpitar y quitarse el sueño para vencer el amanecer.

Desde la Plaza de la Merced hasta el Museo de de Arte Flamenco Peña Juan Breva pasando por la Casa Natal de Picasso

Desde el Museo Picasso abordamos de nuevo la calle Granada, cruzamos por delante de la puerta de El Pimpi, que tantas satisfacciones nos ha ofrecido hace apenas un rato y continuamos el paseo por esta vía siempre bulliciosa hasta llegar a la plaza de la Merced. Si la calle Larios era la arteria principal de Málaga, la que nos conducía a su corazón, la plaza de la Merced es el epicentro de un terremoto. Lugar habitual de reunión de los más jóvenes al terciar la llegada de la noche y de turistas, familias tempraneras y palomas en las horas del mediodía tardío. En el centro de la plaza se yergue hacia el cielo el monumento al general Torrijos, uno de esos raros hombres comprometidos con el ideal y la libertad por encima de todas las cosas, afán que le causó la muerte violenta y cuya historia completa se puede leer en este enlace.
Asomada a la propia plaza de la Merced se asienta la Fundación Picasso y que incluye en su haber el Museo Casa Natal del artista. Entramos (2 euros). En la página web de la Fundación Picasso encontramos toda la información de sus objetivos, publicaciones y actividades. El precio de la entrada incluye una audioguía en la que se explica con detalle los orígenes del que fuera niño Pablo, su familia y sus primeros pasos en Málaga. Curiosa visita por saberse en el lugar en el que nació uno de los grandes genios creativos del siglo XX. Participamos así de un fragmento más de su vida y entendemos cómo se forjó su mirada desde estos balcones y en esta misma plaza. Para los más interesados en la vida del pintor, se puede descargar en la web de Málaga Turismo una ruta específica que abarca la visita a 13 puntos de influencia en la vida del artista, la Málaga Picassiana. Desde la Fundación Picasso hasta la Plaza de Toros de la Malagueta pasando por la iglesia de Santiago, el antiguo Museo Municipal o la antigua Escuela de Bellas Artes.
Desde la Casa Natal avanzamos en nuestro camino de descubrimiento de Málaga para afianzar nuestros pies en la portada del Teatro Cervantes. Destaca el color gris de sus paredes frente a las nubes azules que se imprimen sobre el lienzo del horizonte. El Teatro Cervantes es un edificio construido en 1870 y su interior recoge durante todo el año una completa programación musical y teatral que eclosiona de manera definitiva durante la celebración del Festival de Cine Español de Málaga, siendo sede principal del festival y lugar donde se realizan las ceremonias de inauguración y clausura. En la página web http://www.festivaldemalaga.com/ se pueden encontrar todas las referencias acerca de este evento que genera mayor expectativa con cada edición y que añade más vitalidad durante unos días de marzo y abril a una ciudad ya de por sí inmensamente vital. Junto al Teatro Cervantes participan en el festival también el Teatro Echegaray y el Cine Albéniz. Resistimos la tentación de tomarnos un buen café en una de las terrazas que se encuentran en la plaza de entrada al teatro. Desde la calle Carcer conectamos con la calle Álamos y tomamos dirección a la plaza de la Merced. En nuestro tránsito accedemos al Museo de Arte Flamenco Juan Breva, situado en la calle Ramón Franquelo 4. El edificio se comparte entre la Peña Juan Breva y el museo, siendo éste una consecución directa de la primera. Precisamente el museo se inauguró en 2008, año en el que la peña cumplía 50 años de existencia. En su interior alberga 5.000 piezas, entre las que destacan 2.500 discos, formando una de las colecciones más importantes de España, además se pueden contemplar 40 guitarras (de hasta 2 siglos de antigüedad alguna de ellas), mantones de manila, aparatos fonográficos, batas de cola, etc… Sin duda, un museo de visita obligada para los flamencos y que puede resultar muy curioso para el público en general.
Llegamos de nuevo hasta la plaza de la Merced y aquí terminamos la primera jornada de nuestro viaje.

Algunas pistas

Intercambiamos opiniones, repasamos algunas notas y apuntes, leemos dos o tres folletos de los que nos hemos traido con nosotros y nos percatamos de la certeza de que ha sido una jornada intensa y que las ideas, reflexiones, emociones y sensaciones que nos ha traído el día aún viven frescas en nuestra memoria reciente.
Sirvan como pistas algunas calles, plazas y lugares donde poder cenar, comer, tapear o tomar una copa. El Centro Histórico de Málaga es un hervidero de gente los fines de semana. La confluencia de la calle Larios y la calle Granada con todas sus derivaciones ofrece mil posibilidades para el ocio y la gastronomía nocturnas. Escribimos aquí algunas pistas próximas o derivadas de estas dos calles y que reúnen ambientes de distinto tipo. A tener en cuenta las inmediaciones del Cine Albéniz, punto de reunión de terrazas para cafés por la tarde y copas largas entrada la noche. Sentarse en uno de sus sillones a una de sus mesas y poder contemplar la Alcazaba y el Teatro Romano es todo un privilegio. La plaza Uncibay posee distintos bares, restaurantes y cafeterías. La plaza del Carbón y la plaza del Siglo, la plaza Jerónimo Cuervo frente al Teatro Cervantes, la calle Méndez Núñez, etc, etc, etc. Todo a pie, distantes unos espacio y otros a diez minutos. Cocina internacional, tapeo, cocina mediterránea y cocina de vanguardia, comida rápida, pescaíto… Gustos y colores para todos los paladares.
Un café en una terraza, una cena en un restaurante moderno y dos pintas de cerveza negra más tarde, decidimos ir a dormir. Hemos reservado una habitación en un céntrico hotel a un precio más que razonable, todo es cuestión de mirar las distintas tarifas y ofertas en los múltiples y variados establecimientos hosteleros.

El Teatro Romano

Hoy vamos a visitar la Málaga más antigua. El Teatro Romano, la Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro por la mañana, para terminar nuestra visita con una comida en el Palo.
El Teatro Romano tiene uno de los centros de interpretación más modernos que hemos visitado. Es de entrada gratuita y la visita comienza con una proyección multimedia a tres pantallas, para dejar paso a unas vitrinas que se encienden con el paso de los visitantes para volverse a apagar y cuenta con unos paneles táctiles donde la información elegida por el visitante aparece y desaparece con cada toque. Moderno y muy enriquecedor. El contraste entre el centro y el teatro es brutal y, precisamente por eso, lo disfrutamos más. Pasamos de las más modernas tecnologías del siglo XXI a las más modernas tecnologías del siglo I a.C. El Teatro Romano de Málaga es una construcción que corresponde a la importancia de la ciudad en la época. Se asienta sobre la ladera de una colina a la sombra de la Alcazaba y fue utilizado de manera activa y con su propósito original hasta el siglo III d.C, es decir, durante casi cuatrocientos años. A la llegada de los árabes el teatro se hallaba casi abandonado y se utilizaron parte de sus piedras para la reestructuración de la Alcazaba, así no es raro encontrar elementos de algún chapitel y fustes romanos en el interior de una construcción netamente árabe. Paseamos por su escenario y alabamos el proceso de reconstrucción que se ha seguido en el que el visitante puede sentirse partícipe sin dañar la obra original. Pensamos en las tragedias griegas que aquí se habrán representado, en las comedias romanas y resuenan los ecos de las voces de los actores reviviendo entre las bancadas de piedra.
La salida del Teatro Romano nos conduce a la entrada de la Alcazaba casi como por un sortilegio.

La Alcazaba, sueño árabe

Nos gusta. Desde la primera vez que la visitamos hace algunos años nos gusta. Sus callejas empedradas, sus vistas sobre el puerto de Málaga y sobre los tejados de la ciudad, su recorrido delicado, sus perfumes de azahar, su mirada directa al Mediterráneo.
Las entradas son múltiples y variadas y como vamos a visitar el castillo de Gibralfaro también, aquí se pueden sacar entradas combinadas para los dos monumentos, siempre con la prudencia evidente de no extraviarlas. Nos cuestan 6,90 euros para dos personas. Es recomendable llevar suelto, puesto que los tickets se deben extraer de unas máquinas expendedoras.
La Alcazaba combina en su esencia la delicadeza de un palacio y la rectitud de una fortaleza defensiva. Es en esa combinación donde radica su especial esplendor. Cuando se transita por sus almenas y se contempla la ciudad y el mar se entiende y comprende a la perfección la importancia de esta edificación desde allende los tiempos. Controla desde un promontorio junto al mar la bahía natural que forma el puerto de Málaga.
Fue edificada en el siglo XI y permaneció en pie y en manos musulmanas hasta la conquista de Málaga por las tropas cristianas en el siglo XV. Dos murallas con puertas acodadas forman el recinto principal. La inferior y de más vigor constructivo rodea por completo el edificio superior que alberga los palacio de los gobernantes. Paseamos, paseamos, paseamos.
Recreamos con nuestra imaginación la vida de antaño, los enseres que se muestran en las vitrinas, el murmullo del agua recorriendo las canalizaciones, las pinturas policromadas de sus arcos nos ayudan en la tarea. Observamos velos y túnicas y turbantes tras las esquinas, reinas moras, emires y gobernantes que miran las tierras de África desde la Torre del Homenaje. Nos sentamos un instante en sus jardines, cerramos los ojos, nos dejamos abrazar por el frescor de la mañana, por los perfumes violentos de las flores, por el arrullo de los caños de agua. Los visitantes vienen y van ante nuestros ojos, hablan idiomas distintos, acentos pronunciados y pensamos en el babel que tuvo que ser el puerto malagueño en el tiempo de los emires…
La Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro están comunicados por la Coracha, una calle ascendente entre dos lienzos de muralla imponentes. No se puede acceder a ella, así que para subir a Gibralfaro existen tres opciones. Caminando por la muralla exterior, en autobús (los horarios y paradas se indican en la entrada a la Alcazaba) o en coche. Si se toma la primera opción es aconsejable descender hasta la calle por el ascensor que hay en los palacios, ya que nos permite acortar un tramo antes de afrontar la subida hacia el castillo.

El Castillo de Gibralfaro, la fortaleza de Málaga

Son 20 minutos andando de manera ascendente y con un buen porcentaje de desnivel. El paseo, si se está en una mediana buena forma o si se hace con tranquilidad merece la pena, porque la ciudad de Málaga, la plaza de Toros de la Malagueta y los barrios de Pedregalejo, Limonar y el Palo van apareciendo poco a poco ante nuestros ojos). Llegamos algo cansados, pero con el cielo azul de Málaga anidando en nuestros ojos. Entramos.
La historia, como siempre, resulta evocadora. Los la etimología de las palabras, los topónimos. Gibralfaro se cree que proviene de la conjunción de dos vocablos uno árabe y otro griego. El primero de ellos Yabal, que podría traducirse como monte. El segundo, Faruh, que se traduce como faro, Su combinación Yabal-Faruh y su combinada evolución posterior llega a transformarse en Gibralfaro. El nombre indica también su más que probable origen fenicio-púnico como atalaya costera. El castillo de Gibralfaro se construyó en tiempos de Yusuf I, en el siglo XIV y probablemente se ideó como defensa natural de la Alcazaba contra los ataques por mar y por tierra con piezas de artillería.
Decir esto, describir el contexto en el que se construyó la fortaleza, sus razones y motivos pierden relevancia ante el paisaje que se abre ante nosotros. La vega del Guadalhorce se adentra en la provincia con sus inmensos campos de hortalizas y frutales. Málaga, Malaka, se rinde a nuestros pies, enseñándonos, casi a vista de pájaro alguno de sus secretos. Desde este otero podemos contemplar la catedral inacabada, el edificio del Museo Picasso, el torreón de la iglesia de los Martires y el de San juan, las barridas y nuevas urbanizaciones que se alejan del mar, el estadio de fútbol de La Rosalada (sede del Málaga Club de Fútbol), los bosques de pinos que abrigan el castillo, la alcazaba y sus palacios, las murallas, el puerto con sus insectos de acero con forma de grúas, la plaza de toros de la Malagueta, la extensión de Málaga hacia el este con El Palo al fondo, hacia el oeste y su conexión con Torremolinos, las estribaciones de las montañas…. Y el cielo azul… De ese color único y especial que luce sobre Málaga, que es común y distinto a los 101 municipios que componen la provincia, que no es agua ni es nube, que ofrece sol bravío en verano y una lánguida pereza en otoño, que regala días de playa en invierno y el revivir de los colores en la primavera…
Las murallas del castillo se pueden recorrer de forma perimetral. Hay tramos de escaleras bastante altos, pero se nos permite acceder a todos los baluartes defensivos, contemplar desde arriba el pasillo comunicante de la coracha o jugar a las guerras disparando ficticios cañones desde las troneras…
En el interior del recinto hay un centro de interpretación con algunas piezas auténticas y otras reproducciones que ponen en valor el relieve histórico de la fortaleza y de la ciudad de Málaga. Los fusiles, sables y trajes pueden hacer volar la imaginación de los niños.
Reina el sol en lo alto, llega el mediodía tardío, es tiempo de pensar en nuestro próximo objetivo: almorzar en la playa.

El Palo

Recogemos el coche en el parking en el que lo hemos estacionado y nos encaminamos en dirección al barrio de El Palo, lo que nos permite recorrer la costa de la capital y disfrutar del perfume de las primeras brasas para los espetos, del salitre intenso, de la ola recalada sobre la arena. Pasamos frente a los Baños del Carmen, un antiguo balneario construido en 1920 y que aocgió a las clases adineradas y burguesía malagueña. Ahora vive de su pasado, con un toque decadente que lo hace profundamente irresistible y lo convierte en uno de los mejores lugares de la capital para disfrutar de un café acompañado por la puesta de sol. Seguimos camino adelante hasta llegar al barrio de El Palo.
Huele a mar de manera instantánea, inmediata, como si fuere impreso en el adn esencial de la brisa. Se mece su vida al compás de las olas, del murmullo del mar, del vaivén delicado o recio del Mediterráneo.
Pasean las gentes por su paseo marítimo y se confunden turistas, visitantes y locales en una combinación única. Pasean las gentes en patines y en bicicleta, a paso ligero y a paso cansino, con el estupor en los ojos o la mirada azul del que todas las mañanas lo primero que ve es el mar. Y huelen las brasas preparadas para recibir la sardinas espetadas. Y son los espeteros los que las aventan con mimo y sabiduría centenaria. Al mar por el mar, por el aroma, por el gusto. Y los personajes que pueblan estos pagos. Como el marinero recio y enjuto, quemado mil veces por el sol, barbudo, que juega, silencioso al ajedrez con una caballero encorbatado. O la mujer mayor que pasea a su perro minúsculo ataviado con una traje de leopardo (el perro) mientras ella luce vestido de flores, mandil de flores, diadema de flores y unas bambas Nike con cámara de aire. Y todo salpicado por el reclamo de los restaurantes que pueblan el barrio y que ofrecen en sus cartas todos los pescados, todos los arroces, todas las combinaciones entre ambos, todo el mar Mediterráneo encerrado entre pucheros. Pero la elección la tenemos hecha. Es un clásico sin remedio ni intención de dejar de serlo y en una visita a Málaga es imprescindible descubrirlo, vivirlo o padecerlo al menos una vez: El Tintero.

Comida en El Tintero ¡¡Y yo cobreo!!

Aún sorprende, incluso habiéndolo visitado en un par de ocasiones. El griterío de los camareros “Concha fina, fina, fina, de verdad”, “En vinagre, llevo los boquerones en vinagre” “Cigalita plancha, digo, cigala plancha”, etc… Y así una retahíla simpar que comienza y no para. Los camareros se pasean entre las mesas gritando la mercancía que en ese momento llevan en la mano. El comensal levanta el brazo y el camarero se lo trae a la mesa. No hay carta en el sentido tradicional ni servicio en el sentido tradicional, es lo que se llama subasta de pescado. Los platos no se retiran de la mesa hasta el final, se acumulan sobre ella, son de tamaños y formas distinto y ahí se encuentra uno de los secretos del famoso ¡¡Y yo cobro!! ¡¡No me quieren ver, pero yo corno!! Se hace una llamado, el cobrador aparecem, cuenta los platos, las bebidas y con un bolígrafo escribe el importe sobre el mantel de papel de la mesa. Eso es el Tintero, pero hay que vivirlo. Es un espectáculo, siempre a rebosar, no existe el concepto de reserva… Y cuanta más gente, más lío, más griterío, más bulla… Abstenerse todos aquellos que esperen un lugar tranquilo y reposado al borde del mar. Hay que disfrutarlo sin complejos, levantar la mano sin contemplaciones para hacer un llamado al camarero que grita, por ejemplo ¡¡Calamar plancha llevo, oiga, calamar plancha!! Dos consejos: primero, en época alta de turismo ir pronto a comer (sobre la una o una y media), más tarde será difícil conseguir mesa, aunque se libran y se ocupan de manera permanente; segundo, no enloquecer pidiendo lo primero que se saque, tomarse su tiempo, esperar el plato del antojo personal o el que suene bien, hay para todos y con garantía de que el pescado es siempre completamente fresco. Pedimos agua y cerveza para beber y una retahíla de platos que incluyen arroz, gambas plancha, calamar plancha, almejas, adobo, peregrinas… El total de tanto dispendio en la cuenta se puede ver en una de la sfotografías. Tras la comida grabamos una secuencia mínima de la vida en El Tintero que se puede ver en el siguiente vídeo:





Despedida

La despedida de Málaga nos llena el corazón de emociones, colores, sabores, esencias, nombres, historias mínimas e historias mayúsculas, de pueblos y gentes, artistas, calles y plazuelas, edificios notables, paseos lentos, atardeceres de fuego, anochecidas alegres, amaneceres de postal, poemas y poetas, tapas, pintores y romanos, cofradías y turistas, museos, ríos ya renales, personajes, miradas, devociones y placeres, religiones, rectitud y parranda, soledad y bulla, calle Larios, teatros, almenas… Todo ellos lo agitamos, lo mezclamos hasta obtener un color único y especia, distinto e inigualable, el color del cielo de Málaga, el color azul del cielo, el color azul de su cielo.

Otras informaciones y enlaces de interés

La intención de esta visita: Hemos intentado hacer el recorrido más completo posible de la ciudad con puntos de interés dirigidos a un público general y que incluyen, creemos, los indispensables de Málaga y algo más. Nos hemos dejados llevar por buenas recomendaciones de profesionales y amigos, por la intuición y por la experiencia propia de la ciudad. Este reportaje en dos partes sólo pretende ser un boceto porque lo mejor, sin duda, es descubrir la Málaga que cada uno desee, quiera o necesite. La oferta de esta ciudad es tal que seguro, todos encontrarán su sitio como nosotros hemos encontrado el nuestro. Disfrutadla y vividla, en sus calles está parte de un sueño mediterráneo.
Los 23 museos: Málaga posee 23 museos de toda corte e índole, en el siguiente enlace se puede descargar un archivo pdf donde aparece la ubicación y descripción somera de cada uno de ellos. Museos de música, de casas de muñecas, de vidrio, de automóviles, un sinfín… Málaga Ciudad de Museos.
Las fiestas: Creemos que son cuatro los eventos sobre los que pivota la actividad festiva/cultural en Málaga. La Semana Santa, las fiestas de la Virgen del Carmen con su procesión marinera, la Feria de agosto y el Festival de Cine Español. A todos ellos los referenciamos con su correspondiente enlace.
Consejos: Para una visita completa, consultar a los técnicos del Patronato de Turismo de la Costa del Sol a a través del Contact Center o los técnicos de las diferentes oficinas de turismo. Una visita planificada, conociendo horarios, itinerarios y precios hará de la visita un recorrido o estancia más agradable.
Enlaces de interés: Además de todos los referenciados en las dos partes de este reportaje, tomamos como camino indispensable dos: la web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la web Turismo Málaga. En ellas encontrarán toda la información necesaria para una perfecta planificación de la visita.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

69 OJÉN: INSPIRACIÓN PARA LOS SENTIDOS

martes, 3 de agosto de 2010

Y primero fue Hoxán y después Oxán y ahora Ojén, como un sortilegio de palabras que conjuraran su inevitable pasado árabe. Ojén de calles estrechas y blancas en puridad, de arriates coloridos, rojos, azules, rosas, morados y lilas, amarillos... Ojén de cantes y de duendes, de secretos y leyendas, de aguardientes. Ojén de Picasso en su "Bodegón Español". El Ojén y ojén de la media copita. El ojén de Las Grecas y Joaquín Sabina en "Con las manos en la masa". Ojén de flamenco recio y de OJEANDO colorista. Ojén de feria trasnochadora. Ojén del Mediterráneo. Ojén de la sierra. Ojén de senderos y pinsapos. Ojén de tostones, de romerías, de tapas, de bolo de hinojos, de potaje de castañas, de pasas en aguardiente... Ojén dulce de miel y salado del mar. Ojén, privilegiada atalaya que mira al Mare Nostrum. Ojén, puerta obligada de entrada a la Sierra de las Nieves. Ojén que fue Oxán y antes fuera Hoxán.

Aproximación

Aparece Ojén, caserío de blancura inmaculada, encaramado a las laderas de los picos y cerros que le rodean. Un pincelada blanca, una mota argentina entre el verdor. Sólo blanco sobre verde. Esto es lo que vemos tras la primera curva en la que dejamos atrás la autovía desde Marbella. La carretera, sinuosa, nos propone un juego de magias imposibles cuando el caserío aparece y desaparece en cada vuelta. Se asoma y se esconde, se asoma y se esconde. El sol primero de la mañana lame sus terrazas cúbicas, cuadradas, rectangulares, proyectando un caleidoscopio de luces y sombras sobre el trazado urbano. Crece Ojén, asciende por la ladera que lo sustenta. Y si la parte inferior del pueblo recibe el nombre de Los Llanos, luego se transformará en Castillo, en Nacimiento, en Chifle según las calles asciendan, reposadas sobre la ladera del cerro Ojenete. Antes de llegar al centro urbano encontramos una rotonda. Si descendemos por su ramal derecho, llegaremos hasta un amplio parking donde estacionar el coche. Desde aquí intuimos que no es este un pueblo de llanuras, sino más bien de abruptas cuestas que se retuercen unas sobre otras cumpliendo los designios de su antiguo trazado árabe. Nos pertrechamos y comenzamos.

Hasta la cuevas


Desde el parking y frente al nuevo ayuntamiento se inicia una cuesta pronunciada que nos lleva al centro del pueblo. Recibe el nombre de Camino de Marbella, ya que, antiguamente y antes de la construcción de la carretera primero y de la autovía después, había de ser paso obligado hacia el centro del pueblo en dirección a Sierra de las Nieves. Bancales de naranjos ganados a los tajos, pinos mediterráneos. Nos saluda el leve canto de las chicharras. Encalan y pintan de blancos las casas un grupo de vecinos. Al final de la cuesta llegamos a una pequeña plazuela, tomamos la calle de la izquierda (Calle Río) y de nuevo a la izquierda la calle Cuevas. Nuestro objetivo son las cuevas de Ojén, unas oquedades naturales que el ser humano aprovechó desde allende los tiempos para refugiarse primero de las inclemencias del tiempo y para resguardar el ganado después. Las cuevas son de origen kárstico y se integran en el casco urbano de manera tal que son muchas las casas que se sostienen sobre ellas, mirando al vacío desde la altura. Pero antes de llegar recorremos la calle Cuevas con deleite. Una calle estrecha, colmada de arriates floridos, colorista y vital, cuelgan buganvillas de uno de los balcones. Llegamos a la primera de las cuevas, una oquedad abierta con un pequeño escenario sobre el que pende un poderoso roquedal. Caen flores azules desde las alturas. Sobre ese escenario tienen lugar algunas de las actuaciones de OJEANDO Festival, un festival de música pop rock independiente que se ha convertido en cita obligada en la provincia de Málaga durante el mes de julio. Continuamos adelante frente a la casa El Molino y descubrimos la Cueva Cerrada. Un hueco profundo ganado a la montaña que ahora hace las veces de sala de exposiciones, escenario para representaciones teatrales y musicales, sala de conferencias, etc. Fresca en verano más cálida en invierno. Sobrecoge el paseo al abrigo de estas rocas abiertas sobre las que se asientan casas. Nos acompaña en el paseo el arrullo constante de las palomas y el rumor incesante del Río Almadán, que nace a escasa distancia de este punto y que borbotea agua de manera permanente, transformando el rumor en bramido en las épocas de más lluvia. Ascendemos una serie de escaleras hasta una balconada elevada que nos permite hacernos una mejor idea del conjunto kárstico de las cuevas. Borbotea el río a nuestra vera y a nuestros pies, sentimos su influjo poderoso. Tintinea. Llegamos así hasta la calle Carretera, principal arteria del municipio y que lo divide en dos. La parte más moderna de la más antigua. Hacia la derecha, caminamos.

El mirador

Resulta Ojén un pueblo hermoso, que nos descubre casas secretas entre los tajos y las chumberas, más cuevas que se elevan hacia lo alto, hasta formar un mirador natural. Y flores, muchas flores, blancas, lilas, rosas... Desde la misma carretera subimos hacia la Cueva de las Columnas, que, además nos promete una vista panorámica. Escalones estrechos, perfume de jazmín, aromas de flores dulcísimas. Son un buen tramo de escaleras, pero la vista que se nos ofrece desde arriba es cautivadora. A nuestros pies, el caserío de Ojén. Al fondo, el espejo del Mediterráneo, promesa de idas y venidas, promesa de bienes. Nos sentamos en uno de los bancos de forja negra y reposamos al frescor de la sombra que produce la cueva. Se escucha desde aquí el trajín matinal del pueblo, las idas y venidas de los vecinos y vecinas, los coches que pasan algo más abajo. Miramos el mar y dejamos que la mente se vaya con él...

Hasta el Toledillo

Tras descender, continuamos el paseo, Apenas a diez metros adelante se nos abre una nueva perspectiva del municipio. El casco antiguo se abre en pleno para permitirnos observar el trazado irregular de calles estrechas, las terrazas, dos niños correteando... Muy pronto, encontramos a la derecha una hilera de escaleras que nos llevarán callejeando hacia el centro del pueblo. Descendemos por la calle Barrio Alto y nos adentramos en un confuso dédalo de calles que desembocan unas sobre otras, que se ramifican y transforman en rincones, en plazuelas, en patios. Flores, macetas, arriates... Tomamos la primera bifurcación a la derecha, por la calle Jollanías, para adentrarnos aún más en este delicioso enredo de callejas, rincones secretos... Al final de la calle giramos a la izquierda y en lugar de descender por la calle Almona continuamos por un pasillo a la derecha. Perfumes de jazmines y azahares, delicados y dulces. Llegamos así hasta el Toledillo, una singular plazuela con bancadas de piedra pintadas de blanco donde reposar y dejarse llevar por la esencia andaluza de la villa. Casas altas y estrechas, con patios escondidos y terrazas abiertas al centro del pueblo. Flores delicadas que cuelgan de las fachadas. Jambas y puertas de madera, algunas de ellas pintadas de azul. Pájaros que trinan.

La iglesia de la Encarnación y San Dionisio Areopagita

Tomamos desde el Toledillo la calle Rey hacia abajo, luego la calle Fuente a la izquierda para desembocar, literalmente, en la plaza de Andalucía, presidida por la iglesia de la Encarnación y centro neurálgico de Ojén. Es esta una plaza viva e intensa, que se alimenta del paseo de las mujeres y hombres en su quehacer cotidiano, de los juegos de los niños en los fines de semana, de la charla en sus terrazas hasta bien entrada la noche en el tiempo del verano. Flanquean la entrada al templo dos hermosas palmeras que dotan al espacio de cierto aire exótico. La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación fue antes mezquita sobre la que se edificó en 1505 el actual edificio. De aquella antigua mezquita se conserva la torre alminara, transformada en campanario. El artesonado de su techo está elaborado en madera de pino rojo y muestra una serie de figuras con forma de estrellas y crucetas. El reloj que preside la fachada está elaborado con la misma maquinaria que el de la Puerta del Sol de Madrid, lo que parece garantizar su exacta puntualidad que certifica con su repique a las medias y a las enteras. En el interior de la iglesia se encuentra la figura del santo patrón de la villa, San Dionisio Areopagita que tiene como característica particular y un tanto siniestra llevar su propia cabeza decapitada en la mano. Cuenta la historia popular que un párroco quiso reintegrar la cabeza del santo a su estado natural, es decir, sobre los hombros, pero que resultó imposible ante la rotunda negativa popular. En el exterior del templo, en la pared lateral izquierda se exhibe otra curiosidad de la iglesia: los limones hiedra, los limones trepadores. Toda esa fachada se encuentra trufada de hojas de limonero del que penden, en temporada, sus hermosísimos frutos amarillos. Decir que en la parte superior, inaccesible a la mano humana sin herramientas, abundan muchos más que en la parte inferior, esta sí, perfectamente accesible a la mano furtiva.



La fuente de Los Chorros

En el conjunto de la plaza, cerrada al tráfico, tranquila, en la que trasciende el suave ritmo de la vida en el pueblo, se encuentra la fuente de los Chorros, símbolo de Ojén y práctico surtidor de agua. Es un emblema del municipio, parada obligada para el refresco. Los ojenetos y ojenetas acuden a Los Chorros con cántaros y tinajas y garrafas y búcaros para apaciguar su sed con su agua clara y cristalina. Cuatro caños presiden su parte frontal, uno más, a la izquierda, su lateral. Fuente de sólido ladrillo rojo, de tintineo permanente, de constante rumor de buena agua. Bebemos, por supuesto, nos refrescamos, calmamos la sed del viaje, del paseo. Suena la fuente de los Chorros, suena.

El Museo del Molino de Aceite

Desde la plaza tomamos la calle Río (junto a la fuente) y nos dirigimos por la calle Charcas hasta el Museo del Molino de Aceite. Las calles se asoman a las montañas cubiertas del tupido verdor de los pinos que delatan su esencia mediterránea. Es Ojén puerta a la Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves desde la Costa del Sol y, a la vez, una atalaya sobre el mar Mediterráneo. No puede escapar Ojén a ninguna de esas dos esencias, si no que busca su complemento, siendo municipio de vocación costasoleña y de tradición serrana a un tiempo. La Sierra de las Nieves recibió además en 2008 el premio EDEN concedido por la Unión Europea a los destinos turísticos con vocación de sostenibilidad y equilibrio con la naturaleza. Descendemos por una calle empedrada, formada por largos escalones hasta acceder a la entrada del Museo del Molino de Aceite. El Museo se enclava en el interior de un antiguo molino completamente restaurado y en perfecto estado de funcionamiento. No en vano, ante nuestra llegada se pone en marcha la maquinaria que antiguamente se movía por la fuerza motriz del agua y que nos permite hacernos una idea muy concreta de cómo era el proceso de prensado de las olivas y cómo se extraía el aceite. En el hall se pueden adquirir productos de artesanía local y elementos gastronómicos tradicionales como pasas en aguardiente, miel casera artesanal o una amplia colección de aceites de Sierra de las Nieves. En el patio de trojes, los propietarios de las aceitunas colocaban en su cancha correspondiente el producto extraído de sus campos para esperar el turno de la molienda. Era este lugar un centro de reunión social en el que ojenetos y ojenetas departían acerca de las cuestiones cotidianas, de los quehaceres diarios. En las dos salas adyacentes a la maquinaria se sitúan las salas de exposiciones que se renuevan de manera prácticamente mensual. En la superior se encuentra un antiguo alambique que destilaba el famoso, internacionalmente, aguardiente de Ojén.

El aguardiente de Ojén

Leyenda y realidad. Hay una leyenda y una realidad sobre el famoso aguardiente de Ojén. Leyenda alimentada por el paso de los años y por el secretismo. Realidad más prosaica y, por tanto, menos atractiva. Contemos la historia primero y, después, avivemos aquí la leyenda. "El aguardiente de Ojén, de tipo anisado y dulce se elaboró a partir del vino procedente de las uvas de los viñedos que por entonces abundaban en nuestro municipio al que se le añadía matalauva como ingrediente aromático. Para su destilación se utilizaban alambiques que eran calentados con madera de enebro y posteriormente rebajado con agua hasta alcanzar los 40 grados. No se conoce a ciencia cierta el tipo de uva utilizado pero casi con toda seguridad que era del tipo moscatel ya que ésta es la que mas abunda en toda la zona. Fue en 1830 cuando el ojeneto Pedro Morales invirtió la fortuna que hizo fuera del pueblo para fundar una destilería de aguardiente en Ojén. El resultado fue un licor de mediana graduación, anisado y dulce de gran calidad que le valió el prestigio y fama no sólo en España, sino en buena parte del mundo, hasta tal punto que el nombre de Ojén se utilizó como una denominación genérica de aguardiente dulce y de calidad. De todos es ya sabido la consagrada "una copita de ojén" acompañado de los siete golpecitos que daban música a este antiguo eslogan publicitario que aún hoy perdura y se repite por toda España. A finales del siglo XIX la filoxera (pequeño insecto que ataca la raíz de la vid hasta matarla) produjo una epidemia en buena parte del viñedo europeo. En Ojén fue devastador hasta tal punto que desaparecen buena parte de los viñedos aquí existentes. En 1920 se produce el cierre de la destilería. Fue un duro golpe económico ya que eran muchas las familias que vivían del aguardiente. A principios de los 70 del siglo pasado Juan Espada Fernández intentó sin éxito, devolver al pueblo ese aguardiente famoso creando una fábrica. El esfuerzo cayó en saco roto. La fama de nuestro aguardiente queda en el recuerdo y en las referencias literarias y artísticas sobre el mismo: Camilo José Cela lo menciona en varias ocasiones en La Colmena "fuma tabaco de 90, cuando está a solas, y bebe ojén, buenas copas de ojén, desde que se levanta hasta que se acuesta". Anita Delgado Briones (maharaní de Kapurtala) artista malagueña de la época y casada con un príncipe indio solía pedir en París una copita de ojén. Picasso en su época cubista inmortalizó la botella de aguardiente con la leyenda de Ojén ("Bodegón español" de 1912, se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Villenueve Dascq. Daix de Francia). También en la heráldica del escudo del municipio una planta de vid hace referencia a este famoso licor. Añadir que una de las pocas botellas de aquel afamado aguardiente se encuentra en el Ayuntamiento de Ojén, protegida por una hornacina de dunita", esta información extraída de la página web Blog de Ojén, elaborado por Benito González Sánchez nos acerca a la historia del aguardiente. La Leyenda cuenta que tan sólo Pedro Morales conocía la fórmula exacta del aguardiente que se encontraba en las hierbas aromáticas que añadía al licor. Durante este punto del proceso de elaboración ordenaba salir a los trabajadores de la destilería y cuando se quedaba solo añadía sus secretos. Pedro Morales murió y dejó la receta a su hijo. Éste, a su vez, falleció en un accidente siendo único depositario del secreto del anís de Ojén, perdiéndose así en la historia su fabricación. Hubo un intento de revitalizarlo en la década de los setenta del siglo XX pero no funcionó. Ahora, una empresaria belga residente en el municipio parece que ha dado con la clave. Quizá pronto vuelva a escucharse el famoso soniquete de "una copita de ojén".

(Tres de las imágenes han sido extraídas de Blog de Ojén)

El Refugio de Juanar

Desde el Museo del Molino, descendemos hasta el parking en el que hemos estacionado el coche. Salimos hasta la carretera principal y tomamos dirección Coín-Monda. A cuatro kilómetros del centro urbano encontramos unas desviación a la izquierda perfectamente señalizada en la que se indica: Refugio de Juanar. Nos dirigimos a un paraje natural espectacular, en el que confluyen multitud de rutas senderistas y que es un paraíso de olivos, pinsapos, pinos y castaños. Desde aquí se pueden acceder a picos como La Concha, un mirador natural sobre la Costa del Sol Occidental, la Cruz de Juanar, que recibe una romería hasta su cumbre en el mes de mayo, el Lastonar, bastión sobre Marbella, o el Tajo Negro, un corte espectacular sobre el pueblo de Ojén. La carretera para acceder hasta Juanar es sinuosa y repleta de curvas. Termina al llegar al refugio, donde estacionar el coche y comenzar a caminar. El Refugio de Juanar fue construido por el Marqués de Larios como refugio de caza para el Rey Alfonso XIII (que nunca llegó a acudir), posteriormente se transformó en parador nacional, momento en el que el ex Presidente de la República Francesa, Charles De Gaulle se hospedó durante una larga temporada para escribir sus memorias. De hecho en el Refugio de Juanar, ahora convertido en hotel rural y con una excelente cocina especializada en asados, aún se conserva enmarcado el cheque con el que el general De Gaulle pagó la factura. Desde el Refugio de Juanar, además de los ascensos a los picos, hay una ruta perfecta para realizar con la familia. Apenas son dos kilómetros en un falso llano que comienza en un bosquete de castaños, para llegar hasta uno de los pocos olivares de altura que aún existen en Málaga. Se abre un valle imposible encuadrado por Tajo Negro y la Cruz de Juanar. Si continuamos el camino llegaremos hasta el Mirador del Macho Cabrío, una balconada sobre Marbella que nos permite ver un paisaje excepcional. Se recomienda llevar prismáticos y cámara de fotos. Recordar que es una reserva natural y por tanto toda la flora y fauna está protegido. No es inusual, si se camina en silencio ver cabras montesas. Llegamos hasta el mirador y se abre ante nosotros un espectáculo de primer orden. El mar brumoso, permite ver, más bien imaginar, el perfil de África al fondo. A nuestros pies, la ciudad de Marbella. A la derecha, la Cruz de Juanar. A la izquierda, el Tajo Negro. Parece una postal enmarcada. No sentamos sobre la bancada de piedra y vemos a los montañeros diminutos, como una fila de hormigas, ascender por los senderos. Saludamos con la mano y nos responden con una voz de: - Holaaaaaaaaaaa..... Tranquilidad. Naturaleza plena.

Despedida

Inspiramos el aire fresco de la sierra y con él las emociones de un Picasso recordando su niñez malagueña y el aguardiente de Ojén, los sutiles colores de las flores decorando las calles encaladas, el bramido del molino de aceite haciendo girar sus prensas de piedra, el refrescante sorbo de agua de la fuente de Los Chorros, las increíbles historias de San Dionisio Areopagita, el frescor estival de las cuevas al son del río Almadán, las buganvillas descolgándose muellemente desde las azoteas, los niños jugando en la plaza a la sombra de las dos palmeras, el hondo lamento flamenco del Festival Castillo del Cante, la vanguardia sonora de OJEANDO Festival, los juegos populares de la feria... Ojén, inspiración para los sentidos.

Consejos útiles y enlaces de interés

Churros "mojaos": Hay una especialidad gastronómica única en Ojén, son los "churros mojaos". La Churrería "Er Mojaíto" ofrece esta especialidad que a los visitantes llama muchísimo la atención. Los churros se fríen en aceite y a la hora de degustarlos, Jorge, el encargado de la churrería pregunta: -¿Secos o mojaos?. Si escogemos la primera opción stomaremos un buen churro. Si escogemos la segunda, Jorge cogerá una pinza y mojará el churro en un recipiente repleto de agua con sal. Hay que comerlo de manera inmediata y es, lo garantizamos, una experiencia única. La Churrería Er Mojaíto se encuentra en la calle Arroyo número 5.
Festival Castillo del Cante: Es uno de los festival flamencos con más solera de la provincia de Málaga. En 2010 celebra su edición número treinta y seis. Se celebra siempre el primer fin de semana de agosto y por sus tablas han pasado históricos como Camarón de la Isla o nuevos valores como Miguel Poveda.
OJEANDO Festival: Es un festival con la música pop rock independiente como columna vertebral. Desde 2008 se ha transformado un referente en la provincia de Málaga atrayendo a más de 10.000 visitantes en las dos últimas ediciones, gracias a conformar un cartel con nombres principales de la escena musical y grupos emergentes. Se celebra entre las dos primeras semanas de julio. Esta es su página web.
Feria y fiestas: La Ferias y Fiestas de Ojén se celebran entre los día 8 y 12 de octubre. Alboroto y colorido, mucha música. Se han recuperado los juegos tradicionales como una forma más de entretenimiento entre los que se encuentran el de las sillas, el del botijo, las carreras de cintas, etc... El día 8 tiene lugar la coronación de las reinas y damas, el día 9 la procesión de San Dionisio Areopagita y el día 12 la procesión de la Virgen del Pilar.
Recorridos turísticos: El Ayuntamiento de Ojén cuenta con dos técnicos de turismo que ofrecen diferentes servicios entre los que se encuentran visitas culturales y etnográficas guiadas, talleres ecológicos o ambientales y rutas senderistas o a caballo. Todos los servicios se ofrecen tanto a grupos como a particulares. Los teléfonos de contacto son: 697.501.935 y 659.666.152 para visitas en inglés. También puede encontrase en facebook en la pa´gina de Turismo Ojén.
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la web muncipal de Ojén, a las que añadimos la webs personales Blog de Ojén, Ojen.net y Las Estaciones y Los Días.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.