Y decidieron quedarse, y algunos de ellos buscar en la rebelión, en la sublevación, en la guerrilla, una forma de mantener su costumbre, su historia, su pasado intacto y, con ellos, también su orgullo. Se les llamó monfíes y los ejércitos de aquellos reyes cristianos, sólo pudieron doblegarles a sangre y fuego una vez les despojaron de todo aquello que más apreciaban y querían. Luego, una parte de la historia, les llamó proscritos, les tildó de vulgares
ladrones y salteadores de caminos... Todos estos hechos acontecieron en 1492, tras la caída del Reino de Granada y las lágrimas de Boabdil al perder la Alhambra... En el año 2003, mientras se realizaban unas obras en una de las casas de Cútar, se halló un tesoro. Se trata de uno de los coranes de la época andalusí más antiguos, detallados y mejor conservados que se hayan encontrado nunca. Los expertos lo califican como un documento único en España. Se ha datado entre los siglos XIII y XV y aquí la imaginación, vuela. Puedo ver a aquel hombre de chilaba, que antes de despedirse de su esposa e hijos para acudir al abrigo de las montañas y barrancos axárquicos perseguido por las tropas cristianas, acosado por las espadas católicas, esconde el tesoro que su padre y antes su abuelo y antes su bisabuelo habían legado a sus hijos. Coge el corán entre sus manos, lo besa, mira al cielo, musita una plegaria y lo esconde para siempre antes de huir.
Cútar, la llegadaLas lomas que preceden al caserío de Cútar, elevado sobre una ladera, aparecen trufadas de vides. Llegan las cepas hasta el último de los rincones, ocupando la total superficie de los cerros próximos, sin dejar apenas un ápice de espacio libre para otras especies. Se recuperan estas tierras del golpe casi mortal que la filoxera asestó contra sus cultivos en el siglo XIX y que terminó con la producción de las vides, fuente principal de sostén
económico durante años, durante siglos... Y así se sitúa, Cútar, con la presencia ahora inalterable de las cepas y casi dejándose caer por la ladera en la que se apoya... Estacionamos a la entrada del municipio, junto a la parada del autobús y nos adentramos en este caserío angosto, apretado y vertical por el empedrado de la calle La Fuente... Conserva Cútar su esencia rural cosida a la piel de su cuerpo moderno. No ha perdido un ápice de su autenticidad, de su descaro natural, de sus antiguas querencias moriscas. Llegamos hasta el ayuntamiento, en cuyos bajos porticados se amansa el terreno gracias a un mirador que muestra el rostro de las colinas repletas de vides. Casi aparece Cútar embarrancado sobre sí mismo de tan espigadas las calles, de tan verticales sus ascensos. Tomamos la calle Hornos, una larga escalinata de piedras que parte el pueblo en dos mitades de manera transversal. Ascendemos, despacio, con tranquilidad, paso a paso, sin prisa. Una vez arriba, giramos a la izquierda para caminar hasta la plaza de la iglesia. Antes de llegar, nos encontramos con una señal que nos indica hacia la calle Tintorerías donde se ubica el Museo del Monfí.
Los monfíes y la iglesia
Y es que Cútar rinde homenaje a aquellos que fueron proscritos tras la caída de Granada, moriscos que se sublevaron contra el nuevo orden imperante de los Reyes Católicos y que de agricultores se transformaron en guerrilleros. Así, en el mes de octubre, Cútar regresa al siglo XV para celebrar la Fiesta del Monfí. "Durante dos días la transformación del municipio es casi completa y en sus calles pueden disfrutarse de los productos de su mercado andalusí, de música árabe, talleres, actuaciones, exhibiciones de cetrería, etc. Uno de los platos fuertes es la gastronomía, con la que vecinos y visitantes podrán recuperar sabores similares a los del siglo XIV y XV, cuando la comida cotidiana tenía perfumes y sabores árabes. Los cutareños también participan de las celebraciones ataviándose con ropajes andalusíes y bailando danzas de la época". Con estos ecos del pasado y presente de Cútar resonando en lo oídos, dejamos atrás aquella época de rebeliones para continuar nuestro camino hasta el templo. La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación de Cútár está construida entre los años 1553 y 1558 sobre la base de una antigua mezquita. Como apunta un panel explicativo en la portada del edificio "es considerada única en su estilo, ya que representa la transición entre el mudéjar primitivo y un mudéjar más depurado. Destacan en su interior el Camarín del Altar Mayor, de estilo rococó, y los retablos realizados en policromía. Se considera a la torre como un campanario-fortaleza por la robustez de su construcción. En su interior destaca la cúpula sobre pechinas de la planta intermedia". Desde la parte alta del pueblo, donde la iglesia se yergue como un barco varado, se contempla el vecino pueblo de Comares, como un nido de águila al resguardo de los ataques.
La fuente árabeCuenta el Libro de Apeo de Cútar, escrito allá por 1571 que "La fuente Aina Alcaharia fue en el pasado una rábita o ermita árabe que años después se rehabilitó en aljibe y fuente. Junto a Aina Alvaida, Ainalhagui, Ainatuta, Aina Alarla, Aina al-maharaca, Aina Cacahalún e Iznacutar constituían la red de fuentes y manantiales para el abastecimiento de esta villa, así como el centro de las labores cotidianas de la población". Queda la fuente en las
afueras del pueblo, en la entrada, junto a un recodo del camino. Cae el torrente de agua con vigorosa fuerza, pasa por debajo de un pequeño puente de ladrillo visto y borbotea en el interior de la antigua fuente árabe. Imaginamos a los animales de carga abrevando tras una jornada de duro trabajo, también a las mujeres con las tinajas repletas de agua descendiendo, de nuevo, hacia el centro urbano, a los niños y niñas jugar en las inmediaciones de la fuente... Nos mojamos el rostro, nos enjugamos la frente y retomamos el camino hacia el coche antes de la despedida...
DespedidaJunto a la parada del autobús, antes del camino de descenso al centro, paramos. Desde este promontorio divisamos Cútar frente a frente, su perfil que desciende ladera abajo, el caserío blanco entre las vides y los olivos. Se recorta el perfil cutareño contra la montaña, contra el horizonte y se aprecia cómo las casas se aprietan unas contra otras, coronadas por la iglesia de la Encarnación. Pensamos en los monfíes, que rehusaron a vivir entre sus calles para defender aquello que creyeron lícito, que abandonaron el abrigo de sus callejas empinadas para guardar la vida entre los apriscos y montañas de esta abrupta comarca axárquica.
Enlaces de interés y consejos útiles
La Fiesta del Monfí: se celebra el segundo fin de semana de octubre y en ella se recrea la época en la que vivió este grupo de moriscos. Como relata la página web del ayuntamiento de Cútar "Las blancas y estrechas calles de la localidad se han convertido en un improvisado zoco tradicional en el que alrededor de 40 puestos exhiben una amplia variedad de productos artesanos y gastronómicos de la época: por ejemplo, la almojábana, un dulce parecido al borrachuelo que, en vez de cabello de ángel, tiene queso fresco Los vecinos de Cútar, con vestimentas a la usanza de la época, realizan un pasacalles andalusí por el pueblo integrando en sus bailes y pasos a todos los visitantes".
Pasado y naturaleza: Una buena disculpa para visitar el Peñón del Hierro, además de la eminentemente paisajística, es la histórica, ya que tanto en este enclave como en el Río de la Cueva se han encontrado vestigios del paso del hombre desde la Edad Neolítica hasta la Edad del Bronce, dado que Cútar se sitúa en un paso natural entre la baja y la alta Axarquía.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Cútar y la web Axarquía Costa del Sol. Cútar forma junto con Totalán, Comares, El Borge, Almáchar y Moclinejo la Ruta de la Pasa de la Axarquía.
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50 CÚTAR: TIERRA DE VIDES Y MONFÍES
martes, 23 de marzo de 2010
Publicado por Israel Olivera en 0:01 1 comentarios
Etiquetas: Alhambra, Axarquía, Boabdil, Costa del Sol, Cútar, fiesta del monfí, monfíes, Ruta de la Pasa
49 COMARES: HORIZONTE PRIVILEGIADO
martes, 16 de marzo de 2010
Huele a hierba, a hierba húmeda, impregnada de perfumes terrenos. Hemos visto Comares hace tiempo, allá arriba, como una pincelada blanca sobre el horizonte. Y decimos arriba, porque arriba está. Es la corona perfecta de un cerro otero, casi aislado y esa caprichosa coronación se contempla casi desde Vélez Málaga, una cresta de blancos intensos y murallas naturales que caen a pico sobre los axárquicos valles frutales. Las colinas que rodean el otero de Comares son de todas formas y tamaños, más picudas, más redondeadas, más enhiestas y más apocadas, frondosas y secamente despobladas... De ellas se cuelgan los olivos y los aguacates y las chumberas y los limoneros... También observamos la carretera que serpentea hasta la cima comareña, parece abrazarla con rectitud y fortaleza, una apretada querencia que nos conducirá a uno de los paisajes más espectaculares de la provincia de Málaga.
El ascenso
Comienza el ascenso escarpado. Aparecen las primeras vistas según se gana altura a cada curva. Es una carretera muy sinuosa que conviene recorrer con cierta precaución. Tampoco conviene pensar en estacionar el vehículo en cualquiera de sus curvas para fotografiar el paisaje, ya que, desde lo alto del pueblo se podrán realizar todas las instantáneas que uno desee sin perjudicar a la circulación. A cada
metro ascendido se gana una porción más de horizonte. Imaginamos los tiempos pretéritos cuando por aquí circulaban las reatas de mulas y de burros cargados con tinajas de vino, con pasas, con almendras. Imaginamos su andar lento y tenaz, testarudo, poniendo una pezuña y otra, en una subida que habría de hacerse interminable. Al llegar a una de las curvas a izquierdas, parece que el tajo se afina y nos permite ver la otra vertiente del paisaje
situado tras el cerro de Comares. Salpican los caseríos aquí y allá, como jirones de niebla, los cerros abruptos, las colinas bajas... Todo pintado de verdes intensos... Y el telón de fondo de aquellas otras cimas que ya no son colinas, sino macizos graníticos, grises, de primer orden, que se elevan como una infranqueable muralla de piedra. Seguimos el ascenso, plagado de indicaciones de rutas senderistas que se escabullen del trazado de la carretera para buscar otros vericuetos. Ya en la cima contemplamos todo el roquedal sobre el que se asientan las casas con total naturalidad. El blanco sobre la piedra y el ocre. Llegados a un punto, la carretera se divide en dos. Una dirección que nos llevará a la iglesia y otra que nos llevará hacia el pueblo. Nos han aconsejado tomar la de la izquierda por dos razones. Una, por el aparcamiento, más fácil, puesto que la plaza del pueblo es una espacio reducido que suele estar repleta de coches y, dos, porque si tomamos la dirección de la iglesia anhelaremos contemplar el paisaje que hemos intuido durante todo el ascenso y que no veremos en su totalidad hasta algo más tarde del inicio de la visita.
La visita: hasta la plaza de los Verdiales
El concepto de aprovechamiento del espacio cobra en Comares una nueva dimensión. Las casas apretadas unas contras otras, las calles estrechas, incluso alguna pequeña huerta en forma de bancal. Estacionamos. Tomamos la calle Fco. Romero Díaz y nos adentramos, sin solución de continuidad en un laberinto empedrado y cuidado hasta el detalle, intrincadísimo, donde las calles y callejas se retuercen unas sobre otras. Vemos una de las señas de identidad de Comares, una distintivo
turístico curioso y efectivo que no rompe la estética del empedrado. Son unas huellas que dirigirán el camino del visitante. Están realizadas en un azulejo de cerámica con inscripciones que nos recuerdan la escritura árabe y que señalarán la dirección a tomar al viajero para recorrer los lugares más emblemáticos del municipio. No hay pérdida con las huellas, llegamos hasta la plaza de los Verdiales. Es uno de los lugares de Comares donde la
horizontalidad gana a la verticalidad. Recibe este nombre porque en Comares con muy típicas las pandas de verdiales, un estilo musical popular malagueño que viene de antiguo y que hace a hombres y mujeres vestir de vivos colores. Son pequeñas pandas, casi orquestadas y que se caracterizan por la música alegre. Si buscamos una explicación más extensa y musicalmente pedagógica se puede pinchar en el siguiente enlace donde incluso se podrán escuchar algunas de estas tonadas populares: PANDA DE VERDIALES. Comares posee además un estilo de verdiales propio que hace que este tipo musical se viva aún con más pasión. Es ésta una plaza coqueta, empedrada, con una gran mosaico sobre una pared donde se representa la actuación de una de estas pandas de verdiales. Además, su parte abierta hacia la otra colina del pueblo (donde se ubican las antiguas ruinas del castillo) está coronada por la escultura de un hombre ataviado con los avíos de este estilo musical. Es el monumento al fiestero.
La visita: a contracorriente, hasta la iglesia
Desde la plaza de los Verdiales tomamos la primera calle a la derecha, la calle Iglesia, para ascender hasta el templo. El camino está también empedrado y vemos algunas sillas de enea situadas junto a las puertas de las casas y que las mujeres y hombres utilizan para pegar la hebra en las noches cálida de la primavera y verano, para tomar un tentempié o para realizar algunos trabajos manuales... Llegamos así hasta la iglesia de La Encarnación. El templo se
construyó en el año 1505 sobre la planta de una antigua mezquita, siguiendo los dictados de las edificaciones mudéjares. Es de una recio blanco, sobria y sin demasiada altura, con una torre octogonal rematada por un tejado y una pequeña cruz. Seguimos nuestra visita hacia adelante y nos percatamos de que estamos haciéndola siguiendo la dirección opuesta a los pasos. No nos amilanamos y continuamos. Veremos, muy pronto, la recompensa. En el camino una mujer mayor, enfundada en una bata azul y la mirada sonriente nos invita a degustar los productos que ofrece la tierra como pasas, almendras, el famosos vino de Comares. Sucumbimos, como siempre, a la tentación y adquirimos medio kilo de pasas, medio kilo de almendras y dos litros de vino dulce casero (que antes hemos degustado y que antiguos escritos dicen era exportado en la época del Califato de Córdoba a la Corte de Bagdad) por 10 euros. Con los ojos azules, vivarachos, nos percatamos de cierto pique con una vecina de al lado por atraer la atención de los turistas y sacar así unos euros con la venta de los productos comareños. Se llama Ana y ella misma nos indica cómo seguir la ruta. - ¿Ven aquel silo de allí? Pues llegan hasta él y luego tuercen a la izquierda, así llegarán hasta el mirador. Nos ponemos en marcha con la mochila algo más cargada.
La visita: los miradores y hasta la plaza
Es sobrecogedor, impactante, impresionante. El horizonte que se extiende ante nosotros nos muestra la baja Axarquía en todo su esplendor, el próximo pueblo de Cútar, la carretera que leva hasta Benamargosa, el manchón blanco de Vélez Málaga, el espejo brillante del Mediterráneo... Las vistas son espectaculares, quitan el aliento, más aún al ver los tajos rocosos sobre los que están construidas las casas. El mirador circunda prácticamente toda la
parte sur del pueblo y caminamos sin prisa, sin urgencias, fotografiando, dejándonos mecer con la brisa fresca. Hasta ahora sólo habíamos intuido el paisaje entrevisto entre las callejas y las plazas, ahora los disfrutamos en todo su esplendor, como un anhelo largamente esperado que al fin culmina. Si llegamos a tomar la ruta más corriente, nos habríamos encontrado con este paisaje desde primera instancia, de esta manera lo hemos estado
esperando y, al final, lo hemos encontrado. Seguimos caminando para llegar a una pequeña plaza donde reposar un tanto en unos bancos de piedra. Continuamos y llegamos hasta una de las dos torres de comunicaciones del pueblo y allí descubrimos con la mirada el paisaje de la zona este y los vestigios de la antigua fortaleza árabe. Desde allí descendemos, siguiendo, ahora sí, el camino trazado por las huellas de adoquín, bajando
hacia la plaza que nos conducirá a la otra colina de Comares. Las calles se cruzan y entrecruzan una y otra vez. Todo está en perfecto estado de conservación. La rehabilitación de las viviendas se realizado con mimo y con detalle. Caminamos por la calle del Perdón, que recibe ese nombre gracias a la historia. "Tras la rendición de Comares, fueron bautizadas las Treinta Familias Moras que permanecían entonces en la villa. Este bautizo
masivo tuvo lugar en esta calle que, desde entonces se conoció como la calle del Perdón", así reza un placa explicativa. Llegamos así hasta la plaza de Comares y encontramos que la visita, realizada de la manera en la que la estamos haciendo, es menos práctica, pero más sorpresiva y gratificante, ya que si el viajero llega hasta este punto en primer lugar, lo primero que encontrará será una gran balconada que mira hacia el horizonte, restándole, quizá,
intensidad a las vistas. En una de las tiendas de la plaza compramos sellos, postales y un botellín de agua. El tendero, Miguel Cabello, nos explica que el agua corriente llegó a Comares hace cincuenta años que antes había que bajar, andando, en coche o en burro hasta una fuente situada un tanto más abajo y que se había utilizado desde siempre en el pueblo. Dada la orografía, complicada, de Comares y la altura que tiene el otero sobre el que se asiente intuimos que la historia es auténtica. Sentados en uno de los bancos de la plaza redactamos dos misivas que irán a parar a más de mil kilómetros de distancia...
La visita: la otra colina y hasta el antiguo Castillo de Comares
Hemos venido del oeste y ahora caminaremos, ascendiendo de nuevo, hacia el este. Los caminos están perfectamente indicados y no hay posibilidad de pérdida. Descendemos por la calle Alcúa hasta el mirador de la Puerta de Vélez Málaga, donde se observan los restos de una antigua calzada romana. Seguimos las huellas y, con cada paso, nos acercamos más a la ubicación del antiguo castillo. Llegamos, y resulta hermoso en su decadencia. El entorno está muy cuidado y forma un pequeño jardín con árboles y chumberas. Subimos por una escalinata blanca que bordea las nubes y así llegamos hasta la parte más alta del pueblo, al cementerio, donde antes su ubicaba un aljibe árabe que se puede ver pero no visitar en el interior del camposanto. Las vistas son impresionantes, se
observa la baja Axarquía y el perfecto perfil de Comares recortado contra el cielo. Una plaza de considerables dimensiones
preside el lugar, con tres bancos desde los que observar las calles de la villa. Nos sentamos, descansamos, nos dejamos templar por el sol maduro de la primavera, respiramos el aire limpio y puro y nos dejamos llevar por las historias que rodean la historia comareña y que hablan de Omar ben Hafsún y su rebelión contra el califato de Córdoba, del castillo de Bobastro, de las 15.000 almas que podía albergar Comares en la época morisca, de las huestes cristianas repelidas una y otra vez, del emplazamiento de sus murallas, del camino recorrido por las mulas cargadas con agua, de... Y así hasta percatarnos de que se nos ha despertado el hambre. Antes de descender hasta el coche, realizamos una visita al cementerio, punto más alto hacia el este en Comares y con unas vistas también espectaculares. Desandamos el camino andado, tomamos atajos y nos perdemos entre callejas, descubriendo otros rincones y arcos y muros y rocas...
La visita: comida
Hemos decidido comer en un lugar recomendado por un amigo, está a la entrada del pueblo, antes de la bifurcación que hemos tomado para ir a la iglesia y a la entrada del campo de fútbol. Se llama Atalaya y responde muy bien al nombre. Es un hostal restaurante con vistas al horizonte donde se anuncia comidas caseras como migas, chorizo artesano, jarras de vino terreno, vino mosto, chivo en salsa,
cordero o migas, estrella de la casa. Nos decantamos por unas migas completas para dos, un chuletón de ternera, un solomillo salpimentado, una botella de agua, un tercio de cerveza y una copa de vino del terreo. Total: 40, 05 euros. Nuestra intención era pedir chivo, pero hoy no había, lástima. Aún con todo, las migas son espectaculares, de ración generosa y válidas
como plato único para una persona. Están acompañadas de costillas, chorizo, pimientos verdes y huevo frito y son muy muy reconstituyentes. Es un lugar cálido, con chimenea, de trato amable y comida casera de calidad. El precio, para comer a la carta es más que razonable y las vistas, amplias y espaciosas.
La visita: despedida
Dejamos atrás Comares y sentimos su cálido aliento sobre nosotros cuando lo vamos dejando cada vez más arriba. Refulge el blanco sobre el ocre del roquedal, entre el verde de las chumberas, de los olivos... Parece, ahora visto desde aquí abajo, un espejismo, un viaje irreal, un bastión cuyo perfil se pierde en cada curva descendida. Una vez pisado el terrero de los frutales axárquicos miramos hacia arriba y Comares parece haberse difuminado en el paisaje, como un sueño.
Enlaces de interés y consejos útiles
Turismo Rural: Comares tiene multitud de casas para alquilar y disfrutar del turismo rural en auténticas viviendas moriscas. Sólo con introducir en google las palabras Comares + turismo aparece un gran abanico de posibilidades con precios para todos los bolsillos y alojamientos para todos los gustos.
Senderismo: Existen cinco rutas que parten de la villa y que tiene como destino distintas localizaciones naturales e históricas. Son la Ruta de la Fuente Gorda, de dificultad baja, una hora de duración y algo más de dos kilómetros de recorrido; la Ruta del Lavadero, de dificultad media-baja, dos horas y media de duración y cuatro kilómetros de recorrido; la Ruta de la Teja, de dificultad media-alta, seis horas de duración y doce kilómetros de recorrido; la Ruta de Mesa, de dificultad media-alta, de cinco horas de duración y diez kilómetros de recorrido; y la Ruta de la Buena Vista, de dificultad media alta, de diez horas de duración y veintidós kilómetros de recorrido.
Fiesta de los verdiales: El 22 de junio se celebra en la villa la Fiesta de los Verdiales, donde además de las actuaciones en las calles se realiza uno de los mayores encuentros de la provincia de Málaga, al que acuden visitantes de todos los puntos. Es una jornada amena, alegre y repleta de actividades donde priman la música y la gastronomía.
Ruta de la pasa: Comares forma junto con los municipios de Totalán, Cútar, El Borge, Almáchar, y Moclinejo la Ruta de la Pasa de la Axarquía que distingue a los municipios que han hecho del cultivo de este producto razón de vida económica, social y cultural.
Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la página web del Ayuntamiento de Comares y la web Axarquía Costa del Sol.
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Etiquetas: Axarquía, Comares, Málaga, mosto, pasa, Ruta de la Pasa, senderismo, vino dulce, vino terreno
41 EL BORGE: TRADICIÓN PASERA
martes, 19 de enero de 2010
El Borge, las pasas y "El Bizco"
La visita: hasta la iglesia
La visita: desde la iglesia
La comida: Bar Paco
Despedida
Retomamos el hilo de carreteras que nos conducirá hasta el Mediterráneo. Dejamos atrás las lomas y colinas y barrancos del corazón axárquico sin eliminar de nuestro retrovisor la imagen afable de El Borge. Una localidad que nos ha hecho sentir como en casa desde el momento en el que pisamos sus primeros empedrados, repleta de historia y curiosidades anejas a la misma. Una localidad con pasas y bandoleros e iglesias nombradas monumentos patrimoniales, con estanqueras parlanchinas y vecinas amabilísimas como Manuela, con restaurantes caseros y el alma cálida de los buenos anfitriones. El Borge, reino de la pasa, volveremos.
Información turística y enlaces útiles
Día de la Pasa: El tercer domingo de septiembre se celebra el Día de la Pasa, donde El Borge rinde homenaje a este producto que le ha hecho un lugar en el mundo. Para festejarlo se organizan diversos actos entre los que se encuentran las representaciones en vivo de la elaboración tradicional de la pasa, desde la recolección de la uva, traslado, tendido y secado en los paseros, hasta el picado de las pasas, criba, envasado y pisa de la uva moscatel, cuyo resultado en forma de mosto se dará a probar a los visitantes. Durante la celebración de este día también se ofrecen bolsitas de pasas con denominación de origen de Málaga, gazpacho o degustación de productos gastronómicos autóctonos. El Borge conforma junto con Moclinejo, Almáchar, Cútar, Comares y Totalán la Ruta de la Pasa de la Axarquía.
Parroquia de Nuestra Señora del Rosario: El templo ha sido declarado en enero de 2010 Monumento del Patrimonio Histórico Andaluz como se recoge en diversos medios de comunicación de la provincia.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la página web municipal de El Borge y la página informativa de El Borge Activo.
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