Paisaje abrumador de horizontes espigados, parecen las montañas, picos macizos desiguales, haber caído del cielo al son de un ingeniero extravagante. Sierras picudas dulcificadas sólo por la frondosidad de sus laderas. Paisajes casi oníricos que bien responderían a un sueño de particular belleza más que a la realidad. Tajos que se exhiben al sol como farallones antiguos, parecen reposar en un equilibrio inestable, a la vez sólidos y a la vez etéreos, tremendos en su corte, afilados. Sugieren poseer el secreto de la mesura y la desmesura. Comparten Alfarnate y Alfarnatejo cierto paisaje similar, apenas distan 4 kilómetros el uno del otro, y a la vez diferente. Si Alfarnate se resguarda en un valle imposible, Alfarnatejo busca el abrigo de uno de esos picos de los que se alimenta su horizonte.
Una aproximación
Alfarnatejo es un pueblo pequeño que convive con los tajos y veredas desde allende los tiempos y que se ha ganado el apodo de "Pirineos del Sur" por la consistencia de su orografía. Es habitual cruzarse con moteros y con ciclistas (tanto de ruta como de mountain bike) al ser sus carreteras más que propicias para la práctica de este deporte (no muy transitadas por turismo o vehículos pesados, con un hermoso paisaje y sinuosa, sinuosa, sinuosa...). Los campos de olivos y cereal, de garbanzos, sosegado,
pone el contrapunto a los roquedales. Los picos Chamizo, Vilo y Gallo forman parte de un paisaje de oquedades y retuertos muy extenso, lo que motivó la presencia de los románticos bandoleros del siglo XIX por estos pagos. Pero ya el ser humano se había asentado aquí hace mucho tiempo como "Así lo revelan los restos arqueológicos hallados en el desfiladero del río Sabar, correspondientes al Neolítico, y también en el tajo de Gómer se han encontrado objetos de uso doméstico de unos 5.000 años de antigüedad", informa el Patronato de Turismo de la Costa del Sol.
Alfarnatejo
Estacionamos en la entrada, junto a la parada del autobús y nos adentramos en un pueblo blanco, de calles estrechas y empedradas, con el discreto encanto de lo mínimo. Caminamos por la calle Callejones hasta llegar a la plaza de la Constitución, centro neurálgico de Alfarnatejo. La mirada se escapa, invariable, hacia los picachos, hacia los macizos montañosos. Una mujer baldea con agua una de las calles y ascienden hasta nosotros perfumes de tierra mojada, de tierra húmeda que vencen al calor de la mañana entrante. Se escucha el repiqueteo de las esquilas de las cabras... Tlin-tlen-tlin-tlin-tlen-tlin... Los niños nos miran con ojos curiosos, 
los mayores nos saludan con un gesto de la cabeza o con un "Buenos Días" recio. Desde la plaza de la Constitución tomamos una de las calles que sale hacia la derecha, la calle Feria, que pasa frente a la balconada del ayuntamiento. La segunda calle a la derecha, vemos el torreón de la iglesia. Es majestuoso, sorprende su color, su textura, poco habitual en los templos malagueños que hemos visitado. Antes de subir nos refrescamos en una fuente próxima, dejamos correr el agua hasta que sale fresca, cristalina. Nos remojamos la cara. Delicioso. La iglesia tiene su fachada construida en ladrillo y roca vista, hecho que la diferencia, que la hace 
especial. Es una construcción sólida, recia, sin concesiones al barroquismo más cargado. El templo del Cristo de la Cabrilla es muy hermoso en su sencillez. "La iglesia, que data del siglo XVIII pero reconstruida en 1.977, se sitúa en la parte más alta del pueblo y es conocida como del Santo Cristo de la Cabrilla. Esta iglesia sobresale por entre las casas y construcciones del núcleo urbano de Alfarnatejo. Fue construida con estructura de planta sencilla que responde al tradicional modelo rectangular con dos naves, separadas por arcos de medio punto. En el exterior, destaca la Torre cuadrangular y maciza, construida en ladrillo cocido al 
estilo mudéjar", apunta la página web municipal. Su color, oscuro, se asemeja al color de la tierra que le rodea. Nos perdemos un tanto por las calles tejonas, disfrutando del arrullo de las palomas, del trinar de los pájaros posados sobre el tendido eléctrico. Nos refrescamos en sus fuentes, de nuevo, contemplamos cómo los gatos ronronean al sol. Despiden tranquilidad, sosiego, paciencia sus calles y sus gentes. Nos deleitamos con la vida sencilla a cada paso, observamos el vuelo de las rapaces sobre los tajos más altos. Se nos despierta el apetito y entramos en el restaurante Los Pirineos. Es demasiado tarde para desayunar y demasiado pronto para el aperitivo, optamos
por un refresco de cola, una cerveza y dos pitufos mixtos, total: 4,40 euros. Desde la amplia terraza del restaurante observamos los campos que rodean Alfarnatejo, campos de olivos, de cereal, salpicados por encinas y quejigos. Faltan los garbanzos, legumbre que se popularizó en esta comarca hace unas décadas, generando un producto de primera calidad de fama internacional, tan es así que el vecino pueblo de Alfarnate incluyo una flor de garbanzo en su escudo. En la actualidad no se cultiva para su comercialización masiva, pero los vecinos y vecinas de Alfarnatejo no han perdido la tradición y la costumbre y siguen sembrando para su uso personal o familiar. No en vano, todas las variantes de cocido y de puchero siguen formando parte de la carta gastronómica del municipio. Repuestos un tanto, llegamos al Parque Municipal Miguel Alba Luque. Un espacio alargado, situado sobre una balconada, que vive a la sombra de unos grandes árboles. En el extremo opuesto al que hemos entrado, junto al arco árabe que marca la salida, hay una serie de juegos infantiles. Miguel Alba Luque, al que está dedicado el parque, consta como el último alcalde republicano del municipio al que fusilaron ante las tapias del cementerio de San Rafael de la capital el 9 de octubre de 1937.
Los tajos
Son impresionantes paredes verticales que caen a pico hacia un valle desde decenas de metros de altura. Tajos grises, parduzcos, moteados de verdes aquí y allá. Para llegar a ellos desde el centro urbano, hay que seguir adelante desde el pueblo, cruzarlo y comenzar una tortuosa bajada hacia el pantano de la Viñuela y Periana. Son testigos del paso del tiempo, vieron como entre ellos
caminaban los antiguos viajeros, albergaron en sus oquedades vida desde allende los tiempos y permitieron que los árabes construyeran en sus proximidades oteros artificiales desde los que controlar el trajín de viajeros. Se constituye así la Ruta de los Tajos integrada por los de Gómer, Doña Ana y el Alto del Fraile. Quizá sean por estas excepcionalidades orográficos que se haya ganado a pulso el apelativo ya comentado de Pirineos del Sur.
Despedida
Nos hemos sentado en uno de los bancos de forja negros que salpican las calles de Alfarnatejo, a la sombra. La vida pasa ante nuestros ojos con un sosiego pasmoso. Dos niños juegan con una pelota, una mujer mayor de pelo cano camina con las dos manos juntas ante el pecho, un hombre carga con tres bolsas de la compra... Se nos contagia la paz, la tranquilidad, el reposo. Pero nuestra mirada vuela hacia los picos, hacia las montañas y cerros y comprobamos la dualidad de estas tierras de sosiego y abruptos barrancos y creemos que ahí radica su especial circunstancia, su herencia indómita y reposada.
Consejos útiles y enlaces de interés
Apodos: "Todo apunta a que el origen de los apodos de Alfarnate (palancos) y Alfarnatejo (tejones) tenga más de leyenda que de base histórica. Según la tradición, en el único camino que unía las dos localidades cayó una piedra de considerable tamaño como consecuencia de unas fuertes lluvias, de modo que el paso quedó interceptado, y para dejarlo expedito la gente de Alfarnate decidió llevar hierros y palos para utilizarlos a modo de palancas, en tanto que los de Alfarnatejo aportaron picos y palas con la intención de socavar el terreno y hacer que la piedra rodara monte abajo, método éste que al final resultó ser el más efectivo, porque la piedra, efectivamente, cayó por su propio peso hasta el valle, donde todavía permanece, según se dice", extraído de la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol.
Fiesta del gazpacho: El primer fin de semana de agosto se celebra en Alfarnatejo la Fiesta del Gazpacho, fresca sopa fría elaborada con los productos extraídos de los cultivos de Alfarnatejo. Durante la fiesta se reparte a los visitantes miles de litros de gazpacho. La velada se acompaña con la celebración de la Velada Flamenca Pirineos del Sur.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la página web municipal de Alfarnatejo y la página Axarquía Costa del Sol.
Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.
68 ALFARNATEJO: "LOS PIRINEOS DEL SUR"
martes, 27 de julio de 2010
Publicado por Israel Olivera en 0:01 3 comentarios
Etiquetas: Alfarnatejo, Axarquía, Costa del Sol, feria del gazpacho, garbanzos, gazpacho, Málaga, pirineos, pirineos del sur
25 BENALAURÍA: AROMAS DE TRADICIÓN Y CASTAÑO
martes, 29 de septiembre de 2009
Benalauría de castaños, de sabores antiguos, de perfumes olvidados. Benalauría de moros. Benaluría de cristianos. Benalauría de tradiciones. Benalauría de artes y de moliendas. Benalauría de calles ensortijadas, de balcones inmensos, de horizontes verdes. Benalauría de los hijos de Auria. Benalauría para regresar. Ben-Al-Auria.
Aproximación entre castaños
Descendemos hacia Benalauria. Las laderas por las que serpentea y se enrosca la carretera son un tupido manto de castaños festoneados por ese fruto de apariencia espinosa y dorada que en esta época disfruta de su madurez antes de ser recogido. Madurez
de estallidos amarillos, algunos, ya caídos al suelo. Los castaños se cierran sobre nosotros formando una arcada verde e imposible. Observamos como las montañas se hunden en la tierra formando el Valle del Genal, tupido y umbrío. Embebidos ante el espectáculo, tras una curva y casi sin solución de continuidad aparece el caserío blanco de Benalauria. Una pequeña explanada sirve de estacionamiento y aconsejamos no internarse en sus calles por lo intricado y estrecho de las mismas. Lo mejor resulta estacionar en esta plaza y, si no hubiera sitio, aparcar en la misma carretera. Benalauría es un pueblo que debe recorrerse a pie, disfrutando de cada rincón, de cada sorpresa, de la explosión colorida de las buganvillas, de sus aromas antiguos, de sus plazuelas.... Es un pueblo intenso, un pueblo en el que agudizar todos los sentidos.
La visita
Desde la plazuela donde estacionamos el coche iniciamos la visita. A la entrada encontramos un plano mural del municipio que nos sitúa y nos muestra los lugares más destacados que visitar. Aún con todo, desde la oficina de turismo de Benalauría ofrecen al visitante un plano callejero con dos rutas a seguir en el pueblo, muy práctico, muy útil y muy cómodo. Para informarse acerca de los horarios de la Oficina de Turismo pueden llamar al teléfono del ayuntamiento: 952.15.25.02. En algunos otros lugares, como el Mesón la Molienda (del que luego hablaremos) también se pueden
encontrar estos planos. Ante nosotros el intrincado dédalo de calles, un sortilegio encaramado a la ladera y que se asoma al Valle del Genal mirándolo de tú a tú.
Es dar un paso y adentrarse de manera casi inmediata en un mundo de perfumes antiguos, de esencias añejas, de arte rural... Celebra Benalauría en el mes de agosto una fiesta de moros y cristianos donde los vecinos y vecinas se atavían con los trajes típicos y hacen resonar voces de antaño, recreando episodios históricos en los que se mezcla la historia, la leyenda y la tradición 
oral. Y es ahora, cuando hemos dado ese primer paso cuando percibimos esa esencia moruna y casi llegamos a advertir en el recodo de sus calles el fantasma de una chilaba mecida por el viento.... Las calles del pueblo nos guían sin esfuerzo, es Benalauría el que nos muestra sus calles repletas de flores. La luz del otoño le confiere a todo un aura con una intensidad especial. Caminamos por la calle Calvario y apenas a diez metros a la derecha encontramos el taller de Artesanía de Naturarte y en su puerta un cartel que reza: Museo Etnográfico / Antigua almazara del siglo XVIII /
para visitar el museo preguntar en la tienda de artesanía / Tlf: 616.179.730, 646.028.992 (pueden llamarnos a estos dos teléfonos) /precio de entrada: 2€/ persona. Grupos de más de 15 personas 1€ / Naturarte: subiendo la calle, la primera a la derecha. Eso hacemos, subimos la calle, primera a la derecha. Nuestro gozo en un pozo, la tienda está cerrada. Llamamos a los teléfonos que se incluían en el cartel y nos dice una chica que precisamente hoy están en un encuentro de asociaciones en Algatocín, nos preguntan si nos vamos a quedar en el pueblo y contestamos que sólo a comer, nos señalan que después de comer llamemos de nuevo para ver si han regresado y poder realizar la visita. Tomamos nota.
Continuamos caminando por la calle Calvario hasta llegar a la plaza Teniente Viñas que precede a la plaza del Ayuntamiento. La plaza Teniente Viñas es un recoleto rincón presidido por la Fuente Grande, con cinco caños rebosantes de agua, a su izquierda se sitúa la Oficina de Turismo y justo encima la Biblioteca Municipal, todo en un edificio apoyado sobre la piedra y que forma, en su lateral uno de los lados de la contigua plaza del Ayuntamiento a la que accedemos. Destacar como curiosidad de esta plaza las hendiduras que tiene una de sus paredes, una serie de rectángulos horadados en la piedra y que, antiguamente, sirvieron como
burladeros en los tiempos en los que se realizaban en el pueblo suelta de vaquillas. El ayuntamiento presenta su seria fachada diociochesca con sus balcones enrejados aparejados al lugar que ocupa el archivo municipal. Centro de reunión en los buenos días de otoño, la plaza presenta hoy su cara más visible. Descendemos por el lateral derecho de la casa consistorial, calle iglesia, y nos perdemos en el laberinto de calles, disfrutando de las macetas coloridas, de la arquitectura popular de algunas casas con sus tejadillos, con sus aleros de teja, con sus portadas. Nos asalta, sin previo aviso, un aroma intensísimo a puchero a esa sabia mezcla de ingredientes contundentes que se rematan con hierbabuena y con los que se hace la pringá. Un perfume antiguo y conocido y tremendamente evocador. Era sólo este elemento el que faltaba para completar el perfecto puzzle de Benalauría. Cada vez que las c
alles escapan hacia el horizonte surge ante la vista el inmenso mar de castaños. Continuamos caminando y llegamos hasta la iglesia de Santo Domingo, a la que se accede a través de una reja que da a una plazuela donde se encuentra una puerta lateral. Un templo del siglo XVIII, sencillo y austero en el exterior y pintados sus ribetes de color salmón en el interior. Un altar imponente cuyas flores arregla una mujer, con la que charlamos irremediablemente acerca del pueblo, de la iglesia, de los castaños. La iglesia huele a pintura, se han acondicionado algunas rejas y balconadas en los últimos días, luciendo un aspecto lustroso y novísimo.
Salimos de la iglesia y nos perdemos de nuevo por entre las callejas del pueblo. No seguimos un itinerario trazado, vagamos aquí y allá, asomándonos a algunos rincones, disfrutando de las vistas, de las balconadas que se abren al valle, caminando sin rumbo fijo ascendemos, descendemos.... La niebla comienza a elevarse desde el valle, las colinas parecen humear con un vapor intenso transformado en jirones que quedan aferrados a los castaños. Es hora de comer.
La comida tradicional del Mesón La Molienda
En una llamada previa a la visita, sin dudar un instante se nos aconseja visitar el Mesón La Molienda. No tiene pérdida y lo
conoce todo el mundo en el pueblo. El restaurante es una antigua almazara recuperada, transformada, restaurada... Está decorado con esmero y delicadeza, muros de piedra, algunos de ellos pintados en azules, amarillos, lilas; piedra y madera; una exposición en las paredes. Todo al detalle sin perder una pizca de autenticidad. Pequeñas mesas en su terraza y unas impresionantes vistas al Valle del Genal, cuyo perfil forma parte incluso de la carta. Nos trasladan hasta el comedor principal, a una mesa coqueta en la que antiguamente era sala de empiedro. Carta tradicional, de alimentos y 
sabores auténticos, con el toque justo de modernidad pero sin excesos, una carta completa y rica que se devora ya sólo con la mirada y que incluye platos como carne de matanza, lomo de cerdo ibérico en manteca, lomo de cerdo ibérico con tomates caseros fritos, solomillo ibérico relleno de castañas, cordero en salsa de almendras, venado a la canela... Todas ellas acompañadas de una breve descripción que indica los orígenes de cada receta. Optamos por una ensalada de naranja (gajos de naranja fileteados con cebolla y hierbabuena),una sopa de olla (3,50€), un gazpacho caliente (servido en dornillo, el cuenco de madera tradicional en el que servían las sopas serranas, 5€), una caldereta de cordero con castañas (9,50€) y una costilla de cerdo a la plancha con salsa jabata (un adobo frío, exclusivo de Benalauría, realizado con ajo, vinagre, aceite de oliva, sal, ñora y especias, 9€)... todo ello regado con tres cervezas y un botellín de agua: total 39, 50€. La relación calidad precio es excelente. Los sabores nos remiten inmediatamente a la tradición, a lo popular, a lo antiguo... A través de las ventanas vemos que la niebla ha ascendido y tomado todo el pueblo.
Despedida
Caminamos en silencio por las calles casi desiertas. Una tormenta atruena en el cielo, las nubes confieren al paisaje un ambiente de recogimiento, casero, evocador. Observamos el Valle del Genal, los montes que ascienden desde él, la figura de algunos otros pueblos entre la espesura de castaños. Echamos un vistazo hacia atrás y vemos a Benalauria enrocado sobre la ladera del monte. Aún con el perfume de lo añejo en nosotros, el sabor de la tradición fresco en la boca, sólo tenemos un pensamiento: Regresaremos. No hay duda. Cuando llegamos a casa vemos una llamada perdida. las responsables de Naturarte nos informaban de su llegada a Benalauría. Esta es una excusa perfecta más.
Enlaces de interés y consejos útiles
Fiesta de moros y cristianos: al primera semana de agosto, Benaluría vive una de sus grandes tradiciones, la representación de la fiesta de moros y cristianos en la que los visitantes también forman arte y parte, ya que son "secuestrados" para entregar un óbolo a la puerta de la iglesia. La representación teatral trata del enfrentamiento de las revueltas producidas en la sierra en torno a 1570, en ellas los moriscos y los ejércitos de castellanos se enfrentaron por las tierras tras la rebelión de los primeros. Benalauría escenifica estas batallas y deja para el epílogo y último acto al elegía desesperada del qa'id hacia una tierra que le vio nacer y que se ve obligado a abandonar. En los bajos del ayuntamiento se encuentra el Centro de Interpretación de Moros y Cristianos, para consultar horarios se puede llamar al ayuntamiento en el teléfono 952.15.25.02. Para más información acerca de la fiesta hay una página muy completa donde se explica su historia y orígenes: Benalauria.net.
Turismo Rural: la oferta de turismo rural en Benalauría es enorme. Hay muchos alojamientos de este tipo preparados en las mejores condiciones para recibir al visitante. Sólo con teclear en google: Benalauría + turismo rural aparecerán numerosas ofertas. Ofertas que se completan con el turismo cultural.
Arte: el Valle del Genal ha sido el lugar elegido para residir por muchos artistas, no es extraño encontrar tiendas de arte y artesanía en la gran mayoría de municipios que lo conforman. En Benalauría existen dos: Naturarte, 952.152.543 y Artexperiencia, 627.333.792.
Épocas: Todas son buenas, pero el otoño confiere al paisaje un tono especial. En esta época otoñal, proveerse de algún impermeable y algo de ropa de abrigo, de una cámara de fotos y de prismáticos.
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web del Ayuntamiento de Benalauria.
Este blog queda abierto a todas las sugerencias y recomendaciones de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta y cuantas más opciones haya, mejor. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.
Publicado por Israel Olivera en 0:01 7 comentarios
Etiquetas: artesanía, Benalauría, castaños, cordero, Costa del Sol, gazpacho, gazpacho caliente, Málaga, museo etnográfico, naranjas, Plaza de Toros de Ronda, puchero, Valle del Genal