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31 BENAMARGOSA: A LA SOMBRA DE LOS FRUTALES

martes, 10 de noviembre de 2009

Ibn Beithar contempla, agachado, las hileras de naranjos. Lleva una de sus manos a la tierra, coge un puñado y lo huele. Ibn Beithar sonríe. Se levanta despacio y comienza a caminar entre los árboles achaparrados de cuyas ramas penden los frutos anaranjados. El ambiente es denso, espeso, y un aroma casi sólido permanece detenido un instante y luego desaparece. Ibn Beithar se mesa la barba mientras pasea, con su mano derecha roza las hojas de los naranjos y recuerda. Rememora el tiempo, hace ya casi un lustro, en el que decidió plantar en estas tierras de Ben Ha-Maruxa los cítricos por primera vez, los hizo traer de muy lejos, de muy lejos, allende los mares. Está a punto de recoger la primera cosecha y cree que va a ser buena. Ibn Beithar sonríe de nuevo, y se pierde entre las hileras de naranjos.


La aproximación y el recuerdo del batycate

El camino que une Vélez con Benamargosa es un vergel. Un auténtico edén moderno, cuyos árboles rebosan de modernos frutos tropicales y clásicos cítricos como las naranjas y los limones. Son explotaciones agrícolas apretadas, cuidadas y profusas, verdes. Atravesamos la tranquila pedanía de Triana, perfumada por los aromas de los frutales. Entre ellos vemos algunos paseros, poco habituales en esta zona de la Axarquía que se ha dado en llamar "Ruta del sol y del aguacate" y que incluye, además de Benamargosa, los municipios de Rincón de la Victoria, Macharaviaya, Vélez-Málaga, Benamocarra e Iznate. Si los valles tienen una densa población de frutales, no así las laderas y cimas de las lomas que los encajonan y que aparecen prácticamente despejados de cultivos. Un kilómetro antes de llegar al centro urbano nos saludan los aguacates, producto típico de Benamargosa y que da nombre al ya afamado batycate, un batido elaborado a base de aguacate, azúcar, canela en polvo, leche y plátano, todo ello añadido en proporciones desconocidas y cuyas cantidades los benamargoseños no quieren que sean reveladas... Atravesamos el pueblo y, a la izquierda, una señal nos indica zona de aparcamiento. Giramos y estacionamos.
La visita: hacia arriba por los Jardines de San Sebastián y hacia abajo por las calles Ermita y Real

En lugar de caminar sobre nuestros pasos, lo hacemos hacia adelante con la intención de visitar el cauce del río Benamargosa, ahora seco, sobre el que se tiende el Puente de los Diez Ojos, un puente bajo, sostenido por las diez arcadas, u ojos, que le dan nombre. Este puente que parte casi del corazón mismo de Benamargosa comunica la población con la vecina Cútar, entre otras. Resulta sorprendente contemplar esta obra de ingeniería, sólida y robusta, sobre un cauce pluvial completamente seco. Asomados a una balaustrada vemos a un hombre caminar sobre el lecho y cruzar el río sin agua hacia unos cañaverales. Pasamos también nosotros bajo él con la superstición de pensar que una riada de agua podría venir en cualquier momento y arrastrarnos. Es superchería, no raciocinio. Comprobado, porque aquí estamos. Cruzando bajo el puente y llegamos a un parque que presumimos muy poblado en los meses estivales, cuando el sol aprieta, ya que sus árboles y su pequeña avenida techada junto al río le dotan de cierto aire umbrío y fresco. Una fuente jalona el centro de este jardín y el agua borbotea en su cazoleta. Salimos y caminamos junto al puente hasta cruzar, por la izquierda, la carretera. Allí observamos un panel informativo en el que se indica: Fuente de El Pilar, Barrio de los Pechuelos, Barrio de la Solana y Jardines de San Sebastián. Dirigimos hacia allí nuestros pasos. La primera construcción que nos encontramos, se puede rodear caminando, pero en la actualidad se encuentra en plena rehabilitación, son los Arcos de la Huerta, una obra de ingeniería hídrica que servía para canalizar el agua por los diferentes huertos que rodeaban la población. Queda en pie una buena lámina de muro y uno de los arcos que le da nombre. Las construcciones antiguas y modernas se dan la mano, se entrelazan y configuran un cinturón alrededor del centro urbano. Al inicio de la calle Pilar nos encontramos con su fuente, conformada por tres arcos de ladrillo visto, tres caños de agua y dos paneles cerámicos a los lados que representan coloridos motivos florales. Seguimos caminando. A nuestra derecha discurren las calles que llevan al corazón de Benamargosa, a nuestra izquierda se sitúan, sobre un altozano, el barrio de los Pechuelos, conformado por calles estrechas y enredadas, escaleras que suben y crean descansillos atestados de macetas y flores, cuestas cortas pero de importante gradación; y el barrio de la Solana, que algo menos arisco que el anterior tiene características muy similares. Si accedemos a algunas de sus calles podremos observar los cultivos de cítricos y frutas tropicales, el lecho del río, las casas apretadas de Benamargosa, las empinadas cuestas que descienden desde los jardines de San Sebastián hasta la iglesia, la configuración total de este municipio. Los jardines que preceden a la entrada de muchas cosas lucen en esos pequeños patios exteriores un naranjo o un limonero, haciéndose eco inevitable de los cultivos más populares de estas tierras. Seguimos caminando hasta los Jardines de San Sebastián, situados en la parte más elevada del municipio y que poseen una buena sombra y una serie de cómodos bancos donde reposar y contemplar, enfrente, el Barrio de la Solana. Los jardines están integrados en el casco urbano y se delimitan gracias a una serie de muretes de piedra que se asemejan a las murallas de un castillo. Subimos unas escaleras y cruzamos un angosto pasadizo a través del cual desembocamos en el inicio, a la izquierda, de la calle Ermita por la que descendemos. Las calles son estrechas, las casas muy apretadas, las cuestas importantes. Caminamos hasta que la calle Ermita se transforma en calle Real. Nos adentramos a izquierda y derecha, siempre volviendo al canal principal. Nos cruzamos con vecinas y vecinos atareados en sus labores cotidianas, saludan, amables. Escuchamos ladrar a un perro. Un grupo de niños juega a lo que presuponemos es "el escondite". Es un paseo tranquilo y amable con le que llegamos a una plazuela donde se ubica la biblioteca municipal, presidida por una refrescante fuente y la oficina de correos. Continuamos el descenso hasta desembocar en una anchura de la calle y a la parte trasera de la iglesia de la Encarnación. Entramos y nos encontramos con un templo con carácter que no se presagiaba desde el exterior. Tiene el techo formado por un artesonado de madera oscura, tres naves sustentadas por columnas casi ojivales sustentadas en basamento de ladrillo visto. El altar es sencillo, y contrasta con un coro de tonos caoba situado sobre la entrada principal. Nos llama la atención una de las hornacinas situadas a la derecha, en ella descansa una solitaria y humilde cruz de madera flanqueada por dos candelabros y que despide cierto aroma de misterio. Salimos de la iglesia y caminamos en torno a ella para descubrir que en la parte opuesta a la puerta por la que hemos entrado un gran arco-puente comunica el interior del templo con una casa colindante. Sacamos un par de fotografías a esta curiosa construcción. Deambulamos durante un rato más por las calles benamargoseñas constatando que es la patria de cítricos y aguacates en cada rincón. Vemos incluso a dos niños jugar al fútbol con un limón enorme al que dan patadas hasta despanzurrarlo, tiñiendo el tibio ambiente otoñal de una perfume intensísimo y delicioso. Se nos abre el apetito. En la confluencia de las calles y justo en la entrada a la zona de aparcamientos encontramos la Fonda Restaurante Los Pepes. Pedimos un zumo de melocotón, una cerveza sin alcohol, una tapa de ensaladilla rusa y una tapa de ensalada malagueña. 3 euros. Charlamos un rato mientras vemos la vida benamargoseña pasar y nos preguntamos cómo sabrá el batycate.
Despedida
Ibn Beithar camina por la orilla del río Ben Ha-Maruxa. Observa las hileras de limoneros. Mira el río e idea la posibilidad de acercar el agua desde su cauce hasta el interior de las huertas. Extrae de su zurrón un papiro y dibuja uno o dos garabatos. Camina hacia el centro del pueblo, aprieta el papiro en sus manos. Y Sonríe.
Enlaces útiles y consejos de interés
Gastronomía: Ya se ha hablado del batycate, ese batido cuyas proporciones exactas los benamargoseños no quieren desvelar, y que es muy popular en la celebración de la Feria del Campo en el mes de abril, pero no del zoque, una especie de ensalada muy fresca que se prepara "como entremés o de acompañamiento de cualquier tipo de platos, se realiza con una variedad cítrica denominada "limón de pera", es un plato refrescante y de sabor particular. Se elabora con limón "pera", ajos, pimiento, pimienta molida, aceite, migajas de pan, vinagre y sal" (receta extraída de la página web municipal).
Enlaces de interés: tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Benamargosa.
Este blog queda abierto a todas las sugerencias de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta a todas las opciones. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.

25 BENALAURÍA: AROMAS DE TRADICIÓN Y CASTAÑO

martes, 29 de septiembre de 2009

Benalauría de castaños, de sabores antiguos, de perfumes olvidados. Benalauría de moros. Benaluría de cristianos. Benalauría de tradiciones. Benalauría de artes y de moliendas. Benalauría de calles ensortijadas, de balcones inmensos, de horizontes verdes. Benalauría de los hijos de Auria. Benalauría para regresar. Ben-Al-Auria.

Aproximación entre castaños

Descendemos hacia Benalauria. Las laderas por las que serpentea y se enrosca la carretera son un tupido manto de castaños festoneados por ese fruto de apariencia espinosa y dorada que en esta época disfruta de su madurez antes de ser recogido. Madurez de estallidos amarillos, algunos, ya caídos al suelo. Los castaños se cierran sobre nosotros formando una arcada verde e imposible. Observamos como las montañas se hunden en la tierra formando el Valle del Genal, tupido y umbrío. Embebidos ante el espectáculo, tras una curva y casi sin solución de continuidad aparece el caserío blanco de Benalauria. Una pequeña explanada sirve de estacionamiento y aconsejamos no internarse en sus calles por lo intricado y estrecho de las mismas. Lo mejor resulta estacionar en esta plaza y, si no hubiera sitio, aparcar en la misma carretera. Benalauría es un pueblo que debe recorrerse a pie, disfrutando de cada rincón, de cada sorpresa, de la explosión colorida de las buganvillas, de sus aromas antiguos, de sus plazuelas.... Es un pueblo intenso, un pueblo en el que agudizar todos los sentidos.

La visita

Desde la plazuela donde estacionamos el coche iniciamos la visita. A la entrada encontramos un plano mural del municipio que nos sitúa y nos muestra los lugares más destacados que visitar. Aún con todo, desde la oficina de turismo de Benalauría ofrecen al visitante un plano callejero con dos rutas a seguir en el pueblo, muy práctico, muy útil y muy cómodo. Para informarse acerca de los horarios de la Oficina de Turismo pueden llamar al teléfono del ayuntamiento: 952.15.25.02. En algunos otros lugares, como el Mesón la Molienda (del que luego hablaremos) también se pueden encontrar estos planos. Ante nosotros el intrincado dédalo de calles, un sortilegio encaramado a la ladera y que se asoma al Valle del Genal mirándolo de tú a tú.
Es dar un paso y adentrarse de manera casi inmediata en un mundo de perfumes antiguos, de esencias añejas, de arte rural... Celebra Benalauría en el mes de agosto una fiesta de moros y cristianos donde los vecinos y vecinas se atavían con los trajes típicos y hacen resonar voces de antaño, recreando episodios históricos en los que se mezcla la historia, la leyenda y la tradición oral. Y es ahora, cuando hemos dado ese primer paso cuando percibimos esa esencia moruna y casi llegamos a advertir en el recodo de sus calles el fantasma de una chilaba mecida por el viento.... Las calles del pueblo nos guían sin esfuerzo, es Benalauría el que nos muestra sus calles repletas de flores. La luz del otoño le confiere a todo un aura con una intensidad especial. Caminamos por la calle Calvario y apenas a diez metros a la derecha encontramos el taller de Artesanía de Naturarte y en su puerta un cartel que reza: Museo Etnográfico / Antigua almazara del siglo XVIII / para visitar el museo preguntar en la tienda de artesanía / Tlf: 616.179.730, 646.028.992 (pueden llamarnos a estos dos teléfonos) /precio de entrada: 2€/ persona. Grupos de más de 15 personas 1€ / Naturarte: subiendo la calle, la primera a la derecha. Eso hacemos, subimos la calle, primera a la derecha. Nuestro gozo en un pozo, la tienda está cerrada. Llamamos a los teléfonos que se incluían en el cartel y nos dice una chica que precisamente hoy están en un encuentro de asociaciones en Algatocín, nos preguntan si nos vamos a quedar en el pueblo y contestamos que sólo a comer, nos señalan que después de comer llamemos de nuevo para ver si han regresado y poder realizar la visita. Tomamos nota.
Continuamos caminando por la calle Calvario hasta llegar a la plaza Teniente Viñas que precede a la plaza del Ayuntamiento. La plaza Teniente Viñas es un recoleto rincón presidido por la Fuente Grande, con cinco caños rebosantes de agua, a su izquierda se sitúa la Oficina de Turismo y justo encima la Biblioteca Municipal, todo en un edificio apoyado sobre la piedra y que forma, en su lateral uno de los lados de la contigua plaza del Ayuntamiento a la que accedemos. Destacar como curiosidad de esta plaza las hendiduras que tiene una de sus paredes, una serie de rectángulos horadados en la piedra y que, antiguamente, sirvieron como burladeros en los tiempos en los que se realizaban en el pueblo suelta de vaquillas. El ayuntamiento presenta su seria fachada diociochesca con sus balcones enrejados aparejados al lugar que ocupa el archivo municipal. Centro de reunión en los buenos días de otoño, la plaza presenta hoy su cara más visible. Descendemos por el lateral derecho de la casa consistorial, calle iglesia, y nos perdemos en el laberinto de calles, disfrutando de las macetas coloridas, de la arquitectura popular de algunas casas con sus tejadillos, con sus aleros de teja, con sus portadas. Nos asalta, sin previo aviso, un aroma intensísimo a puchero a esa sabia mezcla de ingredientes contundentes que se rematan con hierbabuena y con los que se hace la pringá. Un perfume antiguo y conocido y tremendamente evocador. Era sólo este elemento el que faltaba para completar el perfecto puzzle de Benalauría. Cada vez que las calles escapan hacia el horizonte surge ante la vista el inmenso mar de castaños. Continuamos caminando y llegamos hasta la iglesia de Santo Domingo, a la que se accede a través de una reja que da a una plazuela donde se encuentra una puerta lateral. Un templo del siglo XVIII, sencillo y austero en el exterior y pintados sus ribetes de color salmón en el interior. Un altar imponente cuyas flores arregla una mujer, con la que charlamos irremediablemente acerca del pueblo, de la iglesia, de los castaños. La iglesia huele a pintura, se han acondicionado algunas rejas y balconadas en los últimos días, luciendo un aspecto lustroso y novísimo.
Salimos de la iglesia y nos perdemos de nuevo por entre las callejas del pueblo. No seguimos un itinerario trazado, vagamos aquí y allá, asomándonos a algunos rincones, disfrutando de las vistas, de las balconadas que se abren al valle, caminando sin rumbo fijo ascendemos, descendemos.... La niebla comienza a elevarse desde el valle, las colinas parecen humear con un vapor intenso transformado en jirones que quedan aferrados a los castaños. Es hora de comer.

La comida tradicional del Mesón La Molienda

En una llamada previa a la visita, sin dudar un instante se nos aconseja visitar el Mesón La Molienda. No tiene pérdida y lo conoce todo el mundo en el pueblo. El restaurante es una antigua almazara recuperada, transformada, restaurada... Está decorado con esmero y delicadeza, muros de piedra, algunos de ellos pintados en azules, amarillos, lilas; piedra y madera; una exposición en las paredes. Todo al detalle sin perder una pizca de autenticidad. Pequeñas mesas en su terraza y unas impresionantes vistas al Valle del Genal, cuyo perfil forma parte incluso de la carta. Nos trasladan hasta el comedor principal, a una mesa coqueta en la que antiguamente era sala de empiedro. Carta tradicional, de alimentos y sabores auténticos, con el toque justo de modernidad pero sin excesos, una carta completa y rica que se devora ya sólo con la mirada y que incluye platos como carne de matanza, lomo de cerdo ibérico en manteca, lomo de cerdo ibérico con tomates caseros fritos, solomillo ibérico relleno de castañas, cordero en salsa de almendras, venado a la canela... Todas ellas acompañadas de una breve descripción que indica los orígenes de cada receta. Optamos por una ensalada de naranja (gajos de naranja fileteados con cebolla y hierbabuena),una sopa de olla (3,50€), un gazpacho caliente (servido en dornillo, el cuenco de madera tradicional en el que servían las sopas serranas, 5€), una caldereta de cordero con castañas (9,50€) y una costilla de cerdo a la plancha con salsa jabata (un adobo frío, exclusivo de Benalauría, realizado con ajo, vinagre, aceite de oliva, sal, ñora y especias, 9€)... todo ello regado con tres cervezas y un botellín de agua: total 39, 50€. La relación calidad precio es excelente. Los sabores nos remiten inmediatamente a la tradición, a lo popular, a lo antiguo... A través de las ventanas vemos que la niebla ha ascendido y tomado todo el pueblo.

Despedida

Caminamos en silencio por las calles casi desiertas. Una tormenta atruena en el cielo, las nubes confieren al paisaje un ambiente de recogimiento, casero, evocador. Observamos el Valle del Genal, los montes que ascienden desde él, la figura de algunos otros pueblos entre la espesura de castaños. Echamos un vistazo hacia atrás y vemos a Benalauria enrocado sobre la ladera del monte. Aún con el perfume de lo añejo en nosotros, el sabor de la tradición fresco en la boca, sólo tenemos un pensamiento: Regresaremos. No hay duda. Cuando llegamos a casa vemos una llamada perdida. las responsables de Naturarte nos informaban de su llegada a Benalauría. Esta es una excusa perfecta más.

Enlaces de interés y consejos útiles

Fiesta de moros y cristianos: al primera semana de agosto, Benaluría vive una de sus grandes tradiciones, la representación de la fiesta de moros y cristianos en la que los visitantes también forman arte y parte, ya que son "secuestrados" para entregar un óbolo a la puerta de la iglesia. La representación teatral trata del enfrentamiento de las revueltas producidas en la sierra en torno a 1570, en ellas los moriscos y los ejércitos de castellanos se enfrentaron por las tierras tras la rebelión de los primeros. Benalauría escenifica estas batallas y deja para el epílogo y último acto al elegía desesperada del qa'id hacia una tierra que le vio nacer y que se ve obligado a abandonar. En los bajos del ayuntamiento se encuentra el Centro de Interpretación de Moros y Cristianos, para consultar horarios se puede llamar al ayuntamiento en el teléfono 952.15.25.02. Para más información acerca de la fiesta hay una página muy completa donde se explica su historia y orígenes: Benalauria.net.
Turismo Rural: la oferta de turismo rural en Benalauría es enorme. Hay muchos alojamientos de este tipo preparados en las mejores condiciones para recibir al visitante. Sólo con teclear en google: Benalauría + turismo rural aparecerán numerosas ofertas. Ofertas que se completan con el turismo cultural.
Arte: el Valle del Genal ha sido el lugar elegido para residir por muchos artistas, no es extraño encontrar tiendas de arte y artesanía en la gran mayoría de municipios que lo conforman. En Benalauría existen dos: Naturarte, 952.152.543 y Artexperiencia, 627.333.792.
Épocas: Todas son buenas, pero el otoño confiere al paisaje un tono especial. En esta época otoñal, proveerse de algún impermeable y algo de ropa de abrigo, de una cámara de fotos y de prismáticos.
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web del Ayuntamiento de Benalauria.

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