Y no es un abismo, sino un abrazo lejano y frío. El viento recorre este falso llano que fuera en lo antiguo cuenca de glaciares, espumean las lágrimas en la comisura de los ojos y cortan la piel las ráfagas de aire matinal, refrescando el ambiente, deshelando el rocío, delicado. El cielo, despejado y azul y rotundo, acoge las evoluciones silenciosas de los buitres leonados que parecen circunnavegar alrededor de los picachos. Cimas grises y desgajadas, a punto de desmoronarse, cincelando figuras
imposibles. Combina el paisaje lo abrupto de sus picos informes con la suavidad dúctil de la cuenca glaciar, un llano que se extiende hasta el horizonte y que se combina con otro llano y con otro, salpicado de encinas retorcidas y centenarias, de ganado vacuno, ovino, porcino, pastoreando en semilibertad. Una senda atraviesa el corazón de los llanos como un enorme costurón, una cicatriz olvidada desde tiempo inmemorial y que modela un paisaje que parece imposible, pero que ahí, aquí, bajo nuestros pies, es perfectamente real. Tierra de grietas y hendiduras, de lapiaces y poljes, de simas y oquedades. Esto es el Parque Natural Sierra de Grazalema y estos son los enigmáticos Llanos de Líbar.
Una aproximación
Los glaciares, lenguas gélidas de hielo en movimiento, modelaron el paisaje kárstico de Grazalema a su antojo, sin prisa, con la sabiduría que da tiempo y la fuerza indescriptible. El hielo se transformó en agua y sus filtraciones amasaron la tierra como levadura de rocas, partiendo la piedra, hundiéndola, resaltándola, desgajándola hasta crear un paisaje imposible plagado de abruptos barrancos, idílicos valles y tajos verticales. El agua, apenas un destello en superficie, se ha filtrado durante milenios, desgastando
la roca hasta producir inmensos hundimientos a los que se denomina poljes o miles de cicatrices en las cimas, a las que ha erosionado y roto formando lapiaces. Precisamente los Llanos de Líbar constituyen uno de los poljes más importantes del parque natural y uno de los más destacados de Europa. Recovecos entre los que se esconden los corderos, donde anidan los buitres leonados y las águilas. Agujeros en los que se abrigaron los guerrilleros de la Independencia, los bandoleros del XIX, los
maquis del XX. Pastan las vacas retintas sobre el paraje, ramonean las ramas bajas, brotes verdes de las encinas, engordan los oscuros guarros ibéricos a la sombra de la dehesa. Y la Grazalema malagueña va más allá de los Llanos de Líbar para discurrir a la vera del Guadiaro, recorriendo los términos municipales de Jimera, Benaoján y Cortes de la Frontera; o se sumerge en la tierra en el Hundidero montejaqueño para asomar cuatro kilómetros más allá en la Cueva del Gato de Benaoján, formando un complejo espeleológico de primer orden; o nos muestra un pez dentro de un pez o un hombre con alas en la Cueva de la Pileta. La Grazalema de Málaga es impresionante, grandiosa, diversa y diferente. Hoy nuestro caminar nos lleva a los Llanos de Líbar, un lugar de fuerte impresión telúrica, donde el ser humano parece ser no más que una mota de polvo.
Parque Natural Sierra de Grazalema
Como un pan de hogaza que se desmiga, vayan aquí los números del Parque Natural de Grazalema. De sus 51.695 hectáreas, 14.900 corresponden a la provincia de Málaga y de estas, 4.556ha a Montejaque, 4.531ha a Cortes de la Frontera, 2.9191ha a Ronda, 2.152ha a Benaoján y 742ha a Jimera de Líbar. Se distribuye la extensión como un puzle administrativo del que la naturaleza no entiende y brinca el parque natural de una municipalidad a otra, de una provincia a otra sin solución de continuidad, formando un todo
que va más allá de las particiones institucionales.
Desde 1977, Grazalema está contemplado por la UNESCO como Reserva de la Biosfera y desde 1984 como Parque Nacional. Son trece los municipios que la configuran además de los malagueños Benaoján, Montejaque, Cortes de la frontera, Ronda y Jimera de Líbar ya citados, se incluyen los gaditanos Grazalema, Zahara de la Sierra, Villaluenga del Rosario, Benaocaz, Ubrique, El Bosque, Prado del Rey y El Gastor.
Y más números. La altitud máxima del parque se localiza en El Torreón con 1.654 metros de altitud y la más baja, 289 metros, localizada en el municipio de El Bosque. Entre ambas solo distan 10 kilómetros, con lo que se puede trazar un perfil abrupto, con un desnivel impresionante en el que las sendas y carreteras se retuercen de manera permanente sobre sí mismas.
El ser humano ha poblado estas tierras desde antaño, en la Cueva de la Pileta se han encontrado restos del Paleolítico Superior, pero
es en la historia moderna donde el asentamiento se hace definitivo con los romanos, árabes, cristianos… Estos riscos y valles fueron testigo y escenario de cruentas batallas en la Guerra de la Independencia contra Francia, posterior abrigo de bandoleros en el siglo XIX y escondrijo de maquis durante la dictadura franquista. Pero si algo ha permanecido ha sido la labranza y el pastoreo. Siempre el ser humano ha logrado el punto de equilibrio entre producción y sostenibilidad, alimentándose
de los frutos del parque y alimentando a su vez a la ganadería que pastoreaba. Esa esencia de respeto ha modelado también el paisaje como lo ha hecho el agua. Mimando los bosques, construyendo praderas, manteniendo dehesas.
Así el hábitat de flora y fauna se ha mantenido prácticamente inalterable desde allende los tiempos. El visitante podrá contemplar cerca de 1.300 especies de plantas superiores entre las que se encuentran el algarrobo, encina, quejigos, acebuches,
alcornoques y un resto mínimo de pinsapo, además de malvas, candiles, aulaga, cardo, amapola, tomillo, sabinas y en la vera de los ríos álamos, sauces y olmos. Del mismo modo, la fauna no se queda atrás en la catalogación y reinando la cabra montés y el buitre leonado, se encuentran el zorro, nutria, corzo, ciervo, águilas reales, perdiceras y pescadoras, búho real, milanos negros, alimoches e incluso el halcón peregrino.
Y llueve, llueve mucho, en abundancia, como un torrente, situando el índice pluviométrico por encima de los 2.000 litros anuales por metro cuadrado. Uno de los lugares más húmedos de España, por encima, incluso de muchas zonas más septentrionales.
Con todos estos elementos se ha configurado un paisaje insólito, densamente poblado por flora y fauna, en el que el ser humano ha incidido con respeto y en el que la naturaleza muestra su dignidad y su carácter más indómito, aún sin domesticar. Los Llanos de Líbar son un ejemplo de todo ello, de esta combinación aparentemente imposible que enriquece el viaje y el paisaje.
Los Llanos de Líbar
Una senda serpea en el corazón del polje. Se asemeja al trazo que un niño hubiera dibujado en la arena. Suave y sinuosa, escoltada por castillos de arena, por lapiaces. Modelada por el agua como si una lengua de mar se tratara. El ser humano empequeñece, se desdibuja
ante la magnitud del
fenómeno geológico, resulta imposible siquiera imaginar la contundencia de las fuerzas que han sido necesarias para crear este paisaje cuasi lunar. Desde la “montaña perdida”, Montejaque, nombre que le dieron a este pueblo los árabes, parte un humilde camino 
de tradicional paso de ganado. Comunica el municipio del Hundidero con el vecino de Cortes de la Frontera a través de Los Llanos de Líbar que 10,5 kilómetros más allá, en la profundidad de la Sierra de Grazalema se transformarán, junto a una fuente, en los Llanos del Republicano. Sendas y caminos que 
discurren por un valle tallado en la piedra, un valle que abre sus entrañas al cielo azul, un valle de llanura imposible al que los geólogos denominan polje y que las palabras mundanas se quedan cortas para describir.
Partimos
desde la parte norte de
Montejaque, detrás del Hostal La Cabaña, donde encontramos el panel informativo de la ruta con una somera descripción que nos pone sobre aviso sobre el espacio tan especial que vamos a recorrer. Tras una primera subida, por la sierra de Juan Diego llegaremos al Llano de los 
Almendros, de ahí, a través de un lapiaz impresionante, hasta el llano y dehesa del Pozuelo, de ahí a travesaremos un encinar centenario, para parir en el Llano de Líbar, tras el cortijo del mismo nombre, desde el que caminaremos por una llanura que parece no terminar hasta llegar 
a la Fuente de Líbar, donde se cambia el nombre por el del Llano del Republicano. El camino discurre por pista en su totalidad, mejor o peor conservado para acceder con automóvil, pero siempre adecuado para hacerlo a pie. Es costumbre cruzar la primera parte, algo más 
dura, hasta el encinar, estacionar el coche allí y caminar hasta el final del sendero. Es una opción, pero ir descubriendo gradualmente el paisaje es uno de los mayores atractivos de esta ruta.
Es un sendero que se disfruta quitándole capas, observando su interior siempre cambiante, perfilando con la yemas de los dedos las formaciones imposibles (y que tanto recuerdan al Torcal) que el lapiaz recorta contra el cielo; oteando el vuelo majestuoso, casi estático de la gran colonia de buitres leonados; caminar junto al ganado retinto que pasta libre, que ramonea los brotes verdes de las encinas; escuchar el balido de un 
cordero minúsculo, de anuncio, que camina junto a su madre, asustadizo; contemplar la aparente agresividad de las piaras de cerdo ibérico que se alimentan tras las vallas protectoras; querer ver mil figuras en las encinas retorcidas que saludan en la dehesa, internarse en sus troncos huecos, 
centenarios; ver como el sol se refleja en las rocas lisas de las cimas, como un espejo pétreo imposible; intentar contabilizar los matices de grises que pintan el paisaje que nos rodea; asemejar el tractor que labra la tierra oscura a un inmenso caballo mecánico del far west; sentir el 
viento frío que corta la piel del rostro cuando abandonamos el abrigo de la dehesa arbolada; quedar atónitos al descubrir el último llano, como la promesa de una llegada a término, un circo abierto al cielo, pespunteado por el filo de las rocas picudas que lo rodean, salpicado de motas ocres en
forma de ganado, pisar su hierba mullida y suave, aspirar el aroma de la naturaleza con súbita intensidad; y el regreso, silencioso y mágico, que nos permite sentir la fuerza telúrica que desprende este lugar, la conexión que nos une a la tierra, la sensación de formar parte de un todo, siendo tan solo una partícula minúscula; y por su puesto lo más prosaico y trivial, un rito obligado de caminantes, el almuerzo bajo una encina, sobre un bancal de madera, parapetados tras un muro natural de piedra, el perfume de la tortilla de patata, la contundencia del embutido, de los dulces marroquíes, de la buena compañía, de la charla desenfada y profunda, de la sensación de sentirse libre y uno con el entorno.
Con los sentidos afinados regresamos, sintiendo la tibieza del sol que cae, que se mece sobre el horizonte, como una compañía amigable que nos echara un brazo sobre los hombros.
Dejamos los Llanos de Líbar con una promesa a flor de labios. Volveremos.
Despedida
Abrazar las montañas, un sueño inabarcable, solo imaginar las figuras que el lapiaz, que el karst dibuja sobre el horizonte, permitir que los llanos nos lleven más allá de las fronteras de los municipios, que formen sus propios hitos a base de bosques apretados, campos imposibles, cimas inconcebibles. La Grazalema malagueña es insólita y provocadora, llama al descubrimiento, al disfrute, al paseo, al sendero y a la aventura, a vivirla con intensidad.
Enlaces de interés e información útil
Otras rutas senderistas en la Grazalema malagueña: Además de la ya mencionada aquí de Los Llanos de Líbar, la Sierra de Grazalema ofrece otras rutas en la provincia de Málaga como: La Cueva del Gato, Río Guadiaro, Camino de Huertas Nuevas, Camino de la Dehesa, Camino de la Fuente, Camino Viejo de Ronda, Cañada del Olivar, El Pimpollar, Hundidero.Complejo Hundidero-Gato: “A principios del siglo XX, se gestó la idea de construir una presa en el río Gaduares, justo antes de su desaparición por la sima del Hundidero con la intención de crear una fuente permanente de energía electrica. Tras diversos estudios y acondicionamientos de carreteras la presa se construyó aprovechando las estribaciones del tajo del Hundidero, una auténtica herida abierta en el campo que desciende hasta la apertura del sistema de Hundidero-Gato. Pero el aliviadero de la presa nunca llegó a funcionar. La presa nunca se llenó. Las dos llenadas más grandes registradas fueron las de 1941
y 1947. ¿Cuál era la causa? Los ingenieros que construyeron la presa no tuvieron en cuenta las filtraciones. El agua acumulada en el embalse se filtraba gracias a la porosidad de las rocas y hacía que el río siguiera alimentándose más abajo. Un fallo de previsión que dejó como testigo inmutable e impresionante el sistema de muros de contención de una presa vacía. Aún con todo, los ingenieros no cejaron en su empeño y pusieron otro ingenuo plan en marcha: impermeabilizar la entrada al sistema hídrico del
Hundidero Gato, es decir, intentar impermeabilizar una sima de 5 kilómetros de largo. Así, en 1929 se dispusieron dos cuadrillas de 10 hombres cada una que entrarían a la vez por El Hundidero y su desembocadura en la Cueva del Gato para inspeccionar la cavidad hasta entonces nunca atravesada. Las dos cuadrillas, armadas con lámparas de carburo, escalas de cuerda y barcazas construidas con bidones vacíos tardaron 30 días en recorrerla. Se encontraron en el centro de la cueva, localizándose a base de voces. Relataron, tras encontrarse y salir de aquel sistema de cuevas, las bellezas que
encontraron en su interi
or. Era una sima de extrañas formas, elaboradas por el paso del agua a través de los siglos, una maravilla geológica que se ha convertido con el paso de los años en uno de los atractivos más destacados para los amantes de la espeleología. En septiembre de 1929 quedó concluida la obra del camino interior de la cueva. Pero el agua, pese al intento de taponamiento de las grietas siempre buscaba nuevos recorridos para escapar. La Guerra Civil terminó con la idea de continuar con este proyecto faraónico y hoy día es paraíso de aventureros y espeleólogos. Las personas que han transitado esta enorme cañería natural cuentan cómo aún se observan indicios de aquellos trabajos infructuosos. Escaleras de madera derruidas, algunos puentes y diversos restos de actividad humana. El fracaso fue evidente, y ahora sólo queda ese monumento de la petulancia del ser humano y de la victoria de la naturaleza”. Fragmento extraído de este mismo blog y correspondiente a la entrada 14 MONTEJAQUE: Asomada al abismo del Hundidero.
Enlaces de interés: Toda la información aparece en la página web del Patronato de Turismo de Málaga - Costa del Sol y en la web especializada de la Junta de Andalucía, la Ventana del Visitante. Los ayuntamientos de Jimera de Líbar, Ronda, Cortes de la Frontera, Montejaque y Benaoján lo incluyen en sus webs. En las entradas correspondientes a los cinco municipios en este mismo blog también se puede encontrar información útil para su visita, gastronomía, patrimonio histórico y cultural, actividades, rutas senderistas, etc. Se pueden encontrar en el buscador que aparece a la derecha
Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.
Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural Protegido.
Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande
Gracias a Paco y a Sara por la compañía, la siempre animosa charla y por el avituallamiento.
EN / 18 GRAZALEMA: La cicatriz del agua
martes, 13 de diciembre de 2011
Publicado por Israel Olivera en 0:01 2 comentarios
Etiquetas: Benoján, Costa del Sol, grazalema, Montejaque, Parque Natural, Ronda, rutas senderistas, senderismo, Serranía de Ronda, Sierra de Grazalema, turismo activo, turismo rural
EN / 10 EL TORNILLO DEL TORCAL: La piedra inconcebible
martes, 23 de agosto de 2011
Y cuando las formas más ingeniosas y caprichosas se han presentado a la vista, nunca piensas que puedan dar un paso más. Si el Torcal representa la excentricidad de la naturaleza, su imaginación y querencia, el Tornillo del Torcal representa el sueño de un escultor orate, de un Praxíteles más antiguo que el propio ser humano. Láminas de rocas que parecen flotar unas sobre otras, sostenidas en un punto de apoyo casi inexistente. Simulan estar a punto de desmoronarse, de caer en lascas calizas sobre el valle. Y es en este juego cuando la composición final parece tan sutil y volátil que esté a punto de echar a volar o de derrumbarse definitivamente. Nada más lejos de la realidad. Por milenios se mantienen erguidas de estas singulares maneras, tan aparentemente precario su equilibrio. Un juego imposible de emulaciones en las que las rocas parecen enormes hamburguesas, tartas de varios pisos, discos compactos amontonados… cada cual que juego su juego. El Tornillo del Torcal parece un prodigio y resulta tan representativo que ha sido elegido como símbolo de este Paraje Natural. Pero detrás de esa efigie hay más. Y vamos a descubrirlo.
El Monumento Natural Tornillo del Torcal
Si la excentricidad de la que hace muestra el Torcal tiene un ejemplo mejor, ese es el del Tornillo del Torcal. El nombre, apropiado donde los haya, ya le confiere una precisión de cirujano en la que la mano del ser humano nada ha tenido que ver. La disolución de los diferentes estratos gracias a la erosión del viento, el agua y la diferencia de temperaturas, ha creado una figura tan caprichosa como inusual, un tornillo. Una serie de seis lascas colocadas una encima de otra y de menor a mayor configuran este
juego de erosiones. En realidad, no están colocadas una sobre otra, sino que forman parte de un conjunto erosionado, de un todo que la acción de los meteoros ha hecho desaparecer poco a poco.
El Tornillo del Torcal fue declarado Monumento Natural en 2001, tiene una superficie de 1953 metros cuadrados y va más allá de la figura más representativa, ya que esta forma parte de un conjunto mayor de formas tan caprichosas como ella. Tal y como sucede con
el Torcal, en el Jurásico esta zona estaba sumergida bajo el mar de Tethys, la salida a la superficie de las rocas tras diferentes movimientos sísmicos y la retirada de las aguas dejaron en la piel de la tierra un conjunto montañoso formado por roca caliza muy susceptible a la erosión. Aquí se inicia el proceso de conversión del Torcal hasta lo que es hoy en día.
El Tornillo del Torcal representa la esencia del Paraje Natural y de ese complejo mecanismo natural que ha permitido albergar en su interior infinidad de formas excéntricas. Además para llegar hasta el Tornillo se debe atravesar otra formación geológica particular, el Lapiaz Agrio del Caracol. Este Monumento Natural comparte con el Torcal la fauna y flora que ya hemos comentado en el post anterior.
La visita

Se puede llegar hasta el Monumento Natural de dos maneras desde el Centro de Visitantes del Torcal. La primera, caminando por la carretera, apenas a 300 metros hay un desviación a la derecha con una indicación, sin pérdida. La segunda, a través del Lapiaz Agrio del Caracol, a 
450 metros de sendero, perfectamente señalizado, sin pérdida tampoco. Optamos por la segunda posibilidad.
En la época estival, el color amarillo tiñe los resquicios de campo que aún pueden verse entre el roquedal. Amarillos y ocres, salpicados de 
cardos. Este sendero nos permite aproximarnos, tocar, rozar con la yema de los dedos la suavidad de las rocas moldeadas pro el tiempo… Contemplar de cerca algunas curiosidades como los pequeños caracoles adheridos a la piedra en grupos apretados, algún fósil 
retorcido sobre sí mismo, plantas que parecen crecer del interior de las rocas… Caminamos entre hierbas altas, por el sendero marcado, y llegamos al lapiaz. Estamos ante la formación primigenia del modelado kárstico, es decir, en la primera fase de lo que fue el Torcal justo después 
de que el Mar de Tethys se retirara. “Las calizas son rocas sedimentarias compuestas por carbonato cálcico, mineral soluble en agua. Esto facilita que se formen relieves en los que abundan las cavernas y las aguas subterráneas, los hundimientos del terreno, las cárcavas y, como en este 
caso, un lapiaz fruto de la erosión. El aspecto de un lapiaz es el de un micropaisaje árido. Está formado por rocas de color blanco o grisáceo semicubiertas por arcillas de descalcificación, conocidas como “terra rossa”. Se confirman estas explicaciones ante nuestra vista. Es 
agreste, pero intensamente atractivo. Ocre y pálido, relamido por el sol. Las hierbas altas, mecidas por la brisa parece la superficie de una mar dorado donde asomaran olas en forma de rocas. Caminamos entre el lapiaz y lo dejamos atrás para seguir sorprendiéndonos antes
las formas que nos ofrece el Torcal. Piedras que forman ánulos perfectos, como capiteles de un templo romano o griego, callejones estrechos, brechas y aberturas en la piel de la piedra, portillos, mesas, pequeñas caménicas como un fantasma de pequeñas lagunas sobre la roca y las primeras pilas de bollos.
Es esta última formación la que configura la mayor parte del Tornillo. El desgaste produce hendiduras transversales en la roca y hacen que el resultado se asemeje a una pila de pequeños cilindros de piedra colocados unos encima de otros. Muchos de ellos están erosionados en su base y su caída se nos antoja inminente.
Una curva nos lleva hasta el auténtico Tornillo del Torcal. Ante nosotros una gran masa de pilas de bollos de distintos tamaños. Destaca entre ellos, en la parte izquierda, una alargada 
figura formada por ocho alturas, el centro más esbelto y estrecho, la parte superior más ancha, la inferior también, parece que vaya a girar sobre sí mismo, a iniciar una danza insólita, a retorcerse en un movimiento único e imposible. Se aparta del resto de formaciones, solo, separado del conjunto por milenios de erosión y de desgaste. Contemplarla es saber que, pese a su inmutabilidad milenaria, estamos ante una hermosa figura finita, que más pronto o más tarde terminará venciéndose por su propio peso, cayendo, derrumbándose en la ladera, quizá arrastrando a otras consigo. Quizá en el momento preciso, dentro de una
tiempo indeterminado y remoto para nosotros, no haya nadie para contemplar el espectáculo de su caída, mientras tanto nos quedamos con su reinado, majestuoso y espigado, símbolo del Torcal, el Tornillo.
Caminamos por entre las pilas de bollos, nos fijamos en su precariedad, en su entereza, en las plantas y líquenes que habitan sobre su piel, imaginamos las formas que dibujan contra el cielo, fantaseamos… Abandono el grupo por un momento y recorro algunos pasos atrás, asciendo por
un camino y subo a lo alto de una pequeña meseta. Suelto la mochila, la cámara de fotos, pongo una piedra sobre el cuaderno para que las hojas no revoloteen, me quito la gorra y las gafas de sol, cierro los ojos, me siento y dejo que la brisa me acompañe en esta ensoñación jurásica. Abro los ojos. Ante mí aparece el Tornillo del Torcal en su conjunto, apretado. Es hermoso saber de su antigüedad, del esfuerzo temprano del ser humano por conservar la belleza de la naturaleza sin maltratarla. El cielo es intensamente azul y las piedras calizas, grises, casi blancas, despuntan. Me pongo en pie y me giro, miro hacia el Mediterráneo, que se ve allá, a lo lejos, tan distante y tan próximo, los Montes de Málaga, el Torcal Bajo y Villanueva de la Concepción, los campos sembrados, los cortijos desvencijados y los cortijos reformados, la antiguas majadas de los pastores,
los techos desportillados, las paredes de piedra oscura. Imagino a los habitantes de esas antiguas casas que desde aquí se ven… ¿Qué sentirían ellos al ver el Torcal, el Tornillo, cuando aún no había explicaciones científicas que ofrecerles? ¿Qué verían, qué seres poblarían aquellas formaciones de piedra? ¿Qué leyendas susurrarían a sus hijos en las noches de invierno, al amor de la lumbre? ¿Hablarían de dragones y de gigantes y de seres extraordinarios? Lo imagino. Y allí estoy ahora, con ellos, con el Torcal y el Tornillo a mis espaldas y en la cabeza bullendo las imágenes que aún mantengo en la mirada.
Despedida
Cuentan las leyendas, en un susurro por los callejones, que en tiempos inmemoriales, un rico emperador construyó en la cima de una montaña el más precioso de los palacios. Torres de luz, plazas de perlas, hermosas almenas. El Mediterráneo, celoso y roto por la envidia decidió enviar a la cima de la montaña sus más poderosos vientos. Soplaron durante días y meses, durante años y una fina capa de arena cubrió las torres y las plazas y las almenas. La piel de sus habitantes, animales y humanos, se escamó y endureció, formándose una coraza de piedra sobre ella. Cuando el viento amainó, y el torbellino de arenisca se posó de nuevo en el suelo, el Mediterráneo observó furibundo el resultado de sus celos. Todas las construcciones y seres vivos se habían transformado en roca, en piedra, y bañadas por la luz de la luna refulgían, bruñidas en plata. El Mare Nostrum contempló extasiado la belleza del lugar y, con humildad, decidió retirarse hasta la costa. Desde entonces, en el Torcal, en las noches de luna, se escuchan entre las piedras voces que juegan y que hablan de una antigua ciudad de luz y perlas que el Mediterráneo transformó en plata.
Enlaces de interés y consejos útiles
Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Además, las páginas web municipales de Villanueva de la Concepción y de Antequera ofrecen todos los datos necesarios para visitar el Torcal.
Turismo rural: En la comarca Antequera y su área de influencia confluyen tres espacios naturales de Málaga. El Torcal, el Tornillo del Torcal y el Pinar del Hacho. Una buena opción de visitar los tres sin desgastarnos mucho puede ser alquilar una casa rural en la zona, muy bien equipadas e ideales para la época estival ya que la mayoría tiene piscina. A través de la Asociación de Turismo Rural Sur de “El Torcal” se puede obtener un buen catálogo de casas muy próximas a los tres destinos. En esta ocasión los dos viajeros habituales hemos estado acompañados por nueve más, tomando como base de operaciones y de ocio la casa Villa Alba.
Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.
Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Monumento Natural.
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Gracias a Jon, Mariví, Arregui, Paco, Sara, Andrés, Pepa, Rosamari, Jesús y especialmente a Antonia por acompañarme en este viaje.
Publicado por Israel Olivera en 0:01 2 comentarios
Etiquetas: El Torcal, el Torcal de Antequera, el tornillo del torcal, la villa del Torcal, Málaga, Monumento Natural, senderismo, tornillo, turismo activo, turismo rural