Abrazado por un cinturón de pinos, surge la falla como un espigón recortado contra el cielo. El Camorro nos mira, nos evalúa, nos reta con una impostura similar al de una estatua griega. La En su perfil se observa oquedad de la Cueva de Belda, como una herida sobre la montaña, una promesa de entrada a un laberinto único. La Falla de la Sierra del Camorro asemeja a un buque varado entre los campos de olivos, un pecio arrojado sobre la tierra. Tierra partida, fraguada en fuegos primigenios que provoca la hendidura de la falla como una cicatriz sobre la superficie. Allí está, sublime e impresionante, esperando que lo coronemos, que nos acerquemos hasta su falda, que desentrañemos los secretos de la tierra y del demonio que, dicen las leyendas, habita en su interior.
Una aproximación
La Falla del Camorro y su sierra coronan la testa de Cuevas de San Marcos, que extiende sus dominios desde la plácida cuenca del río Genil hasta más arriba de la Cueva de Belda. Engaña este territorio de la Sierra Norte (Nororma) con sus suaves ondulaciones trufadas de olivos. También se asoman los cerros a barrancos invisibles y permiten que la tierra hable a través de montañas imposibles.
La falla es producto de la brutalidad de la naturaleza, de las fuerzas inconcebibles que aprisionan y mueven y desplazan y rompen y
elevan las rocas. El macizo es el resultado de la acción de fuerzas compresivas que provocaron fracturas independientes en la tierra, hasta que el macizo montañoso se elevó y desplazó en dos sentidos adquiriendo la forma actual. Esta fisura dejó a la intemperie diferente material kárstico, muy susceptible a la erosión, formando oquedades, recovecos y cuevas destacadas como la de Belda.
Su difícil acceso y su posición privilegiada propició que los árabes construyeran en lo más alto de la falla la antigua ciudad de Medina de Belda. Desde la altitud se otean los caminos cordobeses y granadinos sin pudor, observando cómo se elevan hacia el cielo las columnas de polvo generadas por las máquinas de labrado.
Miramos hacia arriba, hacia el punto más alto y dejamos que la mañana comience a pintar la cima del Camorro.
Monumento Natural Falla de la Sierra del Camorro
Declarada Monumento Natural en 1999. Tiene una superficie muy extensa para su catalogación, con 1.086.057 metros cuadrados que no solo incluye a la falla, si no al macizo completo de la sierra. Aunque los monumentos naturales son una figura de protección destinada a conservar un elemento concreto de reducidas dimensiones, la Falla del Camorro es una excepción, ya que resultaría imposible concebir la falla sin el conjunto de la sierra.
En su extensión destacan el pino carrasco, la aulaga, la cornicabra, 
el espino negro y las orquídeas. Destacar la presencia de algunas encinas centenarias, testimonio del primitivo encinar que poblaba la zona.
Entre la fauna se encuentran zorros, conejos, liebres, y perdices, así como búhos reales, águilas perdiceras y buitres leonados. Pero si por algo se destaca la falla es por albergar una importante colonia de murciélagos, que aprovechan las cavidades y oquedades de la roca para buscar refugio.
En este entorno hay que destacar tres elementos, la Cueva de Belda, Medina Belda y el Centro de Interpretación Senda de los Milenios.
Este último, de reciente inauguración, es el primer paso para acercarse a la falla del Camorro. En su interior, gracias a una serie de paneles y elementos didácticos se explica al visitante el origen y formación de este monumento natural y sirve como somera guía de la comarca de Nororma y del municipio de Cuevas de San Marcos. Es un edificio moderno que ha adaptado su construcción a la orografía del terreno.
La Cueva de Belda, tal y como apunta la web municipal: “Está 
ubicada en la Sierra del Camorro. Presenta una orientación N-S y unos 350 m. de desarrollo. Tiene un alto valor arqueológico, geológico y biológico. Constituye una galería de origen cárstico, con formaciones de estalactitas y estalagmitas. La boca de esta cueva es de forma ovalada y grandes proporciones, midiendo 6 por 12 metros, con una serie de escalones labrados en la roca. Por un alto y estrecho corredor se llega a la primera sala, donde se han encontrado los hallazgos más interesantes, además de la cerámica, se encontraron los restos de ocupación humana que quizás corresponderían a
un posible enterramiento. Tiene elevadas cúpulas y tres lagos interiores fácilmente accesibles, enormes columnas de piedra de más de un metro de diámetro y recovecos de singular belleza. Es una de las zonas de refugio de murciélagos más importantes de Europa”.
Sobre Medina Belda se cuenta que “Ptolomeo, en su Geografía, habla del poblado de Belda en el año 298 a. de J.C. Durante la dominación, Belda fue de las ciudades más ricas de la Bética. Se ha hallado un féretro de bronce, ánforas y monedas del Bajo Imperio Romano. En la cumbre del Cerro del Camorro hay huellas de la población musulmana, siglos XIII y XIV, pavimentos de habitaciones, trozos de muros estucados, restos de cerámica del tipo de cuerda seca, y parte de los cimientos del castillo”.
Con todos estos datos en el zurrón, comenzamos.
La visita: Hasta la Cueva de Belda
Un panel indicativo nos señala el tiempo y duración del primer tramo del recorrido PR- A 234. Cueva de Belda (17 minutos, 953 metros). Nos hemos pertrechado. La mañana de otoño es húmeda, aún quedan restos de rocío sobre la hierba que araña nuestras botas. Huele intenso, húmedo, a tierra mojada y mullida. Comenzamos el camino bordeando el cinturón de pinos que abrazan al Camorro, un bosque silencioso y gris, sembrado de rocas caídas desde las paredes de la sierra. Nada se oye más que 
nuestros pasos. Parece vigilarnos el bosque, medirnos. Es un camino hermoso y mullido, de suave pendiente en este primer tramo. El Camorro se esconde entre las copas de los árboles y consigue, pese a su magnitud, no asomar.
Antes de inciar el ascenso directo, caminamos diez metros más para disfrutar de un descampado poblado por árboles y observar el macizo en su conjunto. Se abre la mañana destrás de la montaña, como un manto de luz que pintara la campiña, los altos árboles. Se escuchan los trinos de los pájaros y el eco que rebota en los farallones de piedra de la sierra. Cuevas de San Marcos 
vive aquí a través de esos ecos, que nos traen una sombra del tráfago cotidiano en el municipio, el ladrido de algún perro.
El camino se introduce hacia el bosque y los árboles se tumban a su paso, como si se tratara de un juego de equilibrios. El problema radica en el fuerte desnivel y en la presencia de rocas bajo la superficie, que impiden que los grandes pinos carrascos enraícen con fuerza. Este hecho provoca una sensación de leve mareo en el caminante, que permanece erguido y recto sobre la senda, mientras todo alrededor se inclina y parece caer. De hecho, son muchos los fragmentos de árboles antiguos caídos sobre la ladera.
El bosque se va despejando y aparece ante nosotros el tajo brutal, cortado a pico, cincelado por las manos de una naturaleza antigua.
Nos asombra y magnetiza lo que tenemos delante de nosotros, pero más aún si cabe el paisaje que se nos abre detrás. El pantano de Iznájar 
pertenece ya a la limítrofe Córdoba y remansa el río Genil. La boca del embalse se abre hacia nosotros y nos permite contemplar la lámina de agua azul espejeando sobre las tierras ocres y parduzcas del olivar. Las colinas se mecen entre las hileras de olivos, trazadas casi a escuadra y cartabón.
El camino continúa, húmedas las rocas, conviene presentar atención de por dónde se pisa. La senda está perfectamente adecuada e incluso hay algún tramo que se ayuda con pasamanos y refuerzos de tronco sobre el piso. Llegamos así hasta una verja cerrada de la que parte una escalera metálica hacia la boca de la Cueva de 
Belda. No está permitido el paso y se observan algunas herramientas de albañilería que indican su proceso de rehabilitación y transformación. Huelga decir que hay un modo de traspasar la verja, nada sutil, pero algo escondido para aquellos que quieran al menos asomarse.
Las vistas desde aquí son espléndidas, así que nos sentamos un tanto sobre un bancal de madera a observar. La falla gigantesca, los farallones de piedra que se elevan hacia el cielo nos cubren las espaldas.
La idea que teníamos era completar el recorrido circular que nos llevaría por el sendero ya caminado, por la falda de la sierra hasta el ascenso a Medina Belda. Parece ser que las últimas lluvias han cerrado un tanto el sendero, así que optamos por descender y reiniciar el camino en sentido inverso.
La visita: hasta Medina Belda
El camino hasta Medina Belda no resulta en absoluto complicado, discurre por una pista en buen estado, el “carril de la cantera” que lleva hasta las antiguas canteras y que es practicable en coche durante bastantes metros. Optamos por caminar y dejar que el paisaje se vaya descubriendo a cada paso. Cuevas de san Marcos aparece y desaparece entre los árboles, dejando que las colinas de olivos asciendan y desciendan a su antojo.
A cada tanto, el camino nos reserva una sorpresa, un cartel realizado en madera que nos indica el nombre latino y castellano de una planta de 
terminada, así nos vamos encontrando desde romero y torvisco, hasta higueras y tomillo blanco o mejorana. Caminamos con tranquilidad, con la ruptura de la falla siempre ante nosotros. El sol se eleva en el horizonte y pinta en cada ocasión un tramo mayor de sierra. El ambiente a nuestro alrededor se calienta y templa. Llegados a un punto la carretera se bifurca, se estrecha hasta transformarse en un sendero impracticable para los automóviles. De frente retomaremos el camino que nos conduciría hasta la entrada de la Cueva de Belda, a la derecha nos llevaría hasta el primer tramo de ascenso a Medina Belda. Nos asomamos al 
primer camino para comprobar el estado del piso y decidimos por ascender directamente hasta la antigua ciudad nazarí. Los antiguos pobladores decidieron establecerse en las alturas por dos motivos principales, el refugio natural que suponía este nido de águilas y su posición geoestratégica que permitía otear todo el horizonte surcado de caminos.
La mañana de otoño es hermosa y fresca. Las piedras mantienen aún el relente de la noche, del rocío de la madrugada. Ante nosotros, un panorama inmenso. El embalse de Iznájar a nuestra derecha, los olivos al frente y a la izquierda. Nos sentamos. Nos sabemos, en este instante, unos privilegiados.
Despedida: la visita del diablo
Cuenta la leyenda que la oquedad de la Cueva de Belda estaba habitada por un demonio. El aroma a azufre que se desprendía desde el interior de la cavidad y los reflejos que pintaban sus paredes así lo constataban. Un grupo de soldados cristianos pernoctaron una noche en las proximidades de la cueva y su encuentro con el supuesto diablo fue inevitable. Ante el hecho el gobernador de Antequera envió a un clérigo para acabar con esta pérfida imagen de Satán. De nada sirvieron sus exorcismos ante la sabiduría del diablo. El monje, ya derrotado, se arrancó la cruz que llevaba al cuello y en una última y desesperada invocación dijo: “Con esta cruz yo te ato”. Así fue. Desde entonces el diablo desapareció de la cueva y nadie nunca lo volvió a ver. En la época de la reconquista, la musulmana Belda fue rebautizada como Cuevas de San Marcos, debido a que el macizo en el que se encuentra la cueva tiene forma de león, imagen tradicional del evangelista. Pero dicen, dicen, que esto es solo una leyenda.
Enlaces de interés y consejos útiles
Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Además, la página web municipal de Cuevas de San Marcos que ofrece todos los datos necesarios para visitar el monumento natural. Del mismo modo, en este blog también se puede recoger toda la información del municipio de Cuevas de San Marcos en su entrada correspondiente al 1 de noviembre.
Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.
Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural.
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EN / 16 LA FALLA DEL CAMORRO: La roca partida
martes, 15 de noviembre de 2011
Publicado por Israel Olivera en 0:01 2 comentarios
Etiquetas: camorro, falla, falla del camorro, malaga, Monumento Natural, rutas senderistas, senderismo, sierra del camorro, turismo activo
EN / 15 ACANTILADOS DE MARO - CERRO GORDO: Mascarón de proa
martes, 1 de noviembre de 2011
Hunde su proa en el mar la Sierra de Tejeda Almijara, como un mascarón de barco pirata espumeando sobre las olas. La verticalidad de sus paredes y la elasticidad del mar se funden en un instante único, en una foto fija, donde parece que el barco vaya a remontar de nuevo y cabecear sobre las olas, cabalgar sobre ellas, como si la sierra quisiera escapar a su destino. En esa lucha titánica del Mediterráneo con la feroz montaña hay un claro vencedor, el Paraje Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo. Ese espacio ambiguo y brutal que se mece entre el poder erosivo del mar y la
contundencia de la montaña que se sumerge en él. Mientras, el paisaje muta según los caprichos del Mediterráneo y cambia, muta, se mueve, se transforma, se reinventa ofreciendo al visitante un panorama distinto sujeto a sus veleidades. Si el mar está calmo, nos mostrará un rostro amable. Si el mar, enfurece, nos enseñará su rostro fiero. Abandonamos tierra firme para someternos al antojo del Gran Azul.
Una aproximación
Se forjan en esta franja costera un ecosistema y paisajes excepcionales. Abandona el paisaje la suavidad a la que la Costa del Sol nos tiene acostumbrados para crear un lugar único, en la que la comunión entre el mar y la sierra se hace más que singular, radical, combinando los barrancos cortados a pico y de formas caprichosas con el paisaje marino más vital. Entre los vericuetos que dejan las rocas, se encuentran playas de piedra fina, de aguas límpidas y transparentes, de difícil acceso. Estas características las dotan de una exclusividad solo
disfrutada por conocedores y por algunos de los últimos hippies costasoleños, que hacen de sus juncos y carrizos hogar incluso en los breves inviernos de Málaga. Hay al menos dos rutas senderistas que permiten disfrutar de los acantilados desde la orilla, desde la montaña, desde la costa, pero donde se exprime todo el potencial del paraje es cuando se vive y se contempla desde el mar. Roque
ar en kayak por entre sus cortados, palear por estrechos pasadizos, nadar en sus remansos, hacer snorkel al bies de sus calas, sentir el poder del mar bajo la embarcación, percibir las vibraciones del mar, convierten la experiencia en única. Para realizar este reportaje nos pusimos en contacto con la empresa Educare Aventura, radicada en la
Playa de Burriana, en Nerja, y que realizan todo tipo de actividades durante todo el año, las rutas en kayak por los acantilados incluidas. Si se visita la página web www.educare-aventura.com se puede encontrar toda la información. Pero antes, los datos del Paraje Natural de Los Acantilados de Maro – Cerro Gordo.
Paraje Natural de Los Acantilados de Maro – Cerro Gordo
Pisamos territorio ZEPIM, es decir una Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo, pues así catalogaron al Paraje Natural de Maro – Cerro Gordo las Naciones Unidas. Tal es la importancia de este ecosistema particular. Tiene un recorrido de que abarca una estrecha franja de 12 kilómetros y penetra una milla
en el mar de Alborán, con 395 hectáreas terrestres y 1.415 marítimas. Incluye, además, 2 provincias, porque sus límites se sitúan en la malagueña Nerja y en la granadina Almuñécar. Cuenta con un microclima semiárido que favorece la aparición de especies poco usuales en las proximidades del mar, de hecho es el único lugar en el mundo en el que se encuentran juntas la olivilla y el boj.
A estas dos especies hay que sumar el pino carrasco, los cultivos agrícolas en las terrazas de los acantilados que casi cuelgan
sobre el mar, el lentisco, el enebro y algarrobo, el acebuche y el palmito, el cambrón y el arto. Como curiosidad, también se pueden avistar romeros marinos, siemprevivas de los acantilados o hinojo marino.
Todo ello en lo que se refiere a la flora terrestre ya que uno de los grandes tesoros de este espacio natural se encuentra en el mar, en sus grandes praderas de
posidonias, de fenerógamas marinas, que alfombran de manera endémica en Mediterráneo. Estas posidonias que conviven con estrecheces en la compañía del ser humano, que tanta pesca irresponsable ha arrancado de los fondos marinos como un manojo de malas hierbas. Una pena, porque al rebufo de las posidonias, el mar de Alborán y el
paraje de los acantilados de Maro ofrecen cobijo para centenares de especies marinas amenazadas como esponjas marinas, corales y anémonas; moluscos como la lapa, la nacra y el coral naranja estrellado.
Más aún, estos cortados de la Sierra Almijara hundiéndose en el mar, albergan gaviotas y lagartos ocelados, cernícalos, halcones, camaleones y la
sorpresiva, por estos lares, cabra montés. Si nos sumergimos en el mar, nuestros ojos pueden contemplar congrios y meros, lubinas, peces luna, morenas, delfines y tortugas.
La variedad inigualable que ofrece este ecosistema a caballo entre el mar y la tierra es única en la provincia de Málaga. Para disfrutar de ella ple
nitud se pueden hacer diferentes recorridos por tierra, cresteando sobre los acantilados en senderos marcados, descendiendo a las calas, a las playas de piedra casi vírgenes, el bosque del Cañuelo, el arenal de Cantarriján, el Molino de Papel… Pero merece la pena también acercarse a los acantilados desde el nivel del mar, percibir su altura, su poder granítico, la maleabilidad del mar, la untuosa forma con la que el Mediterráneo abraza los pies del gigante serrano hasta parecer dominarlo, domeñar su poder. Nuestro viaje hoy nos traslada al mar, al gran azul, para descubrir la majestuosa presencia de los Acantilados de Maro Cerro Gordo.
En el mar
El cielo límpido, solo veteado por un jirón de nubes grises que descienden desde la montaña. El mar, azul, intenso. Con un oleaje suave. El agua, cristalina, transparente. Para realizar esta travesía hemos contactado con una empresa especializada radicada en Nerja, en la playa de Burriana: Educare Aventura. Por 15€ se facilita a los asistentes el kayak de mar, unas nociones mínimas de su
uso, gafas de buceo para practicar snorkel, monitores especializados y casi tres horas de recorrido sorteando los roquedales hundidos en el mar. Tienen dos salidas diarias en los fines de semana de otoño e invierno (siempre que la mar lo permita), una a las 11:00 horas y otra a las 16:00. En esta última, al regreso y desde el mar se pue
den contemplar unas puestas de sol grandiosas. Toda la información y contacto se puede encontrar en su página web www.educare-aventura.com.
Hoy es sábado y hemos optado por disfrutar del paseo en kayak matinal en este otoño incipiente. Inscripciones realizadas, presentaciones hechas. José y Alberto son los dos monitores que nos van a
acompañar en esta travesía. Como compañeros tendremos una familia alemana compuesta por cuatro miembros (2 de ellos niño y niña no mayores de 10 años), una silenciosa chica europea, el autor de este blog de viajes y un noveno acompañante. En tierra se nos muestra cómo palear hacia adelante, cómo palear hacia atrás, cómo hacer giros. Lo básico para
poder disfrutar de la jornada. La compañía de profesionales y la sencillez del manejo del kayak hace de esta experiencia apta también para los no iniciados.
Hundimos la proa de la caravana de piraguas en el mar de Alborán. Fresco y estimulante en la mañana y bogamos rumbo levante, hacia los imponentes acantilados. En la distancia
observamos cómo se recortan en el cielo, como se sumergen en el mar. Los caprichos de sus formas, que se sumergen y aparecen en forma de islotes oscuros. Las gaviotas reidoras que planean hasta posarse en vericuetos imposibles.
Con cada palada nos acercamos más. Y su monumental presencia se hace más impactante. Suena el oleaje más próximo contra
las rocas. Comprobamos cómo el mar ha horadado la base de las paredes, cómo ha socavado con paciencia y constancia la granítica.
Llegamos a los primeros parajes míticos, a la Cascada de la Doncella, una cortina de agua fina, suave, que desciende desde las alturas como una película conformada de gotas. Imaginamos allí a esa doncella sirénida,
reposado el lomo de
escamas sobre la roca, recibiendo el consabido baño de agua dulce. Nos hemos acercado a las paredes verticales, sentimos el poder del bajo el kayak, tocamos con prudencia los salientes rocosas que cortan como cuchillas. Las olas se han revuelto un tanto y el mar golpea con algo más de ímpetu que al inicio de la travesía. Muestran, asoman recovecos imposibles que se llena de agua
para después vaciarse con cierto estruendo. No queremos imaginar encontrarnos aquí en los
momentos en los que el Mediterráneo abandone su somnolencia para despertar con la furia de sus embates. Qué frágiles nos sentimos ante este espectáculo natural de roqueríos y oleajes.
Cruzamos el Pasaje del Silencio que se transforma en un oasis de mutismo entre la sonoridad
reinante. Despacio, paleando delicadamente, apoyando los remos en las rocas para desplazarnos. Salimos de nuevo a mar abierto, siempre próximos a los acantilados que se elevan hacia el cielo. Están coronados de penachos verdes de vegetación, de las vallas de los campos sembrados que cuelgan, de colores ocres y marrones las paredes, de oscuro 
granito las rocas inferiores. Se pintan algunas calas minúsculas, donde algunos supervivientes hippies costasoleños han establecido su residencia en casas hechas de juncos, hundidas en la maleza. Se les ve ventear sus ropajes, reposar mirando el gran azul desde lo alto de una roca.
Las formas caprichosas de las rocas ofrecen elementos como el Gran Genital, como el Camaleón. Roquedales esculpidos por el mar, por
el viento. Dos hombres observan nuestras evoluciones desde lo alto de uno de los acantilados. Vemos a las gaviotas planear sobre nosotros, graznar. Vuelan y se posan sobre los roquedales, sobre los islotes.
El mar retumba a tramos, las escolleras naturales rompen las olas, las parten, salpican espuma. Aproximarse a los precipicios es una experiencia más
que gratificante, saberse en un lugar inaccesible por otro medio que no sea este, el mar casi translúcido bajo el kayak, los fondos rocosos que juegan al escondite, el sol y el salitre.
Llegamos hasta la Caletilla, donde descansamos y reponemos fuerzas. Otras tantas casas de hippies supervivientes se alinean junto a la playa, algunos de
ellos toman el sol. Sorprende, al fondo de la playa el manchón blanco de una vela armada sobre una balsa de construcción artesanal. Charlamos sobre las excelencias del paraje natural, sobre el turismo activo, sobre Nerja y sus posibilidades como centro de piragüismo en Málaga y Andalucía. Nos cuentan que aquí fue donde se rodó la famosa escena de la famosa serie “Verano Azul” en la que Pancho anunciaba a voz en cuello: “¡¡Chanquete ha muerto, Chanquete ha muerto!!”.
Nos hacemos de nuevo al mar. Nos
aproximamos a los acantilados, a las rocas que parecen a punto de desmoronarse, accedemos a lugares impensables que se inundan con cada nueva embestida de las olas. Penden sobre nuestras cabezas las siemprevivas de los acantilados. Caen torrenteras hacia el mar, volcando sus aguas dulces sobre el salado Mediterráneo.
Tras un farallón, contemplamos uno de los
grandes atractivos de la ruta en kayak, la Cascada Grande de Maro, una caída de agua de 15 metros de altura que se vierte al mar con toda su fuerza. La comitiva de kayaks nos aproximamos y Alberto, uno de los monitores, anima a cruzar bajo el torrente de agua. Salpica y sorprende la fuerza de la caída. Por la abertura del caño desde el que se desprende el cauce se ve a dos
montañeros dispuestos a rapelar. José me comenta que en primavera, con el agua más fuerte, resulta imposible cruzar bajo la cascada, tal es la fuerza del agua cayendo. Contemplamos. Escuchamos el sonido casi atronador. Miramos hacia arriba. Son muchos metros. Impone.
Este es uno de los tantos secretos que esconde el Paraje Natural de los Acantilados de Maro – Cerro Gordo. La combinación única entre el mar y la sierra viste a este lugar de un aire mítico, legendario, abierto a la imaginación.
De regreso, aquellos que deseen
darse un chapuzón con gafas de buceo, disfrutar de los fondos marinos, de la fauna, de las posidonias, podrán hacerlo. Los más osados incluso podrán adentrarse en la Cueva del Lobo.
Paleamos con despacio, disfrutando del momento, dejando que el mediodía nos lleve. Observamos las cercas de los cultivos, a un grupo de
cabras haciendo equilibrios imposibles mirando al mar. La cima de la Maroma esconde sus 2.068 metros de altura tras las nubes. Nerja se acerca a nosotros o nosotros nos acercamos a Nerja, tal es la sensación. El Balcón de Europa nos mira a lo lejos, casi se puede perfilar la efigie egregia del Rey Alfonso XII.
La playa de Burriana se agranda, paleamos a fondo, cogemos fuerza e impulso, nos adentramos en el arenal con la proa del kayak. Un sonido grrrssss-grrrssss nos indica que ya hemos abordado la playa. Descendemos. Comentamos. Nos sacamos la fotografía de rigor. Clic – Clic. El mar sonríe tras de nosotros.
Despedida
El viento ulula entre el roquedal, rompen las olas con fuerza contra los acantilados. Una vela blanca flamea en el horizonte más próximo. Débil estructura para tan bravío Mediterráneo. Sobre ellas navega un hombre de pelo largo, de barba poblada y recia. Ataviado apenas con dos harapos. Sortea la embarcación un promontorio y se hace al mar abierto, libre. Se asemeja a un Robinson Crusoe moderno. Atrás dejaba la Caletilla, la incólume presencia de los farallones de piedra, las aguas cristalinas de Maro. Regresará. Como lo haremos nostros.
Enlaces de interés y consejos útiles
Enlaces de interés: Toda la información aparece en la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol Occidental y en la web especializada de la Junta de Andalucía, la Ventana del Visitante. Si se quiere visitar Nerja se puede recurrir a la web municipal o a la entrada de este mismo blog en el enlace: 93 NERJA: Azul e intensa. La página web de la empresa Educare Aventura nos ha servido para entrar en contacto con la misma.
Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.
Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural.
Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande
Publicado por Israel Olivera en 0:01 1 comentarios
Etiquetas: Costa del Sol, kayak, Málaga, Maro, Maro-cerro Gordo, Nerja, piragüismo, snorkel, turismo activo, turismo de aventura