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87 SAYALONGA: AROMAS DE SEDA Y NÍSPERO

martes, 7 de diciembre de 2010

Se abraza Sayalonga a sí misma gracias a sus callejas, que se extienden sobre el centro urbano y se cierran unas sobre otras, recogiendo en su regazo un pueblo blanco e inmaculado. Un municipio de aromas esenciales y profundos, de tranquilas sonoridades, que se amolda a la orografía de un barranco, adaptando sus desniveles y sus casas cúbicas a las querencias del terreno. Sayalonga, nombre sanguino y delicado, a fruto tropical, a conjunciones latinas que nos hablan de antiguas sayas largas. Es un misterio el origen de su nombre, la raíz que lo sustenta, su génesis. Más se hablaba en las crónicas musulmanas y cristianas de su anejo, Corumbela que de ella, de la desaparecida Batarxis incluso. Pero ahí está, aparecida tras una curva pronunciada como un fantasma inmaculado, como un jirón de niebla en el otoño, con sus penachos de nubes blancas provenientes de las chimeneas agitándose en el cielo cual banderolas.
Sayalonga.

Una aproximación

Sayalonga se configura como el acceso hacia el interior de la Axarquía desde Torrox, Nerja, Algarrobo o Frigiliana, los municipios costeros más orientales de la provincia de Málaga. Abre un nuevo mundo plagado de barrancos, de tajos ganados a las laderas de las montañas por los que ahora circulan las carreteras y sus coches y en el pasado fueron las trochas de arrieros, carros y caballos. Los pueblos blancos de la Axarquía que se asientan sobre el abrupto terreno, formando algunas de las más destacadas estampas de la provincia. Pequeñas poblaciones como Salares, Sedella, Canillas de Albaida o Árchez hunden sus raíces en estos terrenos desde tiempo inmemorial. Algunas más grandes como Cómpeta forman cabeza de una comarca en la que se entrecruzan, para gozo del viajero, las rutas del mudéjar y del sol y del vino. Una zona para visitar a conciencia y con tranquilidad, sin prisas, para admirar sus rincones insólitos, sus trazados urbanos imposibles, sus joyas en forma de alminar, de antiguas mezquitas, de plazuelas secretas de patios precedidos de adarves. Pertenece Sayalonga a la ruta del sol y del vino, pero bien podría pertenecer también a la del mudéjar, gracias al alminar que se conserva en el anejo de Corumbela.

Inicio del recorrido

Llegamos a Sayalonga desde Algarrobo y obviamos la primera indicación de parking, para llegar algo más arriba en su trazado y aparcar en la parte superior del municipio en un estacionamiento en batería habilitado en una cuesta. En nuestro recorrido ya hemos comprobado la estructura del municipio, adaptada al terreno y aferrada a él. Nos pertrechamos e iniciamos el descenso hacia el centro. Sayalonga posee una página web municipal que facilita muchísimo la visita al viajero. En la misma se especifican los monumentos a visitar y los horarios, se detallan las diversas historias que pueblan sus calles y se puede descargar un callejero en formato pdf completamente actualizado, útil y legible. Aún con todo, las indicaciones en forma de paneles y losetas que aparecen en sus paredes y fachadas casi nos van a hacer obviar el documento que ya nos habíamos impreso.

La iglesia, la ermita y la Alcuza

Seguimos las indicaciones hasta la amplia plaza de Rafael Alcoba. Dos niños juegan con una pelota, un grupo de mayores charla a la querencia del cálido sol de otoño. Junto a la plaza se encuentra el ayuntamiento y desde allí nos adentramos en el laberinto de calles en una visita que, para nuestra sorpresa, realizamos de una manera muy sencilla. En las placas de las calles se puede observar el nombre de la misma y sobre ella, un níspero. Esta fruta es uno de los importantes activos de Sayalonga, tan es así que el primer domingo del mes de mayo se celebra el “Día del níspero” fiesta declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía. Una jornada en la que se pueden degustar estos productos y sus diferentes variantes gastronómicas. Apenas a veinte metros de la puerta del ayuntamiento nos encontramos con la portada d ela iglesia de Santa Catalina, a su vera, la ermita de San Cayetano y frente a ellas el estrechísimo callejón de la Alcuza. Tanto la ermita como la iglesia son de una sencillez apabullante. Blanco exterior, de formas puras, puerta enrejada la ermita, puerta de madera la iglesia. Sobre el techado de esta última, construida en el siglo XVI sobre una antigua mezquita destaca su torre campanario octogonal. Del mismo periodo data la ermita, construida en los tiempos de cohabitación entre cristianos y musulmanes. En su interior se encuentra la imagen e San Cayetano, una escultura del siglo XVIII de gran valor artístico. Frente a ellas, el callejón de la Alcuza, vocablo que proviene del árabe y que significa embudo. “Callejón de la Alcuza. Con una anchura de 56 centímetros en uno de sus extremos, este callejón es el más estrecho de la comarca de la Axarquía”, reza una placa en su entrada. Y estrecho, es. Una persona de talla normal roza con los hombros los laterales que lo conforman. Callejón que entra en competición de estrecheces con el “Callejón de Araceli” en la vecina Canillas de Albaida. Hasta aquí regresaremos más tarde para, a través del Callejón de San Cayetano, llegar al Cementerio Redondo de Sayalonga. Antes, un visita a sus miradores.

El mirador de Morales

Continuamos camino adelante por la senda que nos marcan las placas informativas hacia el Museo Morisco. Llegamos a una bifurcación. A la izquierda al museo, a la derecha al mirador de Morales. Optamos por esta segunda opción. Abrumador es el calificativo que ha de situarse tras el paisaje que se observa desde el mirador de Morales. A la derecha vemos los vaivenes de los montes, cimas y barrancos axárquicos. Sobre ellos parece flotar el anejo de Corumbela con su torre alminar despuntando. Más allá el Parque Natural de las Sierras Tejeda y Almijara, despuntando sobre ellas, la cumbre más alta de la provincia de Málaga, la Maroma, con su cima cubierta de un manto de nieve pulquérrima. Junto a Corumbela, en segundo plano, las fincas y cortijos de Cómpeta y Canillas de Albaida, aunque no se llegan a distinguir los núcleos de población principales. Abajo, en el valle, junto al río se puede intuir Árchez. Nos sentamos en los bancos y dejamos que el fresco de la mañana nos inunde. Bancales de frutales, naranos con sus frutos, limoneros. Se oyen algunos ladridos lejanos. Las columnas de humo de las chimeneas ascienden hacia el cielo, desmadejándose. El mirador posee un panel explicativo en el que se cuenta que: “Esta calle recibe el nombre de Morales porque en esta zona era donde se encontraba una amplia plantación de morales (…) Estos morales se dedicaban a la cría del gusano de seda, exportándose esta seda desde un embarcadero que había en Torre del Mar a numerosos países europeos como Holanda, Inglaterra e Italia. Tal era la cantidad y la calidad de la producción que ésta era una de las zonas más prósperas del Reino de Granada”.

El Museo Morisco

Regresamos el camino recorrido hasta la bifurcación y tomamos la dirección d ela derecha hasta llegar al Museo Morisco de Sayalonga. “La elección de su emplazamiento viene derivada de motivos históricos. El edificio, propiedad del Ayuntamiento, ha tenido varias funciones a lo largo de la historia pues ha servido de escuela, de Ayuntamiento, ha sido taller de artesanía de adelfas... Actualmente sirve de museo tras una remodelación del edificio que ha permitido restaurar su estructura manteniendo en lo posible su configuración original y permitiendo crear un lugar que combina los nuevos adelantos con un estilo rústico, lo que ofrece una imagen de gran belleza. Así, el edificio en sí mismo ofrece una riqueza visual, mostrando arcos de herradura, puertas de gran belleza talladas a mano, paredes que emulan riqueza morisca y colores que impresiona al visitante. Su variedad, su multifuncionalidad y su contenido conforman un edificio muestra de la riqueza cultural de Sayalonga ofreciendo a sus visitantes información sobre cualquier aspecto relacionado con el patrimonio, la cultura y la historia. El edificio cuenta además con todos los avances tecnológicos desde medios audiovisuales, hilo musical... para facilitar cualquier acto que tenga lugar en el punto con ello pretende ser un centro cultural con amplias funciones y con muchas cosas que ofrecer al público”.

El Cementerio Redondo

Desde allí regresamos hasta la plaza de la Constitución, donde se ubican la iglesia y la ermita y tras ella nos ponemos en camino del Cementerio Redondo de Sayalonga. Es curioso, curioso y, efectivamente, redondo. Los muros exteriores del cementerio forma un círculo imperfecto (en realidad es octogonal), ante ellos, los nichos con forma abovedada que nos hacen recordar, un tanto, a los del camposanto de Casabermeja. Estos son más sencillos, quizá más toscos es su acabado, pero igualmente destacados y curiosos. Los nichos abovedados se superponen unos sobre otros y le dan al cementerio cierto aire de panal, de colmena. Son tres o cuatro las hileras superpuestas de manera irregular. La creencia popular atribuye esta forma de enterramiento al deseo de los sayalonguinos de no ser enterrados dándose la espalda unos a otros. En la actualidad, la parte central del cementerio se encuentra ocupada por nichos de corte más convencional. El camposanto de Sayalonga es uno de los lugares más visitados de toda la comarca de la Axarquía, llegando a recibir más de 3.00o al año. Junto a la puerta de entrada, a la izquierda se encuentra el Centro de Interpretación del cementerio. Recorremos sus callejas y sobrecoge el silencio, la estructura, el encerramiento. Contrasta su blanquísimo color con el azul del cielo. Antes de dejar Sayalonga camino de Corumbela, vamos a parar en el mirador del cementerio, desde el que se puede tener una visión perfecta de su redondez.

Corumbela

“La paloma blanca”, así la calificaron los romanos y de ahí proviene su nombre. Corumbela es una pedanía, un anejo de población con no más de 300 habitantes situado a unos siete kilómetros del núcleo principal. Se sitúa en un altozano y parra llegar hasta allí desde Sayalonga hay que seguir el recorrido por la carretera de Cómpeta, desviarse en el acceso a Árchez y desde allí seguir las indicaciones hacia Corumbela. Es una carretera estrecha y plagada de curvas, pero la llegada merece la pena. Por las vistas y por su magnífico alminar. Tenemos querencia en El Color Azul del Cielo por estas torres, normalmente adosadas a las iglesias y que en el pasado fueron las torres de las mezquitas en las que el muecín llamaba a la oración, como las que hemos visto en Salares o en el propio Árchez magníficamente conservadas. La de Corumbela se halla anexa a la iglesia de San Pedro y responde al canon de estructura en fábrica de ladrillo visto. En este caso no se encuentra muy historiada, pero esta sencillez es la que le dota de gran belleza. El templo es una construcción sencilla, de fachada blanca rematados sus doseles en color grana intenso. Desde Corumbela, otero privilegiado, se puede observar el Mare Nostrum, el caserío de Sayalonga, Canillas de Albaida y Cómpeta. Es una pedanía recogida y aislada, tranquila, plena de sosiegos y con un buen par de restaurantes donde comer.

Despedida

Imaginamos cómo teje la seda el gusano en el mirador de la calle Morales. Teje la fina materia prima que se transformará en delicada prensa para la corte de los reyes nazaríes. Viajará a Nápoles y a Venecia, al reino de Granada, a Roma y a Flandes. Viajará al lejano Oriente, a la Provenza francesa. Viajará. Nos sentamos en uno de los bancos de forja negra, contemplamos el paisaje. Llegan hasta nosotros los aromas de la brasa de naranjo, de los pucheros y ollas de otoño. Miramos allá Corumbela, como paloma blanca que es, a punto de alzar el vuelo. Todo es quietud y silencio. Imaginamos, imaginamos como el gusano de seda teje la fina materia prima que se transformará en delicada prenda.

Fiestas, gastronomía y enlaces de interés

Día del Níspero: “Se celebra el primer Domingo de Mayo en plena temporada de recogida del níspero, cuando el fruto está maduro y en todo su esplendor. En este importante día de celebración, también se dan a conocer los productos típicos y derivados del níspero como la mermelada dulce de níspero o el licor de níspero; y los productos típicos del lugar como el vino del terreno. Igualmente se hace entrega de los galardones del níspero a nivel andaluz, comarcal, y local. A lo largo de toda la jornada hay degustación gratuita de vino, nísperos y mermelada; y se venden y exponen los productos de los numerosos cursos que se imparten el pueblo a lo largo del año”, como apunta la web municipal. En cada edición se entrega el Níspero de Oro a todas aquellas personas e instituciones de relevancia que han dado en promulgar los intereses de Sayalonga.
Sopas cachorreñas: “Sin lugar a dudas es uno de los platos más peculiares con los que cuenta la gastronomía de la localidad. Según se dice este plato tiene su origen en Sayalonga popularizándose a continuación en la gastronomía de la Axarquía. Ingredientes: 2 ó 3 dientes de ajo, 1 Cucharada de aceite de oliva, 1 pimiento verde, pan a rebanadas, agua, vinagre (al gusto), sal., 1 huevo por persona. Preparación: Se pone el agua a hervir, cuando ya hierve se le echa el pimiento verde, su ajo machacado, su “mijita” de sal, y su cucharada de aceite. Cuando ya está cocido, se le echa un huevo por persona y se cuaja y se aparta en los platos con su pan picado y su vinagre”, así lo indica la página web de Sayalonga..
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la completísima página web municipal de Sayalonga.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

39 SALARES: EL SECRETO REVELADO

martes, 5 de enero de 2010

El muecín llama a la oración y Salares despierta de su letargo noctámbulo. Ese Salares, este Salares, aquel Salares, puño apretado, racimo de casas asomadas a los barrancos. Salares de jardines secretos, de alminares que apuntan enhiestos al cielo, de rincones ocultos, de sabores pasados. Salares de querencias antiguas y triunfos presentes. Salares de perfumes mudéjares, de aromas delicados, de cuestas agostadas. Salares que fue la romana Salaria Bastitanorum. Salares también fenicia y griega y cartaginesa y hondamente musulmana. Salares de rebeliones y de revueltas moriscas, de héroes y de villanos. Salares de molinos y almadrabas, y eras y caleras devoradas por el pasado. Salares cayendo sobre la ladera. Salares aleteando sobre el paso del tiempo. Salares descubierto.

El descubrimiento

Los 4,5 kilómetros que separan Salares de Sedella siguen, como si de un patrón se tratara, los perfiles de los abruptos barrancos que las rodean. Los cortes en la montaña se pronuncian al máximo y se asemejan a heridas primitivas, como si la orografía se hubiera conjurado para impedir revelar los secretos que alberga esta comarca, protegerla, en el pasado, de las miradas inquisitorias de otros. Esta particularidad ofrece al viajero actual la posibilidad de buscar su esencia entre los riscos y los tajos, descubrir estos pueblos como una sutil pincelada blanca sobre las laderas de las montañas, a la sombra de las sierra de Tejeda o Almijara, o bajo el cerro rotundo de La Maroma. Disfrutar con su aparición súbita tras una curva cerrada o un sinuoso trazado de la carretera. Forma parte de su idiosincrasia, de su personalidad, de su austero encanto.

Salares revelado

Observamos Salares y nos sobrecoge su perfil. El pueblo se embarranca, literalmente, sobre un corte en la montaña, se deja caer por su ladera hasta el fondo del valle. Aparcamos en la parte más alta del municipio y descendemos por un entramado de calles empinadísimas que se recortan a cada instante. Muy pronto nos encontramos con una de las pequeñas losetas decoradas que marcan las estaciones penitenciales del Vía Crucis. Y es que en Salares se vive uno de los días grandes de Semana Santa de una forma, cuando menos, curiosa. El Domingo de Resurrección, la imagen de la Virgen de los Dolores es portada exclusivamente por mujeres y se procesiona en la parte alta del pueblo, mientras que la imagen de Niño Resucitado es portada de manera exclusiva por hombres y procesionada por la parte baja del pueblo. Ambas secciones procesionales llegan hasta las puertas del cementerio, donde se produce el definitivo encuentro. Las paredes de sus calles muestran un grosor de contundencia que abriga de los fríos invernales y aísla de los calores estivales. Es este pueblo el que posee las cuestas más pronunciadas de todos los que hemos visitado hasta el momento. Las calles, adoquinadas, parecen derrumbarse hacia la parte baja sin ningún tipo de orden establecido. Salares posee una belleza inusitada, su arquitectura vive aún aposentada sobre firmes cimientos musulmanes. Los arcos y los adarves, las casas de paredes blanquísimas, su estructura quebrada, todas estas construcciones son testigos de esta afirmación. Algunas de las edificaciones de la calle Castillejo parecen extraídas de un belén casero. Llegamos enseguida a la pequeña plaza donde se encuentra la puerta de entrada a la parroquia de Santa Ana, cuya torre alminar, recortada contra el cielo plomizo y gris se muestra en toda su grandeza. Alminar que en el año 1979 fue declarado Monumento Histórico-Artístico. Antes de la plaza, y situado justamente a nuestra espalda se halla la Casa Torreón, una vivienda peculiar y blanquísima cuya estructura en semicircunferencia nos habla de otros usos pasados más batalladores que los atribuibles a una simple morada. Descendemos por la calle del ayuntamiento y justo sobre él encontramos un lugar secreto y hermosísimo.

Se manifiesta el jardín secreto

Una puerta de madera situada en la base del alminar da paso a una pequeña estancia, un callejón corto que se asemeja a una habitación, equipada con chimenea y donde se ubicaba el antiguo acceso a la torre alminar. Esta estancia abre un dintel que se asoma a un reducido patio con dos bancadas de madera y algunas macetas, construido al abrigo de las paredes de la iglesia, el alminar y lo que parecen restos amurallados de un antiguo castillo. La perspectiva que nos ofrece desde aquí la torre mudéjar es impresionante. Nos sentamos un rato. Con la cabeza hacia atrás observamos el cielo, la torre, las primeras estribaciones de la montaña, el aliento de la sierra. Nada se oye, excepto el ronroneo cálido de unos gatos. Nos dejamos llevar por las ensoñaciones y casi podemos escuchar el canto del muecín. Desde el propio patio desciende una hilera de escaleras que, protegidas por una muralla, nos conducen hasta la parte trasera del ayuntamiento. Continuamos nuestro descenso. Conserva Salares la sustancia última del pueblo añejo, de sabor a tradición antigua. Las casas de piedra nos conducen por sus caminos secretos allá donde Salares quiere. Poco interviene nuestra voluntad en este paseo. Vagabundeamos por entre sus rincones, esperando asomar en cada esquina una recta figura ataviada con chilaba y turbante. Nombres sugerentes como Rincón de las Maravillas o Casa Escondida hacen que los estereotipos vayan más allá de lo cuestionable para transformarse en una realidad de hermoso trazado. Quizá una muestra de la convivencia entre el pasado y el presente, entre lo musulmán y lo cristiano sean en este siglo XXI las ya comentadas losetas que marcan el Vía Crucis. Muchas de ellas sobre la imagen más netamente cristiana, que representa una de las estaciones penitenciales, se encuentra otra loseta de menor tamaño con caracteres y dibujos netamente árabes. Muchas de las casas aún conservan su estructura de piedra sobre piedra posteriormente encalada y encalada y encalada y vuelta a encalar. En nuestro descenso llegamos hasta la plaza baja del municipio y así podemos observar el pueblo en su totalidad, que se eleva como una herida blanca sobre la montaña. Ascendemos ahora por la calle Pasadizo. Más que orientarnos vamos acertando el camino de subida hasta donde hemos estacionado el coche. Nos cruzamos con una empleada de correos y nos compadecemos de sus subidas y bajadas cargada con los envíos postales. Nos cuenta que está acostumbrada y que así hace buenas piernas. También reparte el correo en Sedella (de hecho a ella preguntamos por un camino hacia la ermita en esa localidad) y todos los días acude hasta Canillas de Aceituno, donde se encuentra la central. Sin duda, ella conocerá los secretos mejor guardados del municipio y tentados estamos de acompañarla en la ronda para descubrirlos todos. Pero pensamos que quizá sea mejor así, haber revelado algunas de sus esencias y dejar para posteriores visitas las otras muchas que esconde. Ascendemos, despacio, parando, disfrutando, charlando, hacia el coche y la despedida.

Dejamos atrás Salares

Nos deja Salares un sabor inconfundiblemente mudéjar en el paladar. Es este municipio una pequeña joya blanca en el corazón abrupto de la Axarquía. Desciende la niebla y, al partir, distinguimos el canto cadencioso del muecín que llama a la oración.

Enlaces de interés y consejos útiles

Ruta Mudéjar de la Axarquía: Gracias a su trazado y a la conservación de su alminar, Salares se incluye dentro de la Ruta Mudéjar de la Axarquía junto con Arenas, Árchez, Sedella y Canillas de Aceituno.
Senderismo: Salares, situado dentro del Parque Natural de Sierra Tejeda, Alhama y Almijara es un punto fundamental para la práctica de este deporte. Desde el propio Salares como de los municipios colindantes parten numerosas rutas de diversos grados de dificultad.
Festival Árabe-Andalusí: En el mes de septiembre Salares celebra el Festival Árabe-Andalusí donde se ofrece al visitante una muestra de la gastronomía, artesanía, cultura, arte e historia del legado de Al-Ándalus en el municipio.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la página web municipal de Salares y el portal de Axarquía Costa del Sol.

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38 SEDELLA: ESENCIA MUDÉJAR

martes, 29 de diciembre de 2009

1569, la familia de Andrés Xorairán decidió quedarse cuando los temibles ejércitos de aquellos reyes católicos conquistaron en 1491 las últimas tierras de Al-Ándalus mientras Boabdil derramaba lágrimas al ver perdida su Granada. Decidió quedarse porque tenían apego a la tierra, a sus huertos, a sus perfumes, a sus gentes. Confiaron, aquellos reyes católicos les habían prometido respetar sus costumbres siempre y cuando fueran bautizados (por fe o por fuerza), pero la realidad fue bien distinta. En 1567 se produce la publicación de la Real Pragmática de Felipe II, auspiciada por el inquisidor Pedro de Deza, en virtud de la cual se prohibía a los moriscos llevar armas, hablar y escribir en su lengua, usar sus propios vestidos y practicar sus costumbres, obligándoseles a entregar todos sus libros. Pronto se convirtieron en ciudadanos de segunda clase, reprimidos por unos altísimos impuestos, perseguidos por algunos de sus refinamientos, defenestrados en público por una ley que no veía más allá de la cruz. Sus antepasados habían traído la agricultura, el uso racional del agua, la ciudadanía abierta, ahora eran vasallos de sus señores nobiliarios, todos ellos católicos. Eran odiados por los cristianos viejos, rechazados por la corona, detestados por la iglesia. Andrés Xorairán veía como su familia rendía pleitesía a unos señores feroces que les castigaban con dureza y les trataban como a siervos. Se convirtió en un monfí, en un fuera de la ley, y el 24 de abril de 1569 atacó la venta de Pedro Mellado después de que éste, cristiano, secuestrara a la mujer de uno de sus amigos. La mecha prendió y con Sedella se vio arrastrada la vecina Salares y, con ella primero la Axarquía y después Sierra de las Nieves (recordamos la historia de María Sagredo en Alozaina) y después el Genal. La revuelta acabó con la sangre vertida en la batalla del Peñón de Frigiliana. La rebelión fue duramente reprimida, los moriscos expulsados y deportados, las poblaciones abandonadas... Terminaron así los últimos vestigios del poderoso Al-Ándalus que fue joya cristalina y terminó ensangrentada.

Los barrancos del silencio

El cielo azul de Málaga, intenso y límpido y rotundo de habitual, luce en esta mañana de primeros inviernos un tono gris que le configura un aspecto pétreo. Para llegar a Sedella existen dos caminos, el que se traza desde Algarrobo hasta Árchez pasando por Sayalonga, o el que parte desde Vélez-Málaga, hasta Canillas de Aceituno y de ahí hasta la localidad. Optamos por este último, dado nuestro deseo de observar, de nuevo, la Maroma (pico más alto de la provincia con 2.068 metros de altitud) y comprobar si su cima estará nevada. Cuando llegamos a la altura de Canillas comprobamos que el pico portentoso está cubierto por una espesa madeja de niebla que esconde totalmente la cima. Antes de llegar al centro de Canillas una indicación nos señala la dirección de Sedella hacia la derecha, se encuentra apenas a siete kilómetros de distancia. La carretera que une los dos municipios es abruptamente hermosa, cortes y barrancos se suceden, torrenteras cargadas de piedra, árboles broncos sobre las laderas cortadas... Resulta un paisaje impresionante por su rotundidad, más bello aún con esta pátina que lo confiere el invierno. Pese a que la carretera es una curva permanente, se transita con tranquilidad debido a la práctica total ausencia de circulación.

Sedella, "Sé de ella", dijo Isabel la Católica

Estacionamos en la entrada de la localidad. No conviene desplazarse con el coche en el interior del centro urbano, ya que las calles se estrechan enseguida y el tráfico rodado es casi impracticable. Lo primero que nos encontramos nada más llegar y situado a la izquierda es el antiguo lavadero público, que a diferencia de otros, no es una construcción techada situada en un aparte, sino que ocupa los bajos de una bella y antigua edificación. Al lavadero se accede por tres arcos de medio punto pintados sus ribetes en verde oscuro. Se oye el murmullo del agua, y el eco de algunas viejas conversaciones que las mujeres se traían entre ellas en los largos momentos que les ocupaba lavar las ropas. También a la entrada de Sedella, en esta ocasión a la derecha, se sitúa el futuro Centro de Visitantes del Parque Natural de las Sierras Tejeda-Almijara y Alhama, donde se expondrán un ejemplo de la flora y fauna más características del Parque Natural. Nos sumergimos en Sedella a través de la Avda. Villa del Castillo y pronto descubrimos dos de las características fundamentales del municipio: lo intrincado de sus calles y la amabilidad de sus gentes. Tiene Sedella un marcado aire rural, sus calles se estrechan y retuercen hasta lo indecible, dejando clara la impronta musulmana que configuró parte de su pasado histórico. Comienzan los recovecos, las empinadas cuestas, el embrujo andalusí de un legado innegable. Enseguida nos hallamos perdidos en este dédalo de callejas y rincones que parecen haberse desplomado unas sobre otras en una suerte de azar incomprensible. - Buenos días-, nos saludan los sedellanos. - Buenos días-, contestamos. -¿Sabe cómo puedo encontrar tal o tal sitio?-, preguntamos. - Sí, hombre, sí. Coja esta calle de la derecha, tuerza a la izquierda, suba por la segunda cuesta, vuelva a girar a la izquierda, siga recto y, cuando llegue allí, pregunte-, nos responden. La buena voluntad de los sedelleros es incontestable, pero trazar un itinerario sobre un mapa es algo más complicado. Así, Sedella es una tentación para los espíritus curiosos, cada esquina ofrece un nuevo rincón para descubrir, una sorpresa. Hoy, en estos días del primer invierno, imagino a los hombres y mujeres del lugar resguardados del frío al calor y temple de la lumbre. Lo confirman los perfumes dulces de las brasas con las que nos topamos. Llegamos a la plaza, donde el pueblo se abre un tanto, y recoge sus dos principales monumentos: la Casa del Torreón y la iglesia de San Andrés. La Casa del Torreón es el último vestigio de la antigua casa-fortaleza del señor de Sedella. Es una construcción sólida, recia, que perteneció al bastión murallístico de la localidad. Ahora tiene aparejada una casa, pero aún mantiene todo su espíritu. Levantada en el siglo XVI muestra en su parte superior una serie de arcos germinados sustentados en columnas renacentistas que, a su vez, sujetan un tejado a cuatro aguas. La Casa del Torreón es de origen mudéjar y muestra en uno de sus laterales las pinturas rematadas en arabescos características de este arte. Sedella, gracias a la presencia de este torreón, se incluye dentro de la Ruta Mudéjar de la Axarquía, junto con las poblaciones de Árchez, Arenas, Salares y Canillas de Aceituno. La iglesia se eleva en una docena de escaleras del resto de la plaza, donde se ubica la entrada al edificio. La torre campanario parte de un anexo al templo y se eleva con su base cuadrangular hacia el cielo plomizo. En el último tramo su diseño se transforma en octogonal. El campanario es el único de resto de la antigua construcción, del siglo XVI, sobre la que se construyó la más moderna parroquia. Desde este lugar, la presencia de las moles montañosas situadas tras del pueblo se hace más presente aunque hoy la niebla las envuelva en su manto algodonoso. Sedella es un pueblo tranquilo, apacible, reposado. El silencio de sus calles sólo se quiebra con la irrupción del claxon que anuncia la llegada del pescadero. Recorremos más calles del municipio. Sobre una de sus puertas encontramos un escudo de dadera perteneciente a Isabel La Católica. Nos extraña e indagamos. Parece que el nombre de Sedella es incierto, que puede provenir del término latino "sedilla", del acrónimo "S.D. Lía" o del vocablo musulmán "Xedelia" pero como se apunta en la página web municipal "según la tradición popular, la denominación data de la época de la Reconquista, cuando en el paraje denominado Arroyo de la Matanza hubo un combate entre cristianos y musulmanes y al referírsele a la reina Isabel cómo fue dicha batalla, respondió: “Sé de ella”. Cualquiera de los orígenes podría ser válido. Nos dirigimos a la parte este del pueblo con intención de visitar la ermita de la Virgen de la Esperanza. La mejor brújula resulta preguntar y aprovechar la pregunta para charlar un tanto. Interrogamos a la cartera del muncipio que nos pone sobre la buena pista, cartera que hoy, más tarde, encontraremos también en el vecino municipio de Salares. Algunos huertos se cuelan entre las casas, conviven con sus paredes y con sus puertas y ventanas. Surgen también fuentes de aguas inquietas. Nos encontramos con callejas que terminan de manera abrupta sin conducir a ningún sitio, con macetas y arriates presentes por doquier, con macetas vestidas de flores coloridas de grana y rojo.... Llegamos hasta la ermita y, al girarnos, contemplamos tras de nosotros el muy apretado caserío de Sedella, con su torre campanario presidiendo el paisaje, siempre con permiso de la Sierra Tejeda y Sierra Almijara. Aspiramos el aire frío de la mañana y tomamos rumbo al coche entre las tortuosas calles y casas que se muestran encaladas y vueltas a encalar con el paso de los años.

Despedida

Terminamos aquí la primera parte de nuestro viaje para poner rumbo hacia la vecina población de Salares. Continuaremos por la senda que nos marca la Ruta Mudéjar de la Axarquía y embebernos aún más de las particularidades que sus municipios poseen. El poso de historia traspasa las barreras del tiempo hasta el siglo XXI, empapándonos de sensaciones poderosas e intensas. Sedella, donde aún suenan los ecos de la voz poderosa de Andrés Xorairán exigiendo justicia.

Enlaces de interés y consejos útiles

Para comer: En Salares existen varios restaurantes, todos muy próximos entre sí y situados en la Avda. Villa del Castillo. Son el Mesón Casa Frasco, el Restaurante Lorena y el Rte. El Chiringuito, donde desayunamos dos cafés con leche y dos molletes de bacón queso por 4,80€. Además también están el Mesón Granada y la Casa Pintá.
Semana Santa: Sirva como anécdota dentro de la Semana Santa sedellana que, además de vivirse con gran hondura, el Jueves y el Viernes Santo, el sonido de las campanas que tocan en la iglesia se convierten en carracas para anunciar la hora de la misa. Los sonidos también cobran importancia en la Resurrección, ya que se prende una gran traca para celebrarla.
Senderismo: La presencia imponente de las Sierras Tejeda y Almijara hace que la práctica del trekking y el senderismo sea uno de los atractivos de la localidad. Son rutas en su mayoría complicadas si no se conocen o no se lleva el pertrecho necesario. El futuro centro de visitantes guiará en este sentido a muchos de los aficionados.
Enlaces útiles: Tomamos con referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Sedella, a la que añadimos la web de Axarquía Costa del Sol.

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34 CANILLAS DE ACEITUNO: GASTRONOMÍA TRADICIONAL A LA SOMBRA DE LA MAROMA

martes, 1 de diciembre de 2009

La Maroma, 2.065 metros de altitud. Una mole granítica que preside como un totem antiguo, contundente e inmemorial la vista de la Axarquía malagueña. Impresiona su visión etérea y sólida, con su cima pelada y desdentada, como una planicie que levitara mirando de tú a tú al Mediterráneo. Impacta su solidez, su peso recio, su altitud y presencia altivas. Y en sus faldas, arrebujado, apretado, y de un blanquísimo color inmaculado, el caserío de Canillas de Aceituno. Una franja blanca que más parece un jirón de niebla desprendido de las alturas que el pueblo profusamente colorido que luego descubriremos, repleto de flores y de arriates, de miradores, de gentes afables, de comidas contundentes (potajes canilleros, chivos asados al horno de leña, la celebérrima morcilla de cebolla...). Un lugar donde el viaje es poema y alimento para el espíritu inmortal y deliciosa tradición y pitanza para el cuerpo mortal. Nos acercamos.

El descubrimiento

La ascensión es lenta y la carretera, en buen estado, sinuosa. Vamos dejando con cada curva un poco más abajo la caldera de la Axarquía, rodeada por sierras y barrancos, y en cuyo fondo espejea el embalse de La Viñuela. Las cimas serranas se encuentran salpicadas de caseríos, de cortijos blancos, de promesas de descanso. Todo el trazado es un mirador natural imponente, con Sierra Tejeda como referente principal. La temperatura desciende un tanto, influencia innegable de los altos picos más próximos. Y tras una curva aparece, reposado sobre la cadera de la Maroma, Canillas de Aceituno. Contemplar el pico de 2.065 metros de altitud y la fragilidad del núcleo urbano es todo uno pese a que Canillas se encuentra "tan sólo" a 650 metros de altura. Paramos en uno de los espacios habilitados en la propia carretera para tirar un par de fotos y aspirar los primeros aromas de esta zona axárquica. No podemos dejar de contemplar La Maroma y, con ella, el vuelo inquieto de un helicóptero merodeando por su cima. Continuamos.

La llegada

Tras adentrarnos en el casco urbano, encontramos un parking público gratuito. Es recomendable estacionar aquí, ya que a partir de este momento las calles del municipio se estrechan hasta lo imposible y pese a que en el corazón del centro hay otras posibilidades de aparcamiento, es mejor reservarlas para los canilleros. Pese a ser un pueblo relativamente grande (tiene más de 2.300 habitantes) se puede recorrer perfectamente andando y, además, esta es la mejor y más jugosa de las opciones. Caminamos por la avenida de Andalucía hasta llegar a la plaza Maestro Fco. Gallero Badino, donde se nos abren dos posibilidades: continuar de frente por la calle Iglesia o a la derecha por la calle Castillo. Vamos a optar por la derecha, no sin antes mirar hacia lo alto, porque esta pequeña plaza nos ofrece una imagen de lo que es Canillas de Aceituno, un entresijo de calles que se elevan hasta el mirador de Blas Infante desde el que contemplaremos, más tarde, una panorámica excepcional de la Axarquía.

Caminamos, observamos, olemos, disfrutamos...

En la plaza del Castillo un panel indicativo nos explica que en la antigüedad este era el emplazamiento de la fortaleza defensiva de la ciudad. Sin duda, un lugar privilegiado, ya que se asienta en unas rocas sólidas sobre las que se construyeron las murallas. Si caminamos por la calle de enfrente, accederemos a un pequeño mirador y podremos pasear por entre los restos de esas antiguas murallas, que albergan en su interior una imagen de la Virgen. A partir de aquí, descubriremos las calles empedradas y estrechísimas de Canillas, con un entramado imposible que se requiebra a cada paso. Es un pueblo importante, pero que mantiene casi intacta su esencia netamente morisca, gracias a este trazado que induce al viajero a trasladarse a otra época sin hacer excesivas concesiones a la imaginación. Los descensos de sus calles son abruptos, cortados casi a pico en ocasiones, venciendo el desnivel entre los diferentes bancales sobre los que se asienta el municipio. Cada apertura hacia el exterior es un mirador que se asoma a la Axarquía, sabiéndose la espalda resguardada siempre por la mole de la Maroma. Son sus paredes blanquísimas, inmaculadas. Conviene descubrir los secretos de Canillas caminando con despacio, encontrar por uno mismo los rincones, las escaleras íntimas, los santuarios ocultos, las plazuelas inusitadas. Es un rompecabezas, un puzzle de arquitectura imposible conformado por casas estrechas, unidas unas a otras por una razón que se escapa al común de los mortales actuales. Y así llegamos, más por azar que por acierto, hasta la plaza de la Constitución.

La Casa de los Diezmos, el barrio alto, la iglesia, la morcilla de cebolla...

La plaza de la Constitución es el centro neurálgico de Canillas de Aceituno: a la sombra del ayuntamiento, junto a la Casa de los Diezmos, un grupo de mayores departe amistosamente; dos turistas, cámara en ristre, se sientan en la mesa de un bar; tres niños circulan con sus bicicletas de aquí allá... La vida cotidiana se abre paso. Contar que la Casa de los Diezmos, también conocida como la Casa de la Reina Mora, era el lugar donde se controlaba la producción y venta de la hoja de morera y de gusanos de seda de todo el área de influencia. Posee una torre blanca, culminada con arcos germinados ciegos y forma parte de la riquísima arquitectura mudéjar predominante en la comarca axárquica. No en vano, Canillas forma parte de la Ruta Mudéjar de la Axarquía junto con Arenas, Árchez, Salares y Sedella. Desde la plaza de la Constitución hacia arriba, el dédalo de calles se transforma en inverosímil laberinto. Ascendemos. Las casas ceden el paso a los muros de piedra, fragmentos de montaña que se integran con las viviendas, que se incrustan en ellas. Nos sorprende la estrechísima calle Calleja, mirando frontalmente a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. En el camino hacia lo más alto del pueblo nos cruzamos con dos senderistas que descienden desde las alturas, y es que, uno de los caminos para ascender hasta la Maroma cruza, literalmente, el pueblo y no resulta extraño contemplar excursionistas yendo y viniendo. En este caso son un chico y una chica jóvenes, ataviados con botas de trekking, mochila de agua y bastones de senderismo. Descienden rápido, concentrados en su tarea. Nuestra subida es algo más lenta. Llegamos hasta la calle Sierrecilla y este es uno de los éxtasis de nuestra visita. Se abre el pueblo a nuestros pies, todo el caserío blanco pintado con sus terrazas naranjas, con sus tejados ocres. Se asoma el mar allá, al sureste, como una promesa de viajes futuros. Espejea el próximo embalse de La Viñuela. Al fondo, a lo lejos, trasmontes, se perfilan los que creemos picos más altos de la Sierra de las Nieves. Desde aquí arriba se percibe el rumor de la vida canillera, las voces de las gentes, el canto de unas niñas, los pájaros que trinan, el inconfundible sonido de una olla exprés. Y así nos asaltan también los perfumes serios y profundos de las comidas de antaño. Caminando, llegamos al mirador de Blas Infante. Nos sentamos, contemplamos el paisaje que se extiende hasta el horizonte. Y en el reposo, charlamos un tanto con un canillero. Nos habla de los rincones del pueblo, de las calles situadas detrás de la iglesia, del pasado, del presente, del futuro de Canillas. Nos despedimos y atravesamos el mirador hasta comenzar el descenso por la calle Cuesta. Se visten sus laterales de macetas repletas de flores, de coloridos arriates, nos saludan las damas de noche y bajamos y bajamos por sus estrechísimas y empinadas calles. De nuevo en la plaza, más concretamente en una de sus calles laterales entramos en la Carnicería Esperanza. La morcilla de cebolla que se elabora de manera artesanal en Canillas tiene fama, de hecho desde 1987 se celebra en el último domingo del mes de abril el Día de la Morcilla, fiesta declarada de Singularidad Turística Provincial y en la que este embutido es protagonista absoluto junto con el llamado "vino del terreno". Compramos cinco morcillas: 4,33€. Horas más tarde, en una cena con amigos, degustamos en compañía tan preciado producto. Delicioso, delicado, exquisito, fueron los elogios con los que se mentó a la morcilla canillera. Pertrechados de buena vianda nos dirigimos a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. La puerta está entreabierta, así que pasamos al interior para descubrir un templo sencillo y recargado a un tiempo, con un destacable artesonado de madera en el techo, compuesto por tres naves, con columnas blancas ribeteadas de amarillo y pequeñas hornacinas sobre las que se reposan diversas imágenes. Mencionar que en Canillas se rinde culto a la Virgen de la Cabeza, muy querida en estas tierras y que posee una bella escultura en el interior del templo. Salimos de la parroquia y visitamos las calles que se encuentran tras ella, disfrutando de las flores, las macetas y los perfumes casi primaverales que se respiran... Desde allí tomamos la calle Hortezuelo para visitar el aljibe árabe medieval. Su acceso, a través de una finca privada, no es el más aconsejable y la importancia que tiene responde más a un interés histórico-arqueológico que turístico. En la misma calle (aunque llamada en este tramo calle Placeta) se sitúa el Bodegón de Juan María, que ya nos había sido recomendado por Encarnación "la Mora", y que no nos va a defraudar.

La comida: chivo al horno de leña

Es una venta típica, aseadísima, con suelo de barro cocido, con una imprimación de barniz que lo hace brillar, y techo de madera. Es un lugar concurrido y muy conocido en la zona, por lo que es preferible reservar (Tfn.: 952.51.80.41). Cuando llegamos, pronto, aún no hay nadie. Un enorme horno de leña preside el restaurante. Una mujer trajina alrededor del mismo. Nos sentamos y contemplamos el menú, conformado en su mayoría por platos tradicionales y caseros. Pedimos unas croquetas de morcilla, 7€; un potaje canillero (espinacas, hinojos, garbanzo, morcilla, chorizo...); chivo asado al horno de leña (un cuarto hermoso, nos indica el camarero), 30€; una cerveza y una botella de agua; y de postre una natilla con turrón, 4€, acompañada de una copa de vino dulce "del terreno", 2€. Total: 51,30€. El potaje canillero se asemeja mucho al bolo de hinojos que se realiza en otras zonas de Málaga, como Sierra de las Nieves, pero eso no le resta sabor potente y contundencia, un aroma denso y exquisito, perfumadísimo. Antes hemos degustado las croquetas de morcilla como aperitivo, una delicia suave y poderosa de sabor. Pero, sin duda, el plato estrella es el chivo asado al horno de leña. Blanquísimo, de sabor delicado y suave, especiado lo justo, fresquísimo. Un sabor recio y tradicional que parece existir en el paladar del ser humano desde siempre. Al chivo le acompañan como aperitivo sus propias asaduras encebolladas, también deliciosas. Mientras comíamos el restaurante se ha llenado y una mesa compuesta por cuatro viajeros extranjeros contemplan el asado con los ojos abiertos como platos. Después de comer, paseamos para disfrutar de una buena digestión.

Adiós a la Maroma

Serpenteamos por el camino de vuelta y paramos de nuevo en el mirador para contemplar Canillas de Aceituno en todo su esplendor. El sol ha salido y las calles refulgen con un tono de intenso blanco. La Maroma parece haber fruncido el ceño y asoma en su cima un oscuro nubarrón gris. Hemos visto algunas fotografías de los tejados y calles canilleras nevadas y creemos que será un buen lugar para regresar en invierno. Aunque, en la imaginación, también vemos el esplendor de las flores de sus arriates en primavera...

Enlaces de interés y consejos útiles

Senderismo: Canillas de Aceituno es un lugar privilegiado para la práctica de este deporte. La presencia del pico de la Maroma, Sierra Tejeda y sus faldas y laderas así lo confirman. Desde la página web canillasdeaceituno.org se proponen tres completas rutas que unen el núcleo urbano con la Maroma "Ruta de los Neveros", con el Saltillo y con el Castillejo o Mirador de los Tajos Lisos.
Día de la morcilla: la morcilla canillera o morcilla de cebolla es única de esta localidad. En el año 1987 se instauró el Día de la Morcilla como una fiesta de carácter popular que ha llegado hasta 2009 transformada en Fiesta de Singularidad Turística Provincial. La morcilla canillera tiene la particularidad de estar realizada con cebolla en lugar de con arroz, lo que la dota de un sabor muy especial. La degustación popular de este embutido es la estrella de la celebración que se acompaña de actuaciones musicales.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del sol y las páginas municipales de canillasdeaceituno.es y canillasdeaceituno.org.

Este blog queda abierto a todas las opiniones y sugerencias de sus lectores. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.