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48 HUMILLADERO: ENTRE LA CRUZ Y LA SIERRECILLA

martes, 9 de marzo de 2010

Dejamos atrás los montes de Málaga y se abre ante nosotros la llanura antequerana, presidida por ese tótem granítico con perfil de jefe indio, también conocido como el Peñón de los Enamorados. Tierra fértil de cultivos, tierra húmeda y oscura, tierra prolífica. Todo es verde y ocre. Rebosan los campos con las lluvias de la última temporada. Su verde es fulgente, casi fluorescente, empapado de agua y rocío. Y la campiña, más tarde dará paso a los cerros cubiertos de olivos.

Humilladero y su cruz

Se asoma Humilladero entre una vaguada pronunciada, escondido entre cultivos de olivares, aparece el caserío casi de pronto, y sin percatarnos nos vemos conducidos por una avenida presidida por una hilera de recios árboles. Tras una rotonda y en la misma entrada al municipio se encuentra la cruz que le da nombre. Es un monumento sencillo, casi austero, una columna de piedra y una pequeña cruz de forja sobre ella. Lo más sobresaliente es su historia: "El 24 de abril de 1410 el infante Don Fernando,Regente de Castilla y procedente de Córdoba con sus ejércitos, recibió la incorporación a sus fuerzas de Don Per Afán de Rivera que provenía de Sevilla portando la espada de Fernando III El Santo, que recibió el infante de rodilla y humillado bajo la promesa de no envainarla hasta haber conquistado Antequera. Conquistada Antequera se construyó en este lugar una cruz de piedra, ya destruida". La historia no acaba aquí por que en 1484, "Fernando El Católico con motivo de la conquista de Valle de Abdalajís, Álora y Ronda se humilló en este sitio donde su abuelo, Fernando el de Antequera había recibido la espada de San Fernando". Más historia: En los años 1618, 1957 y 1995 la cruz se reconstruye y cambia de ubicación hasta ocupar el lugar actual. Encierra vivencias de reyes y conquistas y luchas y batallas y espadas y promesas este monumento tan escueto. Ayuda a volar la imaginación e imaginar las huestes cristianas y moras caminando por los caminos de estas vegas, entre olivos ya centenarios, pisando este tierra húmeda que también ahora nosotros pisamos.

Entrada al centro urbano

La entrada al municipio se toma desde la Avda. Dolores Ibarruri, con una señal de stop hacia la izquierda para entrar por la Avda. del Emigrante hasta llegar al Ayuntamiento y la plaza de los Derechos Humanos. Cualquiera de las calles adyacentes resultan propicias para aparcar, dado que esta ubicación es, prácticamente, el centro de Humilladero. Estacionamos en la calle Maestra Ana Alba, junto a la farmacia. Ya se dibuja la estructura rectilínea del municipio. Humilladero es una población relativamente moderna y el trazado responde más a la escuadra y al cartabón que a las necesidades de adaptación a la orografía que hemos visto en otros lugares como la Axarquía o la Serranía de Ronda. Nos pertrechamos y descendemos del coche. La plaza de los Derechos Humanos exhibe un mapa de Humilladero en cerámica y ayuda a ubicarse dentro del municipio, además, respondiendo a su propio nombre un zócalo incluye varios artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos cuyo primer artículo reza lo siguiente: "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". A partir de la plaza, las calles de municipio están empedradas. Vemos los balcones y las ventanas enrejados con forja y hierro, las casas con su zaguán adoquinado con losetas de vivos colores. Hemos caminado por la calle Capitán Fco. Velasco Ruiz (donde ya hemos visto un par de restaurante donde comer) y tomamos ahora dirección a la izquierda por la calle Picasso. Son alargadas y rectas las arterias por las que discurre la vida de Humilladero. Observamos que de muchas de las farolas y cables penden unas banderolas verdes agitadas por la brisa en las que leemos que este año 2010 Humilladero celebra el segundo centenario de su segregación de la vecina Antequera y su constitución como ente autónomo. Continuamos el paseo.

La iglesia y las calles

Al final de la calle Picasso llegamos a una pequeña plazoleta redonda tras la cual se sitúa la iglesia del Santísimo Cristo de la Misericordia. A los pies de su portada se encuentra una loseta de piedra arenisca en la que, en teoría, aparece la fecha de su construcción si bien podría ser también la de su consagración como templo tras ser edificada sobre una antigua ermita. En todo caso allí aparece 1861 como fecha de referencia. Es un templo moderno, con una torre campanario de ladrillo visto imponente en su altura y una portada rematada con una falsa espadaña de la que destaca una cruz de hierro. Rodeamos con un paseo la iglesia para regresar, de nuevo a su portada. Los humilladerenses parecen haberse refugiado al amor de sus hogares, las calles aparecen casi vacías y tranquilas, intuimos que quizá hayan buscado también el calor de las tabernas. Paseamos. Las casas de Humilladero apenas alcanzan las dos alturas y se respeta un skyline de primeros pisos. Caminamos por la travesía de los Hermanos Fdez. de la Fuente hasta la plaza de los Derechos Humanos para recuperar el coche y dirigirnos a uno de los más bellos lugares de Humilladero, la Sierrecilla.

La Sierrecilla, un paseo

Preguntamos a una vecina por el camino que nos lleva hasta la Sierrecilla, una zona de esparcimiento que los humilladerenses disfrutan, sobre todo, en la romería del 1 de mayo. Se puede ir caminando, pero optamos por desplazarnos en coche para no acabar empapados. Casi a la salida del municipio dirección Antequera y a la derecha hay una gran explanada en construcción con el telón de fondo de la Sierra, tomamos uno de los caminos hasta llegar al nuevo camping de la población. Desde ahí no hay pérdida. Estacionamos, nos pertrechamos y descendemos del coche. La Sierrecilla está perfectamente equipada con bancadas de madera, mesas y barbacoas de piedra. Intuimos las posibilidades que debe ofrecer este lugar en otoño, primavera y verano, donde abrazados por la sombra de los pinos se disfrute de este lugar en plenitud. Caminamos. Un sendero ancho de tierra nos conduce dirección a la sierra, entre una loma que nos oculta Humilladero y el punto más alto de la localidad. A los lados un frondoso bosque de pinos y un perfume de tierra húmeda delicado y tierno y primigenio. La ruta que bordea la Sierra de Humilladero tiene dos kilómetros de longitud, un panel indica perfectamente el trayecto y la senda abierta sobre la maleza que han dejado abierta los paseantes habituales hace que el camino no tenga pérdida. Subimos un trecho, mínimo, y entre los pinos carrascos oteamos un tanto de la planicie antequerana, otro tanto de Humilladero, otro tanto de olivos y campos sembrados. La lluvia hace que el verde sea intenso y el marrón de los caminos oscuro. Todo es silencio, sólo interrumpido por el trino y el canto de algunos pájaros. Es un paseo estimulante y gratificante, sencillo y de fácil trazado y recorrido, perfecto para realizar también con niños sin ningún tipo de problema ni peligro. Si nos mantenemos callados podemos distinguir los sonidos de la naturaleza en pleno vigor. Aspiramos profundamente y nos percatamos de que el camino nos ha abierto el apetito.

La comida en El Peñón

Una vez estacionado el coche en el mismo lugar que antes, junto al ayuntamiento, nos adentramos por la calle Capitán Fco. Velasco Ruiz y nos metemos en el bar-restaurante El Portón. La intuición se hace realidad, ya sabemos dónde están los humilladerenses, refugiados de la lluvia en el reconfortante calor de los bares. El Peñón es un restaurante con la barra abierta, donde sus clientes tapean y charlan amistosamente. Optamos por sentarnos y pedir algo de mayor enjundia. Mientras leemos la carta escuchamos los acentos que llegan hasta nosotros, se pierde el deje malagueño para dejar paso a otras sonoridades, al proximidad de las provincias de Córdoba y Sevilla se reflejan en el hablar, formando un curioso y enriquecedor abanico de lenguajes y dichos. Asimismo observamos el trajín de tapeo que se trae la barra: - Una de guarrito, una de chorizo, una de carne, una de manitas... Echamos un vistazo a la carta (churrascos, cordero, lomo a la sal, sopa de picadillo, caldo de puchero, entrecot) que también incluye una "carta joven" (con todos esos platos que niños y adolescentes no rechazarían). Optamos por entonarnos y pedimos 2 tapitas de callos, un caldo de puchero, una ensalada templada de espinacas, un churrasco de ibérico y un churrasco de pollo, acompañados de dos cervezas sin y dos tercios de cerveza con. Total: 34, 10 euros. El caldo de puchero está blanquísimo e intensamente perfumado, con sus dos ramitas de hierbabuena para que el comensal deguste sabor más penetrante aún. La ensalada de espinacas es un descubrimiento, acompañada la verdura con cebolla, jamón frito, queso, nueces, cebolla en juliana, tomate cherry, etc... Por su parte el churrasco de ibérico está muy jugoso, en su punto y de sabor fuerte y delicado a un tiempo. Los segundos platos están acompañados de ensalada de col, de verduras a la plancha y de patatas fritas. Recomendable la comida, el establecimiento y la afabilidad de la camarera que nos atiende. La casa nos invita a dos chupitos, un orujo de hierbas y una vodka-caramelo.

Despedida

Observamos a nuestra derecha la Sierrecilla, este rincón verde entre los verdes que auguramos en su pico de mayor altura ha de ofrecer una vista maravillosa de la llanura antequerana. Aún percibimos el aroma de la tierra húmeda y de los pinos sobre nosotros. Dejamos, a la izquierda, la cruz que da nombre al pueblo e imaginamos las huestes cristianas en el siglo XV observando un paisaje que no sería muy distinto del que ahora nosotros vemos. El cuerpo templado y reconfortado por los perfumes de la comida casera y la charla animada. Y es que Humilladero posee esa cualidad secreta de hacer sentir bien al viajero en cuanto uno pisa el empedrado de sus calles.

Información útil y enlaces de interés

Senderismo: Humilladero posee, además del paseo por la Sierrecilla ya comentado, tres rutas senderista de enorme interés medioambiental y dada la suave orografía de la zona, de fácil recorrido. El primero de ellos comunica el centro urbano con la laguna de la Ratosa (que comparte con Alameda); el segundo lleva desde Humilladero hasta la Laguna de Fuente de Piedra; y el tercero el que asciende hasta el Pico Pollo, el punto de mayor altura del término municipal y al que se accede desde la Sierrecilla.
Fiestas: Humilladero es un municipio con distintas celebraciones de diverso corte e intención. Destaca, quizá por poco habitual, la del Emigrante, que se celebra en la primera semana de agosto en honor y recuerdo de todas aquellas personas que por diferentes circunstancias se vieron obligadas a dejar el municipio y que regresan a sus orígenes en su periodo vacacional.
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Humilladero.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi primer saludo a Humilladero.
Hasta mañanita.

Nekane dijo...

Me ha gustado lo de:La entrada al municipio por Dolores Ibarruri,la Avenida del Emigrante hasta la Plaza de los Derechos Humanos.
Parecen formar un conjunto de nombres armónicos e integradores.

Ay y esa ensalada templada de espinacas...
Un abrazo

Begoña dijo...

Me gusta la ensalada de espinacas, tiene un aspecto buenisimo y los ingredientes son todos apetecibles, lo que no había oido nunca una " tapa de guarrito "

reimon dijo...

joer! qué buena pinta la comida!!