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16 GUARO: DE ACEITES Y LUNAS MORAS

martes, 28 de julio de 2009

Guaro entre aceites. Guaro de olivas tiernas. Guaro de caminantes y condados. Guaro entre las nieves, la blanca, los valles y el horizonte de montañas. Guaro que mira de tú a tú a la luna mora, moruna, árabe, luna de ojos negros, prendada de candiles su mirar. Guaro de caminar estimulante y placentero. Guaro de rincones secretos, modestos, hermosos. Las calles floreadas de Guaro, su aroma antiguo de historias vividas. Guaro devota de San Miguel, santo osado y cazador de demonios. Guaro, encrucijada de caminos.

La aproximación

En la mañana suenan las chicharras agazapadas entre los árboles. Es como un trinar insistente, el anuncio de los rigurosos calores del verano que a su vez nos remite inmediatamente a lo más festivo y colorista de la estación estival. Las chicharras se encaraman a los olivos que pueblan las colinas inmediatas a Guaro. Suaves lomas aquí y allá y la villa y condado que resbala sobre una de ellas. Aquí, desde lo más alto contemplamos un inusitado horizonte en el que se asoma la Sierra de las Nieves hacia el Sur y el este, el Valle del Guadalhorce hacia el norte y los montes de Málaga hacia el oeste. Parece el epicentro de tantas cosas, Guaro, centro de paso de viajeros hacia las cimas serranas, guarecido de las vistas indiscretas tras su farallón de colinas, municipio espinado de olivos que esconden un intrincado dédalo de calles antiguas de sabor auténtico, tradicional, pura esencia malagueña.

Llegada y desayuno

Seguimos las indicaciones de centro urbano y nos acoge una avenida de palmeras, Avenida de Andalucía, que nos lleva hasta le corazón del pueblo. Tras una plaza, las calles se estrechan, así que barruntamos que la mejor opción resulta estacionar en esta misma avenida y caminar apenas 200 metros hasta ese laberinto de calles quebradas. Esta mañana es madrugadora y mostrar las excelencias de los desayunos malagueños es una opción de lujuria gastronómica que se pierde entre molletes, pitufos, tostadas, rebanadas, vienas, mixtos, bacon, tomate, aceite, ajo, sobrasada, paté y, cómo no, los cafés de la tierra y su especial nomenclatura de nubes, sombras, cortos, mitades.... Hoy toca un sombra, un zumo de naranja y dos pitufos, uno mixto y otro con tomate y aceite. Total: 4, 40 euros.

Hacia el núcleo urbano y el Centro Municipal Cultural Al-andalus

Tras recuperar el aliento perdido con el madrugón iniciamos nuestra visita. Accedemos a la avenida y ya intuímos por las vistas de sus calles laterales el intrincado y quebradizo trazado sobre el que se asienta Guaro. Algunas casas lucen patios enrejados y repletos de flores mostrando su mejor rostro a la calle. Antes de acceder al laberinto guareño nos encontramos con con el Centro Municipal Cultural Al-Andalus, el Museo Etnográfico, una torre de estilo mozárabe cuya construcción responde, tal cual reza un panel explicativo, a la tipología de almazara del siglo XIX. En su interior, además de encontrar toda una suerte de folletos explicativos, mapas, listados de alojamientos y documentación acerca de la Sierra de las Nieves, en su piso superior podemos acceder a un auténtico recorrido por el pasado y presente aceitero de la población. De este modo comprobamos un antiguo molino de aceite perfectamente conservado en el que todas sus partes, diferenciadas, se encuentran en exacto estado de revista. Las prensas, las muelas de piedra, los sistemas hidraúlicos y de correajes que permitían ejercer la presión necesaria para obtener el primer aceite de la oliva. Si se solicita se puede verlo funcionar con ese sonido particular como de ronroneo animal que hace al desplazar sus piezas. Este Centro Municipal se utiliza como sala de exposiciones y punto de encuentro para eventos. En esta ocasión de sus paredes colgaban una serie de fotografías de la flora y fauna de Sierra de las Nieves, un completo catálogo de especies florales, insectos y plantas que se pueden encontrar en esta Reserva de la Biosfera, galardonada en 2008 con el Premio EDEN de la Unión Europea a la Excelencia Turística donde primaba la conservación del patrimonio intangible. Es recomendable su visita, instructiva y pedagógica. Además, la profusión de folletos y documentos ayuda a una mejor visita de Guaro y de su entorno. Salimos de esta torre aceitera para adentranos ya en las callejas del municipio.

Callejeamos. Museo del Aceite de Marmolejo

Todo se estrecha. Como succionado por una fueza centrífuga dirigida hacia el centro del pueblo. Así nos adentramos en el laberinto de calles a través de la Avda. de Andalucía. La calle permite el paso de vehículos en dos direcciones, pero el consejo para los visitantes es dejar el automóvil fuera. Las puertas de madera, recogidas, guardan frescos patios en su interior. Secretos umbríos bajo el rumor de las fuentes. Caminamos, en un recodo más amplio nos encontramos con un pilón dedicado a San Isidro, patrón de labradores y venerado también en Guaro por la preeminencia de su economía agrícola. Continuamos el paseo hasta desembocar en la plaza donde se recoge el ayuntamiento, unos cuantos bancos de forja negra y una fuente que refresca con su murmullo toda la plaza. En el camino hemos encontrado un estanco, donde adquirir sellos, en el Centro Municipal Cultural Al-Andalus hemos escogido una postal. A la sombra de la fuente redactamos unas líneas y aprovechamos la presencia próxima de un buzón para introducir nuestra misiva. El próximo objetivo que queremos visitar el Museo de Aceite de Marmolejo. Un antiguo caserón aceitero perfectamente recuperado y restaurado por la familia Marmolejo y que incluye incluso un patio de trojes. Antiguamente se encontraba en las afueras del munipio, pero el crecimiento de Guaro lo ha ido absorbiendo y ya forma parte del casco urbano. Para llegar hasta él hemos continuado por la plaza del ayuntamiento hacia la calle Dr. Millán Peña, para tomar la calle Parras y descender hasta encontrarnos con su entrada. La visita al Museo, al ser de carácter privado, está sujeta a la disponibilidad de los dueños. Durante el Festival de la Luna Mora, que se celebra la primera semana de septiembre, el museo permanece abierto. Regresamos por el camino realizado y llegamos de nuevo a la plaza, desde la cual accederemos a la Iglesia parroquial de san Miguel.

La Iglesia de San Miguel

Ascendemos por la calle Pósito en busca de la iglesia. Las calles se estrechan y se funden unas con otras. Apenas a 20 metros de recorrido nos encontramos con un talud blanco, una pared de altura considerable sobre el que se asienta la plaza de la Iglesia y su parroquia. Accedemos. La parroquia está presidida por una imagen de San Miguel, imponente, venciendo a Lucifer. Ante tal imagen de batalla épica, el viajero no puede más que documentarse para conocer la historia de este santo, incluido dentro de los siete arcángeles y que fue denominado como jefe de la milicia celestial. "... es representado en el arte como el ángel guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno. La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo con su espada de fuego". El San Miguel representado en el altar del templo de Guaro tiene un aspecto más beatífico que guerrero, pero del mismo modo posa su pie sobre el demonio vencido y luce coraza de lucha y espadón en mano. La Iglesia de Guaro es sencilla, de una sola nave y cuenta su historia que fue construida en 1.505, siendo sus últimas reformas correspodientes al año 1996-1997. Unas mujeres se afanan en su interior para renovar las flores y airear los mantos. -Es que mañana hay boda-, nos dicen. Salimos a la plaza y continuamos caminando por su lateral derecho. Nos perdemos entre sus callejas endulzadas por el penetrante aroma a flores. Ascendemos y descendemos, encontrando rincones insólitos a cada paso. Se escuchan las voces de la vida cotidiana, el trinar de algunos pájaros y el aletear de una asustada bandada de palomas. Nos sorprenden el nombre de algunas calles como "Calle Una Acera" que hacen nombre propio del nombre usual que los guareños las han dado siempre. Algunas fuentes salpican las paredes aquí y allá, refrescando el calor que desprende el sol de mediodía. Precisamente para combatirlo, las puertas permanecen abiertas, cubiertas sólo con una ligera cortina para preservar su intimidad interior, pero que permite dejar el aire correr. Las plazuelas diminutas, como antesalas de los propios hogares están plagadas de tiestos y de flores.

La Luna Mora

Destacar que estas mismas calles que recorremos durante una semana en el mes de septiembre se transforman. Se apagan sus luces con la llegada de la noche y a cambio se encienden quinqués y velas que iluminan todo el casco urbano del munipio. Es el Festival de la Luna Mora, una actividad que ya lleva doce ediciones tras de sí y que conjuga el embrujo de contemplar el pueblo iluminado a la luz de las velas con un ambiente medieval donde priman los puestos artesanos, las representaciones teatrales y cuentacuentos, la gastronomía de tintes árabes y las actuaciones musicales. Posee este festival de los sentidos una magia de armonías perfectas que conjuga el trazado particular de Guaro con la cálida iluminación no eléctrica. Ceca de 20.000 velas todo lo encienden para recibir a artistas de primer orden que delietan al público con su fusión de música andaluza y árabe. Todo se acompaña de talleres, proyecciones, conferencias, narradores, pasacalles, exposiciones, etc. Es, sin duda, una oportunidad para visitar Guaro con otra luz, con otra mirada puesta sobre sus calles.

Despedida

Dejamos atrás el centro urbano y siguiendo el camino del polideportivo llegamos a la ermita de la cruz del Puerto, una construcción sencilla del siglo XVIII, aparejada con unos bancos y una fuente a la que es tradición llegar en romería. Desde la misma se tiene una visión completa del pueblo de Guaro, aferrado a la loma que sustenta su trazado. Si miramos en dirección contraria contemplaremos las estribaciones más altas de la Sierra de las Nieves, un conjunto de picos y cimas blancos de calizas que nos remiten a su nombre directamente. Nos sentamos tras refrescarnos y sin querer imitamos la postura que muchos guareños adoptaron en tiempos más difíciles cuando, camino de otras provincias, esperaban aquí el transporte que les llevara lejos de los contornos de su pueblo.

Consejos y enlaces útiles

Aparcamiento: No intentar llegar al centro del municipio con el coche. Dejando el vehículo en la Avda. de Andalucía, el núcleo se encuentra a escasos 200 metros.
El Aceite: El Centro Municipal Cultural Al-Ándalus posee la virtud de mostrarnos en funcionamiento una de las esencias vivas de Guaro, la fabricación de aceite. este modelo de molino antiguo se puede comparar con los más modernos instalados en la Sociedad Cooperativa Olivarera de Guaro, El Molino de Guaro, donde se puede adquirir aceite de oliva virgen extra de una altísima calidad. El Molino de Guaro se sitúa en Crta. de Guaro a Coín, km. 1 y su teléfono es Tlf. 952 11 29 76 . También puede realizarse compra on-line a través de su página web.
Enlaces útiles: Como referencia tomamos la página del Patronato de Turismo de la Costa del sol occidental y la web municipal del Ayuntamiento de Guaro.

Este blog queda abierto a todas las sugerencias y recomendaciones de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta y cuantas más opciones haya, mejor. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.

15 SIERRA DE YEGUAS: SOBRE UN MANTO DE OLIVOS

martes, 21 de julio de 2009

Sierra de Yeguas sobre el olivo, entre el olivo, para el olivo. Sierra de Yeguas con su trazado plano y vivo. Sierra de Yeguas con sus serranos conversadores. Sierra de Yeguas con espárragos y cereal. Agrícola y trabajadora Sierra de Yeguas. Te vistieron los romanos como tierra de paso y ahora ejerces de dúctil frontera entre la campiña sevillana y la costa malagueña. Sierra de Yeguas para ser caminada, transitada, paseada, vivida con tranquilidad. Sierra de Yeguas por descubrir.

Aproximación

La tierra roja, y los campos vastos, extenso de olivos más allá del horizonte. La música pertinaz de las chicharras como única banda sonora y toda la campiña ante nuestros ojos. Paisaje fronterizo de nuevas experiencias. Se enriquece Málaga con este campo olivarero exento de playa y de montaña, cuyo atractivo reside en la diferencia, en la infinitud de su horizonte. Merece la pena parar en esta carretera secundaria, salir del coche, contemplar la vastedad que nos acompaña. Los Llanos de Navahermosa parecen hacer honor a su nombre y de ahí que este paisaje merezca ser degustado con deleite y cierto denuedo. Resulta sobrecogedor imaginar por estos caminos, casi inalterable su paisaje, a las tropas romanas, a los carros de mercancias que llevaban de norte a sur de la campiña sevillana a las costas malagueñas los productos de las que estas adolecían y viceversa. No resulta difícil bocetar un pintura cargada de estandartes y de pasados esplendorosos, no en vano se han encontrado restos arqueológicos de unas termas y unas fincas romanas. Hoy, el presente, es agrícola, y tal resulta la excelencia de la tierra que ha merecido la protección especial por parte del Plan de Protección del Medio Físico de la provincia de Málaga. Resulta curioso que en esta tierra malagueña, forjadas muchas de sus poblaciones en la fragua de la cultura y arquitectura árabe, Sierra de Yeguas no tenga relación con este pasado común. Existen indicaciones de vida neolítica, de vida romana, pero nada del mundo árabe. Más atrativo puede resultar visitar el municipio por el contraste que ofrece con otros de la provincia. Casi se asemeja a un pueblo castellano por su trazado recio y extenso. Las carreteras de campo, pistas, parecen trazadas con escuadra y cartabón y los numerosos cortijos, algunos impolutos, otros derruidos como cascarones desvencijados de otro tiempo, y olivos y olivos y olivos. Y esos nuevos molinos de viento con aspas blancas contra las que El Quijote de Cervantes seguro también habría luchado. Este es el paisaje que rodea Sierra de Yeguas. Paraíso también de ciclistas y senderistas.

Senderismo

Desde la página web municipal el visitante puede descargarse un archivo pdf en el que se detallan tres de las rutas principales que se pueden realizar caminando desde el centro urbano de Sierra de Yeguas. La Ruta de Los Cortijos, de 13, 2 kilómetros de recorrido y de dificultad baja, nos llevará a través de senderos de relieves suaves hasta el "Concejíl", el "Cortijo de la Mezquita", las "Flores" o "La Quinta". La Ruta de Los Flamencos, de 12,5 kilómetros de recorrido y de dificultad baja, nos llevará hasta el mirador de la "Laguna de Cantarrana" que ofrece al visitante otra perspectiva de la vecina Laguna de Fuente de Piedra y que nos acercará a los restos de las Termas Romanas de siglo III D.C., cabe destacar de esta ruta que el visitante podrá disfrutar de la posibilidad de ver el vuelo de los flamencos rosas y de otras aves acuáticas en temporada de otoño o primavera. La Ruta de los Cultivos, de 11,3 kilómetros de recorrido y de dificultad baja, nos acercará hasta los llanos de Navahermosa por entre las plantaciones de trigo, espárrago, olivo y cereal. Estas mismas rutas se pueden realizar en bicicleta de montaña sin ningún problema y son, todas ellas, muy recomendables para el visitante, ya que dotan al pueblo de Sierra de Yeguas de su esencia y permanente personalidad agrícola.

Centro Urbano

Seguimos las direcciones que nos indican centro urbano. No hay pérdida posible. El trazado de Sierra de Yeguas es plano y rectilíneo, no ofrece los recovecos y callejas de otros municipios y transitar por él es sencillo y de fácil aparcamiento. Llegamos, gracias a las indicaciones, a la plaza de Andalucía. Estacionamos. En torno a esta plaza principal, Plaza de Andalucía, hermosa y umbría gracias a la sombra protectora de los árboles, se asienta la vida del pueblo. El ayuntamiento, frente a él la iglesia, tiendas, cafeterías, restaurantes...

La Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción

Entramos en la renacentista Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción y nos asalta a la mente una historia que hemos leído y que no deja de ser curiosa. La Iglesia fue mandada construir en el año 1559 por el Marqués de Estepa y en 1578 fue declarada parroquia siéndole concedida la pila baustismal en el año 1592. En 1833, Sierra de Yeguas deja de pertenecer al concejo de Estepa para integrarse en la provincia de Málaga, pero, sin embargo la iglesia de la Inmaculada Concepción no formó parte del Obispado de Málaga hasta la reciente fecha de 1960, una de las explicaciones que se ofrecen es que, perteneciendo la Iglesia a la Vicaría de Estepa tenía relación directa con Roma sin tener que pasar por la dirección del Obispado provincial. La aparente sencillez del templo de la Inmaculada Concepción contrasta con lo historiado de sus altares. Labrados en maderas nobles, recargados, sobre las pareces blancas ofrecen una trabajo artesano de primer orden en las numerosas imágenes que acogen. Los altares se abren a uno y otro lado de la nave principal. Un grupo de mujeres entran y realizan ofrendas florales a los santos y santas que se veneran en la parroquia. El interior de la iglesia es fresco y agradable. Para ser un municipio relativamente pequeño, Sierra de Yeguas cuenta con dos hermandades, la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores y la Hermandad del Santísimo Cristo de la Vera Cruz que procesionan en semana santa.

Las calles y el paseo

Parten desde la Plaza de la Constitución numerosas calles por las que transitar. Sierra de Yeguas está situada en la llanura incipiente de la próxima campiña sevillana y eso le dota de calles sin cuestas ni pendientes, planas, ideales para el paseo. Sus casas son un muetsrario de la arquitectura popular andaluza. Casas bajas, de superficie cuadrangular o rectangular, con patios interiores y ventanas y portones enrejados, terrazas cuadradas y algunas solerías asomadas hacia la calle. Sierra de Yeguas se extiende, proyectando su caserío hacia los infinitos campos de olivos. Nos perdemos entre sus calles, visitamos el mercado de abastos, situado más allá de uno de los vértices de la iglesia, es una plaza interior porticada donde se venden hostalizas, pescados, chacinas y charcutería, carnes, verduras, frutas, etc, en unos puestos no muy grandes pero generosos en contenido. La Plaza de la Libertad, donde los jueves hay mercadillo, el exterior de las hermandades con sus portadas historiadas. Caminamos y nos mezclamos entre sus gentes. Cuando el calor cae a plomo en la hora del mediodía, los serranos se refugian en la Plaza de Andalucía. Los mayores buscan la sombra, se visten con camisas de colores claros y se mueven según el sol va ocupando los lugares más sombríos.

Avituallamiento

En la esquina de la Plaza de la Libertad, muy próxima a la iglesia, nos topamos con el Bar El Cañero. Una tasca típica donde los parroquianos degustan algunas tapas y raciones en el tiempo del mediodía. Es un recinto popular, con mucho movimiento, una pequeña terraza en el exterior y dos mesas en el interior. Para degustar... chopitos, porra, callos, menudillos, panceta, todas tapas y raciones tradicionales. Preguntamos y nos dejamos guiar: 2 cañas, 1 tapa de chopito y 1 tapa de guarrito con huevo de codorniz, 2,40 euros. A lo que hay que añadir buena conversación con cierto tono de guaasa que hace al visitante sentirse de manera inmediata uno más.




Despedida

Regresamos al automóvil y optamos por regresar por el camino por el que hemos venido, un tanto más largo y peor acondicionado, pero que transita entre el perfume de esa tierra rojiza y el bosque de olivos que se extiende sobre el horizonte. Dejamos una estela de polvo tras de nosotros, estela que nos guiará, más pronto o más tarde, de nuevo a Sierra de Yeguas.

Consejos y enlaces de interés

Senderismo: Si se van a realizar algunas de las rutas propuestas conviene llevar calzado cómodo y abundante agua. El camino es sencillo de trazado, pero el calor aprieta en el tiempo del verano. No está demás preguntar a algún serrano algunas indicaciones más sobre la ruta antes de salir. Es recomendable llevar unaos prismáticos por si se ofrece la posibilidad de avistar flamencos. El pdf de senderismo se puede descargar en este enlace: Senderismo Sierra de Yeguas.
Feria del Espárrago: para aquellos que gustende la gastronomía comentar que en abril se celebra la Feria del Espárrago, donde se distribuyen de manera gratuíta cerca de 6.000 kilos de espárragos.
Enlaces de ineterés: Por cononer más la historia y la vida popular de Sierra de Yeguas ofrecemos aquí varios enlaces. El blog de Antonio Solís, que ofrece una información histórica muy detallada. La web de la cineasta Mari Quesada, donde se puede disfrutar de algunos cortometrajes. La página de Federico Sánchez Torres, que ofrece recreaciones de espisodios históricos serranos y algunos vídeos de naturaleza. Por último, un blog estupendo dedicado al recetario serrano y elaborado por el Módulo de Turismo Rural del Ayuntamiento de Sierra de Yeguas.
Información general: Utilizamos la página web del Patronato de Turismo como referencia, además de la web municipal y la página SierradeYeguas.com.

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14 MONTEJAQUE: ASOMADA AL ABISMO DEL HUNDIDERO

martes, 14 de julio de 2009

Montejaque tiene dos secretos y una historia fallida. Secretos que hablan de llanos impensables escondidos tras promontorios de rocas. Secretos que hablan de profundos accesos hundidos en el corazón de la tierra. Historias que cuéntan cómo la naturaleza vence al ser humano en su deseo de acotar un río entres sus manos. Montejaque y el misterio de sus cuatro letras P.O.E.M. Montejaque que en árabe se tradujo como "montaña perdida". Montejaque rodeado de Mures, Tavizna y Hacho. Montejaque de luchadores por la libertad. Montejaque de leyendas.

Donde Montejaque palpita

Abrazado por abruptas colinas de caliza. Montejaque extiende su red de calles desde la llanura hasta las primeras estribaciones rocosas. Laberinto de callejas que se quiebran una y otra vez... Conducimos hasta el corazón mismo del centro urbano, hasta la plaza de la Constitución, frente al ayuntamiento y junto a la iglesia. Desde este corazón neurálgico podremos ir andando casi a cualquier lugar. Montejaque es un lugar propicio para el turismo rural, nos lo demuestra la gran cantidad de establecimientos hoteleros de este tipo que se encuentran en el corazón del pueblo y en las inmediaciones. Turismo rural que combina a la perfección con el turismo activo, son numerosas las rutas, sendas, etc... que se pueden realizar en los alrededores. El dédalo de sus calles provoca sombras que cortan las paredes y un juego intenso de claroscuros hace que la sensación de quiebros sea aún mayor. Además, algunas de sus esquinas están acantonadas, no terminan de manera rectilínea, si no que muestran un bisel que las redondea hacia dentro de esta manera todo parece una juego de arcos inexistentes. Caminamos hacia la puerta de la Iglesia Parroquial de Santiago el Mayor. Su torre compite en altura con las montañas que rodean el pueblo. Se recorta sobre el azul del cielo con precisión quirúrgica, mientras que la cima que permenece, inalterable, a su lado parece un monton de rocas apiñadas una sobre otra de forma perfectamente irregular. Es una iglesia de grandes proporciones que ofrece uno de sus laterales como uno de los cuatro lados del rectángulo que forma la plaza, además, se une a una de las casas próximas a través de un arquerío de tres ojos. Su campanario se ribetea de amarillo y forma media docena de líneas de diferente grosor.

La guerrilla

Caminamos por el lateral donde se encuentra la puerta y al doblar la esquina nos encontramos con la Plazuela de los Voluntarios por la Libertad. Bajo una cruz, un panel cerámico cuenta algunas de sus historias "La Guerrilla: desde los lejanos tiempos de la rebelión morisca, estas tierras fueron testigo de la acción de muchos montejaqueños, deseosos de liberarse de toda clase de opresión, ya fuera religiosa, política o social. Nombres como los de Francisco de Quexí, José Aguilar o de aquellos otros que por aquí anduvieron: Omar Ben Hafsun, José Mª "El Tempranillo" o "Pasos Largos" resuenan aún en la memoria popular con claras connotaciones de coraje, valentía y generosidad. Unas veces lucharon contra los castellanos, otras contra los invasores franceses, contra las ideas absolutistas o, simplemente, mirando por la propia supervivencia. En época reciente, finalizada la guerra civil anduvo tirada por estas sierras una partida guerrillera capitaneada por Bernabé López Calle, claro exponente de la indomable voluntad de servicio a su legalidad y a sus propios ideales. Muchos fueron con él los que perdieron la vida en el monte empecinados como estaban en no reconocer la nueva realidad histórica en que se hallaba inmerso el país". Contamos aquí esto para mostrar el coraje de una población que ha sabido dominar el influjo de las montañas y hacer de este lugar entre el roquerío un hermoso sitio. Un ejemplo de este carácter montejaqueño está personificado en José de Aguilar que contituyó una guerrilla para luchar contra las tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia. El 20 de octubre de 1810, José de Aguilar, con una tropa formada por 250 hombres conformaron una milicia popular capaz de derrotar a 600 soldados y 90 jinetes franceses en el puente del río Gaduares.

Entre sus calles

Caminamos por entre las calles y nos percatamos que muchas de las casas llevan nombre propio como Casa Niña Catalina, Casa del Abuelo, Casa Anita y Manolo, personificando así el contienente junto al contenido. Montejaque es un pueblo aseadísimo donde en el verano el calor aprieta sin concesiones. La piedra permenece siempre presente en el punto de fuga de las calles, se mire hacia donde se mire se ven el roquerío o sus estribaciones. Posee el municipio algunos rincones llenos de poesía y misterio ganados a la montaña, para ofrecer a las casas un patio mínimo a su cobijo. Parecen un ejemplo de complementareidad entre la construcción humana y la naturaleza. Su trazado, caótico, es propicio para sorpresas, regalos que nos ofrece su arquitectura popular de claras reminiscencias árabes. Observamos en nuestro paseo que el escudo del pueblo, situado en algunas de las casas y en cierto mobiliario urbano, incluye las letras P.O.E.M. Tras indagar descubrimos la historia del escudo que se adoptó en 1979 tras el estudio de algunos sellos de autentificación realizados en el siglo XIX. En ellos aparecia un castillo (que podrían hacer referencia al castillo de origen árabe que pudo dituarse en la cima del monte sobre cuya falda descansa el pueblo) acompañados de las letras P.O.E.M. Hasta el día de hoy no se ha resuelto a ciencia cierta el acertijo de este acronismo, auque tras una decisión en pleno municipal a 12 de mayo de 1987 popularmente se traduce como "Populorum Omnium Excelsior Montejaque" cuyo significado es "Montejaque el más ilustre de todos los pueblos". Aún se está a la espera de saber su significado exacto. Envueltos en este misterio abandonamos el centro para dirigirnos hasta el Lavadero de la Fuente Vieja.

El Lavadero de la Fuente Vieja

El Lavadero se sitúa casi a la entrada del centro urbano y fue punto de reunión de mujeres desde tiempos inmemoriales. La ausencia de agua corriente en las casas obligaba a las mujeres de la familia a transportar la ropa sucia hasta este lavadero donde asearla para un nuevo uso. Allí se departía, se charlaba, se cantaba y se trabajaba duro. El jabón que se utilizaba era completamente narural y se realizaba de manera manual en las casas con el aceite usado. La fuente vieja fue habilitada para su uso exclusivo como lavadero municipal allá por 1845, ya que las mujeres tendían la ropa al sol alrededor de la fuente nueva, una más próxima al pueblo, que con el crecimiento del mismo hizo que la ropa tendida molestara a sus vecinos. Así se colocó la placa que aún se conserva que dice "Se proibe lavar bajo la multa de una peseta. Año de 1870". El Lavadero de la Fuente Vieja es ahora un pequeño museo inaugurado recientemente. Salimos del pueblo con un sólo objetivo: el abismo del Hundidero.

Camino del abismo y la historia de la presa fallida

Antes de llegar al centro urbano tomamos la carretera de Algodonales-Sevilla, un tramo de muchas curvas que en apenas 10 minutos nos lleva hasta el acceso al complejo hídrico Hundidero-Gato, un abismo que se hunde en la tierra hasta llegar al vecino pueblo de Benaoján, desembocando en la llamada Cueva del Gato. Está bien indicado. Se llega a una explanada y se puede bajar caminando desde allí. Una pista comunica esa explanada con la presa y la bajada hacia el tajo, pero es necesario comprobar si hay ya coches aparcados pàra no atorar el camino. Antes de continuar resulta obligado contar una historia. A principios del siglo XX, se gestó la idea de construir una presa en el río Gaduares, justo antes de su desaparición por la sima del Hundidero con la intención de crear una fuente permanente de energía electrica. Tras diversos estudios y acondicionamientos de carreteras la presa se construyó aprovechando las estribaciones del tajo del Hundidero, una auténtica herida abierta en el campo que desciende hasta la apertura del sistema de Hundidero-Gato. Pero el aliviadero de la presa nunca llegó a funcionar. La presa nunca se llenó. Las dos llenadas más grandes registradas fueron las de 1941 y 1947. ¿Cuál era la causa? Los ingenieros que construyeron la presa no tuvieron en cuenta las filtraciones. El agua acumulada en el embalse se filtraba gracias a la porosidad de las rocas y hacía que el río siguiera alimentándose más abajo. Un fallo de previsión que dejó como testigo inmutable e impresionante el sistema de muros de contención de una presa vacía. Aún con todo, los ingenieros no cejaron en su empeño y pusieron otro ingenuo plan en marcha: impermeablizar la entrada al sistema hídrico del Hundidero Gato, es decir, intentar impermeabilizar una sima de 5 killómetros de largo. Así, en 1929 se dispusieron dos cuadrillas de 10 hombres cada una que entrarían a la vez por El Hundidero y su desembocadura en la Cueva del Gato para inspeccionar la cavidad hasta entonces nunca atravesada. Las dos cuadrillas, armadas con lámparas de carburo, escalas de cuerda y barcazas construidas con bidones vacíos tardaron 30 días en recorrerla. Se encontraron en el centro de la cueva, localizándose a base de voces. Relataron, tras encontrarse y salir de aquel sistema de cuevas, las bellezas que encontraron en su interior. Era una sima de extrañas formas, elaboradas por el paso del agua a través de los siglos, una maravilla geológica que se ha convertido con el paso de los años en uno de los atractivos más destacados para los amantes de la espeleología. En septiembre de 1929 quedó concluida la obra del camino interior de la cueva. Pero el agua, pese al intento de taponamiento de las grietas siempre buscaba nuevos recorridos para escapar. La Guerra Civil terminó con la idea de continuar con este proyecto faraónico y hoy día es paraíso de aventureros y espeleólogos. Las personas que han transitado esta enorme cañería natural cuentan cómo aún se observan indicios de aquellos trabajos infructuosos. Escaleras de madera derruidas, algunos puentes y diversos restos de actividad humana. El fracaso fue evidente, y ahora sólo queda ese monumento de la petulancia del ser humano y de la victoria de la naturaleza.

El Hundidero: sobrecogedor

Con esta historia sabida, se hace aún más impresionante el descenso hasta la boca de El Hundidero. Hemos dejado el coche aparcado en una pequeña explanada al inicio de la bajada. Conviene ir documentado ya que la zona es de alto valor ecológico y no es raro que agentes del SEPRONA se encuentren por los alrededores. Solicitar la documentación sólo es una trámite de chequeo para saber quién es la persona que circula por este paraje. Desde aquí ya vemos la presa fallida. Su acceso está cerrado por lógica precaución. Comenzamos el descenso por unas escaleras de piedra. Es un camino empinado que luego hay que volver a subir. Una gruesa maroma de acero recubierta de plástico hace las veces de barandilla. Aún no vemos el fondo, sólo descendemos por el serprenteante camino dirección al tajo del Hundidero. Al llegar a un tramo las escaleras se empinan aún más y se puede ver la parte superior de la boca del Hundidero, como una herida abierta de manera transversal en la pared de roca. Estar aquí abajo es sobrecogedor. Ahora mismo estamos en el fondo de lo que pudo ser camino del aliviadero de la presa. Contemplar las moles de piedra que se yerguen a nuestro alrededor, impone. Sólo se oye el eco sordo de algunas chicharras, amortiguado por las paredes. No podemos dejar de mirar hacia arriba. Continuamos por el sendero, perfectamente marcado, hasta la entrada del Hundidero. No se ve en su totalidad hasta dar una curva oculta por unos matorrales. Ahí está. Una boca que parece gritar, una herida sobre la pared. En el fondo, justo antes de la entrada un pozo nos saluda. Su brocal es alto y hay que apoyarse sobre una piedra para asomarse a un ojo oscuro, negro y del que no se puede ver el fondo. Unos pasos más y allí estamos. Nos enmudece. Sólo podemos mirar y mirar. Escuchamos el ulular de un búho. Sentados en la entrada de esta sima, en silencio, apoyamos la espalda en el brocal del pozo y nos percatamos de lo frágil que resulta el ser humano. Es imponente, pavoroso y conmovedor. Conmovedor. Imponente. Pavoroso.

Consejos útiles y enlaces de interés

Consejos útiles: No descender hasta el Hundidero en las horas centrales del día, es una camino mo muy largo, pero sí muy empinado que luego hay que volver a subir y aunque no tiene ninguna dificultad sí es cierto que cuesta un tanto. Llevar agua y calzado cómodo.
Otras visitas: Se puede llegar hasta los Llanos de Líbar, una soprendente llanura plantada de cereal y situada entre montañas.
El Hundidero: Son numerosas las páginas web que hablan del sistema Hundidero gato. Vayan aquí sólo algunois enlaces Junta de Andalucía, el enlace a un vídeo de Planetaventura, la posibilidad de realizar la ruta con Pangea Aventura, la página de la Federación Andaluza de Espeleología o el Sistema Hundidero-Gato.
Enlaces útiles: La página web municipal de Montejaque, y como referencia la web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol.

Este blog queda abierto a todas las sugerencias y recomendaciones de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta y cuantas más opciones haya, mejor. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.

13 BENAOJÁN: CUANDO EL HOMBRE SOÑÓ CON VOLAR

martes, 7 de julio de 2009

Bajo el influjo de Ronda, entre campos de cereal y picos calizos que sobresalen aquí y allá como auténticos hitos de piedra, ahí está Benaoján. En las llanuras de esta meseta se podría trazar un mapa imaginario uniendo sus cumbres, una red de cimas, un sostén que amparara los campos de olivos, los cortijos y haciendas, los terrenos de cultivo. Establecen estas cimas un horizonte de tonos grises y dejan, con su rotundidad, constancia de su presencia milenaria. Testigos del rumor del hombre por estas tierras, de su pasado prehistórico, árabe, visigótico, bandolero, guerrillero, maqui, agrícola.... Las cimas son las que han hecho a los serranos como son, y han marcado sus vidas cotidianas y su historia. Hacia ellas nos dirigimos. Se observan, entre el cereal, los manchones amarillos de los campos de girasoles que pintan y dan color sobreimpresos al horizonte calizo. Hemos dejado atrás Ronda y hemos puesto rumbo a los peñascos situados al oeste, cuyas laderas permanecen alfombradas de campos verdes y jaras. Las lomas ascienden y descienden en un vaivén permanente. El camino discurre paralelo a la vía férrea que une Bobadilla con Algeciras que apuntamos para un próximo recorrido en tren.


La Cueva del Gato


Poco antes de llegar al centro urbano de Benaoján nos topamos con la primera de nuestras visitas: La Cueva del Gato. La enorme hendidura que se abre sobre la ladera inferior de un pico nos sobrecoge. Paramos. Es la entrada (o la salida) a la Cueva del Gato. Es un enorme túnel de 4,5 kilómetros de largo que discurre desde la vecina Montejaque a través de El Hundidero (del que hablaremos la semana que viene) hasta su salida en Benaoján con la Cueva del Gato. Por su interior discurre el Río Gaduares. La cueva es muy apreciada por espeléologos y deportistas gracias a la espectacularidad de su interior en la que estalactitas y estalagmitas realizan formas imposibles. Para visitarla se necesita un permiso especial de medio ambiente. Richard Tais la descubrió para el mundo en 1772. Una indicación nos señala: 50 metros para el mirador de la Cueva del Gato. Aunque la Cueva se ve desde la carretera, no está especialmente bien señalizada, así que conviene que el viajero permanezca atento a su derecha. Se puede acceder con el coche hasta casi la misma entrada. Estacionamos, cruzamos un puente de madera por encima del Guadiaro, pasamos bajo las vías del tren y accedemos a los prolegómenos de la boca de entrada. En el camino nos acompaña el río, nos invade el frescor entre los rumores del agua y la sombra de los árboles. Presentimos una cascada. Y la vemos, de cerca. Una explanada arbolada con un pequeño lago a la izquierda y dos puestos de barbacoa a la derecha precenden la entrada a la sima. Es impresionante. La cascada presentida cae desde la boca y alimenta el lago. Se puede acceder hasta la misma entrada a través de una serie de escalones excavados en la roca. Impresiona. Mucho. Se asemeja a una gran y dentada boca dispuesta a devorarnos. El agua cristalina que se desprende desde su interior refresca todo el ambiente. Los pajaros entran y salen entre chillidos. Pozas y pozas saludan a los viajeros intrépidos. Optamos por no seguir. Hay que estar preparado y equipado para continuar. Salimos de sus fauces hacia el vergel de su desembocadura donde un grupo familiar está disponinedo mesas y sillas y remojando en el lago sandías y bebidas. El agua está fría. Ideal para refrescarse. Imprescindible la visita.
En el parking de entrada a la Cueva hay un restaurante, bar, casa rural para aquellos que dispongan de tiempo o deseen quedarse a dormir frente a la boca de la cueva. No se podía llamar de otra manera: Hotel Cueva del Gato.
Salimos a la carretera y continuamos dirección Benaoján. Entramos en el Parque Natural Sierra de Grazalema e inmediatamente después cruzamos el río Guadiaro. Dejamos a la izquierda la entrada a Benaoján estación y, tras una curva, nos encontramos en el centro urbano.

video

Desde el centro urbano hasta la Cueva de la Pileta

La Cueva de la Pileta, uno de nuestros objetivos de este viaje, cierra por la mañana a las 13:00 horas, así que optamos por visitarla primero y después acudir al centro urbano en el que perdernos. La carretera de acceso a la cueva circunvalando el municipio (a 4,5 kilómetros) está cortada, así que hemos de atravesar las angostísimas calles del pueblo para, según indicaciones de los benaojanos, poder acceder a la carretera que nos llevará hasta la cueva. Pasada la Plaza de la Constitución y un poco más adelante del bar Eel Tajillo se encuentra la "temida cuesta", una estrecha y empinada calle en zig zag que el coche sube a duras penas en primera. Un intento fallido, dos intentos fallidos, al tercer intento... también fallamos. Un vecino se ofrece voluntario para echarnos una mano. Se monta en el coche y sube el tramo más empinado. Desde allí todo es más sencillo. Una vez en la carretera llegamos sin pérdida hasta el parking de la Cueva de la Pileta.

El acceso y la historia de la Cueva de la Pileta


El acceso hasta la angosta entrada de la Cueva está precedido de una serie de escaleras de piedra que culminan, tras una buena subida a través de un sendero, en una pequeña explanada. En esa explanada encontramos una cabaña de madera y un techado bajo el que cobijarnos del sol. En la cabaña venden refrescos, agua, ofrecen información de la cueva y de la zona. 2 aguas, 1,60 euros. La visita dura aproximadamente una hora, medio kilómetro de ida y medio de vuelta.
La historia de su descubrimiento es una historia de delicadeza y honda sabiduría popular. Era el año 1905, José Bullón, agricultor de la zona, decidió hurgar en el interior de la gruta para buscar guano, el excremento de los murciélagos que se utilizaba como combustible y abono para las tierras. Atado a una soga salvó unos treinta metros de desnivel hasta llegar al fondo. Allí se encontró con algunos guijarros que los lugareños tiraban para comprobar la profundidad de aquella sima que a principios del siglo XX era conocida como de Las Grajas. Inspeccionando los alrededores y en casi una completa oscuridad descubrió restos cerámicos y óseos apiñados. Eso no había llegado hasta allí por casualidad. Se internó algo más en la cueva y en una de sus paredes descubrió trazos de pintura negra que formaban algunas imágenes. Allí habían vivido seres humanos. Días más tarde regresó a la cueva, sus imágenes y su descubrimiento no le permitían dormir. Por el día trabajaba en el campo, en la noche, después de cenar subía hasta la sima y excavaba unos escaloncitos para hacerla practicable. A su regreso, detallaba a su mujer y a sus hijos los nuevos descubrimientos: más pinturas, más cavidades, más bóvedas enormes, más formaciones rocosas, más "retratos". En 1909, José comenzó a enseñar a algunos vecinos el descubrimiento de este nuevo mundo bajo tierra. La historia se propagó como el fuego. Muchas noches, José hubo de montar guardia para que nadie se llevará los tesoros prehistóricos allí encontrados. En la primavera de 1909, el ornitólogo Willoughby Verner visitó la cueva y quedó fascinado. Regresó acompañado de dos prehistoriadores Hugo Obermaier y Henri Breuill. Tras su repaso científico , en 1912 Henri Breuill le dijo a José Bullón "No permitas que nada dañe la cueva. Sus pinturas son un tesoro que no tiene precio", hasta hoy, En el año 2005 La Pileta cumplió 100 años. La familia Bullón sigue al frente de la misma. La cueva se encuentra en perfecto estado de conservación y algunas de sus pinturas son sobrecogedoras. El 25 de abril de 1924 la Cueva de La Pileta fue declarada Monumento Nacional. La información referente a la historia de la Cueva de la Pileta está extraida del libro "Cueva de la Pileta: acontecimientos históricos más importantes sobre La Pileta y la Familioa Bullón (1905 - 2005)". Libro que se puede adquirir a la salida de la sima por el módico precio de 10 euros.

La Cueva de la Pileta

Esperamos bajo una sombra. La visita no es recomendable para personas de corazón o de poca agilidad, nos advierte un letrero. Los grupos han de ser de 25 personas con una horario de 10:00 horas a 13:00 horas y de 16:00 horas a 18:00 horas. Cuando los grupos son de más de 10, el precio es de 7 euros, los niños de 5 a 12, 5 euros y los estudiantes en grupo, 5 euros. Tras la espera, nuestro guía, bisnieto del descubridor, José Bullón Lobato, nos indica: No fotos. No video. No animales... Ofrece a los viajeros una lámpara de gas para cada cinco. Aquí comienza un viaje de apenas un kilómetro pero que nos trasladará a 20.000 años atrás, al pasado más remoto del ser humano. Se encienden las candelas. Se cierra la puerta. Comienza el viaje.
Una hora más tarde, salimos con la sensación de ser, realmente, unos privilegiados. La Cueva es hermosa, grandiosa y preciosista. La naturaleza la ha dotado de unas formas y colores portentosos y el ser humano de unas pinturas rupestres que hacen volar la imaginación. Calendarios, animales, hombres, flechas... y dos figuras especiales: el pez y un ícaro. No narraremos aquí qué es La Pileta. Sólo diremos que es una visita imprescindible, que constituye un patrimonio único y que sobrecoge pensar que allí mismo, en un lugar prácticamente inalterado, hace 20.000 años, el antepasado de los serranos actuales vivió, durmió, se relacionó y cosntituyó una sociedad que le permitió soñar con hombres que volaban y pintar sobre las paredes peces que se encontraban a distancias imposibles. La luz del día nos ciega y, desde la altura de la boca de entrada a la cueva sólo se puede reflexionar acerca de quiénes somos y de dónde venimos. La familia Bullón ha hecho aquí un trabajo de conservación excelente. No en vano, una de sus frases es "Sal de ella con la seguridad de que cuando vuelvas la encontrarás tal cual está". Ante el respeto y por la prohibición de sacar fotografías, vayan aquí estos dos vídeos donde se recogen imágenes de su interior. El primero es la formación geológica de la cueva y el segundo de las pinturas rupestres.






En el pueblo


Benaoján es un municipio de estrechísimas calles y angostas ascensiones. El trazado resulta completamente irregular. Dadas estas características y la quimera que puede resultar encontrar aparcamiento en el centro, lo más aconsejable es estacionar en la parte baja del municipio y caminar por entre el dédalo de sus callejas. Ascendemos por la calle Presbítero Juan Moreno hasta la Plaza de la Cosntitución donde encontramos el ayuntamiento, la iglesia y un buzón desde el que enviar nuestra postales. Posee Benaoján el encanto de lo sencillo, sin alharacas, la esencia misma de la sierra malagueña sin concesiones al escaparatismo. Perderse entre sus calles es caminar entre la historia viva. Como núcleo central de la población se alza la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, sin duda epicentro benaojano. La Iglesia, amplia en extensión, se encuentra curiosamente emplazada. Casi de manera oblicua ofrece su pórtico en chaflán a los visitantes tras una escalera a dos aguas. Su torre, ribeteada de rojos, al igual que algunas de sus estribaciones y tirantes ofrece un aire de moderno y soberbio. Las calles de Benaoján están repletas de macetas, arriates y flores que salpican las esquinas. Sus callejas son un quebrado juego del escondite por el que perderse. Cabe destacar de su arquitectura popular los arcos que unen las casas por encima de la calle. Sencillos arcos de medio punto de los que penden tiestos floreados. Preguntamos a algunos benaojanos por este particular, pero no obtenemos respuesta satisfactoria. Destila este municipio esa esencia propia de la sierra malagueña donde prima el aroma denso del cereal y del olivo, el perfume intenso de las flores y su contundente gastronomía. Preside Benaoján una mole granítica anterior a los hombres que la habitaron como un eterno vigia de sus vecinos.

Los bartolitos de El Tajillo

Tras los paseos por la Cueva del Gato, por la Pileta y por las cuestas del centro se nos ha abierto, con razón y por la hora, el apetito. Escrutada una benaojana por esta querencia nos señala que en el pueblo hay muchos bares donde se come bien y se come casero y a un precio razonable, pero que si tiene que recomendar uno, nos recomienda El Tajilllo, que está un poco más allá de la iglesia, antes de subir la "temida cuesta" hacia la carretera de La Pileta y por el que ya hemos pasado. Ponemos rumbo hacia allí. Aunque el bar en cuestión tiene una terraza, optamos por el frecor acondicionado del interior y refugiarnos así del fuego de la tarde. El Tajillo es un bar de raciones y tapas, un lugar popular con carta sobre una pizarra y recomendaciones del barman. Nos dejamos guiar: 2 cañas, 2 refrescos de cola, 1\2 ración de bartolitos, 1 churrasco de pollo, 2 montaditos de panceta y 2 montaditos de filete, total: 18, 50 euros. Hemos de decir que el bartolito es una variante del flamenquín (jamor york enrollado y rebozado en pan rallado) relleno también de queso y acompañado por una ensaladita con aroma de ajo. Los montaditos de panceta están decorados con dos filetitos de aguacate, y el churrasco de pollo, delicioso. No podemos más que mostrar nuestra complacencia a la cocinera cuando en un impasse sale de sus fogones. Tras un rato de amigable charla, decidimos poner rumbo de regreso. Salimos al fuego de la calle y caminamos por el laberinto desierto hasta el estacionamiento del coche.

Despedida

Dejamos atrás Benaoján, con su peñón que la preside. Y atrás dejamos la experiencia de descubrir que nuestros antepasados quizá soñaran con volar y que el valor y cariño de un agricultor salvó del probable expolio a una de las cuevas de arte rupestre mejor conservadas de la península. Dejamos atrás las emociones de habernos introducido en las fauces de la Cueva del Gato y el sabor del bartolito aún en nuestros paladares. Benaoján ha sido un descubrimiento, un municipio que ha sabido conservar sus esencias sin venderse, que mantiene el espíritu indómito de los antiguos habitantes serranos. Benaoján "Hijos de Ben" o quizá "casa del Panadero", Ibn Uyan. Benaoján para regresar.

Enlaces útiles y consejos

La Cueva de la Pileta: Es muy recomndable visitar su página web (www.cuevadelapileta.com), donde se detalla la historia, el arte rupestre de su interior, se adjuntan fotografías y vídeos. Recordamos aquí los horarios de visitas que son de 10:00h a 13:00 y de 16:00 a 18:00. Una recomendación personal para la visita es llevar calzado cómodo y, al ser posible, anti-resbalones, ya que el interior de la Pileta es muy húmedo y en el suelo hay cierta pátina que puede ayudarnos a resbalar. Recomendable es también el libro antes citado, donde se detalla la que consideramos historia apasionante de su hallazgo y conservación.
La Cueva del Gato: Hay empresas como Pangea Active Nature que organizan excursiones semiprofesionales al interior de la cueva por 68 euros. Aviso para temerarios, la Cueva del Gato tiene su principal peligro en las crecidas imprevistas del río Gaduares.
Compras: Benaoján tiene una industria chacinera de primer orden. Hay muchas tiendas y fábricas que la ofrecen a buenos precios. La industria chacinera en el municipio trasciende lo económico para convertirse en tradición popular, de hecho en diciembre se celebra la Feria de la Chacina.
Enlaces de interés: además de los ya citados, destacar la págfina web municipal de Benaoján donde se alientan más actividades de turismo, y las págfina no institucionales Benaoján.net y Benaojan.com, y como guía de refrencia la Página Web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol.

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