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EN / 07 LA LAGUNA DE FUENTE DE PIEDRA: El oasis imposible

martes, 12 de julio de 2011

El estío tiñe de ocres, cobrizos y amarillos las riberas de la laguna. Aparece la lámina de agua como un espejismo, como un anhelo, centelleante. Rielan lo rayos de sol sobre su superficie, jugando un juego de equívocos, de engaños, de certezas vagas. Una nube blanca aquí y allá, reposada sobre el agua. Se agitan las alas y parecen destellos rosáceos. El calor aprieta y el flamenco esquivo se hace presente en bandadas, en solitario, en pequeños grupos. Parecen saberse protegidos y pese al rumor humano que les cerca, permanecen impasibles, introduciendo sus picos ganchudos en el mar leve de la laguna, caminando con sus largas patas semisumergidas, cloqueando. Todo cobra cierto aspecto irreal. Los vapores de la tierra nublan con sus vaharadas de calor el horizonte próximo. Parece un oasis, una aparición en mitad de la llanura olivarera. En los ribazos destaca el rastro del salitre que deja el agua evaporada. Esa sal que atrajo a la codicia humana y dos intentos de matar la laguna para siempre con su desecación en 1835 y en 1969. Triunfó la naturaleza en su envite con el hombre. Ahora, hoy en día, la Laguna de Fuente de Piedra es uno de los humedales más complejos y ricos de Andalucía y de España. Hace calor. Un flamenco bate las aguas y despega con delicadeza.

La Laguna de Fuente de Piedra

Fueron los romanos, los primeros en descubrir la riqueza salinera de la laguna. Ya en el año 418 se habían asentado en el territorio explotando las salinas naturales que el tiempo de secano dejaba al descubierto. La explotación del terreno se mantuvo de manera casi permanente hasta mediados del siglo XX. En 1951 cerraba la última de las fábricas dedicadas a esta labor. Esta constante presencia humana modificó el vaso lagunar, impidiendo durante años a ciertas aves acuáticas como los flamencos y a algunas especies limícolas desarrollarse en plenitud. Desde esa fecha, la familia de flamencos fue en aumento y las autoridades se vieron en la necesidad de proteger su cría y nidificación. Fuente de Piedra es paso obligado entre Europa y África para las migraciones de las aves, y ahí radica su importancia. El 11 de enero de 1984 fue declarada Reserva Natural.
Con 1.354 hectáreas de extensión la Laguna de Fuente de Piedra es el complejo lagunar más extenso de Andalucía y uno de los humedales más importantes de España. La nidificación de numerosas especias de avifauna y en especial de los flamencos hace de este enclave un lugar de especial protección. Tal es así que tras la laguna de Camarga en Francia, Fuente de Piedra, es el segundo lugar en importancia dentro de toda Europa y el Mediterráneo para la nidificación de los flamencos. En agosto de 1990 se llegaron a registrar 50.010 ejemplares de las 170 especies de flamencos catalogadas. En nuestro viaje, y preguntado el personal del centro de visitantes nos indican que hay unos 12.000 ejemplares y 90 centímetros de profundidad en el agua, ambas cifras más que destacadas para la época estival. El control exhaustivo de todos estos datos y el cuidado y mimo con el que se cuida el entorno de la laguna son indispensables para la supervivencia de su delicado ecosistema. Éste se encuentra sometido a las arbitrariedades meteorológicas y a la estacionalidad, cambiando su aspecto a lo largo del año, pero sin restarle una pizca de belleza aún cuando el vaso lagunar permanece casi vacío en el estío. Uno de esos mimos, controles y cuidados es el anillamiento de los ejemplares de flamencos, que se realiza anualmente en un periodo que se sitúa entre julio y agosto, dependiendo de las condiciones ambientales y faunísticas.
El anillamiento es una fiesta medioambiental, solidaria, ecológica y necesaria a la que el Ayuntamiento de Fuente de Piedra y Medio Ambiente contribuyen con aliento y con trabajo. Tal y como se explica en la página web municipal: “Si las condiciones pluviométricas lo permiten, cada año los flamencos inician la reproducción a finales del invierno o comienzos de la primavera. El periodo de cría se extiende, según el número de parejas y la disponibilidad de alimento, hasta prácticamente finales del verano. Para poder hacer estudios sobre diferentes aspectos de la biología del flamenco, cuando los pollos alcanzan una determinada edad, se procede a su captura y marcaje. Se aprovecha que los pollos se reúnen en guarderías y que no pueden volar para, de madrugada, rodearlos e introducirlos en un corral previamente construido en las proximidades de la colonia de cría. Unos 300 voluntarios, procedentes de toda España e incluso del extranjero, son los encargados de realizar esta delicada operación”. La explicación es más extensa y se puede consultar en el siguiente enlace: Fuente de Piedra “Anillamiento de flamencos”.
Vamos a sumergirnos en la Laguna de Fuente de Piedra y la mejor manera de comenzar es en el centro de visitantes.

El Centro de Visitantes

Estacionamos en el parking de tierra. El calor aprieta y la sola visión de la laguna frente a nosotros parece una promesa de frescor. Vemos algunos ejemplares de flamencos muy próximos al gran edificio que preside el Cerro del Palo y que es el Centro de Visitante de la Laguna de Fuente de Piedra. Es imprescindible comenzar aquí. Conocer las propiedades de este ecosistema único e informarse de los servicios que se prestan desde el mismo nos va a ayudar a disfrutar más. El centro abre la vista, gracias a un enorme ventanal, a la gran superficie de la laguna. Los paneles explicativos, todos en aflamencados tonos rosas y blancos, detallan cómo es la vida y crecimiento de la avifauna en la Reserva Natural, qué especies hay en cada época del año, cómo funciona este ecosistema particular. En dos de esos paneles táctiles se puede escoger algunas de las aves que viven en la laguna y escuchar su graznido, cloqueo, chillido o trino particular.
El centro de visitantes ofrece además algunos servicios más que interesantes como son alquiler de prismáticos (3 euros la hora), alquiler de bicicletas, alquiler de carritos para niños (5 euros la hora) y quizá lo más destacdo e interesante, visitas guiadas. Se realizan tanto en inglés como en castellano, parten a las 12:00 horas del centro de visitantes y cuestan 6 euros por persona, es necesario reunir un grupo mínimo de 8 personas. La visita guiada, además de telescopios y monitores especializados permitirán al viajero entrar en observatorios cerrados al público en general. Y es que la Laguna de Fuente de Piedra está salpicada en todo su perímetro de diferentes observatorios, algunos de ellos de acceso libre y no restringido y otros de ellos de acceso para personal cualificado y a cuyo se exige el preceptivo permiso. Para los neófitos en la materia, la red de observatorios públicos abiertos permitirá una panorámica general del ecosistema y una visión extensa de la realidad del vaso lagunar y sus riberas.

La visita

Venimos pertrechados. Cámara de fotos, prismáticos, gorra y visera, agua (que también se puede adquirir en el centro de visitantes junto con el más variado merchandising), buen calzado, gafas de sol y ganas de caminar. Nuestra intención es recorrer los tres observatorios principales para los que no hace falta desplazarse en coche, esto es, el mirador Cerro del Palo, el mirador del Laguneto y el mirador de la Vicaría (situado a dos kilómetros de distancia). Bordeamos el centro de visitantes y en cien metros llegamos al mirador del Cerro del Palo. Bajo un árbol umbrío contemplamos la laguna. Un grupo nutrido de flamencos señorea sobre la superficie del agua, aquí y allí salpican sus nubes rosas y blancas. Reposan, hunden sus picos ganchudos en el agua, caminan con sus extraños andares, con las rodillas genuflexionadas, baten las alas, alzan el vuelo o amerizan otros. Junto a ellos, otras especies de avifauna. Se recogen en la laguna cigüeñuelas, ánades reales, pollas de agua, fochas comunes, zampullines chicos, gaviotas reidoras (a las que, sin duda escuchamos), somorgujos lavancos, zampullines cuellinegros… El hecho de que este ecosistema esté sometido a los rigores estacionales hace que la fauna y la flora también cambien a lo largo del año, así en invierno es fácil encontrar otras especies como la grulla, el tarro blanco, el pato cuchara, el chorlitejo patinegro, la garceta común o el pato colorado.
De la misma manera que en el perímetro de la laguna también coexistan dos ecosistemas distintos. El primero de ellos, sometido a la discrecionalidad del agua de lluvia de manera exclusiva y en el que se encuentran girasoles, olivos, encinas, cultivos de trigo, avena o cebada, y matorrales como el lentisco, la coscoja o el tomillo. El segundo de ellos, depende de la duración del encharcamiento, el grado de salinidad y la textura del suelo y en el que se encuentran carrizos, juncos, almajos, salicores, algunas gramíneas o rupias y algas en las aguas circundantes al vaso principal.
El espectáculo que tenemos ante nosotros resulta sobrecogedor, los colores distintos, las texturas que ofrece el paisaje, desde la bruñida superficie del agua hasta las retorcidas encinas o el plomizo cielo azul de verano. Se extiende nuestra mirada hasta el fondo de la laguna, donde salpican los cerros algunas fincas y haciendas blancas. Los olivos, las montañas pardas, los destellos albos de la zona conocida como las Albinas. Todo es contraste. Algunos grupos de turistas caminan por los senderos marcados, vallados y perfectamente señalizados.
Desde el mirador del Cerro del Palo nos dirigimos al próximo del Laguneto, apenas a 200 metros. Permanece casi vacío, no llega a 40 centímetros de agua en su parte más profunda. Tiene un color rojizo, producto del efecto salino. Zumban las libélulas. Caminamos en silencio dirección al mirador de las Albinas, procurando no elevar la voz. Los flamencos están muy cerca, no parecen asustados por la presencia humana y no vamos a ser nosotros los que les espantemos. Apenas veinte o treinta metros nos separan de ellos. Tiramos fotos. Una dos, tres. Observamos cómo se mueven, con una mezcla de elegancia y torpeza, de gracilidad un tanto descoyuntada. Seguimos el camino hasta un puente de madera que nos comunica con la zona de las Albinas, de las tierras blancas. El sendero que nos va a llevar hasta el mirador de la Vicaría tiene una longitud de 2,4 kilómetros y transcurre por una zona que en el siglo XIX fue desecada con el objeto de hacer cultivables estas tierras. La Consejería de Medio Ambiente adquirió estas fincas para regenerarlas y recuperar su carácter de estepas salinas. Precisamente es la sal la que tiñe su superficie del color albo tan característico. El sendero transcurre entre las desembocaduras de los arroyos Santillán y María Fernández. Caminamos, nos paramos, charlamos, tiramos fotos. Los juncos nos hurtan la vista de la laguna por momentos, que aparece y desaparece. Un lagarto ocelado cruza el camino apenas a un metro de nuestros pasos. Zumban los insectos, duermen algunos campos, suena un tractor allá. Se pierden los graznidos y cloqueos, los chapaleos en el agua, se recuperan. Dos ciclistas nos rebasan. Vemos allá la estructura de madera del observatorio y mirador de la Vicaría. Nos invade la naturaleza, pero lejos de sentirnos intrusos intuimos que formamos parte de este mismo ecosistema.
Llegamos hasta le mirador, un padre de habla inglesa y dos de sus hijas pequeñas (una de ellas pelirrojísima) observan las aves gracias a unos prismáticos, anotan en cuaderno con algunos dibujos. Vuelven a mirar, anotan de nuevo. Invadimos pacíficamente el mirador y se abre ante nosotros la perspectiva espectacular de la laguna de Fuente de Piedra. El centro urbano al fondo, el espejeo del sol sobre las aguas, las aves. Reposamos la caminata a la sombra. Mantenemos el silencio y nos dejamos embriagar por el horizonte. Descubrimos nuevos matices, nuevas imágenes. Nos sobrevuela un grupo de flamencos.

Despedida

En el silencio de la madrugada un grupo de voluntarios se adentra sigilosamente en las aguas de la laguna. Pertrechados con botas y pantalones impermeables, apartan los juncos y carrizos. Lo polluelos, de plumón negro y gris oscuro aún no pueden volar y se mecen en la quietud del nido. Invade su hogar la horda pacífica y es allí donde les anillan y catalogan. Meses más tarde, en la observación uno de esos mismos voluntarios armados con un telescopio verifica la identidad de un nuevo flamenco rosado. Aún se acuerda del número, de la letra, de la serie. Sonríe. Ese era uno de los suyos.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Además, la página web municipal de Fuente de Piedra ofrece todos los datos necesarios para visitar la laguna.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.



Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

EN / 05 LAGUNAS DE CAMPILLOS: El color

martes, 14 de junio de 2011

Es delicado y sutil , frágil. Un conjunto de lagunas que todos los años desaparecen en verano y renacen como un ave fénix en las estribaciones del invierno, en la primavera, para desaparecer de nuevo en la llegada del periodo estival. Frágil. Sutil. Delicado. Un ecosistema cíclico que cada año pugna por regresar, que con cada nueva estación muere y germina, desaparece y se reactiva. A cambio, ofrece al observador sentimental un paisaje de contrastes inverosímiles, de juegos de espejismos, de apariciones insólitas, de colores caleidoscópicos. Ahí está el verde y el azul y el blanco y el amarillo y el ocre y el caldera y el gris y el rosa y el negro. Todos presentes en este horizonte que palpita entre campos de cereal empacado, entre olivos grises, entre tractores solitarios, entre el silbido del tren. Las Lagunas de Campillos, un ecosistema único, sutil, frágil, delicado.



Reserva Natural de las Lagunas de Campillos

Fueron siete , pero la fragilidad a la que ya nos hemos referido hicieron que dos de ellas, la Redonda y la de Toro, desaparecieran hace años. Permanecen cinco en el término municipal de Campillos, son la laguna Dulce, la Salada, la de Camuñas, la de Capacete y la del Cerezo. Entre ellas se teje un hilo de caminos rurales, de paseos y trochas de campo, de carreteras secundarias y principales, de vías férreas, incluso por sus lares pasa una cañada real, la que comunica Ronda con Algeciras. De ahí que el viajero pueda recorrer las 1.126 hectáreas de Reserva Natural a pie, en bicicleta de montaña, a caballo o en coche (aunque el automóvil no permite llegar a todas ellas), disfrutando de la llanura del entorno y de su paisaje de olivos y acebuches, de cereal y de girasoles. Las Lagunas de Campillos tiene el tratamiento de Reserva Natural desde 1989 y su carácter fuertemente estacional hace que su visita y disfrute se limite entre el otoño entrado y la primavera larga. En épocas de sequía las lagunas pueden llegar a desaparecer por completo, dejando un espejismo blanco de salinidad consumida, un velo blanco reducido.

Las cinco lagunas y los campos

Dada la fragilidad estacional de las lagunas nos sorprende leer una noticia relativa al siglo XIX en la que se indicaba que los habitantes de Campillos utilizaban la laguna Dulce para realizar pesca deportiva. Se deriva de ahí que hace 150 años ésta podría no desecarse en verano y que la población de peces se mantuvo más o menos estable durante muchos años. Concretamente se hace referencia a un manuscrito datado en el año 1833 que confirma el hecho. Con esta idea rondando en nuestra cabeza estacionamos el coche. Nos pertrechamos. La laguna Dulce es grande, nada más descender del automóvil escuchamos los primeros sonidos que nos traslada, es un lenguaje único y universal a un tiempo. La red de humedales de Málaga está bien preparada, bien cuidada, en casi todos ellos nos encontramos una zona de avistamiento habilitada para poder contemplar la avifauna sin que sea molestada. De ahí que entre los pertrechos llevemos, además de la cámara y del bloc de notas, los prismáticos.
La observación requiere paciencia, tiempo. Primero se les escucha entre los carrizos y los juncos, movimientos, aleteos, graznidos, cloqueos, zambullidas. El primer y superficial vistazo muestra el que parece un paisaje estático, quieto. Con la segunda mirada, más profunda e intensa, todo comienza a moverse. Se observan los aleteos, las estelas volátiles de las orillas, los planeos sobre el aire caliente. Las piezas encajan como en un puzle. Se asocian los cloqueos a las estelas, los graznidos a los planeos, los aleteos a las zambullidas y comenzamos a poner nombres. Las aves acuáticas como los tarros, las garcetas, ánades, chorlitejos patinegros, correlimos, flamencos, cigüeñuelas, fochas y avocetas son los más abundantes y casi todos ellos visibles con cierta perseverancia. Acompañarse de un manual de la avifauna malagueña puede ser un buen complemento para disfrutar la visita al cien por cien. Parapetados en el puesto de observación y acodados sobre las repisas de madera vemos como las aves despliegan sus distintos compases de baile, con gracilidad, con agresividad, con suavidad, con maternal ternura. La población de aves de las lagunas de Campillos se comparte con la laguna de Fuente de Piedra, las de Archidona y la de la Ratosa en Alameda. Zona de paso y migración de las aves que circular de sur a norte y de norte a sur, este es territorio de alimentación y nidificación para algunas especies. Es más, un panel informativo nos propone una ruta que, en primavera, debe ser más que interesante. Son 22 kilómetros que se pueden realizar en unas 7 horas aproximadamente y nos llevaría desde esta laguna Dulce de Campillos hasta el Desfiladero de los Gaitanes en Ardales. Se puede realizar andando, en bicicleta de montaña o incluso a caballo. Recorre gran parte de la comarca del Guadalteba, visitando lugares destacados para contemplar la avifauna y se asegura que es un itinerario perfecto para los amantes de la ornitología. Tomamos nota.
Compartiendo las cinco lagunas de Campillos un pálpito común, cada una de ellas tiene su propia personalidad, ya sea por la proximidad de las tierras de cultivo, por el sobresalto casi telúrico al paso del tren, por su pasado con uso comercial, por su reducidísima estacionalidad… Así otra de las lagunas con historia en Campillos es la laguna Salada. Todo el complejo lagunar es de baja salinidad, pero hasta hace aproximadamente 50 años, los habitantes de la localidad extraían cloruro sódico de manera artesanal de esta laguna Salada. Se sitúa en el centro mismo del complejo, semiescondida tras una loma y junto con la de Capacete es la segunda en tamaño. En la laguna salada destaca su flora acuática, entre ella la Althenia orientales, la Chara áspera, la Chara galioides y la ruppia.
Nuestros paseos entre un humedal y otro nos permiten contemplar además otras especies animales. Las trochas que marcan los campos como una red de caminos imposibles nos permiten, con suerte, y casi por descuido y sorpresa otras especies como el lagarto ocelado, las culebras bastarda y viperina, la culebra de agua, la rana verde, los sapillos moteado y común, liebre y conejos, comadrejas, zorros… Todo el ecosistema se retroalimenta y nosotros solo somos viajeros de paso, así que importa más el capricho o descuido de algunos animales y reptiles de asomarse que nuestro empeño de verlos. Es un instante, una mota anaranjada que desaparece tras una aulaga, la estupefacción marrón y gris de un conejo en mitad de una trocha, el bisbiseo de una serpiente.
El camino entre la laguna Dulce y la de Capacete, pasando por el Cerezo y por Camuñas discurre entre campos. Imaginamos aquí al campesino de antaño, con sus acémilas cargadas de aceituna, con una ramita de romero en la boca, con su gorra para combatir el sol y la piel cobriza y tersa producto de la intemperie. Poco queda de todo aquello y los burros se sustituyen por tractores y empacadoras que saludan al mundo elevando al aire sus columnas de tierra ocre. Caminamos despacio, bajo el sol de la mañana. Permitimos paso libre a la brisa que de tanto en tanto nos refresca. Es imprescindible si se quiere hacer un recorrido circular entre las lagunas de Campillos llevar agua. El paseo no es muy largo y discurre de forma prácticamente llana, ideal para un recorrido suave en mountain bike, sin embargo no se aprecian fuentes en el camino, así que el agua, además de la de las lagunas, hay que llevarla en el equipo. En algunas de estas trochas cercanas a las lagunas contemplamos hilos de plata que cruzan de un lado a otro. Forman redes en el suelo y sólo pueden verse bajo el reflejo del sol. Algunas de las aves que se alimentan en las lagunas, nidifican entre los juncos y los carrizos que las rodean, así, sus patas mojadas dejan rastro en los caminos cuando pasan de una zona a otra. Son recientes.
Los aromas de estos complejos lagunares son únicos. Se conjuntan de una manera especial el salinoso de las láminas de agua y el serrano del tomillo y del romero. Estas últimas son especies abundantes en los campos y embridan al aire con su perfume dulce e inconfundible. Del mismo modo que se encuentran tomillo y romero, también pueden verse jaras, matagallos, aulagas y en las proximidades de la laguna de Camuñas, lentiscos.
Las nubes se reflejan sobre la superficie mansa de la laguna, como un espejismo que fluye sobre el aire. Los colores ocre, verde, azul, amarillo se mezclan, formando un paisaje único y especial. En otras épocas del año, más próximas al invierno, prima el verde por encima de otros, en este final de primavera es el ocre y el amarillo los que señorean. Un mismo paisaje teñido de diversidad cromática también estacional.
Caminamos a campo abierto, entre árboles, al borde de un campo de girasoles, vemos las pacas de cereales reposando sobre una ladera, pisamos tierra y pisamos asfalto, observamos y escuchamos a lo lejos cómo pasa el tren que une Ronda con Algeciras. Anotamos, ese puede ser un buen recorrido motorizado.

Despedida

Sentados sobre un banco de madera. Escuchamos un aleteo, un flamear rosa y blanco se abre ante nuestros ojos, una sacudida, dos, nada más. El flamenco se estira, sumerge el pico en el agua una vez más. Bate las alas de nuevo. Levanta el vuelo. Comienza a planear. Realiza un círculo sobre la laguna y se aleja dirección nornoroeste, dirección Fuente de Piedra. Observamos como el flameo rosa y blanco rompe el aire. Los cloqueos, zumbidos, trinos, chapaleos parecen apagarse un instante. Todo es calma.


Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. La Reserva Natural de las Lagunas de Campillos se encuentra en el término municipal de Campillos, perteneciente a la comarca del Guadalteba.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.




Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural, situada en Campillos


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EN / 03 LA LAGUNA DE LA RATOSA: Espejismo Azul

martes, 17 de mayo de 2011

Juega la lámina azul entre los olivos. Se esconde, aparece, se vuelve a esconder. Se asoma entre dos acebuches, se escabulle. Juega con nuestra mirada como un espejismo. Y no solo hoy. La Laguna de La Ratosa aparece y desaparece con las estaciones. Azul intenso en la primavera y el invierno. Manchón pardo en verano y en otoño. Es un territorio cambiante, mutable, sutil y delicado, frágil. Bulle ahora de vida. Cloqueos, trinos, siseos, rumores, susurros, aleteos, pasos, chapaleos, zambullidas... Todos ellos componen su banda sonora, una sinfonía natural que el ser humano acompasa con el murmullo lejano de los tractores, el fluir veloz e inusitado del AVE. La tierra roja, oscura, en fuerte contraste con la laguna azul, con el verde pálido de los olivos, con el aleteo rosa y blanco de los flamencos. Ya tenemos la banda sonora y la paleta de colores. Ahora solo hay que dejarse llevar.

El Parque Narural de la Laguna de la Ratosa

La Laguna de la Ratosa fue declarada Reserva Natural en 1999, sus características la hacen especial. Es frágil, se encuentra en un entorno fuertemente cultivado por el hombre, se ve sometida a los caprichos de las estaciones, vaciándose casi por completo en verano y regenerando su vida en el invierno y la primavera. Es, además, relativamente pequeña, con 24 hectáreas de superficie y su origen se encuentra en el desagüe natural que provoca un acuífero subterráneo. Su localización entre los municipios de Alameda y Humilladero, en el interior de la provincia malagueña, limítrofe con la sevillana, hace que su ecosistema sufra los rigores de los calores estivales que evaporan su contenido hasta hacerla casi desaparecer. Este hecho propicia que la Laguna de la Ratosa solo tenga una pequeña franja de juncos y cañaverales y que, de esta manera, las aves no nidifiquen en sus inmediaciones, siendo lugar de paso y alimento. Debido a estas singularidades, el acceso al interior de la laguna está estrictamente prohibido, excepto con fines de investigación y se hace necesario un permiso de Medio Ambiente para acceder. Pero esta circunstancia es solo para expertos, los legos en la materia van a disfrutar muchísimo caminando por la orla externa de la superficie lagunar. Damos fe. Aún con todo, la Laguna de la Ratosa forma parte de un ecosistema mayor en el que se encuentran, además de ella, la laguna de Fuente de Piedra, la de Campillos y la de Archidona, a la que hay que sumar, como puerta de entrada a la península desde África, la Desembocadura del Guadalhorce.

El paseo, el silencio y la vida

Hemos estacionado el coche junto al rótulo de la laguna de las Castañuelas. Allí nos recibe una nube de mariposas blancas, de libélulas azules, que revolotean junto a las orillas de la laguna. El suelo es de un intenso color rojo. Nada más salir del coche escuchamos unos graznidos. Una formación de diez flamencos volando en uve nos sobrevuela. Baten las alas con una cadencia suave, lenta, rítmica. Están muy cerca, apenas se asustan con nuestra presencia. Giran en el aire y se hunden entre la sombra de los olivos. Observamos el agua atentamente y distinguimos nadando sobre ella a los primeros habitantes de la Ratosa. En la laguna se pueden distinguir hasta quinces aves distintas, entre las que se encuentran el somormujo lavanco, zampullín cuellinegro, zampullín chico, garza real, garcilla bueyera, flamenco rosa, aguilucho lagunero, polla de agua, focha común, cigüeñuela, avoceta, gaviotas como la reidora y la sombría, pagazas piconeras o fumareles. Caminamos.
El silencio es una herramienta y un aliado. Bordeamos la laguna junto a los olivos, saludamos a dos o tres fumigadores que trabajan sobre los acebuches domesticados, paseamos, en silencio. Es esta la única forma de percatarse de todos los sonidos sutiles que nos rodean, a cada paso un chapaleo en el agua, una zambullida, un siseo. Entrevemos los anillos verdosos de una serpiente huyendo del camino principal, un lagarto amarillo de casi medio metro de largo cruzar apenas a cinco pasos, un conejo parado, quieto, estático, en la fronda que rodea la laguna.
De tanto en tanto nos paramos y atendemos, observamos con más detalle y lo que parecían inmóvil se mueve ante nosotros con sutilidad, en un baile único y secreto. Se mecen los juncos y cañaverales, dejando entrever la superficie azul de la laguna. Caminamos por un camino de terrizo utilizado por los tractores, camino que casi forma un perímetro natural en torno a la laguna. Una curva y tras ella, escondido entre las altas hierbas ribereñas, un grupo de flamencos blancos, su gran pico, su aleteo rosa. Sacamos los prismáticos y observamos con atención. Sacamos la cámara y tiramos un par de fotos. Tememos espantarlos. Caminamos despacio, poco a poco, sin hacer ruido. Según nos vamos acercando a ellos, se desplazan sobre el agua, sin aspavientos, sin una explosión de batir de alas, nadando suavemente. Poco a poco se alejan, delicados. Una garza picotea el fondo del agua junto a ellos. Seguimos caminando y la laguna se esconde tras un extenso campo de margaritas, lilas y amapolas enmarcado por los consabidos olivos. Vemos, a lo lejos, el AVE, como una aparición fluida, silenciosa y fugaz cruza el horizonte.
Los aromas son sutiles, dulces, frescos. Aspiramos hondamente. Nos acercamos a la orilla todo lo que nos lo permite el lodo rojizo que rodea toda la laguna. Vemos más gallaretas acuáticas, negras, pico blanco, nadando en uve seguidas de sus polluelos.
Las mariposas liban lilas y margaritas y amapolas y vuelan aquí y allá de forma aparentemente errática. Libélulas azules zumban sobre las plantaciones de cereal.
Pero hay más, más que no vemos, que no llegamos a observar, pero que sabemos está ahí, sumergida, y es que tal y como apunta la Ventana del Visitante: La laguna de la Ratosa tiene interés florístico debido a la riqueza de especies de vegetación sumergida y a la presencia de la rara y amenazada Althenia orientalis, planta acuática que vive en fondos poco profundos.
En las partes despejadas de la laguna, junto a la orilla y dado el carácter salobre de sus aguas, aparecen restos de escamas salinas blancas, como un aviso de la proximidad de los calores veraniegos, de la vida efímera de la Ratosa, de su existencia caprichosa y frágil, sutil. Caminamos.

Despedida

Permanecemos en silencio. Quietos. Intentamos mimetizarnos con el entorno. Nada pasa al principio. Después, poco a poco, la vida retoma sus rutinas ajenas a la presencia humana y comenzamos a escuchar un nuevo cloqueo, un aleteo cadencioso, el zumbido de las libélulas, un trino escondido entre los olivos, el siseo sutil de un reptil, el crujir del ramaje, el susurro de los juncos, el canto de los grillos, nuestra respiración… Hasta formar parte de la fauna de la Ratosa.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Para conocer más acerca del municipio en el que se ubica la laguna de la Ratosa, se puede visitar el enlace del Color Azul del Cielo correspondiente a Alameda.

Época: La mejor época para visitar la laguna de la Ratosa es la comprendida entre los meses de febrero y junio, más adelante la laguna cambia debido a la evaporación y lo que es una amplia lámina de agua en primavera se transforma en casi una salina en verano y otoño.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.











Ubicación: En este mapa de Google se puede referencias el lugar exacto de este paraje natural, situado entre Alameda, Humilladero y el municipio sevillano de la Roda de Andalucía.


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