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EN / 07 LA LAGUNA DE FUENTE DE PIEDRA: El oasis imposible

martes, 12 de julio de 2011

El estío tiñe de ocres, cobrizos y amarillos las riberas de la laguna. Aparece la lámina de agua como un espejismo, como un anhelo, centelleante. Rielan lo rayos de sol sobre su superficie, jugando un juego de equívocos, de engaños, de certezas vagas. Una nube blanca aquí y allá, reposada sobre el agua. Se agitan las alas y parecen destellos rosáceos. El calor aprieta y el flamenco esquivo se hace presente en bandadas, en solitario, en pequeños grupos. Parecen saberse protegidos y pese al rumor humano que les cerca, permanecen impasibles, introduciendo sus picos ganchudos en el mar leve de la laguna, caminando con sus largas patas semisumergidas, cloqueando. Todo cobra cierto aspecto irreal. Los vapores de la tierra nublan con sus vaharadas de calor el horizonte próximo. Parece un oasis, una aparición en mitad de la llanura olivarera. En los ribazos destaca el rastro del salitre que deja el agua evaporada. Esa sal que atrajo a la codicia humana y dos intentos de matar la laguna para siempre con su desecación en 1835 y en 1969. Triunfó la naturaleza en su envite con el hombre. Ahora, hoy en día, la Laguna de Fuente de Piedra es uno de los humedales más complejos y ricos de Andalucía y de España. Hace calor. Un flamenco bate las aguas y despega con delicadeza.

La Laguna de Fuente de Piedra

Fueron los romanos, los primeros en descubrir la riqueza salinera de la laguna. Ya en el año 418 se habían asentado en el territorio explotando las salinas naturales que el tiempo de secano dejaba al descubierto. La explotación del terreno se mantuvo de manera casi permanente hasta mediados del siglo XX. En 1951 cerraba la última de las fábricas dedicadas a esta labor. Esta constante presencia humana modificó el vaso lagunar, impidiendo durante años a ciertas aves acuáticas como los flamencos y a algunas especies limícolas desarrollarse en plenitud. Desde esa fecha, la familia de flamencos fue en aumento y las autoridades se vieron en la necesidad de proteger su cría y nidificación. Fuente de Piedra es paso obligado entre Europa y África para las migraciones de las aves, y ahí radica su importancia. El 11 de enero de 1984 fue declarada Reserva Natural.
Con 1.354 hectáreas de extensión la Laguna de Fuente de Piedra es el complejo lagunar más extenso de Andalucía y uno de los humedales más importantes de España. La nidificación de numerosas especias de avifauna y en especial de los flamencos hace de este enclave un lugar de especial protección. Tal es así que tras la laguna de Camarga en Francia, Fuente de Piedra, es el segundo lugar en importancia dentro de toda Europa y el Mediterráneo para la nidificación de los flamencos. En agosto de 1990 se llegaron a registrar 50.010 ejemplares de las 170 especies de flamencos catalogadas. En nuestro viaje, y preguntado el personal del centro de visitantes nos indican que hay unos 12.000 ejemplares y 90 centímetros de profundidad en el agua, ambas cifras más que destacadas para la época estival. El control exhaustivo de todos estos datos y el cuidado y mimo con el que se cuida el entorno de la laguna son indispensables para la supervivencia de su delicado ecosistema. Éste se encuentra sometido a las arbitrariedades meteorológicas y a la estacionalidad, cambiando su aspecto a lo largo del año, pero sin restarle una pizca de belleza aún cuando el vaso lagunar permanece casi vacío en el estío. Uno de esos mimos, controles y cuidados es el anillamiento de los ejemplares de flamencos, que se realiza anualmente en un periodo que se sitúa entre julio y agosto, dependiendo de las condiciones ambientales y faunísticas.
El anillamiento es una fiesta medioambiental, solidaria, ecológica y necesaria a la que el Ayuntamiento de Fuente de Piedra y Medio Ambiente contribuyen con aliento y con trabajo. Tal y como se explica en la página web municipal: “Si las condiciones pluviométricas lo permiten, cada año los flamencos inician la reproducción a finales del invierno o comienzos de la primavera. El periodo de cría se extiende, según el número de parejas y la disponibilidad de alimento, hasta prácticamente finales del verano. Para poder hacer estudios sobre diferentes aspectos de la biología del flamenco, cuando los pollos alcanzan una determinada edad, se procede a su captura y marcaje. Se aprovecha que los pollos se reúnen en guarderías y que no pueden volar para, de madrugada, rodearlos e introducirlos en un corral previamente construido en las proximidades de la colonia de cría. Unos 300 voluntarios, procedentes de toda España e incluso del extranjero, son los encargados de realizar esta delicada operación”. La explicación es más extensa y se puede consultar en el siguiente enlace: Fuente de Piedra “Anillamiento de flamencos”.
Vamos a sumergirnos en la Laguna de Fuente de Piedra y la mejor manera de comenzar es en el centro de visitantes.

El Centro de Visitantes

Estacionamos en el parking de tierra. El calor aprieta y la sola visión de la laguna frente a nosotros parece una promesa de frescor. Vemos algunos ejemplares de flamencos muy próximos al gran edificio que preside el Cerro del Palo y que es el Centro de Visitante de la Laguna de Fuente de Piedra. Es imprescindible comenzar aquí. Conocer las propiedades de este ecosistema único e informarse de los servicios que se prestan desde el mismo nos va a ayudar a disfrutar más. El centro abre la vista, gracias a un enorme ventanal, a la gran superficie de la laguna. Los paneles explicativos, todos en aflamencados tonos rosas y blancos, detallan cómo es la vida y crecimiento de la avifauna en la Reserva Natural, qué especies hay en cada época del año, cómo funciona este ecosistema particular. En dos de esos paneles táctiles se puede escoger algunas de las aves que viven en la laguna y escuchar su graznido, cloqueo, chillido o trino particular.
El centro de visitantes ofrece además algunos servicios más que interesantes como son alquiler de prismáticos (3 euros la hora), alquiler de bicicletas, alquiler de carritos para niños (5 euros la hora) y quizá lo más destacdo e interesante, visitas guiadas. Se realizan tanto en inglés como en castellano, parten a las 12:00 horas del centro de visitantes y cuestan 6 euros por persona, es necesario reunir un grupo mínimo de 8 personas. La visita guiada, además de telescopios y monitores especializados permitirán al viajero entrar en observatorios cerrados al público en general. Y es que la Laguna de Fuente de Piedra está salpicada en todo su perímetro de diferentes observatorios, algunos de ellos de acceso libre y no restringido y otros de ellos de acceso para personal cualificado y a cuyo se exige el preceptivo permiso. Para los neófitos en la materia, la red de observatorios públicos abiertos permitirá una panorámica general del ecosistema y una visión extensa de la realidad del vaso lagunar y sus riberas.

La visita

Venimos pertrechados. Cámara de fotos, prismáticos, gorra y visera, agua (que también se puede adquirir en el centro de visitantes junto con el más variado merchandising), buen calzado, gafas de sol y ganas de caminar. Nuestra intención es recorrer los tres observatorios principales para los que no hace falta desplazarse en coche, esto es, el mirador Cerro del Palo, el mirador del Laguneto y el mirador de la Vicaría (situado a dos kilómetros de distancia). Bordeamos el centro de visitantes y en cien metros llegamos al mirador del Cerro del Palo. Bajo un árbol umbrío contemplamos la laguna. Un grupo nutrido de flamencos señorea sobre la superficie del agua, aquí y allí salpican sus nubes rosas y blancas. Reposan, hunden sus picos ganchudos en el agua, caminan con sus extraños andares, con las rodillas genuflexionadas, baten las alas, alzan el vuelo o amerizan otros. Junto a ellos, otras especies de avifauna. Se recogen en la laguna cigüeñuelas, ánades reales, pollas de agua, fochas comunes, zampullines chicos, gaviotas reidoras (a las que, sin duda escuchamos), somorgujos lavancos, zampullines cuellinegros… El hecho de que este ecosistema esté sometido a los rigores estacionales hace que la fauna y la flora también cambien a lo largo del año, así en invierno es fácil encontrar otras especies como la grulla, el tarro blanco, el pato cuchara, el chorlitejo patinegro, la garceta común o el pato colorado.
De la misma manera que en el perímetro de la laguna también coexistan dos ecosistemas distintos. El primero de ellos, sometido a la discrecionalidad del agua de lluvia de manera exclusiva y en el que se encuentran girasoles, olivos, encinas, cultivos de trigo, avena o cebada, y matorrales como el lentisco, la coscoja o el tomillo. El segundo de ellos, depende de la duración del encharcamiento, el grado de salinidad y la textura del suelo y en el que se encuentran carrizos, juncos, almajos, salicores, algunas gramíneas o rupias y algas en las aguas circundantes al vaso principal.
El espectáculo que tenemos ante nosotros resulta sobrecogedor, los colores distintos, las texturas que ofrece el paisaje, desde la bruñida superficie del agua hasta las retorcidas encinas o el plomizo cielo azul de verano. Se extiende nuestra mirada hasta el fondo de la laguna, donde salpican los cerros algunas fincas y haciendas blancas. Los olivos, las montañas pardas, los destellos albos de la zona conocida como las Albinas. Todo es contraste. Algunos grupos de turistas caminan por los senderos marcados, vallados y perfectamente señalizados.
Desde el mirador del Cerro del Palo nos dirigimos al próximo del Laguneto, apenas a 200 metros. Permanece casi vacío, no llega a 40 centímetros de agua en su parte más profunda. Tiene un color rojizo, producto del efecto salino. Zumban las libélulas. Caminamos en silencio dirección al mirador de las Albinas, procurando no elevar la voz. Los flamencos están muy cerca, no parecen asustados por la presencia humana y no vamos a ser nosotros los que les espantemos. Apenas veinte o treinta metros nos separan de ellos. Tiramos fotos. Una dos, tres. Observamos cómo se mueven, con una mezcla de elegancia y torpeza, de gracilidad un tanto descoyuntada. Seguimos el camino hasta un puente de madera que nos comunica con la zona de las Albinas, de las tierras blancas. El sendero que nos va a llevar hasta el mirador de la Vicaría tiene una longitud de 2,4 kilómetros y transcurre por una zona que en el siglo XIX fue desecada con el objeto de hacer cultivables estas tierras. La Consejería de Medio Ambiente adquirió estas fincas para regenerarlas y recuperar su carácter de estepas salinas. Precisamente es la sal la que tiñe su superficie del color albo tan característico. El sendero transcurre entre las desembocaduras de los arroyos Santillán y María Fernández. Caminamos, nos paramos, charlamos, tiramos fotos. Los juncos nos hurtan la vista de la laguna por momentos, que aparece y desaparece. Un lagarto ocelado cruza el camino apenas a un metro de nuestros pasos. Zumban los insectos, duermen algunos campos, suena un tractor allá. Se pierden los graznidos y cloqueos, los chapaleos en el agua, se recuperan. Dos ciclistas nos rebasan. Vemos allá la estructura de madera del observatorio y mirador de la Vicaría. Nos invade la naturaleza, pero lejos de sentirnos intrusos intuimos que formamos parte de este mismo ecosistema.
Llegamos hasta le mirador, un padre de habla inglesa y dos de sus hijas pequeñas (una de ellas pelirrojísima) observan las aves gracias a unos prismáticos, anotan en cuaderno con algunos dibujos. Vuelven a mirar, anotan de nuevo. Invadimos pacíficamente el mirador y se abre ante nosotros la perspectiva espectacular de la laguna de Fuente de Piedra. El centro urbano al fondo, el espejeo del sol sobre las aguas, las aves. Reposamos la caminata a la sombra. Mantenemos el silencio y nos dejamos embriagar por el horizonte. Descubrimos nuevos matices, nuevas imágenes. Nos sobrevuela un grupo de flamencos.

Despedida

En el silencio de la madrugada un grupo de voluntarios se adentra sigilosamente en las aguas de la laguna. Pertrechados con botas y pantalones impermeables, apartan los juncos y carrizos. Lo polluelos, de plumón negro y gris oscuro aún no pueden volar y se mecen en la quietud del nido. Invade su hogar la horda pacífica y es allí donde les anillan y catalogan. Meses más tarde, en la observación uno de esos mismos voluntarios armados con un telescopio verifica la identidad de un nuevo flamenco rosado. Aún se acuerda del número, de la letra, de la serie. Sonríe. Ese era uno de los suyos.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Además, la página web municipal de Fuente de Piedra ofrece todos los datos necesarios para visitar la laguna.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.



Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

81 FUENTE DE PIEDRA: EL ESPEJO DE SU LAGUNA

martes, 26 de octubre de 2010

Y no es un espejismo. Es una lámina de agua real, cercada de olivares y de monte bajo. No es un espejismo. Es una nube de rosas y blancas alas en movimiento, de cloqueos, graznidos, cacareos como banda sonora, de sosiegos otoñales y respingos del invierno. No es un espejismo. Era una zona de paso, de nidificación, de crianza. Ahora parece convertirse en destino estable de su población más notable, los flamencos. No debería haber agua en esta época del año, y la hay. No debería haber flamencos en esta época del año, pero los hay. “La naturaleza nos enseña que nada es inmutable”, apuntaba un buen amigo, conocedor. Contemplamos la lámina de agua ante nuestros ojos, vemos las ondas que se mecen en su superficie batidas por la brisa, confundimos el cielo con su reflejo y creemos que todo lo que vemos es un espejismo.

El Centro de Visitantes

Atravesamos el centro urbano de Fuente de Piedra. Como una ciudad en la llanura extiende sus casas por entre sus alargadas calles. Casas bajas de planta y piso, dos alturas a lo sumo. Ventanas enrejadas con forja plata y negra. Los carteles indicadores señalan perfectamente el camino a seguir para encontrar la laguna y su Centro de Visitantes. Nos adentramos en las primeras estribaciones del entorno protegido y contemplamos la superficie de agua ante nuestros ojos. Parece de acero bruñido, gris sobre gris, como si de plomo derretido se tratara. Algunos acebuches se asoman a ella con la timidez de saberse ante algo poderoso e intenso. Estacionamos en el parking habilitado y al abrir la puerta del coche llega hasta nosotros un aroma inconfundible a tierra húmeda y apretada. Aspiramos y sólo con este primario sentido que es el olfato realizamos una composición de lugar. En nuestra mente podemos bosquejar las primeras aves, el recorte de los juncos en las orillas, algunas superficies desecadas en el otoño, el aroma de las plantas… El Centro de Visitante se encuentra situado en un altozano, sobre el Cerro del Palo, y tiene una vista privilegiada sobre la laguna. Es un edificio antiguo, que ha sabido conservar en su exterior la apariencia de antigua hacienda, para preservar en el interior un completísimo Centro de Visitantes. Priman los colores rosas y fucsias de los flamencos en sus paneles explicativos, nutridos de excelente información que satisfará la curiosidad de los neófitos y de los expertos. En ellos se detallan y cuentan los tipos de aves y distinta fauna que pueblan la Laguna de Fuente de Piedra, así como el proceso de nidificación de los flamencos y el proyecto anual de anillamiento de los nuevos ejemplares nacidos. En el centro de la sala principal, unas figuras que representan al detalle y en tamaño real a varios flamencos. Pero sin duda, el mejor panel de todos los existentes, el gran hallazgo de este centro de visitantes es el enorme ventanal abierto hacia la laguna, donde el viajero puede contemplar la lámina de agua en todo su esplendor. Miramos a través de ella. Contemplamos la intrincada red de senderos que surcan la ribera de la laguna y que permiten al visitante un excepcional acercamiento a este portentoso y excepcional ecosistema. No en vano está considerado como uno de los humedales más significativos de Europa y el más importante en la cría y reproducción de flamencos. El color plúmbeo de la laguna engaña nuestra vista, pero cuando descubres uno, ya los ves todos. Primero es una mota rosa cerca del horizonte. – Mira, mira, allí hay uno-, señalo. – Espera, espera que hay más, allí y allí-, continúo. – Y allí, y allí y allí-, me contestan. Es cierto, una nube rosácea se eleva a un palmo de la superficie del agua. Una nube que se mueve a un compás insólito, marcado por el característico caminar de los flamencos. El descubrimiento nos hace sonreir y apuramos la salida del Centro de Visitantes para, siguiendo las explicaciones de la guía, recorrer una pequeña parte de la laguna. Son tantas las cosas que se podrían contar, detallar y explicar sobre esta Laguna de Fuente de Piedra. Desde su pasado como reserva de caza hasta su presente como Reserva Natural. En la página web del ayuntamiento de Fuente de Piedra se detallan todos los aspectos históricos y naturales de este ecosistema. Nosotros vamos a ofrecer nuestra visión más personal que apela más a los sentimientos de la visita que a los conocimientos naturales.

La Laguna que vivimos

Hace fresco en esta mañana de primer otoño, un fresco estimulante y gozoso, que invita al paseo holgado, perfecto para caminar entre los límites de esta privilegiada superficie acuática. El entorno se encuentra perfectamente adecuado para la visita, los emplazamientos fotográficos y de avistamiento son magníficos ojos de madera integrados en el paisaje. Escuchamos como graznan las aves, como cloquean y cacarean, y vemos, cómo en su lánguido andar arrancan destellos fucsia los flamencos, semisumergidos en el agua. Visitamos la Laguna de las Paloma desde la que se pueden observar avefrías, gaviotas reidoras, ánades, andarríos, chorlitos, etc. Se detallan además las épocas del año en el que cada especie puede ser avistada. Contemplamos la laguna y antes siquiera de pensar en dejarla atrás ya estamos pensando en volver, en primavera, en su máximo apogeo, y recorrer con despacio y detenimiento los 21 kilómetros de su perímetro salpicado de miradores privilegiados. Resulta imprescindible llegarse hasta aquí con los prismáticos y la cámara de fotos. Y huele a romero, a tierra húmeda de manera muy intensa, a distintas flores y plantas. Se mecen todas las flores y los aromas al compás de la brisa suave. Caminamos hasta el Observatorio de las Albinas (al que llaman así por el blanquecino color de la tierra que le rodea) primero y hasta el Mirador de la Vicaría después, cruzando varios puentes de madera. Son apenas dos kilómetros y medio de distancia por un llano suave en un entorno privilegiado. Nos cruzamos con algunas parejas de excursionistas. Todo el mundo habla quedo, bajito, como para no enturbiar la paz del lugar. Llegamos hasta el observatorio, más próximo a la laguna y a las bandadas de flamencos a los que se ve y escucha a la perfección. Cloqueos, graznidos, cacareos, croar de ranas, esa es la música ambiente. Es una vista privilegiada rodeada de falso silencio. Esconden los flamencos su cabeza y su pico en el agua con la intención de alimentarse, de atrapar su sustento, su comida. Imaginamos volar toda la bandada que tenemos ante nuestros ojos, teñir de rosa el cielo, de fucsia intenso. Una grupo de lo que creemos son gaviotas reidoras alza el vuelo y ríen en el aire mientras forman círculos que se ensanchan y se empequeñecen. Nubes rosas tintan el agua plateada de la laguna, pequeños jirones blancos y fucsias. Caminan despacio los flamencos, posan sus patas sobre el fondo de la laguna con la delicadeza de un bailarín. “No debería haber agua ni flamencos en esta época del año”, regresan a nuestra mente esas palabras. “Sin embargo tenemos hoy mismo una población censada de 30.000”, nos subrayan desde la oficina de turismo de Fuente de Piedra. “Los pollos que nacieron este año (unos 7.000) se han quedado, y parte de sus 20.000 progenitores también”, continúan. “No debería haber agua ni flamencos en esta época del año”, pero ahí están, los hay. Y no es un espejismo.


El centro urbano de Fuente de Piedra

La Fons Divinus romana marcó su nombre y parte de sus primeros destinos. Y es que, dentro de las provincias de la Hispania romana, se tenía como muy eficientes las aguas de Fuente de Piedra para disolver cálculos renales. El agua que se consumía procedían de una fuente divina, Fons Divinus, que trocó su nombre por el de Fuente de Piedra quizá influida por sus poderes curativos contra dicho mal renal. Tan eficaz parecía ser aquel agua que en los siglos XVI y XVII se comercializó, exportándose al Reino de Nápoles e incluso hasta América. De aquella primigenia fuente romana surgió otra, más moderna, para la que, según se cuenta, se utilizaron bloques de piedra de la anterior. Pero antes de conocer la fuente, debemos llegar hasta el centro urbano desde la laguna. No hay pérdida. Fuente de Piedra, sus calles y monumentos están perfectamente señalizados. Estacionamos en la plaza de la Constitución en uno de cuyos vértices, bajo el auspicio del ayuntamiento se encuentra la Oficina de Turismo. Entramos. La guía nos cuenta, nos explica, nos recomienda. Y, bien pertrechados de catálogos, tarjetas y fichas, salimos. En apenas una encrucijada de calles se sitúan los lugares a visitar más simbólicos del municipio: la plaza, la fuente, la iglesia, el ayuntamiento. La visita a la Laguna nos ha abierto el apetito, pero vamos a dejarlo para algo más tarde. Si caminamos por la calle Juan Carlos Primero llegamos, en apenas cien metros, hasta la iglesia de Nuestra Señora de las Virtudes. Un templo curioso, que parece querer mimetizarse con el paisaje que le rodea gracias a su color arenoso, rojizo. El templo, de estilo neomudéjar, se construyó en el siglo XIX. Además de su color destaca su campanario, que en lugar de formar una torre descansa sobre una gran espadaña remata por dos arcos de los que penden sendas campanas, con una cruz de hierro en la parte más alta. La portada es muy sencilla, y sobre su portal principal descansan dos grandes vidrieras. Una placa, situada en la parte izquierda de la iglesia, recuerda a los muertos caídos en todas las guerras. Regresamos por donde hemos venido hasta llegar a la plaza de la Constitución. En el caminar encontramos algunas casas solariegas de cierta presencia. La fuente que da nombre al pueblo, además de su prosperidad, también trajo su desgracia. Después de una temporada de grandes sequías, las epidemias se expandieorn por la comarca, y los malos agoreros achacaron el origen de las misma a la fuente, antigua Fons Divinus, que a través de los vapores producidos por su agua estancada se propagaron diversas enfermedades. La historia da y la historia quita. En la actualidad, la fuente preside la plaza. Cuatro buenos caños surten de agua el pilar central acompañados a la izquierda por un grifo más modesto. Es una fuente hermosa, rematada por elemento central que quizá pudo coronar una cruz. Nos refrescamos. Recomendados por una vecina villafontense dirigimos nuestros pasos hacia el Bar Tejeda.

La comida

Es un bar sencillo, del que entran y salen vecinos y vecinas. Nos sentamos en una de las mesas exteriores, nos ofrecen la carta en la que vemos algunas especialidades que nos abren aún más el apetito como berenjenas fritas con miel de caña o croquetas de morcilla… Nos decidimos por un plato de lomo a la sal, un entrecot y una chuleta de ternera a la brasa. A lo que añadimos dos refrescos de cola, aceitunas y pan. Total, 51 euros. El lomo a la sal casi parece un carpaccio, el aceite cruda servido por encima realza su intenso sabor natural. En entrecot y el chuletón son fresquísimo y hechos al punto, sazonados con sal gorda y acompañados de patatas fritas caseras. De las aceitunas, ya no queda ni una. Comentamos en la comida las excelencias de lo que hemos visto hasta ahora, de la laguna y de la historia de Fuente de Piedra y su ininterrumpida población de íberos, fenicios, cartagineses, romanos, árabes.

El Refugio del Burrito

A las afueras de Fuente de Piedra, perfectamente señalizado, entre olivos y viñas se encuentra el Refugio del Burrito. Una iniciativa solidaria que se emparenta, además, con un pasado reciente común a la mayoría de los pueblos malagueños: el burro, animal de carga y trabajo que se encuentra en peligro de extinción. Para ello se ha creado El Refugio del Burrito, un lugar donde se provee a los burros y mulos abandonados o maltratados de un lugar seguro, desde el que se denuncian comportamientos negligentes y donde se ofrecen visitas gratuitas, excursiones escolares y asinoterapia (terapias pedagógicas con asnos o burros) para niños con necesidades educativas especiales. El Refugio del Burrito está abierto todos los días, en horario de 11:00 horas a 19:00 horas en verano y de 11:00 horas a 18:00 horas en invierno. Para más información se puede llamar al 952.031.622. Hemos llegado hasta el parking y lo primero que nos sorprende es la limpieza, cuidado y profesionalidad con el que se encuentra todo montado. Los diferentes boxes y cercados de madera. Los ejemplares de diferentes razas de burro separadas por edades. La facilidad con la que se facilita el acceso a los visitantes. Las fichas de los animales, en las que se indica el nombre y año de nacimiento, así como otra serie de características. Paseamos por entre los cercados, algunos se dejan acariciar la testuz, otros son algo más esquivos. Observamos las cuadras, cómo se alimentan. Nos sentamos un rato en el primer atardecer y escuchamos cómo rumian a nuestro alrededor. Ofrecemos un pequeño donativo a la causa, y nos perdemos de nuevo por la carretera entre olivos, dejando tras de nosotros una estela de polvo blanco.

Despedida

Es el momento del descubrimiento, la sensación de hallar entre el color plateado de la laguna ese primer ejemplar de flamenco, la sorpresa inicial, la emoción primera. Y el paseo entre los juncos, sobre las tierras arenosas que en primavera se ocupan de agua, las flores rojas ante el puente de madera, el cloqueo permanente de las aves, el canto delicado de un pájaro posado con delicadeza sobre una delicada rama, el falso silencio del entorno de la laguna, el color que muta y cambia de plomo a plata, de plata blanco, de blanco a rosa, de rosa a fucsia, el movimiento pendular del cuello del pelícano sumergiéndose una y otra vez bajo el agua… Nos apostamos sobre uno de los miradores, dejamos los prismáticos y la cámara de fotos y, ahora nos dedicamos a ver con los cinco sentidos.

Enlaces de interés y consejos turísticos

Imprescindible: Para visitar la laguna se recomienda encarecidamente llevar prismáticos, no hace falta ser una gran conocedor de la flora y fauna para disfrutar de este entorno privilegiado y dada que es una reserva natural la mejor forma de acercarse a los flamencos es a través de los prismáticos. Una cámara de fotos con un buen teleobjetivo para capturar los momentos más interesantes.
Anillado de flamencos: Una de las actividades que se puede contemplar en la laguna de Fuente de Piedra es el anillamiento de los flamencos en verano. La Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento villafontense organiza durante el mes de julio (con fecha determinada por el nacimiento y llegada de las aves) visitas guiadas a la laguna, exposiciones, desayuno andaluz en la plaza y una verbena en la que se da la bienvenida a los voluntarios ambientales participantes y a los observadores. El proceso de anillado de flamencos es fundamental para su control, ya que permite mantener un seguimiento anual de los flamencos, y se realiza bajo condiciones muy especiales, por tanto el voluntariado colaborador es escogido con detenimiento, aunque siempre se puede participar como observador cumpliendo unas estrictas normas de comportamiento. La mejor época para visitar la laguna, además de este proceso de anillado, es la primavera, cuando los flamencos llegan y nidifican, se aparean y crían sus primeros polluelos. Es el periodo en el que más agua tiene la laguna y más ejemplares de flamencos hay conviviendo en ella.
Turismo Rural: Son muchas las casas dedicadas al turismo rural en el municipio, a falta de aconsejar una, diremos que sólo con escribir “Fuente de Piedra” en alguno de los más conocidos buscadores se encontrará una amplia gama y oferta para todos los gustos, precios y estilos.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página del ayuntamiento de Fuente De Piedra, en especial la información dedicada de manera específica a la laguna. Además de estas dos sumamos otros enlaces de interés como la página web de la Junta de Andalucía sobre la Reserva Natural y otra que nos ofrece una visita virtual por la misma.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.