RSS
Mostrando entradas con la etiqueta reserva natural. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta reserva natural. Mostrar todas las entradas

EN / 08 LAGUNAS DE ARCHIDONA: El tesoro escondido

martes, 26 de julio de 2011

Son invisibles. Hay que buscarlas, encontrarlas, acceder a ellas, a su falso silencio, al espejeo de sus aguas… Traspasar el perímetro de olivos y encinas que las rodean, hollar el suelo pardo que nos conducirá hasta ellas. Son invisibles y no son accesibles, pero ahí están, esperándonos, como una promesa de azules luminosos entre los acebuches centenarios. Dos lagunas gemelas, una Grande y otra Chica, que se escapan entre los dedos del visitante. Dos lagunas invisibles que solo abren sus secretos al osado o al permitido. Ahí están, a 760 y 823 metros de altitud, rodeadas por la fortaleza de los promontorios trufados de olivos. Casi llegamos a tocarlas con los dedos, pero tuvimos que conformarnos con su contemplación. El sol, que riela sobre sus aguas, un pájaro furtivo que nos sobrevuela y aterriza en su superficie... Se oyen a lo lejos ladridos y disparos de cazadores.

La Reserva Natural de las lagunas de Archidona

Y es que en su invisibilidad está su éxito y su condena. Las lagunas de Archidona no son visibles desde ninguna vía principal. La autopista A92 que une, entre otras, Málaga con Granada, circula a escasamente un kilómetro de su perímetro pero apenas si se oye el tráfago de los vehículos que circulan por ella. Son, además, de propiedad privada, por lo que el acceso hasta ellas debe ser permitido por Medio Ambiente o por sus dueños con el preceptivo permiso. No obstante, sí se puede acceder a su perímetro y contemplar el entorno que las rodea, la lámina de agua, el encinar que viste las faldas de las sierras de Gibalto, San Jorge y Gorda. La Zona Periférica de Protección tiene una superficie total de 187 hectáreas y a ella se permite el acceso libre, así que, sin poder acercarse a las lagunas propiamente dichas (ocupan 7 hectáreas entre las dos) se puede pasear por su perímetro. Este control facilita que la presencia de especies animales, terrestre, acuática y aérea sea muy abundante y permita al visitante encontrar al paso diferentes especies.
Las Lagunas de Archidona fueron declaradas Reserva Natural en el año 1989 y tiene dos características diferentes a otras. La primera, que se encuentran rodeadas de una serie de promontorios que las hacen invisibles, como ya se ha relatado, y que ofrecen la sensación óptica de estar hundidas. La segunda, su altitud, las dos lagunas se hallan a más de 750 metros de altitud.
Nos adentramos.

La visita

Hemos salido de la A92 en la desviación de Salinas, un anejo de Archidona que nos llevará, si tomamos dirección Fuente Camacho, directamente a un carril asfaltado donde poder estacionar el coche tras ver la señal indicativa de “Lagunas de Archidona”, 1 km. Estacionamos. A partir de ahí se abre una pista forestal en un estado muy irregular, perfecta para andar.
Los olivos nos abrazan. El murmullo de la autopista va quedando atrás, poco a poco, como un colchón sonoro sordo y apagado que se va desvaneciendo. La banda sonora cambia, se transforma y comenzamos a escuchar los primeros trinos de pájaro, el aleteo vibrante de una chicharra, el ramoneo entre los arbustos de algún roedor. Caminamos entre los olivos y las encinas, en silencio, como furtivos con la esperanza de ver algún animal. Pronto comprobamos que tanto sigilo no es necesario, los conejos y las liebres saltan ante nosotros aquí y allá según avanzamos en el recorrido. Y son ellos los que nos sorprenden a nosotros. Vemos sus colas blancas alzadas, sus carreras por los campos sembrados… Leemos la documentación con la que nos hemos documentado. Además de conejos es posible ver otros mamíferos como el erizo común, el zorro, la comadreja, la gineta o el tejón. No tenemos esa suerte.
Los olivos que marcan nuestro caminar dejan pender sus frutos a nuestra vista, verdes y negros, duros y apretados, esencia mediterránea en estado puro. De ahí se nos proveerá de aceite, de ese preciado líquido dorado que acompaña la cocina terrena de intensos sabores. Algún despistado cometerá el error de hacerse con una o dos olivas, caerá en la tentación de morderlas y se llevará a la boca uno de los más amargos sabores. Aún no hemos visto la laguna, es cierto que permanece escondida, secreta, oculta a las miradas. El carril asciende y desciende. Observamos el terreno que pisamos y comprobamos que hay pequeños rastros dibujados en el suelo, como bosquejos de líneas curvas y estrelladas. La presencia de reptiles es habitual en la reserva, así no es de extrañar que nos topáramos con alguna culebra bastarda, culebra de escalera, lagarto ocelado, salamanquesa o culebra ciega.
No hay visible presencia humana. Un cortijo semiabandonado a la derecha y los campos labrados son sus únicos indicativos. A lo lejos, unos disparos sordos y ladrido de perros.
Continuamos el camino hasta que llegamos a dos mojones que nos advierten que las lagunas son de propiedad privada. Nada impide el paso, ni cuerdas ni cadenas, así que continuamos adelante, apenas a 10 metros, a la izquierda sí encontramos evidencia humana. Dos vallas blancas en las que se puede leer “Propiedad privada. Prohibido el paso. Do not Enter”. Y un gran cartel con el mismo mensaje. Además dos señales de tráfico lo dejan claro, no podemos pasar de ahí. Pero el cartel de la reserva se encuentra a nuestra vista, así que pasamos y nos acercamos a leerlo, siempre con el respeto debido a los clarificadores mensajes anteriores.
Se abre la laguna ante nosotros, arropada por los promontorios de tierra, colmados a su vez de olivos y de encinas. En su invisibilidad radica el secreto de su belleza, la aparente mansedumbre de sus aguas, solo agitadas por la suave brisa. Enfocamos con el teleobjetivo para poder distinguir algún ave acuática y allí las vemos, a lo lejos, nadando en la placidez de la lámina, reposadas y tranquilas. Es posible contemplar al zampullín chico y cuellinegro, al somorgujo lavanco, a la garza y el ánade real, al pato cuchara y al colorado, al ánade silbón, a la polla de agua y la focha común y al chorlitejo chico y patinegro. La Laguna Grande alcanza una profundidad entre los 6 y los 10 metros en su época de mayor llenado, llegando a registrarse en 1997-1997 hasta 13 metros. Las lagunas de Archidona son las lagunas interiores de Andalucía que reciben mayores aportaciones subterráneas, responsables de la permanencia de sus aguas incluso en época de más seco estío.
Se oyen más disparos sordos, más cerca.
Reposamos un tanto, sentados sobre una piedra con la Laguna Grande al frente. Observamos su contorno, su ubicación. Los olivos que la miran sedientos, las encinas que rodean su parte más septentrional, profusa vegetación. Aprovechamos para leer algo más de la documentación. Nos llama la atención que bajo la superficie cristalina existan peces como el barbo o la gambusia affinis, no tanto la presencia de anfibios y reptiles como rana y sapo común, sapo corredor, culebra de agua o incluso galápagos. Tiramos un par de fotos. Nos levantamos y continuamos el camino. Nos desplazamos por la misma pista hasta llegar al Cortijo de Las Lagunas. Desde el cortijo tenemos unas vistas espectaculares de las sierras y del espeso encinar que rodea el complejo lagunar. Nos detenemos a admirar la flora. Los carteles de “Prohibido el paso” continúan, hasta que encontramos uno atravesado en el carril que nos impide avanzar hacia la Laguna Chica. Apenas dista medio kilómetro hasta su ubicación como hemos comprobado en el gps, y nos debatimos entre cruzar y continuar o regresar a la Laguna Grande. No queriendo cometer ninguna imprudencia (los disparos y ladridos de los cazadores se escuchan cada vez más cerca), decidimos retirarnos.
En el secreto de las lagunas radica su belleza, en la posibilidad que solo aquellas personas autorizadas puedan cruzar sus límites se encuentra el quid de su conservación casi intacta, sin injerencias del ser humano. El privilegio de poder contemplar la Laguna Grande desde el promontorio, disfrutar de su visión es suficiente para dar por más que aprobada la visita. El silencio, los olivos y encinas, los trinos lejanos de las aves…
Caminamos, nos cruzamos con dos ciclistas, saludamos, llevan cara de esfuerzo y es que la pista ofrece unos repechos serios para ir montado sobre las dos ruedas. Sonríen, les advertimos, contestan que llegarán hasta donde puedan, se pierden tras los olivos. Sentimos la presencia de la laguna a nuestra espalda, dos pasos más y desaparecerá como por arte de magia. Puf. Ya no está.

Despedida


La luz reflejada en la laguna aún permanece en la mirada, colgada de la retina con un fulgor irisado. Pensamos en el pasado, en la relación del ser humano con las lagunas, en cómo los cultivos se asoman a ellas implorando beber. Pensamos en la dualidad del ser humano cómo las explotó y cómo las conserva ahora. Las lagunas de Archidona conforman junto con Fuente de Piedra, la Ratosa y Campillos un complejo lagunar extenso, rico, esencial en Málaga y Andalucía. Todas ellas con su personalidad propia, tan distintas. Emparejadas por el cielo azul reflejado en sus aguas dulces y salinas. Aquí, en el promontorio, nos sentimos en comunión con ellas, notamos que formamos parte de algo. Tocamos la tierra con la mano, escuchamos los trinos de los pájaros, percibimos los aromas duros e intensos del tiempo estival, observamos la laguna. Y la laguna nos observa.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Además, la página web municipal de Archidona ofrece todos los datos necesarios para visitar la laguna.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.



Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

EN / 05 LAGUNAS DE CAMPILLOS: El color

martes, 14 de junio de 2011

Es delicado y sutil , frágil. Un conjunto de lagunas que todos los años desaparecen en verano y renacen como un ave fénix en las estribaciones del invierno, en la primavera, para desaparecer de nuevo en la llegada del periodo estival. Frágil. Sutil. Delicado. Un ecosistema cíclico que cada año pugna por regresar, que con cada nueva estación muere y germina, desaparece y se reactiva. A cambio, ofrece al observador sentimental un paisaje de contrastes inverosímiles, de juegos de espejismos, de apariciones insólitas, de colores caleidoscópicos. Ahí está el verde y el azul y el blanco y el amarillo y el ocre y el caldera y el gris y el rosa y el negro. Todos presentes en este horizonte que palpita entre campos de cereal empacado, entre olivos grises, entre tractores solitarios, entre el silbido del tren. Las Lagunas de Campillos, un ecosistema único, sutil, frágil, delicado.



Reserva Natural de las Lagunas de Campillos

Fueron siete , pero la fragilidad a la que ya nos hemos referido hicieron que dos de ellas, la Redonda y la de Toro, desaparecieran hace años. Permanecen cinco en el término municipal de Campillos, son la laguna Dulce, la Salada, la de Camuñas, la de Capacete y la del Cerezo. Entre ellas se teje un hilo de caminos rurales, de paseos y trochas de campo, de carreteras secundarias y principales, de vías férreas, incluso por sus lares pasa una cañada real, la que comunica Ronda con Algeciras. De ahí que el viajero pueda recorrer las 1.126 hectáreas de Reserva Natural a pie, en bicicleta de montaña, a caballo o en coche (aunque el automóvil no permite llegar a todas ellas), disfrutando de la llanura del entorno y de su paisaje de olivos y acebuches, de cereal y de girasoles. Las Lagunas de Campillos tiene el tratamiento de Reserva Natural desde 1989 y su carácter fuertemente estacional hace que su visita y disfrute se limite entre el otoño entrado y la primavera larga. En épocas de sequía las lagunas pueden llegar a desaparecer por completo, dejando un espejismo blanco de salinidad consumida, un velo blanco reducido.

Las cinco lagunas y los campos

Dada la fragilidad estacional de las lagunas nos sorprende leer una noticia relativa al siglo XIX en la que se indicaba que los habitantes de Campillos utilizaban la laguna Dulce para realizar pesca deportiva. Se deriva de ahí que hace 150 años ésta podría no desecarse en verano y que la población de peces se mantuvo más o menos estable durante muchos años. Concretamente se hace referencia a un manuscrito datado en el año 1833 que confirma el hecho. Con esta idea rondando en nuestra cabeza estacionamos el coche. Nos pertrechamos. La laguna Dulce es grande, nada más descender del automóvil escuchamos los primeros sonidos que nos traslada, es un lenguaje único y universal a un tiempo. La red de humedales de Málaga está bien preparada, bien cuidada, en casi todos ellos nos encontramos una zona de avistamiento habilitada para poder contemplar la avifauna sin que sea molestada. De ahí que entre los pertrechos llevemos, además de la cámara y del bloc de notas, los prismáticos.
La observación requiere paciencia, tiempo. Primero se les escucha entre los carrizos y los juncos, movimientos, aleteos, graznidos, cloqueos, zambullidas. El primer y superficial vistazo muestra el que parece un paisaje estático, quieto. Con la segunda mirada, más profunda e intensa, todo comienza a moverse. Se observan los aleteos, las estelas volátiles de las orillas, los planeos sobre el aire caliente. Las piezas encajan como en un puzle. Se asocian los cloqueos a las estelas, los graznidos a los planeos, los aleteos a las zambullidas y comenzamos a poner nombres. Las aves acuáticas como los tarros, las garcetas, ánades, chorlitejos patinegros, correlimos, flamencos, cigüeñuelas, fochas y avocetas son los más abundantes y casi todos ellos visibles con cierta perseverancia. Acompañarse de un manual de la avifauna malagueña puede ser un buen complemento para disfrutar la visita al cien por cien. Parapetados en el puesto de observación y acodados sobre las repisas de madera vemos como las aves despliegan sus distintos compases de baile, con gracilidad, con agresividad, con suavidad, con maternal ternura. La población de aves de las lagunas de Campillos se comparte con la laguna de Fuente de Piedra, las de Archidona y la de la Ratosa en Alameda. Zona de paso y migración de las aves que circular de sur a norte y de norte a sur, este es territorio de alimentación y nidificación para algunas especies. Es más, un panel informativo nos propone una ruta que, en primavera, debe ser más que interesante. Son 22 kilómetros que se pueden realizar en unas 7 horas aproximadamente y nos llevaría desde esta laguna Dulce de Campillos hasta el Desfiladero de los Gaitanes en Ardales. Se puede realizar andando, en bicicleta de montaña o incluso a caballo. Recorre gran parte de la comarca del Guadalteba, visitando lugares destacados para contemplar la avifauna y se asegura que es un itinerario perfecto para los amantes de la ornitología. Tomamos nota.
Compartiendo las cinco lagunas de Campillos un pálpito común, cada una de ellas tiene su propia personalidad, ya sea por la proximidad de las tierras de cultivo, por el sobresalto casi telúrico al paso del tren, por su pasado con uso comercial, por su reducidísima estacionalidad… Así otra de las lagunas con historia en Campillos es la laguna Salada. Todo el complejo lagunar es de baja salinidad, pero hasta hace aproximadamente 50 años, los habitantes de la localidad extraían cloruro sódico de manera artesanal de esta laguna Salada. Se sitúa en el centro mismo del complejo, semiescondida tras una loma y junto con la de Capacete es la segunda en tamaño. En la laguna salada destaca su flora acuática, entre ella la Althenia orientales, la Chara áspera, la Chara galioides y la ruppia.
Nuestros paseos entre un humedal y otro nos permiten contemplar además otras especies animales. Las trochas que marcan los campos como una red de caminos imposibles nos permiten, con suerte, y casi por descuido y sorpresa otras especies como el lagarto ocelado, las culebras bastarda y viperina, la culebra de agua, la rana verde, los sapillos moteado y común, liebre y conejos, comadrejas, zorros… Todo el ecosistema se retroalimenta y nosotros solo somos viajeros de paso, así que importa más el capricho o descuido de algunos animales y reptiles de asomarse que nuestro empeño de verlos. Es un instante, una mota anaranjada que desaparece tras una aulaga, la estupefacción marrón y gris de un conejo en mitad de una trocha, el bisbiseo de una serpiente.
El camino entre la laguna Dulce y la de Capacete, pasando por el Cerezo y por Camuñas discurre entre campos. Imaginamos aquí al campesino de antaño, con sus acémilas cargadas de aceituna, con una ramita de romero en la boca, con su gorra para combatir el sol y la piel cobriza y tersa producto de la intemperie. Poco queda de todo aquello y los burros se sustituyen por tractores y empacadoras que saludan al mundo elevando al aire sus columnas de tierra ocre. Caminamos despacio, bajo el sol de la mañana. Permitimos paso libre a la brisa que de tanto en tanto nos refresca. Es imprescindible si se quiere hacer un recorrido circular entre las lagunas de Campillos llevar agua. El paseo no es muy largo y discurre de forma prácticamente llana, ideal para un recorrido suave en mountain bike, sin embargo no se aprecian fuentes en el camino, así que el agua, además de la de las lagunas, hay que llevarla en el equipo. En algunas de estas trochas cercanas a las lagunas contemplamos hilos de plata que cruzan de un lado a otro. Forman redes en el suelo y sólo pueden verse bajo el reflejo del sol. Algunas de las aves que se alimentan en las lagunas, nidifican entre los juncos y los carrizos que las rodean, así, sus patas mojadas dejan rastro en los caminos cuando pasan de una zona a otra. Son recientes.
Los aromas de estos complejos lagunares son únicos. Se conjuntan de una manera especial el salinoso de las láminas de agua y el serrano del tomillo y del romero. Estas últimas son especies abundantes en los campos y embridan al aire con su perfume dulce e inconfundible. Del mismo modo que se encuentran tomillo y romero, también pueden verse jaras, matagallos, aulagas y en las proximidades de la laguna de Camuñas, lentiscos.
Las nubes se reflejan sobre la superficie mansa de la laguna, como un espejismo que fluye sobre el aire. Los colores ocre, verde, azul, amarillo se mezclan, formando un paisaje único y especial. En otras épocas del año, más próximas al invierno, prima el verde por encima de otros, en este final de primavera es el ocre y el amarillo los que señorean. Un mismo paisaje teñido de diversidad cromática también estacional.
Caminamos a campo abierto, entre árboles, al borde de un campo de girasoles, vemos las pacas de cereales reposando sobre una ladera, pisamos tierra y pisamos asfalto, observamos y escuchamos a lo lejos cómo pasa el tren que une Ronda con Algeciras. Anotamos, ese puede ser un buen recorrido motorizado.

Despedida

Sentados sobre un banco de madera. Escuchamos un aleteo, un flamear rosa y blanco se abre ante nuestros ojos, una sacudida, dos, nada más. El flamenco se estira, sumerge el pico en el agua una vez más. Bate las alas de nuevo. Levanta el vuelo. Comienza a planear. Realiza un círculo sobre la laguna y se aleja dirección nornoroeste, dirección Fuente de Piedra. Observamos como el flameo rosa y blanco rompe el aire. Los cloqueos, zumbidos, trinos, chapaleos parecen apagarse un instante. Todo es calma.


Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. La Reserva Natural de las Lagunas de Campillos se encuentra en el término municipal de Campillos, perteneciente a la comarca del Guadalteba.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.




Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural, situada en Campillos


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

EN / 03 LA LAGUNA DE LA RATOSA: Espejismo Azul

martes, 17 de mayo de 2011

Juega la lámina azul entre los olivos. Se esconde, aparece, se vuelve a esconder. Se asoma entre dos acebuches, se escabulle. Juega con nuestra mirada como un espejismo. Y no solo hoy. La Laguna de La Ratosa aparece y desaparece con las estaciones. Azul intenso en la primavera y el invierno. Manchón pardo en verano y en otoño. Es un territorio cambiante, mutable, sutil y delicado, frágil. Bulle ahora de vida. Cloqueos, trinos, siseos, rumores, susurros, aleteos, pasos, chapaleos, zambullidas... Todos ellos componen su banda sonora, una sinfonía natural que el ser humano acompasa con el murmullo lejano de los tractores, el fluir veloz e inusitado del AVE. La tierra roja, oscura, en fuerte contraste con la laguna azul, con el verde pálido de los olivos, con el aleteo rosa y blanco de los flamencos. Ya tenemos la banda sonora y la paleta de colores. Ahora solo hay que dejarse llevar.

El Parque Narural de la Laguna de la Ratosa

La Laguna de la Ratosa fue declarada Reserva Natural en 1999, sus características la hacen especial. Es frágil, se encuentra en un entorno fuertemente cultivado por el hombre, se ve sometida a los caprichos de las estaciones, vaciándose casi por completo en verano y regenerando su vida en el invierno y la primavera. Es, además, relativamente pequeña, con 24 hectáreas de superficie y su origen se encuentra en el desagüe natural que provoca un acuífero subterráneo. Su localización entre los municipios de Alameda y Humilladero, en el interior de la provincia malagueña, limítrofe con la sevillana, hace que su ecosistema sufra los rigores de los calores estivales que evaporan su contenido hasta hacerla casi desaparecer. Este hecho propicia que la Laguna de la Ratosa solo tenga una pequeña franja de juncos y cañaverales y que, de esta manera, las aves no nidifiquen en sus inmediaciones, siendo lugar de paso y alimento. Debido a estas singularidades, el acceso al interior de la laguna está estrictamente prohibido, excepto con fines de investigación y se hace necesario un permiso de Medio Ambiente para acceder. Pero esta circunstancia es solo para expertos, los legos en la materia van a disfrutar muchísimo caminando por la orla externa de la superficie lagunar. Damos fe. Aún con todo, la Laguna de la Ratosa forma parte de un ecosistema mayor en el que se encuentran, además de ella, la laguna de Fuente de Piedra, la de Campillos y la de Archidona, a la que hay que sumar, como puerta de entrada a la península desde África, la Desembocadura del Guadalhorce.

El paseo, el silencio y la vida

Hemos estacionado el coche junto al rótulo de la laguna de las Castañuelas. Allí nos recibe una nube de mariposas blancas, de libélulas azules, que revolotean junto a las orillas de la laguna. El suelo es de un intenso color rojo. Nada más salir del coche escuchamos unos graznidos. Una formación de diez flamencos volando en uve nos sobrevuela. Baten las alas con una cadencia suave, lenta, rítmica. Están muy cerca, apenas se asustan con nuestra presencia. Giran en el aire y se hunden entre la sombra de los olivos. Observamos el agua atentamente y distinguimos nadando sobre ella a los primeros habitantes de la Ratosa. En la laguna se pueden distinguir hasta quinces aves distintas, entre las que se encuentran el somormujo lavanco, zampullín cuellinegro, zampullín chico, garza real, garcilla bueyera, flamenco rosa, aguilucho lagunero, polla de agua, focha común, cigüeñuela, avoceta, gaviotas como la reidora y la sombría, pagazas piconeras o fumareles. Caminamos.
El silencio es una herramienta y un aliado. Bordeamos la laguna junto a los olivos, saludamos a dos o tres fumigadores que trabajan sobre los acebuches domesticados, paseamos, en silencio. Es esta la única forma de percatarse de todos los sonidos sutiles que nos rodean, a cada paso un chapaleo en el agua, una zambullida, un siseo. Entrevemos los anillos verdosos de una serpiente huyendo del camino principal, un lagarto amarillo de casi medio metro de largo cruzar apenas a cinco pasos, un conejo parado, quieto, estático, en la fronda que rodea la laguna.
De tanto en tanto nos paramos y atendemos, observamos con más detalle y lo que parecían inmóvil se mueve ante nosotros con sutilidad, en un baile único y secreto. Se mecen los juncos y cañaverales, dejando entrever la superficie azul de la laguna. Caminamos por un camino de terrizo utilizado por los tractores, camino que casi forma un perímetro natural en torno a la laguna. Una curva y tras ella, escondido entre las altas hierbas ribereñas, un grupo de flamencos blancos, su gran pico, su aleteo rosa. Sacamos los prismáticos y observamos con atención. Sacamos la cámara y tiramos un par de fotos. Tememos espantarlos. Caminamos despacio, poco a poco, sin hacer ruido. Según nos vamos acercando a ellos, se desplazan sobre el agua, sin aspavientos, sin una explosión de batir de alas, nadando suavemente. Poco a poco se alejan, delicados. Una garza picotea el fondo del agua junto a ellos. Seguimos caminando y la laguna se esconde tras un extenso campo de margaritas, lilas y amapolas enmarcado por los consabidos olivos. Vemos, a lo lejos, el AVE, como una aparición fluida, silenciosa y fugaz cruza el horizonte.
Los aromas son sutiles, dulces, frescos. Aspiramos hondamente. Nos acercamos a la orilla todo lo que nos lo permite el lodo rojizo que rodea toda la laguna. Vemos más gallaretas acuáticas, negras, pico blanco, nadando en uve seguidas de sus polluelos.
Las mariposas liban lilas y margaritas y amapolas y vuelan aquí y allá de forma aparentemente errática. Libélulas azules zumban sobre las plantaciones de cereal.
Pero hay más, más que no vemos, que no llegamos a observar, pero que sabemos está ahí, sumergida, y es que tal y como apunta la Ventana del Visitante: La laguna de la Ratosa tiene interés florístico debido a la riqueza de especies de vegetación sumergida y a la presencia de la rara y amenazada Althenia orientalis, planta acuática que vive en fondos poco profundos.
En las partes despejadas de la laguna, junto a la orilla y dado el carácter salobre de sus aguas, aparecen restos de escamas salinas blancas, como un aviso de la proximidad de los calores veraniegos, de la vida efímera de la Ratosa, de su existencia caprichosa y frágil, sutil. Caminamos.

Despedida

Permanecemos en silencio. Quietos. Intentamos mimetizarnos con el entorno. Nada pasa al principio. Después, poco a poco, la vida retoma sus rutinas ajenas a la presencia humana y comenzamos a escuchar un nuevo cloqueo, un aleteo cadencioso, el zumbido de las libélulas, un trino escondido entre los olivos, el siseo sutil de un reptil, el crujir del ramaje, el susurro de los juncos, el canto de los grillos, nuestra respiración… Hasta formar parte de la fauna de la Ratosa.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Para conocer más acerca del municipio en el que se ubica la laguna de la Ratosa, se puede visitar el enlace del Color Azul del Cielo correspondiente a Alameda.

Época: La mejor época para visitar la laguna de la Ratosa es la comprendida entre los meses de febrero y junio, más adelante la laguna cambia debido a la evaporación y lo que es una amplia lámina de agua en primavera se transforma en casi una salina en verano y otoño.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.











Ubicación: En este mapa de Google se puede referencias el lugar exacto de este paraje natural, situado entre Alameda, Humilladero y el municipio sevillano de la Roda de Andalucía.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande