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EN / 08 LAGUNAS DE ARCHIDONA: El tesoro escondido

martes, 26 de julio de 2011

Son invisibles. Hay que buscarlas, encontrarlas, acceder a ellas, a su falso silencio, al espejeo de sus aguas… Traspasar el perímetro de olivos y encinas que las rodean, hollar el suelo pardo que nos conducirá hasta ellas. Son invisibles y no son accesibles, pero ahí están, esperándonos, como una promesa de azules luminosos entre los acebuches centenarios. Dos lagunas gemelas, una Grande y otra Chica, que se escapan entre los dedos del visitante. Dos lagunas invisibles que solo abren sus secretos al osado o al permitido. Ahí están, a 760 y 823 metros de altitud, rodeadas por la fortaleza de los promontorios trufados de olivos. Casi llegamos a tocarlas con los dedos, pero tuvimos que conformarnos con su contemplación. El sol, que riela sobre sus aguas, un pájaro furtivo que nos sobrevuela y aterriza en su superficie... Se oyen a lo lejos ladridos y disparos de cazadores.

La Reserva Natural de las lagunas de Archidona

Y es que en su invisibilidad está su éxito y su condena. Las lagunas de Archidona no son visibles desde ninguna vía principal. La autopista A92 que une, entre otras, Málaga con Granada, circula a escasamente un kilómetro de su perímetro pero apenas si se oye el tráfago de los vehículos que circulan por ella. Son, además, de propiedad privada, por lo que el acceso hasta ellas debe ser permitido por Medio Ambiente o por sus dueños con el preceptivo permiso. No obstante, sí se puede acceder a su perímetro y contemplar el entorno que las rodea, la lámina de agua, el encinar que viste las faldas de las sierras de Gibalto, San Jorge y Gorda. La Zona Periférica de Protección tiene una superficie total de 187 hectáreas y a ella se permite el acceso libre, así que, sin poder acercarse a las lagunas propiamente dichas (ocupan 7 hectáreas entre las dos) se puede pasear por su perímetro. Este control facilita que la presencia de especies animales, terrestre, acuática y aérea sea muy abundante y permita al visitante encontrar al paso diferentes especies.
Las Lagunas de Archidona fueron declaradas Reserva Natural en el año 1989 y tiene dos características diferentes a otras. La primera, que se encuentran rodeadas de una serie de promontorios que las hacen invisibles, como ya se ha relatado, y que ofrecen la sensación óptica de estar hundidas. La segunda, su altitud, las dos lagunas se hallan a más de 750 metros de altitud.
Nos adentramos.

La visita

Hemos salido de la A92 en la desviación de Salinas, un anejo de Archidona que nos llevará, si tomamos dirección Fuente Camacho, directamente a un carril asfaltado donde poder estacionar el coche tras ver la señal indicativa de “Lagunas de Archidona”, 1 km. Estacionamos. A partir de ahí se abre una pista forestal en un estado muy irregular, perfecta para andar.
Los olivos nos abrazan. El murmullo de la autopista va quedando atrás, poco a poco, como un colchón sonoro sordo y apagado que se va desvaneciendo. La banda sonora cambia, se transforma y comenzamos a escuchar los primeros trinos de pájaro, el aleteo vibrante de una chicharra, el ramoneo entre los arbustos de algún roedor. Caminamos entre los olivos y las encinas, en silencio, como furtivos con la esperanza de ver algún animal. Pronto comprobamos que tanto sigilo no es necesario, los conejos y las liebres saltan ante nosotros aquí y allá según avanzamos en el recorrido. Y son ellos los que nos sorprenden a nosotros. Vemos sus colas blancas alzadas, sus carreras por los campos sembrados… Leemos la documentación con la que nos hemos documentado. Además de conejos es posible ver otros mamíferos como el erizo común, el zorro, la comadreja, la gineta o el tejón. No tenemos esa suerte.
Los olivos que marcan nuestro caminar dejan pender sus frutos a nuestra vista, verdes y negros, duros y apretados, esencia mediterránea en estado puro. De ahí se nos proveerá de aceite, de ese preciado líquido dorado que acompaña la cocina terrena de intensos sabores. Algún despistado cometerá el error de hacerse con una o dos olivas, caerá en la tentación de morderlas y se llevará a la boca uno de los más amargos sabores. Aún no hemos visto la laguna, es cierto que permanece escondida, secreta, oculta a las miradas. El carril asciende y desciende. Observamos el terreno que pisamos y comprobamos que hay pequeños rastros dibujados en el suelo, como bosquejos de líneas curvas y estrelladas. La presencia de reptiles es habitual en la reserva, así no es de extrañar que nos topáramos con alguna culebra bastarda, culebra de escalera, lagarto ocelado, salamanquesa o culebra ciega.
No hay visible presencia humana. Un cortijo semiabandonado a la derecha y los campos labrados son sus únicos indicativos. A lo lejos, unos disparos sordos y ladrido de perros.
Continuamos el camino hasta que llegamos a dos mojones que nos advierten que las lagunas son de propiedad privada. Nada impide el paso, ni cuerdas ni cadenas, así que continuamos adelante, apenas a 10 metros, a la izquierda sí encontramos evidencia humana. Dos vallas blancas en las que se puede leer “Propiedad privada. Prohibido el paso. Do not Enter”. Y un gran cartel con el mismo mensaje. Además dos señales de tráfico lo dejan claro, no podemos pasar de ahí. Pero el cartel de la reserva se encuentra a nuestra vista, así que pasamos y nos acercamos a leerlo, siempre con el respeto debido a los clarificadores mensajes anteriores.
Se abre la laguna ante nosotros, arropada por los promontorios de tierra, colmados a su vez de olivos y de encinas. En su invisibilidad radica el secreto de su belleza, la aparente mansedumbre de sus aguas, solo agitadas por la suave brisa. Enfocamos con el teleobjetivo para poder distinguir algún ave acuática y allí las vemos, a lo lejos, nadando en la placidez de la lámina, reposadas y tranquilas. Es posible contemplar al zampullín chico y cuellinegro, al somorgujo lavanco, a la garza y el ánade real, al pato cuchara y al colorado, al ánade silbón, a la polla de agua y la focha común y al chorlitejo chico y patinegro. La Laguna Grande alcanza una profundidad entre los 6 y los 10 metros en su época de mayor llenado, llegando a registrarse en 1997-1997 hasta 13 metros. Las lagunas de Archidona son las lagunas interiores de Andalucía que reciben mayores aportaciones subterráneas, responsables de la permanencia de sus aguas incluso en época de más seco estío.
Se oyen más disparos sordos, más cerca.
Reposamos un tanto, sentados sobre una piedra con la Laguna Grande al frente. Observamos su contorno, su ubicación. Los olivos que la miran sedientos, las encinas que rodean su parte más septentrional, profusa vegetación. Aprovechamos para leer algo más de la documentación. Nos llama la atención que bajo la superficie cristalina existan peces como el barbo o la gambusia affinis, no tanto la presencia de anfibios y reptiles como rana y sapo común, sapo corredor, culebra de agua o incluso galápagos. Tiramos un par de fotos. Nos levantamos y continuamos el camino. Nos desplazamos por la misma pista hasta llegar al Cortijo de Las Lagunas. Desde el cortijo tenemos unas vistas espectaculares de las sierras y del espeso encinar que rodea el complejo lagunar. Nos detenemos a admirar la flora. Los carteles de “Prohibido el paso” continúan, hasta que encontramos uno atravesado en el carril que nos impide avanzar hacia la Laguna Chica. Apenas dista medio kilómetro hasta su ubicación como hemos comprobado en el gps, y nos debatimos entre cruzar y continuar o regresar a la Laguna Grande. No queriendo cometer ninguna imprudencia (los disparos y ladridos de los cazadores se escuchan cada vez más cerca), decidimos retirarnos.
En el secreto de las lagunas radica su belleza, en la posibilidad que solo aquellas personas autorizadas puedan cruzar sus límites se encuentra el quid de su conservación casi intacta, sin injerencias del ser humano. El privilegio de poder contemplar la Laguna Grande desde el promontorio, disfrutar de su visión es suficiente para dar por más que aprobada la visita. El silencio, los olivos y encinas, los trinos lejanos de las aves…
Caminamos, nos cruzamos con dos ciclistas, saludamos, llevan cara de esfuerzo y es que la pista ofrece unos repechos serios para ir montado sobre las dos ruedas. Sonríen, les advertimos, contestan que llegarán hasta donde puedan, se pierden tras los olivos. Sentimos la presencia de la laguna a nuestra espalda, dos pasos más y desaparecerá como por arte de magia. Puf. Ya no está.

Despedida


La luz reflejada en la laguna aún permanece en la mirada, colgada de la retina con un fulgor irisado. Pensamos en el pasado, en la relación del ser humano con las lagunas, en cómo los cultivos se asoman a ellas implorando beber. Pensamos en la dualidad del ser humano cómo las explotó y cómo las conserva ahora. Las lagunas de Archidona conforman junto con Fuente de Piedra, la Ratosa y Campillos un complejo lagunar extenso, rico, esencial en Málaga y Andalucía. Todas ellas con su personalidad propia, tan distintas. Emparejadas por el cielo azul reflejado en sus aguas dulces y salinas. Aquí, en el promontorio, nos sentimos en comunión con ellas, notamos que formamos parte de algo. Tocamos la tierra con la mano, escuchamos los trinos de los pájaros, percibimos los aromas duros e intensos del tiempo estival, observamos la laguna. Y la laguna nos observa.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Además, la página web municipal de Archidona ofrece todos los datos necesarios para visitar la laguna.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.



Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

EN / 04 PARQUE PERIURBANO DE GRACIA: Una historia

martes, 31 de mayo de 2011

Una brisa hecha de sombras atempera el calor matinal. La luz se deshilacha entre los pinos carrascos y cambia, jugando a pintar las faldas de ese cerro imponente que nos colmará de Gracia. Más aún, se conjugan aquí la Historia y la naturaleza en una combinación perfecta y sutil. El paseo nos ofrece los paños de las murallas y las delicadas amapolas, el zumbido de las abejas libando las flores y la generosa perspectiva de una ermita de origen árabe, el trino constante de mil melodías que proporcionan los pájaros y los restos de una fortaleza imponente. Este es el Parque Periurbano de Gracia, en Archidona, cuna de reyes.

Parque Periurbano Sierra de Gracia

Tiene 35, 3 hectáreas y se ubica en un entorno privilegiado que en el pasado le dotó de un gran valor geoestratégico. Al sur, el municipio de Archidona, al norte, tierras de labor conformadas por olivos y almendros, al este la imponente Sierra Calderón y al oeste el camino de la Hoya. El Parque Periurbano de Gracia, catalogado como tal por la Consejería de Medio Ambiente en 1999, se encuentra en un promontorio, una destacada elevación del terreno cubierta de pino carrasco en su falda y despejada en su cima, que corona la ermita de la Virgen de Gracia, una joya arquitectónica árabe que en su interior acoge aún la clásica formación de arcadas de las antiguas mezquitas. El paseo desde el núcleo urbano de Archidona hasta la cima llevará entre 30 y 45 minutos, dependiendo del ritmo y de las paradas que se hagan por el camino, resulta ser una buena cuesta, pero la ascensión se compensa con el paisaje que aparece con cada paso. Se va desvelando Archidona, el Peñón de los Enamorados de Antequera, las vegas y pastos de olivos y cereal… Además, el último tramo del paseo nos brinda la oportunidad de comprobar la contundencia de las murallas que conformaron la antigua fortaleza. Un paseo espléndido que los archidonenses utilizan también para hacer algo de deporte, caminando rápido en el ascenso y haciendo footing en el descenso. Nos pertrechamos (cámara de fotos, cuaderno de viaje, sombrero para el sol, una cantimplora, prismáticos…). Hecho.

Hasta la ermita del Santo Cristo

Vemos desde aquí la corona blanca de la ermita de la Virgen de Gracia, parece intocable, allá arriba, imponente, inaccesible. El sol matinal, aunque es pronta la mañana, aprieta y sentimos el abrigo que nos ofrece la sombra de los pinos con alegría. Durante todo el ascenso vamos a percibir una olor dulce e intenso, un aroma que se cuela por entre los árboles, fresco y sutil, pero persistente. Si ese perfume podría retenerse en el interior de un bote de cristal, sin duda nos lo llevaríamos a casa, para abrirlo y dejar que la fragancia se liberase en los pasillos, en las cocinas, en los salones de estar… La brisa nos acaricia la piel. Vemos un grupo de chumberas arracimadas, amapolas tiñendo de rojos los campos verdes y amarillos. Archidona empequeñece a cada paso y vemos más próximo el macizo gris de la sierra Calderón, los peñascos rotos que se confunden con los paños de las murallas.
La ascensión está acompañada por los mármoles de un Via Crucis. Primera Estación. Segunda Estación. Es una forma de marcar también el recorrido. Entramos de lleno en la sombra del pinar. Mil trinos que proceden de mil picos distintos configuran una banda sonora delicada e indefinible. Son gorjeos, cantos limpios, graznidos, silbidos. Intuimos los aleteos que escapan a nuestro paso, la inmovilidad primera de las aves que vuelan al intuir nuestra aproximación. Quizá sean algunas de las especies que nos podemos encontrar en este entorno natural, tales como el águila calzada, el águila perdicera, el águila culebrera, el cuco, la paloma torcaz, el críalo, el petirrojo, el mirlo común, el mochuelo común, el búho real o la perdiz roja.
Entre las copas de los árboles se intuye el manchón blanco de la ermita de la Virgen de Gracia.
Pese a que el camino es de ascenso, sentimos una sensación de agradable frescor. La sombra, la brisa…
Llega hasta nosotros, todavía, el zumbido de la ciudad, del centro urbano de Archidona, como un murmullo lejano compuesto por voces, alguna bocina, ladridos, tañidos de campanas… En una curva pronunciada abandonamos el camino para asomarnos a un mirador abalconado.
Ante nosotros se extiende Archidona, se distingue a la perfección la famosa Plaza Ochavada, el Convento de las Mínimas o el antiguo Ayuntamiento. Hacia el este, el Peñón de los Enamorados de Antequera se asoma entre la calima. Las lenguas de la carretera que circulan como sierpes negras entre los campos colmados de olivos y de cereal. Nos sentamos sobre una piedra y dejamos que la mirada se pierda. Dibujamos con el dedo el perfil de las montañas próximas, el trazado de las calles de Archidona, las carreteras…
Regresamos al camino principal para encontrarnos con la ermita del Santo Cristo. Construida en el siglo XVIII y restaurada en 1997. Es una edificación sencilla con un patio previo y una puerta con dintel de ladrillo visto. A los lados del patio, una serie de bancadas de piedra donde sentarse. Es fresco y umbrío.

Hasta la ermita de Gracia

El ascenso es pronunciado, en eses, pero se realiza muy bien, sin demasiados problemas. Cada vez más cerca vemos los paños de la muralla, lienzos de piedra que fundaron los romanos, que asentaron los árabes, que aprovecharon los cristianos. El Pico del Conjuro, sobre el que se asientan ermita y murallas, sólo está protegido en su ladera sur, ya que al norte un brutal tajo impide el acceso por esa vertiente. Seguimos el camino. Nos cruzamos con dos corredoras, con otro corredor solitario, saludamos. Caminan deprisa hacia la cumbre.
Mientras nos acompaña la banda sonora de bisbiseos, crujidos, zumbidos… La fauna del parque es variada y muy rica. Desde anfibios como la rana y sapo común, pasando por reptiles como el lagarto ocelado, la culebra de escalera, la culebrilla ciega o los mamíferos como el ciervo, el jabalí, el zorro o el conejo. Cuando cae la noche también es muy fácil encontrar murciélagos, musarañas, ratones morunos, tejones o el famoso lirón careto.
Las sombras mayestáticas de las murallas compiten con la majestuosidad de las sierras. Se imbrican los roquedales con los paños amurallados, confudiéndose en su base la construcción humana y la natural. Llegamos así hasta los restos de una almena. Hemos dejado atrás el bosquete de pinos carrascos y comienza a despejarse la cima. Comprobamos el poder geoestratégico de este lugar, cruce de caminos entre Granada, Málaga, Córdoba y Antequera. Casi podemos imaginar a ese centinela árabe en este mismo lugar en el que nos encontramos, vislumbrando al fondo del horizonte la nube de polvo que levantarían los carros de los mercaderes, los batallones de soldados… Imaginamos, imaginamos, imaginamos.
La ermita de la Virgen de Gracia ya se encuentra ante nosotros, y es una realidad.

La ermita de la Virgen de Gracia

Se puede acceder hasta ella en coche, pero si lo hiciéramos perderíamos los detalles del magnífico entorno natural que nos ha aupado hasta aquí. Cómo el paisaje ha ido creciendo con cada paso, cómo ha calado en nosotros la presencia constante de los trinos de los pájaros. Disfrutamos en la llegada.
Archidona fue una localidad muy destacada en la época andalusí. La Arsiduna árabe fue capital de la Cora de Rayya y precisamente aquí fue coronado emir Abd-Al-Rahman I, de ahí la importancia de su fortaleza y de su mezquita, única que se conserva en la provincia de Málaga. Tal y como apunta el panel explicativo que encontramos en la cima, “Al templo se accede por un patio semiporticado del siglo XVIII y ya en su interior puede contemplarse en primer término el alzado de la Sala de Oración (haram) de la mezquita andalusí, con arcos de herradura sobre columnas de fustes posiblemente romanos. La zona del presbiterio, con bóvedas elípticas y decoración de yesería, refleja la reforma del siglo XVII y XVIII. La iglesia está presidida por el lienzo de la Virgen de Gracia. La torre campanario conserva la estructura de alminar árabe, desde el que se llamaba a la oración”.
En el exterior de la ermita podemos contemplar una hermosa balconada donde un panel explicativo nos ubica los puntos más destacados del horizonte. Sierra Chimenea (en el Torcal de Antequera), Sierra Pelada, Sierra de las Cabras, Villanueva del Rosario, Villanueva del Trabuco, las Lagunas de Archidona… Contemplamos el paisaje, lo disfrutamos. Oteamos los picos con los prismáticos. Nos deleitamos.

Despedida

Embebida aún nuestra mirada por el refulgente azul del cielo y el intenso blanco encalado de la ermita iniciamos el descenso hacia el centro urbano. Se incorpora un nuevo sonido a nuestra banda sonora, el tintineo de las esquilas y el balido incesante de un rebaño de ovejas. Nos cruzamos con el pastor y tres de sus perros. Charlamos. Lleva a su cargo más de quinientas ovejas. Nos despedimos. Se pierden los balidos entre los pinos.
El sonido de las esquilas se funde con el tañido de las campanas.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. El Parque Periurbano de Gracia se encuentra dentro del término municipal de Archidona.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.



Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este paraje natural, situado en Archidona.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

98 ARCHIDONA: CRUCE DE CAMINOS

martes, 22 de febrero de 2011

Calles lentas y largas, despacioso pasear. La luz del invierno incide sobre las paredes blancas y crema de las casas. Todo es lánguido y delicado. Algunos almendros explosionan de flores lilas e inmaculadas los campos. Archidona otea su pasado desde lo más alto del Pico del Conjuro. Archidona que sonó como Ascua, como Arx Domina, como Medina Arxiduna en las lenguas antiguas. Archidona que fue refugio y hogar de fenicios y cartagineses, de romanos. Archidona que contempló la coronación del emir Abd al-Rhaman como primero de los reyes independientes de Damasco. Archidona que fue omeya primero y nazarí después. Archidona, de caminar lento, de pasear despacioso y delicado. Archidona, medina Arxiduna, Arx Domina, Ascua. Archidona.

Parecen prolongarse las calles de Archidona en el espacio y en el tiempo. Largas calles, como las arterias auténticas que bombean desde un corazón con forma de plaza Ochavada. Nos impulsa el paseo la tranquilidad, el ambiente de despaciosidad prolongada. Caminamos por sus calles y observamos el remate de sus edificios nobles, de sus casas nobles y solariegas, de los zaguanes embutidos de sombras, de los remates de sus chimeneas y tejados. La forja negra de sus ventanas y balcones se asoma a las calles, insinuando tras sus persianas de madera o de cañas enrolladas y pintadas de verde. Salpican nuestro pasear la historia y los monumentos, las portadas de ermitas e iglesias, de museos y ayuntamientos, de semblantes de antigua y rica historia. Se saborea el pasado de Archidona con cada paso. La ciudad nos lleva y nosotros nos dejamos llevar. Olemos sus perfumes, nos bañamos en el sol esquivo, atendemos a sus monumentos, paseamos y paseamos y paseamos…

Inicio: La plaza Ochavada

Estacionar y caminar. Estas son las dos primeras y mejores recomendaciones. Buscar la plaza Ochavada y hacerse con un plano guía en la oficina de turismo son las dos siguientes. Nos asaltan el porte señorial de muchas de las fachadas, su aspecto serio y recio, bello. Nos dirigimos hacia la plaza Ochavada y tras pasar un arco parece que hemos entrado en otro mundo y época. Corría el año 1780 cuando comenzó la construcción de la plaza. Fue el rey Carlos III (uno de los ideólogos del urbanismo del Madrid moderno) el que impulsó su creación. La crisis del siglo XXI no era ajena en el siglo XVIII y uno de los objetivos de la puesta en pie de la plaza fue, precisamente, paliar una situación de profundo desempleo que reinaba en la comarca. Sus arquitectos fueron los alarifes locales Francisco de Astorga Frías y Antonio González Sevillano y responde al gusto estético del barroco andaluz, tan es así, que se la plaza se ha convertido en uno de los mejores ejemplos de este estilo en el mundo. Tiene ocho caras, de ahí su nombre, Ochavada, todas ellas diferentes y en sus años de existencia ha cumplido diversas funciones. La plaza ha acogido al vecindario, ha sido mesón, ha sido sede del ayuntamiento yd el Colegio Menor “Fray Martín de León”. Además, la Ochavada ha sido el motor de comercio y mercaderías, punto de reunión vecinal, necesario escenario cultural… Se accede a ella a través de tres arcos que desembocan en otras tantas calles. Se respira aquí aire de majestuosidad. Algunas macetas cuajadas de geranios decoran las balconadas. Requiere un tiempo contemplar sus ocho fachadas, las ocho caras que miran al centro, los ocho rostros. Un grupo de vecinas conversa en mitad de la plaza, ajenas en su charla a la joya que las acoge. Sonreímos. Junto a una de sus arcadas de entrada se sitúa la Oficina de Turismo. Visita obligada, ya que en ella proporcionan cantidad de información útil (como horarios, etc), documentación acerca del patrimonio histórico, cultural y religioso y un plano callejero donde ubicar las principales referencias a visitar. El teléfono de la Oficina Municipal de Turismo es 952.716.479. Con el callejero en la mano, nos marcamos un itinerario aconsejado por la técnica que nos atiende. Dos calles principales que suben y bajan desde la plaza Ochavada hasta el Paseo de la Victoria. Nos ponemos en marcha. Salimos de la plaza a través del segundo de sus arcos, el que se asoma a la calle Salazar.

Hasta la plaza de Santa Ana

Caminamos. Caminamos y comprobamos que en Archidona todo está cuidado hasta el detalle, exquisitamente limpio. Las casas, todas ellas, conservan el aire antiguo gracias a sus uniformes balcones y ventanas de forja negra, además lucen en sus paredes tan solo dos colores, el blanco inmaculado o el crema, beige. Este detalle crea una sensación de cuidada uniformidad que muy lejos de asemejar todos sus rincones, permiten que nos deleitemos con sus diferencias, que apreciemos los elementos que se salen de tono, que reparemos en una chimenea, en un zaguán especialmente bien decorado, en una maceta más rabiosa de color que otra. Paseamos. Caminamos por la larga calle Salazar hasta llegar al antiguo convento de Santo Domingo. Y bien decimos antiguo no porque sea el primero de los conventos erigidos en Archidona (Año 1531), sino porque ha perdido su función eclesiástica para ganar otra bien distinta. El antiguo convento de Santo Domingo es ahora el Hotel-Escuela Convento de Santo Domingo. El edificio ha respetado la estructura externa del antiguo templo y ha modernizado su interior para alojar una escuela en la que se imparten hasta cinco cursos distintos de hostelería. Los clientes pueden disfrutar de su restaurante, de sus alojamientos, de su menú degustación… Para más información, precios y horarios se puede visitar su página web www.hotelescuelaturismoandaluz.com o llamar al teléfono 952.71.70.70.
En una de las paredes a las que se asoma un ángulo del convento vemos una placa que reza lo siguiente: “En esta casa murió Luis Barahona de Soto, uno de los más famosos poetas del mundo, no solo de España. Scripta Legito” Buceamos. El escritor fue también poeta y médico, e incluso guerreó en algunas contiendas contra los moriscos en las Alpujarras granadinas. El poeta vivió entre 1548 y 1595 y dejó escritos algunos versos como “Las lágrimas salidas de los ojos / más bellos, que en su mal vio amor dolientes,/ y de los que siguiendo sus antojos / vagaron por desiertos diferentes, / entre las armas, triunfos y despojos / gloriosos, cantaré, de aquellas gentes / que tras su error, por sendas mil que abrieron, / del fin de Europa, un tiempo, al de Asia fueron”.
Continuamos camino por la calle Santo Domingo, llegamos hasta la Plazuela de los Pollos y tomamos, a la derecha, la calle Carrera.
Apenas a veinte metros de la plazuela cruzamos a través de una estrecha calle (calle Dr. José Aguilar) hasta la plaza de Santa Ana. Se abre ante nosotros un recoleto conjunto d casas que parece vivir de manera paralela a las arterias principales de la localidad. Preside el conjunto, desde uno de los flancos de la plaza, la imponente iglesia de Santa Ana, a la que a su majestuosidad propia hay que sumarle el hecho de que esté edificada sobre un terreno elevando al que hay que acceder a través de una escalinata de piedra gris. Del templo sobresale una curiosa torre campanario con forma triangular. Dice la historia de esta iglesia que con toda probabilidad fue construida encima de una antigua mezquita que en época árabe se encontraría en las afueras de la ciudad de Medina Arxiduna. Gótico flamígero es su estilo con el que se proyectó su construcción en el siglo XVI. En el XIX se añadieron dos naves a la única primigenia. Es una construcción de empaque, cuyo interior está vivo y repleto de esculturas, pinturas e imaginería. No en vano, la parroquia es la sede canónica de las Cofradías de Pasión, la de la Soledad y la de la Humildad. Destaca entre su arquitectura la ya mencionada torre triangular, sin que ninguna explicación arquitectónica o racional justifique su curioso diseño.
La parroquia se asoma a la plaza colmada de casas señoriales, antiguos caserones que aún se conservan en perfecto estado de revista. Unos niños juegan con una pelota, dos mujeres charlan, un hombre desciende la escalinata de piedra y… Escuchamos un chiflido… Una tonada popular y perfectamente reconocible. Fliuuuuuuu-fi-fliuuuuuuuu-fi… Es el soniquete atemporal de un afilador. Le vemos, empujando su bicicleta sobre cuyo sillín descansa un cuerpo de madera que sostiene a su vez un pequeño motor con el que afila las tijeras y cuchillos. No es especialmente mayor y eso nos sorprende. Se cala un sombrero blanco en la cabeza. Sigue su tonada, su soniquete, que es el mismo en todos y cada uno de los lugares… Fliuuuuuuu-fi-fliuuuuuuuu-fi…
Con esta banda sonora salimos de la plaza de nuevo a la calle Carrera a través de calle Don Felipe.

Hasta la iglesia de la Victoria y el Museo Municipal

La arquitectura civil de Archidona nos sigue sorprendiendo a cada paso. Este municipio de historia prolija y antigua ha sabido conservar sus esencias, depositadas en casas solariegas de aspecto más que señorial, en palacetes y entradas de dinteles elaborados, en rejas negras de filigranas imposibles. Caminamos, despacio y a gusto, con lentitud, saboreando.
En el paseo nos encontramos con la ermita del nazareno. Ermita que en cualquier otra localidad recibiría el título de iglesia parroquial, dada su envergadura y majestuosidad. Torre campanario en fábrica de ladrillo, paredes blancas rematadas con el mismo material y un portal con dos grandes columnas que encierran en su parte superior un escudo condal. Anexo a la ermita se encuentran el que fuera antiguo colegio de Escolapios (actual instituto de bachillerato) al que permanece unido por el cordón umbilical de un arco-puente. Nos encandila el espíritu que emana de la población.
Por recordar dos apuntes históricos destacados, ya que de aquellos pagos llegan estas mieses hasta hoy en día. Archidona, siendo aún Medina Arxiduna, vivió varias décadas de esplendor. El emperador Abderramán I fue coronado primer Emir en el año 756. La ciudad fue, hasta el siglo X, capital de la llamada Cora de Rayya, una región que ocupaba, más o menos, la extensión de la Málaga actual. Ya en el siglo XVIII la llegada de los Padres Escolapios marcó un segundo esplendor, ya que dotaron a la ciudad de un importante renacimiento cultural, referente de toda la provincia hasta el siglo XX. Presisamente en las escuelas de los Escolapios a las que antes mencionábamos, estudió durante unos años el padre de la Patria Andaluza, Blas Infante. El paso natural entre Granada y Sevilla donde radica este núcleo de población siempre le ha colocado en una situación privilegiada, donde han llegado los comerciantes de manera permanente durante toda su historia y donde aún hoy continúan llegando. En el siglo XXI Archidona se encuentra en el punto de una Y ya que hacia el suroeste cruza la autopista que une Málaga con Granada y hacia el noreste la que comunica Málaga con Córdoba, Sevilla y Antequera. Archidona todo lo ve desde lo más elevado de su Pico del Conjuro. Continuamos nuestro paseo hasta llegar a la iglesia de la Victoria. Monumento destacado erigido en 1555 como un convento de Frailes Mínimos y del que sólo queda la fachada original. Destacan en su fachada las pinturas que se sitúan sobre su puerta y la espadaña, de tres ojos de los que penden dos campanas. N su interior destaca la figura del nazareno en sustitución de la Virgen de la Victoria que antaño ocupara el altar mayor. La parroquia es, además sede canónica de varias cofradías y de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa.
Junto a la iglesia se encuentra el edificio de la Cilla, sede del ayuntamiento y del Museo Municipal. Tiene una historia curiosa, porque pese a su señorío y portazgo el edificio se utilizó en su primer origen como silo para guardar cosechas. Tras una primera reforma se transformó en Casa Consistorial para después albergar el Museo Municipal. Accedemos. El museo abre en época de verano de martes a sábado de 12:00 a 14:00 horas y de 17:30 a 19:30 horas, y domingo y festivos de 12:00 a 14:00 horas. En invierno los horarios de martes a sábado son de 11:30 a 13:30 horas y de 16:30 a 18:30 horas y domingos y festivos de 11:30 a 13.30 horas. La entrad es gratuita y merece la pena. Además del natural repaso por la prehistoria e historia archidonense, el museo alberga un recorrido por la memoria tradicional y popular muy rico, donde se reflejan tradiciones como la de “correr las latas” (los niños y niñas de Archidona corren por las calles con hatillos de latas para que los Reyes Magos no se olviden de acudir a traerles juguetes) o la de los cordones de San Blas, que portege la garganta durante todo el año si se ata una cinta bendecida al cuello y decorada con pequeños roscos de pan. Recorremos los pasos de la sala de la Memoria Colectiva, donde también pueden apreciarse otras tradiciones comunitarias, la sala de la Villa, donde se reúnen los archivos y elementos municipales más antiguos, entre ellos una caja fuerte de madera y hierro que se ha utilizado en el ayuntamiento hasta hace relativamente poco (con tres llaves, una en posesión del alcalde, otra en posesión del secretario y otra en posesión del interventor), o los trajes señoriales con los que se avían en las fiestas grandes. La sala de la Villa dispone además de sillas y bancadas, y una mesa señorial perteneciente a la que fuera sala de recepciones de Archidona y que, hoy por hoy, se utiliza para realizar bodas y otros actos civiles destacados. Paseamos por el museo y paseamos por la memoria de Archidona sin sentirnos intrusos, es más sintiéndonos partícipes de su historia de sus tradiciones. El técnico responsable del museo nos atiende y recrea con minuciosidad cada detalle. Respiramos antiguo y salimos.

El convento de las Mínimas y sus dulces deliciosos

La visita al convento de las Mínimas tiene un antes y un después. El antes es nuestra presencia en Archidona y el deleite con el trato y el conjunto arquitectónico y el después tiene que ver con algo mucho más prosaico, con la delectación con la que degustamos los dulces adquiridos en el templo. Si las monjas de clausura de Archidona tienen fama en la elaboración de sus dulces, podemos admitir y subrayar que es una fama ganada a pulso. Pero será un poco más tarde y en un lugar privilegiado donde daremos cuenta de los mostachones y quesos de almendra y…
El convento de las Monjas Mínimas se construyó en 1551 sobre el espacio que ocupaba un antiguo edificio palaciego, propiedad del conde de Ureña y una antigua ermita. La fachada del convento y de la iglesia son impresionantes casi abarcan una calle entera, así que podemos adivinar, acaso intuir las dimensiones verdaderas del edificio en el que residen estas monjas de clausura. El interior de la iglesia es de una sola nave con bóveda de cañón y nos sorprenden los techos, trabajadísimos y su altar mayor de blanco y oro. Salimos. Buscamos la puerta de entrada al torno donde se venden los dulces. Si no situamos frente a la portada principal, a la derecha, a unos veinte metros hay una pequeña puerta, ahí se encuentra el acceso. Atención a los horarios, porque una vez que la puerta esté cerrada no hay manera de dar aviso. La venta de dulces artesanos es de 10:00 a 12:00 y de 17:00 a 19:00 horas. Entramos, frente a nosotros una puerta, a la izqueirda un torno. Nos entra una duda. Junto a la puerta hay un timbre eléctrico normal. Junto al torno hay una cadena que suponemos hace sonar una campana. Optamos por el timbre eléctrico. Llamamos hasta tres veces. Nadie atiende. Tiramos ahora de la cadena, al tira de ella escuchamos una serie de engranajes que corren y al final de ellos, cuando se llega al tope… suena lejana una campana… Esperamos… -Hola,- escuchamos una voz joven al otro lado. – Buenos días, queríamos unos dulces,- Decimos. -¿De cuáles desean?,- nos preguntan. -¿Cuáles nos recomiendan?,- preguntamos. - Qué te voy a decir majo, aquí todos están muy buenos. Pedimos una caja de mostachones rellenos de batata, una caja de quesitos de almendra y unos aceitados. Además de estos tres manjares la oferta se completa con borrachuelos, cortadillos y roscos de San Francisco. Esperamos. Un par de minutos más tarde el torno gira y ahí aparecen, perfectamente empaquetados, nuestros pedimos. - ¿Cuánto es?,- preguntamos. –20, 40 euros,- nos contestan al otro lado. Pagamos y nos despedimos mientras escuchamos. – Vayan con dios. ¿Cómo saben que somos dos personas si sólo he hablado yo? Miramos el pequeño hall. Sobre la puerta una moderna webcam nos vigila. Sonreímos. Tradición y modernidad dadas de la mano.

La ermita de Nuestra Señora de Gracia y la despedida
























Nos vamos, vamos a subir al Pico del Conjuro, a la ermita de Gracia, la que fuera antigua ermita, al castillo, al bosquete de almendros en flor, al verde, a la balconada natural sobre Archidona. Tomamos el coche y atravesamos Archidona por el Paseo de la Victoria y por la avenida Virgen de Gracia para tomar a a derecha el llamado Camino del Santuario. Está indicado, no hay mayor problema. El coche se puede estacionar en la parte de abajo y caminar hasta la cima, es una camino bueno pero un tanto largo y bastante empinado, También se puede acceder en coche hasta la ermita misma. Según ascendemos atravesamos un bosque de pinos y el parque periurbano Virgen de Gracia. Un velo de calima oculta el horizonte tras una seda, pero aún con todo, la vista se va dibujando de manera espectacular. Aparcamos. Un rebaño de ovejas nos sale al paso. Balan y caminan haciendo sonar las esquilas. Caminamos entre los restos de la antigua puerta de entrada al castillo de cuya existencia apenas quedan dos lienzos de muralla y los vestigios romos de un par de torreones. Sin embargo, la ermita, luce de blanco inmaculado recortada contra el cielo azul. Tras ella, se abre un abismo de olivos. Observamos cómo el rebaño de ovejas ramonea entre los pastos de hierba y escuchamos como un cordero de apenas dos días de vida (aún lleva prendado parte del cordón umbilical) bala en busca de su madre. Se ha perdido. Miramos a nuestro alrededor, no hay rastro del pastor. Intentamos atraparlo, pero salta y brinca y no se deja coger. Por fin, tras casi quince minutos de intentonas fallidas logramos conducirlo hacia donde se encuentra su madre. Sonreímos satisfechos. El cordero perdido nos había impedido levantar la vista y contemplar el espectáculo. Nos deja sin habla. Los almendros blancos se perfilan contra el horizonte. Bajo nuestros pies, el caserío de Archidona y su corazón palpitante en forma de plaza Ochavada. A los lejos las montañas de Málaga, de Granada, el Peñón de los Enamorados de Antequera. Y señoreando el paisaje, la ermita. Una de las pocas, la única, en toda Málaga que aún conserva en su interior la forma de arcadas de las antiguas mezquitas. El conjunto resulta sobrecogedor, impresionante. Visitamos su interior, coqueto y apretado, salimos, accedemos a los restos del castillo, disfrutamos del paisaje, del cielo límpido de febrero, del invierno amansado y hoy, en contra de la costumbre de este blog, despedimos desde aquí .
Nos sentamos en una piedra. El paisaje ante nuestra mirada, permanente y cambiante a un tiempo. De la pequeña mochila que siempre llevamos con nosotros, hoy, además de cuadernos, cámara de fotos, información y estuches de lapiceros y bolígrafos, tenemos un tesoro. – Ábrelas. Ante nosotros… Mostachones rellenos de batata, quesitos de almendra y aceitados… No podemos resistir la tentación y los probamos todos.
El aire nos acaricia la piel, le verde y el azul y el blanco reposan en nuestra mirada, escuchamos, algo lejanos los balidos del rebaños de ovejas, un par de ladridos algo más abajo, las ramas de los almendros de mecen con la brisa suave. Qué buenos están los mostachones.

Otras informaciones y enlaces de interés

Las lagunas de Archidona: apenas a cinco kilómetros del centro urbano se encuentra uno de los parajes naturales de Málaga, un humedal compuesto por dos láminas de agua que se conoce como las Lagunas de Archidona. Zona de paso y crianza de avifauna, tesoro preciado para los amantes de la naturaleza.
La Feria del Perro: En 1993 se organiza la I Feria del Perro de Archidona, posteriormente fue declarada Fiesta de interés turístico nacional por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Su origen es la recuperación de una feria típica de ganado que se venía celebrándose en la localidad desde principios del siglo XX y que se perdió por la mecanización y el progreso del campo. El Ayuntamiento de Archidona centró su interés en el mundo del perro para recuperarla tradicional feria de ganado. Está organizada por el Iltre. Ayuntamiento de Archidona, la Federación Andaluza de Caza, la Sociedad Canina Costa del Sol y la Asociación Cultural Amigos de la Feria del Perro. La feria es un acontecimiento singular, de ámbito nacional y una de las muestras más importantes de la Península Ibérica relacionada con el mundo del perro y de la caza; escenario importante para las razas españolas, en especial para el Podenco Andaluz. Destacar que esta raza tiene un antes y un después desde la primera edición de la Feria del Perro de Archidona, pues en ella, a través de diferentes foros se fijaron los cánones para la raza del Podenco Andaluz. (información y fotografía extraídas de la página web www.feriadelperro.com)
Semana Santa: 500 años de tradición avalan las celebraciones de la Semana Santa en Archidona. Desde el domingo de Ramos hasta el domingo de Resurrección las cofradías recorren con sus tronos las calles de la localidad hasta desembocar en la plaza Ochavada. Destaca en las celebraciones religiosas de esta época la llamada “Embajá del Ángel”, cuando un niño desciende desde los cielos ataviado como un ángel desde el balcón de la iglesia de la Victoria para anunciar la Pasión de Cristo.
Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la web municipal de Archidona además de las ya mencionadas en este reportaje.