Es delicado y sutil , frágil. Un conjunto de lagunas que todos los años desaparecen en verano y renacen como un ave fénix en las estribaciones del invierno, en la primavera, para desaparecer de nuevo en la llegada del periodo estival. Frágil. Sutil. Delicado. Un ecosistema cíclico que cada año pugna por regresar, que con cada nueva estación muere y germina, desaparece y se reactiva. A cambio, ofrece al observador sentimental un paisaje de contrastes inverosímiles, de juegos de espejismos, de apariciones insólitas, de colores caleidoscópicos. Ahí está el verde y el azul y el blanco y el amarillo y el ocre y el caldera y el gris y el rosa y el negro. Todos presentes en este horizonte que palpita entre campos de cereal empacado, entre olivos grises, entre tractores solitarios, entre el silbido del tren. Las Lagunas de Campillos, un ecosistema único, sutil, frágil, delicado.
Reserva Natural de las Lagunas de Campillos
Fueron siete , pero la fragilidad a la que ya nos hemos referido hicieron que dos de ellas, la Redonda y la de Toro, desaparecieran hace años. Permanecen cinco en el término municipal de Campillos, son la laguna Dulce, la Salada, la de Camuñas, la de Capacete y la del Cerezo. Entre ellas se teje un hilo de caminos rurales, de paseos y trochas de campo, de carreteras secundarias y principales, de vías férreas, incluso por sus lares pasa una cañada real, la que comunica Ronda con Algeciras. De ahí que el viajero pueda recorrer las 1.126 hectáreas de Reserva Natural a pie, en bicicleta de montaña, a caballo o en coche (aunque el automóvil no permite llegar a todas ellas), disfrutando de la llanura del entorno y de su paisaje de olivos y acebuches, de cereal y de girasoles. Las Lagunas de Campillos tiene el tratamiento de Reserva Natural desde 1989 y su carácter fuertemente estacional hace que su visita y disfrute se limite entre el otoño entrado y la primavera larga. En épocas de sequía las lagunas pueden llegar a desaparecer por completo, dejando un espejismo blanco de salinidad consumida, un velo blanco reducido.
Las cinco lagunas y los campos
Dada la fragilidad estacional de las lagunas nos sorprende leer una noticia relativa al siglo XIX en la que se indicaba que los habitantes de Campillos utilizaban la laguna Dulce para realizar pesca deportiva. Se deriva de ahí que hace 150 años ésta podría no desecarse en verano y que la población de peces se mantuvo más o menos estable durante muchos años. Concretamente se hace referencia a un manuscrito datado en el año 1833 que confirma el hecho. Con esta idea rondando en nuestra cabeza estacionamos el coche. Nos pertrechamos. La laguna Dulce es grande, nada más descender del automóvil escuchamos los primeros sonidos que nos traslada, es un lenguaje único y universal a un tiempo. La red de humedales de Málaga está bien preparada, bien cuidada, en casi todos ellos nos encontramos una zona de avistamiento habilitada para poder contemplar la avifauna sin que sea molestada. De ahí que entre los pertrechos llevemos, además de la cámara y del bloc de notas, los prismáticos. La observación requiere paciencia, tiempo. Primero se les escucha entre los carrizos y los juncos, movimientos, aleteos, graznidos, cloqueos, zambullidas. El primer y superficial vistazo muestra el que parece un paisaje estático, quieto. Con la segunda mirada, más profunda e intensa, todo comienza a moverse. Se observan los aleteos, las estelas volátiles de las orillas, los planeos sobre el aire caliente. Las piezas encajan como en un puzle. Se asocian los cloqueos a las estelas, los graznidos a los planeos, los aleteos a las zambullidas y comenzamos a poner nombres. Las aves acuáticas como los tarros, las garcetas, ánades, chorlitejos patinegros, correlimos, flamencos, cigüeñuelas, fochas y avocetas son los más abundantes y casi todos ellos visibles con cierta perseverancia. Acompañarse de un manual de la avifauna malagueña puede ser un buen complemento para disfrutar la visita al cien por cien. Parapetados en el puesto de observación y acodados sobre las repisas de madera vemos como las aves despliegan sus distintos compases de baile, con gracilidad, con agresividad, con suavidad, con maternal ternura. La población de aves de las lagunas de Campillos se comparte con la laguna de Fuente de Piedra, las de Archidona y la de la Ratosa en Alameda. Zona de paso y migración de las aves que circular de sur a norte y de norte a sur, este es territorio de alimentación y nidificación para algunas especies. Es más, un panel informativo nos propone una ruta que, en primavera, debe ser más que interesante. Son 22 kilómetros que se pueden realizar en unas 7 horas aproximadamente y nos llevaría desde esta laguna Dulce de Campillos hasta el Desfiladero de los Gaitanes en Ardales. Se puede realizar andando, en bicicleta de montaña o incluso a caballo. Recorre gran parte de la comarca del Guadalteba, visitando lugares destacados para contemplar la avifauna y se asegura que es un itinerario perfecto para los amantes de la ornitología. Tomamos nota. Compartiendo las cinco lagunas de Campillos un pálpito común, cada una de ellas tiene su propia personalidad, ya sea por la proximidad de las tierras de cultivo, por el sobresalto casi telúrico al paso del tren, por su pasado con uso comercial, por su reducidísima estacionalidad… Así otra de las lagunas con historia en Campillos es la laguna Salada. Todo el complejo lagunar es de baja salinidad, pero hasta hace aproximadamente 50 años, los habitantes de la localidad extraían cloruro sódico de manera artesanal de esta laguna Salada. Se sitúa en el centro mismo del complejo, semiescondida tras una loma y junto con la de Capacete es la segunda en tamaño. En la laguna salada destaca su flora acuática, entre ella la Althenia orientales, la Chara áspera, la Chara galioides y la ruppia. Nuestros paseos entre un humedal y otro nos permiten contemplar además otras especies animales. Las trochas que marcan los campos como una red de caminos imposibles nos permiten, con suerte, y casi por descuido y sorpresa otras especies como el lagarto ocelado, las culebras bastarda y viperina, la culebra de agua, la rana verde, los sapillos moteado y común, liebre y conejos, comadrejas, zorros… Todo el ecosistema se retroalimenta y nosotros solo somos viajeros de paso, así que importa más el capricho o descuido de algunos animales y reptiles de asomarse que nuestro empeño de verlos. Es un instante, una mota anaranjada que desaparece tras una aulaga, la estupefacción marrón y gris de un conejo en mitad de una trocha, el bisbiseo de una serpiente. El camino entre la laguna Dulce y la de Capacete, pasando por el Cerezo y por Camuñas discurre entre campos. Imaginamos aquí al campesino de antaño, con sus acémilas cargadas de aceituna, con una ramita de romero en la boca, con su gorra para combatir el sol y la piel cobriza y tersa producto de la intemperie. Poco queda de todo aquello y los burros se sustituyen por tractores y empacadoras que saludan al mundo elevando al aire sus columnas de tierra ocre. Caminamos despacio, bajo el sol de la mañana. Permitimos paso libre a la brisa que de tanto en tanto nos refresca. Es imprescindible si se quiere hacer un recorrido circular entre las lagunas de Campillos llevar agua. El paseo no es muy largo y discurre de forma prácticamente llana, ideal para un recorrido suave en mountain bike, sin embargo no se aprecian fuentes en el camino, así que el agua, además de la de las lagunas, hay que llevarla en el equipo. En algunas de estas trochas cercanas a las lagunas contemplamos hilos de plata que cruzan de un lado a otro. Forman redes en el suelo y sólo pueden verse bajo el reflejo del sol. Algunas de las aves que se alimentan en las lagunas, nidifican entre los juncos y los carrizos que las rodean, así, sus patas mojadas dejan rastro en los caminos cuando pasan de una zona a otra. Son recientes. Los aromas de estos complejos lagunares son únicos. Se conjuntan de una manera especial el salinoso de las láminas de agua y el serrano del tomillo y del romero. Estas últimas son especies abundantes en los campos y embridan al aire con su perfume dulce e inconfundible. Del mismo modo que se encuentran tomillo y romero, también pueden verse jaras, matagallos, aulagas y en las proximidades de la laguna de Camuñas, lentiscos. Las nubes se reflejan sobre la superficie mansa de la laguna, como un espejismo que fluye sobre el aire. Los colores ocre, verde, azul, amarillo se mezclan, formando un paisaje único y especial. En otras épocas del año, más próximas al invierno, prima el verde por encima de otros, en este final de primavera es el ocre y el amarillo los que señorean. Un mismo paisaje teñido de diversidad cromática también estacional. Caminamos a campo abierto, entre árboles, al borde de un campo de girasoles, vemos las pacas de cereales reposando sobre una ladera, pisamos tierra y pisamos asfalto, observamos y escuchamos a lo lejos cómo pasa el tren que une Ronda con Algeciras. Anotamos, ese puede ser un buen recorrido motorizado.
Despedida
Sentados sobre un banco de madera. Escuchamos un aleteo, un flamear rosa y blanco se abre ante nuestros ojos, una sacudida, dos, nada más. El flamenco se estira, sumerge el pico en el agua una vez más. Bate las alas de nuevo. Levanta el vuelo. Comienza a planear. Realiza un círculo sobre la laguna y se aleja dirección nornoroeste, dirección Fuente de Piedra. Observamos como el flameo rosa y blanco rompe el aire. Los cloqueos, zumbidos, trinos, chapaleos parecen apagarse un instante. Todo es calma.
Enlaces de interés y consejos útiles
Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. La Reserva Natural de las Lagunas de Campillos se encuentra en el término municipal de Campillos, perteneciente a la comarca del Guadalteba.
Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.
Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural, situada en Campillos
Y no es un espejismo. Es una lámina de agua real, cercada de olivares y de monte bajo. No es un espejismo. Es una nube de rosas y blancas alas en movimiento, de cloqueos, graznidos, cacareos como banda sonora, de sosiegos otoñales y respingos del invierno. No es un espejismo. Era una zona de paso, de nidificación, de crianza. Ahora parece convertirse en destino estable de su población más notable, los flamencos. No debería haber agua en esta época del año, y la hay. No debería haber flamencos en esta época del año, pero los hay. “La naturaleza nos enseña que nada es inmutable”, apuntaba un buen amigo, conocedor. Contemplamos la lámina de agua ante nuestros ojos, vemos las ondas que se mecen en su superficie batidas por la brisa, confundimos el cielo con su reflejo y creemos que todo lo que vemos es un espejismo.
El Centro de Visitantes
Atravesamos el centro urbano de Fuente de Piedra. Como una ciudad en la llanura extiende sus casas por entre sus alargadas calles. Casas bajas de planta y piso, dos alturas a lo sumo. Ventanas enrejadas con forja plata y negra. Los carteles indicadores señalan perfectamente el camino a seguir para encontrar la laguna y su Centro de Visitantes. Nos adentramos en las primeras estribaciones del entorno protegido y contemplamos la superficie de agua ante nuestros ojos. Parece de acero bruñido, gris sobre gris, como si de plomo derretido se tratara. Algunos acebuches se asoman a ella con la timidez de saberse ante algo poderoso e intenso. Estacionamos en el parking habilitado y al abrir la puerta del coche llega hasta nosotros un aroma inconfundible a tierra húmeda y apretada. Aspiramos y sólo con este primario sentido que es el olfato realizamos una composición de lugar. En nuestra mente podemos bosquejar las primeras aves, el recorte de los juncos en las orillas, algunas superficies desecadas en el otoño, el aroma de las plantas… El Centro de Visitante se encuentra situado en un altozano, sobre el Cerro del Palo, y tiene una vista privilegiada sobre la laguna. Es un edificio antiguo, que ha sabido conservar en su exterior la apariencia de antigua hacienda, para preservar en el interior un completísimo Centro de Visitantes. Priman los colores rosas y fucsias de los flamencos en sus paneles explicativos, nutridos de excelente información que satisfará la curiosidad de los neófitos y de los expertos. En ellos se detallan y cuentan los tipos de aves y distinta fauna que pueblan la Laguna de Fuente de Piedra, así como el proceso de nidificación de los flamencos y el proyecto anual de anillamiento de los nuevos ejemplares nacidos. En el centro de la sala principal, unas figuras que representan al detalle y en tamaño real a varios flamencos. Pero sin duda, el mejor panel de todos los existentes, el gran hallazgo de este centro de visitantes es el enorme ventanal abierto hacia la laguna, donde el viajero puede contemplar la lámina de agua en todo su esplendor. Miramos a través de ella. Contemplamos la intrincada red de senderos que surcan la ribera de la laguna y que permiten al visitante un excepcional acercamiento a este portentoso y excepcional ecosistema. No en vano está considerado como uno de los humedales más significativos de Europa y el más importante en la cría y reproducción de flamencos. El color plúmbeo de la laguna engaña nuestra vista, pero cuando descubres uno, ya los ves todos. Primero es una mota rosa cerca del horizonte. – Mira, mira, allí hay uno-, señalo. – Espera, espera que hay más, allí y allí-, continúo. – Y allí, y allí y allí-, me contestan. Es cierto, una nube rosácea se eleva a un palmo de la superficie del agua. Una nube que se mueve a un compás insólito, marcado por el característico caminar de los flamencos. El descubrimiento nos hace sonreir y apuramos la salida del Centro de Visitantes para, siguiendo las explicaciones de la guía, recorrer una pequeña parte de la laguna. Son tantas las cosas que se podrían contar, detallar y explicar sobre esta Laguna de Fuente de Piedra. Desde su pasado como reserva de caza hasta su presente como Reserva Natural. En la página web del ayuntamiento de Fuente de Piedra se detallan todos los aspectos históricos y naturales de este ecosistema. Nosotros vamos a ofrecer nuestra visión más personal que apela más a los sentimientos de la visita que a los conocimientos naturales.
La Laguna que vivimos
Hace fresco en esta mañana de primer otoño, un fresco estimulante y gozoso, que invita al paseo holgado, perfecto para caminar entre los límites de esta privilegiada superficie acuática. El entorno se encuentra perfectamente adecuado para la visita, los emplazamientos fotográficos y de avistamiento son magníficos ojos de madera integrados en el paisaje. Escuchamos como graznan las aves, como cloquean y cacarean, y vemos, cómo en su lánguido andar arrancan destellos fucsia los flamencos, semisumergidos en el agua. Visitamos la Laguna de las Paloma desde la que se pueden observar avefrías, gaviotas reidoras, ánades, andarríos, chorlitos, etc. Se detallan además las épocas del año en el que cada especie puede ser avistada. Contemplamos la laguna y antes siquiera de pensar en dejarla atrás ya estamos pensando en volver, en primavera, en su máximo apogeo, y recorrer con despacio y detenimiento los 21 kilómetros de su perímetro salpicado de miradores privilegiados. Resulta imprescindible llegarse hasta aquí con los prismáticos y la cámara de fotos. Y huele a romero, a tierra húmeda de manera muy intensa, a distintas flores y plantas. Se mecen todas las flores y los aromas al compás de la brisa suave. Caminamos hasta el Observatorio de las Albinas (al que llaman así por el blanquecino color de la tierra que le rodea) primero y hasta el Mirador de la Vicaría después, cruzando varios puentes de madera. Son apenas dos kilómetros y medio de distancia por un llano suave en un entorno privilegiado. Nos cruzamos con algunas parejas de excursionistas. Todo el mundo habla quedo, bajito, como para no enturbiar la paz del lugar. Llegamos hasta el observatorio, más próximo a la laguna y a las bandadas de flamencos a los que se ve y escucha a la perfección. Cloqueos, graznidos, cacareos, croar de ranas, esa es la música ambiente. Es una vista privilegiada rodeada de falso silencio. Esconden los flamencos su cabeza y su pico en el agua con la intención de alimentarse, de atrapar su sustento, su comida. Imaginamos volar toda la bandada que tenemos ante nuestros ojos, teñir de rosa el cielo, de fucsia intenso. Una grupo de lo que creemos son gaviotas reidoras alza el vuelo y ríen en el aire mientras forman círculos que se ensanchan y se empequeñecen. Nubes rosas tintan el agua plateada de la laguna, pequeños jirones blancos y fucsias. Caminan despacio los flamencos, posan sus patas sobre el fondo de la laguna con la delicadeza de un bailarín. “No debería haber agua ni flamencos en esta época del año”, regresan a nuestra mente esas palabras. “Sin embargo tenemos hoy mismo una población censada de 30.000”, nos subrayan desde la oficina de turismo de Fuente de Piedra. “Los pollos que nacieron este año (unos 7.000) se han quedado, y parte de sus 20.000 progenitores también”, continúan. “No debería haber agua ni flamencos en esta época del año”, pero ahí están, los hay. Y no es un espejismo.
El centro urbano de Fuente de Piedra
La Fons Divinus romana marcó su nombre y parte de sus primeros destinos. Y es que, dentro de las provincias de la Hispania romana, se tenía como muy eficientes las aguas de Fuente de Piedra para disolver cálculos renales. El agua que se consumía procedían de una fuente divina, Fons Divinus, que trocó su nombre por el de Fuente de Piedra quizá influida por sus poderes curativos contra dicho mal renal. Tan eficaz parecía ser aquel agua que en los siglos XVI y XVII se comercializó, exportándose al Reino de Nápoles e incluso hasta América. De aquella primigenia fuente romana surgió otra, más moderna, para la que, según se cuenta, se utilizaron bloques de piedra de la anterior. Pero antes de conocer la fuente, debemos llegar hasta el centro urbano desde la laguna. No hay pérdida. Fuente de Piedra, sus calles y monumentos están perfectamente señalizados. Estacionamos en la plaza de la Constitución en uno de cuyos vértices, bajo el auspicio del ayuntamiento se encuentra la Oficina de Turismo. Entramos. La guía nos cuenta, nos explica, nos recomienda. Y, bien pertrechados de catálogos, tarjetas y fichas, salimos. En apenas una encrucijada de calles se sitúan los lugares a visitar más simbólicos del municipio: la plaza, la fuente, la iglesia, el ayuntamiento. La visita a la Laguna nos ha abierto el apetito, pero vamos a dejarlo para algo más tarde. Si caminamos por la calle Juan Carlos Primero llegamos, en apenas cien metros, hasta la iglesia de Nuestra Señora de las Virtudes. Un templo curioso, que parece querer mimetizarse con el paisaje que le rodea gracias a su color arenoso, rojizo. El templo, de estilo neomudéjar, se construyó en el siglo XIX. Además de su color destaca su campanario, que en lugar de formar una torre descansa sobre una gran espadaña remata por dos arcos de los que penden sendas campanas, con una cruz de hierro en la parte más alta. La portada es muy sencilla, y sobre su portal principal descansan dos grandes vidrieras. Una placa, situada en la parte izquierda de la iglesia, recuerda a los muertos caídos en todas las guerras. Regresamos por donde hemos venido hasta llegar a la plaza de la Constitución. En el caminar encontramos algunas casas solariegas de cierta presencia. La fuente que da nombre al pueblo, además de su prosperidad, también trajo su desgracia. Después de una temporada de grandes sequías, las epidemias se expandieorn por la comarca, y los malos agoreros achacaron el origen de las misma a la fuente, antigua Fons Divinus, que a través de los vapores producidos por su agua estancada se propagaron diversas enfermedades. La historia da y la historia quita. En la actualidad, la fuente preside la plaza. Cuatro buenos caños surten de agua el pilar central acompañados a la izquierda por un grifo más modesto. Es una fuente hermosa, rematada por elemento central que quizá pudo coronar una cruz. Nos refrescamos. Recomendados por una vecina villafontense dirigimos nuestros pasos hacia el Bar Tejeda.
La comida
Es un bar sencillo, del que entran y salen vecinos y vecinas. Nos sentamos en una de las mesas exteriores, nos ofrecen la carta en la que vemos algunas especialidades que nos abren aún más el apetito como berenjenas fritas con miel de caña o croquetas de morcilla… Nos decidimos por un plato de lomo a la sal, un entrecot y una chuleta de ternera a la brasa. A lo que añadimos dos refrescos de cola, aceitunas y pan. Total, 51 euros. El lomo a la sal casi parece un carpaccio, el aceite cruda servido por encima realza su intenso sabor natural. En entrecot y el chuletón son fresquísimo y hechos al punto, sazonados con sal gorda y acompañados de patatas fritas caseras. De las aceitunas, ya no queda ni una. Comentamos en la comida las excelencias de lo que hemos visto hasta ahora, de la laguna y de la historia de Fuente de Piedra y su ininterrumpida población de íberos, fenicios, cartagineses, romanos, árabes.
El Refugio del Burrito
A las afueras de Fuente de Piedra, perfectamente señalizado, entre olivos y viñas se encuentra el Refugio del Burrito. Una iniciativa solidaria que se emparenta, además, con un pasado reciente común a la mayoría de los pueblos malagueños: el burro, animal de carga y trabajo que se encuentra en peligro de extinción. Para ello se ha creado El Refugio del Burrito, un lugar donde se provee a los burros y mulos abandonados o maltratados de un lugar seguro, desde el que se denuncian comportamientos negligentes y donde se ofrecen visitas gratuitas, excursiones escolares y asinoterapia (terapias pedagógicas con asnos o burros) para niños con necesidades educativas especiales. El Refugio del Burrito está abierto todos los días, en horario de 11:00 horas a 19:00 horas en verano y de 11:00 horas a 18:00 horas en invierno. Para más información se puede llamar al 952.031.622. Hemos llegado hasta el parking y lo primero que nos sorprende es la limpieza, cuidado y profesionalidad con el que se encuentra todo montado. Los diferentes boxes y cercados de madera. Los ejemplares de diferentes razas de burro separadas por edades. La facilidad con la que se facilita el acceso a los visitantes. Las fichas de los animales, en las que se indica el nombre y año de nacimiento, así como otra serie de características. Paseamos por entre los cercados, algunos se dejan acariciar la testuz, otros son algo más esquivos. Observamos las cuadras, cómo se alimentan. Nos sentamos un rato en el primer atardecer y escuchamos cómo rumian a nuestro alrededor. Ofrecemos un pequeño donativo a la causa, y nos perdemos de nuevo por la carretera entre olivos, dejando tras de nosotros una estela de polvo blanco.
Despedida
Es el momento del descubrimiento, la sensación de hallar entre el color plateado de la laguna ese primer ejemplar de flamenco, la sorpresa inicial, la emoción primera. Y el paseo entre los juncos, sobre las tierras arenosas que en primavera se ocupan de agua, las flores rojas ante el puente de madera, el cloqueo permanente de las aves, el canto delicado de un pájaro posado con delicadeza sobre una delicada rama, el falso silencio del entorno de la laguna, el color que muta y cambia de plomo a plata, de plata blanco, de blanco a rosa, de rosa a fucsia, el movimiento pendular del cuello del pelícano sumergiéndose una y otra vez bajo el agua… Nos apostamos sobre uno de los miradores, dejamos los prismáticos y la cámara de fotos y, ahora nos dedicamos a ver con los cinco sentidos.
Enlaces de interés y consejos turísticos
Imprescindible: Para visitar la laguna se recomienda encarecidamente llevar prismáticos, no hace falta ser una gran conocedor de la flora y fauna para disfrutar de este entorno privilegiado y dada que es una reserva natural la mejor forma de acercarse a los flamencos es a través de los prismáticos. Una cámara de fotos con un buen teleobjetivo para capturar los momentos más interesantes. Anillado de flamencos: Una de las actividades que se puede contemplar en la laguna de Fuente de Piedra es el anillamiento de los flamencos en verano. La Concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento villafontense organiza durante el mes de julio (con fecha determinada por el nacimiento y llegada de las aves) visitas guiadas a la laguna, exposiciones, desayuno andaluz en la plaza y una verbena en la que se da la bienvenida a los voluntarios ambientales participantes y a los observadores. El proceso de anillado de flamencos es fundamental para su control, ya que permite mantener un seguimiento anual de los flamencos, y se realiza bajo condiciones muy especiales, por tanto el voluntariado colaborador es escogido con detenimiento, aunque siempre se puede participar como observador cumpliendo unas estrictas normas de comportamiento. La mejor época para visitar la laguna, además de este proceso de anillado, es la primavera, cuando los flamencos llegan y nidifican, se aparean y crían sus primeros polluelos. Es el periodo en el que más agua tiene la laguna y más ejemplares de flamencos hay conviviendo en ella. Turismo Rural: Son muchas las casas dedicadas al turismo rural en el municipio, a falta de aconsejar una, diremos que sólo con escribir “Fuente de Piedra” en alguno de los más conocidos buscadores se encontrará una amplia gama y oferta para todos los gustos, precios y estilos. Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página del ayuntamiento de Fuente De Piedra, en especial la información dedicada de manera específica a la laguna. Además de estas dos sumamos otros enlaces de interés como la página web de la Junta de Andalucía sobre la Reserva Natural y otra que nos ofrece una visita virtual por la misma.
Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.