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EN / 05 LAGUNAS DE CAMPILLOS: El color

martes, 14 de junio de 2011

Es delicado y sutil , frágil. Un conjunto de lagunas que todos los años desaparecen en verano y renacen como un ave fénix en las estribaciones del invierno, en la primavera, para desaparecer de nuevo en la llegada del periodo estival. Frágil. Sutil. Delicado. Un ecosistema cíclico que cada año pugna por regresar, que con cada nueva estación muere y germina, desaparece y se reactiva. A cambio, ofrece al observador sentimental un paisaje de contrastes inverosímiles, de juegos de espejismos, de apariciones insólitas, de colores caleidoscópicos. Ahí está el verde y el azul y el blanco y el amarillo y el ocre y el caldera y el gris y el rosa y el negro. Todos presentes en este horizonte que palpita entre campos de cereal empacado, entre olivos grises, entre tractores solitarios, entre el silbido del tren. Las Lagunas de Campillos, un ecosistema único, sutil, frágil, delicado.



Reserva Natural de las Lagunas de Campillos

Fueron siete , pero la fragilidad a la que ya nos hemos referido hicieron que dos de ellas, la Redonda y la de Toro, desaparecieran hace años. Permanecen cinco en el término municipal de Campillos, son la laguna Dulce, la Salada, la de Camuñas, la de Capacete y la del Cerezo. Entre ellas se teje un hilo de caminos rurales, de paseos y trochas de campo, de carreteras secundarias y principales, de vías férreas, incluso por sus lares pasa una cañada real, la que comunica Ronda con Algeciras. De ahí que el viajero pueda recorrer las 1.126 hectáreas de Reserva Natural a pie, en bicicleta de montaña, a caballo o en coche (aunque el automóvil no permite llegar a todas ellas), disfrutando de la llanura del entorno y de su paisaje de olivos y acebuches, de cereal y de girasoles. Las Lagunas de Campillos tiene el tratamiento de Reserva Natural desde 1989 y su carácter fuertemente estacional hace que su visita y disfrute se limite entre el otoño entrado y la primavera larga. En épocas de sequía las lagunas pueden llegar a desaparecer por completo, dejando un espejismo blanco de salinidad consumida, un velo blanco reducido.

Las cinco lagunas y los campos

Dada la fragilidad estacional de las lagunas nos sorprende leer una noticia relativa al siglo XIX en la que se indicaba que los habitantes de Campillos utilizaban la laguna Dulce para realizar pesca deportiva. Se deriva de ahí que hace 150 años ésta podría no desecarse en verano y que la población de peces se mantuvo más o menos estable durante muchos años. Concretamente se hace referencia a un manuscrito datado en el año 1833 que confirma el hecho. Con esta idea rondando en nuestra cabeza estacionamos el coche. Nos pertrechamos. La laguna Dulce es grande, nada más descender del automóvil escuchamos los primeros sonidos que nos traslada, es un lenguaje único y universal a un tiempo. La red de humedales de Málaga está bien preparada, bien cuidada, en casi todos ellos nos encontramos una zona de avistamiento habilitada para poder contemplar la avifauna sin que sea molestada. De ahí que entre los pertrechos llevemos, además de la cámara y del bloc de notas, los prismáticos.
La observación requiere paciencia, tiempo. Primero se les escucha entre los carrizos y los juncos, movimientos, aleteos, graznidos, cloqueos, zambullidas. El primer y superficial vistazo muestra el que parece un paisaje estático, quieto. Con la segunda mirada, más profunda e intensa, todo comienza a moverse. Se observan los aleteos, las estelas volátiles de las orillas, los planeos sobre el aire caliente. Las piezas encajan como en un puzle. Se asocian los cloqueos a las estelas, los graznidos a los planeos, los aleteos a las zambullidas y comenzamos a poner nombres. Las aves acuáticas como los tarros, las garcetas, ánades, chorlitejos patinegros, correlimos, flamencos, cigüeñuelas, fochas y avocetas son los más abundantes y casi todos ellos visibles con cierta perseverancia. Acompañarse de un manual de la avifauna malagueña puede ser un buen complemento para disfrutar la visita al cien por cien. Parapetados en el puesto de observación y acodados sobre las repisas de madera vemos como las aves despliegan sus distintos compases de baile, con gracilidad, con agresividad, con suavidad, con maternal ternura. La población de aves de las lagunas de Campillos se comparte con la laguna de Fuente de Piedra, las de Archidona y la de la Ratosa en Alameda. Zona de paso y migración de las aves que circular de sur a norte y de norte a sur, este es territorio de alimentación y nidificación para algunas especies. Es más, un panel informativo nos propone una ruta que, en primavera, debe ser más que interesante. Son 22 kilómetros que se pueden realizar en unas 7 horas aproximadamente y nos llevaría desde esta laguna Dulce de Campillos hasta el Desfiladero de los Gaitanes en Ardales. Se puede realizar andando, en bicicleta de montaña o incluso a caballo. Recorre gran parte de la comarca del Guadalteba, visitando lugares destacados para contemplar la avifauna y se asegura que es un itinerario perfecto para los amantes de la ornitología. Tomamos nota.
Compartiendo las cinco lagunas de Campillos un pálpito común, cada una de ellas tiene su propia personalidad, ya sea por la proximidad de las tierras de cultivo, por el sobresalto casi telúrico al paso del tren, por su pasado con uso comercial, por su reducidísima estacionalidad… Así otra de las lagunas con historia en Campillos es la laguna Salada. Todo el complejo lagunar es de baja salinidad, pero hasta hace aproximadamente 50 años, los habitantes de la localidad extraían cloruro sódico de manera artesanal de esta laguna Salada. Se sitúa en el centro mismo del complejo, semiescondida tras una loma y junto con la de Capacete es la segunda en tamaño. En la laguna salada destaca su flora acuática, entre ella la Althenia orientales, la Chara áspera, la Chara galioides y la ruppia.
Nuestros paseos entre un humedal y otro nos permiten contemplar además otras especies animales. Las trochas que marcan los campos como una red de caminos imposibles nos permiten, con suerte, y casi por descuido y sorpresa otras especies como el lagarto ocelado, las culebras bastarda y viperina, la culebra de agua, la rana verde, los sapillos moteado y común, liebre y conejos, comadrejas, zorros… Todo el ecosistema se retroalimenta y nosotros solo somos viajeros de paso, así que importa más el capricho o descuido de algunos animales y reptiles de asomarse que nuestro empeño de verlos. Es un instante, una mota anaranjada que desaparece tras una aulaga, la estupefacción marrón y gris de un conejo en mitad de una trocha, el bisbiseo de una serpiente.
El camino entre la laguna Dulce y la de Capacete, pasando por el Cerezo y por Camuñas discurre entre campos. Imaginamos aquí al campesino de antaño, con sus acémilas cargadas de aceituna, con una ramita de romero en la boca, con su gorra para combatir el sol y la piel cobriza y tersa producto de la intemperie. Poco queda de todo aquello y los burros se sustituyen por tractores y empacadoras que saludan al mundo elevando al aire sus columnas de tierra ocre. Caminamos despacio, bajo el sol de la mañana. Permitimos paso libre a la brisa que de tanto en tanto nos refresca. Es imprescindible si se quiere hacer un recorrido circular entre las lagunas de Campillos llevar agua. El paseo no es muy largo y discurre de forma prácticamente llana, ideal para un recorrido suave en mountain bike, sin embargo no se aprecian fuentes en el camino, así que el agua, además de la de las lagunas, hay que llevarla en el equipo. En algunas de estas trochas cercanas a las lagunas contemplamos hilos de plata que cruzan de un lado a otro. Forman redes en el suelo y sólo pueden verse bajo el reflejo del sol. Algunas de las aves que se alimentan en las lagunas, nidifican entre los juncos y los carrizos que las rodean, así, sus patas mojadas dejan rastro en los caminos cuando pasan de una zona a otra. Son recientes.
Los aromas de estos complejos lagunares son únicos. Se conjuntan de una manera especial el salinoso de las láminas de agua y el serrano del tomillo y del romero. Estas últimas son especies abundantes en los campos y embridan al aire con su perfume dulce e inconfundible. Del mismo modo que se encuentran tomillo y romero, también pueden verse jaras, matagallos, aulagas y en las proximidades de la laguna de Camuñas, lentiscos.
Las nubes se reflejan sobre la superficie mansa de la laguna, como un espejismo que fluye sobre el aire. Los colores ocre, verde, azul, amarillo se mezclan, formando un paisaje único y especial. En otras épocas del año, más próximas al invierno, prima el verde por encima de otros, en este final de primavera es el ocre y el amarillo los que señorean. Un mismo paisaje teñido de diversidad cromática también estacional.
Caminamos a campo abierto, entre árboles, al borde de un campo de girasoles, vemos las pacas de cereales reposando sobre una ladera, pisamos tierra y pisamos asfalto, observamos y escuchamos a lo lejos cómo pasa el tren que une Ronda con Algeciras. Anotamos, ese puede ser un buen recorrido motorizado.

Despedida

Sentados sobre un banco de madera. Escuchamos un aleteo, un flamear rosa y blanco se abre ante nuestros ojos, una sacudida, dos, nada más. El flamenco se estira, sumerge el pico en el agua una vez más. Bate las alas de nuevo. Levanta el vuelo. Comienza a planear. Realiza un círculo sobre la laguna y se aleja dirección nornoroeste, dirección Fuente de Piedra. Observamos como el flameo rosa y blanco rompe el aire. Los cloqueos, zumbidos, trinos, chapaleos parecen apagarse un instante. Todo es calma.


Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. La Reserva Natural de las Lagunas de Campillos se encuentra en el término municipal de Campillos, perteneciente a la comarca del Guadalteba.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.




Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de esta Reserva Natural, situada en Campillos


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

EN / 03 LA LAGUNA DE LA RATOSA: Espejismo Azul

martes, 17 de mayo de 2011

Juega la lámina azul entre los olivos. Se esconde, aparece, se vuelve a esconder. Se asoma entre dos acebuches, se escabulle. Juega con nuestra mirada como un espejismo. Y no solo hoy. La Laguna de La Ratosa aparece y desaparece con las estaciones. Azul intenso en la primavera y el invierno. Manchón pardo en verano y en otoño. Es un territorio cambiante, mutable, sutil y delicado, frágil. Bulle ahora de vida. Cloqueos, trinos, siseos, rumores, susurros, aleteos, pasos, chapaleos, zambullidas... Todos ellos componen su banda sonora, una sinfonía natural que el ser humano acompasa con el murmullo lejano de los tractores, el fluir veloz e inusitado del AVE. La tierra roja, oscura, en fuerte contraste con la laguna azul, con el verde pálido de los olivos, con el aleteo rosa y blanco de los flamencos. Ya tenemos la banda sonora y la paleta de colores. Ahora solo hay que dejarse llevar.

El Parque Narural de la Laguna de la Ratosa

La Laguna de la Ratosa fue declarada Reserva Natural en 1999, sus características la hacen especial. Es frágil, se encuentra en un entorno fuertemente cultivado por el hombre, se ve sometida a los caprichos de las estaciones, vaciándose casi por completo en verano y regenerando su vida en el invierno y la primavera. Es, además, relativamente pequeña, con 24 hectáreas de superficie y su origen se encuentra en el desagüe natural que provoca un acuífero subterráneo. Su localización entre los municipios de Alameda y Humilladero, en el interior de la provincia malagueña, limítrofe con la sevillana, hace que su ecosistema sufra los rigores de los calores estivales que evaporan su contenido hasta hacerla casi desaparecer. Este hecho propicia que la Laguna de la Ratosa solo tenga una pequeña franja de juncos y cañaverales y que, de esta manera, las aves no nidifiquen en sus inmediaciones, siendo lugar de paso y alimento. Debido a estas singularidades, el acceso al interior de la laguna está estrictamente prohibido, excepto con fines de investigación y se hace necesario un permiso de Medio Ambiente para acceder. Pero esta circunstancia es solo para expertos, los legos en la materia van a disfrutar muchísimo caminando por la orla externa de la superficie lagunar. Damos fe. Aún con todo, la Laguna de la Ratosa forma parte de un ecosistema mayor en el que se encuentran, además de ella, la laguna de Fuente de Piedra, la de Campillos y la de Archidona, a la que hay que sumar, como puerta de entrada a la península desde África, la Desembocadura del Guadalhorce.

El paseo, el silencio y la vida

Hemos estacionado el coche junto al rótulo de la laguna de las Castañuelas. Allí nos recibe una nube de mariposas blancas, de libélulas azules, que revolotean junto a las orillas de la laguna. El suelo es de un intenso color rojo. Nada más salir del coche escuchamos unos graznidos. Una formación de diez flamencos volando en uve nos sobrevuela. Baten las alas con una cadencia suave, lenta, rítmica. Están muy cerca, apenas se asustan con nuestra presencia. Giran en el aire y se hunden entre la sombra de los olivos. Observamos el agua atentamente y distinguimos nadando sobre ella a los primeros habitantes de la Ratosa. En la laguna se pueden distinguir hasta quinces aves distintas, entre las que se encuentran el somormujo lavanco, zampullín cuellinegro, zampullín chico, garza real, garcilla bueyera, flamenco rosa, aguilucho lagunero, polla de agua, focha común, cigüeñuela, avoceta, gaviotas como la reidora y la sombría, pagazas piconeras o fumareles. Caminamos.
El silencio es una herramienta y un aliado. Bordeamos la laguna junto a los olivos, saludamos a dos o tres fumigadores que trabajan sobre los acebuches domesticados, paseamos, en silencio. Es esta la única forma de percatarse de todos los sonidos sutiles que nos rodean, a cada paso un chapaleo en el agua, una zambullida, un siseo. Entrevemos los anillos verdosos de una serpiente huyendo del camino principal, un lagarto amarillo de casi medio metro de largo cruzar apenas a cinco pasos, un conejo parado, quieto, estático, en la fronda que rodea la laguna.
De tanto en tanto nos paramos y atendemos, observamos con más detalle y lo que parecían inmóvil se mueve ante nosotros con sutilidad, en un baile único y secreto. Se mecen los juncos y cañaverales, dejando entrever la superficie azul de la laguna. Caminamos por un camino de terrizo utilizado por los tractores, camino que casi forma un perímetro natural en torno a la laguna. Una curva y tras ella, escondido entre las altas hierbas ribereñas, un grupo de flamencos blancos, su gran pico, su aleteo rosa. Sacamos los prismáticos y observamos con atención. Sacamos la cámara y tiramos un par de fotos. Tememos espantarlos. Caminamos despacio, poco a poco, sin hacer ruido. Según nos vamos acercando a ellos, se desplazan sobre el agua, sin aspavientos, sin una explosión de batir de alas, nadando suavemente. Poco a poco se alejan, delicados. Una garza picotea el fondo del agua junto a ellos. Seguimos caminando y la laguna se esconde tras un extenso campo de margaritas, lilas y amapolas enmarcado por los consabidos olivos. Vemos, a lo lejos, el AVE, como una aparición fluida, silenciosa y fugaz cruza el horizonte.
Los aromas son sutiles, dulces, frescos. Aspiramos hondamente. Nos acercamos a la orilla todo lo que nos lo permite el lodo rojizo que rodea toda la laguna. Vemos más gallaretas acuáticas, negras, pico blanco, nadando en uve seguidas de sus polluelos.
Las mariposas liban lilas y margaritas y amapolas y vuelan aquí y allá de forma aparentemente errática. Libélulas azules zumban sobre las plantaciones de cereal.
Pero hay más, más que no vemos, que no llegamos a observar, pero que sabemos está ahí, sumergida, y es que tal y como apunta la Ventana del Visitante: La laguna de la Ratosa tiene interés florístico debido a la riqueza de especies de vegetación sumergida y a la presencia de la rara y amenazada Althenia orientalis, planta acuática que vive en fondos poco profundos.
En las partes despejadas de la laguna, junto a la orilla y dado el carácter salobre de sus aguas, aparecen restos de escamas salinas blancas, como un aviso de la proximidad de los calores veraniegos, de la vida efímera de la Ratosa, de su existencia caprichosa y frágil, sutil. Caminamos.

Despedida

Permanecemos en silencio. Quietos. Intentamos mimetizarnos con el entorno. Nada pasa al principio. Después, poco a poco, la vida retoma sus rutinas ajenas a la presencia humana y comenzamos a escuchar un nuevo cloqueo, un aleteo cadencioso, el zumbido de las libélulas, un trino escondido entre los olivos, el siseo sutil de un reptil, el crujir del ramaje, el susurro de los juncos, el canto de los grillos, nuestra respiración… Hasta formar parte de la fauna de la Ratosa.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Para conocer más acerca del municipio en el que se ubica la laguna de la Ratosa, se puede visitar el enlace del Color Azul del Cielo correspondiente a Alameda.

Época: La mejor época para visitar la laguna de la Ratosa es la comprendida entre los meses de febrero y junio, más adelante la laguna cambia debido a la evaporación y lo que es una amplia lámina de agua en primavera se transforma en casi una salina en verano y otoño.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.











Ubicación: En este mapa de Google se puede referencias el lugar exacto de este paraje natural, situado entre Alameda, Humilladero y el municipio sevillano de la Roda de Andalucía.


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43 CAMPILLOS: AL REFLEJO DE SUS OCHO LAGUNAS

martes, 2 de febrero de 2010

El reflejo del agua espejeaba sobre las verdes colinas como un manto de cristales vibrantes. El cielo, azul y rotundo, se asemejaba a una taracea sobre las lomas, dejando su estela de nubes grises aquí y allí en forma de sombra. Una suave brisa hacía que el paisaje cambiara de manera constante, añadiendo y quitando brillos, sumando y restando colores, como un caleidoscopio natural sobre la tierra. Y entre ese espejismo en mutación sólo una imagen permanecía, una sombra de colores rosas reposada sobre la superficie del agua, una pálida aura rosácea sobre la laguna. A lo lejos apenas se distinguía y a medida que el camino nos aproximaba comenzamos a vislumbrar la magia de esas tinturas sobre el agua. Eran flamencos.

La magia del Guadalteba

Cambia de colores y de formas en cada estación, como un juego complejo. En primavera y el último tramo del invierno verdean sus colinas, amarillean en el estío veraniego, se desnudan en el profundo invierno, para encarnarse en otoño. Suaves lomas que esconden suaves valles que muestran suaves meandros de suaves ríos. No hay que dejarse engañar por la armoniosa cadencia de su orografía porque próximos se encuentran el Desfiladero de los Gaitanes y El Chorro con sus abruptas oquedades y eternas paredes. La comarca del Guadalteba está formada, además de por Campillos, por los municipios de Almargen, Ardales, Cañete la Real, Carratraca, Cuevas del Becerro, Sierra de Yeguas y Teba. El camino hacia Campillos es agradable como amable su paisaje, muestra, al viajero que desee verlos, unos encantos sutiles, armados a base de lomas y oteros y campos de cereal y olivo. Además de augurar la plenitud del agua con el Parque Embalse del Guadalteba (que esconde bajo sus aguas el antiguo pueblo de Peñarrubia) o la Ruta de las Ocho Lagunas del propio Campillos. Es así la aproximación al municipio campillero un recorrido de amplios horizontes que desemboca en un municipio de trazado lineal, casi rectangular y de pasado rico en historia.

Llegada a Campillos

Se puede acceder a Campillos por dos entradas si accedemos desde Málaga. Optamos por la primera de ellas que nos llevará con comodidad hasta el centro del pueblo. Campillos es grande, sus más de ocho mil habitantes y cerca de 190 kilómetros cuadrados de extensión hacen que sea punto de referencia de la comarca y que posea todos los servicios. Esta condición no le resta encanto, las casas se asoman a las calles, casi trazadas con tiralíneas, con balcones y ventanas de forja, hermosos zaguanes alicatados de azulejos vistosos, posee una iglesia de imponente portada barroca, un parque dispuesto al relajo y al paseo... Estacionamos a la vera del Ayuntamiento, un gran edificio de ladrillo que se asienta en el borde derecho del paseo, frente a la escuela municipal de música, la casa de la cultura y la policía local. Campillos se puede recorrer a pie y aunque las distancias no son cortas, su orografía plana y sin altibajos es muy propicia para el caminar, además todo está muy bien señalizado. Antes de dirigirnos al "Centro Ciudad", nos deleitamos un tanto en el paseo adyacente al ayuntamiento. Es largo y las hojas caídas le otorgan un aire de paisaje romántico, como un escrito de Lord Byron. Sobre sus adoquines aparecen una serie de arcos abovedados que parecen llegar hasta el final del paseo y sumergirse en los mares de cereal. Muchos campilleros y campilleras pasean con deleite, despacio, sin prisa, degustando cada paso... Cruzamos la avenida porticada y nos dirigimos a una edificio blanco, en cuya calle lateral izquierda se encuentra el museo Memoria de la Vida.

Un museo, dos ermitas y una portada barroca fascinante

Memoria de la Vida pretende ofrecer al visitante un recorrido por los quehaceres habituales de los hombres y mujeres en el siglo XX. Cien años que han visto cómo los campilleros vivían de la agricultura y la ganadería con los usos y costumbres adquiridos de siglos, hasta el tránsito al siglo XXI, donde la informática, internet y la mejora de las comunicaciones han revolucionado el mundo rural. A base de objetos y paneles explicativos Memoria de la Vida nos aporta el mapa necesario para conocer de cerca y sin tapujos la dureza de la vida en el campo y el desarrollo económico de la comarca del Guadalteba. La entrada cuesta 3 euros y se encuentra abierto los fines de semana con horario de 10:00 a 14:30 horas los viernes y sábados y de 10:00 a 14:00 horas los domingos. Para más información se puede llamar al teléfono 952.713.455. La responsable de este museo, al igual que los de Almargen, Carratraca o Cañete la Real que ya hemos visitado, es la Red de Patrimonio del Guadalteba. Esta institución se está haciendo cargo además de la habilitación y musealización de la Necrópolis de las Aguilillas y de una necrópolis hispano-visigoda, ambas en Campillos, y que muestran la importancia del municipio campillero en la historia, que ha tenido presencia humana ininterrumpida desde el neolítico. Salimos. Apenas a veinte metros del museo se encuentra la plaza principal de Campillos, con un parque de grandes árboles, una curiosa escultura metálica de un flamenco, bancos donde reposar a la sombra las horas duras del verano, y que preside la iglesia de Sta. María del Reposo, un colosal edificio que tiene en su portada principal uno de sus más grandes tesoros. Desde esta plaza se nos indican varios caminos, a la derecha, por la calle Real iríamos a la ermita de San Benito, a la izquierda y de frente, por la calle San Sebastián, iríamos a la ermita del mismo nombre. Optamos por realizar un recorrido circular que nos permitirá visitar casi todo el municipio, pero antes, accedemos a la iglesia de Sta. María del Reposo. Es un templo de sencillez engañosa, porque si en el primer momento parece una iglesia de interior blanco inmaculado y simple, muy pronto vemos que sus bóvedas están formadas por arcos de medio punto cruzados y que sus camarines están decorados hasta la excentricidad, camarines que alojan a su vez una seria colección de imágenes. El templo fue construido en el año 1506 y ha vivido diferentes remodelaciones en los siglos XVIII y XIX. Destaca, además del altar mayor, de un dibujo geométrico casi obsesivo, la capilla dedicada a San Benito, oscura, cuyas paredes están forradas de tela encarnada y donde el santo reposa sobre un altar de reminiscencias romanas. El interior de Sta. María del Reposo tiene también sobre el sotocoro un imponente órgano cuyos tubos cilíndricos apuntan al cielo y al altar. La portada, sobresaliente obra de Antonio Matías de Figuerora, construida en 1770 es de una preciosismo abrumador, con dos columnas que acaban en adornos floreaos que ascienden como una llama por la pared de piedra arenisca casi hasta el tejado superior. Salimos de la iglesia y tomamos la calle San Sebastián. Las casas de Campillos no difieren de las que hemos encontrado en otros municipios de esta comarca: ventanas y balcones enrejados con forja, zaguanes frescos y umbríos, alicatados con azulejos multicolores y que preceden a interiores profundos que desembocan en patios arbolados, pisos superiores ahora aprovechados como vivienda y que antes sirvieron para secar el grano. En nuestro paseo vemos que sobresalen en tronío las portadas de las Casas Hermandad de las diversas cofradías como la del Santo Entierro de Cristo y María Santísima de las Angustias o la del Dulce Nombre de Jesús y María Santísima del Socorro en la que destacan sus espadañas que parecen elevarse al cielo para tocarlo con sus pináculos. Estas dos portadas también dan fe de la trascendencia cultural, religiosa y social de la Semana Santa en Campillos, una de las más destacadas de la comarca y que cada año congrega a miles de curiosos y de feligreses. Caminando llegamos hasta la ermita de San Sebastián, un edificio del siglo XVIII de aspecto sobrio y recio, sólido. Tomamos la calle San Juan y giramos a la derecha por la calle Carmen hasta alcanzar la calle Alta que nos llevará, casi derechos hasta la ermita de San Benito. En este recorrido es cuando nos percatamos realmente del trazado de Campillos. Rectilíneo, casi dibujado con escuadra y cartabón, las calles rectas que comunican con avenidas más amplias y que se abren a derecha e izquierda en perpendiculares hasta salir al campo. Este trazado racional se debe al aumento de población que vivió Campillos en la segunda mitad del siglo XVI y que obligó a una ampliación del casco urbano recurriendo a la línea recta como forma lógica de expansión en este terreno de suave orografía. Llegamos al final de la calle Alta y cruzamos la Avda. de Sierra de Yeguas, una vez allí preguntamos por la ermita. Nos indican, sin pérdida, la dirección y así desembocamos por la calle de nombre tan singular como Todos a Una en la que es más iglesia que ermita. San Benito es el patrón del pueblo y parece que los campilleros así lo hayan entendido al ofrecer al santo un lugar de reposo de proporciones más que considerables. Es este un templo con torre campanario precedido de una explanada en forma de plaza y cuyo frontal está dividido en líneas de ladrillo visto. Se construyó en el siglo XVII y fue reformada en el siglo XVIII. Reposamos un tanto en uno de los bancos de la explanada y nos dejamos llevar por el apacible vivir de Campillos. El cielo está azul, moteado por algunas nubes grises, y el sol templa los huesos, aliviados así del fresco que recorre sus calles. Desde aquí, al estar situados en uno de los lugares más elevados del muncipio, se observan algunas de las lomas circundantes, verdean así los prados y observamos cómo el resol se va apoderando del horizonte. Retomamos la visita caminando hasta la calle Real, una de las principales del municipio, y donde podemos ver, una vez más, las muestras arquitectónicas características, con los balcones enrejados y las casas altas de frontal severo, algunas, y otras un tanto más recargado. Aquellos visitantes que quieran comprar sellos o enviar una postal, esta es su oportunidad, ya que en la calle Real se encuentra la oficina de correos. Nosotros ya hemos comprado la preceptiva tarjeta en el estanco que se encuentra en la plaza de la iglesia, la hemos escrito arropados por la ermita de San Sebastián y la enviamos a mil kilómetros de distancia.

Las lagunas: un espectáculo natural conmovedor

Queremos ver a los flamencos. Para ello tenemos que regresar hacia donde hemos estacionado el coche y en la rotonda que se sitúa frente al ayuntamiento tomar la calle Sta. María del Reposo, dirección al Colegio Interno de San José, que nos llevará hasta la Ruta de las Ocho Lagunas, uno de los escenarios más hermosos y conmovedores que hemos visitado. El agua caída en fechas recientes hace que este lugar, varios meses al año seco, luzca con un esplendor inaudito. Las suaves lomas de color verde se desdibujan junto con el horizonte azulísimo mientras el agua de las lagunas espejea y juega con el brillo de la luz. Una carretera estrecha y arbolada nos permite disfrutar de este paisaje conformado por la laguna Dulce, la laguna Salada, laguna Lobón, laguna Marcela, laguna Redonda, la de Capacete, la de Camuñas y la de Cerero. Si nos mantenemos en silencio podemos observar algunas de las muchas especies de aves que las habitan como tarros, cercetas, ánades, fochas o avocetas... Nuestra esperanza de observar de cerca los flamencos se evapora, ya que se encuentran a una distancia más que considereble, sobre el centro de una laguna, y apenas son una sombra rosácea sobre la superficie del agua. Vemos un par de ciclistas y una joven pareja haciendo footing. Un técnico de la Junta de Andalucía, supervisa un avistador de madera situado en laguna Redonda. Salimos del coche, paseamos, nos dejamos llevar por la sensación de ser uno con la naturaleza. Escuchamos los quejidos y llamadas de las aves y nos dejamos embriagar por los colores. Las lagunas están atravesadas por la que fuera antigua Cañada Real que unía Granada con Ronda y podemos imaginar el paso de los pastores y ganaderos por estas tierras hace años, siglos, arropados por el sonido de los animales. Una luz inaudita baña el paisaje, mientras el viento mece el reflejo del agua. Ulula la brisa entre los cañaverales. Respiramos hondo, nos dejamos llevar y hoy no nos despedimos. Nos quedamos aquí. Todo verde y azul y ocre y amarillo y gris. Toso rotundo. Todo delicado.

Enlaces de interés y consejos útiles

Las lagunas: Este complejo acuífero permanece seco varios meses al año, el final del invierno y la primevera son ideales para visitarlas, porque lucen en su total complejidad. Para acceder a ellas, si no se encuentra la calle, preguntar por el internado de San José, una vez allí se encuentran las primeras indicaciones. Son un gran espectáculo natural que requiere máximo respeto y cuidado. Las Lagunas de Campillos han sido nombradas por la Agencia de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía como Reserva Natural.
Industria peletera: Campillos, además de la agricultura y la ganadería tiene una potente industria textil y peletera, son muchas las fábricas con precios asequibles que se pueden encontrar en el municipio.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, además de la página web municipal de Campillos, la de la Red de Patrimonio del Guabalteba y la de la Comarca del Guadalteba.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.