Hablamos de antiguo, con el lenguaje de los árabes, de los romanos, de los fenicios. Hablamos de antiguo, del pasado colmado de historias, del tiempo trufado de nombres, de ilustres, de plebeyos, de cortesanos. Hablamos de antiguo, de Mariyya Ballis, de Bentomiz, de Mainake, de Maenoba, de as-Sarqiya, de Abul Cacim Venegas, de El Idrisi, de
Abulfeda, de Ibn Batuta, de Abd-al-Basit o de María Zambrano. Hablamos de Vélez Málaga y hablamos de Historia.
Impone enfrentarse a una ciudad así, a una ciudad que tuvo máxima importancia en los tiempos de Al-Ándalus, que la tuvo en la conquista cristiana, en la guerra de la independencia. Imponen su pasado glorioso y su moderno presente. Vélez Málaga asciende su mirada hasta lo alto de un cerro doble, donde de un lado muestra su cara más belicosa con la presencia de la torre del castillo y de otro su rostro más espiritual con la ermita de Nuestra Señora de los Remedios. A caballo entre ambos se estructura una ciudad de calles largas y sinuosas en los barrios más modernos y callejones estrechos en el barrio de la Villa que rebosa el límite de las antiguas murallas. Salpican el trazado de Vélez Málaga los monumentos religiosos, conventos y ermitas, iglesias y cruces, que delinean el horizonte de la ciudad con sus cúpulas y campanarios. Tras la conquista cristiana se remozó el callejero y algunos de sus monumentos religiosos de origen árabes fueron transformados en epítomes de la cristiandad y así las mezquitas transformadas en iglesias y ermitas y conventos. La profusión de estos últimos fue tal que el municipio fue tipificado como “ciudad conventual”.
Llegada y aparcamiento
Las amplias avenidas que nos introducen camino del corazón veleño nos engañan. Poco a poco los caminos que nos llevan al Centro Histórico se estrechan y retuercen conforme se abrigan en torno a la antigua fortaleza. La mejor posibilidad, dado que el recorrido que vamos a realizar en Vélez nos obligará a caminar es estacionar el coche en las calles próximas al centro urbano y tomar como referencia una de sus múltiples plazas para que, ayudados de un plano callejero o georreferenciados a través de un gps, se puede iniciar la visita desde cualquiera de estos puntos. Así lo hemos hecho y partimos nuestro recorrido de Vélez Málaga en la plaza de los Carmelitas.
Desde la Plaza de las Carmelitas hasta la plaza de la Constitución
Contemplamos el convento que se yergue frente al ayuntamiento veleño. Impone el edificio, su solemnidad, combinando la sobriedad de su cuerpo con la magnificencia de su portada. Impacta el silencio que reposa en su entrada lateral, donde se halla el torno con el que las monjas carmelitas se comunican con el exterior. Es el convento de Jesús María y José, también conocido como “de las Carmelitas”. Fue fundado en el año 1702 por la orden del Carmelo y tiene su origen en dos amplias viviendas contiguas compradas en 1699, reformadas hasta quedar como un
único recinto cerrado, uniforme y con escasos vanos dirigidos hacia el exterior para acentuar el rigor de la clausura. La iglesia fue construida entre 1738 y 1745. Descubrimos en el pie de los paneles explicativos de los monumentos, este es el primero pero en casi todos existe, un sistema de información muy práctico. Un número de teléfono, un número asignado a cada monumento y un número
para cualquiera de los idiomas en los que se quiera escuchar la conversación. Tecleamos, tecleamos y tecleamos. Escuchamos. Una agradable voz nos transmite toda la información referente al convento. Práctico, eficaz y enriquecedor. Descendemos por la calle hasta tomar un bifurcación a la derecha por Montera y Téllez Macías, para girar de nuevo a al
derecha y ascender por Félix Lomas. En esta última nos encontramos con un imponente monumento. Por su arquitectura y por su amplitud. El convento de Nuestra Señora de Gracia o convento de las Clarisas. Blanco inmaculado, formando un rectángulo que ocupa varias calles. Su entrada, porticada. El origen de este edificio, el convento de Nuestra Señora de Gracias
se sitúa en el barrio de la Villa donde pronto se quedó pequeño y tuvo que ser trasladado hasta su ubicación actual, elevado en 1555 y poseedor de un hermoso claustro de estilo mudéjar. La iglesia del convento fue restaurada en el siglo XVIII.
Impresiona Vélez por su porte y señorío. Destaca en su arquitectura civil y religiosa la importancia
centenaria de sus calles y monumentos, el abolengo de sus edificios. Caminamos por un pedazo de rica historia y es conveniente ser consciente de ello.
Desde la calle Félix Lomas, tomamos, hacia la derecha, la calle Tiendas, una importante vía de comunicación que une la parte más antigua de la ciudad con la más moderna, poniendo en contacto la plaza de la Constitución con la plaza de las Indias. Caminamos, nos cruzamos con algunos vecinos y vecinas que nos saludan. Observamos sus fachadas, sus detalles de flores, las sorpresas de sus arquitecturas.
Recogida sobre una esquina, indicando al caminante, como un faro, la dirección a seguir, formando una perfecta bifurcación entre la calle Tiendas y la calle Piedad nos encontramos con la capilla camarín de la Virgen de la Piedad. Impresiona. Impresiona por su falsa sencillez. En el primer piso dos puertas de madera se abren para mostrar una imagen de la Virgen en todo
su esplendor. Se remata el conjunto con un tejado sobre el que se levanta una pequeña linterna. La imagen de la Virgen, acomodada tras un cristal, se halla rodeada por dos columnas de estilo corintio y un frontón reposado sobre un arco de medio punto. Flores.
Continuamos por la calle Tiendas, a la izquierda.
Nos encontramos muy próximos a las murallas de la antigua ciudad, aún se pueden ver lienzos de las mismas sobresaliendo, incólumes, en el tiempo. Torreones defensivos, láminas de terroso ladrillo. Las oficinas del Centro de Información Juvenil se amparan bajo ellas con total naturalidad como si hubieran estado allí siempre. Algo más adelante, apenas veinte metros y a la derecha nos encontramos con la fuente de Felipe II y Fernando VI. Es una fuente de mármol blanco majestuosa. Recargada, sin concesión a la sobriedad. El agua brota de cuatro caños, a través d
e la boca de sendos animales mitológicos. Nos refrescamos en tan insigne lugar, construida en el siglo XVI y trasladada hasta el lugar actual en 1758. En la fuente original aparecía el escudo de armas de Felipe II y en su traslado se incluyó el escudo de Fernando VI, de ahí su regio nombre doble.
Se abre ante nosotros la plaza de la Constitución. Imaginamos. Corre el año 1487, los
Reyes católicos llegan a Vélez Málaga. Muralla sin mancha que vivió la guerra desde lejos gracias a pactos y rendiciones entre los vencedores y vencidos. Isabel y Fernando, reyes, cruzan desde aquí los gruesos muros de la fortaleza a través de la sólida puerta que daba acceso al barrio de la Villa. Desde entonces aquel dintel recibió el nombre añadido de Real, llamándose Real Puerta de la Villa. Una de las cuatro puertas que rodeaban la antigua medina, sólo ella queda en pie, esquinada, protegida a su vez por dos torreones y un grueso lienzo de muralla. Este fragmento mural se encuentra perfectamente restaurado y
ofrece una idea cabal de la prestancia y solidez de la defensa.
Frente a la antigua fortaleza se ubica el pósito, un almacén de grano que se utilizaba en previsión de malas cosechas, épocas de racionamiento, delicados momentos bélicos. Es un edificio civil amplio, rectangular, blanco, constituido por dos plantas y que podría albergar buen número de provisiones. Tiene forma de lonja y en su piso bajo diferentes arcos forman la cara de la fachada. Cayó en desuso y fue ocupado por viviendas particulares. En la actualidad existe un proyecto para reconvertirlo en centro cultural, en espacio de ocio.
Presidiendo la plaza de la Constitución nos encontramos con un templo de prestancia singular. Su enorme torre campanario impera en el horizonte. ¿Cuántos metros de altura tendrá? Calculamos a ojo de mal cubero… ¿Veinte, treinta metros? Su posición privilegiada, rematando el frontal de la plaza, situada en un altozano natural provoca que el efecto sea aún mayor. Es la iglesia de San Juan Bautista. Construido en planta basilical en el siglo XVI. En el XIX experimento una serie de serias reformas impulsadas por el abogado veleño D. Federico Vahey, ministro de Gracia y Justicia de Isabel II, promoviendo tal transformación que el templo de aire mozárabe se tornó en un edificio neoclásico. A la puerta de la iglesia, la estatua de un nazareno acompañado de un monaguillo completa la visión de conjunto del templo. Suena el repique de campanas, un curioso soniquete que va más allá de los toques tradicionales y muestra una compleja secuencia musical de graves y agudos que recorren las calles del barrio de la Villa y alrededores.
Desde la plaza de la Constitución hasta la ermita de la Virgen de los Remedios
Bordeamos la iglesia y descendemos por la calle Sevilla, tras veinte metros, a la izquierda tomamos la calle Mercader, primera a la derecha calle San Francisco. Cruzamos frente a la puerta de la llamada Casa de Cervantes. Un caserón solariego de proporciones más que destacadas, construido en el siglo XVI y que mira al exterior con su fachada de balcones forjados y dos p
uertas, la de carruajes y la principal, que tras un zaguán se abre al interior de un patio con arcos de medio punto sustentados sobre columnas de ladrillo.
Accedemos hasta la plaza de San Francisco donde dos edificios principales enmarcan su tremenda actividad. Uno de ellos, el municipal mercado de abastos, que genera un continuo tráfago de coches y de gentes portando bolsas con compras y enseres y alimentos.
Otro, el convento de San Francisco, fundado en 1498 sobre una antigua mezquita, de la cual, el único resto visible es la torre alminar transformada en campanario. El claustro, impresionante, es de estilo mudéjar, y el estilo de la iglesia original queda enmascarada por el remozo posterior, de gusto barroco. En su interior, destaca la capilla del Buen Pastor.
Desde uno de los laterales del convento accedemos a la fachada del Palacio de Beniel. Solemne, elevado, distinguido, quizá la muestra más destacada de arquitectura civil de la localidad. Destaca su piso superior, formado por una terraza abalconada, cuyos arcos miran hacia el centro urbano de Vélez. Fue don Alonso de Molina Medrano el que lo mandó construir
en el siglo XVII. Fue, durante un tiempo, la Casa Consistorial y desde hace algunos años, la sede de la Fundación María Zambrano. Alberga exposiciones pictóricas y arqueológicas, conferencia, etc. Surge por primera vez aquí el nombre de María Zambrano, quizá la más insigne de las veleñas, una mujer comprometida con su tiempo y su época. Nació en
Vélez Málaga el 22 de abril de 1904 y falleció en Madrid el 6 de febrero de 1991. Escritora, ensayista, profesora universitaria y eminente filósofa, discípula de José Ortega y Gasset, posee una amplia bibliografía en la que se incluyen elaborados escritos sobre la política y la sociedad, el comportamiento del ser ante el tiempo, la razón poética de la vida y de lo social, la ética, etc. Un pensamiento complejo que se vio truncado por la obligación del exilio. Aunque en 1937, el mismo día de la caída de Bilbao, regresa de Chile y cuando es preguntada por las razones de regresar a una tierra con la guerra ya perdida, Zambrano
contestó de manera taxativa con un enérgico “Por eso”. De nuevo el exilio en 1939 a Francia y de ahí a La Habana, México, San Juan de Puerto Rico, París, Roma hasta regresar a España de nuevo en 1984. Para entonces había sido reconocida en 1981 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, con el título de Hija Predilecta otorgado por el pueblo
de Vélez Málaga, como Doctora Honoris Causa por la Universidad de Málaga, como Hija Predilecta de Andalucía y con el Premio Cervantes en 1989. El 6 de febrero de 1991 fallece en Madrid, siendo enterrada en su ciudad natal de Vélez Málaga. Sin duda una vida y una obra apasionantes.
Desde el Palacio de Beniel tomamos la calle Arroyo de
San Francisco para ascender hasta el cerro de San Cristóbal, un otero privilegiado donde se ubica la ermita de Nuestra Señora de los Remedios. La subida no es dura, pero tampoco fácil. Se puede acceder también en coche, pero el ascenso nos ofrece el privilegio de disfrutar, poco a poco, de las vistas que nos ofrece la colina. Se observan los tejados de las
terrazas veleñas, los bancales de frutas, las plantaciones de cítricos en la vega, los montes próximos, el caserío completo, el campanario de la iglesia de San Juan, la Torre del Homenaje de la fortaleza, la vega que desemboca en el Mediterráneo, en Torre del Mar, y sobre la ermita… el perfil de la Maroma, montaña más alta de la provincia de Málaga. La panorámica es espectacular. Un grupo de personas mayores se sientan en lso bancos del mirador, al sol de invierno, relajados, charlados, con la historia mediterránea a sus espaldas…
La ermita guarda una sorpresa. Su exterior es sencillo, 
encalado, inmaculado de blancos. Se corona su tejado por una espadaña de la que penden dos campanas. Su interior es punto y aparte, una obra de arte viva, espectacular. La entrada a la ermita se encuentra en su lateral derecho y lo que esperamos encontrar dentro, paredes blancas, columnas más o menos historiadas, una artesonado interesante, se troca en color. Toda la ermita está pintada. Merece destacar la obra que actualmente cubre
los muros interiores de la Ermita, cuya superficie total ronda los 1.150 metros cuadrados. Evaristo Guerra, es el autor de esta magistral obra, que mediante la técnica del “fresco” pretende “hacer los muros transparentes” para que la Virgen de los Remedios pueda ver a través de los mismos los paisajes de la Axarquía, de los alrededores de la Ermita y los edificios emblemáticos
de la ciudad. Pero contarlo no es vivirlo. Los tonos, los colores, las figuras, la viveza de los gestos, la plasmación de las escenas cotidianas. Todo resulta ser de una hipnótica belleza. Nos deleitamos contemplando las pinturas murales hasta descubrir sus secretos, las figuras que se escondían. Se nos revelan detalles que no habíamos visto, riquezas insólitas en la perspectiva, en la naturalidad de las expresiones de los representados. Reposamos, descansamos sentados en sus bancos de madera, inundados por la especial luz, por el color, por la sensación de permanecer en el interior de un cuadro.
Hasta la Torre del Homenaje
Descendemos, con las maravillas de las pinturas murales de Evaristo Guerra aún titilando en nuestros ojos. Y recuperamos el camino que nos lleva hasta la plaza de la Constitución. Podemos llegar por donde hemos venido o atravesar parte del barrio por la calle Calzada Herrera, por la plaza Santa Cruz, la Cruz del Arrabal, que fotografiamos, cruzar la plaza de Los Sastres y llegar hasta las murallas que preceden a la Real Puerta de la Villa. Cruzamos bajo su arco y nos sumergimos en un mundo de arquitectura antigua, de perfilado y retorcido trazado árabe. Aquí se abrigaba la medina, con sus casas bajas,
comercios, pequeñas fábricas, aljibes… Protegidos bajo la mirada impertérrita de la Torre del Homenaje, abrigados por las murallas de la fortaleza. Así caminamos por la calle Real, cruzamos las plazas del Espinar primero y de Rojas después para ascender por la calle Santuar Sta. hasta la iglesia de Santa María.la Mayor, en cuyo interior se encuentra el Museo de la Semana Santa. Edificada sobre una antigua mezquita a finales del siglo XV y principios del XVI. El interior del templo es amplio, elevado hacia las alturas. El artesonado de madera, mozárabe, resulta especialmente destacado. El conjunto de la
iglesia es regio, serio, rico. Se sitúa en lo más alto del barrio de la Villa y desde su exterior se domina Vélez Málaga a sus pies. El Museo de la Semana Santa, recogido en su interio muestra toda una imaginería de coronas y capas de oro, casullas y vestimentas, arropos para la Virgen y sus imágenes que se velan hasta la llegada del tiempo de la Pasión. Ricos adornos que
denotan el poder de la iglesia. Más allá de los poderes terrenales se encuentran los poderes del arte. El fino detalle con el que están talladas las piezas, las filigranas y finuras con las que se rematan las figuras, el cuidado y el esmero de los artesanos que las elaboraron. Dejamos atrás lo espiritual y salimos al sol del mediodía. Desde la iglesia tomamos la calle Cuesta de
Sta. María y accedemos, tras un murete al recinto del antiguo castillo. En pie queda la imponente Torre del Homenaje y algunos lienzos de las murallas que se abren hacia la vega y hacia el mar. Las vistas son espectaculares. Ante nosotros se abre el terreno de plantaciones de frutales que se extienden desde el mar hacia el interior de esta zona
de la Axarquía en pueblos como Benamocarra, Benamargosa o los accesos desde el Mediterráneo a Canillas de Aceituno, La Viñuela, Alcaucín o Periana. Salida natural al mar, esta fortaleza lo dominaba todo, la llegada de barcos, las comunicaciones con Granada y Almería y Málaga por la costa, hacia la Granada interior a través del boquete de Zafarraya. Vélez Málaga era, y es, un lugar
geoestratégico idóneo para el control de personas y mercancías. Desde esta Torre del Homenaje se divisaba cualquier movimiento. Hoy dos jóvenes se sientan y charlan, las piernas cuelgan murallas abajo. Hablan de chicas, de nocturnidades y alevosías. Contemplan un pasado hermoso y antiguo, quizá sin saberlo en su ansia por vivir el momento. Carpe Diem. El sol nos
templa la piel con su exquisita calidez de invierno. Miramos los distintos horizontes que nos propone la fortelza e imaginamos, nos lo imaginamos todo. Luchas, rendiciones, caballeros cristianos y califas árabes, crónicas egipcias, expediciones romanas, cultura fenicia. Todo.
Torre del Mar
Hemos retornado al coche con la historia aún resonando en los oídos, ahora queremos disfrutar del sabor del salitre. Tomamos dirección a Torre del Mar. Tomamos dirección Centro Urbano y estacionamos en una de las calles próximas al Paseo Marítimo. Olores a espeto y a brasas, a pescados a la plancha, a pescaíto frito. Chiringuitos lamiendo la
arena de la playa, amplios restaurantes con la especialidad del pescado y el marisco como reclamo principal, también restaurantes de comida internacional… Y el mar azul en conjunción con el cielo. Algunos grupos de jóvenes extranjeros toman el sol vestidos, con las camisetas remangadas hasta el pecho, capturando los delicados rayos que
inciden
sobre la arena… El paseo marítimo de Torre del Mar cuenta con tres kilómetros de longitud junto a las playas y con una amplísima oferta hostelera. Está poblado de numerosas especies vegetales que lo convierten en una gran zona verde y además se acompaña de las poesías en cerámica de Manuel Alcántara, teniendo como referente el gran faro de 26 metros de altura que domina el litoral torreño. El paseo nos permite contemplar desde los faros (el moderno y el antiguo de
la avenida Toré Toré), a la Torre Manganeta junto al río, así como la ermita de la zona de la Noria. Paseamos, caminamos, paramos, picoteamos aquí y allá un par
de raciones de calamar plancha, de gamba fresca, dos refrescos, una cerveza. Otro paseo, algo más de tapeo, unas sardinas al espeto. Reposo, más camino, otra parada técnica para el avituallamiento… Paseo…
Despedida
Con la luz de los murales de Evaristo Guerra prendada en la mirada observamos ahora el mar Mediterráneo, intensamente azul. Se nos mezclan los colores de la memoria y del presente, de la historia antigua y de la racionalidad filosófica, de las vegas verdes y de las altas montañas. Reposa en Vélez Málaga un poso de historia que se transmite, que calza los pies del visitante, el pensamiento del curioso, la piel del emotivo. Cada rincón y esquina ofrecen un tesoro visible y un cuento cotidiano por descubrir. Nos empapamos de todo ello mientras, tumbados sobre la arena templada de Torre del Mar contemplamos el azul profundo del cielo.
Otras informaciones y enlaces de interés
Semana Santa Veleña: “Justamente considerada una de las más sobresalientes de Andalucía. La secular tradición religiosa de esta ciudad, marcada desde finales del siglo XV por la construcción de numerosos conventos e iglesias, desembocó de manera natural en la configuración de unos ritos externos que alcanzan su más alta expresión en la Semana Santa. Cofradías fundadas muy tempranamente compiten en esplendor con otras de más reciente cuño durante unos días en que la ciudad vive casi exclusivamente por y para sus procesiones. El fervor popular que se exterioriza al paso de algunas hermandades es tan contagioso que incluso los más escépticos ante estas manifestaciones de carácter religioso acaban por participar en ellas con verdadero entusiasmo. Sería inútil destacar unas cofradías sobre otras, pues todas, con su magnificencia ornamental y sus muchos devotos, contribuyen a hacer de la Semana Santa de Vélez-Málaga una memorable celebración” Información extraída de la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol. (Fotografía extraída de la web municipal de Vélez).
Caleta de Vélez: Caleta de Vélez es otro de los destacados núcleos poblacionales de Vélez Málaga, se sitúa a dos kilómetros de Torre del Mar y aún conserva toda la atmósfera de un barrio típico de pescadores. Caleta de Vélez acoge el puerto pesquero más importante de la provincia de Málaga, ineludiblemente unido a las actividades náuticas. También en Caleta de Vélez podemos encontrar un campo de golf de alta calidad como oferta de ocio y deporte.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Vélez Málaga.
97 VÉLEZ MÁLAGA: HABLAMOS DE ANTIGUO
martes, 15 de febrero de 2011
Publicado por Israel Olivera en 0:01 3 comentarios
Etiquetas: Axarquía, conventos, Málaga, María Zambrano, semana santa, Vélez Málaga
54 ARRIATE: SERRANÍA INÉDITA
martes, 20 de abril de 2010
Pinta verde intenso sus campos la provincia de Málaga. Verde nutrido por las últimas lluvias que imprimen color a los campos y hacen espejear las pequeñas lagunas. Se combina el verde con el ocre húmedo de la tierra y todo ello señoreado por el murmullo de los cauces de torrentes y ríos que viven momentos de máximo esplendor. Tomamos el camino de Arriate atravesando el Guadalhorce que nos ofrece este paisaje de vivos contrastes para entrar en la comarca de Guadalteba. Dejamos tras de nosotros los campos de cereal sembrado con sus suaves colinas y ondulaciones, como un mar de tierra. Y de lleno cabeceamos sobre la Serranía de Ronda que da paso a las moles graníticas, a los alcornoques y encinas y olivos, a las simas y las crestas al desvarío de las montañas. En uno de esos valles acunados por las montañas se encuentra Arriate.
En Arriate
Decía su nombre en árabe "Arriadh", traducido como "Los Vergeles" y no equivocaban este vocablo sus antiguos moradores porque Arriate se abre sobre la depresión rondeña como un auténtico edén conformado de huertas y campos y cereales y frutales en todo su término municipal. Arriate que vivió a la sombra de Ronda en un ir y venir de anexiones y desanexiones hasta que en el año 1630 consiguió al fin su independencia tras el pago de 352.739 reales, independencia merecida, ya que posee este pueblo su carácter propio, una singularidad única que era necesario se desarrollara por sí misma. Pese a estar situado a cierta altura, Arriate disfruta de las bondades de un terreno casi llano que discurre en profundidad por la depresión situada tras la ciudad del tajo. Los paseos por sus calles y las rutas senderistas que desde el casco urbano se extienden hacen que su visita sea muy agradable, tanto para aquellos que gustan del caminar recio o para aquellos otros que disfrutan con el caminar más sosegado. Nosotros optamos hoy por lo segundo, por pasear por el centro del pueblo y poner buen ojo a algunas de las puertas de madera de sus casas, dicen que de las más bellas artesanías de la comarca. Nos adentramos en Arriate.
La iglesia de San Juan de Letrán
Actúa la altísima torre campanario de la iglesia de San Juan de Letrán como inevitable punto de localización, como si de un gigantesco gps se tratara. Espigada, firme, enhiesta, con tres cuerpos diferenciados que se elevan hacia el cielo. Tomamos como clave esta referencia y la señal que indica centro urbano. Estacionamos en las proximidades del templo, nos pertrechamos y descendemos del coche. Desde aquí tomamos la calle Juela (curioso juego
de palabras) hasta la plaza de D. Antonio Marañón donde encontramos la iglesia. La plaza es un lugar discreto y
pequeño, con una farola de hierro fundido presidiéndola y unos bancos en los que sentarse, es un lugar agradable y fresco. Hasta nuestros oídos llegan los ecos de una voz cantando una canción del mítico grupo de rock andaluz Triana: "Cada noche mi vida es para ti/como un juego cualquiera/y nada más/porque a mí me atormenta en el alma/tu frialdad". Es el interior de la iglesia sencillo, de una sola nave y con unas vidrieras multicolores ilustradísimas que permiten que la visita pueda realizarse a la luz del día. Es una construcción relativamente moderna con un altar sobrio, serio. Hasta seis imágenes inundan los laterales de la única nave. Profesan los arriateños y arriateñas con fe y ahínco su religión, hasta el punto que su Semana Santa fue declarada en 2001 Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía por acreditar "su antigüedad en su celebración además de la originalidad y diversidad de actos que suponen la manifestación de valores propios y de gran tradición popular", tal y como reza una placa colocada en la entrada de la parroquia.
Siguiendo el curso del río Guadalcobacín
Rodeamos la iglesia por la derecha y tomamos, en descenso, la calle Correderas. Nos percatamos que en algunas de las fachadas se encuentran una placas de barro sobre las que hay dibujados diversas imágenes de la localidad. Por la calle Correderas llegamos hasta la glorieta de San José, más conocida entre los arriateños como la Plaza de la Residencia, donde se ubica el edificio de un centro para personas mayores fundada en el año 1900 por la
beata Madre Petra de San José. La residencia posee una estructura de patio central en forma de claustro abierta al exterior sobre el que reposan cuatro palmeras que le otorgan cierto aire indiano. En el ala izquierda se sitúa la capilla, que se distingue desde el exterior gracias a su espadaña de la que penden dos campanas. Tomamos, con la residencia frente a nosotros, la calle de la derecha. Hasta
desembocar en el puente 1º de Mayo sobre el río Guadalcobacín. Es un puente coqueto, con dos pequeños balcones que se asoman al
cauce por ambas márgenes. Así llegamos hasta la plaza de la Aurora. Un lugar fresco y agradable, presidido por el murmullo constante del río, con una serie de bancos de piedra blanqueados cuajados de flores. Un panel de cerámica cuenta la historia de Los Auroreros: "La Aurora es la tradición religiosa y popular más antigua del pueblo de Arriate. Cada domingo por la
madrugada un grupo de hombres llamados Auroreros recorren las calles del pueblo cantando coplas acompañándose de
guitarras, campanillas, platillos y triángulo. (...) De origen rural, del valle del río Gudalcobacín se trasladó del campo al pueblo, apareciendo desde entonces la Virgen del Rosario como patrona de Arriate y cantándose "La Aurora" al final del rosario que recorre las calles los domingos por la mañana durante el mes de octubre. Tradición que se mantiene en la actualidad. (...) Los auroreros terminan las coplas o versos con el grito de ¡Ave maría Purísima!". Continuamos por la calle Huerto. Nos asaltan perfumes de brasa, aromas dulces e intensos que compiten con los de las ollas y pucheros que ya se
preparan en el interior de las casas. Las rejas en puertas y ventanas son seña de identidad, algunas incluso forman auténticas filigranas. Cruzamos, de nuevo el río Guadalcobacín por otro puente y ascendemos por unas escaleras que nos llevan hasta una plaza sobre la que se asiente un enorme árbol centenario que rodeamos. Callejeamos y disfrutamos con los saludos amables de los arriateños que tiene el buenos días, el buenas tardes, el hola, hombre, hola, a flor de labios. Pasamos frente al Café Albarra, donde un grupo de jubilados roma la sombra, también frente al Café Paquito donde otro grupo de hombres discute de fútbol. Las mujeres, por contra, no se solazan, pasean de aquí allá con bolsas de la compra colgadas del brazo, charlando con alguna vecina, con algún vecino... Pese a distar apenas 5 kilómetros de Ronda, Arriate conserva esa esencia de vecindario conocido y hace que su estancia en el pueblo nos resulte sumamente agradable. Los bajos de algunas casas de la parte vieja están ocupados por antiguas fábricas de embutidos, muy apreciados, no en vano el clima serrano favorece en sumo grado la curación natural de jamones, chorizos, morcillas, morcones, salazones... A esta fabricación artesanal también le acompaña la industria moderna con fábricas que ocupan naves algo más grandes. Tomamos un café tardío en uno de sus bares, 1, 10€ y tomamos notas sobre nuestra visita.
La despedida
Nos vemos sentados en el parque de la Aurora. Sorprenden la suavidad y quietud de sus formas entre el horizonte agreste de montañas graves. Un remanso de paz este Arriate que vive con la cadencia permanente de su río acompañándole, con los rigores del invierno curando sabiamente los embutidos artesanales, con los perfumes de las brasas aún bien entrada la primavera... Es este tiempo de verdes intensos cuando Arriate cobra su mejor entonación, cuando los prados que lo rodean hacen que la intensidad de sus casas blancas brillen con mayor intensidad. ¡Uf! tanta reflexión nos ha provocado hambre, compraremos pan artesano y algo de embutido para disfrutarlos a la vera del río.
Consejos útiles y enlaces de interés
La "Fiesta de la Vieja": El “Día de la Vieja” se celebra en la localidad desde principios de siglo y tiene el origen de su nombre en la expresión “partir la vieja” que hacía referencia a partir los rigores de la “vieja cuaresma” y hacer un alto en el cumplimiento de esta ley de abstinencia implantada por la iglesia católica. En la comida del “Día de la Vieja”, además del vino moscatel local, se incluyen roscas de pan, huevos duros, salmorejo, limones dulces, rosquillos de vino y chacina variada.
Semana Santa: No se pueden olvidar las celebraciones de Semana Santa, que en 2001 fueron declaradas de Interés Turístico Nacional de Andalucía. En el siguiente enlace se ofrece al visitante los detalles de recorridos de la Semana Santa Arriateña: Semana Santa en Arriate.
Senderismo: El privilegiado enclave natural de Arriate, situado en la llanura que se extiende entre las sierras de Salinas y Las Cumbres ofrece al viajero que guste de pasear varias rutas senderistas de notable interés. Caminos que discurren en su mayoría por la campiña de la serranía rondeña y que tiene sus máximos niveles de altura entre los 500 y 600 metros. Así existen varios itinerarios de diversa dificultad, entre los que destaca el camino que lleva al Puente de la Ventilla, pasando por el enclave natural de Arroyo Oscuro o el camino a Montejaque, conocido por Ribera de Don Rodrigo o incluso arribar hasta las ruinas romanas de Acinipo.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la web municipal de Arriate.
Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.
Publicado por Israel Olivera en 0:01 5 comentarios
Etiquetas: Arriate, embutido, Guadalhorce, Guadalteba, Interés turístico, Río Guadalcobacín, Ronda, semana santa, Serranía de Ronda
