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LAS IMÁGENES DE "EL COLOR AZUL DEL CIELO"

martes, 5 de abril de 2011

Y las imágenes.
Todas aquellas que nos hemos llevado impresas en la retina.
Las que hemos trasladado a las páginas del blog.
Las que nos hemos reservado.
En todas ellas, Málaga. Con sus colores y texturas. Aquí están las publicadas.


EL MAPA QUE NOS CONDUCE AL COLOR AZUL DEL CIELO

martes, 29 de marzo de 2011

Han sido 101 municipios desde abril de 2009. 101. Más de 1.000 fotografías, 105.000 viajeros que nos han seguido desde el inicio, cerca de 700 comentarios, opiniones y sugerencias, 6 cuadernos de viajes, 11 lapiceros, muchos kilómetros, 2 cámaras de fotos...

Y además...

La expectación por lo desconocido.
El redescubrimiento de lo ya sabido.
Las sorpresas en forma de lugares. Las promesas de regreso a flor de labios.
Los colores del atardecer y de la mañana.
Tan distintos horizontes de mar límpido y azul y cristalinas crestas de montaña.
El sol y la nieve y la lluvia y la tormenta y las nieblas.
Las campos alfombrados de flores, vides y espigas.
El silencio del viaje.
Las compañías esporádicas.
Nueve comercas que conforman la provincia: Antequera, Axarquía, Guadalteba, Costa del Sol Occidental, Málaga-Costa del Sol, Comarca Nororiental (Nororma), Guadalhorce, Serranía de Ronda, Sierra de las Nieves... Cada una con sus esencias y sus particularidades y su habla y sus gentes y su patrimonio cultural, histórico, artístico y natural...
Y la expereriencia, única de haber recorrido Málaga.

Este es el mapa que refleja nuestro viaje, en cada punto, una historia y un enlace donde leerla.


Ver El Color Azul del Cielo (Un viaje por Malaga) en un mapa más grande

El Color Azul del Cielo no termina aquí, muy pronto habrá nuevas noticias, nuevos viajes, sólo hay que esperar la llegada del mes de abril...

99 RINCÓN DE LA VICTORIA: EL PERFUME DEL SALITRE

martes, 1 de marzo de 2011

Salitre, perfumes de mar entre espumas blancas. Salitre y aromas marineros. Rincón de la Victoria vive entre las barriadas de casas bajas de los pescadores que aún se afanan en sus redes cuando hay mala mar y los alojamientos turísticos que pusieron en el mapa internacional este municipio. Pero Rincón destila salitre, olores de mar antiguo, esencias mediterráneas en sus barcas varadas, en sus playas de arena oscura, largas, hasta el horizonte, en sus torres vigía, en su cielo fundido con la lámina de agua. Tan es así, que uno de sus mayores tesoros, la cueva del mismo nombre, Cueva del Tesoro, resulta ser también de origen marino. Conviven en Rincón las ancestrales muestras del marino antiguo y las idas y venidas del turista moderno. Rincón huele a salitre y a espuma de mar, blanca.

Quizá confunda Rincón de la Victoria al visitante puntual. El viajero debe mirar más allá, descubrir precisamente sus rincones, sus esencias. Observar las casas bajas, humildes, de los pescadores, saborear los productos del mar como si fuera la primera vez, pasear entre los muros de la Fortaleza de Bezmiliana caminar, despacio con los pies sobre la arena, sintiendo la presencia húmeda del Mediterráneo bajo sus plantas. Es Rincón de la Victoria un pueblo antiguo y moderno a un tiempo, conviven las amplias avenidas concurridas con los callejones de las barriadas pesqueras. Reside ahí su riqueza y su encanto. Y más allá de todo ello, el perfil sinuoso de sus playas…

La fortaleza de Bezmiliana

Hemos estacionado en la avenida principal de Rincón. Una calle larga que discurre paralela a la línea de playa y que comunica el centro urbano con la Cala de Vélez. Si hemos llegado desde la autopista, el acceso nos llevará hasta un desvío. Izquierda, la fortaleza. Derecha, la Cueva del Tesoro. Tomamos camino hacia la izquierda y estacionamos en el primer lugar que encontramos libre. La fortaleza es un edificio imponente, retirado del mar unos cincuenta metros, frente a ella, las casas bajas de pescadores. Imaginamos el poder armado de la misma en tiempos de la guerra con británicos. Pese a no ser un edificio de grandes dimensiones, queda más que patente su funcionalidad. Además, su presencia se ve reforzada por las torres del Cantal y Benagalbón. Fue construida en el año 1766 y respondía tras la toma de Gibraltar por parte de las tropas británicas. Es un edificio severo, de líneas rectas, que sólo se dulcifica en las torres que ocupan sus ángulos. Impone. En el año 1992 se reformuló el concepto de su utilidad y lo que fuera una construcción bélica se transformó en un espacio lúdico y cultural. Ahora, sus paredes arenosas se abren al arte y a las exposiciones. Nos gusta la luz que se tamiza a través de sus ventanas, lo tiño todo de un color terroso claro. Los cuadros que penden de sus paredes, arte moderno, actual, conviven a la perfección con su pasado antiguo. La fortaleza está dividida en dos salas. La primera de ellas parece destinada a las caballerizas, la segunda resulta ser el espacio destinado a la vivienda, con el hogar de una gran chimenea de piedra en uno de sus laterales. Las puertas de este espacio se abren a un pequeño porche con techo de madera. Recorremos su interior y también su perímetro, con tranquilidad. Nos sentimos cómodos con el tono cálido de la luz y los colores. Nos quedaríamos, pero debemos continuar la visita.

El mar, las playas

Salimos al paseo marítimo y descubrimos el mar ante nuestros ojos, un mar de febrero, de tonos algo más oscuros, igualmente magnético. El paseo está concurrido, las gentes caminan y hacen jogging y pasean por una calzada habilitada para las bicicletas, algunos también patinan. Un grupo camina sobre la arena húmeda, hundiendo los pies en el agua fresca de este invierno primaveral. Las jábegas reposan sobre la playa, panza arriba, descansando de sus afanes de pesca. La Cala, Rincón, Torre, los Rubios…. Nombres de las playas principales de Rincón de la Victoria, unos arenales de arena oscura y seria. La Cala del Moral, la más occidental de todas ellas, con una extensión de casi kilómetro un y medio, muy transitada en la época estival y de arena gravosa. Tiene un paseo marítimo que se extiende por todo el litoral. Este arenal se separa del resto por obra y arte del promontorio del Cantal, un cabo que se hunde en las aguas del Mediterráneo y sobre el que se sitúa la torre vigía del mismo nombre. Tras El Cantal, la playa de Rincón, de 3'6 km de longitud y situada en el centro urbano. Perfectamente accesible desde su paseo marítimo y de un alto grado de ocupación en los meses de verano. Más orientales son las playas de Torre de Benagalbón, con 700 metros de longitud y que aún conserva cierto aire agreste. de situada en la zona central del núcleo urbano. Es igualmente accesible desde un paseo marítimo. Tiene arena oscura y un grado de ocupación alto. A continuación, hacia el este, se extiende sobre unos 700 m la playa de Torre de Benagalbón, semiurbana de arena oscura y con un grado de ocupación medio y, por último, la playa de Los Rubios, con una longitud de algo más de un kilómetro e igualmente de arena oscura. Tienen las playas los días de invierno soleado un encanto especial, una luz brillante y efímera que tiñe la lámina de agua de matices verdosos y oscursos. El reflejo del mar se rompe con las espumas que forma el oleaje. El sonido de la solas nos acompaña en nuestro caminar. Vemos como un hombre mayor, sentado de cara al paseo marítimo se afana sobre unas redes, cosiéndolas con mimo, ajeno al trasiego de deportistas mañaneros y visitantes. Teje y cose y repara sus artes de pesca el pescador. En nuestro paseo observamos las llamadas, exclamaciones de las bondades gastronómicas de esta tierra. Pescaíto frito, boquerones vitorianos (así, sin la preceptiva “c”), arroces a banda, vemos las barcas transformadas en hornos braseros para el espeto de sardinas, aún frías en la mañana. Caminamos, tocamos la arena, paseamos. Antes de llegar al promontorio de El Cantal abandonamos el mar para, hacia la derecha, sumergirnos en la urbe rinconera.

La iglesia de la Victoria

Si el mar era la tranquilidad, el centro urbano de Rincón es el movimiento, el trajín, el trasiego de los quehaceres cotidianos, las compras, el ajetreo de una ciudad viva en invierno y vivísima en verano. Escuchamos sones de trompetas y vemos una pequeña banda desfilar en ensayos de Semana Santa. Es alegre y bulliciosa Rincón de la Victoria, animada. En este tramo de ciudad, han desaparecido las casas bajas de pescadores y se han erigido los edificios que albergaban las segundas residencias de los malagueños, de los visitantes nacionales e internacionales. Y es que Rincón de la Victoria ha sido durante muchos años lugar de segunda residencia para muchos habitantes de la capital de la provincia y de los pueblos del interior. Junto a la calle principal se abre una plaza y de ella emerge la iglesia de la Victoria. Es un templo moderno, construido en el siglo XX al gusto de la arquitectura andaluza. Tres arcos se abren en su portada que da paso a unos soportales cubiertos que preceden a la entrada. En su flanco más occidental, una torre campanario despega hacia el cielo. El interior resulta moderno como el exterior y, nada más entrar en el templo, a la izquierda, alberga una imagen de la Virgen del Carmen del siglo XVII. La plaza en la que se asienta el edificio está concurrida, dos o tres bares y cafeterías a sus lados sirven desayunos, cafés, tostadas, pitufos, molletes. Un grupo de niños se asolea mientras juega al fútbol con una pelota verde. Los padres miran cómo corretean.

La Cueva del Tesoro y el Parque Arqueológico del Mediterráneo

Preguntamos por la Cueva del Tesoro, sabemos que está relativamente cerca pero no sabemos cuánto. Una mujer joven nos dice que cojamos el coche y un hombre mayor nos dice que se puede ir andando, pero que es un buen trecho. Optamos por recoger el coche y llegar, después de la visita a la cueva, a la Cala de Vélez.
Regresamos los pasos andados, nos desviamos hacia el paseo marítimo y caminamos al borde de la playa hasta llegar al lugar donde hemos estacionado el vehículo, casi frente a la fortaleza de Bezmiliana.
El acceso hacia la Cueva del Tesoro se realiza desde el promontorio de El Cantal. Situada, precisamente sobre éste, la cueva hunde sus raíces marinas en lo más profundo de la tierra. Es una de las tres cuevas marinas del mundo visitables y la única en Europa. La apodan la Hija del Mar y razón no les falta como descubriremos más tarde. Antes de entrar en la Cueva preguntamos por los horarios de visita, que siempre tienen que ser guiadas. Por la mañana a las 10:45, 11:30, 12:15 y 13:00 (último pase). Por la tarde a las 15:45, 16:30 y 17:15 (último pase). Los precios de la visita son 4,65€ para los adultos (entre los 15 y los 64 años), 2,15 para los niños (hasta los 14 años) y 2,75 para la tercera edad (mayores de 65 años). Faltan aún veinte minutos para nuestra visita, así que nos acercamos hasta el inmediato parque Arqueológico del Mediterráneo. Tiene una extensión de 90.000 metros cuadrado y además de servir como zona de esparcimiento se pretende que sirva como elemento de divulgación científica, para ello en su construcción se ha recuperado la superficie geomorfológica original, así como la vegetación mediterránea autóctona. Una serie de caminos elaborados en roca natural guían al visitante en su recorrido, además, se puede disfrutar de una réplica a escala 1.1 de la parte de la Cueva de la Victoria en la que se han hallado pinturas rupestres, así como diversas indicaciones y paneles informativos sobre la misma. Lo recorremos, nos sentamos en uno de sus bancos, miramos el mar, dejamos que el sol nos temple la piel hasta que llega la hora de la visita. Formamos un grupo de algo más de veinte personas.
Nos gustan las leyendas y la Cueva del Tesoro tiene la suya propia. Se llamaba Tasufin Ibn Alí, siglo XII. Antes de dejar Rincón de la Victoria el emperador almorávide escondió un gran tesoro en las cavidades de esta cueva marina. Monedas, collares, joyas… Siguiendo los ecos de esta leyenda, Manuel Laza Palacios se sumergió en las profundidades para intentar encontrarlo. Y lo hizo. En todos los años de investigación descubrió 6 monedas de oro, más concretamente, 6 dinares de oro. Nada más. A cambio ofreció al mundo otro tesoro muy distinto, la propia cueva. Entramos nos sumergimos. La Cueva del Tesoro es muy distinta a otras que hemos visto, prácticamente no hay estalactitas ni estalagmitas y las formas blancas y redondeadas, repletas de oquedades, son las que predominan. Se dibujan en sus paredes formas fantasmagóricas, ojos que nos miran… Y nos acompaña en la visita el permanente susurro del agua. Son seis las salas que pueden visitarse. La Sala de la Virgen, con una imagen de la misma alumbrada por una candelaria. La Sala de Marco Craso, donde se cuenta se refugió el general en el año 88 A.C. durante los ocho meses que duró su persecución por parte de Mario y Cinna. La Sala del Águila y la Sala Noctiluca, donde puede apreciarse una forma rocosa que dibujaría la figura de esta diosa paleocristiana en el interior de la cueva, la Sala del Volcán, en cuyo interior se aprecia un considerable aumento de la temperatura y de la humedad y la Sala de los Lagos, donde el agua predomina por encima de cualquier otro elemento. Disfrutamos la visita, imaginamos las expediciones de Manuel Laza en aquellos años cincuenta, los primeros años de su descubrimiento, las escalas de madera, las lámparas de carburo. Con esta imagen aún fresca en la mente salimos, de nuevo, poco a poco, a la luz del día.

La Cala

Desde el promontorio del Cantal, tomamos dirección este para llegar hasta la Cala. Estacionamos en el primer aparcamiento que vemos y paseamos. Nos asomamos de nuevo al mar, a su paseo marítimo y se repiten las imágenes de paseantes. Algunos chiringuitos y restaurantes próximos a la playa comienzan a preparar las brasas para los espetos y llegan hasta nosotros sus perfumes. Cala adentro, descubrimos la iglesia de Nuestra Señora del Rosario. Es un templo de grandes proporciones, con una destacada torre campanario d ela que asoman cuatro balcones, está rematada en tejado de azulejo azul y blanco. Junto a la torre, la portada del templo, con un rosetón ciclópeo situado sobre la puerta principal. Sus paredes están pintadas de blanco, rematadas en color salmón claro. Una gran plaza le sirve de antesala, unos niños juegan, una pareja descansa, a la sombra en uno de sus bancos. Llega la hora de la comida y no nos decidimos por ninguno de los restaurantes, así que decidimos tapear en sus barras y probar, así los famosos boquerones vitorianos… Fritos (agrupados sabiamente en ramilletes unidos por su cola), abiertos y al limón, en vinagre… Todas las especialidades nos resultan deliciosas. Acompañamos nuestra degustación gastronómica con refrescos y alguna cerveza. Son algo más pequeños que los usuales, pero especialmente sabrosos. Los precios son más que razonables y las raciones no sobrepasan en ninguno de los casos los 10 euros.

Despedida

Nos atrevemos, hundimos los pies en el agua, fría aún. Nos reconforta, nos reconstituye. Con los pies mojados nos sentamos en la arena y contemplamos el mar ante nosotros. Esa lámina de agua que sirvió y sirve para el ir y venir de culturas, de gentes. El Mediterráneo que hunde sus brazos hasta el interior de la tierra en este Rincón, capaz de moldear sus entrañas hasta formar una cueva única. Nos llega a la mente la imagen de ese pescador que tejía sus redes, las jábegas varadas en la arena de la playa, los preparativos de esos barcos dispuestos a zarpar para capturar todos esos otros tesoros plateados en forma de boquerón.

Otras informaciones y enlaces de interés

Museo de las Artes Populares:
El Museo de las Artes Populares de Rincón de la Victoria es uno de esos hallazgos que nos remiten al pasado más reciente. Entre sus paredes se encuentra la reproducción de una casa labriega con dormitorio, cocina y salón y una multiplicidad de enseres, herramientas, útiles y aperos de labranza tradicionales. Gran parte de las piezas que se exhiben en este museo etnográfico han sido donadas por los habitantes de Rincón de la Victoria.
Virgen del Carmen: La Feria de Rincón de la Victoria tiene lugar en torno al 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, fecha en que se procesiona por mar a la Virgen, acompañada de numerosas barcas, y luego la imagen es sacada del mar a hombros de marineros quienes la pasean por las calles del pueblo concentrando a mucha gente, tanto rinconera como foránea. Durante estas fiestas se celebran las tradicionales regatas de jábegas, tradicional embarcación de origen fenicio típica de las costas malagueñas (información extraída de la web municipal).
Concurso de Verdiales: En la segunda quincena de septiembre se celebra en Benagalbón el ya famoso "Concurso tradicional de verdiales", que concentra en sus calles a más de doce grupos (llamadas pandas) del estilo "montes", interpretando este precioso cante y baile máximo exponente del folklore malagueño (información extraída de la web municipal).
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la web municipal de Rincón de la Victoria.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

97 VÉLEZ MÁLAGA: HABLAMOS DE ANTIGUO

martes, 15 de febrero de 2011

Hablamos de antiguo, con el lenguaje de los árabes, de los romanos, de los fenicios. Hablamos de antiguo, del pasado colmado de historias, del tiempo trufado de nombres, de ilustres, de plebeyos, de cortesanos. Hablamos de antiguo, de Mariyya Ballis, de Bentomiz, de Mainake, de Maenoba, de as-Sarqiya, de Abul Cacim Venegas, de El Idrisi, de Abulfeda, de Ibn Batuta, de Abd-al-Basit o de María Zambrano. Hablamos de Vélez Málaga y hablamos de Historia.
Impone enfrentarse a una ciudad así, a una ciudad que tuvo máxima importancia en los tiempos de Al-Ándalus, que la tuvo en la conquista cristiana, en la guerra de la independencia. Imponen su pasado glorioso y su moderno presente. Vélez Málaga asciende su mirada hasta lo alto de un cerro doble, donde de un lado muestra su cara más belicosa con la presencia de la torre del castillo y de otro su rostro más espiritual con la ermita de Nuestra Señora de los Remedios. A caballo entre ambos se estructura una ciudad de calles largas y sinuosas en los barrios más modernos y callejones estrechos en el barrio de la Villa que rebosa el límite de las antiguas murallas. Salpican el trazado de Vélez Málaga los monumentos religiosos, conventos y ermitas, iglesias y cruces, que delinean el horizonte de la ciudad con sus cúpulas y campanarios. Tras la conquista cristiana se remozó el callejero y algunos de sus monumentos religiosos de origen árabes fueron transformados en epítomes de la cristiandad y así las mezquitas transformadas en iglesias y ermitas y conventos. La profusión de estos últimos fue tal que el municipio fue tipificado como “ciudad conventual”.

Llegada y aparcamiento

Las amplias avenidas que nos introducen camino del corazón veleño nos engañan. Poco a poco los caminos que nos llevan al Centro Histórico se estrechan y retuercen conforme se abrigan en torno a la antigua fortaleza. La mejor posibilidad, dado que el recorrido que vamos a realizar en Vélez nos obligará a caminar es estacionar el coche en las calles próximas al centro urbano y tomar como referencia una de sus múltiples plazas para que, ayudados de un plano callejero o georreferenciados a través de un gps, se puede iniciar la visita desde cualquiera de estos puntos. Así lo hemos hecho y partimos nuestro recorrido de Vélez Málaga en la plaza de los Carmelitas.

Desde la Plaza de las Carmelitas hasta la plaza de la Constitución

Contemplamos el convento que se yergue frente al ayuntamiento veleño. Impone el edificio, su solemnidad, combinando la sobriedad de su cuerpo con la magnificencia de su portada. Impacta el silencio que reposa en su entrada lateral, donde se halla el torno con el que las monjas carmelitas se comunican con el exterior. Es el convento de Jesús María y José, también conocido como “de las Carmelitas”. Fue fundado en el año 1702 por la orden del Carmelo y tiene su origen en dos amplias viviendas contiguas compradas en 1699, reformadas hasta quedar como un único recinto cerrado, uniforme y con escasos vanos dirigidos hacia el exterior para acentuar el rigor de la clausura. La iglesia fue construida entre 1738 y 1745. Descubrimos en el pie de los paneles explicativos de los monumentos, este es el primero pero en casi todos existe, un sistema de información muy práctico. Un número de teléfono, un número asignado a cada monumento y un número para cualquiera de los idiomas en los que se quiera escuchar la conversación. Tecleamos, tecleamos y tecleamos. Escuchamos. Una agradable voz nos transmite toda la información referente al convento. Práctico, eficaz y enriquecedor. Descendemos por la calle hasta tomar un bifurcación a la derecha por Montera y Téllez Macías, para girar de nuevo a al derecha y ascender por Félix Lomas. En esta última nos encontramos con un imponente monumento. Por su arquitectura y por su amplitud. El convento de Nuestra Señora de Gracia o convento de las Clarisas. Blanco inmaculado, formando un rectángulo que ocupa varias calles. Su entrada, porticada. El origen de este edificio, el convento de Nuestra Señora de Gracias se sitúa en el barrio de la Villa donde pronto se quedó pequeño y tuvo que ser trasladado hasta su ubicación actual, elevado en 1555 y poseedor de un hermoso claustro de estilo mudéjar. La iglesia del convento fue restaurada en el siglo XVIII.
Impresiona Vélez por su porte y señorío. Destaca en su arquitectura civil y religiosa la importancia centenaria de sus calles y monumentos, el abolengo de sus edificios. Caminamos por un pedazo de rica historia y es conveniente ser consciente de ello.
Desde la calle Félix Lomas, tomamos, hacia la derecha, la calle Tiendas, una importante vía de comunicación que une la parte más antigua de la ciudad con la más moderna, poniendo en contacto la plaza de la Constitución con la plaza de las Indias. Caminamos, nos cruzamos con algunos vecinos y vecinas que nos saludan. Observamos sus fachadas, sus detalles de flores, las sorpresas de sus arquitecturas.
Recogida sobre una esquina, indicando al caminante, como un faro, la dirección a seguir, formando una perfecta bifurcación entre la calle Tiendas y la calle Piedad nos encontramos con la capilla camarín de la Virgen de la Piedad. Impresiona. Impresiona por su falsa sencillez. En el primer piso dos puertas de madera se abren para mostrar una imagen de la Virgen en todo su esplendor. Se remata el conjunto con un tejado sobre el que se levanta una pequeña linterna. La imagen de la Virgen, acomodada tras un cristal, se halla rodeada por dos columnas de estilo corintio y un frontón reposado sobre un arco de medio punto. Flores.
Continuamos por la calle Tiendas, a la izquierda.
Nos encontramos muy próximos a las murallas de la antigua ciudad, aún se pueden ver lienzos de las mismas sobresaliendo, incólumes, en el tiempo. Torreones defensivos, láminas de terroso ladrillo. Las oficinas del Centro de Información Juvenil se amparan bajo ellas con total naturalidad como si hubieran estado allí siempre. Algo más adelante, apenas veinte metros y a la derecha nos encontramos con la fuente de Felipe II y Fernando VI. Es una fuente de mármol blanco majestuosa. Recargada, sin concesión a la sobriedad. El agua brota de cuatro caños, a través de la boca de sendos animales mitológicos. Nos refrescamos en tan insigne lugar, construida en el siglo XVI y trasladada hasta el lugar actual en 1758. En la fuente original aparecía el escudo de armas de Felipe II y en su traslado se incluyó el escudo de Fernando VI, de ahí su regio nombre doble.
Se abre ante nosotros la plaza de la Constitución. Imaginamos. Corre el año 1487, los Reyes católicos llegan a Vélez Málaga. Muralla sin mancha que vivió la guerra desde lejos gracias a pactos y rendiciones entre los vencedores y vencidos. Isabel y Fernando, reyes, cruzan desde aquí los gruesos muros de la fortaleza a través de la sólida puerta que daba acceso al barrio de la Villa. Desde entonces aquel dintel recibió el nombre añadido de Real, llamándose Real Puerta de la Villa. Una de las cuatro puertas que rodeaban la antigua medina, sólo ella queda en pie, esquinada, protegida a su vez por dos torreones y un grueso lienzo de muralla. Este fragmento mural se encuentra perfectamente restaurado y ofrece una idea cabal de la prestancia y solidez de la defensa.
Frente a la antigua fortaleza se ubica el pósito, un almacén de grano que se utilizaba en previsión de malas cosechas, épocas de racionamiento, delicados momentos bélicos. Es un edificio civil amplio, rectangular, blanco, constituido por dos plantas y que podría albergar buen número de provisiones. Tiene forma de lonja y en su piso bajo diferentes arcos forman la cara de la fachada. Cayó en desuso y fue ocupado por viviendas particulares. En la actualidad existe un proyecto para reconvertirlo en centro cultural, en espacio de ocio.
Presidiendo la plaza de la Constitución nos encontramos con un templo de prestancia singular. Su enorme torre campanario impera en el horizonte. ¿Cuántos metros de altura tendrá? Calculamos a ojo de mal cubero… ¿Veinte, treinta metros? Su posición privilegiada, rematando el frontal de la plaza, situada en un altozano natural provoca que el efecto sea aún mayor. Es la iglesia de San Juan Bautista. Construido en planta basilical en el siglo XVI. En el XIX experimento una serie de serias reformas impulsadas por el abogado veleño D. Federico Vahey, ministro de Gracia y Justicia de Isabel II, promoviendo tal transformación que el templo de aire mozárabe se tornó en un edificio neoclásico. A la puerta de la iglesia, la estatua de un nazareno acompañado de un monaguillo completa la visión de conjunto del templo. Suena el repique de campanas, un curioso soniquete que va más allá de los toques tradicionales y muestra una compleja secuencia musical de graves y agudos que recorren las calles del barrio de la Villa y alrededores.

Desde la plaza de la Constitución hasta la ermita de la Virgen de los Remedios

Bordeamos la iglesia y descendemos por la calle Sevilla, tras veinte metros, a la izquierda tomamos la calle Mercader, primera a la derecha calle San Francisco. Cruzamos frente a la puerta de la llamada Casa de Cervantes. Un caserón solariego de proporciones más que destacadas, construido en el siglo XVI y que mira al exterior con su fachada de balcones forjados y dos puertas, la de carruajes y la principal, que tras un zaguán se abre al interior de un patio con arcos de medio punto sustentados sobre columnas de ladrillo.
Accedemos hasta la plaza de San Francisco donde dos edificios principales enmarcan su tremenda actividad. Uno de ellos, el municipal mercado de abastos, que genera un continuo tráfago de coches y de gentes portando bolsas con compras y enseres y alimentos. Otro, el convento de San Francisco, fundado en 1498 sobre una antigua mezquita, de la cual, el único resto visible es la torre alminar transformada en campanario. El claustro, impresionante, es de estilo mudéjar, y el estilo de la iglesia original queda enmascarada por el remozo posterior, de gusto barroco. En su interior, destaca la capilla del Buen Pastor.
Desde uno de los laterales del convento accedemos a la fachada del Palacio de Beniel. Solemne, elevado, distinguido, quizá la muestra más destacada de arquitectura civil de la localidad. Destaca su piso superior, formado por una terraza abalconada, cuyos arcos miran hacia el centro urbano de Vélez. Fue don Alonso de Molina Medrano el que lo mandó construir en el siglo XVII. Fue, durante un tiempo, la Casa Consistorial y desde hace algunos años, la sede de la Fundación María Zambrano. Alberga exposiciones pictóricas y arqueológicas, conferencia, etc. Surge por primera vez aquí el nombre de María Zambrano, quizá la más insigne de las veleñas, una mujer comprometida con su tiempo y su época. Nació en Vélez Málaga el 22 de abril de 1904 y falleció en Madrid el 6 de febrero de 1991. Escritora, ensayista, profesora universitaria y eminente filósofa, discípula de José Ortega y Gasset, posee una amplia bibliografía en la que se incluyen elaborados escritos sobre la política y la sociedad, el comportamiento del ser ante el tiempo, la razón poética de la vida y de lo social, la ética, etc. Un pensamiento complejo que se vio truncado por la obligación del exilio. Aunque en 1937, el mismo día de la caída de Bilbao, regresa de Chile y cuando es preguntada por las razones de regresar a una tierra con la guerra ya perdida, Zambrano contestó de manera taxativa con un enérgico “Por eso”. De nuevo el exilio en 1939 a Francia y de ahí a La Habana, México, San Juan de Puerto Rico, París, Roma hasta regresar a España de nuevo en 1984. Para entonces había sido reconocida en 1981 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, con el título de Hija Predilecta otorgado por el pueblo de Vélez Málaga, como Doctora Honoris Causa por la Universidad de Málaga, como Hija Predilecta de Andalucía y con el Premio Cervantes en 1989. El 6 de febrero de 1991 fallece en Madrid, siendo enterrada en su ciudad natal de Vélez Málaga. Sin duda una vida y una obra apasionantes.
Desde el Palacio de Beniel tomamos la calle Arroyo de San Francisco para ascender hasta el cerro de San Cristóbal, un otero privilegiado donde se ubica la ermita de Nuestra Señora de los Remedios. La subida no es dura, pero tampoco fácil. Se puede acceder también en coche, pero el ascenso nos ofrece el privilegio de disfrutar, poco a poco, de las vistas que nos ofrece la colina. Se observan los tejados de las terrazas veleñas, los bancales de frutas, las plantaciones de cítricos en la vega, los montes próximos, el caserío completo, el campanario de la iglesia de San Juan, la Torre del Homenaje de la fortaleza, la vega que desemboca en el Mediterráneo, en Torre del Mar, y sobre la ermita… el perfil de la Maroma, montaña más alta de la provincia de Málaga. La panorámica es espectacular. Un grupo de personas mayores se sientan en lso bancos del mirador, al sol de invierno, relajados, charlados, con la historia mediterránea a sus espaldas…
La ermita guarda una sorpresa. Su exterior es sencillo, encalado, inmaculado de blancos. Se corona su tejado por una espadaña de la que penden dos campanas. Su interior es punto y aparte, una obra de arte viva, espectacular. La entrada a la ermita se encuentra en su lateral derecho y lo que esperamos encontrar dentro, paredes blancas, columnas más o menos historiadas, una artesonado interesante, se troca en color. Toda la ermita está pintada. Merece destacar la obra que actualmente cubre los muros interiores de la Ermita, cuya superficie total ronda los 1.150 metros cuadrados. Evaristo Guerra, es el autor de esta magistral obra, que mediante la técnica del “fresco” pretende “hacer los muros transparentes” para que la Virgen de los Remedios pueda ver a través de los mismos los paisajes de la Axarquía, de los alrededores de la Ermita y los edificios emblemáticos de la ciudad. Pero contarlo no es vivirlo. Los tonos, los colores, las figuras, la viveza de los gestos, la plasmación de las escenas cotidianas. Todo resulta ser de una hipnótica belleza. Nos deleitamos contemplando las pinturas murales hasta descubrir sus secretos, las figuras que se escondían. Se nos revelan detalles que no habíamos visto, riquezas insólitas en la perspectiva, en la naturalidad de las expresiones de los representados. Reposamos, descansamos sentados en sus bancos de madera, inundados por la especial luz, por el color, por la sensación de permanecer en el interior de un cuadro.

Hasta la Torre del Homenaje

Descendemos, con las maravillas de las pinturas murales de Evaristo Guerra aún titilando en nuestros ojos. Y recuperamos el camino que nos lleva hasta la plaza de la Constitución. Podemos llegar por donde hemos venido o atravesar parte del barrio por la calle Calzada Herrera, por la plaza Santa Cruz, la Cruz del Arrabal, que fotografiamos, cruzar la plaza de Los Sastres y llegar hasta las murallas que preceden a la Real Puerta de la Villa. Cruzamos bajo su arco y nos sumergimos en un mundo de arquitectura antigua, de perfilado y retorcido trazado árabe. Aquí se abrigaba la medina, con sus casas bajas, comercios, pequeñas fábricas, aljibes… Protegidos bajo la mirada impertérrita de la Torre del Homenaje, abrigados por las murallas de la fortaleza. Así caminamos por la calle Real, cruzamos las plazas del Espinar primero y de Rojas después para ascender por la calle Santuar Sta. hasta la iglesia de Santa María.la Mayor, en cuyo interior se encuentra el Museo de la Semana Santa. Edificada sobre una antigua mezquita a finales del siglo XV y principios del XVI. El interior del templo es amplio, elevado hacia las alturas. El artesonado de madera, mozárabe, resulta especialmente destacado. El conjunto de la iglesia es regio, serio, rico. Se sitúa en lo más alto del barrio de la Villa y desde su exterior se domina Vélez Málaga a sus pies. El Museo de la Semana Santa, recogido en su interio muestra toda una imaginería de coronas y capas de oro, casullas y vestimentas, arropos para la Virgen y sus imágenes que se velan hasta la llegada del tiempo de la Pasión. Ricos adornos que denotan el poder de la iglesia. Más allá de los poderes terrenales se encuentran los poderes del arte. El fino detalle con el que están talladas las piezas, las filigranas y finuras con las que se rematan las figuras, el cuidado y el esmero de los artesanos que las elaboraron. Dejamos atrás lo espiritual y salimos al sol del mediodía. Desde la iglesia tomamos la calle Cuesta de Sta. María y accedemos, tras un murete al recinto del antiguo castillo. En pie queda la imponente Torre del Homenaje y algunos lienzos de las murallas que se abren hacia la vega y hacia el mar. Las vistas son espectaculares. Ante nosotros se abre el terreno de plantaciones de frutales que se extienden desde el mar hacia el interior de esta zona de la Axarquía en pueblos como Benamocarra, Benamargosa o los accesos desde el Mediterráneo a Canillas de Aceituno, La Viñuela, Alcaucín o Periana. Salida natural al mar, esta fortaleza lo dominaba todo, la llegada de barcos, las comunicaciones con Granada y Almería y Málaga por la costa, hacia la Granada interior a través del boquete de Zafarraya. Vélez Málaga era, y es, un lugar geoestratégico idóneo para el control de personas y mercancías. Desde esta Torre del Homenaje se divisaba cualquier movimiento. Hoy dos jóvenes se sientan y charlan, las piernas cuelgan murallas abajo. Hablan de chicas, de nocturnidades y alevosías. Contemplan un pasado hermoso y antiguo, quizá sin saberlo en su ansia por vivir el momento. Carpe Diem. El sol nos templa la piel con su exquisita calidez de invierno. Miramos los distintos horizontes que nos propone la fortelza e imaginamos, nos lo imaginamos todo. Luchas, rendiciones, caballeros cristianos y califas árabes, crónicas egipcias, expediciones romanas, cultura fenicia. Todo.

Torre del Mar

Hemos retornado al coche con la historia aún resonando en los oídos, ahora queremos disfrutar del sabor del salitre. Tomamos dirección a Torre del Mar. Tomamos dirección Centro Urbano y estacionamos en una de las calles próximas al Paseo Marítimo. Olores a espeto y a brasas, a pescados a la plancha, a pescaíto frito. Chiringuitos lamiendo la arena de la playa, amplios restaurantes con la especialidad del pescado y el marisco como reclamo principal, también restaurantes de comida internacional… Y el mar azul en conjunción con el cielo. Algunos grupos de jóvenes extranjeros toman el sol vestidos, con las camisetas remangadas hasta el pecho, capturando los delicados rayos que inciden sobre la arena… El paseo marítimo de Torre del Mar cuenta con tres kilómetros de longitud junto a las playas y con una amplísima oferta hostelera. Está poblado de numerosas especies vegetales que lo convierten en una gran zona verde y además se acompaña de las poesías en cerámica de Manuel Alcántara, teniendo como referente el gran faro de 26 metros de altura que domina el litoral torreño. El paseo nos permite contemplar desde los faros (el moderno y el antiguo de la avenida Toré Toré), a la Torre Manganeta junto al río, así como la ermita de la zona de la Noria. Paseamos, caminamos, paramos, picoteamos aquí y allá un par
de raciones de calamar plancha, de gamba fresca, dos refrescos, una cerveza. Otro paseo, algo más de tapeo, unas sardinas al espeto. Reposo, más camino, otra parada técnica para el avituallamiento… Paseo…

Despedida

Con la luz de los murales de Evaristo Guerra prendada en la mirada observamos ahora el mar Mediterráneo, intensamente azul. Se nos mezclan los colores de la memoria y del presente, de la historia antigua y de la racionalidad filosófica, de las vegas verdes y de las altas montañas. Reposa en Vélez Málaga un poso de historia que se transmite, que calza los pies del visitante, el pensamiento del curioso, la piel del emotivo. Cada rincón y esquina ofrecen un tesoro visible y un cuento cotidiano por descubrir. Nos empapamos de todo ello mientras, tumbados sobre la arena templada de Torre del Mar contemplamos el azul profundo del cielo.

Otras informaciones y enlaces de interés

Semana Santa Veleña: “Justamente considerada una de las más sobresalientes de Andalucía. La secular tradición religiosa de esta ciudad, marcada desde finales del siglo XV por la construcción de numerosos conventos e iglesias, desembocó de manera natural en la configuración de unos ritos externos que alcanzan su más alta expresión en la Semana Santa. Cofradías fundadas muy tempranamente compiten en esplendor con otras de más reciente cuño durante unos días en que la ciudad vive casi exclusivamente por y para sus procesiones. El fervor popular que se exterioriza al paso de algunas hermandades es tan contagioso que incluso los más escépticos ante estas manifestaciones de carácter religioso acaban por participar en ellas con verdadero entusiasmo. Sería inútil destacar unas cofradías sobre otras, pues todas, con su magnificencia ornamental y sus muchos devotos, contribuyen a hacer de la Semana Santa de Vélez-Málaga una memorable celebración” Información extraída de la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol. (Fotografía extraída de la web municipal de Vélez).
Caleta de Vélez: Caleta de Vélez es otro de los destacados núcleos poblacionales de Vélez Málaga, se sitúa a dos kilómetros de Torre del Mar y aún conserva toda la atmósfera de un barrio típico de pescadores. Caleta de Vélez acoge el puerto pesquero más importante de la provincia de Málaga, ineludiblemente unido a las actividades náuticas. También en Caleta de Vélez podemos encontrar un campo de golf de alta calidad como oferta de ocio y deporte.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Vélez Málaga.