RSS
Mostrando entradas con la etiqueta Montejaque. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Montejaque. Mostrar todas las entradas

EN / 18 GRAZALEMA: La cicatriz del agua

martes, 13 de diciembre de 2011

Y no es un abismo, sino un abrazo lejano y frío. El viento recorre este falso llano que fuera en lo antiguo cuenca de glaciares, espumean las lágrimas en la comisura de los ojos y cortan la piel las ráfagas de aire matinal, refrescando el ambiente, deshelando el rocío, delicado. El cielo, despejado y azul y rotundo, acoge las evoluciones silenciosas de los buitres leonados que parecen circunnavegar alrededor de los picachos. Cimas grises y desgajadas, a punto de desmoronarse, cincelando figuras imposibles. Combina el paisaje lo abrupto de sus picos informes con la suavidad dúctil de la cuenca glaciar, un llano que se extiende hasta el horizonte y que se combina con otro llano y con otro, salpicado de encinas retorcidas y centenarias, de ganado vacuno, ovino, porcino, pastoreando en semilibertad. Una senda atraviesa el corazón de los llanos como un enorme costurón, una cicatriz olvidada desde tiempo inmemorial y que modela un paisaje que parece imposible, pero que ahí, aquí, bajo nuestros pies, es perfectamente real. Tierra de grietas y hendiduras, de lapiaces y poljes, de simas y oquedades. Esto es el Parque Natural Sierra de Grazalema y estos son los enigmáticos Llanos de Líbar.

Una aproximación

Los glaciares, lenguas gélidas de hielo en movimiento, modelaron el paisaje kárstico de Grazalema a su antojo, sin prisa, con la sabiduría que da tiempo y la fuerza indescriptible. El hielo se transformó en agua y sus filtraciones amasaron la tierra como levadura de rocas, partiendo la piedra, hundiéndola, resaltándola, desgajándola hasta crear un paisaje imposible plagado de abruptos barrancos, idílicos valles y tajos verticales. El agua, apenas un destello en superficie, se ha filtrado durante milenios, desgastando la roca hasta producir inmensos hundimientos a los que se denomina poljes o miles de cicatrices en las cimas, a las que ha erosionado y roto formando lapiaces. Precisamente los Llanos de Líbar constituyen uno de los poljes más importantes del parque natural y uno de los más destacados de Europa. Recovecos entre los que se esconden los corderos, donde anidan los buitres leonados y las águilas. Agujeros en los que se abrigaron los guerrilleros de la Independencia, los bandoleros del XIX, los maquis del XX. Pastan las vacas retintas sobre el paraje, ramonean las ramas bajas, brotes verdes de las encinas, engordan los oscuros guarros ibéricos a la sombra de la dehesa. Y la Grazalema malagueña va más allá de los Llanos de Líbar para discurrir a la vera del Guadiaro, recorriendo los términos municipales de Jimera, Benaoján y Cortes de la Frontera; o se sumerge en la tierra en el Hundidero montejaqueño para asomar cuatro kilómetros más allá en la Cueva del Gato de Benaoján, formando un complejo espeleológico de primer orden; o nos muestra un pez dentro de un pez o un hombre con alas en la Cueva de la Pileta. La Grazalema de Málaga es impresionante, grandiosa, diversa y diferente. Hoy nuestro caminar nos lleva a los Llanos de Líbar, un lugar de fuerte impresión telúrica, donde el ser humano parece ser no más que una mota de polvo.

Parque Natural Sierra de Grazalema

Como un pan de hogaza que se desmiga, vayan aquí los números del Parque Natural de Grazalema. De sus 51.695 hectáreas, 14.900 corresponden a la provincia de Málaga y de estas, 4.556ha a Montejaque, 4.531ha a Cortes de la Frontera, 2.9191ha a Ronda, 2.152ha a Benaoján y 742ha a Jimera de Líbar. Se distribuye la extensión como un puzle administrativo del que la naturaleza no entiende y brinca el parque natural de una municipalidad a otra, de una provincia a otra sin solución de continuidad, formando un todo que va más allá de las particiones institucionales.
Desde 1977, Grazalema está contemplado por la UNESCO como Reserva de la Biosfera y desde 1984 como Parque Nacional. Son trece los municipios que la configuran además de los malagueños Benaoján, Montejaque, Cortes de la frontera, Ronda y Jimera de Líbar ya citados, se incluyen los gaditanos Grazalema, Zahara de la Sierra, Villaluenga del Rosario, Benaocaz, Ubrique, El Bosque, Prado del Rey y El Gastor.
Y más números. La altitud máxima del parque se localiza en El Torreón con 1.654 metros de altitud y la más baja, 289 metros, localizada en el municipio de El Bosque. Entre ambas solo distan 10 kilómetros, con lo que se puede trazar un perfil abrupto, con un desnivel impresionante en el que las sendas y carreteras se retuercen de manera permanente sobre sí mismas.
El ser humano ha poblado estas tierras desde antaño, en la Cueva de la Pileta se han encontrado restos del Paleolítico Superior, pero es en la historia moderna donde el asentamiento se hace definitivo con los romanos, árabes, cristianos… Estos riscos y valles fueron testigo y escenario de cruentas batallas en la Guerra de la Independencia contra Francia, posterior abrigo de bandoleros en el siglo XIX y escondrijo de maquis durante la dictadura franquista. Pero si algo ha permanecido ha sido la labranza y el pastoreo. Siempre el ser humano ha logrado el punto de equilibrio entre producción y sostenibilidad, alimentándose de los frutos del parque y alimentando a su vez a la ganadería que pastoreaba. Esa esencia de respeto ha modelado también el paisaje como lo ha hecho el agua. Mimando los bosques, construyendo praderas, manteniendo dehesas.
Así el hábitat de flora y fauna se ha mantenido prácticamente inalterable desde allende los tiempos. El visitante podrá contemplar cerca de 1.300 especies de plantas superiores entre las que se encuentran el algarrobo, encina, quejigos, acebuches, alcornoques y un resto mínimo de pinsapo, además de malvas, candiles, aulaga, cardo, amapola, tomillo, sabinas y en la vera de los ríos álamos, sauces y olmos. Del mismo modo, la fauna no se queda atrás en la catalogación y reinando la cabra montés y el buitre leonado, se encuentran el zorro, nutria, corzo, ciervo, águilas reales, perdiceras y pescadoras, búho real, milanos negros, alimoches e incluso el halcón peregrino.
Y llueve, llueve mucho, en abundancia, como un torrente, situando el índice pluviométrico por encima de los 2.000 litros anuales por metro cuadrado. Uno de los lugares más húmedos de España, por encima, incluso de muchas zonas más septentrionales.
Con todos estos elementos se ha configurado un paisaje insólito, densamente poblado por flora y fauna, en el que el ser humano ha incidido con respeto y en el que la naturaleza muestra su dignidad y su carácter más indómito, aún sin domesticar. Los Llanos de Líbar son un ejemplo de todo ello, de esta combinación aparentemente imposible que enriquece el viaje y el paisaje.

Los Llanos de Líbar

Una senda serpea en el corazón del polje. Se asemeja al trazo que un niño hubiera dibujado en la arena. Suave y sinuosa, escoltada por castillos de arena, por lapiaces. Modelada por el agua como si una lengua de mar se tratara. El ser humano empequeñece, se desdibuja ante la magnitud del fenómeno geológico, resulta imposible siquiera imaginar la contundencia de las fuerzas que han sido necesarias para crear este paisaje cuasi lunar. Desde la “montaña perdida”, Montejaque, nombre que le dieron a este pueblo los árabes, parte un humilde camino de tradicional paso de ganado. Comunica el municipio del Hundidero con el vecino de Cortes de la Frontera a través de Los Llanos de Líbar que 10,5 kilómetros más allá, en la profundidad de la Sierra de Grazalema se transformarán, junto a una fuente, en los Llanos del Republicano. Sendas y caminos que discurren por un valle tallado en la piedra, un valle que abre sus entrañas al cielo azul, un valle de llanura imposible al que los geólogos denominan polje y que las palabras mundanas se quedan cortas para describir.
Partimos desde la parte norte de Montejaque, detrás del Hostal La Cabaña, donde encontramos el panel informativo de la ruta con una somera descripción que nos pone sobre aviso sobre el espacio tan especial que vamos a recorrer. Tras una primera subida, por la sierra de Juan Diego llegaremos al Llano de los Almendros, de ahí, a través de un lapiaz impresionante, hasta el llano y dehesa del Pozuelo, de ahí a travesaremos un encinar centenario, para parir en el Llano de Líbar, tras el cortijo del mismo nombre, desde el que caminaremos por una llanura que parece no terminar hasta llegar a la Fuente de Líbar, donde se cambia el nombre por el del Llano del Republicano. El camino discurre por pista en su totalidad, mejor o peor conservado para acceder con automóvil, pero siempre adecuado para hacerlo a pie. Es costumbre cruzar la primera parte, algo más dura, hasta el encinar, estacionar el coche allí y caminar hasta el final del sendero. Es una opción, pero ir descubriendo gradualmente el paisaje es uno de los mayores atractivos de esta ruta.
Es un sendero que se disfruta quitándole capas, observando su interior siempre cambiante, perfilando con la yemas de los dedos las formaciones imposibles (y que tanto recuerdan al Torcal) que el lapiaz recorta contra el cielo; oteando el vuelo majestuoso, casi estático de la gran colonia de buitres leonados; caminar junto al ganado retinto que pasta libre, que ramonea los brotes verdes de las encinas; escuchar el balido de un cordero minúsculo, de anuncio, que camina junto a su madre, asustadizo; contemplar la aparente agresividad de las piaras de cerdo ibérico que se alimentan tras las vallas protectoras; querer ver mil figuras en las encinas retorcidas que saludan en la dehesa, internarse en sus troncos huecos, centenarios; ver como el sol se refleja en las rocas lisas de las cimas, como un espejo pétreo imposible; intentar contabilizar los matices de grises que pintan el paisaje que nos rodea; asemejar el tractor que labra la tierra oscura a un inmenso caballo mecánico del far west; sentir el viento frío que corta la piel del rostro cuando abandonamos el abrigo de la dehesa arbolada; quedar atónitos al descubrir el último llano, como la promesa de una llegada a término, un circo abierto al cielo, pespunteado por el filo de las rocas picudas que lo rodean, salpicado de motas ocres en forma de ganado, pisar su hierba mullida y suave, aspirar el aroma de la naturaleza con súbita intensidad; y el regreso, silencioso y mágico, que nos permite sentir la fuerza telúrica que desprende este lugar, la conexión que nos une a la tierra, la sensación de formar parte de un todo, siendo tan solo una partícula minúscula; y por su puesto lo más prosaico y trivial, un rito obligado de caminantes, el almuerzo bajo una encina, sobre un bancal de madera, parapetados tras un muro natural de piedra, el perfume de la tortilla de patata, la contundencia del embutido, de los dulces marroquíes, de la buena compañía, de la charla desenfada y profunda, de la sensación de sentirse libre y uno con el entorno.
Con los sentidos afinados regresamos, sintiendo la tibieza del sol que cae, que se mece sobre el horizonte, como una compañía amigable que nos echara un brazo sobre los hombros.
Dejamos los Llanos de Líbar con una promesa a flor de labios. Volveremos.

Despedida

Abrazar las montañas, un sueño inabarcable, solo imaginar las figuras que el lapiaz, que el karst dibuja sobre el horizonte, permitir que los llanos nos lleven más allá de las fronteras de los municipios, que formen sus propios hitos a base de bosques apretados, campos imposibles, cimas inconcebibles. La Grazalema malagueña es insólita y provocadora, llama al descubrimiento, al disfrute, al paseo, al sendero y a la aventura, a vivirla con intensidad.

Enlaces de interés e información útil

Otras rutas senderistas en la Grazalema malagueña: Además de la ya mencionada aquí de Los Llanos de Líbar, la Sierra de Grazalema ofrece otras rutas en la provincia de Málaga como: La Cueva del Gato, Río Guadiaro, Camino de Huertas Nuevas, Camino de la Dehesa, Camino de la Fuente, Camino Viejo de Ronda, Cañada del Olivar, El Pimpollar, Hundidero.

Complejo Hundidero-Gato: “A principios del siglo XX, se gestó la idea de construir una presa en el río Gaduares, justo antes de su desaparición por la sima del Hundidero con la intención de crear una fuente permanente de energía electrica. Tras diversos estudios y acondicionamientos de carreteras la presa se construyó aprovechando las estribaciones del tajo del Hundidero, una auténtica herida abierta en el campo que desciende hasta la apertura del sistema de Hundidero-Gato. Pero el aliviadero de la presa nunca llegó a funcionar. La presa nunca se llenó. Las dos llenadas más grandes registradas fueron las de 1941 y 1947. ¿Cuál era la causa? Los ingenieros que construyeron la presa no tuvieron en cuenta las filtraciones. El agua acumulada en el embalse se filtraba gracias a la porosidad de las rocas y hacía que el río siguiera alimentándose más abajo. Un fallo de previsión que dejó como testigo inmutable e impresionante el sistema de muros de contención de una presa vacía. Aún con todo, los ingenieros no cejaron en su empeño y pusieron otro ingenuo plan en marcha: impermeabilizar la entrada al sistema hídrico del Hundidero Gato, es decir, intentar impermeabilizar una sima de 5 kilómetros de largo. Así, en 1929 se dispusieron dos cuadrillas de 10 hombres cada una que entrarían a la vez por El Hundidero y su desembocadura en la Cueva del Gato para inspeccionar la cavidad hasta entonces nunca atravesada. Las dos cuadrillas, armadas con lámparas de carburo, escalas de cuerda y barcazas construidas con bidones vacíos tardaron 30 días en recorrerla. Se encontraron en el centro de la cueva, localizándose a base de voces. Relataron, tras encontrarse y salir de aquel sistema de cuevas, las bellezas que encontraron en su interior. Era una sima de extrañas formas, elaboradas por el paso del agua a través de los siglos, una maravilla geológica que se ha convertido con el paso de los años en uno de los atractivos más destacados para los amantes de la espeleología. En septiembre de 1929 quedó concluida la obra del camino interior de la cueva. Pero el agua, pese al intento de taponamiento de las grietas siempre buscaba nuevos recorridos para escapar. La Guerra Civil terminó con la idea de continuar con este proyecto faraónico y hoy día es paraíso de aventureros y espeleólogos. Las personas que han transitado esta enorme cañería natural cuentan cómo aún se observan indicios de aquellos trabajos infructuosos. Escaleras de madera derruidas, algunos puentes y diversos restos de actividad humana. El fracaso fue evidente, y ahora sólo queda ese monumento de la petulancia del ser humano y de la victoria de la naturaleza”. Fragmento extraído de este mismo blog y correspondiente a la entrada 14 MONTEJAQUE: Asomada al abismo del Hundidero.

Enlaces de interés: Toda la información aparece en la página web del Patronato de Turismo de Málaga - Costa del Sol y en la web especializada de la Junta de Andalucía, la Ventana del Visitante. Los ayuntamientos de Jimera de Líbar, Ronda, Cortes de la Frontera, Montejaque y Benaoján lo incluyen en sus webs. En las entradas correspondientes a los cinco municipios en este mismo blog también se puede encontrar información útil para su visita, gastronomía, patrimonio histórico y cultural, actividades, rutas senderistas, etc. Se pueden encontrar en el buscador que aparece a la derecha

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.




Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural Protegido.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

Gracias a Paco y a Sara por la compañía, la siempre animosa charla y por el avituallamiento.

14 MONTEJAQUE: ASOMADA AL ABISMO DEL HUNDIDERO

martes, 14 de julio de 2009

Montejaque tiene dos secretos y una historia fallida. Secretos que hablan de llanos impensables escondidos tras promontorios de rocas. Secretos que hablan de profundos accesos hundidos en el corazón de la tierra. Historias que cuéntan cómo la naturaleza vence al ser humano en su deseo de acotar un río entres sus manos. Montejaque y el misterio de sus cuatro letras P.O.E.M. Montejaque que en árabe se tradujo como "montaña perdida". Montejaque rodeado de Mures, Tavizna y Hacho. Montejaque de luchadores por la libertad. Montejaque de leyendas.

Donde Montejaque palpita

Abrazado por abruptas colinas de caliza. Montejaque extiende su red de calles desde la llanura hasta las primeras estribaciones rocosas. Laberinto de callejas que se quiebran una y otra vez... Conducimos hasta el corazón mismo del centro urbano, hasta la plaza de la Constitución, frente al ayuntamiento y junto a la iglesia. Desde este corazón neurálgico podremos ir andando casi a cualquier lugar. Montejaque es un lugar propicio para el turismo rural, nos lo demuestra la gran cantidad de establecimientos hoteleros de este tipo que se encuentran en el corazón del pueblo y en las inmediaciones. Turismo rural que combina a la perfección con el turismo activo, son numerosas las rutas, sendas, etc... que se pueden realizar en los alrededores. El dédalo de sus calles provoca sombras que cortan las paredes y un juego intenso de claroscuros hace que la sensación de quiebros sea aún mayor. Además, algunas de sus esquinas están acantonadas, no terminan de manera rectilínea, si no que muestran un bisel que las redondea hacia dentro de esta manera todo parece una juego de arcos inexistentes. Caminamos hacia la puerta de la Iglesia Parroquial de Santiago el Mayor. Su torre compite en altura con las montañas que rodean el pueblo. Se recorta sobre el azul del cielo con precisión quirúrgica, mientras que la cima que permenece, inalterable, a su lado parece un monton de rocas apiñadas una sobre otra de forma perfectamente irregular. Es una iglesia de grandes proporciones que ofrece uno de sus laterales como uno de los cuatro lados del rectángulo que forma la plaza, además, se une a una de las casas próximas a través de un arquerío de tres ojos. Su campanario se ribetea de amarillo y forma media docena de líneas de diferente grosor.

La guerrilla

Caminamos por el lateral donde se encuentra la puerta y al doblar la esquina nos encontramos con la Plazuela de los Voluntarios por la Libertad. Bajo una cruz, un panel cerámico cuenta algunas de sus historias "La Guerrilla: desde los lejanos tiempos de la rebelión morisca, estas tierras fueron testigo de la acción de muchos montejaqueños, deseosos de liberarse de toda clase de opresión, ya fuera religiosa, política o social. Nombres como los de Francisco de Quexí, José Aguilar o de aquellos otros que por aquí anduvieron: Omar Ben Hafsun, José Mª "El Tempranillo" o "Pasos Largos" resuenan aún en la memoria popular con claras connotaciones de coraje, valentía y generosidad. Unas veces lucharon contra los castellanos, otras contra los invasores franceses, contra las ideas absolutistas o, simplemente, mirando por la propia supervivencia. En época reciente, finalizada la guerra civil anduvo tirada por estas sierras una partida guerrillera capitaneada por Bernabé López Calle, claro exponente de la indomable voluntad de servicio a su legalidad y a sus propios ideales. Muchos fueron con él los que perdieron la vida en el monte empecinados como estaban en no reconocer la nueva realidad histórica en que se hallaba inmerso el país". Contamos aquí esto para mostrar el coraje de una población que ha sabido dominar el influjo de las montañas y hacer de este lugar entre el roquerío un hermoso sitio. Un ejemplo de este carácter montejaqueño está personificado en José de Aguilar que contituyó una guerrilla para luchar contra las tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia. El 20 de octubre de 1810, José de Aguilar, con una tropa formada por 250 hombres conformaron una milicia popular capaz de derrotar a 600 soldados y 90 jinetes franceses en el puente del río Gaduares.

Entre sus calles

Caminamos por entre las calles y nos percatamos que muchas de las casas llevan nombre propio como Casa Niña Catalina, Casa del Abuelo, Casa Anita y Manolo, personificando así el contienente junto al contenido. Montejaque es un pueblo aseadísimo donde en el verano el calor aprieta sin concesiones. La piedra permenece siempre presente en el punto de fuga de las calles, se mire hacia donde se mire se ven el roquerío o sus estribaciones. Posee el municipio algunos rincones llenos de poesía y misterio ganados a la montaña, para ofrecer a las casas un patio mínimo a su cobijo. Parecen un ejemplo de complementareidad entre la construcción humana y la naturaleza. Su trazado, caótico, es propicio para sorpresas, regalos que nos ofrece su arquitectura popular de claras reminiscencias árabes. Observamos en nuestro paseo que el escudo del pueblo, situado en algunas de las casas y en cierto mobiliario urbano, incluye las letras P.O.E.M. Tras indagar descubrimos la historia del escudo que se adoptó en 1979 tras el estudio de algunos sellos de autentificación realizados en el siglo XIX. En ellos aparecia un castillo (que podrían hacer referencia al castillo de origen árabe que pudo dituarse en la cima del monte sobre cuya falda descansa el pueblo) acompañados de las letras P.O.E.M. Hasta el día de hoy no se ha resuelto a ciencia cierta el acertijo de este acronismo, auque tras una decisión en pleno municipal a 12 de mayo de 1987 popularmente se traduce como "Populorum Omnium Excelsior Montejaque" cuyo significado es "Montejaque el más ilustre de todos los pueblos". Aún se está a la espera de saber su significado exacto. Envueltos en este misterio abandonamos el centro para dirigirnos hasta el Lavadero de la Fuente Vieja.

El Lavadero de la Fuente Vieja

El Lavadero se sitúa casi a la entrada del centro urbano y fue punto de reunión de mujeres desde tiempos inmemoriales. La ausencia de agua corriente en las casas obligaba a las mujeres de la familia a transportar la ropa sucia hasta este lavadero donde asearla para un nuevo uso. Allí se departía, se charlaba, se cantaba y se trabajaba duro. El jabón que se utilizaba era completamente narural y se realizaba de manera manual en las casas con el aceite usado. La fuente vieja fue habilitada para su uso exclusivo como lavadero municipal allá por 1845, ya que las mujeres tendían la ropa al sol alrededor de la fuente nueva, una más próxima al pueblo, que con el crecimiento del mismo hizo que la ropa tendida molestara a sus vecinos. Así se colocó la placa que aún se conserva que dice "Se proibe lavar bajo la multa de una peseta. Año de 1870". El Lavadero de la Fuente Vieja es ahora un pequeño museo inaugurado recientemente. Salimos del pueblo con un sólo objetivo: el abismo del Hundidero.

Camino del abismo y la historia de la presa fallida

Antes de llegar al centro urbano tomamos la carretera de Algodonales-Sevilla, un tramo de muchas curvas que en apenas 10 minutos nos lleva hasta el acceso al complejo hídrico Hundidero-Gato, un abismo que se hunde en la tierra hasta llegar al vecino pueblo de Benaoján, desembocando en la llamada Cueva del Gato. Está bien indicado. Se llega a una explanada y se puede bajar caminando desde allí. Una pista comunica esa explanada con la presa y la bajada hacia el tajo, pero es necesario comprobar si hay ya coches aparcados pàra no atorar el camino. Antes de continuar resulta obligado contar una historia. A principios del siglo XX, se gestó la idea de construir una presa en el río Gaduares, justo antes de su desaparición por la sima del Hundidero con la intención de crear una fuente permanente de energía electrica. Tras diversos estudios y acondicionamientos de carreteras la presa se construyó aprovechando las estribaciones del tajo del Hundidero, una auténtica herida abierta en el campo que desciende hasta la apertura del sistema de Hundidero-Gato. Pero el aliviadero de la presa nunca llegó a funcionar. La presa nunca se llenó. Las dos llenadas más grandes registradas fueron las de 1941 y 1947. ¿Cuál era la causa? Los ingenieros que construyeron la presa no tuvieron en cuenta las filtraciones. El agua acumulada en el embalse se filtraba gracias a la porosidad de las rocas y hacía que el río siguiera alimentándose más abajo. Un fallo de previsión que dejó como testigo inmutable e impresionante el sistema de muros de contención de una presa vacía. Aún con todo, los ingenieros no cejaron en su empeño y pusieron otro ingenuo plan en marcha: impermeablizar la entrada al sistema hídrico del Hundidero Gato, es decir, intentar impermeabilizar una sima de 5 killómetros de largo. Así, en 1929 se dispusieron dos cuadrillas de 10 hombres cada una que entrarían a la vez por El Hundidero y su desembocadura en la Cueva del Gato para inspeccionar la cavidad hasta entonces nunca atravesada. Las dos cuadrillas, armadas con lámparas de carburo, escalas de cuerda y barcazas construidas con bidones vacíos tardaron 30 días en recorrerla. Se encontraron en el centro de la cueva, localizándose a base de voces. Relataron, tras encontrarse y salir de aquel sistema de cuevas, las bellezas que encontraron en su interior. Era una sima de extrañas formas, elaboradas por el paso del agua a través de los siglos, una maravilla geológica que se ha convertido con el paso de los años en uno de los atractivos más destacados para los amantes de la espeleología. En septiembre de 1929 quedó concluida la obra del camino interior de la cueva. Pero el agua, pese al intento de taponamiento de las grietas siempre buscaba nuevos recorridos para escapar. La Guerra Civil terminó con la idea de continuar con este proyecto faraónico y hoy día es paraíso de aventureros y espeleólogos. Las personas que han transitado esta enorme cañería natural cuentan cómo aún se observan indicios de aquellos trabajos infructuosos. Escaleras de madera derruidas, algunos puentes y diversos restos de actividad humana. El fracaso fue evidente, y ahora sólo queda ese monumento de la petulancia del ser humano y de la victoria de la naturaleza.

El Hundidero: sobrecogedor

Con esta historia sabida, se hace aún más impresionante el descenso hasta la boca de El Hundidero. Hemos dejado el coche aparcado en una pequeña explanada al inicio de la bajada. Conviene ir documentado ya que la zona es de alto valor ecológico y no es raro que agentes del SEPRONA se encuentren por los alrededores. Solicitar la documentación sólo es una trámite de chequeo para saber quién es la persona que circula por este paraje. Desde aquí ya vemos la presa fallida. Su acceso está cerrado por lógica precaución. Comenzamos el descenso por unas escaleras de piedra. Es un camino empinado que luego hay que volver a subir. Una gruesa maroma de acero recubierta de plástico hace las veces de barandilla. Aún no vemos el fondo, sólo descendemos por el serprenteante camino dirección al tajo del Hundidero. Al llegar a un tramo las escaleras se empinan aún más y se puede ver la parte superior de la boca del Hundidero, como una herida abierta de manera transversal en la pared de roca. Estar aquí abajo es sobrecogedor. Ahora mismo estamos en el fondo de lo que pudo ser camino del aliviadero de la presa. Contemplar las moles de piedra que se yerguen a nuestro alrededor, impone. Sólo se oye el eco sordo de algunas chicharras, amortiguado por las paredes. No podemos dejar de mirar hacia arriba. Continuamos por el sendero, perfectamente marcado, hasta la entrada del Hundidero. No se ve en su totalidad hasta dar una curva oculta por unos matorrales. Ahí está. Una boca que parece gritar, una herida sobre la pared. En el fondo, justo antes de la entrada un pozo nos saluda. Su brocal es alto y hay que apoyarse sobre una piedra para asomarse a un ojo oscuro, negro y del que no se puede ver el fondo. Unos pasos más y allí estamos. Nos enmudece. Sólo podemos mirar y mirar. Escuchamos el ulular de un búho. Sentados en la entrada de esta sima, en silencio, apoyamos la espalda en el brocal del pozo y nos percatamos de lo frágil que resulta el ser humano. Es imponente, pavoroso y conmovedor. Conmovedor. Imponente. Pavoroso.

Consejos útiles y enlaces de interés

Consejos útiles: No descender hasta el Hundidero en las horas centrales del día, es una camino mo muy largo, pero sí muy empinado que luego hay que volver a subir y aunque no tiene ninguna dificultad sí es cierto que cuesta un tanto. Llevar agua y calzado cómodo.
Otras visitas: Se puede llegar hasta los Llanos de Líbar, una soprendente llanura plantada de cereal y situada entre montañas.
El Hundidero: Son numerosas las páginas web que hablan del sistema Hundidero gato. Vayan aquí sólo algunois enlaces Junta de Andalucía, el enlace a un vídeo de Planetaventura, la posibilidad de realizar la ruta con Pangea Aventura, la página de la Federación Andaluza de Espeleología o el Sistema Hundidero-Gato.
Enlaces útiles: La página web municipal de Montejaque, y como referencia la web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol.

Este blog queda abierto a todas las sugerencias y recomendaciones de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta y cuantas más opciones haya, mejor. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.