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EN / 18 GRAZALEMA: La cicatriz del agua

martes, 13 de diciembre de 2011

Y no es un abismo, sino un abrazo lejano y frío. El viento recorre este falso llano que fuera en lo antiguo cuenca de glaciares, espumean las lágrimas en la comisura de los ojos y cortan la piel las ráfagas de aire matinal, refrescando el ambiente, deshelando el rocío, delicado. El cielo, despejado y azul y rotundo, acoge las evoluciones silenciosas de los buitres leonados que parecen circunnavegar alrededor de los picachos. Cimas grises y desgajadas, a punto de desmoronarse, cincelando figuras imposibles. Combina el paisaje lo abrupto de sus picos informes con la suavidad dúctil de la cuenca glaciar, un llano que se extiende hasta el horizonte y que se combina con otro llano y con otro, salpicado de encinas retorcidas y centenarias, de ganado vacuno, ovino, porcino, pastoreando en semilibertad. Una senda atraviesa el corazón de los llanos como un enorme costurón, una cicatriz olvidada desde tiempo inmemorial y que modela un paisaje que parece imposible, pero que ahí, aquí, bajo nuestros pies, es perfectamente real. Tierra de grietas y hendiduras, de lapiaces y poljes, de simas y oquedades. Esto es el Parque Natural Sierra de Grazalema y estos son los enigmáticos Llanos de Líbar.

Una aproximación

Los glaciares, lenguas gélidas de hielo en movimiento, modelaron el paisaje kárstico de Grazalema a su antojo, sin prisa, con la sabiduría que da tiempo y la fuerza indescriptible. El hielo se transformó en agua y sus filtraciones amasaron la tierra como levadura de rocas, partiendo la piedra, hundiéndola, resaltándola, desgajándola hasta crear un paisaje imposible plagado de abruptos barrancos, idílicos valles y tajos verticales. El agua, apenas un destello en superficie, se ha filtrado durante milenios, desgastando la roca hasta producir inmensos hundimientos a los que se denomina poljes o miles de cicatrices en las cimas, a las que ha erosionado y roto formando lapiaces. Precisamente los Llanos de Líbar constituyen uno de los poljes más importantes del parque natural y uno de los más destacados de Europa. Recovecos entre los que se esconden los corderos, donde anidan los buitres leonados y las águilas. Agujeros en los que se abrigaron los guerrilleros de la Independencia, los bandoleros del XIX, los maquis del XX. Pastan las vacas retintas sobre el paraje, ramonean las ramas bajas, brotes verdes de las encinas, engordan los oscuros guarros ibéricos a la sombra de la dehesa. Y la Grazalema malagueña va más allá de los Llanos de Líbar para discurrir a la vera del Guadiaro, recorriendo los términos municipales de Jimera, Benaoján y Cortes de la Frontera; o se sumerge en la tierra en el Hundidero montejaqueño para asomar cuatro kilómetros más allá en la Cueva del Gato de Benaoján, formando un complejo espeleológico de primer orden; o nos muestra un pez dentro de un pez o un hombre con alas en la Cueva de la Pileta. La Grazalema de Málaga es impresionante, grandiosa, diversa y diferente. Hoy nuestro caminar nos lleva a los Llanos de Líbar, un lugar de fuerte impresión telúrica, donde el ser humano parece ser no más que una mota de polvo.

Parque Natural Sierra de Grazalema

Como un pan de hogaza que se desmiga, vayan aquí los números del Parque Natural de Grazalema. De sus 51.695 hectáreas, 14.900 corresponden a la provincia de Málaga y de estas, 4.556ha a Montejaque, 4.531ha a Cortes de la Frontera, 2.9191ha a Ronda, 2.152ha a Benaoján y 742ha a Jimera de Líbar. Se distribuye la extensión como un puzle administrativo del que la naturaleza no entiende y brinca el parque natural de una municipalidad a otra, de una provincia a otra sin solución de continuidad, formando un todo que va más allá de las particiones institucionales.
Desde 1977, Grazalema está contemplado por la UNESCO como Reserva de la Biosfera y desde 1984 como Parque Nacional. Son trece los municipios que la configuran además de los malagueños Benaoján, Montejaque, Cortes de la frontera, Ronda y Jimera de Líbar ya citados, se incluyen los gaditanos Grazalema, Zahara de la Sierra, Villaluenga del Rosario, Benaocaz, Ubrique, El Bosque, Prado del Rey y El Gastor.
Y más números. La altitud máxima del parque se localiza en El Torreón con 1.654 metros de altitud y la más baja, 289 metros, localizada en el municipio de El Bosque. Entre ambas solo distan 10 kilómetros, con lo que se puede trazar un perfil abrupto, con un desnivel impresionante en el que las sendas y carreteras se retuercen de manera permanente sobre sí mismas.
El ser humano ha poblado estas tierras desde antaño, en la Cueva de la Pileta se han encontrado restos del Paleolítico Superior, pero es en la historia moderna donde el asentamiento se hace definitivo con los romanos, árabes, cristianos… Estos riscos y valles fueron testigo y escenario de cruentas batallas en la Guerra de la Independencia contra Francia, posterior abrigo de bandoleros en el siglo XIX y escondrijo de maquis durante la dictadura franquista. Pero si algo ha permanecido ha sido la labranza y el pastoreo. Siempre el ser humano ha logrado el punto de equilibrio entre producción y sostenibilidad, alimentándose de los frutos del parque y alimentando a su vez a la ganadería que pastoreaba. Esa esencia de respeto ha modelado también el paisaje como lo ha hecho el agua. Mimando los bosques, construyendo praderas, manteniendo dehesas.
Así el hábitat de flora y fauna se ha mantenido prácticamente inalterable desde allende los tiempos. El visitante podrá contemplar cerca de 1.300 especies de plantas superiores entre las que se encuentran el algarrobo, encina, quejigos, acebuches, alcornoques y un resto mínimo de pinsapo, además de malvas, candiles, aulaga, cardo, amapola, tomillo, sabinas y en la vera de los ríos álamos, sauces y olmos. Del mismo modo, la fauna no se queda atrás en la catalogación y reinando la cabra montés y el buitre leonado, se encuentran el zorro, nutria, corzo, ciervo, águilas reales, perdiceras y pescadoras, búho real, milanos negros, alimoches e incluso el halcón peregrino.
Y llueve, llueve mucho, en abundancia, como un torrente, situando el índice pluviométrico por encima de los 2.000 litros anuales por metro cuadrado. Uno de los lugares más húmedos de España, por encima, incluso de muchas zonas más septentrionales.
Con todos estos elementos se ha configurado un paisaje insólito, densamente poblado por flora y fauna, en el que el ser humano ha incidido con respeto y en el que la naturaleza muestra su dignidad y su carácter más indómito, aún sin domesticar. Los Llanos de Líbar son un ejemplo de todo ello, de esta combinación aparentemente imposible que enriquece el viaje y el paisaje.

Los Llanos de Líbar

Una senda serpea en el corazón del polje. Se asemeja al trazo que un niño hubiera dibujado en la arena. Suave y sinuosa, escoltada por castillos de arena, por lapiaces. Modelada por el agua como si una lengua de mar se tratara. El ser humano empequeñece, se desdibuja ante la magnitud del fenómeno geológico, resulta imposible siquiera imaginar la contundencia de las fuerzas que han sido necesarias para crear este paisaje cuasi lunar. Desde la “montaña perdida”, Montejaque, nombre que le dieron a este pueblo los árabes, parte un humilde camino de tradicional paso de ganado. Comunica el municipio del Hundidero con el vecino de Cortes de la Frontera a través de Los Llanos de Líbar que 10,5 kilómetros más allá, en la profundidad de la Sierra de Grazalema se transformarán, junto a una fuente, en los Llanos del Republicano. Sendas y caminos que discurren por un valle tallado en la piedra, un valle que abre sus entrañas al cielo azul, un valle de llanura imposible al que los geólogos denominan polje y que las palabras mundanas se quedan cortas para describir.
Partimos desde la parte norte de Montejaque, detrás del Hostal La Cabaña, donde encontramos el panel informativo de la ruta con una somera descripción que nos pone sobre aviso sobre el espacio tan especial que vamos a recorrer. Tras una primera subida, por la sierra de Juan Diego llegaremos al Llano de los Almendros, de ahí, a través de un lapiaz impresionante, hasta el llano y dehesa del Pozuelo, de ahí a travesaremos un encinar centenario, para parir en el Llano de Líbar, tras el cortijo del mismo nombre, desde el que caminaremos por una llanura que parece no terminar hasta llegar a la Fuente de Líbar, donde se cambia el nombre por el del Llano del Republicano. El camino discurre por pista en su totalidad, mejor o peor conservado para acceder con automóvil, pero siempre adecuado para hacerlo a pie. Es costumbre cruzar la primera parte, algo más dura, hasta el encinar, estacionar el coche allí y caminar hasta el final del sendero. Es una opción, pero ir descubriendo gradualmente el paisaje es uno de los mayores atractivos de esta ruta.
Es un sendero que se disfruta quitándole capas, observando su interior siempre cambiante, perfilando con la yemas de los dedos las formaciones imposibles (y que tanto recuerdan al Torcal) que el lapiaz recorta contra el cielo; oteando el vuelo majestuoso, casi estático de la gran colonia de buitres leonados; caminar junto al ganado retinto que pasta libre, que ramonea los brotes verdes de las encinas; escuchar el balido de un cordero minúsculo, de anuncio, que camina junto a su madre, asustadizo; contemplar la aparente agresividad de las piaras de cerdo ibérico que se alimentan tras las vallas protectoras; querer ver mil figuras en las encinas retorcidas que saludan en la dehesa, internarse en sus troncos huecos, centenarios; ver como el sol se refleja en las rocas lisas de las cimas, como un espejo pétreo imposible; intentar contabilizar los matices de grises que pintan el paisaje que nos rodea; asemejar el tractor que labra la tierra oscura a un inmenso caballo mecánico del far west; sentir el viento frío que corta la piel del rostro cuando abandonamos el abrigo de la dehesa arbolada; quedar atónitos al descubrir el último llano, como la promesa de una llegada a término, un circo abierto al cielo, pespunteado por el filo de las rocas picudas que lo rodean, salpicado de motas ocres en forma de ganado, pisar su hierba mullida y suave, aspirar el aroma de la naturaleza con súbita intensidad; y el regreso, silencioso y mágico, que nos permite sentir la fuerza telúrica que desprende este lugar, la conexión que nos une a la tierra, la sensación de formar parte de un todo, siendo tan solo una partícula minúscula; y por su puesto lo más prosaico y trivial, un rito obligado de caminantes, el almuerzo bajo una encina, sobre un bancal de madera, parapetados tras un muro natural de piedra, el perfume de la tortilla de patata, la contundencia del embutido, de los dulces marroquíes, de la buena compañía, de la charla desenfada y profunda, de la sensación de sentirse libre y uno con el entorno.
Con los sentidos afinados regresamos, sintiendo la tibieza del sol que cae, que se mece sobre el horizonte, como una compañía amigable que nos echara un brazo sobre los hombros.
Dejamos los Llanos de Líbar con una promesa a flor de labios. Volveremos.

Despedida

Abrazar las montañas, un sueño inabarcable, solo imaginar las figuras que el lapiaz, que el karst dibuja sobre el horizonte, permitir que los llanos nos lleven más allá de las fronteras de los municipios, que formen sus propios hitos a base de bosques apretados, campos imposibles, cimas inconcebibles. La Grazalema malagueña es insólita y provocadora, llama al descubrimiento, al disfrute, al paseo, al sendero y a la aventura, a vivirla con intensidad.

Enlaces de interés e información útil

Otras rutas senderistas en la Grazalema malagueña: Además de la ya mencionada aquí de Los Llanos de Líbar, la Sierra de Grazalema ofrece otras rutas en la provincia de Málaga como: La Cueva del Gato, Río Guadiaro, Camino de Huertas Nuevas, Camino de la Dehesa, Camino de la Fuente, Camino Viejo de Ronda, Cañada del Olivar, El Pimpollar, Hundidero.

Complejo Hundidero-Gato: “A principios del siglo XX, se gestó la idea de construir una presa en el río Gaduares, justo antes de su desaparición por la sima del Hundidero con la intención de crear una fuente permanente de energía electrica. Tras diversos estudios y acondicionamientos de carreteras la presa se construyó aprovechando las estribaciones del tajo del Hundidero, una auténtica herida abierta en el campo que desciende hasta la apertura del sistema de Hundidero-Gato. Pero el aliviadero de la presa nunca llegó a funcionar. La presa nunca se llenó. Las dos llenadas más grandes registradas fueron las de 1941 y 1947. ¿Cuál era la causa? Los ingenieros que construyeron la presa no tuvieron en cuenta las filtraciones. El agua acumulada en el embalse se filtraba gracias a la porosidad de las rocas y hacía que el río siguiera alimentándose más abajo. Un fallo de previsión que dejó como testigo inmutable e impresionante el sistema de muros de contención de una presa vacía. Aún con todo, los ingenieros no cejaron en su empeño y pusieron otro ingenuo plan en marcha: impermeabilizar la entrada al sistema hídrico del Hundidero Gato, es decir, intentar impermeabilizar una sima de 5 kilómetros de largo. Así, en 1929 se dispusieron dos cuadrillas de 10 hombres cada una que entrarían a la vez por El Hundidero y su desembocadura en la Cueva del Gato para inspeccionar la cavidad hasta entonces nunca atravesada. Las dos cuadrillas, armadas con lámparas de carburo, escalas de cuerda y barcazas construidas con bidones vacíos tardaron 30 días en recorrerla. Se encontraron en el centro de la cueva, localizándose a base de voces. Relataron, tras encontrarse y salir de aquel sistema de cuevas, las bellezas que encontraron en su interior. Era una sima de extrañas formas, elaboradas por el paso del agua a través de los siglos, una maravilla geológica que se ha convertido con el paso de los años en uno de los atractivos más destacados para los amantes de la espeleología. En septiembre de 1929 quedó concluida la obra del camino interior de la cueva. Pero el agua, pese al intento de taponamiento de las grietas siempre buscaba nuevos recorridos para escapar. La Guerra Civil terminó con la idea de continuar con este proyecto faraónico y hoy día es paraíso de aventureros y espeleólogos. Las personas que han transitado esta enorme cañería natural cuentan cómo aún se observan indicios de aquellos trabajos infructuosos. Escaleras de madera derruidas, algunos puentes y diversos restos de actividad humana. El fracaso fue evidente, y ahora sólo queda ese monumento de la petulancia del ser humano y de la victoria de la naturaleza”. Fragmento extraído de este mismo blog y correspondiente a la entrada 14 MONTEJAQUE: Asomada al abismo del Hundidero.

Enlaces de interés: Toda la información aparece en la página web del Patronato de Turismo de Málaga - Costa del Sol y en la web especializada de la Junta de Andalucía, la Ventana del Visitante. Los ayuntamientos de Jimera de Líbar, Ronda, Cortes de la Frontera, Montejaque y Benaoján lo incluyen en sus webs. En las entradas correspondientes a los cinco municipios en este mismo blog también se puede encontrar información útil para su visita, gastronomía, patrimonio histórico y cultural, actividades, rutas senderistas, etc. Se pueden encontrar en el buscador que aparece a la derecha

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.




Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural Protegido.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

Gracias a Paco y a Sara por la compañía, la siempre animosa charla y por el avituallamiento.

74 CORTES DE LA FRONTERA: CORAZÓN DE PARQUES NATURALES

martes, 7 de septiembre de 2010

Y más aún que pintado parece cincelado el caserío de Cortes de la Frontera sobre las sierras que rebrincan detrás. Una herida blanca sobre el roquedal grisáceo, un manchón alargado, definido casi en línea recta sobre los campos de cereal y el incipiente bosquete de alcornoques, un meridiano de casas blancas tachonando la sierra... Se asemeja a una balconada sobre el valle del Guadiaro, una atalaya vigía de la vida en el río, en la vía férrea que trae trenes como suspiros por su seno... Dejamos atrás la carretera que une Ronda con Algeciras y pronto abandonamos las frondosidades de castaños que pueblan el Valle del Genal, para dar paso a los primeros alcornoques, que aparecen con timidez al inicio del camino y que ganan en apretura y frondosidad según nos encaminamos hacia Cortes. Vive el bosque bajo mediterráneo en estas ondulaciones de cimas y picos su máximo esplendor. Las montañas, picos graníticos, vigilan nuestro caminar, dominando desde su altura todo el Valle del Guadiaro, donde despunta, al fondo, el municipio vecino de Jimera de Líbar. Suena el río, suena, también en esta época de cálido verano. Cruzamos el río y el barrio de La Estación que ha crecido a la vera del cauce y del ferrocarril Boadilla-Algeciras. Y desde el fondo del valle, ascendemos hasta el reposo serrano que es Cortes de la Frontera. Reposo que parece contradecir la historia y origen del nombre del municipio que los romanos denominaron Cortex, que se traduce como coraza o defensa, y que los árabes decidieron respetar dada la situación geoestratégica del mismo.

Estacionamos: El Centro de Visitantes

Seguimos las indicaciones de centro urbano y estacionamos en la Avda. de la Libertad, una de las dos principales arterias que enmarcan el trazado urbano de Cortes. Espigado de manera transversal, alargado, con apenas tres calles horizontales que asientan el resto de la estructura urbana, conectada por una miríada de calles y callejas que conectan estas dos arterias fundamentales hacia arriba y hacia abajo. Cortes de la Frontera se encuentra en un lugar privilegiado, en las últimas estribaciones de la serranía rondeña, a la vera del valle del Genal, próxima al Parque Natural de Grazalema y al de Sierra de las Nieves, e incluida en el Parque Natural de los Alcornocales que se extiende, en su mayor parte, por la provincia de Cádiz. El Centro de Interpretación de Visitantes se encuentra muy próximo a la Plaza de Toros y perfectamente señalizado. Desde el mes de julio y hasta septiembre el centro está abierto los jueves, sábados y domingos de 10 a 14 horas por la mañana jueves y domingos y los sábados de 10 a 14 horas por la mañana y de 19:00 a 21:00 por la tarde. En el Centro de Visitantes, sus encargados nos ofrecieron exhaustiva información sobre Cortes de la Frontera y los lugares destacados a visitar, además de orientarnos sobre los caminos y senderos (y condiciones de los mismos) a recorrer por el Parque Natural de Los Alcornocales. Comenzamos a ver en el mismo centro una característica de Cortes: los elementos artísticos o prácticos elaborados con corcho. Se pueden adquirir bancos o pequeños regalos a módicos precios que van desde 1,5 euros hasta los 15, cayados de madera tallados, guías y mapas excursionistas, camisetas del parque, etc. Todo ello en el piso inferior. En el superior se encuentra el Centro de Interpretación en el que a través de una serie de dioramas se explican y detallan las características de los tres parques que se integran dentro del término municipal de Cortes.

Hasta la Plaza de Toros

Desde la entrada del Centro de Visitantes subimos apenas diez metros hasta alcanzar, de nuevo, la Avenida de la Libertad. La visita a Cortes de la Frontera es una visita sencilla, los monumentos más destacados se encuentran muy próximos y situados casi en fila recta. No hay problema de pérdida. Con treinta metros de diámetro, la Plaza de Toros de Cortes es la segunda de la serranía, después de la rondeña y la justificación histórica de su existencia radica en la importancia del ganado en esta zona y comarca como paso obligado entre las dehesas gaditanas y la Sierra de Ronda. Se construyó en 1824 y fue reformada prácticamente en su totalidad en 1921, sin embargo, tal y como consta en la placa explicativa situada junto a la entrada, hay constancia de la celebración de festejos taurinos en este mismo espacio mucho antes de la construcción de la plaza. "El ruedo tiene (exactamente) 27,7 metros de diámetro y tiene capacidad para 1.000 personas. Se celebra un único festejo en agosto durante la feria de Cortes". Vislumbramos la arena tras un burladero, las primeras filas de los tendidos. Tiene la plaza planta y piso de altura, configurado este último por unas arcadas de medio punto con balconada de forja. El exterior pintado de albero, enmarcado entre arcos de ladrillo visto.

La Iglesia y la Casa de Valdenebros

Continuamos nuestro paseo para descubrir las cuidadas calles de Cortes, empedradas y delicadas, esmeradas en su presencia, cargadas de árboles, algunas curiosas palmeras, ventanas de forja negra y zaguanes que se adentran en las casas, arriates de flores, macetas coloridas, perfumes de azahar... Nos topamos con la Fuente de Los Caños, cuatro buenos grifos de agua fresquísima a los que no podemos decir que no, así que nos sumergimos el rostro y la cabeza en ellos... Deliciosa agua serrana... Un tanto más adelante de la fuente nos encontramos con la torre campanario de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario rompiendo el skyline de Cortes y a su derecha, la fachada principal de la Casa de los Valdenebros. Esta última es impactante. Luce espadaña en lo alto y marca de grana las piedras que conforman el portal, parte de la fachada con hornacina y la propia espadaña. La casa, y su capilla, fueron edificadas en el año 1760, para cuya construcción se siguió el estilo barroco-mudéjar aunque sólo ha llegado hasta nuestros días la fachada. En la actualidad el interior se encuentra totalmente remozado. Para los que gusten de historias, decir que en la antigüedad se cuenta que había un pasadizo subterráneo y secreto que comunicaba la casa con la iglesia y la capilla. Ahora se encuentra, dicen, cegado. La Casa de los Valdenebros también es conocida como la Casa de las Tetitas, por la forma redondeada que tenían los remaches metálicos de su portón. Junto a la casa, se encuentra el templo de Nuestra Señora del Rosario. La historia del origen y fecha de construcción de la parroquia es incierto. Se sabe que en esa misma ubicación existió una iglesia a principios del siglo XVI, pero no es hasta el siglo XVIII cuando aparece una prueba irrefutable de la existencia del templo, en un escrito que hace referencia a un retablo. La iglesia es de importantes dimensiones y lo más destacable es la torre campanario, adosada, con fábrica de ladrillo y rematada en un pináculo de cerámica blanca y azul reconocible entre el resto de templos de la serranía. El interior es austero, inmaculado de blancos y con un sencillo altar. El coro está rematado con la presencia de un imponente órgano. Los techos, pintados de un suave crema, provocan que el edificio parezca más liviano. Encendemos las preceptivas velas, para que nos guarden los santos en nuestro caminar. Salimos a la luz de la mañana.


El ayuntamiento

Nos sorprenden, a la salida de la iglesia una serie de toques de campana. No proceden del templo, son recios y puntuales en su aviso y parecen venir de algo más abajo en la calle. Seguimos el tañido como si de un flautista de Hamellin se tratara hasta encontrarnos, en menos de veinte metros, con un gran espectáculo arquitectónico: el Ayuntamiento de Cortes de la Frontera. Para no errar en la descripción técnica, trascribimos aquí lo que el consistorio cortesano señala sobre su Casa Consistorial: "Ayuntamiento es un importante edificio de piedra de bella y severa fachada de corte neoclásico, fechado en el friso en 1.784, época de la ilustración. Fue mandado construir por Carlos III con dinero público y está hecho con sillares de arenisca y es de arquitectura civil. Como todos los Ayuntamientos tiene autonomía local, muestra de ello es el escudo que se encuentra sobre el reloj. La fachada se articula con dos pisos de galerías, con cinco arcos de medio punto en cada una de ellas, que apoyan en pilares de piedra entre pilastras sin decoración. Sobresale ligeramente de la fachada el núcleo central, con tres arcos en cada uno de sus pisos, y sobre ellos se dispone el frontón triangular centrado por el reloj y el escudo real". Impacta su portada de piedra, recia, de tonos de arena oscura en contraste con el cielo azul festoneado de nubes blancas. El ayuntamiento está precedido de una plaza con bancadas escalonadas donde se barrunta realizarán diversas actividades, dado su aspecto natural de anfiteatro. Reclaman nuestra atención las tres campanas con las que se corona, una sobre otra y de mayor a menor y que han sido las causantes de nuestra llegada a buen puerto. Restañan también ahora anunciando las horas del día.

El mirador de Las Camaretas

Las calles situadas detrás del ayuntamiento son un dédalo de esquinas que se doblan para encontrarse con una plazuela o con otra esquina que se dobla sobre sí misma. Bullen de vida, de cortesanos que caminan, pasean, hacen la compra en las tiendas de ultramarinos o toman una cerveza fresca, con tapa o sin ella, en alguno de los bares que allí se encuentran. La presencia del Mercado de Abastos influye en este trajín de cotidianidad. Charlan los hombres y las mujeres, pasean los niños. Un tanto perdidos decidimos preguntar por el mirador. Sin demasiadas ni prolijas explicaciones, el camino es tan sencillo que nos avergüenza haber tenido que preguntar) nos indican que subiendo esta calle que recibe el mismo nombre que el parque mirador, nos lo encontraremos de frente. En el Centro de Visitantes nos han aconsejado la visita, ya que desde esta posición privilegiada se obtienen unas excelentes vistas del valle del Guadiaro. Y no mentían. Las vistas hacia la izquierda terminan con la presencia de Jimera de Líbar en la altura, a la derecha se cierran sobre Sierra Crestellina en Casares y el Campo de Gibraltar. Al fondo, la barriada de La Estación, un tramo de la vía del tren, a nuestro alrededor, la tranquilidad de las sombras mecidas por la brisa, de los bancos sobre los balcones, de la temperatura cálida, rebajada gracias a la situación del mirador. Respiramos y huele a flores dulces. Sólo se escucha el rumor de las ramas de los árboles meciéndose unas sobre otras. Nos sentamos, cerramos los ojos, nos dejamos llevar, planeando hasta el fondo del valle.

Despedida

Nos perdemos paseando entre sus callejas, dejando que ls pisadas resuenen con suavidad sobre el empedrado, nos abrigamos en las sombras de las casas y escuchamos el murmullo de la vida cortesana. Algunos hombres se aventan sentados en unos bancos frente a la plaza de toros, otras mujeres conversan sobre el precio del pescado, dos jóvenes especulan sobre los modelos a lucir esta noche... Todo forma parte de la banda sonora que complementa nuestro recorrido por las calles, nuestra pérdida y nuestro regreso, nuestra divagación y nuestro encuentro con Cortes de la Frontera.

Información turística y enlaces de interés

La Sauceda: Cortes de la Frontera tiene una zona de acampada que cuenta con 23 cabañas con chimenea, sin luz eléctrica, con servicios higiénicos y duchas, agua caliente, recepción, tienda verde, salón social, aula de formación, transporte de equipaje hasta las cabañas, servicios de leña gratuitos, albergue, zona de acampada y barbacoas. Se encuentra abierta todo el año. Las actividades que se realizan desde la misma son rutas a caballo, espeleología, senderismo, rutas en burro, visitas por el parque natural. Visitas al bosque de laurisilva, la Pilita de la Reina, el peñón del Buitre y Cortes de la Frontera.
El Cañón de las Buitreras: El cañón es un tajo de más de cien metros de profundidad y con desniveles que alcanzan hasta los doscientos metros y que está producido por la acción del río Guadiaro sobre una cuenca de piedras calizas. El acceso al cañón presenta ciertas dificultades, hay paredes que llegan a alcanzar la casi total verticalidad, por lo que se encuentra incluido dentro de las rutas habituales de escalada en el municipio. Para disfrutar de este paisaje se recomienda llegar hasta el conocido como Puente de los Alemanes, o buscar una perspectiva desde la zona más alta del desfiladero. El cañón de las Buitreras está catalogado como Monumento Natural de Andalucía.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Cortes de la Frontera.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.