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32 JÚZCAR: ALIENTO DE OTOÑO

martes, 17 de noviembre de 2009

Otoño en el Alto Genal. Como una sierpe se adhiere la carretera a la ladera de la montaña. Si a la derecha observamos las crestas despobladas de las montañas, sólo roca gris apuntando al cielo, a la izquierda se abre un denso bosque de dorados castaños que, tupidísimo, cubre todo el valle como un manto de colores maduros. Destacan los caseríos inmaculados de los pueblos vecinos como auténticas joyas blancas, casi parecen jirones de algodón sobre unas nubes tostadas al sol del otoño. Cresteamos el Alto Genal desde la próxima Ronda y descubrimos el espectáculo natural que esta época del año extiende ante nuestros ojos. Parauta, Cartajima, Júzcar, Pujerra, Igualeja, Faraján, más allá Alpandeire y Atajate, pueblos serranos que cobran la intensidad de las primeras brasas de chimenea, los primeros aromas a puchero recio, los primeros fríos del invierno venidero y acechante. El Alto Genal es en otoño un espectáculo que se asemeja a esas pinturas de Van Gogh en las que los ocres se funden en centenares de matices y los amarillos se disuelven hasta confundirse unos con otros... Todo producto de las tonalidades con las que los castaños se pintan en este otoño entrado...

Llegada a Júzcar

Nos adentramos en ese mar ocre, nos cobijamos bajo su sombra... Es sobrecogedor. Las castañas alfombran el suelo en las plantaciones próximas a la carretera, en las mismas cunetas. Sentimos la tentación de parar y pisar esa tierra fértil que produce un fruto tan peculiar, con su forro picudo de pinchos y su primer aspecto agresivo, su posterior capa marrón brillante y su último corazón blanquísimo. Nos hacemos con un puñadito que nos llevaremos de recuerdo. Son estos lugares propicios para recorrerlos sin prisas, sucumbiendo a las tentaciones del momento para extraer su esencia más pura. Llegamos al término municipal de Júzcar, pueblo con algo más de doscientos habitantes y que no renuncia a su carácter rural y serrano como auténtica seña de identidad. Estacionamos nada más cruzar el cartel indicador de entrada al municipio. Nos pertrechamos y nos decidimos a caminar.

El corazón de Júzcar

Nada se escucha, salvo el trinar de los pájaros. Júzcar es un pueblo apretadísimo, compacto, con sabor añejo destilando por todos sus poros y equipado a la perfección, como comprobamos a simple vista, para ese tipo de turismo que busca sensaciones, emociones, que disfruta con todos los sentidos. Vemos algunos apartamentos rurales, el hotel restaurante "El Bandolero" y las indicaciones de algunos otros alojamientos. Descendemos por la calle Sol y enseguida nos percatamos de la singularidad con la que se indican los números de los portales y los nombres de las calles y plazas. Una simple loseta de piedra arenisca con el número pintado en negro. Sencillo y efectivo y que aporta un ejemplo del detalle con el que se miman estos pueblos. Saludamos a algunos vecinos y vecinas y observamos que algunas casas tienen junto a su puerta montones de leña apilada y cortada, dispuesta para el fuego y la brasa de la chimenea. El pueblo se sitúa sobre una superficie alargada arriscada sobre una ladera y parece mayor en superficie y habitantes de lo que realmente es. Caminamos en dirección a la iglesia por este sortilegio de calles que salvan el gran desnivel en el que están construidas con un prodigio de imaginativa arquitectura civil. Se recomienda caminar sin prisas, disfrutando del paseo, percibiendo los aromas a olla, a dulce de castañas... Ascender y descender por su empinado trazado sin urgencias, descubrir los rincones, dejarse llevar por la brisa serrana... Desembocamos en la plaza Virgen de Moclón, antesala para la iglesia parroquial de Santa Catalina y, prácticamente, único referente horizontal del municipio. El templo, a semejanza del municipio, es apretado y sencillo, de colores blanquísimos rematados por rojos casi incandescentes. Es un lugar perfecto para sentarse un rato y dejar volar la vista por los castaños que rodean el municipio, reposar las sensaciones y disfrutar. Nos cruzamos con un nutrido grupo de senderistas de todas las edades y condiciones. Son de la Peña de Senderismo Andarina de Granada. Vienen del fondo del valle, entre sudores y sonrisas cansadas. Preguntamos de dónde vienen, a dónde van. - Hemos dejado los coches en Pujerra y nuestra intención es recorrer desde allí los caminos que comunican Júzcar, Cartajima, Parauta e Igualeja. - Queda un buen trecho-, comentamos. - Sí, pero estamos muy animados -, aseguran. Despedimos al grupo, que se deshilacha según van subiendo la cuesta que les lleva hasta la carretera. Sobre la plaza de la Virgen de Moclón se sitúa el ayuntamiento y, junto a él, el cementerio, pequeño y estrechísimo. Parejo a la puerta del camposanto encontramos un monumento en el que se ve una efigie del Rey Felipe V y el nombre de la que fuera una de las primeras industrias de la Serranía de Ronda y la primera de su tipo de producción en España, "La nunca vista en España Real Fábrica de Hojalata y sus Adherentes, reinando los siempre invictos monarcas y Católicos Reyes don Felipe V y doña Isabel Farnesio", visita que vamos a intentar realizar más tarde gracias a las indicaciones que una vecina nos ha dado antes para localizar la zona y que está cargada de historia industrial y enigmas eremíticos. Será algo más tarde. Ahora ascendemos a la carretera y nos dirigimos al Bar Torricheli, que antes ya habíamos visto y que, pese a encontrarse junto a la carretera, ofrece unas vistas inmejorables del municipio y de los castaños que le rodean. La tropa senderista se ha acodado, con hambre, en la barra del bar y dejamos que sacien su apetito antes de saciar el nuestro. Pedimos una cerveza con, una cerveza sin, una tapa de albóndigas y un pitufo de bacon-queso. Todo casero, delicioso, las albóndigas esponjosas y bañadas en tomate natural. Cien por cien recomendable. Charlamos con el camarero y nos hace saber que son muchos los grupos de senderistas que los fines de semana se acercan hasta Júzcar para practicar este deporte, incluso bien adentrados el invierno y el verano. Ciclistas y motoristas también suelen formar una parroquia concurrida como comprobamos in situ. Nos despedimos sabiendo que este será, sin duda, un buen lugar para comer. Y económico, 4 euros toda la generosa consumición. Retomamos la dirección al coche para acceder hasta el carril que nos pondrá camino de Moclón y la antigua fábrica de hojalata.

Los ermitaños de Moclón y la fábrica de hojalata

Comienzos del siglo XIX, la pedanía de Moclón, parcialmente deshabitada ya entonces, fue ocupada a lo largo de varios años por distintos grupos de eremitas que veneraban a la virgen de mismo nombre que la pedanía y que vivían de la caridad vecinal y de lo que el campo les ofrecía. Al abrigo del Genal, pues Moclón se encuentra situada en el fondo del valle y junto al cauce del río, los ermitaños vivieron en relativa armonía hasta que diferentes conflictos y disputas entre ellos y las diferentes familias de la Iglesia Católica les obligaron a abandonar la zona. Forman parte estas historias de la realidad y de la leyenda, habiéndose constatado presencia de ermitaños en la zona de forma documental, pero nunca probada históricamente su importancia real. El poso que queda de aquellos tiempos es la procesión hasta la ermita de la Virgen de Moclón que los juzcareños realizan desde hace más de 300 años. Pero si las leyendas eremíticas no están totalmente documentadas, sí es así en el caso de "La nunca vista en España Real Fábrica de Hojalata y sus Adherentes, reinando los siempre invictos monarcas y Católicos Reyes don Felipe V y doña Isabel Farnesio", que era el rimbombante nombre que recibía la fábrica de hojalata. Un libro publicado por Altos Hornos de Vizcaya subraya que la primera fábrica de hojalata que hubo en España fue esta y que su ubicación, junto al río Genal y en mitad de un tupido bosque se debió a las necesidades tanto de agua como de madera que requería la fabricación de este material. Llegó a tener hasta 200 trabajadores y como en España se desconocía el procedimiento de fabricación se trajo desde Suiza a una treintena de técnicos encabezados por los ingenieros Pedro Menrón y Emerico Dupasquier. Cuenta la leyenda que ambos ingenieros viajaron de incógnito y escondidos en un baúl para librarse de las leyes anticompetencia establecidas en ese primer mundo industrial. La fábrica comenzó a producir a mediados de 1731. Dicen estos mismos documentos que el transporte de las láminas y productos se realizaba a lomos de camellos, más prácticos y resistentes que los burros y mulas. La fábrica quebró a principios del siglo XX, sobre 1901, a causa de la fuerte competencia que suponían la industria vasca y asturiana. Como desquite valga decir que los lugareños aseguran que Altos Hornos de Vizcaya se inspiró en la arquitectura de la fábrica de hojalata para construir sus primeras instalaciones. Para visitar este enclave atravesamos el pueblo y pasada una casa blanca situada en la carretera y frente al centro urbano tomamos la primera indicación a la izquierda: Camping 2,5 kilómetros. Es una pista forestal en relativo buen estado que nos muestra una panorámica muy bella de Júzcar y que desciende hasta el fondo del valle. Pasamos uno, dos, tres desvíos y llegamos a las inmediaciones del Camping Virgen de Moclón que ahora se encuentra cerrado, pero imaginamos repleto en los meses de primavera y verano. Durante el camino hemos visto algunos restos de antiguas casas, de neveros y de algo que podría ser una antigua fábrica. En la actualidad estos restos se encuentran dentro de una propiedad privada, nos enteraremos más tarde, y no se pueden visitar sin previo aviso. Aún con todo, el descenso ha merecido la pena, ya que en la ribera del río se respira un ambiente de absoluta tranquilidad. Mecidos por el rumor de las doradas hojas de los chopos y el borboteo del Genal nos abandonamos al placer de los sentidos...

¡Hasta pronto!

Ascendemos la pista forestal y entrevemos el pueblo blanco de Júzcar sobre el manto de castaños dorados. Sobresale, inmaculado, entre los ocres como una aparición y casi podemos imaginar el trasiego de burros, mulas y camellos durante aquellos años de la fábrica de hojalata por este mismo sendero. Sonreímos y pensamos que el pueblo aún mantiene esa esencia antigua que lo hace acogedor y hogareño.
Pero hoy la despedida no es total, es sólo un ¡hasta pronto!, porque hemos decidido visitar en este día otro de los pueblos del Alto Genal. Para comer nos desplazaremos hasta Cartajima, donde nos espera una sorpresa con nombre de cocinero internacionalmente conocido, un atardecer espectacular, un laberinto de calles y una ensalada de Amanita Cesárea, conocida como yema de huevo, y una de las grandes exquisiteces micológicas.... Pero será la semana que viene en El Color Azul del Cielo...

Enlaces útiles y consejos de interés

Jornadas Micológicas del Valle del Genal: A mediados-finales del mes de noviembre se celebran en Júzcar las Jornadas Micológicas del Valle del Genal, un evento que con cada edición reúne a una mayor cantidad de aficionados y expertos que dedican un fin de semana a poner en común sus conocimientos gracias a las conferencias, a recolectar diversos especímenes y a disfrutar con los platos que se realizarán con parte de las setas y hongos recolectados. Se celebran el próximo fin de semana, los días 20, 21 y 22 de noviembre. La afición a las setas en Júzcar es tal que incluso se ha llegado a habilitar un "Sendero Micológico" situado en la entrada del pueblo.
Deportes de aventura: las inmediaciones del municipio presentan excelentes características para disfrutar de los deportes de aventura. Lugares como la Sima del Diablo para practicar escalada y barranquismo son muy apreciados por los aficionados. Para emociones menos fuertes pero igual de intensas se pueden consultar toda una red de caminos y senderos que existen en todo el Alto Genal.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, a la que añadimos la web muncipal de Júzcar y la página personal de Júzcar.com.

Este blog queda abierto a todas las sugerencias de sus lectores. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.

7 comentarios:

Nekane dijo...

Qué maravilloso "El COLOR AZUL DEL CIELO" en contraste con el paisaje otoñal en todos sus matices.
Anda que lo de los camellos y la fábrica de Hojalata.Siempre me sorprendo agradablemente.
Me gustan los martes.
Un abrazo.

antonia dijo...

Te superas en cada foto. En cada pueblo. ¡Que intrigante despedida!

Saludos.

Anónimo dijo...

Qué fotos tan divinas

Inmaculada dijo...

Yo iba en el grupo senderista de Granada con el que te cruzaste en Júzcar.Comparto totalmente contigo la experiencia en el alto Genal, quedamos deslumbrados por el paisaje, intrigados con Moclón y su fábrica de hojalata, y exhaustos de tanto andar hasta que aparecimos a la 5:30 de la tarde por Igualeja. El paseo al atardecer entre Parauta e Igualeja es una maravilla.Esperamos cruzarnos contigo el año que viene en el bajo Genal.

NATALIA dijo...

Hola. Soy Natalia, y vivo en Júzcar. En este artículo se refleja bastante bién la realidad del pueblo, o al menos una parte. Me ha gustado muchno.Hasta pronto.

Ana dijo...

Aiento el que nos das tú para perdernos entre realidades y ensoñaciones.
TE QUEREMOS.

Ana dijo...

Aiento el que nos das tú para perdernos entre realidades y ensoñaciones.
TE QUEREMOS.