RSS
Mostrando entradas con la etiqueta castañas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta castañas. Mostrar todas las entradas

70 JUBRIQUE: PURO GENAL

martes, 10 de agosto de 2010

Jubrique que antes de uno fue cuatro. Cuatro de nombres Jubrique, Rotillas, Monarda y Benameda. Jubrique rebelde y levantisco. Jubrique de castaños en forma de mares verdes. Jubrique de calles enredadas, de dédalos imposibles, de arquitecturas casi oníricas. Jubrique de campo y sendero. Jubrique de senderistas. Jubrique de otoños dorados, veranos frescos, inviernos severos y primaveras floridas. Jubrique de emparrados y de buganvillas. Jubrique de caminar despacioso. Jubrique de sosiegos.

Un caleidoscopio

Una tupida alfombra dorada cubre los bordes de la carretera. Las primeras castañas, verdes aún, espinosas, penden de los árboles como frutos de un edén por descubrir. Y es que, incluso en los rigores estivales que propicia agosto, el Valle del Genal nos ofrece su cara más luminosa, más frondosa, más verde, más fresca y umbría. Un paraíso natural forjado a base de alcornoques y castaños apretados, de colinas y montañas colmadas. De silencios. De sosiego. Sólo suenan los pájaros y alguna chicharra madrugadora. La luz del sol forma un caleidoscopio de verdes y de azules imposibles. Suena, tan solo, la banda sonora de los árboles, que rozan y frotan sus ramas unas contra otras. No es de extrañar que aquellos moriscos se rebelaran en el siglo XVI, que quisieran preservar su estilo de vida entre frutales, vides y aguas, que se mostraran belicosos cuando aquellos cristianos castellanos expulsaron a sus padres y hermanos para luego asfixiarles a ellos mismos con una leyes de severidad tal que hacía imposible su cumplimiento. Se rebelaron en el Genal, en Jubrique, como algunos de los más furibundos defensores de su tierra. Derrotados por las huestes cristianas les desterraron al norte de África y a Galicia, para luego regresar en forma de salteadores de caminos, semilla, origen y génesis del posterior bandolerismo romántico del siglo XIX. Así lo certifica un panel explicativo que reza: “Los moros que poblaban estas montañas fueron valientes, más belicosos y menos pacientes bajo el yugo de los castellanos que los de las demás regiones del reino. Poco después de su reducción por Fernando El Católico se rebelaron de nuevo siendo esta montaña de Sierra Bermeja a la que subió don Alonso Aguilar con su ejército y sufrió la terrible batalla (1494) en la que perdieron la vida él y casi todos sus hombres, incluidos quinientos jinetes a caballo, mientras su hijo, junto con el Conde Ureña y algunos más, lograron escapar a la ira de los moriscos serranos, que estaban enfurecidos y desesperados por los reiterados agravios y violaciones de los tratados”.

Jubrique, llegada

Estacionamos en la calle Algatocín, que es en realidad la carretera que comunica este pueblo con Estepona y que se integra de manera natural en el municipio jubriqueño, muy próximos a la parada de autobuses, frente al supermercado The Shop. Jubrique se asoma a una balconada natural en cuyo frente se encuentra una colina trufada de castaños, salpicada entre las sombras por la pincelada blanca de algunas casas de aperos, algunos cortijos, algunas villas de recreo... Nos adentramos en el municipio hasta toparnos con el llamado Quiosco de la Crítica, curioso nombre, para un pequeño soportal en el que se sitúa un banco y desde el que, eso sí, se comprueba el trajín de idas y venidas, salidas y llegadas hacia, por y en Jubrique.

El laberinto, la plaza y la iglesia

Pronto muestra sus cartas Jubrique, caserío apretado, de calles empinadas y retorcidas, estrechas, de callejones sucintos como un suspiro. Nos hemos descargado en pdf un callejero que facilita el ayuntamiento de Jubrique en su página web. Lo utilizamos como referencia, pero sabemos que lo mejor es perderse para volver a encontrarse, para volver a perderse... Recorremos los senderos que nos señala hasta llegar a la plaza de Andalucía, curioso lugar que parece concentrar en cien metros cuadrados todos los centros de poder jubriqueños: aquí está la iglesia, el ayuntamiento, el bar la plaza, una sucursal bancaria, la farmacia (muy próxima)... La iglesia de San Francisco de Asís parece empotrada contra el caserío, formar parte de la propia piel del laberinto, un templo que luce una torre campanario imponente al frente. Es pronto en la mañana y el claxon que anuncia la llegada del pescadero resuena entre las callejas, perfectamente intransitables para los desconocedores. Hermoso laberinto. La iglesia de San Francisco de Asís fue erigida en el siglo XVI sobre los restos de una antigua mezquita. Desde entonces hasta hoy son numerosas las reformas realizadas en su interior y exterior, hasta el punto de añadirse en el siglo XIX un crucero con capillas laterales y la propia torre campanario de dos cuerpos integrada en el siglo XVIII. El soportal previo a su entrada luce en un lateral una imponente imagen de la virgen.

Ahora, el dédalo

En la misma plaza, a la que desembocan una, dos, tres, cuatro, hasta cinco calles se encuentra un bar en el que desayunar o tapear a gusto, con un amplio ventanal que mira hacia la montaña. Entre la taberna y un pequeño arco de piedra, una colorida fuente se declara a la mujer jubriqueña en los siguientes términos: "Esta fuente ha sido durante decenios testigo del quehacer del pueblo, de sus preocupaciones y de sus alegrías. Dedicada a la mujer jubriqueña que, con el trajín diario, dignificó su papel en la sociedad". La cita está datada un ocho de marzo de 2004. Ascendemos por la calle que se encuentra a la izquierda de la sucursal bancaria para adentrarnos en un trazado urbano con construcciones civiles insólitas, como dos casas comunicadas por un puente con base de madera o por otras dos, un poco más arriba, unidas por un arco de medio punto. Asciende Jubrique hasta los azules cielos gracias a sus empinadas cuestas, a sus callejas que se cruzan unas sobre otras. La calle Ánimas, la calle Palacios, la calle Picasso, la calle Altillo... Parece un dédalo que no fuera a acabar nunca, que se retroalimentara en sus curvas y revueltas. Nos asaltan perfumes de romero y de hierbabuena, de tomillos y matrantos. En nuestro caminar nos encontramos a la altura de los tejados- Qué hermosa la calle 28 de febrero con sus arriates de flores, con emparrados ante las puertas de algunas casas, con su suelo empedrado, con buganvillas que descuelgan sus morados explosivos hacia las calles inferiores. Y siempre, de nuevo, la montaña colmada de castaños. Tantas otras calles, cuidadas hasta el extremo. Aparecen vides aquí y allá, integradas en los patios, en los arriates públicos, en las macetas, haciendo gala y rememorando la importancia de la industria vitivinícola de la que Jubrique históricamente ha sido cabecera. Así lo apunta el Patronato de Turismo de la Costa del Sol: "Y fue a mediados del XIX cuando Jubrique alcanza su momento de mayor esplendor, consecuencia directa de la riqueza que generaban sus viñedos, las industrias derivadas de éstos y la explotación minera de las sierras. La tradición vitivinícola de Jubrique continuó hasta bien entrado el siglo XX, e incluso hoy día, las únicas destilerías que existen en la comarca, ubicadas en Ronda, pertenecen a una familia procedente de Jubrique". Los vecinos y vecinas encalan y repintan de blanco inmaculado las fachadas de sus casas en la calle Séneca. Descendemos por la calle Fuente hasta encontrar un pequeño calvario donde, gracias a una placa explicativa conocemos la historia de "El Melchi", un morisco sublevado, que según las crónicas era la maldad personificada, dice así: "Estaba entre los moros uno escandaloso y malo llamado El Melchi, imputado de herejía y suelto de las cárceles de la Inquisición, el cual, juntando al ignorante pueblo , que ya estaba resuelto a rendirse, les hizo mudar de propósito", dando lugar a las revueltas moriscas y a las sublevaciones del Valle del Genal. Y siguen los arcos y los puentes. Descendemos por la calle Cobertizo, a la espalda de la iglesia para regresar a la plaza de Andalucía y de ahí, de nuevo al coche.


Despedida

A la sombra de un emparrado, sentados para las primeras uvas, aún verdes y tiernas, con el estallido morado de las buganvillas y la brisa recia de la montaña. Contemplamos el mar de castaños y nos zambullimos en él, inspirando los perfumes de la tierra húmeda, de las flores tiernas, de las ramas trenzadas... Aspiramos las esencias del Valle del Genal que penetran en nuestro interior, invadiéndonos... Nos dejamos ir, nos dejamos llevar desde ese emparrado de la calle 28 de febrero de Jubrique, hasta el corazón mismo del Genal.

Enlaces y consejos de interés

Senderismo: Jubrique es la capital del senderismo, del turismo natural en el Valle del Genal. Desde aquí parten numerosos caminos y senderos que comunican, como un red natural y abierta a prácticamente todos los municipios del valle. La profusión de rutas permite que su variedad, en distancia y dificultad, sea muy variada, ofreciendo caminos para todos los gustos y preparaciones. Así en la página web municipal de Jubrique encontramos hasta nueve rutas oficiales que comunican el municipio con Benaluría, Charco "Picao", Faraján, Benajarón, Genalguacil, La Solana, Pujerra, Charco Azul y Charco Esteban. Todas las rutas se pueden descargas en fichas individuales, en formato pdf. En ellas aparece una descripción de la misma, el perfil, el grado de dificultad, etc.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Jubrique. Además, para visionar vídeos de la feria, romerías, viajes y fiesta de las máscaras, la página personal Jubrique.net tiene un amplio catálogo.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

58 IGUALEJA: DONDE NACE EL RÍO GENAL

martes, 18 de mayo de 2010

Parece Igualeja robada a los castaños, cincelada a las faldas de los montes con la delicadeza a la que la naturaleza obliga. Incrustada en el corazón de la serranía rondeña como un corazón nuevo y palpitante de savia arbórea. Y decimos esto porque es Igualeja una mancha de blancos impolutos sobre el verde primaveral de los castaños. Es este municipio, origen y causa, génesis, de uno de los valles más fértiles y frondosos de la provincia malagueña. Igualeja es la cuna del río Genal que configura en su valle alto y bajo una de las comarcas más especiales y mágicas, una promesa de convivencia y armonía entre ser humano y naturaleza.

El nacimiento del río Genal

Y así corre el rumor del agua entre las calles de Igualeja, como el susurro de un sortilegio ininterrumpido. Agua pura, clara, cristalina, límpida en esencia, en fondo y en forma. Es lo primero que encontramos al llegar, el nacimiento del río Genal, perfectamente equipado con bancadas de piedra, de hierro y de madera, barandas rústicas y una pequeña fuente en la que refrescarse. Nos acompaña el río con su rumor de agua viva y constante, tres pequeñas cascadas rompen su quietud. Es una agua tan transparente que nos permite distinguir a la perfección los detalles que se hallan en el fondo del cauce. Huele a hierba húmeda. Nos acompañan los trinos de los pájaros. En una de las cascadas, formadas por tres pequeñas presas artificiales, descubrimos varios puntos de luz, por lo que intuimos el aspecto que tendrá este magnífico lugar acompañado por la iluminación nocturna. Podríamos quedarnos aquí para siempre. Nos mojamos el rostro en la fuente, bebemos de su agua, fría, intensa y deliciosa.

La iglesia de Santa Rosa de Lima

Caminamos por la calle principal hasta llegar al barrio del Albaicín que se despliega en la margen izquierda del río. Y es que, el Genal divide a Igualeja en dos, la parte en el barrio de Santa Rosa, situado en la margen derecha y el del Albaicín, situado en la parte izquierda. Se abre una pequeña plaza donde ubicamos un mapa de cerámica en una pared y nos situamos en el espacio del municipio. Tomamos calle iglesia hasta llegar al templo, que apareja una de sus paredes para formar parte de la vía por la que transitamos y su pequeña torre, antiguo alminar, sobresale del conjunto. La iglesia de Santa Rosa de Lima conserva una apariencia de cierta antigüedad, pero su interior es radicalmente moderno. Carece de artesonado de madera, sustituido por una serie de planchas cuadradas pintadas de blanco, lo que contrasta con sus imágenes de madera policromada fechadas en el siglo XVII y XVIII. Este contraste enriquece la belleza sutil del templo. Es un edificio, además, fresco que se construyó sobre una antigua mezquita en el siglo XVI y que ha vivido varias modificaciones en los siglos XVII, XVIII y, finalmente, en el siglo XX. Tañen las campanas cuando traspasamos la puerta del templo.

La ermita

Seguimos caminando, apenas diez metros, hasta cruzarnos con la calle La Ermita a la derecha. Y la vemos. La Ermita del Divino Pastor es un edificio incrustado entre las casas, a las que acompañan un árbol y una fuente. El conjunto tiene algo de singular indefinible. De su escueta espadaña de doble ojo superpuesto penden dos campanas. Parece la puerta a un templo de mayores dimensiones y, sin embargo, todo queda reducido apenas a un recinto de cinco metros cuadrados con un pequeño altar que termina en una techo en forma de media cúpula pintado al fresco. Es un edificio profusamente decorado, pero sin exageraciones. Una construcción puesta en pie en el siglo XVIII y que antes fue convento de monjas carmelitas. Salimos y regresamos a la calle principal.

El Albaicín

Seguimos hasta prácticamente el final de la calle para torcer a la izquierda y ascender hasta el barrio del Albaicín, el barrio viejo, en el que sus calles serpentean y muchas de sus casas aparecen enjabelgadas. Los muros de piedra se asientan sobre rocas y el propio barrio parece escalar montaña arriba. Guardan sus callejas y rincones arriates plagados de flores, algunas macetas de romero que desprenden un perfume intenso y ciertamente dulzón, un grupo de gatos perezosos que buscan cobijo del calor bajo la sombra de un alar. Igualeja se sumerge en un valle y es desde el Albaicín donde podemos obtener algunas imágenes parciales del complejo entramado de casas que conforman el caserío. Observamos el barrio de Santa Rosa y más allá, al fondo el inmenso mar de castaños que rodea todo el municipio. Verde y verde, un océano. Se atisba un leve perfume a brasas dulces de primavera y un intenso aroma a puchero, de condición tan serrana y contundente como las mismas montañas.

El nicho

Regresamos hasta la ermita desde la calle principal hasta llegar, a la plaza del Buen Pastor, donde la figura blanca de un pastor preside un conjunto rematado con un pequeño caño de agua, para dirigirnos, a la izquierda hasta la plaza de Andalucía. Pero antes, más fuentes, más agua, sombras y callejones, adarves, puertas señoriales, macetas florecidas, arriates, niños que juegan... La plaza de Andalucía se traduce en el epicentro de la vida social de Igualeja, donde se sitúa el ayuntamiento y dos de sus establecimientos hosteleros destacados. Una serie de pequeños árboles la rodean y los techos, anaranjados, escapan hacia el cielo. A la entrada a la plaza y frente al ayuntamiento se sitúa el Nicho del Señor de la Misericordia es una pequeña capilla donde se representa al Señor de la Misericordia. Dentro del nicho se encuentra un cuadro de la escuela granadina del siglo XVIII que representa una imagen del "stabat mater" (la madre al lado del niño). Su interior también alberga otro cuadro del Cristo Crucificado en un cristal, copia del original que está en el lienzo.

El barrio de Santa Rosa

Cruzamos el río y en el camino fotografiamos dos hornacinas que albergan en su interior cruces y promesas. El barrio de Santa Rosa es más moderno y pese a que su arquitectura no destaca, sí lo hace el paseo que discurre a lo largo del río Genal. Es un paseo sencillo, con una barandilla de hierro pintada de oscuro que se asoma al río. Es un lugar fresco, parece que los efluvios del Genal ascienden y, junto con su rumor, refrescan el ambiente. Paseamos con tranquilidad, deleitándonos con cada paso. Descansamos, reposamos, disfrutamos.

Despedida

Antes de recoger el coche decidimos acercarnos de nuevo al nacimiento del Genal. El rumor del agua es fuerte e intenso. Nos sentamos en uno de sus bancos. Caminamos por el pequeño jardín de hierba. Nos mojamos la cara una y otra vez. Observamos el devenir del agua y pensamos en aquel filósofo griego, Heráclito, que decía que nunca verás dos veces el mismo río. Tenía razón. El Genal es único, es irrepetible, permanentemente cambiante y afortunadamente constante. Génesis de vida, hacedor de comarcas, fuente de castaños. Uno de los espíritus que hacen de Málaga lo que es vive en Igualeja y se llama Genal.

Consejos y enlaces de interés

Día de la Castaña: Como no podía ser menos, y tratándose de la la primera localidad productora de castaña, Igualeja celebra el día de Todos los Santos la fiesta de la castaña con su correspondiente tostón, que consiste, como en muchos otros pueblos del valle del Genal, en pasar una jornada en el campo que se aprovecha para asar castañas y comerlas después con el acompañamiento que cada cual prefiera.
Senderismo: Todo el valle del Genal es un entrecruzar de rutas senderistas, casi desde cualquier municipio se puede llegar, con mayor o menor dificultad a otro. El Club Senderista Pasos Largos recomienda en el siguiente enlace la senda que une Igualeja con Parauta: Igualeja - Parauta. La web wikiloc ofrece algunas otras rutas para realizar a pie o en bicicleta.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Igualeja, a las que sumamos la ya conocida del Club Senderista Pasos Largos y la recién incorporada Wikiloc.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

40 PUJERRA: DE CASTAÑOS Y REYES VISIGODOS

martes, 12 de enero de 2010

Que la nieve en el barranco/eres más bonita niña/que la nieve en el barranco/que la rosa en el rosal/que la azucena en el campo./Una vez yo bien te quise/me olvidaste, te olvidé./Una vez yo bien te quise/zapato que yo desecho/no me lo vuelvo a poner./En la raya de tu pelo/está la luna parada/en la raya de tu pelo.../si no la deja salir/la hermosura de tu cara. Y así cantan este fandango los pujerreños en las fiestas de la recolección de la aceituna, en el Domingo de Resurrección y en la Fiesta Mayor en honor a San Antonio de Padua. Estrofas de picardía y alegre despreocupación, pero que encierran un elemento clave. Así, encontramos en estos versos un lugar común a la vida cotidiana de este pueblo situado en el palpitante corazón de la Serranía de Ronda y del que tuvimos constancia en nuestra visita: la nieve. Y es que para acceder hasta Pujerra hace falta ascender a través de la A-376 hasta las proximidades de Ronda y tomar un desvío que nos llevará a cruzar el municipio de Igualeja (con el impresionante nacimiento del río Genal) y llegar hasta el final de la carretera por un trazado sinuoso que se abre a los vecinos pueblos de Cartajima y Júzcar, situados como barcos de niebla sobre la ladera de la montaña. Impresiona. Sobrecoge.

El paisaje y la llegada

Es invierno. Las hojas caídas de los castaños alfombran el suelo en el Alto Genal. La tupida niebla se encarama a las cimas y la nieve incipiente pace sobre los campos con aparente fragilidad. Hay hielo sobre las cunetas de la carretera y observamos algunos coches estacionados en los arcenes para buscar el preciado tesoro blanco y frío, tan codiciado desde las playas costasoleñas. Los árboles, desmadejados y desnudos, a la intemperie, parecen monumentales marionetas a las que han cortado los hilos. Es un paisaje de una belleza sin concesiones, que conjuga el hermoso esplendor de la luz invernal y el temor urbanita a la falta de referencias. Con ese espíritu nos adentramos en la serranía, embebidos de belleza y atemorizados ante la predicción meteorológica. La lengua, aún negra y oscura, que es la carretera zigzaguea hacia abajo. Ya hemos dejado atrás la A-376 que une Ronda con San Pedro Alcántara y hemos tomado el desvío que nos lleva hasta Igualeja y Pujerra por la MA-526 primero y la MA-527 después. Circulamos despacio, con prudencia. Y nos dejamos llevar por las sensaciones embriagadoras del camino. Un rebaño de cabras camina por uno de los pastos próximos y contemplar otra presencia animal parece tranquilizarnos. Nos adentramos en un tupido bosque de castaños que han perdido todas las hojas y así cruzamos las estrechas calles de Igualeja hasta llegar al centro de Pujerra. Nieva. Los copos, grandes y densos, descienden muellemente sobre nosotros. Nos pertrechamos contra el frío y, pronto, sentimos el calor de los pujerreños que nos saludan con afabilidad y nos aconsejan de una u otra manera para no resbalar por sus calles. Es un día de preciosa luz, fría y dorada.

La visita, los "san antonios", el Rey Wamba y los bancos de madera

Y Pujerra fue antes Bentomí y Benatamín y Buxarra y Poxera y Puxerra y Pugerra.... Y cuenta la leyenda y tradición oral, quizá no así la ciencia histórica, que también fue Cenay, cuna de el rey visigodo Wamba: "Éste vivía en Pujerra, donde se dedicaba a labrar sus tierras. Una comitiva salió en su búsqueda para coronarlo y, como no sabían donde encontrarlo, recorrieron toda la sierra hasta que, casualmente, lo hallaron arando las tierras que poseía en el molino Capilla. Wamba se resistió a ser coronado aduciendo su avanzada edad y su poca cultura. Finalmente dejó la cuestión a la voluntad divina. - Cuando esta aguijada que tengo en la mano florezca, seré yo Rey de España. Al hundir el palo en la tierra, se cubrió inmediatamente de hojas y flores. Ante tal prodigio, tuvo que aceptar la corona". Así reza al menos la placa cerámica que acompaña un busto con la efigie del rey visigodo y que nos encontraremos más adelante en nuestra visita. Pisamos así, si nos atenemos a la leyenda, tierra de cuna real... Hemos estacionado en el centro y pronto encontramos varios planos indicadores que nos señalan un posible recorrido turístico por la Pujerra monumental, y no dudamos en seguirlo. Vamos a ver la iglesia parroquial del Espíritu Santo y comprobar en nuestro itinerario la gran devoción que los pujerreños tienen por San Antonio. Las calles del municipio son estrechas, cortas y quebradas, perfectamente pavimentadas con adoquín y piedra. Pasamos por delante del ayuntamiento y giramos a la izquierda hasta llegar a la plaza de la Iglesia del Espíritu Santo. Es una plaza de considerable tamaño, presidida por un gran tótem que se eleva hacia el cielo en competición con la espadaña del templo. Espadaña con forma de ángulo que sobresale desde una de las esquinas de la parroquia. En la plaza conviven dos naranjos y dos bancos de madera de castaño con un respaldo de curiosa forma. Será esta una constante en el municipio ya que en nuestro paseo vamos a encontar varios bancos de madera de castaño tallados de manera artesanal y con caprichosos diseños, asimismo también estará presente este árbol en el pomo de la puerta principal de la iglesia, en las placas indicadoras de las calles, en las imágenes de San Antonio que presiden muchos de los rincones y entradas de las casas pujerreñas. Hacen valer los vecinos al castaño, que les ofrece todo su esplendor desde tiempos inmemoriales. De hecho el 31 de octubre se celebra en Pujerra la Fiesta de la Castaña, donde se disfruta de todas las posibilidades que ofrece este producto. La puerta de la iglesia está abierta, así que entramos directamente. Un templo delicado y sencillo, de una sola nave y artesonado de madera, con un coro situado a la izquierda y una decoración nada pretenciosa. Un templo acogedor, presidido por un San Antonio de Padua al que, preceptivamente, ponemos dos velas. No hace frío en el interior y al salir a la calle, comprobamos como los copos de nieve se van apoderando de los empedrados. Seguimos nuestro recorrido envueltos en un denso e intenso perfume de leña, brasas que se intuyen al otro lado de las gruesas puertas. El frío no impide a los vecinos y vecinas salir a la calle a sus quehaceres habituales. Pasan, nos dan los buenos días con amabilidad... Llegamos hasta la placilla Vieja donde el Rey Wamba nos saluda encarnado en escultura. Estudiamos la leyenda situada en su pedestal y observamos el porte regio del visigodo que pisó estas tierras. Continuamos nuestra senda por entre las calles del pueblo y nos deleitamos con cada rincón, con cada detalle. Pujerra mantiene una esencia de pueblo antiguo y auténtico y parece que ha sabido encontrar su lugar en la actualidad a base de delicadeza y cuidado. Su situación, geográfica e históricamente aislada, le ha permitido conservar sus rasgos principales sin desdibujar su pasado. Caminamos hasta el mirador de las cruces que nos ofrece una panorámica impresionante del Alto Genal. La nieve se troca en agua y hemos de guarecernos bajo los alares hasta encontrar refugio en un bar situado en la plaza de la Alameda. Parece que todos los pujerreños se hubieran refugiado allí y cuando entramos, ateridos de frío y con ganas de un buen café nos saludan y pegan la hebra. Hablan de la nieve y del hielo, de cómo se cortan las carreteras durante horas en los días más duros del invierno, de lo acostumbrados que están a conducir así. De que no nos preocupemos por nuestro regreso, que ha comenzado a llover y eso limpiará las carreteras de nieve y hielo. Es un ambiente confortable y cálido y se agradece un lugar así. En la propia plaza observamos varios de esos trabajos de artesanía de los que antes hablábamos, dos bancos y un poste de donde penden varias macetas metálicas. Y es que los castaños entran casi hasta el corazón del pueblo, lo rodean, lo sumergen y en los meses de otoño deben pintar todas las calles con los reflejos dorados de sus hojas. Otra constante del municipio son sus fuentes, de las que hoy sale un agua gélida, fría. En alguno de sus pilones este agua se congela y forma pequeñas placas de hielo simulando ser diminutos icebergs...

La ermita de San Antonio y despedida

Apenas a dos kilómetros del centro urbano se encuentra la ermita de San Antonio, una construcción moderna, abrigada por un bosquete de castaños y a través del cual se accede al sendero de Bentomí. Este lugar es característico porque los pujerreños acuden a la ermita en romería el segundo fin de semana de agosto y porque en sus inmediaciones se situó el pueblo árabe de Benatamín, posible origen de la posterior Pujerra. La senda de Bentomí nos permite realizar un recorrido circular de menos de un kilómetro a través de castaños y alcornoques. Además, en este lugar se encuentra un complejo turístico municipal de carácter rural equipado con piscina y zonas de esparcimiento. Desde la subida a la ermita de San Antonio contemplamos el caserío de Pujerra. La nieve primera de la mañana se ha derretido y el color blanco del pueblo parece vibrar entre la tierra húmeda y parduzca. Miramos al cielo y casi esperamos que la nieve nos impida el regreso. Pujerra acoge al visitante con esa calidez de los pueblos pequeños, con el aroma de la leña y el calor de sus gentes. Miramos, de nuevo, al cielo. No nieva, pero aún decidimos demorar este instante un rato más. Vemos la sierra y los castaños desnudos en derredor del caserío apretado de Pujerra. Un copo de nieve se nos enreda en la bufanda. Sonreímos.

Información útil y enlaces de interés

Patrimonio natural: la riqueza paisajística de Pujerra es incontestable, su situación privilegiada en el corazón del Alto Genal hace que sean muchos aficionados al senderismo los que se acerquen a este término municipal para disfrutar de agradables paseos bajo los castaños y los alcornoques. El veterano Club Senderista Pasos Largos ofrece en su página web algunas rutas que comunican Pujerra con otros pueblos del Alto Genal, tal es el caso del camino de Pujerra a Igualeja o de Pujerra a Jubrique. Dentro del propio término municipal se puede acudir por el bien señalado cauce del Río Seco hasta los restos del molino de Capilla, donde la leyenda ubica al poblado de Cenay, cuna del rey Wamba. Hemos visitado Pujerra en invierno, pero el resto de las estaciones del año confieren a la localidad un aire nuevo y sorprendente en cada una de ellas. El estallido floral de la primavera, el fresco nocturno del verano o el dorado intenso del otoño son argumentos de peso para visitar la localidad durante los 365 días del año.
Turismo rural: En la propia web municipal de Pujerra se indican varias ofertas de turismo rural, entre las que se incluyen los apartamentos municipales de Bentomí.
Visita virtual: El centro Guadalinfo de Pujerra ofrece a través de su canal de Youtube una visita virtual del municipio. Pueden visitarla en el siguiente enlace: Visita Tu Pueblo, Pujerra.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la web municipal de Pujerra.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.