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71 ALPANDEIRE: BAJO LA MIRADA DE FRAY LEOPOLDO

martes, 17 de agosto de 2010


Y cuentan que Fray Leopoldo dormía con su cabeza reposada sobre una piedra. Cuentan. Y cuentan que en la serranía de Ronda existe una catedral de grana y rosa. Cuentan. Y cuentan que aparecieron dos momias embalsamadas en un sótano. Cuentan. Y cuentan que el paisaje se transforma en un manto dorado al llegar los otoños. Cuentan. Y cuentan también que desde aquí se puede llegar a ver un espejeo del mar. Cuentan. Y cuentan que hay un pozo de los deseos en el tirar una moneda para solicitarlo. Cuentan. Y cuentan que se llama Alpandeire y que late con fuerza en el Alto Genal. Cuentan. Y los que cuentan, cuentan verdades.


Una aproximación

El paisaje que rodea Alpandeire es un contraste de amarillos de cereal, verdes de olivos y alcornoques, grises de picos calcáreos. Parece el municipio abrazado por las montañas, repantigado sobre la ladera que forma la Sierra de Jarastepar. Suenan las chicharras en la mañana entrada como única banda sonora. En nuestra aproximación ya hemos podido contemplar el edficio que preside el centro urbano. Un edificio de considerables proporciones que destaca sobre cualquier otro. Edificio que sobresale en el paisaje, que acapara la atención de la mirada y que lleva a preguntarnos cómo es posible que se encuentre ahí. Tales son las proporciones de la Iglesia de San Antonio de Padua en Alpandeire que la han llegado a calificar de catedral. Hasta Alpandeire se puede llegar desde Ronda o desde Faraján, pasando antes por Cartajima y por Júzcar. Hemos optado por esta segunda opción pese a ser una ruta ya conocida, o quizá por eso, ya que nos va a ofrecer una panorámica inmejorable a pie de tierra del Alto Genal. Recorremos la sinuosa carretera bordeando con deleite cada una de sus curvas. Haciendo que el mar de castaños que tapiza todo el terreno cercano aparezca y desaparezca como mecido por la brisa.

Camino de las Cruces

Seguimos la dirección de "Aparcamiento", que nos obliga a descender por una calle estrecha, de fuerte pendiente y de doble sentido no apta para conductores mojigatos. Una vez abajo preguntamos a un pandito si ésta es la única salida. Con cierto brillo en los ojos y sonrisa socarrona pintada en el rostro señala: - Sí, es la única salida, y a la subida vosotros no tenéis preferencia. Sonreímos a un tiempo. Llegamos a una plaza en la que no se puede estacionar, la cruzamos y continuamos hasta aparcar el coche junto al polideportivo, en el Camino de las Cruces, el viacrucis que con quince estaciones cuenta la Pasión de Cristo. Junto al camino encontramos una picota (o columna de piedra) que se utilizaba antiguamente para atar a los reos para escarnio público (de ahí la expresión "Estar en la picota") y que en Alpandeire recibe el siniestro nombre de La Horca. Desde el viacrucis tenemos una visión excelente del skyline de Alpandeire presidido por su iglesia.

La plaza y Fray Leopoldo

Fray Leopoldo de Alpandeire (Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez) preside cada rincón del municipio. Su figura, su efigie y perfil aparecen aquí y allá. Pues Alpandeire fue cuna de nacimiento en 1866 de este fraile capuchino que siempre miró por los más necesitados y que murió en Granada en 1954 tras recorrer los caminos de la serranía con sus ajadas zapatillas de esparto llevando ayuda y socorro a aquellos que no disponían de poderes. Si desde aquí vemos en lontananza la escultura situado sobre un pico que luego visitaremos, podemos sentir su presencia aquí en la misma plaza, donde otra escultura, de reciente composición, parece amansar con su quietud el carácter indómito de la serranía rondeña. Apreciamos también los carteles que anuncian la beatificación de Fray Leopoldo que se producirá el 12 de septiembre de 2010 y que trae en estado de gozo a gran número de panditos. y panditas. No pierde Alpandeire su esencia árabe con una trazado imposible de calles. La historia así lo certifica, ya que el origen de Alpandeire se sitúa en el año 711, inmediatamente después de que los árabes invadieran la península, por lo que se puede asegurar sin temor a equivocarse que este fue uno de los primeros que los musulmanes fundaron en la serranía de Ronda. Desde la plaza, accedemos a un mirador que nos permite observar los manchones blancos de Gaucín, Benalauría, Benadalid y Atajate. Huelo fresco y huele dulce, a tomillo y almoradux.

Hasta el Pósito y la visita hasta la iglesia

Desde la plaza seguimos las indicaciones que nos señalan la dirección "Antiguo Pósito" y "Casa de Fray Leopoldo". Nos sumergimos en el laberinto de calles y preguntando y callejeando llegamos hasta el antiguo pósito, transformado ahora en Sala de Exposiciones y casi cuartel general de la beatificación de Fray Leopoldo. En el local se venden artesanías decoradas con la efigie del fraile como tejas pintadas, estampitas, llaveros y pulseras, dedales, libros... Adquirimos un llavero de la Plataforma Popular Nuevos Amigos de Fray Leopoldo, una estampita del futuro beato que reza "El que se humilla será ensalzado" en su parte trasera y un mechero, de la Nueva Ruta de la Fe... Charlamos con las mujeres que regentan la sala de exposiciones y preguntamos por la casa natal de Fray Leopoldo. Nos remiten a Paquito, un chaval joven que hace las veces de guía voluntario. Salimos del Pósito y, casualmente, nos encontramos con nuestro guía. Le saludamos y nos acompaña solícito a un recorrido turístico por Alpandeire que comienza, cómo no, con la Catedral de la Serranía. La iglesia de Alpandeire, consagrada a San Antonio de Padua, es imponente, impresionante en continente y en contenido. Vaya aquí la explicación histórica y arquitectónica de la catedral que aparece en un panel explicativo situado en unas escaleras al pie de la portada: "Fue construida a principios del siglo XVI y reconstruida casi totalmente en el siglo XVIII. Vista de lejos impresiona por sus dimensiones y por su robusta arquitectura rosa rodeada del abigarrado blanco y rojo de su característica trama de herencia islámica. La planta de la iglesia es rectangular y consta de tres naves cubiertas por bóvedas de cañón y separadas por arcos de medio punto apoyados sobre pilares. (...) En el interior se conserva la pila bautismal de Fray Leopoldo, de gran devoción en toda Andalucía lo que atrae a numerosos grupos de peregrinos hasta esta parroquia". El interior del templo es de un blanco impoluto, inmaculado, sólo salpicado por el color intenso de algunas flores. Decoradas sus columnas, sus capiteles, sus arcos con vueltas y revueltas de yeserías. Al ver la compleja decoración nos sorprende la paradoja de que tal edificio se encuentre ubicado en un pueblo de 278 habitantes. Salimos.

Las momias, el pozo de los deseos y la casa natal de Fray Leopoldo

Con cierta sonrisa burlona, Paquito nos conduce hasta la parte inferior de la catedral, hacia los bajos, donde tras una puerta enrejada nos dice con cierta solemnidad: - Las momias. No las vemos, a lo que nuestro guía nos indica que se encuentran tras una puerta de madera y cristal. Nos entra cierto escalofrío. Y es que la historia y la leyenda se mezclan en este hecho, ya que... "Hace ahora más de cinco décadas, cuando aquella bella localidad era incluso más tranquila y aislada que en la actualidad, los niños de Alpandeire jugaban a ver quién era capaz de penetrar en la “habitación prohibida”. Se trataba de un pequeño habitáculo, una cripta olvidada llena de trastos viejos, ubicada en las entrañas de la iglesia parroquial, más conocida como “la catedral de la serranía” por su colosal tamaño. Y es que en un rincón de esa siniestra habitación, motivo de pesadillas para los más pequeños, yacían olvidados los cuerpos incorruptos de un hombre y una mujer. Según las autoridades locales, las momias habían sido halladas en la propia cripta algunas décadas atrás junto con los restos de repobladores cristianos del siglo XV. Estaban situadas dentro de un nicho mucho más amplio y alejado de los demás, como en un lugar privilegiado al que no podía acceder el resto de los mortales. Su estado de conservación era sorprendente. Tras un estudio, los historiadores han llegado a la conclusión de que los cuerpos pertenecen a un matrimonio adinerado, que se costeó un proceso de momificación practicado inmediatamente después de morir. Debido a lo curioso del caso, las autoridades de Alpandeire decidieron apartar las momias del resto de los cadáveres, que fueron trasladados a una fosa común. Nuestros dos protagonistas quedaron olvidados durante casi tres décadas en un rincón de aquella vieja cripta, donde fueron deteriorándose por la acción del aire al tiempo que avivaban la imaginación de los más pequeños", según apunta José Manuel Frías. Paquito no muestra el menor temor y nos señala otro objeto que se encuentra encima de una mesa: - Es la zapatilla de Fray Leopoldo, la que dejó aquí antes de ir a Granada. Allí se encuentra, una sobria zapatilla de esparto, empolvada. ¿Será la auténtica zapatilla de Fray Leopoldo? Dejemos volar la imaginación y aseguremos que sí. Desde aquí caminamos hacia el Pozo de los Deseos, donde hacemos la preceptiva petición, que nos vemos obligados a repetir por no cumplir los cánones del proceso, esto es, ponerse de espaldas, cerrar los ojos y echar la moneda hacia atrás. Esperamos que se cumpla. Desde allí nos dirigimos a la casa natal de Fray Leopoldo. Contrasta la majestuosidad de la Catedral de la Serranía con la humildad de la casa del fraile. La wikipedia resume así la vida de Fray Leopoldo: "Fray Leopoldo de Alpandeire (24 de junio de 1864, Alpandeire (Málaga) - 9 de febrero de 1956, Granada), fue un fraile capuchino que goza de gran devoción entre los católicos andaluces. Su verdadero nombre fue Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez. La mayor parte de su vida fue fraile limosnero por las calles de Granada, ciudad a la que se trasladó tras ser ordenado en Sevilla y donde era conocido por su generosidad hacia los necesitados. Su disposición a ofrecer consejo y comprensión, han hecho que la devoción a este fraile se haya extendido considerablemente y que sea frecuente encontrar una estampa con su imagen en las casas andaluzas. Poco a poco su figura fue haciéndose popular, numerosas personas solicitaban su consejo o intermediación y se le empezó a conocer como "el humilde limosnero de las tres Ave Marías", porque eran estas las oraciones que dedicaba a quienes le pedían su bendición". Su casa natal es un edificio sencillo, construido en el siglo XVIII y que consta de dos plantas y fachada encalada. Nos despedimos aquí de Paquito y dirigimos nuestros pasos hasta el coche.

El Cerrajón y la estatua de Fray Leopoldo

Ponemos el coche en primera y ascendemos la vertiginosa cuesta sin que ningún otro vehículo nos obligue a retroceder. Al llegar a la carretera principal giramos a la derecha, dirección Faraján hasta llegar a una explanada donde detenemos el coche. Hasta la estatua de Fray Leopoldo situada en el paraje conocido como El Cerrajón y que dista menos de medio kilómetro del centro urbano. Ascendemos por unas escaleras de piedra y al llegar arriba nos encontramos con una escultura en la que el fraile aparece de pie, apoyando su mano izquierda sobre la cabeza de un niño. Desde el brazo derecho cuelgan rosarios, escapularios, estampitas, etc... Fray Leopoldo mira la horizonte. Desde su posición observa los pueblos del Genal que en su vida recorrió caminando. Se observa la iglesia de San Antonio de Padua en el centro urbano, las montañas recortadas contra el cielo, los castaños en las laderas del valle, los caminos y trochas del ganado campesino... Estos fueron los dominios primeros de Fray Leopoldo de Alpandeire que mira el presente desde el pasado.

Despedida

Observamos el horizonte, el caserío de Alpandeire que se mimetiza con el paisaje, reposado y sosegado sobre la ladera de la sierra de Jarastepar, las estribaciones de Sierra Crestellina en Casares, el perfil de la carretera que une Ronda con Algeciras, los pueblos blancos que salpican las laderas del Valle del Genal, los verdes cambiantes de los castaños mecidos al son de la brisa, el cielo azul e intenso sobre nosotros... Se levanta cierto viento levantisco, cerramos los ojos y dejamos que la imaginación nos lleve.

Enlaces de interés y consejos útiles

Ruta de Fray Leopoldo: Alpandeire es la cabeza de la conocida como Ruta de Fray Leopoldo que visita los pueblos de la Serranía de Ronda, hasta el Valle del Genal y que incluye los municipios de Pujerra, Igualeja, Cartajima, Júzcar, Faraján y Alpandeire, por donde Fray Leopoldo anduvo hasta los 33 años, cuando ingresó en la orden capuchina. La ruta es rica en esencia andaluza, muestra además un legado histórico de importancia destacada y, sobre todo, grandes ejemplos de arquitectura civil y su traslación a la vida cotidiana, un ejemplo de cómo los habitantes de estas tierras se adaptaron al duro medio en el que habitaban. Destacan las pequeñas ermitas que se encuentran en cada municipio, para rematar en la ya comentada Iglesia de la Serranía, la parroquia de San Antonio de Padua en Alpandeire.
Senderismo y El Chorrerón: Fuera del entramado urbano, pero sólo a unos 200 metros del pueblo, pasa un río subterráneo que en época de abundante lluvia aflora a la superficie. Un kilómetro más abajo, este caudal de agua forma una cascada de 50 metros de altura en la zona conocida como El Chorrerón, de visita obligada por su espectacularidad, que sólo puede contemplarse por unos días y después de que en la zona haya llovido lo suficiente. Dentro del entorno natural de Alpandeire destaca la Sierra de Jarastepar, desde cuya cima se divisa un extenso paisaje serrano y, al fondo, el Peñón de Gibraltar. Dada la orografía del término municipal, resulta ideal la práctica del senderismo. Desde el núcleo urbano parten hasta once caminos y senderos que unen Alpandeire con Atajate o Fajarán, o que llevan hasta Las Cruces, Las Amarillas, o hasta la Cruz de Fray Leopoldo.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la páginas web municipal de Alpandeire.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

70 JUBRIQUE: PURO GENAL

martes, 10 de agosto de 2010

Jubrique que antes de uno fue cuatro. Cuatro de nombres Jubrique, Rotillas, Monarda y Benameda. Jubrique rebelde y levantisco. Jubrique de castaños en forma de mares verdes. Jubrique de calles enredadas, de dédalos imposibles, de arquitecturas casi oníricas. Jubrique de campo y sendero. Jubrique de senderistas. Jubrique de otoños dorados, veranos frescos, inviernos severos y primaveras floridas. Jubrique de emparrados y de buganvillas. Jubrique de caminar despacioso. Jubrique de sosiegos.

Un caleidoscopio

Una tupida alfombra dorada cubre los bordes de la carretera. Las primeras castañas, verdes aún, espinosas, penden de los árboles como frutos de un edén por descubrir. Y es que, incluso en los rigores estivales que propicia agosto, el Valle del Genal nos ofrece su cara más luminosa, más frondosa, más verde, más fresca y umbría. Un paraíso natural forjado a base de alcornoques y castaños apretados, de colinas y montañas colmadas. De silencios. De sosiego. Sólo suenan los pájaros y alguna chicharra madrugadora. La luz del sol forma un caleidoscopio de verdes y de azules imposibles. Suena, tan solo, la banda sonora de los árboles, que rozan y frotan sus ramas unas contra otras. No es de extrañar que aquellos moriscos se rebelaran en el siglo XVI, que quisieran preservar su estilo de vida entre frutales, vides y aguas, que se mostraran belicosos cuando aquellos cristianos castellanos expulsaron a sus padres y hermanos para luego asfixiarles a ellos mismos con una leyes de severidad tal que hacía imposible su cumplimiento. Se rebelaron en el Genal, en Jubrique, como algunos de los más furibundos defensores de su tierra. Derrotados por las huestes cristianas les desterraron al norte de África y a Galicia, para luego regresar en forma de salteadores de caminos, semilla, origen y génesis del posterior bandolerismo romántico del siglo XIX. Así lo certifica un panel explicativo que reza: “Los moros que poblaban estas montañas fueron valientes, más belicosos y menos pacientes bajo el yugo de los castellanos que los de las demás regiones del reino. Poco después de su reducción por Fernando El Católico se rebelaron de nuevo siendo esta montaña de Sierra Bermeja a la que subió don Alonso Aguilar con su ejército y sufrió la terrible batalla (1494) en la que perdieron la vida él y casi todos sus hombres, incluidos quinientos jinetes a caballo, mientras su hijo, junto con el Conde Ureña y algunos más, lograron escapar a la ira de los moriscos serranos, que estaban enfurecidos y desesperados por los reiterados agravios y violaciones de los tratados”.

Jubrique, llegada

Estacionamos en la calle Algatocín, que es en realidad la carretera que comunica este pueblo con Estepona y que se integra de manera natural en el municipio jubriqueño, muy próximos a la parada de autobuses, frente al supermercado The Shop. Jubrique se asoma a una balconada natural en cuyo frente se encuentra una colina trufada de castaños, salpicada entre las sombras por la pincelada blanca de algunas casas de aperos, algunos cortijos, algunas villas de recreo... Nos adentramos en el municipio hasta toparnos con el llamado Quiosco de la Crítica, curioso nombre, para un pequeño soportal en el que se sitúa un banco y desde el que, eso sí, se comprueba el trajín de idas y venidas, salidas y llegadas hacia, por y en Jubrique.

El laberinto, la plaza y la iglesia

Pronto muestra sus cartas Jubrique, caserío apretado, de calles empinadas y retorcidas, estrechas, de callejones sucintos como un suspiro. Nos hemos descargado en pdf un callejero que facilita el ayuntamiento de Jubrique en su página web. Lo utilizamos como referencia, pero sabemos que lo mejor es perderse para volver a encontrarse, para volver a perderse... Recorremos los senderos que nos señala hasta llegar a la plaza de Andalucía, curioso lugar que parece concentrar en cien metros cuadrados todos los centros de poder jubriqueños: aquí está la iglesia, el ayuntamiento, el bar la plaza, una sucursal bancaria, la farmacia (muy próxima)... La iglesia de San Francisco de Asís parece empotrada contra el caserío, formar parte de la propia piel del laberinto, un templo que luce una torre campanario imponente al frente. Es pronto en la mañana y el claxon que anuncia la llegada del pescadero resuena entre las callejas, perfectamente intransitables para los desconocedores. Hermoso laberinto. La iglesia de San Francisco de Asís fue erigida en el siglo XVI sobre los restos de una antigua mezquita. Desde entonces hasta hoy son numerosas las reformas realizadas en su interior y exterior, hasta el punto de añadirse en el siglo XIX un crucero con capillas laterales y la propia torre campanario de dos cuerpos integrada en el siglo XVIII. El soportal previo a su entrada luce en un lateral una imponente imagen de la virgen.

Ahora, el dédalo

En la misma plaza, a la que desembocan una, dos, tres, cuatro, hasta cinco calles se encuentra un bar en el que desayunar o tapear a gusto, con un amplio ventanal que mira hacia la montaña. Entre la taberna y un pequeño arco de piedra, una colorida fuente se declara a la mujer jubriqueña en los siguientes términos: "Esta fuente ha sido durante decenios testigo del quehacer del pueblo, de sus preocupaciones y de sus alegrías. Dedicada a la mujer jubriqueña que, con el trajín diario, dignificó su papel en la sociedad". La cita está datada un ocho de marzo de 2004. Ascendemos por la calle que se encuentra a la izquierda de la sucursal bancaria para adentrarnos en un trazado urbano con construcciones civiles insólitas, como dos casas comunicadas por un puente con base de madera o por otras dos, un poco más arriba, unidas por un arco de medio punto. Asciende Jubrique hasta los azules cielos gracias a sus empinadas cuestas, a sus callejas que se cruzan unas sobre otras. La calle Ánimas, la calle Palacios, la calle Picasso, la calle Altillo... Parece un dédalo que no fuera a acabar nunca, que se retroalimentara en sus curvas y revueltas. Nos asaltan perfumes de romero y de hierbabuena, de tomillos y matrantos. En nuestro caminar nos encontramos a la altura de los tejados- Qué hermosa la calle 28 de febrero con sus arriates de flores, con emparrados ante las puertas de algunas casas, con su suelo empedrado, con buganvillas que descuelgan sus morados explosivos hacia las calles inferiores. Y siempre, de nuevo, la montaña colmada de castaños. Tantas otras calles, cuidadas hasta el extremo. Aparecen vides aquí y allá, integradas en los patios, en los arriates públicos, en las macetas, haciendo gala y rememorando la importancia de la industria vitivinícola de la que Jubrique históricamente ha sido cabecera. Así lo apunta el Patronato de Turismo de la Costa del Sol: "Y fue a mediados del XIX cuando Jubrique alcanza su momento de mayor esplendor, consecuencia directa de la riqueza que generaban sus viñedos, las industrias derivadas de éstos y la explotación minera de las sierras. La tradición vitivinícola de Jubrique continuó hasta bien entrado el siglo XX, e incluso hoy día, las únicas destilerías que existen en la comarca, ubicadas en Ronda, pertenecen a una familia procedente de Jubrique". Los vecinos y vecinas encalan y repintan de blanco inmaculado las fachadas de sus casas en la calle Séneca. Descendemos por la calle Fuente hasta encontrar un pequeño calvario donde, gracias a una placa explicativa conocemos la historia de "El Melchi", un morisco sublevado, que según las crónicas era la maldad personificada, dice así: "Estaba entre los moros uno escandaloso y malo llamado El Melchi, imputado de herejía y suelto de las cárceles de la Inquisición, el cual, juntando al ignorante pueblo , que ya estaba resuelto a rendirse, les hizo mudar de propósito", dando lugar a las revueltas moriscas y a las sublevaciones del Valle del Genal. Y siguen los arcos y los puentes. Descendemos por la calle Cobertizo, a la espalda de la iglesia para regresar a la plaza de Andalucía y de ahí, de nuevo al coche.


Despedida

A la sombra de un emparrado, sentados para las primeras uvas, aún verdes y tiernas, con el estallido morado de las buganvillas y la brisa recia de la montaña. Contemplamos el mar de castaños y nos zambullimos en él, inspirando los perfumes de la tierra húmeda, de las flores tiernas, de las ramas trenzadas... Aspiramos las esencias del Valle del Genal que penetran en nuestro interior, invadiéndonos... Nos dejamos ir, nos dejamos llevar desde ese emparrado de la calle 28 de febrero de Jubrique, hasta el corazón mismo del Genal.

Enlaces y consejos de interés

Senderismo: Jubrique es la capital del senderismo, del turismo natural en el Valle del Genal. Desde aquí parten numerosos caminos y senderos que comunican, como un red natural y abierta a prácticamente todos los municipios del valle. La profusión de rutas permite que su variedad, en distancia y dificultad, sea muy variada, ofreciendo caminos para todos los gustos y preparaciones. Así en la página web municipal de Jubrique encontramos hasta nueve rutas oficiales que comunican el municipio con Benaluría, Charco "Picao", Faraján, Benajarón, Genalguacil, La Solana, Pujerra, Charco Azul y Charco Esteban. Todas las rutas se pueden descargas en fichas individuales, en formato pdf. En ellas aparece una descripción de la misma, el perfil, el grado de dificultad, etc.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Jubrique. Además, para visionar vídeos de la feria, romerías, viajes y fiesta de las máscaras, la página personal Jubrique.net tiene un amplio catálogo.

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58 IGUALEJA: DONDE NACE EL RÍO GENAL

martes, 18 de mayo de 2010

Parece Igualeja robada a los castaños, cincelada a las faldas de los montes con la delicadeza a la que la naturaleza obliga. Incrustada en el corazón de la serranía rondeña como un corazón nuevo y palpitante de savia arbórea. Y decimos esto porque es Igualeja una mancha de blancos impolutos sobre el verde primaveral de los castaños. Es este municipio, origen y causa, génesis, de uno de los valles más fértiles y frondosos de la provincia malagueña. Igualeja es la cuna del río Genal que configura en su valle alto y bajo una de las comarcas más especiales y mágicas, una promesa de convivencia y armonía entre ser humano y naturaleza.

El nacimiento del río Genal

Y así corre el rumor del agua entre las calles de Igualeja, como el susurro de un sortilegio ininterrumpido. Agua pura, clara, cristalina, límpida en esencia, en fondo y en forma. Es lo primero que encontramos al llegar, el nacimiento del río Genal, perfectamente equipado con bancadas de piedra, de hierro y de madera, barandas rústicas y una pequeña fuente en la que refrescarse. Nos acompaña el río con su rumor de agua viva y constante, tres pequeñas cascadas rompen su quietud. Es una agua tan transparente que nos permite distinguir a la perfección los detalles que se hallan en el fondo del cauce. Huele a hierba húmeda. Nos acompañan los trinos de los pájaros. En una de las cascadas, formadas por tres pequeñas presas artificiales, descubrimos varios puntos de luz, por lo que intuimos el aspecto que tendrá este magnífico lugar acompañado por la iluminación nocturna. Podríamos quedarnos aquí para siempre. Nos mojamos el rostro en la fuente, bebemos de su agua, fría, intensa y deliciosa.

La iglesia de Santa Rosa de Lima

Caminamos por la calle principal hasta llegar al barrio del Albaicín que se despliega en la margen izquierda del río. Y es que, el Genal divide a Igualeja en dos, la parte en el barrio de Santa Rosa, situado en la margen derecha y el del Albaicín, situado en la parte izquierda. Se abre una pequeña plaza donde ubicamos un mapa de cerámica en una pared y nos situamos en el espacio del municipio. Tomamos calle iglesia hasta llegar al templo, que apareja una de sus paredes para formar parte de la vía por la que transitamos y su pequeña torre, antiguo alminar, sobresale del conjunto. La iglesia de Santa Rosa de Lima conserva una apariencia de cierta antigüedad, pero su interior es radicalmente moderno. Carece de artesonado de madera, sustituido por una serie de planchas cuadradas pintadas de blanco, lo que contrasta con sus imágenes de madera policromada fechadas en el siglo XVII y XVIII. Este contraste enriquece la belleza sutil del templo. Es un edificio, además, fresco que se construyó sobre una antigua mezquita en el siglo XVI y que ha vivido varias modificaciones en los siglos XVII, XVIII y, finalmente, en el siglo XX. Tañen las campanas cuando traspasamos la puerta del templo.

La ermita

Seguimos caminando, apenas diez metros, hasta cruzarnos con la calle La Ermita a la derecha. Y la vemos. La Ermita del Divino Pastor es un edificio incrustado entre las casas, a las que acompañan un árbol y una fuente. El conjunto tiene algo de singular indefinible. De su escueta espadaña de doble ojo superpuesto penden dos campanas. Parece la puerta a un templo de mayores dimensiones y, sin embargo, todo queda reducido apenas a un recinto de cinco metros cuadrados con un pequeño altar que termina en una techo en forma de media cúpula pintado al fresco. Es un edificio profusamente decorado, pero sin exageraciones. Una construcción puesta en pie en el siglo XVIII y que antes fue convento de monjas carmelitas. Salimos y regresamos a la calle principal.

El Albaicín

Seguimos hasta prácticamente el final de la calle para torcer a la izquierda y ascender hasta el barrio del Albaicín, el barrio viejo, en el que sus calles serpentean y muchas de sus casas aparecen enjabelgadas. Los muros de piedra se asientan sobre rocas y el propio barrio parece escalar montaña arriba. Guardan sus callejas y rincones arriates plagados de flores, algunas macetas de romero que desprenden un perfume intenso y ciertamente dulzón, un grupo de gatos perezosos que buscan cobijo del calor bajo la sombra de un alar. Igualeja se sumerge en un valle y es desde el Albaicín donde podemos obtener algunas imágenes parciales del complejo entramado de casas que conforman el caserío. Observamos el barrio de Santa Rosa y más allá, al fondo el inmenso mar de castaños que rodea todo el municipio. Verde y verde, un océano. Se atisba un leve perfume a brasas dulces de primavera y un intenso aroma a puchero, de condición tan serrana y contundente como las mismas montañas.

El nicho

Regresamos hasta la ermita desde la calle principal hasta llegar, a la plaza del Buen Pastor, donde la figura blanca de un pastor preside un conjunto rematado con un pequeño caño de agua, para dirigirnos, a la izquierda hasta la plaza de Andalucía. Pero antes, más fuentes, más agua, sombras y callejones, adarves, puertas señoriales, macetas florecidas, arriates, niños que juegan... La plaza de Andalucía se traduce en el epicentro de la vida social de Igualeja, donde se sitúa el ayuntamiento y dos de sus establecimientos hosteleros destacados. Una serie de pequeños árboles la rodean y los techos, anaranjados, escapan hacia el cielo. A la entrada a la plaza y frente al ayuntamiento se sitúa el Nicho del Señor de la Misericordia es una pequeña capilla donde se representa al Señor de la Misericordia. Dentro del nicho se encuentra un cuadro de la escuela granadina del siglo XVIII que representa una imagen del "stabat mater" (la madre al lado del niño). Su interior también alberga otro cuadro del Cristo Crucificado en un cristal, copia del original que está en el lienzo.

El barrio de Santa Rosa

Cruzamos el río y en el camino fotografiamos dos hornacinas que albergan en su interior cruces y promesas. El barrio de Santa Rosa es más moderno y pese a que su arquitectura no destaca, sí lo hace el paseo que discurre a lo largo del río Genal. Es un paseo sencillo, con una barandilla de hierro pintada de oscuro que se asoma al río. Es un lugar fresco, parece que los efluvios del Genal ascienden y, junto con su rumor, refrescan el ambiente. Paseamos con tranquilidad, deleitándonos con cada paso. Descansamos, reposamos, disfrutamos.

Despedida

Antes de recoger el coche decidimos acercarnos de nuevo al nacimiento del Genal. El rumor del agua es fuerte e intenso. Nos sentamos en uno de sus bancos. Caminamos por el pequeño jardín de hierba. Nos mojamos la cara una y otra vez. Observamos el devenir del agua y pensamos en aquel filósofo griego, Heráclito, que decía que nunca verás dos veces el mismo río. Tenía razón. El Genal es único, es irrepetible, permanentemente cambiante y afortunadamente constante. Génesis de vida, hacedor de comarcas, fuente de castaños. Uno de los espíritus que hacen de Málaga lo que es vive en Igualeja y se llama Genal.

Consejos y enlaces de interés

Día de la Castaña: Como no podía ser menos, y tratándose de la la primera localidad productora de castaña, Igualeja celebra el día de Todos los Santos la fiesta de la castaña con su correspondiente tostón, que consiste, como en muchos otros pueblos del valle del Genal, en pasar una jornada en el campo que se aprovecha para asar castañas y comerlas después con el acompañamiento que cada cual prefiera.
Senderismo: Todo el valle del Genal es un entrecruzar de rutas senderistas, casi desde cualquier municipio se puede llegar, con mayor o menor dificultad a otro. El Club Senderista Pasos Largos recomienda en el siguiente enlace la senda que une Igualeja con Parauta: Igualeja - Parauta. La web wikiloc ofrece algunas otras rutas para realizar a pie o en bicicleta.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Igualeja, a las que sumamos la ya conocida del Club Senderista Pasos Largos y la recién incorporada Wikiloc.

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