Mira a la ciudad desde su posición de altura. Dibuja con la yema de sus dedos arbóreos, picudos, el trazo que forma la bahía de Málaga, la semicircunferencia aristada de edificios, de casas apretadas, de calles improbables, de arácnidas grúas portuarias. Y desde allí, desde el verdor esmeralda de sus cimas, envía un hálito de vida que inunda la capital como un manto. Respiran los Montes de Málaga y las briznas de hierba inundan el aire capitalino, las pinazas revolotean y tocan el mar. Se confunde el penetrante aroma de los pinos con el perfume denso de las ollas rebosantes de callos y de coles, de los almuerzos serios y contundentes de las ventas que salpican el camino viejo de Colmenar. Montes de Málaga vive en lo alto de la ciudad, que parece querer encaramarse a sus laderas y, desde esta posición privilegiada contempla el trasiego de la vida cotidiana. Respiran los montes, respiran. Inspiran, espiran.
Una aproximaciónUna masa densa de pinos, apretados, de color esmeralda tras el rocío de la mañana, marca el límite del parque natural. Bordea la carretera serpenteante que une la capital malagueña con el municipio de Colmenar, una vía que asciende y asciende, que parece revolverse sobre sí misma, como una víbora. A su vera, se pierden las construcciones antiguas, desportilladas algunas, desvencijados los antiguos cortijos de patio ancho. Salpican el recorrido las ventas de oficio inmemorial que si en el pasado alimentaron en su caminar a los arrieros a base de comida sobria, ahora hacen deleite de sabaderos y domingueros capitalinos que se asoman al parque natural para degustar su celebérrimo Plato de los Montes, siempre acompañado de los pucheros tradicionales que airean su perfume entre los pinares. Carreteras transitadas por ciclistas y andariegos, parque natural
surcado por rutas senderistas que van desde los miradores naturales hasta las umbrías serenas. Parque Natural el de los Montes de Málaga que cuenta con dos centros de interpretación, el Lagar de Torrijos, magnífico etnomuseo, y el Aula de las Contadoras, de dos zonas de acampada libre organizada, de cientos de caminos y trochas por recorrer. Nuestra visita irá desde el Lagar de Torrijos y sus inmediaciones, hasta el Mirador del Pocopán. Visita en la que nos cruzaremos con un nutrido grupo de scouts, con aguerridos ciclistas, con senderistas animosos, con sabaderos vocingleros, con el sonido de un río y con el color de otoño pintado en la copa de los árboles.
El Parque Natural de los Montes de MálagaUn Parque Natural que ha sufrido los embates de la naturaleza y del ser humano. La naturaleza en forma de inundaciones, de filoxera. El ser humano en forma de incendios devastadores. Estos hechos han provocado a lo largo de su historia que el perfil faunístico y florestal de Montes de Málaga haya cambiado con el paso de los años. Las encinas, alcornoques, madroños, lentiscos y quejigos en algunas zonas húmedas, tuvieron que ser sustituidos por pinos de repoblación. Tras la llegada de la filoxera, que acabó con las viñas y en gran parte con el trabajo del que proveía la zona, el campo se abandonó a su suerte, los múltiples lagares que se asentaban en sus laderas cerraron y desaparecieron (a excepción del de Torrijos). Además, las grandes lluvias torrenciales (diecisiete registradas en el siglo XIX y dos en el XX) arrasaron con parte de su bosque primigenio llegando hasta la capital de
la provincia. Las autoridades se vieron en la obligación de restaurarlo hidrológicamente con el embalse del Limonero y con la repoblación de sus montes con pino carrasco. Poco a poco, la vegetación original se va recuperando y se pueden ver algunos grupos de encinas y alcornoques creciendo en el parque. En 1907 comenzó el plan hidrográfico para salvar a Málaga de las inundaciones. En 1921 se construyó el Pantano del Agujero. En 1930 comenzaron las primeras actuaciones forestales encaminadas
al encauzamiento del río Guadalmendina. En 1975, Montes de Málaga fue incluido en el inventario de Espacios Naturales Protegidos. En 1986 se adscribió al catálogo de Espacios y Bienes Protegidos de la provincia de Málaga. En 1989 recibió la calificación de Parque Natural.
Pino carrasco, pino negral y pino piñonero constituyen la principal masa forestal, con la regeneración natural del entorno, comienzan a verse algarrobo y alcornoque, a la vez que la presencia de matorral se está haciendo más evidente con matagallos, aulagas, tomillo, romero, jara blanca o cantaueso. Dado su carácter agrícola, en algunas zonas del parque se observan también olivos y algarrobos.
La fauna tiene su representante de mayor envergadura en el jabalí, del que algunos ejemplares pueden alcanzar hasta los 180 kilos de peso. Del mismo modo a parecen turones, comadrejas, gatos monteses, garduñas, jinetas, conejos, liebres, zorros, etc. Pero si destaca alguna especie es el camaleón, ya que Montes de Málaga es uno de los pocos enclaves en la provincia en el que habita. La presencia de aves es constante y no es raro observar las evoluciones del águila culebrera, cernícalos, lechuzas, azores ratoneros, gavilanes, chotacabras o alondras.
El Parque Natural de los Montes de Málaga es un espacio amplio, de gran extensión, de riquísimo ecosistema y muy visitado por los habitantes de la capital. Ocupa un total de 4.995 hectáreas, de las cuales el 96% pertenecen a Málaga y el restante 4% a Colmenar y Casabermeja.
La visita de hoy nos llevará a conocer el Lagar de Torrijos y sus inmediaciones, para descubrir después la zona del Aula de las Contadoras y llegar hasta el mirador de Pocopán.
El Lagar de Torrijos y su entornoAscendemos, ascendemos, serpeamos entre las curvas de la carretera vieja de Colmenar. Dejamos atrás la ciudad, las primeras ventas, el eco de la ciudad. El paisaje, cada vez más apretado de pinos, perfumado de bosque, asciende y asciende. Aparece, tras un buen trecho colmado de vueltas y revueltas, reposada en una curva, la Fuente de la Reina, junto a un bar en el que una manada de motocicletas reposa el desayuno, como antiguas mulas de arrirero. Continuamos el ascenso, hasta que una indicación a la
izquierda señala Ecomuseo Lagar de Torrijos. Hemos bordeado el límite del parque natural y ahora, nos adentramos de lleno en él. Circulamos por una pista asfaltada, estrecha, que desciende hasta el corazón mismo del verde. Se pintan aquí y allá los colores del otoño. Ocres y naranjas y marrones. Descendemos hasta el fondo del valle tras dos kilómetros de recorrido y estacionamos el vehículo. Abrimos la puerta y una vaharada de intenso aroma a tierra húmeda nos saluda, a pinar vivo, a bosque. No se asoma el
lagar hasta caminar tras una ligera curva.
Se mantiene, blanco e incólume, entre los colores ocres del otoño. Es un edificio de rasgos poligonales, casi cúbicos, que vive en el aliento del bosque como un ser más de los Montes. Único lagar que se mantiene en pie entre los cientos que había antes de la llegada de la temible filoxera en el siglo XIX, que terminó con el tradicional cultivo de la vid en la zona. El Lagar de Torrijos es un lugar vivo, dinámico, es uno de los dos puntos de referencia del parque natural junto con el Aula de Naturaleza de las Contadoras.
La empresa Educare Aventura (www.educare-aventura.com) es la responsable de que este edificio de 1843 se mantenga en funcionamiento. Desde aquí se organizan visitas guiadas para grupos y escolares, rutas de senderismo, talleres de elaboración de pan artesanal, múltiples actividades que ayudan a conservar el entorno, rico en bosques umbríos y en murmullos de agua. Toda la información, horarios de apertura, índice de actividades etc, se pueden consultar en la página web de la empresa
Tal y como se apunta en uno de los paneles informativos, “Un lagar es literalmente, una casa cuya parte principal se destina a la elaboración de vinos, predominando el elemento funcional sobre la comodidad. El Lagar de Torrijos no solo es un prototipo de las edificaciones típicas de los montes, sino que además en él tendrás la oportunidad de contemplar algunos de los instrumentos, máquinas y aperos empleados en las labores agrícolas y de transformación que constituían la base económica de la población de este territorio. El Lagar de Torrijos se ha conservado hasta nuestros días con todos sus detalles. El lagar propiamente dicho, con su prensa de viga en su parte más accesible de la casa (para facilitar la entrada de las uvas), la sala de fermentación, la bodega, los hornos de pan (donde se cocía un pan cateto riquísimo), el molino de aceite, etc. y la parte superior de la construcción que se destinaba a vivienda”. Entramos, tocamos, observamos. Huele a
pan. En el horno late el color cobrizo de las brasas, que parece respirar de manera propia. Con la ayuda de Gabriel, el responsable del lagar, nos ubicamos en tiempo y espacio, en la necesidad de conservar el patrimonio etnográfico como muestra del pasado reciente, el patrimonio natural y el entorno como una promesa del futuro próximo. Charlamos. Un grupo entra. Tiramos una, dos, cinco fotografías. El lagar está en impecable estado de revista y su colección de aperos y útiles es rica y original. Paseamos por sus
diferentes estancias y nos asombra la temible envergadura de la viga de prensa principal. Hacemos un ejercicio imaginativo, y no resulta difícil ponerse en situación. Dibujar un arriero con su reata de mulas, de burras, de pollinos cargados los cestos de uva recién cortada, dejar que transite por estos pagos, que se lleve a la mano las herramientas. Imaginamos.
Salimos del recinto y descendemos hasta el cauce del río. Es este un lugar magnífico. El entorno del lagar está rodeado de una zona recreativa concurrida los fines de semana, además de una zona de acampada libre organizada (una de las tres que hay en el interior del parque, las otras dos se encuentran en la zona de El Cerrado). Recorremos alguno de los senderos. Este es un lugar magnífico. El murmullo del arroyo, el crujido del alfombrado de hojas secas bajo nuestras pisadas, el trino distraído de los pájaros, los pasos de una pareja de senderistas que saludan y continúan su camino. Precisamente desde aquí parte un sendero que es columna vertebral del parque y que comunica el Lagar de Torrijos con el llano de las Contadoras, del que parten, dos senderos más, en cinco kilómetros que transcurren entre la sombra del bosque apretado. Mesas de madera dispuestas para recibir a un grupo de scouts del que vemos su bandera y sus tiendas de campaña y al que encontraremos algo más tarde en nuestro recorrido por los montes.
El Aula de las Contadoras y el Mirador del PocopánAdemás de por el interior y gracias al sendero antes mencionad, también se puede acceder hasta el Llano de las Contadoras en coche. Partiendo de la Fuente de la Reina un panel nos indica la presencia del Aula de las Contadoras a dos kilómetros de distancia. No tiene pérdida. Una pista nos acercará hasta el monolito del lugar, otro de los emblemas del parque, ya que se erigen en los lugares considerados importante cruce de caminos e indican las direcciones y distancias hasta puntos destacados como antiguos lagares, casas, miradores e incluso hacia las poblaciones de Colmenar o Casabermeja. Estacionamos. Dentro de las varias posibilidades que nos ofrece el parque desde aquí hemos optado por realizar el camino que nos llevará hasta el Mirador del Pocopán, por ser la ubicación de este un cerro alto y casi aislado que permitirá tener una visión circular no solo del parque
natural, sino también de algunas de las más importantes sierras de Málaga. Es un recorrido lineal de ida y vuelta con 2,5 kilómetros de longitud, que transcurre por pista de tierra compacta, de dificultad media y que se puede realizar en aproximadamente una hora y media.
Antes de iniciar el camino, es necesaria hacer una referencia al Aula de las Contadoras. Tal y como se indica en su página web (www.contadoras.org), “El Aula de las Contadoras es un Centro de Educación Ambiental de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía gestionado por la Sdad. Coop. And. Aula de la Naturaleza Montes de Málaga. Las instalaciones cuentan con calefacción, chimeneas, piscina, laboratorio, pista deportiva, salas audiovisuales, cocina y comedor”. En sus dependencias se desarrollan diversos programas destinados a la preservación del medio ambiente con escolares, formación de voluntariado ambiental, cursos de fin de semana, etc. Desde el hito del llano se
puede acceder hasta sus instalaciones. En su web se encuentra toda la información, contactos y actividades del centro.
Precisamente, para llegar hasta el Mirador de Pocopán, tenemos que dejar el camino que lleva hasta el aula a la izquierda y continuar por un tramo de pista perfectamente accesible.
El paseo es tranquilo y gratamente concurrido, sin estar masificado. Discurre por un carril de pista transitado por grupos y parejas de ciclistas, por algunos rápidos andariegos y por el grupo de scouts que pernocta en las inmediaciones del Lagar de Torrijos. Precisamente, nos hemos cruzado con ellos en el Llano de las Contadoras, han recorrido caminando el sendero desde el lagar y van a realizar nuestro mismo itinerario hasta el Mirador de Pocopán.
El bosque se aprieta en las riberas de la senda, un bosque de color verde vivo, brillante por el rocío de la mañana, casi esmeralda. Nos permite entrever las colinas próximas que desciende progresivamente, sin producir cortes radicales en el paisaje, suavizando el horizonte en el que brilla el mar y se mueven las grúas del Puerto de Málaga. Entre los árboles se vislumbra el conjunto del Aula de las Contadoras, como un refugio para caminantes al abrigo de los pin
ares. – Buenas, buenas, hola, hola, buen día, buen día.- Nos cruzamos con otros senderistas. Crujen la botas sobre la grava. Cuán distintos paisajes nos ofrece el parque natural. El más umbrío y cerrado del entono de Torrijos, con este más luminoso. Un contraste que se complementa a la perfección y que ofrece dos rostros del mismo espacio.
Sobre una colina, divisamos la casa que marca el Mirador del Pocopán. Se encuentra a una altura considerable y para llegar hasta él habrá que tomar la senda de un cortafuegos. Precisamente para evitar incendios devastadores, también se observan los resultados de las tareas de limpieza, en las que se desbroza el matorral para evitar cobijos a las llamas y se mantienen las anchas avenidas de los cortafuegos como vastos cinturones de seguridad. Se talan algunos árboles para evitar males mayores. Más aguerridos ciclistas, un buen grupo que se espera. Algunos de ellos, sentados, toman barritas energéticas para recuperar fuerzas. Escuchamos las voces apagadas de los scouts unos cuantos metros por detrás de nosotros.
Para ascender hasta el mirador tenemos que tomar la senda del cortafuegos. Para la subida es el mejor de los dos posibles caminos, sin embargo, para el descenso recomendamos que se baje por la parte de atrás, algo menos pronunciada y sin piedra suelta para evitar alguna caída.
Las vistas son inmejorables. Rodeado de encinas, con las huellas leves del ganado ovino y caprino formando estrechos hilos de senda, se abre ante nosotros un mirador espectacular, desde el que se divisa gran parte de la Bahía de Málaga, el Puerto de las Pedrizas, las sierras de Jobo y Camarolos, las sierras Gorda y de San Jorge, los tajos de Gomer y Doña Ana, la sierra de las Cabras, el Torcal, la sierra de las Chimeneas y la del Valle de Abdalajís.
Se sitúa el mirador al abrigo de una casa, con una altura de 853 metros y en una colina casi aislada del resto, lo que permite tener una visión de 360º sobre el parque natural. La panorámica es espectacular. Hacia el sur, espejea el Mediterráneo que baña las costas de la provincia con su embate suave y caprichoso, hacia el este, el oeste y el norte, el arco calizo de Málaga, las moles graníticas que cortan barrancos y configuran el paisaje y el paisanaje. Nos sentamos, contemplamos. No queremos regresar, pero el aroma de los pucheros y del plato de los montes en las ventas tiene también un influjo poderoso, como un sortilegio.
Despedida
El sol se abate muellemente sobre el mar, con una cadencia de lentos compases, como en un baile sutil y ligero. En el recorrido tiñe de púrpuras y naranjas el cielo que hasta ese momento era azul. Poniente es una fiesta de colores y sobre levante comienza a pintarse un velo oscuro de noche. Las luces capitalinas comienzan a titilar, con timidez, casi una a una, y dibujan un nuevo mapa sobre la bahía. Reina el silencio en el mirador del Pocopán, la espalda apoyada sobre la pared, aún caliente, de la caseta de cuento que se yergue en su cima. El atardecer desde aquí es solo para nosotros. No se puede fotografiar, hay que venir a vivirlo.
Enlaces de interés y consejos útilesGastronomía: Para poner colofón a la ruta es perentorio degustar cualquiera de los paltos de cuchara que se ofrecen en las múltiples ventas que salpican la carretera vieja de Colmenar. Puchero, coles, callos, la variedad es finita pero deliciosa y contundente. Pero si hay algo que destaca es el nada calórico Plato de los Montes, que después de un buen recorrido senderista es de muy buen apreciar. Es variado y depende de la venta, pero tiene el denominador común de lo nada sobrio. El Plato de los Montes suele llevar lomo en manteca colorá, acompañado de patatas fritas, chorizo, huevo frito, morcilla y pimientos fritos, entre otros. Se dice que tiene su origen a finales del siglo XIX y principios del XX, en la comida enérgica que se ofrecía a los arrieros que cruzaban los montañosos accesos a la capital con sus burros y mulas cargadas. Se ha transformado en un clásico de los domingos de otoño e invierno, cuando las ventas se transforman en un hervidero de gentes, deseosas de degustar tan deliciosa contundencia.
Enlaces de interés: Toda la información aparece en la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol Occidental y en la web especializada de la Junta de Andalucía, la Ventana del Visitante. Los ayuntamientos de Málaga, Colmenar y Casabermeja lo incluyen en sus webs. en las entradas correspondientes a los tres municipioso en este blog también se puede encontrar información útil para su visita, gastronomía, patrimonio histórico y cultural , actividades, rutas senderistas, etc.
Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.
Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural Protegido.
Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande
EN / 17 MONTES DE MÁLAGA: Corazón verde
martes, 29 de noviembre de 2011
Publicado por Israel Olivera en 0:01 2 comentarios
Etiquetas: Casabermeja, Colmenar, Málaga, Montes de Málaga, Parque Natural, plato de los montes, Rutas mountain bike, rutas senderistas, senderismo, turismo activo
86 CASABERMEJA: MÁS ALLÁ DEL CAMPOSANTO
martes, 30 de noviembre de 2010
Corona Casabermeja su caserío sólido, apretado, con la torre campanario de su iglesia. Parece querer tocar el cielo con su pináculo, sobresale entre las casas como un faro, saludo para los viajeros que provienen de Córdoba, de Antequera, de Granada. Saluda Casabermeja como la primera de Málaga y muestra el poderío de sus calles encaladas, de su templo majestuoso, de su trazado imposible en apenas un vistazo. Santo y seña antes de llegar a la Costa del Sol. Y cuando el viajero deja atrás el primer instante mira por el retrovisor y observa los túmulos blancos, las bóvedas, los cilindros tumbados sobre la tierra. Todo es blanco refulgente. Mira por el retrovisor y contempla cómo las cruces del camposanto sobresalen de las tumbas, de las “nicheras”. El viajero pregunta qué es eso y el bermejo responde: El Cementerio de San Sebastián.
Una aproximaciónCasabermeja es un nudo de comunicaciones, hasta su término municipal llegan las carreteras que provienen desde Antequera, desde Córdoba, desde Granada a través de la A-92. Es la primera impresión que muchos viajeros obtienen de la provincia malagueña y no conduce a equívocos, porque sus calles estrechas y empinadas, su color blanco, inmaculado, la presencia totémica de su iglesia resulta inconfundible y conforma parte del imaginario
colectivo de pueblo andaluz, que además, corresponde ciento por ciento con la realidad. Casabermeja es el faro que conduce a los viajeros, a través de la sinuosa senda del valle del río Guadalmedina y atravesando los Montes de Málaga, hasta la promesa de las playas costasoleñas. Nosotros hoy, hacemos el camino inverso y lo primero que vemos antes de llegar al puerto de las Pedrizas son las “nicheras” del cementerio de San Sebastián. En nuestro ánimo nos encontramos con ganas de conocerlo, no en vano está declarado desde 2006 Bien de Interés Cultural, siendo el primer cementerio de la comunidad autónoma en obtener este alto grado de protección. Tras pasar bajo la autopista iniciamos el ascenso al centro urbano. A la derecha encontramos un indicativo de parking, que seguimos hasta estacionar el coche. Desde aquí tendremos que subir un par de cuestas, pero la vista que nos regala del caserío y, sobre él, de la iglesia, merece la pena.
La iglesia, las fuentes y el CastellumLa vista de la iglesia es imponente. Sobresale la torre campanario, altísima. El cuerpo del templo parece sustentarla, elevarla a las alturas, auparla. Desde aquí ya se observan cuatro de los cinco cuerpos que la componen, superpuestos, como una construcción infantil. En nuestro caminar nos percatamos de un detalle curioso. En las placas identificativas de las calles, realizadas en azulejo, su nombre se acompaña con un dibujo referente al mismo. En la calle Palomo
aparece, además del nombre, el dibujo de una paloma. En el callejón de la Luz, aparece dibujada una farola, y así, con todas. Curioso. Pronto llegamos a la plaza que precede a la iglesia. Frente a su portada se encuentra la Oficina de Turismo, en la que entramos y nos proveemos de folletos, mapas, etc. Preguntamos por la Torre Zambra, un mirador sobre el que se yergue una torre y desde el que se divisa una impresionante panorámica de los Montes de Málaga,
del Torcal, de la costa. Se nos indica que llamando con antelación se puede solicitar la llave para entrar en la torre y obtener así unas vistas aún mayores. Nos situamos. La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Socorro es el monumento más destacado del centro urbano de Csabermeja. Resulta de una belleza y de un porte innegable. La portada nos saluda con cierta sobriedad, blanca, con frisos de fábrica de ladrillo y sencillo arco de medio punto realizado en piedra. Desde el
exterior ya se aprecia su construcción interior, de tres naves perfectamente diferenciadas. En la parte trasera, el templo se historia algo más y se hace visible la cúpula que alberga el altar mayor. La torre, de ladrillo rojizo, sobresale con sus cinco cuerpos. La iglesia fue construida en el siglo XVI y reformada en el siglo XVIII. Entramos. El suelo, damasquinado en rombos blancos y negros, las bóvedas de medio cañón, las tres amplias naves y el camarín de la Virgen del Carmen a la izquierda y de Jesús Nazareno a la derecha. Salimos y nos sorprende el rotundo tañer de las campanas, que asusta a las palomas. Casabermeja posee algunas casonas antiguas, con amplios zaguanes, patios convertidos en grandes salones, en salas de estar. Entrevemos una chimenea encendida, un hombre que lee un periódico sentado en una mesa camilla. Se abre el aire al aroma del picón, de las brasas de olivos y almendros. Junto a la iglesia hay un panel con un mapa de situación del municipio. Nos ubicamos. Tomamos la calle de la derecha, calle San Sebastián hacia abajo. Nos dirigimos de manera directa hasta el Cementerio Municipal, pero antes tenemos curiosidad por visitar el Castellum Aquae, una antigua construcción romana, Castillo de Agua que sirvió como fuente durante décadas. De aquella edificación solo queda la entrada, en forma de bóveda y un jardín. Resulta curiosa.Salimos.
El Cementerio de San SebastiánEl portalón de entrada indica los horarios: De 10 de la mañana a 6 de la tarde. Cruzamos y nos adentramos en un mundo de respetuoso silencio. Un quedo saludo con dos operarios, un gesto leve con la cabeza con una familia que lleva flores bajo el brazo. Leemos uno de los primeros carteles que nos encontramos y que subraya la importancia del lugar que vamos a visitar: “Para mantener la estética tradicional del cementerio, dado su carácter de Bien de Interés Cultural, el
Ayuntamiento comunica a las personas que deseen efectuar obras (cambio de lápidas, restauración de nichos, etc.) deberán ponerse en contacto con los servicios técnicos”. Un camino de cipreses nos conduce hasta la capilla del camposanto. Un edificio sencillo y sólido, blanco como blancas son todas las tumbas que le rodean. Aquí se inicia un viaje que se puede contemplar con dos miradas, siempre con la respetuosa que se ha de tener en un cementerio. La primera mirada es la de
la curiosidad histórica, la de la indagación cultural, la de la arquitectura funeraria. La segunda es la mirada más sacra, religiosa, ceremonial y tradicional. El Cementerio Municipal de Casabermeja, alejado de lo que realmente es, un camposanto, merece una visita cultural. Es curioso, es particular, la forma que las tumbas, las “nicheras”, han adoptado con el paso de los años. Tanto es así que debido a su construcción la leyenda cuenta que “Por la forma arquitectónica de los nichos en el que el
frontal se puede distinguir las siguientes partes: Abajo (Puerta para depositar al difunto), Medio (Lápida y adornos), Arriba (Frontal con adornos arquitectónicos). Esta forma ha hecho que durante mucho tiempo los visitantes hayan pensado que en Casabermeja se entierran a los difuntos en pie”, como apunta la página web municipal. El cementerio de Casabermeja fue declarado Monumento Nacional en 1980 y Bien de Interés Cultural en 2006. La forma de las
tumbas, un semicilindro tumbado sobre la tierra con un frontal rectangular puesto en pie había provocado esta sensación. Nos percatamos, y confirmamos después, que los nichos están rematados por una cruz de forja y que todas ellas (y hay cientos) son diferentes entre sí. La historia del cementerio de Casabermeja se remonta a una orden de Carlos III en 1787 que prohibía seguir enterrando en la “tierra sagrada” de los templos y obligaba a realizar los
enterramientos en los cementerios, más alejados de los centros urbanos. Ya en el año 1786 se concedió una ayuda de 400 reales a Casabermeja para la construcción de un camposanto, debido a que el del templo se encontraba saturado. De esta manera se erigió el cementerio de San Sebastián. Al camposanto acudieron en un primer momento los ciudadanos más pobres. Las tumbas, así eran sencillos túmulos de piedra pintadas de blanco y decoradas con flores y una
pequeña cruz. Los ricos, siguieron siendo enterrados en la parroquia, hasta que una nueva orden de 1804 lo prohibió expresamente. De esta manera las tumbas se fueron haciendo más complejas, dotándose de formas abovedadas de cañón e incluyendo un frontispicio a modo de fachada dándole esa forma tan peculiar. Además, la topografía del terreno hizo que las calles del cementerio se fueran adaptando al mismo, creando un trazado irregular, con distintas pendientes y rincones escondidos. Paseamos. El cielo amenaza tormenta y el cielo permanece gris. Tiramos unas fotos y, en silencio, observamos las tumbas, las “nicheras”. Paseamos. Sobrecoge este ambiente de blancura inmaculada. Se recortan las cruces contra la tormenta. La sorpresa se esconde tras cada esquina y la forma semicilíndrica de las tumbas forma, una con otra, una con otra, un
campo extenso de bóvedas. Los frontispicios están más o menos historiados y los recubren un mayor o menos número de flores. Leemos los nombres, las fechas. Pensamos en las vidas de las personas que los ocupan, quiénes y cómo fueron, a qué se dedicaron, a qué les gustaba jugar. En la parte más alta del cementerio, junto a la entrada aún se conservan algunos de los antiguos túmulos, esas pequeñas montañas de piedra pintadas de blanco. Sobrecogen. En el siguiente slideshow hemos colocado de manera especial algunas imágenes específicas del Cementerio Municipal de Casabermeja.
La ermita del Chorro y la torre ZambraAbandonamos el cementerio y caminamos hasta el parking público donde hemos estacionado el coche. Desde el aparcamiento parte una carretera que indica “Área Recreativa” y “Torre Zambra”. La seguimos. Ascendemos por una carretera en buen estado hasta llegar a la ermita del Chorro, junto al área recreativa del mismo nombre. La ermita es un edificio moderno, está construido en 1989, y la modernidad se vislumbra en su aspecto, que incluye una esquina
acristalada desde la que puede contemplarse el interior del templo. Entre los árboles que la circundan, altos cipreses, se intuye el caserío blanco de Casabermeja. Continuamos camino y realizamos un par de paradas más para sacar unas fotografías. Desde aquí se obtiene un magnífico panorama de las Pedrizas, de El Torcal, del municipio bermejo allá abajo. Para encontrar la senda hacia la Torre Zambra tenemos que preguntar. Una vez encontrado el carril se nos abre una disyuntiva, acceder en coche (un kilómetro y medio por pista de tierra en ascensión y su posterior bajada) o subir caminando. Optamos por la segunda. El día no es demasiado propicio. La humedad ha reblandecido el suelo, pero l
as visyas a la llegada van a merecer la pena. Poco a poco, con tranquilidad, disfrutando del paseo llegamos hasta la cima. Y decimos bien, porque la torre Zambra se sitúa en un otero considerable. La edificación se conserva en buen estado, una escalera de hierro exterior comunica con una puerta de madera. El día no es propicio. La tormenta anunciada ha comenzado a arreciar y unas volutas de bruma procedente del mar nos empañan la vista panorámica. Otra vez será. Aún con todo, nos sentamos y dejamos que las primeras nieblas lleguen casi hasta nosotros.
Despedida
Silencio blanco. El cementerio de Casabermeja nos transmite sus historias, su pasado, su presente, su futuro. Nos ofrece nombres y datos y fechas y recuerdos. Algunas flores marchitas y otras rebosantes de color. Paseamos, despacio, entre sus calles, asomándonos a sus rincones. Contemplamos todas las diferentes cruces y alabamos el ingenio de los maestros de forja. Miramos las “nicheras”… ¿Por qué así? ¿Por qué se decidió esta forma para las tumbas? ¿Quién fue el primero en hacerlas abovedadas? Quizá no tengan respuesta o debamos preguntar a los estudiosos, aún con todo ahí están, ahí quedan estos interrogantes, flotando entre las callejas de un camposanto.
Otras informaciones y enlaces de interés
Uno de noviembre, Día de Todos los Santos: “En Casabermeja se ha desarrollado un gran culto a los difuntos, teniendo su día de máxima expresión el día de éstos donde las mujeres de la localidad blanquean los nichos y panteones, los adornan con flores y le encienden velas a sus familiares fallecidos”, apunta la web municipal.
Festival del Cante Grande: En la web municipal se señala que“El Festival de Cante Grande tiene sus orígenes en el año 1969, cuando la Junta de Festejos decide sustituir del programa de feria, el tradicional cuadro flamenco por un festival de cante, baile y toque de guitarra al que denominaron Festival de Cante Grande. En la actualidad este festival es considerado por los entendidos del cante como uno de los más importantes de Andalucía, por el que han pasado cantaores de la talla de José Menese, Camarón de la Isla, José Merced, etc. Lo mejor que tiene el Festival es el público. En Casabermeja se escucha el Cante con gran respeto; respeto que viene del conocimiento de un público entendido que ha hecho suyo lo de “saber escuchar es un arte”. Este público se sientan por grupos alrededor de sus mesas, y al mismo tiempo que escuchan buen cante degustan buen vino y aperitivos.Destacable también es el recinto al aire libre, con un escenario adornado por sí solo con la Torre de la Iglesia iluminada para la ocasión, el suelo con martranzos y romero esparcido que desprenden un aroma refrescante y agradable”.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, las dos páginas web municipales de Casabermeja.
Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.
Publicado por Israel Olivera en 8:38 3 comentarios
Etiquetas: Anquera, Casabermeja, cementerio, cementerio de Casabermeja, Costa del Sol, Granada, Málaga, Montes de Málaga, Torre Zambra