Mira a la ciudad desde su posición de altura. Dibuja con la yema de sus dedos arbóreos, picudos, el trazo que forma la bahía de Málaga, la semicircunferencia aristada de edificios, de casas apretadas, de calles improbables, de arácnidas grúas portuarias. Y desde allí, desde el verdor esmeralda de sus cimas, envía un hálito de vida que inunda la capital como un manto. Respiran los Montes de Málaga y las briznas de hierba inundan el aire capitalino, las pinazas revolotean y tocan el mar. Se confunde el penetrante aroma de los pinos con el perfume denso de las ollas rebosantes de callos y de coles, de los almuerzos serios y contundentes de las ventas que salpican el camino viejo de Colmenar. Montes de Málaga vive en lo alto de la ciudad, que parece querer encaramarse a sus laderas y, desde esta posición privilegiada contempla el trasiego de la vida cotidiana. Respiran los montes, respiran. Inspiran, espiran.
Una aproximaciónUna masa densa de pinos, apretados, de color esmeralda tras el rocío de la mañana, marca el límite del parque natural. Bordea la carretera serpenteante que une la capital malagueña con el municipio de Colmenar, una vía que asciende y asciende, que parece revolverse sobre sí misma, como una víbora. A su vera, se pierden las construcciones antiguas, desportilladas algunas, desvencijados los antiguos cortijos de patio ancho. Salpican el recorrido las ventas de oficio inmemorial que si en el pasado alimentaron en su caminar a los arrieros a base de comida sobria, ahora hacen deleite de sabaderos y domingueros capitalinos que se asoman al parque natural para degustar su celebérrimo Plato de los Montes, siempre acompañado de los pucheros tradicionales que airean su perfume entre los pinares. Carreteras transitadas por ciclistas y andariegos, parque natural
surcado por rutas senderistas que van desde los miradores naturales hasta las umbrías serenas. Parque Natural el de los Montes de Málaga que cuenta con dos centros de interpretación, el Lagar de Torrijos, magnífico etnomuseo, y el Aula de las Contadoras, de dos zonas de acampada libre organizada, de cientos de caminos y trochas por recorrer. Nuestra visita irá desde el Lagar de Torrijos y sus inmediaciones, hasta el Mirador del Pocopán. Visita en la que nos cruzaremos con un nutrido grupo de scouts, con aguerridos ciclistas, con senderistas animosos, con sabaderos vocingleros, con el sonido de un río y con el color de otoño pintado en la copa de los árboles.
El Parque Natural de los Montes de MálagaUn Parque Natural que ha sufrido los embates de la naturaleza y del ser humano. La naturaleza en forma de inundaciones, de filoxera. El ser humano en forma de incendios devastadores. Estos hechos han provocado a lo largo de su historia que el perfil faunístico y florestal de Montes de Málaga haya cambiado con el paso de los años. Las encinas, alcornoques, madroños, lentiscos y quejigos en algunas zonas húmedas, tuvieron que ser sustituidos por pinos de repoblación. Tras la llegada de la filoxera, que acabó con las viñas y en gran parte con el trabajo del que proveía la zona, el campo se abandonó a su suerte, los múltiples lagares que se asentaban en sus laderas cerraron y desaparecieron (a excepción del de Torrijos). Además, las grandes lluvias torrenciales (diecisiete registradas en el siglo XIX y dos en el XX) arrasaron con parte de su bosque primigenio llegando hasta la capital de
la provincia. Las autoridades se vieron en la obligación de restaurarlo hidrológicamente con el embalse del Limonero y con la repoblación de sus montes con pino carrasco. Poco a poco, la vegetación original se va recuperando y se pueden ver algunos grupos de encinas y alcornoques creciendo en el parque. En 1907 comenzó el plan hidrográfico para salvar a Málaga de las inundaciones. En 1921 se construyó el Pantano del Agujero. En 1930 comenzaron las primeras actuaciones forestales encaminadas
al encauzamiento del río Guadalmendina. En 1975, Montes de Málaga fue incluido en el inventario de Espacios Naturales Protegidos. En 1986 se adscribió al catálogo de Espacios y Bienes Protegidos de la provincia de Málaga. En 1989 recibió la calificación de Parque Natural.
Pino carrasco, pino negral y pino piñonero constituyen la principal masa forestal, con la regeneración natural del entorno, comienzan a verse algarrobo y alcornoque, a la vez que la presencia de matorral se está haciendo más evidente con matagallos, aulagas, tomillo, romero, jara blanca o cantaueso. Dado su carácter agrícola, en algunas zonas del parque se observan también olivos y algarrobos.
La fauna tiene su representante de mayor envergadura en el jabalí, del que algunos ejemplares pueden alcanzar hasta los 180 kilos de peso. Del mismo modo a parecen turones, comadrejas, gatos monteses, garduñas, jinetas, conejos, liebres, zorros, etc. Pero si destaca alguna especie es el camaleón, ya que Montes de Málaga es uno de los pocos enclaves en la provincia en el que habita. La presencia de aves es constante y no es raro observar las evoluciones del águila culebrera, cernícalos, lechuzas, azores ratoneros, gavilanes, chotacabras o alondras.
El Parque Natural de los Montes de Málaga es un espacio amplio, de gran extensión, de riquísimo ecosistema y muy visitado por los habitantes de la capital. Ocupa un total de 4.995 hectáreas, de las cuales el 96% pertenecen a Málaga y el restante 4% a Colmenar y Casabermeja.
La visita de hoy nos llevará a conocer el Lagar de Torrijos y sus inmediaciones, para descubrir después la zona del Aula de las Contadoras y llegar hasta el mirador de Pocopán.
El Lagar de Torrijos y su entornoAscendemos, ascendemos, serpeamos entre las curvas de la carretera vieja de Colmenar. Dejamos atrás la ciudad, las primeras ventas, el eco de la ciudad. El paisaje, cada vez más apretado de pinos, perfumado de bosque, asciende y asciende. Aparece, tras un buen trecho colmado de vueltas y revueltas, reposada en una curva, la Fuente de la Reina, junto a un bar en el que una manada de motocicletas reposa el desayuno, como antiguas mulas de arrirero. Continuamos el ascenso, hasta que una indicación a la
izquierda señala Ecomuseo Lagar de Torrijos. Hemos bordeado el límite del parque natural y ahora, nos adentramos de lleno en él. Circulamos por una pista asfaltada, estrecha, que desciende hasta el corazón mismo del verde. Se pintan aquí y allá los colores del otoño. Ocres y naranjas y marrones. Descendemos hasta el fondo del valle tras dos kilómetros de recorrido y estacionamos el vehículo. Abrimos la puerta y una vaharada de intenso aroma a tierra húmeda nos saluda, a pinar vivo, a bosque. No se asoma el
lagar hasta caminar tras una ligera curva.
Se mantiene, blanco e incólume, entre los colores ocres del otoño. Es un edificio de rasgos poligonales, casi cúbicos, que vive en el aliento del bosque como un ser más de los Montes. Único lagar que se mantiene en pie entre los cientos que había antes de la llegada de la temible filoxera en el siglo XIX, que terminó con el tradicional cultivo de la vid en la zona. El Lagar de Torrijos es un lugar vivo, dinámico, es uno de los dos puntos de referencia del parque natural junto con el Aula de Naturaleza de las Contadoras.
La empresa Educare Aventura (www.educare-aventura.com) es la responsable de que este edificio de 1843 se mantenga en funcionamiento. Desde aquí se organizan visitas guiadas para grupos y escolares, rutas de senderismo, talleres de elaboración de pan artesanal, múltiples actividades que ayudan a conservar el entorno, rico en bosques umbríos y en murmullos de agua. Toda la información, horarios de apertura, índice de actividades etc, se pueden consultar en la página web de la empresa
Tal y como se apunta en uno de los paneles informativos, “Un lagar es literalmente, una casa cuya parte principal se destina a la elaboración de vinos, predominando el elemento funcional sobre la comodidad. El Lagar de Torrijos no solo es un prototipo de las edificaciones típicas de los montes, sino que además en él tendrás la oportunidad de contemplar algunos de los instrumentos, máquinas y aperos empleados en las labores agrícolas y de transformación que constituían la base económica de la población de este territorio. El Lagar de Torrijos se ha conservado hasta nuestros días con todos sus detalles. El lagar propiamente dicho, con su prensa de viga en su parte más accesible de la casa (para facilitar la entrada de las uvas), la sala de fermentación, la bodega, los hornos de pan (donde se cocía un pan cateto riquísimo), el molino de aceite, etc. y la parte superior de la construcción que se destinaba a vivienda”. Entramos, tocamos, observamos. Huele a
pan. En el horno late el color cobrizo de las brasas, que parece respirar de manera propia. Con la ayuda de Gabriel, el responsable del lagar, nos ubicamos en tiempo y espacio, en la necesidad de conservar el patrimonio etnográfico como muestra del pasado reciente, el patrimonio natural y el entorno como una promesa del futuro próximo. Charlamos. Un grupo entra. Tiramos una, dos, cinco fotografías. El lagar está en impecable estado de revista y su colección de aperos y útiles es rica y original. Paseamos por sus
diferentes estancias y nos asombra la temible envergadura de la viga de prensa principal. Hacemos un ejercicio imaginativo, y no resulta difícil ponerse en situación. Dibujar un arriero con su reata de mulas, de burras, de pollinos cargados los cestos de uva recién cortada, dejar que transite por estos pagos, que se lleve a la mano las herramientas. Imaginamos.
Salimos del recinto y descendemos hasta el cauce del río. Es este un lugar magnífico. El entorno del lagar está rodeado de una zona recreativa concurrida los fines de semana, además de una zona de acampada libre organizada (una de las tres que hay en el interior del parque, las otras dos se encuentran en la zona de El Cerrado). Recorremos alguno de los senderos. Este es un lugar magnífico. El murmullo del arroyo, el crujido del alfombrado de hojas secas bajo nuestras pisadas, el trino distraído de los pájaros, los pasos de una pareja de senderistas que saludan y continúan su camino. Precisamente desde aquí parte un sendero que es columna vertebral del parque y que comunica el Lagar de Torrijos con el llano de las Contadoras, del que parten, dos senderos más, en cinco kilómetros que transcurren entre la sombra del bosque apretado. Mesas de madera dispuestas para recibir a un grupo de scouts del que vemos su bandera y sus tiendas de campaña y al que encontraremos algo más tarde en nuestro recorrido por los montes.
El Aula de las Contadoras y el Mirador del PocopánAdemás de por el interior y gracias al sendero antes mencionad, también se puede acceder hasta el Llano de las Contadoras en coche. Partiendo de la Fuente de la Reina un panel nos indica la presencia del Aula de las Contadoras a dos kilómetros de distancia. No tiene pérdida. Una pista nos acercará hasta el monolito del lugar, otro de los emblemas del parque, ya que se erigen en los lugares considerados importante cruce de caminos e indican las direcciones y distancias hasta puntos destacados como antiguos lagares, casas, miradores e incluso hacia las poblaciones de Colmenar o Casabermeja. Estacionamos. Dentro de las varias posibilidades que nos ofrece el parque desde aquí hemos optado por realizar el camino que nos llevará hasta el Mirador del Pocopán, por ser la ubicación de este un cerro alto y casi aislado que permitirá tener una visión circular no solo del parque
natural, sino también de algunas de las más importantes sierras de Málaga. Es un recorrido lineal de ida y vuelta con 2,5 kilómetros de longitud, que transcurre por pista de tierra compacta, de dificultad media y que se puede realizar en aproximadamente una hora y media.
Antes de iniciar el camino, es necesaria hacer una referencia al Aula de las Contadoras. Tal y como se indica en su página web (www.contadoras.org), “El Aula de las Contadoras es un Centro de Educación Ambiental de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía gestionado por la Sdad. Coop. And. Aula de la Naturaleza Montes de Málaga. Las instalaciones cuentan con calefacción, chimeneas, piscina, laboratorio, pista deportiva, salas audiovisuales, cocina y comedor”. En sus dependencias se desarrollan diversos programas destinados a la preservación del medio ambiente con escolares, formación de voluntariado ambiental, cursos de fin de semana, etc. Desde el hito del llano se
puede acceder hasta sus instalaciones. En su web se encuentra toda la información, contactos y actividades del centro.
Precisamente, para llegar hasta el Mirador de Pocopán, tenemos que dejar el camino que lleva hasta el aula a la izquierda y continuar por un tramo de pista perfectamente accesible.
El paseo es tranquilo y gratamente concurrido, sin estar masificado. Discurre por un carril de pista transitado por grupos y parejas de ciclistas, por algunos rápidos andariegos y por el grupo de scouts que pernocta en las inmediaciones del Lagar de Torrijos. Precisamente, nos hemos cruzado con ellos en el Llano de las Contadoras, han recorrido caminando el sendero desde el lagar y van a realizar nuestro mismo itinerario hasta el Mirador de Pocopán.
El bosque se aprieta en las riberas de la senda, un bosque de color verde vivo, brillante por el rocío de la mañana, casi esmeralda. Nos permite entrever las colinas próximas que desciende progresivamente, sin producir cortes radicales en el paisaje, suavizando el horizonte en el que brilla el mar y se mueven las grúas del Puerto de Málaga. Entre los árboles se vislumbra el conjunto del Aula de las Contadoras, como un refugio para caminantes al abrigo de los pin
ares. – Buenas, buenas, hola, hola, buen día, buen día.- Nos cruzamos con otros senderistas. Crujen la botas sobre la grava. Cuán distintos paisajes nos ofrece el parque natural. El más umbrío y cerrado del entono de Torrijos, con este más luminoso. Un contraste que se complementa a la perfección y que ofrece dos rostros del mismo espacio.
Sobre una colina, divisamos la casa que marca el Mirador del Pocopán. Se encuentra a una altura considerable y para llegar hasta él habrá que tomar la senda de un cortafuegos. Precisamente para evitar incendios devastadores, también se observan los resultados de las tareas de limpieza, en las que se desbroza el matorral para evitar cobijos a las llamas y se mantienen las anchas avenidas de los cortafuegos como vastos cinturones de seguridad. Se talan algunos árboles para evitar males mayores. Más aguerridos ciclistas, un buen grupo que se espera. Algunos de ellos, sentados, toman barritas energéticas para recuperar fuerzas. Escuchamos las voces apagadas de los scouts unos cuantos metros por detrás de nosotros.
Para ascender hasta el mirador tenemos que tomar la senda del cortafuegos. Para la subida es el mejor de los dos posibles caminos, sin embargo, para el descenso recomendamos que se baje por la parte de atrás, algo menos pronunciada y sin piedra suelta para evitar alguna caída.
Las vistas son inmejorables. Rodeado de encinas, con las huellas leves del ganado ovino y caprino formando estrechos hilos de senda, se abre ante nosotros un mirador espectacular, desde el que se divisa gran parte de la Bahía de Málaga, el Puerto de las Pedrizas, las sierras de Jobo y Camarolos, las sierras Gorda y de San Jorge, los tajos de Gomer y Doña Ana, la sierra de las Cabras, el Torcal, la sierra de las Chimeneas y la del Valle de Abdalajís.
Se sitúa el mirador al abrigo de una casa, con una altura de 853 metros y en una colina casi aislada del resto, lo que permite tener una visión de 360º sobre el parque natural. La panorámica es espectacular. Hacia el sur, espejea el Mediterráneo que baña las costas de la provincia con su embate suave y caprichoso, hacia el este, el oeste y el norte, el arco calizo de Málaga, las moles graníticas que cortan barrancos y configuran el paisaje y el paisanaje. Nos sentamos, contemplamos. No queremos regresar, pero el aroma de los pucheros y del plato de los montes en las ventas tiene también un influjo poderoso, como un sortilegio.
Despedida
El sol se abate muellemente sobre el mar, con una cadencia de lentos compases, como en un baile sutil y ligero. En el recorrido tiñe de púrpuras y naranjas el cielo que hasta ese momento era azul. Poniente es una fiesta de colores y sobre levante comienza a pintarse un velo oscuro de noche. Las luces capitalinas comienzan a titilar, con timidez, casi una a una, y dibujan un nuevo mapa sobre la bahía. Reina el silencio en el mirador del Pocopán, la espalda apoyada sobre la pared, aún caliente, de la caseta de cuento que se yergue en su cima. El atardecer desde aquí es solo para nosotros. No se puede fotografiar, hay que venir a vivirlo.
Enlaces de interés y consejos útilesGastronomía: Para poner colofón a la ruta es perentorio degustar cualquiera de los paltos de cuchara que se ofrecen en las múltiples ventas que salpican la carretera vieja de Colmenar. Puchero, coles, callos, la variedad es finita pero deliciosa y contundente. Pero si hay algo que destaca es el nada calórico Plato de los Montes, que después de un buen recorrido senderista es de muy buen apreciar. Es variado y depende de la venta, pero tiene el denominador común de lo nada sobrio. El Plato de los Montes suele llevar lomo en manteca colorá, acompañado de patatas fritas, chorizo, huevo frito, morcilla y pimientos fritos, entre otros. Se dice que tiene su origen a finales del siglo XIX y principios del XX, en la comida enérgica que se ofrecía a los arrieros que cruzaban los montañosos accesos a la capital con sus burros y mulas cargadas. Se ha transformado en un clásico de los domingos de otoño e invierno, cuando las ventas se transforman en un hervidero de gentes, deseosas de degustar tan deliciosa contundencia.
Enlaces de interés: Toda la información aparece en la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol Occidental y en la web especializada de la Junta de Andalucía, la Ventana del Visitante. Los ayuntamientos de Málaga, Colmenar y Casabermeja lo incluyen en sus webs. en las entradas correspondientes a los tres municipioso en este blog también se puede encontrar información útil para su visita, gastronomía, patrimonio histórico y cultural , actividades, rutas senderistas, etc.
Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.
Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural Protegido.
Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande
EN / 17 MONTES DE MÁLAGA: Corazón verde
martes, 29 de noviembre de 2011
Publicado por Israel Olivera en 0:01 2 comentarios
Etiquetas: Casabermeja, Colmenar, Málaga, Montes de Málaga, Parque Natural, plato de los montes, Rutas mountain bike, rutas senderistas, senderismo, turismo activo
56 COLMENAR: DE MIELES Y MIESES
martes, 4 de mayo de 2010
Antes de arribar nos llegan sus perfumes, aroma de aulagas y azahares y tomillos. También resuena en nuestras lecturas el pálpito de esta localidad que es corazón de los Montes de Málaga. Degustamos el sabor de su nombre y el ambarino producto de las abejas que Colmenar le nombró. Pintamos en la imaginación su virgen isleña, tan lejos de su condición insular. Y nos remitimos a su pasado y su presente que le encumbró como cruce de caminos natural entre la Axarquía y la campiña antequerana. Visitamos Colmenar, la del escudo con un almiar en su centro y siete abejas zumbando en derredor.
El paisajePosee el paisaje que circunda Colmenar la esencia primera de tres comarcas malagueñas. Aúna el campo cerealista de la antequerana, la abrupta sinuosidad de la axárquica y la rotunda severidad de los Montes de Málaga. Así, las lomas suaves se transmutan en serios barrancos y estos en campos sembrados que verdean en primavera. Se otean en el horizonte que se vierte hacia la Axarquía los picos más altos de todas sus cimas. Privilegiado enclave el de Colmenar que vive con naturalidad esta condición tridimensional que le confiere su ubicación, por otra parte, estratégica.
La calle de las flores Hemos estacionado al comienzo del casco urbano, llegando desde la carretera de Casabermeja, un tanto lejos del centro, pero esto nos va a permitir hacernos una idea de cómo está constituido Colmenar. Descendemos por la calle Camino de Málaga, y observamos que el municipio se asienta sobre dos colinas, la primera de ellas donde nos encontramos nosotros y la segunda, más antigua, donde se sitúa la iglesia y algo más arriba la ermita.
Por su parte, la calle Camino de Málaga es una avenida rematada de arriates culminados en geranios rosas, blancos y rojos, una calle festoneada por una balaustrada de ladrillo visto en la que destacan las coloridas macetas en las que viene estampado el nombre de la localidad. Las casas poseen la estructura que ya hemos reconocido en la comarca de Antequera o en la del Guadalteba. Dos plantas, puerta con zaguán, estructura de patio interior umbrío, ventanas y puertas con rejas de forja... Descendemos hasta la continuación de Calle Camino de Málaga con calle Ñora, una plazuela, cruce de calles, una de las vías principales de Colmenar. En el centro de la misma se sitúa una escultura que representa a un hombre acompañado de un niño. Es uno de los hijos ilustres de la localidad, Don Alfonso Medina, que fue el promotor de la obra "benéfico-docente, Orfanato de Jesús y Candelaria, Fundación Molina-Padilla".
Hacia la iglesiaPara ascender hacia la iglesia tenemos que girar a la derecha por la estrecha calle Pescadería, que tiene una historia. Nació como calle Platería, pero tras la guerra civil se le cambió el nombre por el de Italia, debido a que en la contienda fue en este lugar donde estuvieron acampadas las tropas italianas. Más tarde pasó a llamarse Sánchez Platero en honor a un párroco muy querido por sus vecinos. En la actualidad responde a su primigenio nombre de Pescadería. En nuestro caminar observamos pronto cuál es uno de los motores económicos de Colmenar, el embutido artesano. Proliferan las tiendas con este título y exhiben sus productos naturales en sus escaparates como reclamo al público. No en vano, los embutidos son de tal calidad en estas tierras que en diciembre se celebra el Día del
Mosto y la Chacina donde además de las consabidas degustaciones gastronómicas se recibe al visitante al son de verdiales y de flamenco, habilitándose una ruta tapera en la que degustar los mejores platos colmenareños. Seguimos adelante hasta llegar, ascendiendo a la Taberna de Flores, donde giraremos a la derecha para llegar hasta la iglesia. Resulta Colmenar un pueblo tranquilo, silencioso, que transita arriba y abajo entre sus dos
colinas, acomodándose a las subidas y bajadas del terreno. Llegamos hasta la plaza de la iglesia, donde se encuentra la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. En 1566 se lleva a cabo en la parroquia el primer bautizo, a la niña Catalina, hija de Rodrigo de Alonso y Catalina López. Es un edificio que más parece una fortificación que una iglesia, debido al aspecto que ha tomado con el transcurso de los años y los diferentes arreglos, obras y añadidos que ha vivido. Pese a todo es un templo robusto y curioso pintado en color blanco con algunos ribetes crema. Su interior consta de tres naves divididas por arcos de medio punto. Posee tres camarines, uno de ellos, de un barroquismo exagerado.
Hacia al ermitaRetomamos el camino andado hasta la Taberna de los Flores y si antes habíamos girado a la derecha, ahora habremos de tomar el camino hacia la izquierda, empedrado, y que nos muestra una cuesta, cuando menos, seria, así que habrá que templar el ánimo. Discurrimos por sus calles traspasados por la vida cotidiana de los colmenareños y colmenareñas que realizan sus labores, paseos, trabajos... Saludan quedamente y nos señalan el mejor camino para rematar
la llegada a la ermita. Llegamos, poco a poco hasta el punto más alto del pueblo, la ermita de la Candelaria, curiosamente, culto procedente de las Islas
Canarias y es que la leyenda cuenta que en el año 1700, unos marineros canarios que se encontraban en el Mediterráneo faenando padecieron una terrible tormenta que a punto estuvo de desarbolar su barco. Alzaron en esa noche aciaga plegarias a la virgen Candelaria, procedente de su
tierra para que les salvara y de ser así construirían en los montes que vislumbraban desde la embarcación una ermita para su culto. Así fue. La leyenda parece refrendada con una popular canción colmenareña que dice "Saliste de las Canarias/con gran acompañamiento/pasaste por tierras varias/hasta llegar al convento/Virgen de la Candelaria". La realidad nos cuenta que es una edificación sencilla, de una sola nave, construida en el siglo XVII. Lo mejor, quizá, de la ermita sea su ubicación. Desde este atalaya natural se pueden contemplar hacia el oeste los contundentes Montes de Málaga, recios, seriamente plantadas, con una altitud creciente; hacia el este, la Axarquía más occidental, con sus lomas y barrancos abruptos, tajos cortados a pico que descienden casi hasta el nivel del mar. Hoy la bruma nos empaña un tanto la vista, pero vislumbramos Riogordo en el fondo de un valle y tras él las primeras estribaciones de La Maroma, pico más alto de la provincia de Málaga. Nos sentamos en uno de los bancos de forja que rodean la ermita y dejamos que la brisa nos mezca. Suenan, algo más abajo, las llamadas de la torre campanario de la parroquia de la Asunción, a la que acompañan el trinar indolente de algunos pájaros. Hasta nosotros llega la fragancia del azahar, dulce y fresco, como una certificación de la primavera.
Despedida
Dejamos atrás Colmenar y serpenteamos por la antigua carretera de Málaga. Los campos sembrados de trigo aún verde se asemejan a un mar de sargazos con sus ondulaciones. No podemos resistir la tentación. Paramos en una de las curvas y echamos la vista atrás. Nos sumergimos en uno de ellos, rozando con la yema de los dedos los trigales verdes. Sólo se escucha el rumor del viento.
Enlaces de interés y consejos útilesSenderismo: Su ubicación estratégica hace que la práctica del senderismo sea uno de los mejores recursos turísticos de Colmenar en la página web del ayuntamiento nos muestran cuatro posibilidades e incluyen una mapa esquemático de las mismas. La primera de ellas nos lleva al nacimiento del Río Guadalmedina que con cuatro kilómetros y medio de recorrido y un desnivel del cinco por ciento ofrece al senderista la posibilidad de conocer de primera mano las sonoridades del nacimiento de este río. La ruta transcurre por la conocida como Dorsal Bética, entre caminos abiertos por el ganado hasta llegar a una vaguada donde se parecía el eco del río Guadalmedina. En el camino, el senderista podrá reposar y refrescarse en los Llanos de Marchena, donde abundan las fuentes y el agua cristalina. La segunda ruta es la del Chamizo que con un desnivel del 11 por ciento tiene una duración aproximada de tres horas y media. En el transcurso de la misma se pueden encontrar liebres, topos, jabalíes o cabras hispánicas, además de otearse buitres y águilas. La tercera propuesta es la Ruta de Solano de seis kilómetros de distancia y dos horas y media aproximadas de duración. La particularidad de esta ruta reside en los restos arqueológicos que se hallan a lo largo de la misma. Al final del camino el senderista encontrará una masa granítica rectangular que es la que le da nombre, Mesa de Solano. La cuarta opción es la Ruta de la Molina, que además de un contrastado atractivo paisajístico, también lo tiene histórico, ya que transcurre entre cortijos como “La Molina” o “Napolín”, del siglo XVIII. El camino ocupa una antigua Cañada Real que unía Alhama con Antequera y que era paso natural y obligado de todo el ganado que transitaba entre las provincias de Granada y Málaga.
Enlaces de interés: tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, así como la web municipal de Colmenar y la web Axarquía Costa del Sol.
Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.
Publicado por Israel Olivera en 0:01 5 comentarios
Etiquetas: Antequera, Axarquía, chacina, Colmenar, comarca antequerana, embutido, ermita, Guadalteba, guerra civil, iglesia, malagueña, Miel, Montes de Málaga