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73 VILLANUEVA DE TAPIA: RUMOR DE POEMAS

martes, 31 de agosto de 2010

Cantan y repentizan y con las palabras construyen castillos, edifican historias, amalgaman las anécdotas reales o inventadas de sus vidas. Villanueva de Tapia canta e improvisa, versa lo más versado y crea nuevas estrofas que se cuelan entre los olivares. Villanueva de Tapia está declarada como la capital mundial de la poesía oral improvisada y ese emérito galardón parece bruñir de palabras sus calles.

Los olivos

Se sitúa el caserío de Villanueva de Tapia sobre la ladera de una colina que desciende con suavidad hasta un valle ungulado trufado de olivares. Si en la vecina Villanueva de Algaidas la tierra nutriente de los olivos era rojiza y parda, en Villanueva de Tapia es blanca, blanquísima e inmaculada. Todos los campos que conforman el término municipal son una amplia extensión de olivar, donde conviven los árboles más nuevos, más rectos y envarados, de hileras separadas para su mejor recolección mecánica, con los árboles más viejos, sarmentosos y retorcidos, con el peso de los años a su espalda que los comban y achaparran, su plantación es más frondosa e irregular, más confusa y menos rectilínea.


La llegada

Estacionamos en la plaza de España, frente a la iglesia de San Pedro Apóstol, un edificio que, pese a su aire de modernidad (sobrio, austero, de ladrillo visto rojo intenso) se construyó en el siglo XVII aunque se reformó en profundidad en el siglo XVIII y a finales del XIX, cuando se reedificó la fachada. En su interior, el templo recoge, pormenorizadamente la vida de Villanueva de Tapia. Un archivo excelentemente bien conservado data los empadronamientos y libros de bautismos y matrimonios de la localidad desde 1626. El trazado de Villanueva de Tapia es un conjunto de calles envaradas, levemente curvas que enmarcan el casco urbano entre dos o tres paralelas, dejando que el resto se descuelguen de ellas. Responde la arquitectura popular a la querencia antequerana que nos habla de casas de dos alturas, de techos altos, zaguanes de colorida solería, patios interiores hechos de sombras, y ventanas y balcones enrejados. Se pueden contemplar algunas fachadas diociochescas, producto de su despegue económico en esa época. Tomamos la avenida de Andalucía, artería principal de Villanueva en la que se encuentran todos los servicios (tiendas, cafeterías y bares, cajeros automáticos, mercados de abastos, ayuntamientos, centro de salud) y que es arteria principal del municipio.


Cante de Poetas

Antes de comenzar nuestra andadura, observamos en la esquina que une la plaza de España con la calle Andalucía una placa que indica: “En esta plaza se celebró el X Encuentro-Festival Iberoamericano de la Décima, coincidiendo con el II Festival Internacional de Cantes de Poetas. Con este motivo Villanueva de Tapia fue declarada Capital Mundial de la Poesía Oral Improvisada. 12 de julio de 2001”. Indagamos algo más sobre este peculiar asunto y encontramos en la página web cantedepoetas.com una explicación acerca del origen de este certamen. “Los investigadores del fenómeno de la improvisación poética suelen definir una "zona de cante de poetas" entre las provincias de Málaga, Córdoba y Granada. En ella se encuentran inmersos municipios de ancestral tradición como Priego, Loja, Iznajar, Villanueva de Algaidas y Villanueva de Tapia, la Capital Mundial de la Poesía Improvisada durante un mágico fin de semana de julio de cada año desde el 2001. ¿Cómo ha llegado este municipio a ser reconocido de esa manera? Un largo proceso aderezado con mucho arte, tradición y un nombre propio: Gerardo Páez "el Carpintero". Denominado por unos "el poeta del pueblo", embajador de Villanueva de Tapia en el mundo poético, “el Carpintero” es un símbolo del municipio, poseedor de una amplia trayectoria bien conocida en los alrededores como trovero, improvisador, poeta. Sucesivos viajes por la geografía andaluza le llevaron un verano de 1993 a Adra, donde se presentó a la élite del trovo cubano. Una invitación de estos lo llevó a viajar a Cuba, al Festival Iberoamericano de la Décima de Las Tunas (1997). Al año siguiente, otro nuevo viaje y escala en Gran Canaria. Y en 1999, nuevo salto a Iberoamérica y nos lo encontramos en San Luis Potosí, México. Fueron, en definitiva, encuentros, visitas e intercambios decisivos en la forja de una idea: un Festival Internacional de Cante de Poetas, a celebrar en su pueblo, en su casa. El Carpintero fue su principal impulsor, una referencia mundial para los amantes de este arte”. De este modo fue en el año 2001 cuando Villanueva de Tapia acogió por primera vez en el mes de julio su I Festival Internacional de Cante de Poetas. En la propia web de cantedepoetas se pueden contemplar algunas fotografías del festival además de numerosos vídeos del mismo que nos permiten conocer algo más acerca de este arte de la poesía oral improvisada. Éste es un ejemplo.



Hasta la fuente y por la ermita

Tomamos la avenida de la Constitución por la hasta llegar al parque, lugar de encuentro de los tapienses gracias a la sabia sombra que proyectan una tupida red de árboles. Charla un grupo de mayores y se oyen ecos de fútbol y algo de política, críticas hacia algún personaje televisivo y alusiones al tiempo y al campo. Hablar pausado, sosegado, con cierto deje cordobés en alguno de los acentos. Los hombres reposan sobre los bancos y charlan animadamente, también un grupo de adolescentes. En la parte superior del parque se encuentra la ermita de la Virgen de Gracia, un edificio sencillo y recoleto, minúsculo, delante del cual se sitúan cuatro cirios encendidos y en cuyo interior se observan algunos exvotos. Salimos del parque y retomamos de nuevo la avenida de la Constitución para dirigirnos a la fuente de los Allalantes, una sencilla fuente de tres caños, pero que guarda una historia, ya que fue la primera que se construyó en el municipio “sirviendo para abastecer a los vecinos de esta villa. En el año 1795 una riada destruye el puente que conducía a la misma reparándolo el maestro de albañilería Juan García. Villanueva de Tapia. IV Centenario 1602-2003”. En la parte superior del municipio existe un lavadero público, que pese a no tener excesivo interés arquitectónico, sí lo puede tener social, ya que en el murmullo del agua que recorre sus caños parece escucharse la voz de Villanueva de Tapia contando su propia historia.

Despedida


Paramos y descendemos del coche. Nada se oye salvo el susurro de las ramas de los olivos rozando unas sobre otras y entre ellas parece llegar hasta nosotros una voz lejana y antigua. Susurran voces, voces de cantes y cantos, voces que transportan estrofas y versos, voces de acentos diversos y variados, voces que hablan de lo cotidiano, voces que relatan lo extraordinario, voces de poetas, versos improvisados…

Enlaces de interés y consejos útiles

Fiestas: Si necesitáramos una disculpa para visitar Villanueva de Tapia, el calendario podría hacerse pequeño, tal es el ímpetu con el que los tapienses organizan sus eventos, concentrando en sus 1700 habitantes diversas ferias y fiestas con las que agradar al vecino y al visitante. Si ya hemos mencionado el Festival Internacional de Cante de Poetas que se Celebra el tercer fin de semana de julio, no son menos destacables los siguientes eventos.
Real Feria de Ganado: Se celebra desde 1869 y está declarada como fiesta de Singularidad Turística Provincial. Desde hace unos años, se está llevando a cabo una labor de recuperación y potenciación de la feria, a la que se le suma el tradicional mercado de ganado, al que acude gran variedad de razas, exhibición de burros y bueyes, concurso morfológico de razas caprinas. Paralelamente, se celebra una gran feria comercial a base de productos agroalimentarios de empresas de la localidad y de la comarca
Concurso Gastronómico del Chivo Lechal Malagueño: Se incluye dentro de las celebraciones de la Real Feria del Ganado. Durante el concurso los participantes elaboran diversas recetas y platos en los que el ingrediente principal debe ser el chivo. En el concurso participan, además de particulares, restaurantes y alumnos y alumnas de diversas escuelas de hostelería de la provincia de Málaga.
Día del Salmorejo: A mediados del mes de agosto Villanueva de Tapia celebra el Día del Salmorejo, donde se rinde homenaje a este plato típico a través de una degustación popular que se lleva a cabo en la plaza de la Iglesia. En esta jornada se elaboran más de 250 kilogramos de salmorejo que se acompaña de 2.000 kilogramos de chorizo asado. La fiesta termina con música y baile.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la web municipal de Villanueva de Tapia. Destacamos además la página web Cantedepoetas por ser la oficial del certamen.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

56 COLMENAR: DE MIELES Y MIESES

martes, 4 de mayo de 2010


Antes de arribar nos llegan sus perfumes, aroma de aulagas y azahares y tomillos. También resuena en nuestras lecturas el pálpito de esta localidad que es corazón de los Montes de Málaga. Degustamos el sabor de su nombre y el ambarino producto de las abejas que Colmenar le nombró. Pintamos en la imaginación su virgen isleña, tan lejos de su condición insular. Y nos remitimos a su pasado y su presente que le encumbró como cruce de caminos natural entre la Axarquía y la campiña antequerana. Visitamos Colmenar, la del escudo con un almiar en su centro y siete abejas zumbando en derredor.

El paisaje

Posee el paisaje que circunda Colmenar la esencia primera de tres comarcas malagueñas. Aúna el campo cerealista de la antequerana, la abrupta sinuosidad de la axárquica y la rotunda severidad de los Montes de Málaga. Así, las lomas suaves se transmutan en serios barrancos y estos en campos sembrados que verdean en primavera. Se otean en el horizonte que se vierte hacia la Axarquía los picos más altos de todas sus cimas. Privilegiado enclave el de Colmenar que vive con naturalidad esta condición tridimensional que le confiere su ubicación, por otra parte, estratégica.

La calle de las flores

Hemos estacionado al comienzo del casco urbano, llegando desde la carretera de Casabermeja, un tanto lejos del centro, pero esto nos va a permitir hacernos una idea de cómo está constituido Colmenar. Descendemos por la calle Camino de Málaga, y observamos que el municipio se asienta sobre dos colinas, la primera de ellas donde nos encontramos nosotros y la segunda, más antigua, donde se sitúa la iglesia y algo más arriba la ermita. Por su parte, la calle Camino de Málaga es una avenida rematada de arriates culminados en geranios rosas, blancos y rojos, una calle festoneada por una balaustrada de ladrillo visto en la que destacan las coloridas macetas en las que viene estampado el nombre de la localidad. Las casas poseen la estructura que ya hemos reconocido en la comarca de Antequera o en la del Guadalteba. Dos plantas, puerta con zaguán, estructura de patio interior umbrío, ventanas y puertas con rejas de forja... Descendemos hasta la continuación de Calle Camino de Málaga con calle Ñora, una plazuela, cruce de calles, una de las vías principales de Colmenar. En el centro de la misma se sitúa una escultura que representa a un hombre acompañado de un niño. Es uno de los hijos ilustres de la localidad, Don Alfonso Medina, que fue el promotor de la obra "benéfico-docente, Orfanato de Jesús y Candelaria, Fundación Molina-Padilla".

Hacia la iglesia

Para ascender hacia la iglesia tenemos que girar a la derecha por la estrecha calle Pescadería, que tiene una historia. Nació como calle Platería, pero tras la guerra civil se le cambió el nombre por el de Italia, debido a que en la contienda fue en este lugar donde estuvieron acampadas las tropas italianas. Más tarde pasó a llamarse Sánchez Platero en honor a un párroco muy querido por sus vecinos. En la actualidad responde a su primigenio nombre de Pescadería. En nuestro caminar observamos pronto cuál es uno de los motores económicos de Colmenar, el embutido artesano. Proliferan las tiendas con este título y exhiben sus productos naturales en sus escaparates como reclamo al público. No en vano, los embutidos son de tal calidad en estas tierras que en diciembre se celebra el Día del Mosto y la Chacina donde además de las consabidas degustaciones gastronómicas se recibe al visitante al son de verdiales y de flamenco, habilitándose una ruta tapera en la que degustar los mejores platos colmenareños. Seguimos adelante hasta llegar, ascendiendo a la Taberna de Flores, donde giraremos a la derecha para llegar hasta la iglesia. Resulta Colmenar un pueblo tranquilo, silencioso, que transita arriba y abajo entre sus dos colinas, acomodándose a las subidas y bajadas del terreno. Llegamos hasta la plaza de la iglesia, donde se encuentra la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. En 1566 se lleva a cabo en la parroquia el primer bautizo, a la niña Catalina, hija de Rodrigo de Alonso y Catalina López. Es un edificio que más parece una fortificación que una iglesia, debido al aspecto que ha tomado con el transcurso de los años y los diferentes arreglos, obras y añadidos que ha vivido. Pese a todo es un templo robusto y curioso pintado en color blanco con algunos ribetes crema. Su interior consta de tres naves divididas por arcos de medio punto. Posee tres camarines, uno de ellos, de un barroquismo exagerado.

Hacia al ermita

Retomamos el camino andado hasta la Taberna de los Flores y si antes habíamos girado a la derecha, ahora habremos de tomar el camino hacia la izquierda, empedrado, y que nos muestra una cuesta, cuando menos, seria, así que habrá que templar el ánimo. Discurrimos por sus calles traspasados por la vida cotidiana de los colmenareños y colmenareñas que realizan sus labores, paseos, trabajos... Saludan quedamente y nos señalan el mejor camino para rematar la llegada a la ermita. Llegamos, poco a poco hasta el punto más alto del pueblo, la ermita de la Candelaria, curiosamente, culto procedente de las Islas Canarias y es que la leyenda cuenta que en el año 1700, unos marineros canarios que se encontraban en el Mediterráneo faenando padecieron una terrible tormenta que a punto estuvo de desarbolar su barco. Alzaron en esa noche aciaga plegarias a la virgen Candelaria, procedente de su tierra para que les salvara y de ser así construirían en los montes que vislumbraban desde la embarcación una ermita para su culto. Así fue. La leyenda parece refrendada con una popular canción colmenareña que dice "Saliste de las Canarias/con gran acompañamiento/pasaste por tierras varias/hasta llegar al convento/Virgen de la Candelaria". La realidad nos cuenta que es una edificación sencilla, de una sola nave, construida en el siglo XVII. Lo mejor, quizá, de la ermita sea su ubicación. Desde este atalaya natural se pueden contemplar hacia el oeste los contundentes Montes de Málaga, recios, seriamente plantadas, con una altitud creciente; hacia el este, la Axarquía más occidental, con sus lomas y barrancos abruptos, tajos cortados a pico que descienden casi hasta el nivel del mar. Hoy la bruma nos empaña un tanto la vista, pero vislumbramos Riogordo en el fondo de un valle y tras él las primeras estribaciones de La Maroma, pico más alto de la provincia de Málaga. Nos sentamos en uno de los bancos de forja que rodean la ermita y dejamos que la brisa nos mezca. Suenan, algo más abajo, las llamadas de la torre campanario de la parroquia de la Asunción, a la que acompañan el trinar indolente de algunos pájaros. Hasta nosotros llega la fragancia del azahar, dulce y fresco, como una certificación de la primavera.

Despedida


Dejamos atrás Colmenar y serpenteamos por la antigua carretera de Málaga. Los campos sembrados de trigo aún verde se asemejan a un mar de sargazos con sus ondulaciones. No podemos resistir la tentación. Paramos en una de las curvas y echamos la vista atrás. Nos sumergimos en uno de ellos, rozando con la yema de los dedos los trigales verdes. Sólo se escucha el rumor del viento.


Enlaces de interés y consejos útiles

Senderismo: Su ubicación estratégica hace que la práctica del senderismo sea uno de los mejores recursos turísticos de Colmenar en la página web del ayuntamiento nos muestran cuatro posibilidades e incluyen una mapa esquemático de las mismas. La primera de ellas nos lleva al nacimiento del Río Guadalmedina que con cuatro kilómetros y medio de recorrido y un desnivel del cinco por ciento ofrece al senderista la posibilidad de conocer de primera mano las sonoridades del nacimiento de este río. La ruta transcurre por la conocida como Dorsal Bética, entre caminos abiertos por el ganado hasta llegar a una vaguada donde se parecía el eco del río Guadalmedina. En el camino, el senderista podrá reposar y refrescarse en los Llanos de Marchena, donde abundan las fuentes y el agua cristalina. La segunda ruta es la del Chamizo que con un desnivel del 11 por ciento tiene una duración aproximada de tres horas y media. En el transcurso de la misma se pueden encontrar liebres, topos, jabalíes o cabras hispánicas, además de otearse buitres y águilas. La tercera propuesta es la Ruta de Solano de seis kilómetros de distancia y dos horas y media aproximadas de duración. La particularidad de esta ruta reside en los restos arqueológicos que se hallan a lo largo de la misma. Al final del camino el senderista encontrará una masa granítica rectangular que es la que le da nombre, Mesa de Solano. La cuarta opción es la Ruta de la Molina, que además de un contrastado atractivo paisajístico, también lo tiene histórico, ya que transcurre entre cortijos como “La Molina” o “Napolín”, del siglo XVIII. El camino ocupa una antigua Cañada Real que unía Alhama con Antequera y que era paso natural y obligado de todo el ganado que transitaba entre las provincias de Granada y Málaga.
Enlaces de interés: tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, así como la web municipal de Colmenar y la web Axarquía Costa del Sol.

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51 CANILLAS DE ALBAIDA: BLANCO SOBRE BLANCO

martes, 30 de marzo de 2010

Albaida. Blanco. Inmaculado. Albaida en árabe se traduce como blanco, inmaculado. Se asemeja así Canillas de Albaida a una pincelada sutil que pinta de manera transversal la ladera de una colina. Blanco. Albaida. Inmaculado. Su caserío se arracima sobre sí mismo, se estrechan sus calles, se vigorizan sus cuestas. Inmaculado. Blanco Albaida. Del que sólo sobresale, enhiesta, la torre de la iglesia, como un faro y aviso para navegante serranos, único edificio que se manifiesta distinto a nuestra mirada, ocre, oscuro, de ladrillo visto. Canillas de Albaida. Blanco. Inmaculado.

Canillas de Albaida: sobre una ladera

Aparece tras una curva, oculta a las miradas inquietas de los viajeros ahora y de los antiguos enemigos antes, cuando las revueltas moriscas y la reconquista a sangre que propiciaron los Reyes Católicos. Y más que aposentada parece abarrancada sobre la ladera de un cerro, como si los cimientos de sus casas se unieran a él de manera inextricable, imposibles de desenredar. La sensación se acrecienta más aún cuando nos vamos acercando, buscando un lugar donde estacionar, en la parte más baja del municipio, con el trazado laberíntico sobre nosotros. Los desniveles de las callejas se salvan con una arquitectura abrupta e imaginativa que dota a su estructura urbana de un carácter recio, con fuertes contrastes. Así nos encontramos muros fuertemente asolados, donde el sol se ensaña y refulge con intensidad blanquísima y esquinas donde duerme, fresca, la sombra. Serpentean las calles hacia arriba, buscando la verticalidad. Sus casas son blanquísimas y repelladas una y otra vez, refulgen ante el sol de mediodía. Albaida. Blanco. Inmaculado.

El laberinto

El consejo de perderse es en Canillas una obviedad. Nos enfrentamos a un dédalo de calles que se retuerce sobre sí mismo una y otra vez. Nuestra intención es ascender hasta la ermita de Santa Ana, situada en la parte más alta del pueblo y, en el camino, encontrar la iglesia y el callejón de Araceli a la subida y la fuente y el antiguo lavadero a la bajada para visitar, después y fuera del centro urbano, la ermita de San Antón y el puente romano. Los primeros pasos son resueltos para transformarse, minutos después, en vacilantes. Callejones cortos, plazuelas y plazoletas, rincones, pendientes pronunciadísimas. Estamos perfectamente perdidos, y encantados en esta pérdida que nos permite descubrir las esencias del pueblo, las calles vestidas de tiestos, arriates y macetas con tal profusión que llegan, en ocasiones a ocultar las paredes. Nos refugiamos a la sombra de los alares, bajo el abrazo de un limonero repleto de frutos amarillos y poderosamente olorosos. Caminamos, nos perdemos, nos reencontramos, preguntamos, paseamos, descubrimos. Este es el influjo poderoso de los viajes, de las visitas, el descubrimiento de lugares insospechados, de rincones secretos. Llegamos así hasta la plaza de Nuestra Señora del Rosario.

La plaza y el callejón de Araceli

Si hablábamos de profusión de flores y de calles verticales, en la plaza obtenemos un remanso de paz horizontal y un catálogo de arriates y macetas que cubren la práctica totalidad de los balcones que se asoman a la misma. Una línea de sombra parte el trazado de la plaza en dos, en sombra oscura y puro blanquísimo. La iglesia de Nuestra Señora del Rosario preside uno de los laterales de la plaza y resulta curioso que la torre que corona el templo no pueda verse desde esta ubicación por situarse justo en el lado contrario de la edificación. La puerta de la iglesia está abierta. Entramos. Nos sorprende de inmediato que la planta sea cuadrangular, es prácticamente una cuadrado perfecto. Está compuesta por tres naves, todas ellas cubiertas de artesonado de madera. El altar de apariencia sencilla está compuesto por cuatro columnas de estilo romano con un capitel triangular que apenas sobresalen del fondo. Pintado con tonos pastel, preside el conjunto la figura de la patrona de la localidad. En la entrada, a la derecha, dos imágenes femeninas parecen casi levitar por situarse sobre dos pequeñas hornacinas y cubrir con sus mantos a estas. Un crucifijo con la figura de Jesucristo encabeza este trío de figuras. Salimos, de nuevo al fulgor de la calle y, tras preguntar, subimos un trecho por la calle Hornos para girar, inmediatamente, a la derecha. Vemos el siguiente nombre: Araceli. Tiene fama merecida este callejón. Es estrecho y es relativamente largo. Mide apenas ochenta centímetros de ancho por diez metros de largo. La sensación de encajonamiento sorprende y se siente cuando los hombros apenas rozan las paredes que lo conforman. Fotos. Fotos personales con las manos extendidas tocando cada lado de sus muros, etc... Seguimos nuestro ascenso. Poco a poco, sin prisa, despacio. El sol aprieta. Nos paramos, contemplamos las casas, el paisaje. Continuamos.

La ermita de Santa Ana y el descenso hasta el lavadero

Espejean las paredes blancas, reverberan al sol. Llegamos. Los montes que rodean Canillas y la vecina Cómpeta están rodeados de vides y olivos. Suben y bajan, ascienden y descienden las colinas como una marea verde e inmóvil. No en vano nos encontramos en las estribaciones de las Sierras Tejeda, Almijara y Alhama. Dentro del Parque natural que las conforman. Llegamos así hasta la ermita de Santa Ana. El edificio es sobrio, antiguo, encalado y poderosamente atractivo. Un pequeño soportal cubre la entrada Y la disposición de la propia ermita la convierte en un mirador natural. Hacia el norte descubrimos el auténtico poderío de las sierras, las laderas que descienden de manera abrupta hasta el fondo de los valles donde resuena la cadencia vigorosa del agua. las estribaciones de Sierra Almijara son, desde aquí, una realidad palpable, constatable, impresionante. Un mosaico sobre una de las paredes del pequeño templo nos indica que data de los primeros años del siglo XVI y que está catalogada como Monumento Histórico Andaluz. Su enclave natural nos ofrece un paisaje abrumador. Al noroeste, el pico de la Maroma, el más alto de Málaga, al noreste la que podría ser provincia de Granada, bajo nuestros pies el dédalo enredado de las calles de Canillas. Y, al sur, el mar. Nos sentamos aquí un rato, recorremos las paredes d ela ermita, reposamos, descansamos, tomamos un tanto de agua. Disfrutamos. Tras el reparador respiro nos ponemos de nuevo en marcha. Descendemos por entre las callejas en un sinuoso recorrido que nos lleva por la Casa de las Marmotas, por callejas empinadísimas, por requiebros y recodos floreados, por tramos cortos de bajada, por calles transversales que nos cortan el paso. Preguntamos. Por aquí, luego allí a la derecha, después, tras un callejón, a la izquierda, tras la casa blanca de ventanas azules a la derecha otra vez, luego un poco más hacia abajo, a la izquierda y otra vez a la izquierda. Imposible. Intentamos seguir las indicaciones que de tan buena fe nos ofrecen pero nos hemos confundido en el segundo "a la izquierda". De pronto, ante nosotros, y tras una esquina aparece una hermosa fuente de tres caños poderosos y que se sitúa frente al antiguo lavadero. Dejamos la mochila en el suelo, las gafas de sol sobre una repisa, la cámara junto a las gafas, nos remangamos y sumergimos el rostro en el torrente de agua fresca y poderosa, vigorosa y reconstituyente. Nos mojamos también los brazos y dejamos que el sol nos seque al aire. Visitamos el antiguo lavadero que en la actualidad ha perdido su función primigenia y que se ve repleto de enormes maceta con plantas de todo tipo y color. Seguimos camino hacia abajo.

La ermita de San Antón y el puente romano

Justo en el lugar en el que hemos estacionado el coche una indicación señala la dirección hacia el puente romano. Se encuentra en el antiguo carril de Árchez, construido sobre el río Turvilla. Se puede acceder andando por el carril de San Antón, también desde la calle Axarquía, es un descenso relativamente suave que se va acrecentando y que luego habrá que hacer a la inversa. También se puede acceder hasta las proximidades en coche. En el camino se sitúa la ermita de San Antón, desde la que se tiene una buena perspectiva del caserío canillero. A su entrada un placa de cerámica nos cuenta que es una "sencilla construcción del siglo XVII, de una sola nave rectangular, cuberita con armadura de madera con tirantes de lazo. En el exterior, señalar su acceso de arco de medio punto con alfiz resaltado, apoyado en pilastras y espadaña de un solo hueco. Destacar en su interior el retablo de madera policromada, obra de fines del siglo XVIII y estilo rococó. La hornacina está ocupada por una imagen del patrón". Seguimos el camino de descenso hasta llegar al río Turvilla donde nos espera el sencillo puente romano, de un solo ojo y de sencilla construcción. Se puede acceder por el otro lado, desde un camino de piedra con balaustrada de madera. Frescor...

Despedida

Quizá la imagen del mar, desde la ermita de Santa Ana, el reposo tras el largo paseo en ascenso, la impresionante orografía de Sierra Almijara a nuestra espalda, el sonido lejano del agua vigorosa entre los barrancos, la brisa suave del viento que lega del Mediterráneo, el verdor intenso de las vides y de los olivos sobre las colinas, la tranquilidad del silencio de la tarde primera... Canillas. Blanco. Inmaculado. Albaida.

Enlaces de interés y consejos útiles

Fábrica de la luz: Desde la ermita de Santa Ana parte un camino transitable en coche hasta la Fábrica de la Luz, una zona de esparcimiento y acampada perfectamente equipada: Mesas con bancos, barbacoas, fuente pública, duchas, fregadero, servicios, aparcamiento, plazas para tiendas. Se encuentra a 4 kilómetros, aproximadamente del centro urbano. esta zona recreativa se sitúa dentro del Parque Natural de Sierras Tejeda, Almijara y Alhama. Más información en el teléfono: 951.040.058.
Senderismo: Desde la Fábrica de la Luz parten numerosas rutas senderistas dentro del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama. Toda la información sobre el Parque Natural se puede encontrar pinchando AQUÍ.
Ruta del Sol y del Vino: Junto con Algarrobo, Sayalonga, Cómpeta, Torrox, Nerja y Frigiliana, Canillas de Albaida forma parte de la Ruta del Sol y del Vino de la Axarquía.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la web municipal de Canillas de Albaida, la web personal Canillasdealbaida.com y la web Axarquía Costa del Sol.

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26 CUEVAS BAJAS: DE OLIVOS Y BANDOLEROS

martes, 6 de octubre de 2009

Se confunde el caserío de Cuevas Bajas con el color de la tierra que sustenta y da sustrato al mar de olivos que le rodea. Desde lontananza apenas si hay vestigios del pueblo, las lomas que ascienden y descienden con suavidad parecen acunarlo. Como si de un oleaje se tratara Cuevas Bajas se esconde entre ellas emulando un bote a la deriva. Los oteros parecen de terciopelo, cubiertos de olivos añosos, retorcidos, apegados a la tierra desde centurias. Quizá el mismo emperador Antonio contempló los mismos paisajes que ahora nosotros contemplamos antes de ordenar construir una calzada romana, o aquellos árabes que dejaron vestigios de su paso por estos lares en forma de acequias y norias sobre el cauce del Genil, puede incluso que aquella tribu de cazadores de la Edad de Cobre reposara bajo los padres de estos olivos que ahora forman parte primordial de la economía de estos municipios. Los aceituneros altivos, que decía el poema de Miguel Hernández, recogen estos días algunas olivas, tienden sus mantos negros bajo los árboles y sacuden con los varales las ramas para dejar caer el fruto verde, génesis de los aceites que abundaran en nuestras cocinas, sobre las tostadas de los desayunos, como condimento indispensable de tantos platos, esencia mediterránea. Viendo la orografía que rodea Cuevas Bajas, casi escondido entre los pequeños cerros, no es de extrañar que fuera escogido por aquellos Chato de Benamejí, Antonio Vargas Heredia, Luis Artacho, Salvador González o los Caldera, bandoleros del revolucionario siglo XIX, que encontraban en esta localidad venta y refugio para huir de sus fechorías. No en vano a Cuevas Bajas se le colgó el sambenito de llamarlo Cueva de Los Ladrones tal era la concentración de asaltadores que allí se reunían. No olvidar que en la vecina localidad de Alameda tiene su tumba el que quizá sea el bandolero español más conocido, "El Tempranillo".

La Visita

Tras descender una pequeña loma entre la espesura de olivos nos encontramos casi de bruces con el perfil de Cuevas Bajas, situado sobre un promontorio, un espolón de tierra y apiñadas sus casas unas contra otras formando un compacto caserío blanco. Tomamos dirección centro ciudad y nos topamos enseguida con la plaza principal, lugar donde se encuentra la iglesia de San Juan Bautista. Estacionamos. Sorprende el frescor que irradian sus calles, las aceras acompañadas de árboles que refrescan y dan sombra. En un rápido vistazo se observan las ventanas y balcones enrejados, esas puertas dobles que presagian el frescor de sus patios interiores, la calma de sus calles menos populosas, las callejas que ascienden y descienden en distintas bifurcaciones. Cuando las calles escapan hacia el horizonte sólo se observan las lomas trufadas de olivos. El centro de Cuevas Bajas es bullicioso, charlan los hombres y las mujeres, hablan los niños. Saludan muchos de ellos a nuestro paso, sin hacerte sentir extraño.
Es la iglesia de san Juan Bautista un edifico sólido, robusto, la única concesión que se permite para elevarse a las alturas es el torreón del campanario, anejo al cuerpo principal del templo. Los ladrillos vistos le configuran cierto aire casi sobrio. Los paneles blancos encalados del campanario son casi la única concesión que se hace el edificio a la decoración más liviana. El templo fue construido en el siglo XVIII y tiene una característica particular, la capilla del sagrario, que normalmente se haya tras el altar mayor, en esta ocasión está situada a la izquierda. Desde la plaza de la iglesia tomamos la dirección de calle Archidona, indicada en un panel, con objeto de perdernos entre las calles y observar una de las hornacinas por las que los cueveños y cueveñas tienen tanto fervor. Las casas de Cuevas Bajas son de portada estrecha, con esa puerta doble puerta que cobija del frío en invierno y salvaguarda del calor en verano. Se intuyen espacios cuadrangulares, grandes, anchurosos en el interior de estas casas, algunas de ellas tienen cierto porte señorial. En la confluencia de las calles Archidona y Victoria contemplamos una de esas hornacinas, se trata de la imagen de un Cristo portando la Cruz. Continuamos caminando y nos perdemos entre las callejas, tranquilas, sosegadas. Tomamos la calle Victoria casi hasta el final y torcemos en la primera calle que nos encontramos a la izquierda, accediendo a la calle Real. Es en esta calle donde se concentran algunos de los edificios más notables de Cuevas Bajas. Tal es el caso de la Casa de los Cristales, la Casa de Felipe Quintana o la fachada de la antigua venta de Juan González, donde aquellos bandoleros del XIX se reunían tras realizar sus fechorías. Sin duda esta calle tiene una aire de cierto señorío y su paseo se hace tranquilo a la sombra de los pequeños árboles sembrados en las aceras. Contemplamos algunas de estas casas de relumbrón, aún conservan la apariencia de manera más que digna, cuidadas y supones restauradas con el modelo de la original. Llegamos de nuevo a la plaza presidida por la iglesia de San Juan Bautista y antes de tomar un aperitivo bordeamos el templo para contemplarlo en todo su esplendor. Nos encontramos a la izquierda del mismo con otro de esos edificios de historia y abolengo, se sitúa en la plaza dedicada a María Victoria León Moyano (fallecida en atentado terrorista en Madrid el 11 de marzo de 2004). Quedamos un tanto silenciosos ante la lectura de esta placa y optamos por caminar algo más para despejarnos.

Aperitivo en el Bar Tony

El Bar Tony se encuentra en la calle la Reja y es perfectamente localizable desde casi cualquier punto próximo a la iglesia. Es una bar clásico, sin pretensiones, donde los cueveños y cueveñas se reunen de manera habitual. Cervezas, refrescos, tapas variadas, raciones... Todo casero. Como aún no sabemos quién conducirá de regreso optamos por dos refrescos para la bebida y dos tapas de queso, una de panceta fresca y dos tapas de lomo. Total: 6,50 euros. Clásicos que no desmerecen, sobre todo el queso en aceite, de sabor intenso y fuerte que, acompañado de unos piquitos, nos obliga a repetir. El bar está repleto de gente que ya reposa el fin de semana, altas conversaciones y cierto bullanguerío animan a los parroquianos. Degustamos con deleite y tranquilidad y por un momento sentimos en nuestro interior el deseo ardiente de haber conocido a aquellos bandoleros que quizá también tomaran una buena lasca de queso acompañada de un buche de vino casero.

Despedida

Nos montamos en el coche y tomamos el mismo camino por el que hemos venido. Serpenteamos un tanto entre sus calles y descendemos hasta la carretera principal. Enfilamos dirección Antequera y cuando nos queremos dar cuenta, Cuevas Bajas ha desaparecido. Los pequeños cerros repletos de olivos se han tragado el caserío, y no dejan de él ni un pequeño rastro. Los trabajadores del campo se afanan vareando los árboles centenarios y entre ellos observamos a un hombre de patillas anchas, pañuelo anudado a la sien y de nariz chata, casi roma... Quién sabe, quizá podría ser le mismo Chato de Benamejí.

Información útil y enlaces de interés

Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol. Además incluimos para la documentación la web municipal de Cuevas Bajas.

Zanahoria morá: Tiene especial relevancia en Cuevas Bajas una hortaliza endémica que parece no se produce en ningún otro lugar del mundo: la zanahoria morá. Se la reconoce porque tiene una primera capa morada, otra naranja con vetas y el corazón rojo. Según cuenta la historia agrícola del lugar esta zanahoria de una color violeta intenso fue introducida por los árabes allende los tiempos y ahora se ha convertido en una rareza muy preciada. Tan orgullosos están los cueveños de esta hortaliza que la celebran con una fiesta que se celebra en el mes de diciembre. (Imagen extraida de El Nou Garden)
Información de utilidad: Cuevas Bajas está atravesada en su parte inferior por el río Genil, que en primavera tiñe sus riberas de verde intenso. En su cauce se puede encontrar la Noria de la Agusadera, un antiguo molino con cangilones sobre el agua curioso de visitar.
Bandolerismo: Fue un movimiento que se produjo en Andalucía a lo largo del siglo XIX e incluso principios del XX. La figura del bandolero, mítica en la comarca de Antequera y Ronda, ha dado alas a la leyenda, a la literatura, el cine y la televisión. Tal es el caso del comentado Chato de Benamejí, que bajo el subtítulo de "Vida y milagros de un ladrón" el escritor Manuel Fernández González convirtió en novela.

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