RSS
Mostrando entradas con la etiqueta Alto Genal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alto Genal. Mostrar todas las entradas

71 ALPANDEIRE: BAJO LA MIRADA DE FRAY LEOPOLDO

martes, 17 de agosto de 2010


Y cuentan que Fray Leopoldo dormía con su cabeza reposada sobre una piedra. Cuentan. Y cuentan que en la serranía de Ronda existe una catedral de grana y rosa. Cuentan. Y cuentan que aparecieron dos momias embalsamadas en un sótano. Cuentan. Y cuentan que el paisaje se transforma en un manto dorado al llegar los otoños. Cuentan. Y cuentan también que desde aquí se puede llegar a ver un espejeo del mar. Cuentan. Y cuentan que hay un pozo de los deseos en el tirar una moneda para solicitarlo. Cuentan. Y cuentan que se llama Alpandeire y que late con fuerza en el Alto Genal. Cuentan. Y los que cuentan, cuentan verdades.


Una aproximación

El paisaje que rodea Alpandeire es un contraste de amarillos de cereal, verdes de olivos y alcornoques, grises de picos calcáreos. Parece el municipio abrazado por las montañas, repantigado sobre la ladera que forma la Sierra de Jarastepar. Suenan las chicharras en la mañana entrada como única banda sonora. En nuestra aproximación ya hemos podido contemplar el edficio que preside el centro urbano. Un edificio de considerables proporciones que destaca sobre cualquier otro. Edificio que sobresale en el paisaje, que acapara la atención de la mirada y que lleva a preguntarnos cómo es posible que se encuentre ahí. Tales son las proporciones de la Iglesia de San Antonio de Padua en Alpandeire que la han llegado a calificar de catedral. Hasta Alpandeire se puede llegar desde Ronda o desde Faraján, pasando antes por Cartajima y por Júzcar. Hemos optado por esta segunda opción pese a ser una ruta ya conocida, o quizá por eso, ya que nos va a ofrecer una panorámica inmejorable a pie de tierra del Alto Genal. Recorremos la sinuosa carretera bordeando con deleite cada una de sus curvas. Haciendo que el mar de castaños que tapiza todo el terreno cercano aparezca y desaparezca como mecido por la brisa.

Camino de las Cruces

Seguimos la dirección de "Aparcamiento", que nos obliga a descender por una calle estrecha, de fuerte pendiente y de doble sentido no apta para conductores mojigatos. Una vez abajo preguntamos a un pandito si ésta es la única salida. Con cierto brillo en los ojos y sonrisa socarrona pintada en el rostro señala: - Sí, es la única salida, y a la subida vosotros no tenéis preferencia. Sonreímos a un tiempo. Llegamos a una plaza en la que no se puede estacionar, la cruzamos y continuamos hasta aparcar el coche junto al polideportivo, en el Camino de las Cruces, el viacrucis que con quince estaciones cuenta la Pasión de Cristo. Junto al camino encontramos una picota (o columna de piedra) que se utilizaba antiguamente para atar a los reos para escarnio público (de ahí la expresión "Estar en la picota") y que en Alpandeire recibe el siniestro nombre de La Horca. Desde el viacrucis tenemos una visión excelente del skyline de Alpandeire presidido por su iglesia.

La plaza y Fray Leopoldo

Fray Leopoldo de Alpandeire (Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez) preside cada rincón del municipio. Su figura, su efigie y perfil aparecen aquí y allá. Pues Alpandeire fue cuna de nacimiento en 1866 de este fraile capuchino que siempre miró por los más necesitados y que murió en Granada en 1954 tras recorrer los caminos de la serranía con sus ajadas zapatillas de esparto llevando ayuda y socorro a aquellos que no disponían de poderes. Si desde aquí vemos en lontananza la escultura situado sobre un pico que luego visitaremos, podemos sentir su presencia aquí en la misma plaza, donde otra escultura, de reciente composición, parece amansar con su quietud el carácter indómito de la serranía rondeña. Apreciamos también los carteles que anuncian la beatificación de Fray Leopoldo que se producirá el 12 de septiembre de 2010 y que trae en estado de gozo a gran número de panditos. y panditas. No pierde Alpandeire su esencia árabe con una trazado imposible de calles. La historia así lo certifica, ya que el origen de Alpandeire se sitúa en el año 711, inmediatamente después de que los árabes invadieran la península, por lo que se puede asegurar sin temor a equivocarse que este fue uno de los primeros que los musulmanes fundaron en la serranía de Ronda. Desde la plaza, accedemos a un mirador que nos permite observar los manchones blancos de Gaucín, Benalauría, Benadalid y Atajate. Huelo fresco y huele dulce, a tomillo y almoradux.

Hasta el Pósito y la visita hasta la iglesia

Desde la plaza seguimos las indicaciones que nos señalan la dirección "Antiguo Pósito" y "Casa de Fray Leopoldo". Nos sumergimos en el laberinto de calles y preguntando y callejeando llegamos hasta el antiguo pósito, transformado ahora en Sala de Exposiciones y casi cuartel general de la beatificación de Fray Leopoldo. En el local se venden artesanías decoradas con la efigie del fraile como tejas pintadas, estampitas, llaveros y pulseras, dedales, libros... Adquirimos un llavero de la Plataforma Popular Nuevos Amigos de Fray Leopoldo, una estampita del futuro beato que reza "El que se humilla será ensalzado" en su parte trasera y un mechero, de la Nueva Ruta de la Fe... Charlamos con las mujeres que regentan la sala de exposiciones y preguntamos por la casa natal de Fray Leopoldo. Nos remiten a Paquito, un chaval joven que hace las veces de guía voluntario. Salimos del Pósito y, casualmente, nos encontramos con nuestro guía. Le saludamos y nos acompaña solícito a un recorrido turístico por Alpandeire que comienza, cómo no, con la Catedral de la Serranía. La iglesia de Alpandeire, consagrada a San Antonio de Padua, es imponente, impresionante en continente y en contenido. Vaya aquí la explicación histórica y arquitectónica de la catedral que aparece en un panel explicativo situado en unas escaleras al pie de la portada: "Fue construida a principios del siglo XVI y reconstruida casi totalmente en el siglo XVIII. Vista de lejos impresiona por sus dimensiones y por su robusta arquitectura rosa rodeada del abigarrado blanco y rojo de su característica trama de herencia islámica. La planta de la iglesia es rectangular y consta de tres naves cubiertas por bóvedas de cañón y separadas por arcos de medio punto apoyados sobre pilares. (...) En el interior se conserva la pila bautismal de Fray Leopoldo, de gran devoción en toda Andalucía lo que atrae a numerosos grupos de peregrinos hasta esta parroquia". El interior del templo es de un blanco impoluto, inmaculado, sólo salpicado por el color intenso de algunas flores. Decoradas sus columnas, sus capiteles, sus arcos con vueltas y revueltas de yeserías. Al ver la compleja decoración nos sorprende la paradoja de que tal edificio se encuentre ubicado en un pueblo de 278 habitantes. Salimos.

Las momias, el pozo de los deseos y la casa natal de Fray Leopoldo

Con cierta sonrisa burlona, Paquito nos conduce hasta la parte inferior de la catedral, hacia los bajos, donde tras una puerta enrejada nos dice con cierta solemnidad: - Las momias. No las vemos, a lo que nuestro guía nos indica que se encuentran tras una puerta de madera y cristal. Nos entra cierto escalofrío. Y es que la historia y la leyenda se mezclan en este hecho, ya que... "Hace ahora más de cinco décadas, cuando aquella bella localidad era incluso más tranquila y aislada que en la actualidad, los niños de Alpandeire jugaban a ver quién era capaz de penetrar en la “habitación prohibida”. Se trataba de un pequeño habitáculo, una cripta olvidada llena de trastos viejos, ubicada en las entrañas de la iglesia parroquial, más conocida como “la catedral de la serranía” por su colosal tamaño. Y es que en un rincón de esa siniestra habitación, motivo de pesadillas para los más pequeños, yacían olvidados los cuerpos incorruptos de un hombre y una mujer. Según las autoridades locales, las momias habían sido halladas en la propia cripta algunas décadas atrás junto con los restos de repobladores cristianos del siglo XV. Estaban situadas dentro de un nicho mucho más amplio y alejado de los demás, como en un lugar privilegiado al que no podía acceder el resto de los mortales. Su estado de conservación era sorprendente. Tras un estudio, los historiadores han llegado a la conclusión de que los cuerpos pertenecen a un matrimonio adinerado, que se costeó un proceso de momificación practicado inmediatamente después de morir. Debido a lo curioso del caso, las autoridades de Alpandeire decidieron apartar las momias del resto de los cadáveres, que fueron trasladados a una fosa común. Nuestros dos protagonistas quedaron olvidados durante casi tres décadas en un rincón de aquella vieja cripta, donde fueron deteriorándose por la acción del aire al tiempo que avivaban la imaginación de los más pequeños", según apunta José Manuel Frías. Paquito no muestra el menor temor y nos señala otro objeto que se encuentra encima de una mesa: - Es la zapatilla de Fray Leopoldo, la que dejó aquí antes de ir a Granada. Allí se encuentra, una sobria zapatilla de esparto, empolvada. ¿Será la auténtica zapatilla de Fray Leopoldo? Dejemos volar la imaginación y aseguremos que sí. Desde aquí caminamos hacia el Pozo de los Deseos, donde hacemos la preceptiva petición, que nos vemos obligados a repetir por no cumplir los cánones del proceso, esto es, ponerse de espaldas, cerrar los ojos y echar la moneda hacia atrás. Esperamos que se cumpla. Desde allí nos dirigimos a la casa natal de Fray Leopoldo. Contrasta la majestuosidad de la Catedral de la Serranía con la humildad de la casa del fraile. La wikipedia resume así la vida de Fray Leopoldo: "Fray Leopoldo de Alpandeire (24 de junio de 1864, Alpandeire (Málaga) - 9 de febrero de 1956, Granada), fue un fraile capuchino que goza de gran devoción entre los católicos andaluces. Su verdadero nombre fue Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez. La mayor parte de su vida fue fraile limosnero por las calles de Granada, ciudad a la que se trasladó tras ser ordenado en Sevilla y donde era conocido por su generosidad hacia los necesitados. Su disposición a ofrecer consejo y comprensión, han hecho que la devoción a este fraile se haya extendido considerablemente y que sea frecuente encontrar una estampa con su imagen en las casas andaluzas. Poco a poco su figura fue haciéndose popular, numerosas personas solicitaban su consejo o intermediación y se le empezó a conocer como "el humilde limosnero de las tres Ave Marías", porque eran estas las oraciones que dedicaba a quienes le pedían su bendición". Su casa natal es un edificio sencillo, construido en el siglo XVIII y que consta de dos plantas y fachada encalada. Nos despedimos aquí de Paquito y dirigimos nuestros pasos hasta el coche.

El Cerrajón y la estatua de Fray Leopoldo

Ponemos el coche en primera y ascendemos la vertiginosa cuesta sin que ningún otro vehículo nos obligue a retroceder. Al llegar a la carretera principal giramos a la derecha, dirección Faraján hasta llegar a una explanada donde detenemos el coche. Hasta la estatua de Fray Leopoldo situada en el paraje conocido como El Cerrajón y que dista menos de medio kilómetro del centro urbano. Ascendemos por unas escaleras de piedra y al llegar arriba nos encontramos con una escultura en la que el fraile aparece de pie, apoyando su mano izquierda sobre la cabeza de un niño. Desde el brazo derecho cuelgan rosarios, escapularios, estampitas, etc... Fray Leopoldo mira la horizonte. Desde su posición observa los pueblos del Genal que en su vida recorrió caminando. Se observa la iglesia de San Antonio de Padua en el centro urbano, las montañas recortadas contra el cielo, los castaños en las laderas del valle, los caminos y trochas del ganado campesino... Estos fueron los dominios primeros de Fray Leopoldo de Alpandeire que mira el presente desde el pasado.

Despedida

Observamos el horizonte, el caserío de Alpandeire que se mimetiza con el paisaje, reposado y sosegado sobre la ladera de la sierra de Jarastepar, las estribaciones de Sierra Crestellina en Casares, el perfil de la carretera que une Ronda con Algeciras, los pueblos blancos que salpican las laderas del Valle del Genal, los verdes cambiantes de los castaños mecidos al son de la brisa, el cielo azul e intenso sobre nosotros... Se levanta cierto viento levantisco, cerramos los ojos y dejamos que la imaginación nos lleve.

Enlaces de interés y consejos útiles

Ruta de Fray Leopoldo: Alpandeire es la cabeza de la conocida como Ruta de Fray Leopoldo que visita los pueblos de la Serranía de Ronda, hasta el Valle del Genal y que incluye los municipios de Pujerra, Igualeja, Cartajima, Júzcar, Faraján y Alpandeire, por donde Fray Leopoldo anduvo hasta los 33 años, cuando ingresó en la orden capuchina. La ruta es rica en esencia andaluza, muestra además un legado histórico de importancia destacada y, sobre todo, grandes ejemplos de arquitectura civil y su traslación a la vida cotidiana, un ejemplo de cómo los habitantes de estas tierras se adaptaron al duro medio en el que habitaban. Destacan las pequeñas ermitas que se encuentran en cada municipio, para rematar en la ya comentada Iglesia de la Serranía, la parroquia de San Antonio de Padua en Alpandeire.
Senderismo y El Chorrerón: Fuera del entramado urbano, pero sólo a unos 200 metros del pueblo, pasa un río subterráneo que en época de abundante lluvia aflora a la superficie. Un kilómetro más abajo, este caudal de agua forma una cascada de 50 metros de altura en la zona conocida como El Chorrerón, de visita obligada por su espectacularidad, que sólo puede contemplarse por unos días y después de que en la zona haya llovido lo suficiente. Dentro del entorno natural de Alpandeire destaca la Sierra de Jarastepar, desde cuya cima se divisa un extenso paisaje serrano y, al fondo, el Peñón de Gibraltar. Dada la orografía del término municipal, resulta ideal la práctica del senderismo. Desde el núcleo urbano parten hasta once caminos y senderos que unen Alpandeire con Atajate o Fajarán, o que llevan hasta Las Cruces, Las Amarillas, o hasta la Cruz de Fray Leopoldo.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la páginas web municipal de Alpandeire.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

47 ATAJATE: DULCE GENAL

martes, 2 de marzo de 2010

El Alto Genal es de una belleza abrumadora en cualquier época del año. Conducimos entre algarrobos y encinas y alcornoques y olivos y almendros en flor... Hemos dejado atrás Faraján y nos dirigimos en esta mañana de soles invernales hacia el próximo destino: Atajate. Para ello hemos de conducir por las sinuosas carreteras del Alto Genal. Carreteras que nos descubren paisajes nuevos, montañas rotundas, cielos templados, naturaleza agreste, el cuidado trabajo del ser humano, las flores amarillas que inundan los campos, los colores lilas y blancos de los almendros en flor bailando la danza que les imprime la brisa, las cimas graníticas de la sierra, los caseríos blancos suspendidos en el aire como barcos varados... Conducimos despacio, con cautela y con deleite, parando de tanto en tanto para contemplar el paisaje, tirar un par de fotografías, dejarnos embrujar una vez más por estos paisajes de completa armonía. Cruzamos Alpandeire con su iglesia robusta, la más importante de la comarca en tamaño y en historia. Observamos el pueblo arracimado sobre un prado, protegido del norte por las moles de la serranía rondeña. Fotos. Seguimos camino y el paisaje se trasforma. Una vez dejado atrás Alpandeire cambia el horizonte, nos sumergimos en el corazón de las montañas. La vegetación se retira para dar paso al roquedal más rotundo, a los picos despoblados y grises. Este paisaje duro y recio tiene el encanto de lo desolado, el encanto de lo primitivo, de los primigenio. Nos incorporamos a la carretera que une Ronda con Algeciras y ponemos rumbo hacia Atajate, donde nos esperan unas muy dulces sorpresas.

Atajate su nombre y su iglesia

Aparece Atajate reposado sobre la ladera de una montaña, sobre una atalaya natural que mira de tú a tú al Valle del Genal. Pronto se divisa la torre de su iglesia recortada sobre el cielo. Tomamos la primera entrada hacia el pueblo y estacionamos en la calle principal, junto a una fuente-lavadero construida, según reza una leyenda a la entrada en 1932. Junto a la fuente hay un pequeño parque de juegos infantiles y unos bancos de forja sobre los que sentarse a la sombra en los días duros del verano. Atajate es un pueblo apacible y sosegado, de tranquilo discurrir. Dice la historia que su nombre proviene del nombre árabe "Athaxat" y que perteneció a una red de fortificaciones que el Rey de Granada cedió a la tribu de los Banu-Marin en el siglo XIII. Atajate es el pueblo de Málaga con menor número de habitantes, 130 en 2009 según el SIMA, y uno de los más pequeños en extensión 10,9 kilómetros cuadrados. Entre el caserío apretado contra un promontorio destaca la construcción de la iglesia de San Roque. El templo data del siglo XVIII aunque en el XIX tuvo que ser reconstruido. Destacan los ribetes de color albero con los que se enmarca la torre y la portada y que destacan sobre el verdor de la montaña que luce a su espalda.

La panadería y Josefa

Frente a la iglesia se sitúa uno de los lugares importantes de Atajate, la Panadería Rocío. Entramos atraídos por el reclamo de sus "quesos de almendras" (que no son tal queso) y descubrimos, en su interior, un grandísimo surtido de panes y pastas. Paraíso de los golosos, paraíso de los amantes de la repostería artesana, oscura tentación para los diabéticos. Es una tienda pequeña y apretada que hace veces de ultramarino, pero que en su mostrador principal luce toda suerte de pastas. Mientras una mujer mayor atiende y hace las cuentas a mano con un bolígrafo: - tres más dos, cinco y con la que me llevo seis... Esas de ahí, majos son un poco más caras porque llevan almendra, estas otras, más baratas porque son de manteca... ¿por dónde iba? Ah, seis...-, subraya la mujer. Tras despachar a una parroquiana, nos atiende. Se llama Josefa y tras sus gafas gruesas esconde una mirada de simpatía burlona. Vamos pidiendo: - Pues nos pone un queso de almendra y luego dos de estas, dos de estas, dos de estas y dos de estas, ah, y dos de estas-, señalamos. Josefa comienza a poner. - Las madalenas y los suspiros no os lo puedo poner en caja porque se chafan, os pongo una bolsita-, nos comenta. - ¿Suspiros, de qué están hechos?-, inquirimos. - Pues de eso, de suspiros-, ríe Josefa. Nos comenta que la gente viene de muy lejos a por los dulces de la panadería, que son muy famosos en la comarca y que hay gente que los encarga. - Y es que, aquí todo es natural. Aquí no hay química, nada de química, y eso se nota-, apunta orgullosa. En total compramos un queso de almendras, 8 euros; un surtido de 8 pastas por un lado, 7,57 euros; y otro surtido de pastas por otro, 6, 84. Total, 22, 41 euros. Salimos de la panadería con una sonrisa. Horas más tarde, en el calor del hogar, cuando la noche comenzaba a caer decidimos abrir el queso de almendras... Leemos los ingredientes. - No lleva leche... ¿Un queso sin leche?... Abrimos... Un perfume dulce... Cortamos... Probamos... ¡¡Es como si fuera mazapán!! Está muy bueno...

Paseamos por Atajate

Las montañas rodean Atajate en un abrazo infinito y eterno. Todas las calles están cuidadosamente empedradas. Son estrechas, arrebujadas las unas contra las otras. Quedan en pie algunas construcciones antiguas, de piedra vista sin encalar, lo que dota al pueblo de una aire aún más austero y auténtico. Llegamos hasta la plaza de la Constitución, presidida por una gran cruz de piedra. Una niña juega con un triciclo, mientras su madre reposa en uno de los bancos. Se respira tranquilidad, armonía. Las cimas de los montes circundantes sobresalen en el paisaje. Tiene Atajate su propio "Torcal", constituido por el paraje de los Tajos, una rompecabezas de matorral y roca que, según los lugareños, se parece un tanto al de Antequera, de ahí su nombre. Desde lo más alto de los Tajos se pueden obtener unas vistas inmejorables del Genal y de la Serranía de Ronda. Lo mejor para llegar hasta ellos es preguntar a un atajateño que, en seguido mostrará el mejo camino a seguir. Cruzamos la plaza de la Constitución y subimos a la zona más elevada del municipio, hasta llegar al cementerio. El sol que luce hoy en el horizonte tras los días de intensa lluvia ha hecho florecer la ropa tendida en numerosos balcones y huertos. Se confunden así los rosas, blancos, turquesas, rojos, verdes y amarillos con el entramado del paisaje y todas las calles de Atajate desprenden un delicado aroma a suavizante. Bajamos, cruzamos de nuevo la plaza de la Constitución y tomamos el camino de la calle Sauquillo. Tras treinta metros llegamos hasta el mirador que lleva el mismo nombre que la calle. Reposamos. Nos sentamos. Obtenemos desde aquí una nueva panorámica del pueblo, una visión distinta, más apretada aún si cabe. Miramos el reloj. El instinto no se confunde. Es la hora de comer.

La comida en el cruce

Nos ha recomendado Josefa que comamos en el Mesón de los Pilarejos. Está a la salida del pueblo dirección Algeciras, en el cruce que lleva al Guadiaro, hacia Jimera de Líbar, Cortes de la Frontera, Benaoján y la Cueva de la Pileta o Montejaque y su Hundidero. No hay pérdida, sólo hay un cruce y está balizado por una enorme encima que crece sobre un promontorio. Entramos. El comedor es amplio y los grandes ventanales nos permiten ver Atajate y una panorámica del Genal, un bosquete de alcornoques desciende hasta el fondo del valle. En el menú hay sopas variadas, ensaladas, picadillo de tomate, conejo en salsa, caldereta de cordero, entrecot, etc... Pedimos una sopa de picadillo, 3 euros; una sopa de puerro, 3 euros; una presa ibérica, 12, 5 euros; una chuleta de cordero, 11 euros; 2 cervezas de tercio, 2 euros; y una botella de agua mineral de litro y medio, 1,50 euros. Total: 33 euros. Las sopas están servidas en recipientes de barro tapados y las carnes acompañadas de una guarnición de verdura salteada y patatas fritas caseras. Todo bueno.

Despedida

Tomamos la carretera dirección Algeciras. Dejamos atrás el Alto Genal y este magnífico y soleado día invernal. Vemos Atajate en su cruce de caminos, sobre su promontorio y allá, a lo lejos, Alpandeire y Faraján y quizá Pujerra un tanto más arriba. Descendemos y nos topamos con Benadalid y es desvío a Benaluría, con Algatocín y los desvíos a Genalguacil y Jubrique, con el desvío a Benarrabá y Cortes de la Frontera un tanto más adelante. Resuenan los nombres al pronunciarlos con un eco cadencioso de sonoridad antigua. Casi oímos a sus antiguos pobladores pronunciarlos como una letanía que habla de naturaleza, de historia y de vida.

Enlaces de interés y consejos útiles

Fotografía: Es indispensable acudir armado de una cámara de fotos. Los paisajes extremos de bosque y roquedal hacen de esta comarca un riquísimo abanico de tonalidades y de colores. Las distintas épocas del año confieren a su entorno una cromaticidad extensísima que va desde los ocres del otoño, a los blancos del invierno, los verdes intensos en primavera o los tostados en verano.
Fiesta del mosto: Se celebra el último sábado de noviembre y durante la festividad se procede a la degustación del mosto casero elaborado en el municipio. La bebida se acompaña de platos de gastronomía típica y de música. La Fiesta del Mosto se lleva a cabo en la plaza de la Constitución. Su fecha se hace coincidir con la Ruta Mototurística del Valle del Genal y del Guadiaro, un evento que concentra a cientos de seguidores de estas carreteras y que culmina con la celebración de la Fiesta del Mosto atajateña.
Senderismo: La Asoc. Senderista Pasos Largos nos ofrece varias rutas detalladas. La primera de ellas es la que une Atajate con Benadalid y Benalauría, de grado de dificultad bajo. La segunda, la que une Atajate con Alpandeire, también de un grado bajo de dificultad. La Federación Andaluza de Montañismo tiene tres rutas homologadas, la PR-A 229 que une Alpandeire con Atajate y la PR-A 235 que une Atajate con Benadalid y la PR-A 258 que une Atajate con Jimera de Líbar.
Enlaces de interés: Además de los ya citados, tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la pagina web municipal de Atajate y el blog personal de atajate.blogspot.com.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

33 CARTAJIMA: ATARDECE EN EL ALTO GENAL

martes, 24 de noviembre de 2009

Al-Z'jaima la nombraban los árabes. Al-Z'jaima, "el lugar de más altura". Así, desde este otero privilegiado, donde la palabra atalaya cobra sentido literal, se observa el Valle del Genal inspirado por los aires otoñales y fundido entre la frondosidad de una innumerable paleta de amarillos y ocres y marrones y verdes... Hemos dejado atrás la vecina Júzcar, apenas a cinco kilómetros de distancia, y nos dirigimos, disfrutando de este paisaje que se introduce hasta lo más profundo de la piel, a Cartajima, municipio más elevado de la serranía rondeña con 850 metros de altitud que permite obtener una panorámica absolutamente excepcional del Alto Genal. Sobrecoge la inspiración que el otoño a introducido en el paisaje, la pereza de la luz tamizada entre los castaños, el largo atardecer en el horizonte, cómo el sol parece acunarse entre las ligeras brumas... Se asemeja el bosque a un animal que respirase por sí mismo, tibio, acogedor, templado, despacioso. Un animal que guardase fuerzas para el próximo invierno de nieves e intensos fríos matinales. Corona Cartajima a estos densos bosques de castaños como si de una diadema blanca se tratara. Así la vemos, a la vera de la carretera, protegida por el paraje de Los Riscos, una dentada cadena de piedra kárstica que se eleva hacia el cielo. Estacionamos a la entrada, con ganas de adentrarnos caminando en el corazón de este municipio con carácter. Además, y dejando la elevada poética a un lado, el hambre aprieta. Es mediodía tardío y tras la visita al municipio vecino de Júzcar es hora de buscar un lugar donde aliviar más el cuerpo que el espíritu. Lo que no sabíamos era la sorpresa que el azar de la elección de restaurante nos iba a deparar.

Empezamos por lo último: la comida y la sorpresa

Salimos del coche, aparcado junto a las paredes del cementerio y comenzamos a caminar por la única calle que nos lleva al centro urbano. Intuimos ya el panorama que Cartajima nos va a ofrecer y echando la vista atrás comprobamos la majestad de Los Riscos, grises y dentados, como unas fauces abiertas. Un hombre nos observa y preguntamos. - Perdone, ¿sabría usted decirnos dónde podemos comer bien, casero?. - Por supuesto, en Casa Amalia, precisamente para allá voy, si quieren acompañarme-, nos contesta. No lo dudamos un instante. Su nombre es Eduardo y aunque no es nacido en Cartajima, toda su familia y él mismo han vivido aquí prácticamente desde siempre. Eduardo habla, afable y sonriente, nosotros escuchamos. - Antes, si había dos palmos de tierra entre piedras o rocas, se cultivaba. Allí se sembraban garbanzos, o cereal o lo que fuera. Ahora ya... nada, el campo es muy duro, muy sacrificado y los jóvenes no quieren saber de su cultivo. Eso sí, lo poco que hay es de calidad, se abona todo exclusivamente con estiércol, nada más, como se dice ahora.... ¡¡Cultivo ecológico!!-, se ríe. Nos habla de Los Riscos... -Que llegan desde la espalda de Cartajima hasta Júzcar y que nada tienen que envidiar al famoso Torcal de Antequera, eso sí, para visitarlo, mejor en primavera y acompañado de alguien del pueblo para no perderse. Poco a poco, con la charla, llegamos hasta Casa Amalia, también conocida como La Cosita Buena y que es casi una vivienda particular con una barra y un puñado de mesas situada en los bajos de la misma. Apenas dos o tres parroquianos. - Todo el mundo está en Parauta hoy, es la Fiesta del Conejo, así que tenemos alguna tapa y poco guiso-. Nos espeta el dueño del local. - Pues cuéntenos-. Le decimos. -Hay albóndigas, callos.... Optamos por una de cada y además por una cerveza con y otra cerveza sin. Delicioso, sabor casero cien por cien, con aromas de antaño. Al amor de estos sabores de siempre, pedimos otro par de tapas más, en este caso de panceta con huevo de codorniz. Muy ricas. Entre una y otra despedimos a Eduardo que se va y trabamos conversación con los propietarios del bar, Amalia y Baltasar. Nos hablan de la Fiesta del Mosto que se celebra en Cartajima, mosto casero y de una altísima calidad, que ha recibido numerosos premios. Charlamos acerca de las excelencias de la comida serrana, de los productos tan típicos, de sus particularidades. Sin preguntarnos, Baltasar nos sirve una ración de lomo en manteca. Delicioso. - Hecho ayer, se nos subraya. Hablamos de la vida en Cartajima, de los jóvenes... y es aquí donde estalla la sorpresa. - Mi hijo no vive con nosotros, vive en Guipúzcoa, trabaja con un cocinero que conoceréis, con Martín Berasategui -. Los ojos se nos abren como platos. Martín Berasategui es uno de los grandes maestros de la cocina internacional que posee una estrella michelín y que forma parte de ese puñado de cocineros modernos que han revolucionado la forma de entender la gastronomía transformándola en arte culinario. Amalia, la madre, nos trae un álbum de fotos en las que podemos ver al hijo de la pareja entre fogones con Berasategui en primer término, trajinando en la cocina mano a mano, de tú a tú. Y no sólo eso, sino que descubrimos que es uno de los integrantes de confianza de su equipo, una de las personas que diseñan el menú y el responsable del que Berasategui llama "el banco de pruebas". Su nombre: Baltasar Díaz Corbacho. Es joven y convendrá seguir la pista de este cocinero en el futuro. - La buena mano, ya sabemos de dónde viene-, comentamos a Amalia. Para despedir, Baltasar nos ofrece un regalo impresionante: una ensalada de amanita cesárea(conocida como "yema de huevo" y una de las mejores setas que se pueden encontrar) en crudo, acompañada de perejil, granada, ajo y una vinagreta. Baltasar nos cuenta que Martín Berasategui es el padrino de su hijo y que ahora está trabajando con él en el restaurante de Lasarte. Salidos ya de nuestra estupefacción, tras la buena comida y mejor conversación, desgranando anécdotas e intercambiando opiniones acerca de la vida en el pueblo, el turismo, los visitantes, los residentes extranjeros, etc., nos despedimos con una sensación cálida y gratificante en el cuerpo.

La atalaya enredada

Cuando salimos de Casa Amalia la luz ha cambiado un tanto, ahora se nos ofrece más lánguida, tostando los amarillos de los castaños, haciéndolos más intensos. La visita a Cartajima no tiene posibilidad de pérdida, una larga calle la rodea y muere en la única salida/entrada del municipio en un recorrido casi circular. Caminamos hacia una balconada que se asoma al valle, el manto de castaños asciende y desciende y se pierde en el horizonte. Adivinamos Parauta un tanto más abajo, también Igualeja... Las calles de Cartajima son como una cabellera ensortijada que se derrama aquí y allá, todas ellas de suelo empedrado, con casas de gruesas paredes y pequeñas ventanas. Cuando la mirada se pierde más allá de las callejas nos encontramos con los dorados castaños, densidad de tonos amarillos. Crecen las calles sin orden aparente, enredadas unas con otras, quizá exceptuando la calle Ancha, que entre tanto crisol de requiebros se nos presenta como una avenida recta, con pequeños naranjos a sus lados. Disfrutamos de la tarde. Llegan hasta nosotros los primeros aromas a café y castañas asadas (que imaginamos acompañadas de una copa de aguardiente). Resulta Cartajima poseer ese secreto intangible de algunos pueblos que les confiere un carácter especial que los diferencia, un algo indefinible conformado por la suma de incontables detalles cotidianos y sutiles... Además el corazón de Cartajima guarda una nueva sorpresa, la majestuosidad de la iglesia de la Virgen del Rosario. Ascendiendo por una de sus innumerables calles nos topamos, casi de bruces, con el templo, que situado tras una escalinata se asienta en uno de los lugares más elevados del pueblo, como un otero y vigía, como un faro sobre el Alto Genal. La iglesia es preciosa, de blanco inmaculado sus paredes y rojo carmesí su portada. Sencilla y recia, acompañada por flores que parecen elevarla aún más del suelo... Lo mejor para conocer a fondo Cartajima es perderse entre sus callejas, descubrir sus rincones sin salida, sus esquinas floreadas, charlar con su gente, propicia y dispuesta siempre a la conversación. El mayor valor de Cartajima es Cartajima misma.

Atardece en Cartajima

El sol desciende tras las montañas muy despacio, morosamente. Lo contemplamos sentados en las escaleras que preceden a la puerta de la iglesia. Ante nosotros, los castaños que comienzan a encenderse, los tejados del pueblo en las que destacan las chimeneas y las vaharadas de humo de las chimeneas. Como banda sonora, el trinar de los pájaros en la atardecida. Apagamos la cámara de fotos y guardamos el cuaderno de notas. Miramos el horizonte inflamado de rojos, en silencio, sintiendo el primer frescor de la brisa nocturna.

Enlaces útiles y consejos de interés

Los Riscos: Es un paraje natural de primer orden y pese a que algunos senderos están marcados, conviene ir acompañado de un guía local para disfrutar al cien por cien de su belleza. En el siguiente enlace se ofrecen algunos detalles geológicos destacados acompañados de fotografías: Malagapedia.
Yacimientos arqueológicos:
como se apunta en la web municipal de Cartajima "Fuera del pueblo existe yacimientos arqueológicos como la Cañada de Harife (termas romanas), el Cortijo del Ratón (necrópolis romana) y dos despoblados de la época medieval, los de Cartamón y Casapalma" que certifican la antigüedad del pueblo y su riqueza histórica.
Turismo Rural: Cartajima posee un amplio catálogo de casas rurales en las que disfrutar de unos días de asueto o de turismo activo gracias a la práctica del senderismo. En la propia web municipal aparecen algunas de ellas, pero también hay otras ofertas en internet.
Curiosidades: Sirva como curiosidad que Cartajima tuvo en las primeras décadas del siglo XIX una pequeña fábrica de cañones que se elaboraban con el hierro extraído de sus minas. El auge económico del municipio fue tal que se llegó a denominar como el "Cádiz chico"
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol , la página web municipal de Cartajima y la página web personal Cartaxima.com.

Este blog queda abierto a todas las opiniones y sugerencias de sus lectores. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.