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25 BENALAURÍA: AROMAS DE TRADICIÓN Y CASTAÑO

martes, 29 de septiembre de 2009

Benalauría de castaños, de sabores antiguos, de perfumes olvidados. Benalauría de moros. Benaluría de cristianos. Benalauría de tradiciones. Benalauría de artes y de moliendas. Benalauría de calles ensortijadas, de balcones inmensos, de horizontes verdes. Benalauría de los hijos de Auria. Benalauría para regresar. Ben-Al-Auria.

Aproximación entre castaños

Descendemos hacia Benalauria. Las laderas por las que serpentea y se enrosca la carretera son un tupido manto de castaños festoneados por ese fruto de apariencia espinosa y dorada que en esta época disfruta de su madurez antes de ser recogido. Madurez de estallidos amarillos, algunos, ya caídos al suelo. Los castaños se cierran sobre nosotros formando una arcada verde e imposible. Observamos como las montañas se hunden en la tierra formando el Valle del Genal, tupido y umbrío. Embebidos ante el espectáculo, tras una curva y casi sin solución de continuidad aparece el caserío blanco de Benalauria. Una pequeña explanada sirve de estacionamiento y aconsejamos no internarse en sus calles por lo intricado y estrecho de las mismas. Lo mejor resulta estacionar en esta plaza y, si no hubiera sitio, aparcar en la misma carretera. Benalauría es un pueblo que debe recorrerse a pie, disfrutando de cada rincón, de cada sorpresa, de la explosión colorida de las buganvillas, de sus aromas antiguos, de sus plazuelas.... Es un pueblo intenso, un pueblo en el que agudizar todos los sentidos.

La visita

Desde la plazuela donde estacionamos el coche iniciamos la visita. A la entrada encontramos un plano mural del municipio que nos sitúa y nos muestra los lugares más destacados que visitar. Aún con todo, desde la oficina de turismo de Benalauría ofrecen al visitante un plano callejero con dos rutas a seguir en el pueblo, muy práctico, muy útil y muy cómodo. Para informarse acerca de los horarios de la Oficina de Turismo pueden llamar al teléfono del ayuntamiento: 952.15.25.02. En algunos otros lugares, como el Mesón la Molienda (del que luego hablaremos) también se pueden encontrar estos planos. Ante nosotros el intrincado dédalo de calles, un sortilegio encaramado a la ladera y que se asoma al Valle del Genal mirándolo de tú a tú.
Es dar un paso y adentrarse de manera casi inmediata en un mundo de perfumes antiguos, de esencias añejas, de arte rural... Celebra Benalauría en el mes de agosto una fiesta de moros y cristianos donde los vecinos y vecinas se atavían con los trajes típicos y hacen resonar voces de antaño, recreando episodios históricos en los que se mezcla la historia, la leyenda y la tradición oral. Y es ahora, cuando hemos dado ese primer paso cuando percibimos esa esencia moruna y casi llegamos a advertir en el recodo de sus calles el fantasma de una chilaba mecida por el viento.... Las calles del pueblo nos guían sin esfuerzo, es Benalauría el que nos muestra sus calles repletas de flores. La luz del otoño le confiere a todo un aura con una intensidad especial. Caminamos por la calle Calvario y apenas a diez metros a la derecha encontramos el taller de Artesanía de Naturarte y en su puerta un cartel que reza: Museo Etnográfico / Antigua almazara del siglo XVIII / para visitar el museo preguntar en la tienda de artesanía / Tlf: 616.179.730, 646.028.992 (pueden llamarnos a estos dos teléfonos) /precio de entrada: 2€/ persona. Grupos de más de 15 personas 1€ / Naturarte: subiendo la calle, la primera a la derecha. Eso hacemos, subimos la calle, primera a la derecha. Nuestro gozo en un pozo, la tienda está cerrada. Llamamos a los teléfonos que se incluían en el cartel y nos dice una chica que precisamente hoy están en un encuentro de asociaciones en Algatocín, nos preguntan si nos vamos a quedar en el pueblo y contestamos que sólo a comer, nos señalan que después de comer llamemos de nuevo para ver si han regresado y poder realizar la visita. Tomamos nota.
Continuamos caminando por la calle Calvario hasta llegar a la plaza Teniente Viñas que precede a la plaza del Ayuntamiento. La plaza Teniente Viñas es un recoleto rincón presidido por la Fuente Grande, con cinco caños rebosantes de agua, a su izquierda se sitúa la Oficina de Turismo y justo encima la Biblioteca Municipal, todo en un edificio apoyado sobre la piedra y que forma, en su lateral uno de los lados de la contigua plaza del Ayuntamiento a la que accedemos. Destacar como curiosidad de esta plaza las hendiduras que tiene una de sus paredes, una serie de rectángulos horadados en la piedra y que, antiguamente, sirvieron como burladeros en los tiempos en los que se realizaban en el pueblo suelta de vaquillas. El ayuntamiento presenta su seria fachada diociochesca con sus balcones enrejados aparejados al lugar que ocupa el archivo municipal. Centro de reunión en los buenos días de otoño, la plaza presenta hoy su cara más visible. Descendemos por el lateral derecho de la casa consistorial, calle iglesia, y nos perdemos en el laberinto de calles, disfrutando de las macetas coloridas, de la arquitectura popular de algunas casas con sus tejadillos, con sus aleros de teja, con sus portadas. Nos asalta, sin previo aviso, un aroma intensísimo a puchero a esa sabia mezcla de ingredientes contundentes que se rematan con hierbabuena y con los que se hace la pringá. Un perfume antiguo y conocido y tremendamente evocador. Era sólo este elemento el que faltaba para completar el perfecto puzzle de Benalauría. Cada vez que las calles escapan hacia el horizonte surge ante la vista el inmenso mar de castaños. Continuamos caminando y llegamos hasta la iglesia de Santo Domingo, a la que se accede a través de una reja que da a una plazuela donde se encuentra una puerta lateral. Un templo del siglo XVIII, sencillo y austero en el exterior y pintados sus ribetes de color salmón en el interior. Un altar imponente cuyas flores arregla una mujer, con la que charlamos irremediablemente acerca del pueblo, de la iglesia, de los castaños. La iglesia huele a pintura, se han acondicionado algunas rejas y balconadas en los últimos días, luciendo un aspecto lustroso y novísimo.
Salimos de la iglesia y nos perdemos de nuevo por entre las callejas del pueblo. No seguimos un itinerario trazado, vagamos aquí y allá, asomándonos a algunos rincones, disfrutando de las vistas, de las balconadas que se abren al valle, caminando sin rumbo fijo ascendemos, descendemos.... La niebla comienza a elevarse desde el valle, las colinas parecen humear con un vapor intenso transformado en jirones que quedan aferrados a los castaños. Es hora de comer.

La comida tradicional del Mesón La Molienda

En una llamada previa a la visita, sin dudar un instante se nos aconseja visitar el Mesón La Molienda. No tiene pérdida y lo conoce todo el mundo en el pueblo. El restaurante es una antigua almazara recuperada, transformada, restaurada... Está decorado con esmero y delicadeza, muros de piedra, algunos de ellos pintados en azules, amarillos, lilas; piedra y madera; una exposición en las paredes. Todo al detalle sin perder una pizca de autenticidad. Pequeñas mesas en su terraza y unas impresionantes vistas al Valle del Genal, cuyo perfil forma parte incluso de la carta. Nos trasladan hasta el comedor principal, a una mesa coqueta en la que antiguamente era sala de empiedro. Carta tradicional, de alimentos y sabores auténticos, con el toque justo de modernidad pero sin excesos, una carta completa y rica que se devora ya sólo con la mirada y que incluye platos como carne de matanza, lomo de cerdo ibérico en manteca, lomo de cerdo ibérico con tomates caseros fritos, solomillo ibérico relleno de castañas, cordero en salsa de almendras, venado a la canela... Todas ellas acompañadas de una breve descripción que indica los orígenes de cada receta. Optamos por una ensalada de naranja (gajos de naranja fileteados con cebolla y hierbabuena),una sopa de olla (3,50€), un gazpacho caliente (servido en dornillo, el cuenco de madera tradicional en el que servían las sopas serranas, 5€), una caldereta de cordero con castañas (9,50€) y una costilla de cerdo a la plancha con salsa jabata (un adobo frío, exclusivo de Benalauría, realizado con ajo, vinagre, aceite de oliva, sal, ñora y especias, 9€)... todo ello regado con tres cervezas y un botellín de agua: total 39, 50€. La relación calidad precio es excelente. Los sabores nos remiten inmediatamente a la tradición, a lo popular, a lo antiguo... A través de las ventanas vemos que la niebla ha ascendido y tomado todo el pueblo.

Despedida

Caminamos en silencio por las calles casi desiertas. Una tormenta atruena en el cielo, las nubes confieren al paisaje un ambiente de recogimiento, casero, evocador. Observamos el Valle del Genal, los montes que ascienden desde él, la figura de algunos otros pueblos entre la espesura de castaños. Echamos un vistazo hacia atrás y vemos a Benalauria enrocado sobre la ladera del monte. Aún con el perfume de lo añejo en nosotros, el sabor de la tradición fresco en la boca, sólo tenemos un pensamiento: Regresaremos. No hay duda. Cuando llegamos a casa vemos una llamada perdida. las responsables de Naturarte nos informaban de su llegada a Benalauría. Esta es una excusa perfecta más.

Enlaces de interés y consejos útiles

Fiesta de moros y cristianos: al primera semana de agosto, Benaluría vive una de sus grandes tradiciones, la representación de la fiesta de moros y cristianos en la que los visitantes también forman arte y parte, ya que son "secuestrados" para entregar un óbolo a la puerta de la iglesia. La representación teatral trata del enfrentamiento de las revueltas producidas en la sierra en torno a 1570, en ellas los moriscos y los ejércitos de castellanos se enfrentaron por las tierras tras la rebelión de los primeros. Benalauría escenifica estas batallas y deja para el epílogo y último acto al elegía desesperada del qa'id hacia una tierra que le vio nacer y que se ve obligado a abandonar. En los bajos del ayuntamiento se encuentra el Centro de Interpretación de Moros y Cristianos, para consultar horarios se puede llamar al ayuntamiento en el teléfono 952.15.25.02. Para más información acerca de la fiesta hay una página muy completa donde se explica su historia y orígenes: Benalauria.net.
Turismo Rural: la oferta de turismo rural en Benalauría es enorme. Hay muchos alojamientos de este tipo preparados en las mejores condiciones para recibir al visitante. Sólo con teclear en google: Benalauría + turismo rural aparecerán numerosas ofertas. Ofertas que se completan con el turismo cultural.
Arte: el Valle del Genal ha sido el lugar elegido para residir por muchos artistas, no es extraño encontrar tiendas de arte y artesanía en la gran mayoría de municipios que lo conforman. En Benalauría existen dos: Naturarte, 952.152.543 y Artexperiencia, 627.333.792.
Épocas: Todas son buenas, pero el otoño confiere al paisaje un tono especial. En esta época otoñal, proveerse de algún impermeable y algo de ropa de abrigo, de una cámara de fotos y de prismáticos.
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web del Ayuntamiento de Benalauria.

Este blog queda abierto a todas las sugerencias y recomendaciones de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta y cuantas más opciones haya, mejor. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.

24 BENAHAVÍS: EL SABOR DE LA NATURALEZA

martes, 22 de septiembre de 2009

Benahavís de angosturas y ríos. Benahavís que se mece acunada en el corazón de la sierra. Benahavís de nombre rotundo, sonoro, inequívocamente árabe. Benahavís de aromas dulces y simples y complejos. Benahavís de restaurantes y cultura gastronómica. Benahavís de aventuras y charcas con nombre de moza. Benahavís, la historia te contempla, el castillo de Montemayor te vigila.

Las angosturas y el Charco de las Mozas

El camino que nos conduce a Benahavís se va cerrando sobre nosotros, como un guiño a las angosturas que llevan su nombre, como queriendo borrar nuestro rastro en un deseo de mantener intacto el caserío blanco. La carretera serpentea sobre la ladera de la montaña sin que, en ningún momento, se pueda vislumbrar siquiera el destino último de nuestro camino. Nos engulle entre sus fauces de verde intenso con aquellos riscos de piedra como auténticas mandíbulas prestas a engullirnos. Paramos en uno de los miradores que se erigen antes de llegar al centro urbano. El silencio es arrebatador hasta que la brisa del primer otoño se adentra sin contemplaciones por el encajonado cauce del río y produce un susurro de melodías imposibles y antiguas a las que acompañan el crujir cadencioso de las ramas de los árboles. Algunos farallones de piedra se yerguen sobre el tajo del río y escuchamos esa melodía como una suerte de tonada de Hamellin que nos condujera hasta el corazón de la sierra.

El descenso

Irrumpen en esta quietud los ecos sordos del bullanguerío de un grupo de aguerridos excursionistas que descienden el río de roca en roca, como un paciente parque acuático de antigüedad imposible, como si el ser humano conjugara un sortilegio para vencer a la naturaleza a base de adrenalina. Son jóvenes, una decena, y al salto les animan un par de adultos. Vemos como encaramados a una roca de zambullen en una poza de agua verde y oscura y fría que responde al nombre de Charco de las Mozas. Saltan desde lo alto del roquerío mientras jalean y aplauden y vitorean los que ya han probado el sabor de ese primer miedo. Nos miran y saludan y saltan de nuevo. Y es que una de las características que tiene Benahavís es esta, la posibilidad de practicar deportes de aventura entre los que se incluye el descenso del río Guadalmina. Apuntan los expertos a este respecto que es un río ideal para la iniciación en este tipo de deporte gracias al recorrido por el que discurre. Hay algunas empresas como Exploramas o Aljibe que realizan la ruta guiada por este tramo de río. Pese a su aparente sencillez es aconsejable ir convenientemente preparados y con una persona que conozca el lugar para que sirva de guía. Dejamos atrás las estrecheces con las que nos ha obsequiado la naturaleza y continuamos.

Entrada y aparcamiento

Tras la última curva, el caserío de Benahavís nos recibe alojado sobre la ladera que asciende desde el río Guadalmina hasta Montemayor, donde vislumbramos las ruinas del que fuera castillo, fortaleza y otero. Una fuente situada en una rotonda y que posee forma de torre vigía recoge la carretera y la dirige hacia la derecha o de frente, centro urbano. Continuamos adelante y nos adentramos en la localidad. Hay numerosos lugares de aparcamiento libres en el primer tramo, pero forzamos un poco la marcha hasta llegar al centro mismo. Dejamos a la derecha el edificio de la Escuela Hispano Árabe de la Cocina Mediterránea . La calle nos obliga a girar a la derecha en un tramo bastante estrecho, después de nuevo a la izquierda y descendemos. Hemos optado por aparcar en esta parte del pueblo porque el recorrido ascendente que vamos a realizar nos lleva desde un moderno jardín de aguas cantarinas hasta la plaza principal para adentranos después en sus intrincadas calles. Estacionamos. El día es de un otoño radiante. Y, probablemente sugestionados por saber el sobrenombre con el que se le conoce a Benahavís (El comedor de la Costa del Sol o el restaurante de la Costa del Sol), llegan hasta nuestra pituitaria aromas profundos de buena cocina. Por ahora es sólo sugestión, más tarde comprobaremos que es pura realidad.

La visita

Comenzamos la visita desde el parque-jardín que comunica la parte baja con la parte alta del pueblo. Es un parque empedrado, con caminos de tarima de madera en el que predomina el agua y su murmullo por encima de los elementos florales. Algunos bancos, una fuente y un ambiente de placentero sosiego nos envuelve. Todo es frescor. Tomamos la calle Pilar, en cuesta ascendente, y apenas a veinte metros nos topamos a la izquierda con un palacio del siglo XVI. Es una construcción curiosa con muros de piedra muy oscuros en contraste con la blancura de los marcos que rodean a las ventanas. Es un edificio sencillo, en el que sobresale una torre cuadrada a la que se adosa un cuerpo rectangular construido de la misma manera. Los textos dicen que se construyó al estilo nazarí y conociendo este dato es cierto que nos remite a esa época. El interior está ocupado en la actualidad por las dependencias del ayuntamiento benahavileño. Continuamos adelante y llegamos a la plaza de España. Ya comenzamos a comprobar una de las características ineludibles de Benahavís: la enorme profusión de restaurantes y recintos hosteleros que ofrecen sus menús a los visitantes entre un amplísimo surtido de exquisiteces. Muchos de estos visitantes ya toman el aperitivo en algunas de las mesas, protegidos del sol bajo sombrillas coloristas. Subimos, por una calle a la derecha, hasta la vía principal, donde se encuentra la parroquia de la Virgen del Rosario. En la calle principal hay un estanco y una oficina de correos donde adquirir la preceptiva postal y el franqueo necesario para realizar el envío. Junto a la oficina de correos se encuentran una de las dos escaleras de acceso a la plazuela de entrada a la iglesia de la Virgen del Rosario. Sorprende su interior por la sencillez inmaculada, por su blancura sin parangón. Preside el altar mayor un gran mosaico realizado en piedra, a los laterales, unos paneles confeccionados con azulejo relatan la historia de la Pasión. Es una iglesia de formas muy definidas, muy simples y que la dotan de cierta trascendencia, de un misticismo puro que no se deja distraer. Salimos.
La parte más moderna de Benahavís ha sabido adaptarse al fondo y forma de la parte más antigua, así, la mayoría de las construcciones aledañas al centro histórico son también casas blancas bajas con rejas de forja en las ventanas y umbríos patios con fuentes. Callejear por Benahavís es necesario antes de escoger un lugar donde comer, tapear o cenar. Es tal la oferta que mientras paseamos anotamos mentalmente aquellos platos, menús y precios que nos gustaría probar en otra ocasión. Pero la decisión ya la hemos tomado de antemano.

La comida: un homenaje en Los Abanicos

Optamos por el restaurante Los Abanicos, situado en la calle Málaga. Nos decidimos por él por ya conocido y por saber de su calidad. No es barato, pero merece la pena con creces. Un servicio excelente, una carta completísima y una especialidad en carnes a la brasa y grill de primer orden. Antes de pedir, un aviso... Todos los platos de carne llevan guarnición de patatas fritas caseras, verduras al vapor y arroz basmati con perejil y ajo o pasas, además en el acompañamiento se sirve paté y pan de ajo, así que ¡¡cuidado con las cantidades que se piden!! A esto hay que sumar que las raciones son generosas. Para dos personas, un plato para cada uno y un entrante para compartir es más que de sobra. Los precios oscilan entre los 8 euros de unos boquerones en vinagre hasta los 28 euros de un chuletón de ternera roja. Pedimos una ensalada caprese (tomate, queso, aguacate, albahaca y lechuga rizada con una emulsión de vinagre de módena), 9 euros; cochinillo (una de las especialidades y recomendaciones de la casa), 22 euros; entrecot a la brasa, 14 euros; 2 botellas de agua, y tres tercios de cerveza; total, al que se suman los cubiertos: 69,55 euros. La ensalada caprese está deliciosa, delicada y fresca, el cochinillo jugoso y con la piel crujiente, el entrecot en su punto. La reflexión del pago la hacemos a tripa llena, ¿ha merecido la pena? Rotundamente sí. Un homenaje tampoco se realiza todos los días.

Un paseo hasta el parque de Torre Leonera

Para bajar la comida optamos dar un buen paseo que nos llevará por el jardín que hemos visto al principio, hasta la circunvalación del pueblo, hasta el parque de Torre Leonera, un hermoso espacio de hierba mullida, bancos a al sombra, olivos centenarios y aparatos de gimnasia para los más pequeños y para los mayores. Consta además de un pequeño anfiteatro y un pequeño lago que ayudan a refrescar el ambiente. Presidiendo el parque, la torre que le da nombre, Torre Leonera, una de las tantas que conformaban el cinturón de seguridad que rodeaba Benahavís en los tiempos de lucha entre musulmanes, entre cristianos y moriscos, entre tropas napoleónicas y ejércitos regulares españoles. Ahora, esos tiempos paracen olvidados, y Torre Leonera nos ofrece la mejor de sus caras, apacible, silenciosa, lejana y tranquila.

Despedida

Regresamos hasta donde se encuentra estacionado el coche. El paseo nos ha despejado y despedimos Benahavís con la sensación de dejar atrás un buen lugar. La carretera serpenteante nos atrae de nuevo y escuchamos la cadencia del viento internarse desde las angosturas hacia el nacimiento del Río Guadalmina. Nos invade cierta sensación de júbilo y comunión con la naturaleza. Escuchamos la melodía de ese Hamellin que nos pide regresar. Y regresaremos.

Consejos y enlaces de interés

Deporte de aventura: Benahavís tiene en el río Guadalmina uno de los focos de interés más destacados para realizar turismo activo. El descenso del río, apto para principiantes, lo convierte en destino muy atractivo. Empresas como Exploramas o Aljibe ofrecen a las personas interesadas el material y los guías necesarios para realizar esta excursión atrevida.
Los restaurantes: La oferta gastronómica de Benahavís es muy muy extensa y con presupuestos ajustados para todos los bolsillos. La mejor recomendación es dar un paseo por las calles del municipio y echar un vistazo a las cartas y menús que nos ofrecen. La gran mayoría de locales ofrece al visitante calidad.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la complementamos con la página web municipal de Benahavís.

Este blog queda abierto a todas las sugerencias y recomendaciones de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta y cuantas más opciones haya, mejor. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.