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EN / 15 ACANTILADOS DE MARO - CERRO GORDO: Mascarón de proa

martes, 1 de noviembre de 2011

Hunde su proa en el mar la Sierra de Tejeda Almijara, como un mascarón de barco pirata espumeando sobre las olas. La verticalidad de sus paredes y la elasticidad del mar se funden en un instante único, en una foto fija, donde parece que el barco vaya a remontar de nuevo y cabecear sobre las olas, cabalgar sobre ellas, como si la sierra quisiera escapar a su destino. En esa lucha titánica del Mediterráneo con la feroz montaña hay un claro vencedor, el Paraje Natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo. Ese espacio ambiguo y brutal que se mece entre el poder erosivo del mar y la contundencia de la montaña que se sumerge en él. Mientras, el paisaje muta según los caprichos del Mediterráneo y cambia, muta, se mueve, se transforma, se reinventa ofreciendo al visitante un panorama distinto sujeto a sus veleidades. Si el mar está calmo, nos mostrará un rostro amable. Si el mar, enfurece, nos enseñará su rostro fiero. Abandonamos tierra firme para someternos al antojo del Gran Azul.

Una aproximación

Se forjan en esta franja costera un ecosistema y paisajes excepcionales. Abandona el paisaje la suavidad a la que la Costa del Sol nos tiene acostumbrados para crear un lugar único, en la que la comunión entre el mar y la sierra se hace más que singular, radical, combinando los barrancos cortados a pico y de formas caprichosas con el paisaje marino más vital. Entre los vericuetos que dejan las rocas, se encuentran playas de piedra fina, de aguas límpidas y transparentes, de difícil acceso. Estas características las dotan de una exclusividad solo disfrutada por conocedores y por algunos de los últimos hippies costasoleños, que hacen de sus juncos y carrizos hogar incluso en los breves inviernos de Málaga. Hay al menos dos rutas senderistas que permiten disfrutar de los acantilados desde la orilla, desde la montaña, desde la costa, pero donde se exprime todo el potencial del paraje es cuando se vive y se contempla desde el mar. Roquear en kayak por entre sus cortados, palear por estrechos pasadizos, nadar en sus remansos, hacer snorkel al bies de sus calas, sentir el poder del mar bajo la embarcación, percibir las vibraciones del mar, convierten la experiencia en única. Para realizar este reportaje nos pusimos en contacto con la empresa Educare Aventura, radicada en la Playa de Burriana, en Nerja, y que realizan todo tipo de actividades durante todo el año, las rutas en kayak por los acantilados incluidas. Si se visita la página web www.educare-aventura.com se puede encontrar toda la información. Pero antes, los datos del Paraje Natural de Los Acantilados de Maro – Cerro Gordo.

Paraje Natural de Los Acantilados de Maro – Cerro Gordo

Pisamos territorio ZEPIM, es decir una Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo, pues así catalogaron al Paraje Natural de Maro – Cerro Gordo las Naciones Unidas. Tal es la importancia de este ecosistema particular. Tiene un recorrido de que abarca una estrecha franja de 12 kilómetros y penetra una milla en el mar de Alborán, con 395 hectáreas terrestres y 1.415 marítimas. Incluye, además, 2 provincias, porque sus límites se sitúan en la malagueña Nerja y en la granadina Almuñécar. Cuenta con un microclima semiárido que favorece la aparición de especies poco usuales en las proximidades del mar, de hecho es el único lugar en el mundo en el que se encuentran juntas la olivilla y el boj.
A estas dos especies hay que sumar el pino carrasco, los cultivos agrícolas en las terrazas de los acantilados que casi cuelgan sobre el mar, el lentisco, el enebro y algarrobo, el acebuche y el palmito, el cambrón y el arto. Como curiosidad, también se pueden avistar romeros marinos, siemprevivas de los acantilados o hinojo marino.
Todo ello en lo que se refiere a la flora terrestre ya que uno de los grandes tesoros de este espacio natural se encuentra en el mar, en sus grandes praderas de posidonias, de fenerógamas marinas, que alfombran de manera endémica en Mediterráneo. Estas posidonias que conviven con estrecheces en la compañía del ser humano, que tanta pesca irresponsable ha arrancado de los fondos marinos como un manojo de malas hierbas. Una pena, porque al rebufo de las posidonias, el mar de Alborán y el paraje de los acantilados de Maro ofrecen cobijo para centenares de especies marinas amenazadas como esponjas marinas, corales y anémonas; moluscos como la lapa, la nacra y el coral naranja estrellado.
Más aún, estos cortados de la Sierra Almijara hundiéndose en el mar, albergan gaviotas y lagartos ocelados, cernícalos, halcones, camaleones y la sorpresiva, por estos lares, cabra montés. Si nos sumergimos en el mar, nuestros ojos pueden contemplar congrios y meros, lubinas, peces luna, morenas, delfines y tortugas.
La variedad inigualable que ofrece este ecosistema a caballo entre el mar y la tierra es única en la provincia de Málaga. Para disfrutar de ella plenitud se pueden hacer diferentes recorridos por tierra, cresteando sobre los acantilados en senderos marcados, descendiendo a las calas, a las playas de piedra casi vírgenes, el bosque del Cañuelo, el arenal de Cantarriján, el Molino de Papel… Pero merece la pena también acercarse a los acantilados desde el nivel del mar, percibir su altura, su poder granítico, la maleabilidad del mar, la untuosa forma con la que el Mediterráneo abraza los pies del gigante serrano hasta parecer dominarlo, domeñar su poder. Nuestro viaje hoy nos traslada al mar, al gran azul, para descubrir la majestuosa presencia de los Acantilados de Maro Cerro Gordo.

En el mar

El cielo límpido, solo veteado por un jirón de nubes grises que descienden desde la montaña. El mar, azul, intenso. Con un oleaje suave. El agua, cristalina, transparente. Para realizar esta travesía hemos contactado con una empresa especializada radicada en Nerja, en la playa de Burriana: Educare Aventura. Por 15€ se facilita a los asistentes el kayak de mar, unas nociones mínimas de su uso, gafas de buceo para practicar snorkel, monitores especializados y casi tres horas de recorrido sorteando los roquedales hundidos en el mar. Tienen dos salidas diarias en los fines de semana de otoño e invierno (siempre que la mar lo permita), una a las 11:00 horas y otra a las 16:00. En esta última, al regreso y desde el mar se pueden contemplar unas puestas de sol grandiosas. Toda la información y contacto se puede encontrar en su página web www.educare-aventura.com.
Hoy es sábado y hemos optado por disfrutar del paseo en kayak matinal en este otoño incipiente. Inscripciones realizadas, presentaciones hechas. José y Alberto son los dos monitores que nos van a acompañar en esta travesía. Como compañeros tendremos una familia alemana compuesta por cuatro miembros (2 de ellos niño y niña no mayores de 10 años), una silenciosa chica europea, el autor de este blog de viajes y un noveno acompañante. En tierra se nos muestra cómo palear hacia adelante, cómo palear hacia atrás, cómo hacer giros. Lo básico para poder disfrutar de la jornada. La compañía de profesionales y la sencillez del manejo del kayak hace de esta experiencia apta también para los no iniciados.
Hundimos la proa de la caravana de piraguas en el mar de Alborán. Fresco y estimulante en la mañana y bogamos rumbo levante, hacia los imponentes acantilados. En la distancia observamos cómo se recortan en el cielo, como se sumergen en el mar. Los caprichos de sus formas, que se sumergen y aparecen en forma de islotes oscuros. Las gaviotas reidoras que planean hasta posarse en vericuetos imposibles.
Con cada palada nos acercamos más. Y su monumental presencia se hace más impactante. Suena el oleaje más próximo contra las rocas. Comprobamos cómo el mar ha horadado la base de las paredes, cómo ha socavado con paciencia y constancia la granítica.
Llegamos a los primeros parajes míticos, a la Cascada de la Doncella, una cortina de agua fina, suave, que desciende desde las alturas como una película conformada de gotas. Imaginamos allí a esa doncella sirénida, reposado el lomo de escamas sobre la roca, recibiendo el consabido baño de agua dulce. Nos hemos acercado a las paredes verticales, sentimos el poder del bajo el kayak, tocamos con prudencia los salientes rocosas que cortan como cuchillas. Las olas se han revuelto un tanto y el mar golpea con algo más de ímpetu que al inicio de la travesía. Muestran, asoman recovecos imposibles que se llena de agua para después vaciarse con cierto estruendo. No queremos imaginar encontrarnos aquí en los momentos en los que el Mediterráneo abandone su somnolencia para despertar con la furia de sus embates. Qué frágiles nos sentimos ante este espectáculo natural de roqueríos y oleajes.
Cruzamos el Pasaje del Silencio que se transforma en un oasis de mutismo entre la sonoridad reinante. Despacio, paleando delicadamente, apoyando los remos en las rocas para desplazarnos. Salimos de nuevo a mar abierto, siempre próximos a los acantilados que se elevan hacia el cielo. Están coronados de penachos verdes de vegetación, de las vallas de los campos sembrados que cuelgan, de colores ocres y marrones las paredes, de oscuro granito las rocas inferiores. Se pintan algunas calas minúsculas, donde algunos supervivientes hippies costasoleños han establecido su residencia en casas hechas de juncos, hundidas en la maleza. Se les ve ventear sus ropajes, reposar mirando el gran azul desde lo alto de una roca.
Las formas caprichosas de las rocas ofrecen elementos como el Gran Genital, como el Camaleón. Roquedales esculpidos por el mar, por el viento. Dos hombres observan nuestras evoluciones desde lo alto de uno de los acantilados. Vemos a las gaviotas planear sobre nosotros, graznar. Vuelan y se posan sobre los roquedales, sobre los islotes.
El mar retumba a tramos, las escolleras naturales rompen las olas, las parten, salpican espuma. Aproximarse a los precipicios es una experiencia más que gratificante, saberse en un lugar inaccesible por otro medio que no sea este, el mar casi translúcido bajo el kayak, los fondos rocosos que juegan al escondite, el sol y el salitre.
Llegamos hasta la Caletilla, donde descansamos y reponemos fuerzas. Otras tantas casas de hippies supervivientes se alinean junto a la playa, algunos de ellos toman el sol. Sorprende, al fondo de la playa el manchón blanco de una vela armada sobre una balsa de construcción artesanal. Charlamos sobre las excelencias del paraje natural, sobre el turismo activo, sobre Nerja y sus posibilidades como centro de piragüismo en Málaga y Andalucía. Nos cuentan que aquí fue donde se rodó la famosa escena de la famosa serie “Verano Azul” en la que Pancho anunciaba a voz en cuello: “¡¡Chanquete ha muerto, Chanquete ha muerto!!”.
Nos hacemos de nuevo al mar. Nos aproximamos a los acantilados, a las rocas que parecen a punto de desmoronarse, accedemos a lugares impensables que se inundan con cada nueva embestida de las olas. Penden sobre nuestras cabezas las siemprevivas de los acantilados. Caen torrenteras hacia el mar, volcando sus aguas dulces sobre el salado Mediterráneo.
Tras un farallón, contemplamos uno de los grandes atractivos de la ruta en kayak, la Cascada Grande de Maro, una caída de agua de 15 metros de altura que se vierte al mar con toda su fuerza. La comitiva de kayaks nos aproximamos y Alberto, uno de los monitores, anima a cruzar bajo el torrente de agua. Salpica y sorprende la fuerza de la caída. Por la abertura del caño desde el que se desprende el cauce se ve a dos montañeros dispuestos a rapelar. José me comenta que en primavera, con el agua más fuerte, resulta imposible cruzar bajo la cascada, tal es la fuerza del agua cayendo. Contemplamos. Escuchamos el sonido casi atronador. Miramos hacia arriba. Son muchos metros. Impone.
Este es uno de los tantos secretos que esconde el Paraje Natural de los Acantilados de Maro – Cerro Gordo. La combinación única entre el mar y la sierra viste a este lugar de un aire mítico, legendario, abierto a la imaginación.
De regreso, aquellos que deseen darse un chapuzón con gafas de buceo, disfrutar de los fondos marinos, de la fauna, de las posidonias, podrán hacerlo. Los más osados incluso podrán adentrarse en la Cueva del Lobo.
Paleamos con despacio, disfrutando del momento, dejando que el mediodía nos lleve. Observamos las cercas de los cultivos, a un grupo de cabras haciendo equilibrios imposibles mirando al mar. La cima de la Maroma esconde sus 2.068 metros de altura tras las nubes. Nerja se acerca a nosotros o nosotros nos acercamos a Nerja, tal es la sensación. El Balcón de Europa nos mira a lo lejos, casi se puede perfilar la efigie egregia del Rey Alfonso XII.
La playa de Burriana se agranda, paleamos a fondo, cogemos fuerza e impulso, nos adentramos en el arenal con la proa del kayak. Un sonido grrrssss-grrrssss nos indica que ya hemos abordado la playa. Descendemos. Comentamos. Nos sacamos la fotografía de rigor. Clic – Clic. El mar sonríe tras de nosotros.

Despedida

El viento ulula entre el roquedal, rompen las olas con fuerza contra los acantilados. Una vela blanca flamea en el horizonte más próximo. Débil estructura para tan bravío Mediterráneo. Sobre ellas navega un hombre de pelo largo, de barba poblada y recia. Ataviado apenas con dos harapos. Sortea la embarcación un promontorio y se hace al mar abierto, libre. Se asemeja a un Robinson Crusoe moderno. Atrás dejaba la Caletilla, la incólume presencia de los farallones de piedra, las aguas cristalinas de Maro. Regresará. Como lo haremos nostros.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de interés: Toda la información aparece en la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol Occidental y en la web especializada de la Junta de Andalucía, la Ventana del Visitante. Si se quiere visitar Nerja se puede recurrir a la web municipal o a la entrada de este mismo blog en el enlace: 93 NERJA: Azul e intensa. La página web de la empresa Educare Aventura nos ha servido para entrar en contacto con la misma.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.












Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

EN / 14 DESFILADERO DE LOS GAITANES: El mito

martes, 18 de octubre de 2011

Se asomó aquella testa coronada. Vio el tajo cortado a pico por las sabias manos de la naturaleza. La montaña se partía en dos y por su lecho discurría el río embravecido. Colgando sobre aquellas murallas que se elevaban hasta el cielo se había construido una pasarela que se adentraba en el desfiladero. El rey puso un pie. Sintió las vibraciones brutales de la corriente de agua ascendiendo por el farallón. Cortésmente, Alfonso XIII, giró sobre sus talones y se marchó. Desde aquel día, aquella pasarela recibió el nombre por el que ahora se la conoce: El Caminito del Rey. No se sabe si por sus angosturas o por el breve recorrido que su majestad realizó aquel día de 21 de mayo de 1921.

Una aproximación

Es este un paraje de leyenda, un secreto a voces, un lugar mágico del que los senderistas y escaladores hablan, murmuran, cuentan. Y con cada nueva voz se agranda el mito del Desfiladero de los Gaitanes. Se cuenta que los pájaros vuelan bajo los pies, que el aire asciende desde el cauce encajonado con fuerza inusitada hasta arrancar anclajes, que las murallas de piedra tiemblan con el bramido del río, que el fogonazo del tren sorprendió a dos excursionistas en mitad de un largo túnel, que el cemento del caminito se desprende al paso de los caminantes poco avezados dejándoles colgados en el vacío, que en algunos tramos se cierran tanto los farallones de piedra que casi no dejan atravesar la luz del sol, que en la noche se escuchan los pasos de los imprudentes fallecidos… Mito, leyenda, realidad se mezclan en este paraje de incuestionable belleza. Cerrado al público hasta que el proyecto de su rehabilitación se lleve a cabo definitivamente, vaticinando que cuando este sea una realidad el Desfiladero de los Gaitanes se convertirá en uno de los centros turísticos más destacados de la provincia. En nuestro viaje solo pudimos asomarnos, suficiente experiencia para relatar, para fotografiar, para grabar, para seguir cultivando su leyenda incuestionable.




Paraje Natural Desfiladero de Los Gaitanes

Retumba bajo nuestros pies la fuerza del agua en caída. Fortaleza aprovechada, provocada, bebida por el ser humano para generar electricidad, así se forja el paisaje que rodea en Desfiladero de los Gaitanes. En las llanuras delicadamente alomadas de la comarca del Guadalteba, tres láminas de agua refulgen bajo la luz del sol. Abrazan los tres pantanos la estrecha garganta por la que discurre el río Guadalhoce y que forma el desfiladero que da nombre al paraje natural. Así, son el Embalse del Conde de Guadalhorce, el del Guadalteba, el del Guadalhorce y el llamado Tajo de la Encantada los que atrapan con su rielar el paraje falsamente suave, engañoso, de esta comarca. Pero hay un cuarto embalse, el del Gaitanejo, el que es verdadera puerta de entrada al secreto mundo del tajo inabarcable y que alberga la que es una de las centrales hidroeléctricas más antiguas de España. Parecen el ser humano y la naturaleza haberse puesto de acuerdo para configurar un paisaje imposible. Rodea además estos parajes la Historia, que nos habla de rebeliones y de conquistas, de castillos inexpugnables, de Omar ben Hafsún, de las ruinas de Bobastro, de las Mesas de Villaverde, de iglesias excavadas en la roca. Imaginamos a los jinetes de leyenda recorriendo estos parajes entre los pinos carrascos y piñoneros, las encinas y eucaliptos, los majuelos y las aulagas, las jaras, las sabinas. Observando como en los cielos evolucionaban las águilas reales, los cernícalos, los azores o los buitres leonados. Alimentándose de la caza de cabra montés, de roedores, de los peces de agua dulce que remontaban los saltos de los ríos. Y es que en las 2.016 hectáreas que ocupa el paraje natural aún se conservan todas estas especies, incluso parece quedar, como apuntan los biólogos, una pareja de alimoches.
El Desfiladero de los Gaitanes se mueve en un desnivel de casi 800 metros, con 240 metros sobre el nivel del mar en su punto más bajo, hasta los 1.195 de su punto más alto, comprendido por el macizo de Sierra Huma. Fue designado como paraje sobresaliente en 1987 y como Paraje natural en 1989.
El paraje natural abarca tres términos municipales, el de Ardales, el de Álora y el de Antequera, siendo los dos primeros donde se inicia y termina el desfiladero propiamente dicho, una garganta de 5 kilómetros de longitud y un encajonamiento natural de hasta 400 metros de caída. Sus paredes llegan a alcanzar en algún tramo los 70 metros de altura, llegando a apenas 10 de anchura entre un farallón y otro. La erosión, la composición arenisca y caliza de gran parte de las montañas y la fuerza natural del agua han configurado este paraje espectacular.
Son tres los senderos principales que se pueden recorrer en el interior del paraje natural: el Sendero de haza del Río, el Sendero de Sierra Huma y el Sendero del Gaitanejo. Este último es el que vamos a realizar, un camino de dificultad media baja, perfectamente señalizado, de 5,5 kilómetros de recorrido y de unas dos horas de duración. Nos llevará desde el Mirador de Los Tres Embalses, hasta la Central Hidroeléctrica del Gaitanejo, desde esta podremos acceder, fuera ya del camino marcado, hasta la entrada del Caminito del Rey, para regresar de nuevo hasta el mirador bordeando el embalse en un ambiente fresco y umbrío.

Sendero Gaitanejo primera parte

No tiene pérdida y está perfectamente indicado. Antes de llegar al complejo de restaurantes y viviendas de la presa Conde del Guadalhorce encontraremos un desvío a la derecha que nos indica el camino al Sendero de Gaitanejo. Un acceso por pista de tierra, antes de cruzar un túnel nos permitirá acceder hasta el Mirador de los Tres Embalses. 400 metros antes de llegar hasta él encontraremos la entrada al sendero, el panel informativo, una barrera que cierra el paso a vehículos no autorizados y un mapa detallado de la ruta.
Estacionamos el coche en las inmediaciones, nos pertrechamos e iniciamos el camino.
Soprende el contraste entre la delicadeza del sendero frente a las imponentes montañas que se perfilan hacia El Chorro, parecen surgir de la nada, formadas en un exabrupto de la tierra, de una manotazo colérico. Se elevan y elevan hacia las alturas y desde el inicio del camino se puede intuir, frente a nosotros, el tajo del desfiladero, un corte profundo en la roca, una herida sobre la montaña. Picos que parecen recortados golpe de cincel y escoplo, aún sin desbastar por la erosión. El agua verde esmeralda del Guadalhorce espejea en el fondo del valle encajonado. Siguiendo su curso con la mirada, se puede ver las dos bóvedas de contención que forman la presa del Gaitanejo.
Nos envuelve el perfume fresco de la montaña en otoño, la intensidad del aroma a pino. Nuestros pasos resuenan sobre la grava, cras-cras-cras-cras. El piar intenso de una bandada de pájaros que parecen combatir sobre la copa de un árbol nos sorprende.
Verde entre verde, el meandro del río Guadalhorce serpentea en la cuenca horadada, entre bosque, matorral y carrizo.
Llegan hasta nosotros las voces claras de dos hombres charlando entre sí. Es un efecto acústico que parece situarlos a nuestra vera. Nos giramos, miramos, no logramos verles. Las voces provienen desde abajo, desde el fondo del cauce del río. Seguimos camino hasta llegar a un túnel de apenas 100 metros de recorrido. No hace falta linterna, ya que la entrada y salida están a la vista y la distancia que las separa está siempre iluminada por la luz del sol. Resuena el eco de las pisadas sobre la bóveda.
Según descendemos podemos comprobar, por la cercanía de las montañas, las peculiaridades de estas formaciones rocosas, como las arcillas se han descompuesto y han dejado huecos inconcebibles en sus laderas, agujeros, cavidades y cuevas superficiales. En toda la comarca se pueden contemplar el fenómeno que recibe el nombre de “taffonis”, esta particularidad se hace más visible y evidente en el camino que comunica la salida del Desfiladero de los Gaitanes en El Chorro y la carretera de Ardales hacia los embalses, y que recorre la ribera del arroyo Granadillo. Aquí los “taffonis” son más que evidentes, de todos los tamaños y aspectos. Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha utilizado este fenómeno erosivo para guarecerse y construir casas o cerrados para el ganado en forma de alojamientos semitrogloditas.
Tan es así que en el ya próximo embalse se podrán comprobar los restos de algunas casas edificadas de este modo y que pertenecieron a los trabajadores de la Central Hidroeléctrica.
Comienza a sonar el murmullo del agua. Se hace más recio y persistente con cada paso que nos acerca a la presa. Ya podemos contemplar el edificio de la central hidroeléctrica. Cerrado su acceso con una verja metálica. A la izquierda, la caída de agua del embalse y el indicador del Sendero Gaitanejo. Junto a la verja metálica, un camino que nos llevará hasta la entrada del Caminito del Rey. Un cartel avisa: “El Caminito del Rey está intransitable. No pasar. Alto riesgo de caída”.

El Caminito del Rey

No podemos dejar de asomarnos. En apenas 200 metros de recorrido, bordeando la central eléctrica, podemos llegar hasta la entrada de este mítico recorrido, El Caminito del Rey. La entrada está tapiada y el acceso prohibido, pero desde la puerta misma se puede observar el tajo impresionante, las primeras balconadas de este trazado Real.
En el año 1921 se inauguró la Presa Conde del Guadalhorce con la asistencia del Rey Alfonso XIII. En su visita, además de conocer esta obra de ingeniería hidráulica de primera magnitud, también se contemplaba la posibilidad de que la testa coronada contemplara el Desfiladero de los Gaitanes desde el Embalse del Gaitanejo y las complicadísimas obras del ferrocarril que transitaban a la vera de la garganta en El Chorro. Para ello, y para el más fácil acceso de los trabajadores hasta el lugar exacto de las obras, los ingenieros idearon un pasillo voladizo que se introducía en la garganta salvando un desnivel de 400 metros a través de un pasillo de 5 kilómetros de largo. La altura que alcanzaba en tramos este camino colgante era de hasta 70 metros sobre el fondo angosto del río. La anchura que en algunos tramos alcanzaba el tajo era de tan solo una decena de metros. El viento corría bramando entre el roquedal, alcanzando velocidades inusitadas. El espectáculo natural era incomparable. La historia escrita por los cronistas oficiales cuenta que Alfonso XIII recorrió el camino completo, haciendo pertinentes observaciones sobre las obras hidráulicas y ferroviarias, alabando la majestuosidad natural del lugar. El pueblo llano, los trabajadores que acompañaron al rey, contaron que cuando su majestad vio aquel pasillo voladizo de apenas un metro de ancho colgado y encajonado sobre el precipicio, cortésmente declinó la invitación. De ahí el nombre de “Caminito del Rey” que nunca se sabrá si por estrecho o por corto.
Solo asomarse desde esta balconada previa ya resulta sobrecogedor. El estruendo del agua, que cae y se encajona en el cauce angostísimo del río. El bramido que asciende y parece trepar por la estrecha cortada, buscando el escape del cielo. La balconada tiembla ante la fuerza hídrica. Nos asomamos, vemos los primeros tramos del pasillo suspendido en forma de balconada. Los metros hacia arriba, los metros hacia abajo. El suelo del caminito colgado está muy deteriorado, resquebrajado, roto. Los avisos son terminantes, está prohibido acceder. En internet se pueden encontrar numerosa cantidad de vídeos de personas que se han subido al sendero, que han caminado por su temblorosa superficie. Más o menos prudentes, algunos con arneses y cuerdas, otros sin protección alguna.







La naturaleza nos hace pequeños. La majestuosidad de este entorno, su agresividad, su radicalidad, resulta embriagadora, imponente, única.

Sendero Gaitanejo segunda parte

Regresamos al camino, al Sendero Gaitanejo, con las imágenes de la angostura del desfiladero aún en nuestra mente, con el sonido, que se apaga según nos alejamos, que queda como un eco en nuestros oídos, como un rumor, como parte del mito y de la leyenda. Contemplando el agua remansada del embalse nada hace presagiar que apenas 200 metros más allá nos vamos a encontrar con el corte, la hendidura, la cicatriz de la naturaleza sobre la montaña. El camino de regreso hasta el mirador se realiza por un camino fresco y umbrío, entre pinos y eucaliptos, siempre junto al verdoso río Guadalhorce, juagando con sus curvas y meandros. Se observan los “taffonis” al otro lado del río, horadados en la roca de la montaña, algunos de ellos protegidos por lo que parecen paredes de adobe. Sobre ellos, una edificación natural magistral, la llamamos la catedral porque se asemeja al frontispicio de un templo. La piedra arenisca se ha desprendido y formado innumerables cavidades sobre una gran pared vertical. Sobre estas cavidades un arco parece coronar toda la estructura. Se refleja en el río, ondulante, haciendo que la imagen se dibuje y desdibuje de manera permanente. Seguimos el camino a la sombra y las voces que antes escucháramos hacia abajo ahora las escuchamos hacia arriba. Nos sorprenden los pájaros que alborotan y aletean y escapan a nuestro paso. El cloqueo de los patos, sus zambullidas sorpresivas. Observamos su vuelo a ras del agua, casi tocando la superficie con la punta de las alas.
Es paseo estupendo, excelente para acudir con niños gracias a su baja dificultad y su buena señalización. Nos permite acercarnos a unos de los centros hidroeléctricos más importantes de Andalucía.
Desde el cauce del río se asciende por la parte inferior al Mirador de los Tres Embalses. En el camino podemos observar la enorme boca del embalse del Guadalhorce primero y del embalse Conde del Guadalhorce después. Sus lenguas de desagüe que llegan hasta el fondo del cauce, la presión que retiene la fuerza del agua. Transcurre el sendero entre pinos hasta una bifurcación. Si seguimos la indicación hacia arriba, llegaremos hasta el mirador y al lugar donde hemos estacionado el coche. Si continuamos hacia adelante llegaremos hasta un túnel que tras atravesar nos abrirá una panorámica inmejorable del embalse Conde del Guadalhorce. Justo a la derecha de la salida del túnel podemos encontrar el Restaurante El Kiosko, un lugar estupendo para comer y reponer fuerzas. Como nuestra intención es cerrar el camino, ascendemos hasta el mirador.
Unas vistas magníficas. La serenidad de las aguas embalsadas contrasta con lo abrupto del desfiladero. Parece mentira que esta misma agua, reposada y serena, sea capaz de horadar una montaña hasta partirla en dos. Nos apoyamos sobre la barandilla de madera y contemplamos el paisaje del Guadalteba, con Ardales al fondo y el cauce del río Turón. Respiramos y creemos, convencidos, que la provincia de Málaga es diversa y poliédrica y única.

Despedida

El bramido bajo nuestros pies. Retumba el agua. Observamos el cortado que alcanza el cielo y la débil balconada que se interna en el tajo. Llegan hasta nosotros el eco de los mitos y de las leyendas, de las historias que caminan por la estrecha vereda, de la Historia con mayúsculas y de las historias con minúsculas, de los temerarios y de los imprudentes, de los osados… Imaginamos a los trabajadores que erigieron el camino del desfiladero, sin saber que estaban realizando una combinación única entre la labor humana y la labor natural, conformando un paisaje sin igual, sin parangón. También creemos ver a un rey diminuto ante la grandiosidad de la naturaleza.
Esperaremos, pacientes, a que el nuevo proyecto se transforme en una pronta realidad y que sean nuestros pasos los que resuenen entre los ecos de los otros muchos que caminaron por esta senda antes que nosotros.
Mi acompañante me dice al oído: “Yo lo hice. Yo recorrí el Caminito del Rey”. Me giro y la voz desaparece por entre los farallones de piedra.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de interés: Toda la información aparece en la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol Occidental y en la web especializada de la Junta de Andalucía, la Ventana del Visitante. Los ayuntamientos de Ardales y Álora lo incluyen en sus webs. en las entradas correspondientes a ambos pueblso en este blog también se puede encontrar información útil para su visita, gastronomía, patrimonio histórico y cultural , actividades, rutas senderistas, etc. "ARDALES: Un encuentro milenario" y "ÁLORA: La Bien Cercada y su Caminito del rey".

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.



Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural Protegido.


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