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21 ESTEPONA: EL REFLEJO DEL MAR EN LA HISTORIA

martes, 1 de septiembre de 2009

Parece Estepona siempre iluminada por el fulgor azul del Mediterráneo. Ese resplandor índigo entra en brutal contraste con el rojo parduzco de Sierra Bermeja. Así se encuentra Estepona, atrapada entre el mar y la montaña, emboscada sabiamente en una cinta de tierra que se deja mojar la punta de los pies con el frescor del mar y airear su cabellera con la serranía. Convive con ambas desde tiempo inmemorial, así lo atestiguan sus vestigios prehistóricos y fenicios y romanos y siempre árabes. Estepona de arenales extensos, Estepona que antes de "Estebunna" y "Alextebuna" fue otra, la que conocieron los marineros de Fenicia, los comerciantes de Roma por otro nombre... Estepona que conserva aún el particular sabor de la Málaga auténtica en sus calles más antiguas. Así luce Estepona, entre un pasado excelso y un presente vivificante. No resistiremos la tentación de mojar nuestros pies en sus aguas colmadas de historia.

Organización

Optamos por visitar en primer término la Oficina de Turismo donde nos proveerán de información más detallada y un plano completo y actualizado de la ciudad. La oficina principal se encuentra en el centro, frente al paseo marítimo y es rápidamente identificable. Vayan aquí los datos completos para que no haya equivocación posible: Tel.952 80 20 02 - Fax 952 79 21 81 - Avda. San Lorenzo nº1, 29680 Estepona y mail turismo@estepona.es. Estacionamos el coche muy próximo a la misma oficina tras dar una o dos vueltas. Si no se encuentra aquí aparcamiento, hay un parking público en las inmediaciones. Tras charlar amigablemente con la responsable del centro optamos por el siguiente plan. Caminaremos dirección oeste por el paseo marítimo hasta llegar a la plaza de toros donde se ubican cuatro de los museos municipales. Se encuentra a unos 800 metros y 20 minutos andando pausadamente. Regresaremos por el mismo camino para realizar una ruta por el casco urbano que nos han propuesto desde la oficina de turismo. Otro de los lugares a visitar en Estepona es el Centro de Corominas, un centro de interpretación prehistórica que se puede visitar con cita previa, para ello hay que llamar y preguntar por Victoria Infante: 654.711.715. o escribir al mail info@acudeestepona.com.

Comenzamos

Se extienden larga y morosamente las playas de Estepona abrazando todo el litoral. 21 kilómetros de arenales que dan lugar a 17 playas. La Rada, El Padrón, Bahía Dorada, Punta de la Plata, Guadalobón... Los esteponeros y visitantes se solazan tumbados sobre la arena parda mientras el sol refulge sobre el espejo del mar. Los perfiles de algunas sombrillas, las palabras del juego infantil, la mirada de la mujer al horizonte... conforman un refugio de sol templado y mar cálido en el que zambullirse... Una suave brisa nos acompaña en el caminar por el Paseo Marítimo. Numerosos chiringuitos salpican la arena ofertando sus menús a base de pescaíto frito. Huelen ya las maderas de brasa preparadas para los primeros espetos de sardinas, aroma de estío y tan propio, único y personal de la costa malagueña.

Los "volaores"

Caminando llegamos hasta el Puerto de Estepona y a su faro que bordeamos para acceder hasta la Avda. del Carmen y llegar así hasta la plaza de toros. Antes, en el puerto, hemos paseado por la cara que da a la playa, allí, colgados a secar encontramos numerosos peces. "Se venden volaores" rezan algunos carteles. Algunos hombres, sentados en el interior de las lonjas esperan la llegada del comprador o del visitante. Esperan, conversan, una mujer hace encaje de bolillos. En la primera de las lonjas conocemos a Francisco Parrado, un hombre mayor, curtido, de rostro afable y manos rudas. Pegamos la hebra un rato y en la charla nos cuenta que estos son peces de temporada, que son peces de paso y que sólo se capturan durante el mes de agosto. Cada pieza se vende a dos euros y dice Parrado que son un bocado exquisito, nada que ver con el atún, mucho mejor que éste. Allí, sobre unas cuerdas y sobre unos carritos los "volaores" dejan que el sol los seque, que los transforme en mojama tierna, en manjar, extienden sus aletas en forma de ala, como desplegando toda su aerodinámica... Nos despedimos así de Parrado que tras la primera desconfianza descubrió una sonrisa y de ahí a una buena explicación. Anotado en la agenda. En agosto, en Estepona, en el puerto: "volaores".

La Plaza de Toros de Estepona y sus cuatro museos

Tiene la plaza de toros esteponera una particularidad, singularidad de coso taurino asimétrico en el que prima lo elíptico sobre la redondez. Acostumbrado como está el ojo a ver plazas de toros perfectamente redondas en sus gradas, la de Estepona sorprende por la desigualdad de sus gradas, por asimetría que las hace ascender y descender. El arquitecto Juan Mora Urbano la ideó en 1972 y así fu construida. Paredes encaladas al sol, blanco purísimo recortado contra el azul del cielo. Rotunda y redonda y desigual, así surge ante nosotros la Plaza de Toros de Estepona, como un círculo imperfecto junto al mar. Y dentro, un tesoro en forma de museos. Para entrar en los museos municipales nos situamos de espaldas al mar, a la carretera y tomamos la dirección de la izquierda, es la fórmula más rápida. Si se quiere visitar el exterior de la plaza, podemos tomar el camino de la derecha, con algo más de vuelta, pero con más arte. Los horarios de los museos municipales son de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 18:30 horas. El teléfono de contacto es 952.807.148.
El personal de los museos nos atiende con agrado, nos explica, nos cuenta, nos detalla y acompaña un trecho. Comenzamos por el Museo Taurino, una suerte de panteón fotográfico dedicado a las más grandes figuras del toreo. Es una magnífica colección fotográfica con instantáneas de Manolete, Paquirri, Joselito, José Tomás, El Cordobés o Enrique Ponce. Además en sus salas también se exhiben algunos trajes de luces de otros maestros. Sorprende la presencia de algunos trofeos, orejas y rabos, entregados a los matadores en su encuentro con los astados como por ejemplo el rabo del toro "Ofendido" concedido a Antonio Bienvenida en 1949. El interior de la plaza también se puede visitar, incluso pisar el albero para sentir un pinchazo de cierto temor en las entrañas. Lo abandonamos rápido para continuar nuestra visita. Accedemos al Museo Paleontológico y allí nos saludo un morlaco mayor, desde luego, que un toro, es la réplica a escala 1:1 del esqueleto de un dinosaurio que nos mira desde sus cuencas vacías. Numerosas vitrinas nos muestran una gran cantidad de fósiles y es que este museo tiene la particularidad de que sus piezas han sido extraídas en su mayoría en Estepona. Está especializado en el periodo del plioceno, hasta tal punto que algunos expertos europeos llegan hasta la ciudad esteponera para documentar sus trabajos sobre el mismo. Dentro, otras dos réplicas de enormes esqueleto nos hacen pesar en la inevitable Jurassic Park. Se nos llama la atención sobre un colmillo, de muy considerable tamaño, perteneciente a un carchodon, un tatarabuelo del tiburón que le sobrepasaría en envergadura en más de diez veces. Continuamos en el pasado, algo más reciente que nos ofrece el Museo Etnográfico. Perfectamente conservado, organizado con esmero y distribuido por actividades. Se pueden observar los instrumentos necesarios para el trabajo tanto en tierra como en mar. Así se pude contemplar una barca de pesca tradicional, una decena de maquetas de diferentes barcos, redes, nasas, áncoras, remos, bicheros... Un completo surtido de artes marinas. El campo está representado por las diferentes estaciones de la cosecha como la trilla o la recolección con un incontable catálogo de herramientas. Un arado, un pequeño tractor, una carreta... También hay útiles de la vida cotidiana como vasijas, balanzas romanas, tinajas, capazos de esparto e incluso la reconstrucción de una antigua cocina. Por último pasamos al Museo de Imagen y Sonido Luis García Berlanga. Pesa más en este el valor de las curiosidades en forma de afiches, carteles, firmas y autógrafos, reproducciones de caretas y trajes, cintas de casete y un enorme proyector antiguo que nos recuerda a aquella fantástica Cinema Paradiso. Hay un catálogo de cámaras de vídeo antiguas con algunos ejemplos de súper 8, cámaras de fotografías, etc... Otro de los valores de este museo son algunos instrumentos musicales firmados por artistas como Scorpions o Bonnie Tyler... Ahítos y satisfechos de cultura museística, optamos, dada la hora que es por ocuparnos de la cultura gastronómica. Preguntamos al personal. Sin duda, La Escollera. Allá vamos.

Comida en La Escollera

Al venir hacia la plaza de toros ya lo habíamos visto, pasado frente al restaurante que ya había llamado nuestra atención. Se sitúa en el puerto pesquero (que no en el deportivo) y, preguntando, no faltará alguien que lo indique. Se accede al local a través del bar, dedicado a las tapas y al picoteo o, directamente, desde la playa. El comedor es una terraza lonja literalmente, a pie de playa. Nos ofrecen un surtido infinito de mariscos y pescados. es un restaurante familiar frecuentado por algunos extranjeros conocedores y por esteponeros habituales que ya saben el nombre de la troupe de camareros. Bullicio, lío, voces altas, no es un restaurante tranquilo, pero sí profundamente auténtico en el que se entremezclan propios y extraños. Nos atienden y sueltan la retahíla del menú.... Boquerones, chopitos, concha fina, calamares, salmonetes, bogavantes, cigalas plancha, ensalada, ensalada de pulpo, dorada... Optamos por: una jarra de cerveza con gaseosa, 6 €; dos botellas de agua pequeñas, 2,20 €; gambas plancha, 13 €; calamares, 10 €; sardinas en adobo, 8 €; dos cafés con hielo, 2, 40 € y dos cubiertos. Total 43 €. Las raciones son generosas, abundantes, el pescaíto está recién hecho y ¡¡quema!! así, cuidado. Las sardinas fritas en adobo son todo un prodigio culinario. Satisfechos y algo somnolientos decidimos caminar un trecho de vuelta para bajar la comida, ir al centro e iniciar la ruta propuesta por la oficina de turismo.

Ruta turística

La brisa del paseo marítimo nos anima, vencemos la pereza sestera postcomida y caminamos con garbo. En las playas disfrutan los bañistas, vuelan las cometas en el aire prístino, rompen las olas contra la arena, dos jóvenes juegan a las palas, un nadador se pierde en el horizonte... Llegamos a la Avda. de España y en el primer cruce importante, tomamos el acceso de la izquierda hasta llegar a la calle Carmen Sevilla, entrada privilegiada a la Plaza de las Flores. Arropadas por una fuente, las flores que dan nombre a la plaza tiñen de color los arriates, rojos y violetas sobre las paredes blancas. Las fragancias, frescas, recorren todos los rincones y puede ser éste un buen lugar donde sentarse a reposar. Desde la misma plaza parte la calle Raphael, que luego será calle Castillo y que debemos seguir para visitar las ruinas del que fuera Castillo de San Luis, una fortaleza mandada construir por los Reyes Católicos a finales del siglo XVI y que tuvo como fin reforzar las defensas de la ciudad. Por una estrecha calle, el pasaje Francisco Delmo, se accede a la parte trasera del edificio, del que, gracias a unas escaleras de caracol, se puede tener una mejor visión del mismo. El pasaje Francisco Delmo comparte el castillo de san Luis con el Mercado Municipal de Abastos. Se mezclan en esta estrecha calle los olores del pescado, de las frutas y verduras, de la carne.... Salimos a la luz del sol hasta la plaza Casa Cañada que nos ofrece el murmullo delicado de una fuente. Un hombre se sienta en un banco al cobijo de la sombra. Subimos por la calle Viento hasta el ayuntamiento, después y, tras él, tomamos la calle Caravaca. Nos sumergimos en la parte más antigua de Estepona que aún conserva la esencia de sus raíces agrícolas y pesqueras. En el conjunto de sus calles estrechas se pueden observar algunas casas de cierto abolengo. Visitamos la plaza del Reloj, donde se erige la torre del mismo nombre. La Torre del Reloj, inhiesta de beige y salmón sobre el cielo azul. Es esta una plaza tranquila, reposada, con un quiosco de música y un gran conífera enfrentados. Hoy permanece silenciosa, pero podemos imaginar perfectamente el bullicio de los días lectivos cuando comience el curso escolar. Y es que ahora, siglo XXI, la Torre del Reloj, alminar de reminiscencia árabe, suntuosa torre de aviso a la oración, forma parte del Colegio de Educación Infantil y Primaria Simón Fernández. Desde aquí partimos camino a la iglesia por la calle Santa Ana y la calle Blas Ortega. Llegamos hasta la plaza de San Francisco, donde el campanario de la Iglesia Virgen de los Remedios impone su altura, su prestancia, su presencia. La portada del templo es delicada, sutil, casi volátil, alargada, parece querer elevarse y estirarse para tocar el cielo. Por contra, el interior es contundente, recargado en imágenes y en altares con una curiosa balconada que se asoma a la nave central, los dinteles de las columnas, dorados, una gran lámpara de pedrería, mármoles de color grana... Se está fresco.

Despedida, al mar

Caminamos hacia el mar, cruzamos la calle Real, una de las arterias principales de Estepona, donde se juntan bares, restaurantes, comercios... Nos acercamos a un pequeño quiosco para comprar la postal preceptiva que enviamos a 1.000 kilómetros de distancia, a un hombre de 89 años que sabemos la espera con anhelo. Sentados en un banco la escribimos y la echamos a un buzón. Cruzamos la Avda. España, cruzamos el paseo marítimo, saltamos a la arena, nos desprendemos de la mochila, de las gafas de sol, de la gorra, de la camiseta, del pantalón, de las deportivas, de los calcetines... y corremos hacia el mar. El agua está fresca. Y deliciosa.

Consejos turísticos y enlaces de interés y otras visitas

Consejos útiles: Para visitar el complejo arqueológico de Corominas conviene llamar con suficiente antelación. En los museos municipales nos han comentado que merece la pena, que ha sido reconstruido de maravilla y que es uno de los lugares a visitar en Estepona. El teléfono al que hay que llamar es 654.711.715 y hay que preguntar por Victoria Infante, como se nos indica en un comentario, también se puede solicitar información a través del siguiente mail info@acudeestepona.com. La entrada cuesta 3 € para grupos menores de 10 personas y 2 € para grupos mayores de diez personas. Tomamos nota.
Otras visitas: Si se quiere complementar la visita a Estepona con la naturaleza y la fauna, el lugar es el parque Selwo Aventura. Un centro natural con una década de existencia que se ha convertido en uno de los parques de animales en semilibertad más importantes de Europa. Elefantes, tigres, jirafas, leones, osos, exhibición de aves rapaces... etc. Si el visitante lo desea también se puede pernoctar en el interior. Teléfono de información y reservas: 902 19.04.82. Otro de los lugares a visitar es el Parque de San Isidro o de Los Pedregales, un centro de esparcimiento totalmente equipado ideal para pasar el día con la familia en contacto con la naturaleza. El parque cuenta con diversas infraestructuras como zona de acampada, servicios, bar-restaurante, barbacoas, fuentes, parque infantil, un lago artificial, etc... Pero sin duda la estrella natural de Estepona son Los Reales de Sierra Bermeja, un balcón sobre el Mediterráneo, único por su flora (precisamente aquí se descubrió la endémica especie de pinsapo) y con unas características geológicas muy especiales. Estepona comparte Los Reales de Sierra Bermeja con los municipios de Casares y Genalguacil. Para ver información más detallada se puede visitar el siguiente link de este mismo blog: 12. Genalguacil: Museo Habitado. Por último, Estepona, mirando al mar, tiene en su término municipal hasta siete torres almenaras. Torres que servían de vigía y aviso en el caso de ataques de piratas norteafricanos o turcos. En distinto estado de conservación, las torres almenaras de Estepona son del siglo XV.
Enlaces de interés: tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol. También acudimos a la web muncipal de Estepona que ofrece información turísitica muy detallada. Valga como referencia ilustrativa la página de Estepona Imágenes, donde se ofrece al internauta muchísima información gráfica del municipio.

Este blog queda abierto a todas las sugerencias y recomendaciones de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta y cuantas más opciones haya, mejor. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.

20 BENARRABÁ: ANTIGUO CARMESÍ

martes, 25 de agosto de 2009

Se llamaba Abdelselam ben Arrabat y formaba parte del gremio de tintoreros de la tribu de los Banuh Rabbah. Decían que era alquimista y que sus complicadas fórmulas daban un color especial a los tejidos que se confeccionaban en las orillas del valle del Genal. Piedras, plantas, tierras, animales e insectos de la sierra conformaban los elementos de sus casi mágicas tinturas. Así, tras diversas elaboraciones un día obtuvo un color brillante semejante a la sangre, lo llamó qarmazi, carmesí y su fórmula permaneció en absoluto secreto hasta su muerte. Fallecido el alquimista, uno de sus hijos reveló el secreto: su padre había extraído el color de una cochinilla llamada Qarmaz, insecto que chupaba con profusión la sangre de algunos animales, de ahí el nombre carmesí, qarmazi, color de sangre que tiñó los vestidos, los trajes, las ropas de los habitantes de aquel antiguo Benarrabá.

Nos acercamos

Se aprietan los pinos y los alcornoques, dotan a las faldas que descienden hasta Benarrabá de una frondosidad que refresca el aire inflamado de calores de estío. Huele denso, a perfumes de tierra antigua, a umbrías veredas, a trochas de campo, a sendas de corcheros.Según nos acercamos al núcleo urbano somos testigos del paisaje que rodea el municipio, montañas escarpadas, lomas pronunciadas, bosque denso y salpicando algunas laderas las manchas blancas, impolutas, de algunos municipios que beben del Genal. Se arracima Benarrabá sobre una ladera desigual que parte el núcleo poblacional en dos centros, aquel que se encuentra al amparo de la ermita del Cristo de la Vera Cruz y el que se sitúa a la sombra de la iglesia parroquial de San Sebastián. Benarrabá es un pueblo pequeño, de calles quebradas, empinadas (algunas, dicen los cronistas locales que de hasta el 70%), irregulares y estrechas (sólo tiene dos vías principales por las que se puede circular en coche). Dadas estas singularidades y para no errar con el estacionamiento, lo mejor es seguir las indicaciones "Ermita-Iglesia-Aparcamientos" a escasos 20 metros de la primera de estas indicaciones llegamos a una de nuestras primeras visitas: la ermita de la Vera Cruz. Antes de iniciar la visita habemos de prevenir al viajero.

Prevención, vista y cámara de fotos

Benarrabá está poblada de elementos arquitectónicos sobresalientes dentro de la construcción civil. Son múltiples las casas del siglo XVIII que mantienen elementos trasladados de su antigua época árabe. De esta manera no es raro encontrar guardapolvos (tejadillos voladizos sobre algunas ventanas para resguardarse de la lluvia), adarves (patios de distribución para diferentes casas y con acceso a la calle que los habitantes podían cerrar a su antojo para hacerlos privados), bocatejas (primera teja de cada canal junto al alero del tejado) o algorfas (del árabe al-gurfa, cuarto alto, desván para guardar grano). El visitante, si visita la página web municipal, http://www.benarraba.es/ podrá seguir un itinerario marcado en calles y números de portal de aquellas casas que presentan estos elementos arquitectónicos tradicionales. Merece la pena tomar nota de algunas de ellas por su singularidad y por trasladarnos, sin quererlo, a épocas antiguas.

La ermita de la Vera Cruz

Una vez cerrado este paréntesis, nos situamos, de nuevo en la ermita de la Vera Cruz. Descabalgamos del coche un instante y contemplamos la belleza sencilla y apacible de la plaza que precede a la ermita. Una pequeña fuente, una veintena de árboles y un buen puñado de bancos invitan a sentarse. La mañana es fresca aún y se escuchan el trinar de los pájaros y los quehaceres de la vida cotidiana. La ermita de la Vera Cruz es sencilla, con una espadaña de la que pende una pequeña campana de aviso. Un frontal con tres ribetes amarillos como única decoración. Tiene el encanto poderoso de lo sencillo, de lo simple. Sobre una de sus paredes, un panel resume la esencia benarrabeña: "Desde el Porón aún la sombra/del desaparecido castillo/pareces ser vigía amable/de tus hermanos: pueblos vecinos. A pesar de tanta pértiga de siglos,/de tanta historia condensada,/juegas a esconderte travieso tras un cerro/para reaparecer alegre en el valle del Genal./Qué paleta no envidia la profusión de colores/de este paisaje frondoso, manto de fantasía/los bosques robustos de alcornoques y encinas/la majestad alta y verde de los pinos./En tus calles de recónditos rincones/y sobre el empedrado hay una melodía/un cante hecho susurro: la memoria viva./A mediodía descubro tesoros en tu despensa,/recorro tus arterias, oigo el río de tu pulso,/la mirada vuela a la cúpula azul de la iglesia". Este panel poético está escrito por María José Collado en el año 2005. Seguimos las indicaciones y tomamos el camino que parte desde la izquierda de la ermita. Descendemos y, tras una curva llega el momento de aparcar. No se recomienda avanzar más ya que las calles se estrechan y requiebran hasta lo indecible. Caminar es el mejor método para conocer. Descendemos por la calle Sol en dirección a la iglesia que ya vemos, con su cúpula azulada mirando al cielo.

El casco urbano y la iglesia

Las calles de Benarrabá se encuentran perfectamente empedradas, y tenemos la sensación de pisar historia viva que ya fuera recorrida por otros antepasados. Tomamos la calle Virgen de la Paz y directamente entramos en el perfecto caos del casco urbano. Caos que reproduce la sombra buscada por los árabes, la estrategia de apretarse para combatir los calores y los fríos, la defensa natural contra el invasor que son el trazado de sus calles. Nos sorprende el toque de campanas en la mañana silenciosa y quieta. Llegamos a la plazuela que se configura ante la entrada de la iglesia. Suenan, de nuevo y más fuertes, las campanas. Nos gusta la sencillez arquitectónica de la parroquia de San Sebastián, con su fachada de formas onduladas y el portal de entrada pintado de amarillos intensos, iluminada por dos escasos faroles que habrán de aportar una luz tenue en las noches de verano. Continuamos por la calle Sol desde la que descienden innumerables callejas como afluentes de un río y así llegamos hasta el ayuntamiento. Parece que en esta calle se concentran los servicios hosteleros de Benarrabá. Se oyen los crujidos de las puertas de madera, muchas de ellas de doble hoja, de apertura horizontal, con la parte de arriba abierta para permitir el paso del aire. Tiene Benarrabá el encanto auténtico de lo rural, sin ambages, sin parafernalias. Benarrabá no es un decorado, es una experiencia andaluza auténtica en la que se presiente el aroma del pasado en cada esquina. Todo son calles estrechas y trazados quebrados, ventanas enrejadas con forja, gruesas puertas de madera con grandes argollas de hierro. Admiramos los voladizos, los adarves, los guardapolvos, las bocatejas, las algorfas.... La ropa tendida en un patio, un banco bajo la sombra de un árbol, unos niños jugando, el hombre tirando de un burro, la calle Estación, la calle Baja, la calle Saucal, Pósito, Calzada, Rosario... Miramos hacia atrás. Nos hemos perdido. Bienvenida sea esta pérdida. Respiramos el perfume antiguo y sonreímos. Cuántas málagas, cuántas andalucías, tan distintas y tan próximas.... Cuántas gratas experiencias....

Despedida

Nos dejamos llevar por los consejos y recomendaciones de un buen amigo y ante el aviso de conocer que esta es zona de chacinas, como la vecina Algatocín, adquirimos algunas viandas que llevarnos al buche acompañadas de media barra de pan. Entre el consumo propio y el reparto a terceros nos gastamos 5 euros en embutido y pan. Lo mejor es sentarse en algunas de las esquinas que constituyen Benarrabá y saber que ese mismo sabor lo degustaron antes que nosotros algunos otros vecinos y vecinas. Poco más se puede pedir. Tras el desayuno campero, volvemos al coche y regresamos por el mismo camino por el que habíamos venido. Nos sumergimos entre los alcornoques y las encinas y prontamente perdemos la vista del núcleo de población. Adiós Benarrabá "que juegas a esconderte travieso tras un cerro".

Enlaces útiles y consejos de interés

La arquitectura popular: Merece la pena descargarse desde la página web municipal el listado de calles con sus particularidades arquitectónicas. Es probable que no veamos todas, pero sí muchas de ellas, lo que servirá para hacernos una idea seria de cómo eran las construcciones del siglo XVIII. Para descubrir la esencia benarrabeña lo mejor es perderse entre sus calles, disfrutar de la sombra de un árbol sentados en un banco, recorrer las callejas, encontrar los adarves...
Enlaces de interés: Sirva como referencia primera la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, que se puede completar con la información que aparece en la página web muncipal de Benarrabá (tanto la leyenda del color carmesí como los aspectos arquitectónicos del municipio están consultados y extraídos de la misma).

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