RSS
Mostrando entradas con la etiqueta Ruta del Torcal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ruta del Torcal. Mostrar todas las entradas

84 VILLANUEVA DE LA CONCEPCIÓN: AL AMPARO DEL TORCAL

martes, 16 de noviembre de 2010

Y asciende el leve y delicado paisaje. Asciende hasta querer encaramarse a ese enorme farallón de piedra que emerge de la tierra como una barrera colosal. Farallón que esconde un corazón pétreo, un jardín oculto que late al compás que le marca Tethys, un mar tan antiguo como la humanidad. Tesoro cincelado a base de tiempo y tiempo y tiempo. Tesoro que muta y cambia al albedrío de los fríos y de los vientos, de los meteoros. Jardín inmemorial de piedra inmemorial. Corazón oculta de Villanueva de la Concepción. Un jardín confeccionado con torcas y dolinas y lapiaz. El Torcal, su corazón oculto.

Aproximación a El Torcal

Y según ascendemos se erizan las rocas blancas, se endurecen las tierras sembradas de piedra, se ciernen sobre nosotros las lascas megalíticas, las láminas de piedra inmensa. Al revés que la bíblica mujer de Lot, nos convertiremos en estatua si miramos hacia adelante, porque si miramos hacia atrás se extenderá ante nosotros un perfecto mapa en relieve de la provincia de Málaga, un paisaje privilegiado en el que el cielo se confunde con el mar y el horizonte con las cimas de las montañas. Sólo las brumas matinales parecen escapar al hechizo de la distancia. Antes de llegar al centro de visitantes, estacionamos por un momento en el Mirador de Diego Monea. Poner el pie en el suelo y nos saluda una orquesta de esquilas y cencerros, el ganado ovino y caprino y sus dominios. La vista que obtenemos desde esta atalaya es impagable, quizá como ningún otro mirador en la provincia de Málaga. Los límites de las montañas granadinas, la Axarquía, Málaga capital, la serranía rondeña, la Sierra de las Nieves, los Montes de Málaga. Es sobrecogedor, parece que tengamos toda la provincia sobre la palma de la mano. Continuamos por este paisaje grisáceo y lunar y nos adentramos con cada tramo recorrido en un mundo imposible en formas, en tamaño, en comprensión. Parecen las dolinas los dedos de un gigante surgiendo de la tierra, descenso a los infiernos las depresiones del terreno, escaleras al cielo las torcas. Sea aquí que la naturaleza deja a tras al ser humano y para subrayarlo, un importante rebaño de ovejas reduce el paso de nuestro avance. Llegamos al Centro de Visitantes.

El Centro de Visitantes

Dada la afluencia de visitantes hasta El Torcal, los responsables han organizado un sistema que permite acceder a él sin crear en su entrada un embotellamiento de tráfico. No en vano, la carretera es sinuosa y estrecha. De esta manera, cuando se detecta que el parking superior está completo, existe una zona de aparcamiento en los accesos donde el visitante puede dejar estacionado su vehículo y ascender hasta El Torcal en un minibús. Cómodo, práctico y sostenible. No es nuestro caso, ya que la pronta hora de la mañana a la que hemos llegado nos permite acceder con nuestro propio vehículo. Estacionamos y nos adentramos en el edificio del Centro de Visitantes. Por fuera, una mole de piedra más entre todas las que le rodean, perfecto mimetismo con el entorno. El Centro de Visitantes del Torcal es reciente y como tal, responde a las necesidades del viajero moderno. Instalaciones que nos explican con paneles interactivos la formación del Torcal desde el pasado mar de Tethys, el trabajo de la erosión, el origen de las formas caprichosas que conforman este entorno tan espectacular. Además, ofrece la posibilidad de jugar con representaciones de las cadenas tróficas de la flora y la fauna, contemplar fósiles de muy muy cerca, e incluso oler los perfumes que exhala el Torcal, romero, tomillo… Un audiovisual de quince minutos explica en forma de cuento gótico la historia de esta formación geológica tan particular. Por cierto, el centro también dispone de un servicio de restaurante y bar donde avituallarse hoy se anuncia “Paella” con grandes letras, aunque también hay otras delicatesen como migas, huevos fritos con jamón ibérico, croquetas caseras y, no podía faltar, porra antequerana. Una vez informados, comenzamos la ruta.

La Ruta Verde de El Torcal

Hay dos rutas señalizadas. La primera de ellas, la Ruta Verde, de 1,5 kilómetros de distancia y de 45 minutos de duración. Otra, la amarilla, es más larga y con una duración de dos horas. Optamos por la primera. Antes de llegar al Centro de Visitantes y desde el aparcamiento sale nuestra ruta, que comparte un tramo con la otra. Conjuga el Torcal las formas delicadas con las rotundas, en un juego de sorpresas continuas en el que la imaginación puede crear monstruos, figuras imposibles, princesas y guerreros de yelmo enhiesto. Parece congelado el silencio y parecen moverse por el rabillo del ojo las grandes formaciones rocosas. Es un paisaje de embrujos, de apariencias mágicas, un jardín pétreo donde todo parece posible, una ciudad dolménica donde los roquedales ascienden hasta transformarse en ciudades, en edificios, en enormes rascacielos. Nos observan, nos miran esos tótems de piedra. Pensamos en cómo será caminar aquí entre la niebla, en uno de esos días en los que el Torcal se encapota y muestra su ceño fruncido, su mal humor intempestivo. De ahí que convenga informarse sobre la predicción meteorológica antes de acudir. Hoy hace un día radiante de cielo azul otoñal. Cuando nos situamos en el fondo de este antiguo mar parece que unas fauces dentadas fueran a cerrarse sobre nosotros hasta engullirnos. El Torcal es un juego de geologías, perfecto para visitar con niños, que encontrarán en este paraje una vasta ludoteca. La Ruta Verde no es complicada, el trazado, eso sí y como es natural, está alfombrado de piedras, así que conviene no salirse del camino, aún con todo es una ruta muy sencilla y al alcance de prácticamente todo el mundo. Y cuando parece que ya hemos contemplado todas las formas imposibles, otras surgen a nuestro paso como auténticos colosos, como gigantes, como polifemos de mil ojos. De pronto, en un altozano, se recorta una silueta que no se sabe si es de piedra o humana hasta que se mueve. Caminamos por el corazón, entre sus arterias, entre roquerío y árboles retorcidos, palpando con nuestras manos, acariciando estas piedras antiguas. La ruta se completa con una visita al Mirador de la Escalerilla, un balcón natural desde el que se divisa Colmenar, Casabermeja, el mar Mediterráneo y las azoteas, lejanas, del Villanueva de la Concepción.

El centro urbano

Dejamos atrás las espigadas formas de El Torcal e iniciamos nuestro descenso hasta Villanueva de la Concepción. Como si fuera para contrarrestar el dédalo de piedra de su paraje natural, el centro urbano de Villanueva de la Concepción posee unas calles largas, rectilíneas, que forman líneas paralelas unas con otras. Parece responder este trazado moderno, a la modernidad de su constitución como municipio independiente, el uno de los ciento uno de la provincia de Málaga. Villanueva de la Concepción perteneció hasta 2009 al municipio de Antequera. Aunque la villa posee un pasado que se remonta hasta el neolítico, su configuración como municipio ha sido muy reciente. “Villanueva de la Concepción nace como pueblo el 3 de noviembre de 1880. En marzo de 1992 es declarada Entidad de Ámbito Territorial Inferior al Municipio (EATIM), para más tarde, en 2001, ser declarada Entidad Local Autónoma (ELA), iniciando así una etapa definitiva en su declaración de municipalidad. En 2007, la Junta de Andalucía reconoció su derecho a segregación del municipio matriz, Antequera, haciéndose efectivo dicho derecho el 17 de marzo de 2009 durante un consejo de gobierno en Málaga, que autorizó la construcción del ayuntamiento, convirtiéndose así en el municipio 101 de la provincia malagueña”, así nos resume su historia reciente la wikipedia. Seguimos las indicaciones que nos llevan hasta la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, estacionamos en la calle San Antonio, apenas a cinco metros de la entrada al templo. Es un edificio sencillo, construido a finales del siglo XIX, de luminosas paredes blancas y rematada con una sencilla espadaña. La iglesia se constituye en torno a una sola nave, en cuyo altar reposa una imagen de la Inmaculada Concepción. El retablo interior es neoclásico y posee un poco habitual color oscuro. Las calles rectilíneas, forjas negras en las ventanas y balcones, zaguanes que preceden al interior de las casas. Huele a otoño con intensidad, a comida casera, aromatizada y penetrante. Huele a brasa de picón. Paseamos por las tranquilas calles de Villanueva, tranquilas y aseadísimas, en perfecto estado de revista. El murmullo del trajín cotidiano se traduce en ruido de cacerolas, de ollas a presión, de conversaciones y saludos, de radiofonías, de músicas lejanas. Caminamos entre sus calles y no hay posibilidad de pérdida. Los paneles indicativos nos llevan hasta la plaza de Andalucía desde el callejón del Viento. La plaza es el centro neurálgico del municipio, lugar donde se celebran los eventos y fiestas más destacadas y que ha visto pasar ante sus bancos y naranjos la historia más reciente de la localidad. Posee estructura rectangular y en el centro destaca una fuente octogonal elaborada con granito rojo. Esta fuente está considerada como el principal punto de abastecimiento de agua de Villanueva. Un panel explicativo nos ayuda a situarnos y a buscar otro de nuestros objetivos. Antes, reposamos un tanto. Nos sentamos en uno de los bancos, junto a un naranjo. Dejamos que el sol, templado, nos caliente la piel. Vemos allá arriba, las estribaciones del Torcal que aún está reciente en nuestra mirada. Recordamos sus formas retorcidas y las comparamos con la rectitud de la fuente, de las esquinas de la plaza, de las azoteas de las casas. Seguimos camino por la calle Real hasta la plaza García Caparrós. Damos fe de lo que el panel explicativo subraya: “La plaza es un lugar idílico para pasar las largas tardes estivales a la sombra de los majestuosos olmos que la coronan”. Eso hacemos, trocando la tarde estival por la mañana otoñal, que vienen a tener una luz muy similar. A la plaza de García Caparrós confluyen las calles Nueva, Plantel Juvenil y García Caparrós, lo que la hace casi un lugar de paso obligado. En el centro de la plaza, una fuente borbote su murmullo de agua. Villanueva, tras la construcción del Camino Real por orden de carlos III y que comunicaba Málaga con Madrid fue un nudo de comunicaciones estratégico. Para mejorar sus accesos se construyeron tres puentes que pueden ser visitados por los curiosos de la historia, son los puentes del León, del Horcajo y del arroyo Cauche.

Despedida

Aún con el temblor del tibio sol en nuestra espalda, imaginamos el Torcal. Lo pensamos y dibujamos en nuestra mente, recorremos sus surcos y sus secretos, sus pasadizos retorcidos, sus grutas oscuras, sus edificios de piedra gris. Bosquejamos el Torcal como si fuera un sueño, los relieves de su trazado, los horizontes dentados, los caminos imposibles. Imaginamos el mar de Tethys, la pasada superficie sumergida en la que ahora nos encontramos. Imaginamos como Villanueva de la Concepción surge de los mares portando en su testuz esa corona pétrea que es su Torcal.

Información útil y enlaces de interés

El Torcal: Antes de acudir es necesario consultar el parte meteorológico, el acceso por carretera es relativamente sencillo pero puede complicarse con lluvia, hielo o nieve. Pertrecharse de cámara de fotos y de prismáticos. Imprescindible acudir antes de iniciar la ruta al Centro de Visitantes para saber y conocer qué vamos a ver.
Fiesta de la independencia: El 3 de noviembre, Villanueva de la Concepción festeja el aniversario de su proclamación como Población Rural en 1880. Es ésta una de las citas más significativas de la localidad, que transcurre con la celebración de juegos deportivos y con una gran fiesta popular. Dentro del programa festivo se incluye un acto homenaje a los mayores del pueblo como reconocimiento a su esfuerzo en la constitución de Villanueva de la Concepción como pueblo y municipio.
Día de la Haba: Villanueva de la Concepción produce anualmente entre un millón y un millón y medio de habas en cada cosecha, es de recibo que el municipio rindiera homenaje a este producto con la celebración del Día de la Haba. Durante la jornada se dan a degustar más de 2.000 raciones de cazuelas de habas. Los actos comienzan a las diez de la mañana, cuando los bares ofrecen a los visitantes y vecinos raciones de habas con aceite mientras la música de verdiales acompaña a los participantes durante toda la jornada. A mediodía la plaza de Andalucía se transforma en centro neurálgico de la fiesta donde se ofrecen de manera gratuita estas 2.000 raciones de cazuelas de habas mencionadas, acompañadas por otros surtidos gastronómicos con este ingrediente como elemento principal proporcionados por los bares y tabernas. El Día de la Haba se celebra en el mes de abril.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal, a las que sumamos una página personal sobre Villanueva de la Concepción y otra específica sobre El Torcal.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

08 CUEVAS DEL BECERRO: ACUNADO ENTRE ROCAS

martes, 2 de junio de 2009

Una leyenda cuenta que en el cobijo oscuro y húmedo de una cueva, tiempo ha, un campesino del pueblo encontró un becerro. Un becerro dorado como el sol y de brillo tan intenso que iluminaba el último resquicio de su recóndito escondite. Un becerro de oro puro, oro intenso. Un becerro de oro. A esta leyenda se le atribuye el nombre de esta población: Cuevas del becerro. Aunque también hay otra más prosaica y tanto menos misteriosa e igualmente válida. Cuenta el cuento popular que un becerro se perdió en la profundidad de la noche. Sus balidos de lamento se escuchaban desde el pueblo. Los campesinos, impresionados por el llanto lo siguieron cual flautista de Hamellín y hete aquí que en una de las muchas cuevas que circundan el municipio encontraron a la criatura aterida de frío. Cuevas del Becerro, quizá con este nombre no podría ser otro su santo que San Antonio Abad, patrón de los animales. Más leyendas aún se desprenden de este municipio y que se contarán más adelante.


La llegada, el trazado y el aparcamiento


Rodeado de agrestes picos, emerge el caserío blanco de Cuevas del Becerro. Izado a un promontorio rocoso observa impávido los campos que le rodean. Columna vertebral natural del tránsito entre Ronda, Campillos y Antequera, Cuevas del Becerro vive en el paso nutridamente transcurrido de estas dos grandes localidades. Paso natural porque en las lindes del municipio circula un paso abierto entre las montañas, Cuevas del Becerro se yergue como frontera natural. Tiene la población un trazado rectilíneo que avanza hacia el frente siguiendo el trazado natural del promontorio al que parece rebosar. Desde el corazón del centro urbano apenas si entre dos calles se pueden observar las montañas que le rodean, auténticos puntos de interés geológico y que forman parte de la ruta del Torcal de Antequera. Se intuyen, tras los balcones de forja y las rejas de las ventanas, amplios y frescos patios de desahogo. Nos introducimos en el pueblo y seguimos la indicación de ayuntamiento. En la primera parte de sus calles estrechas, dos franjas amarillas junto a la acera nos indican que el estacionamiento está prohibido. Un poco más allá de la Casa Consistorial se puede aparcar sin mayores problemas. En época estival se recomienda llevar sombrero, gorra, crema de protección solar y abanico. No ha entrado aún la temporada estival y se presiente el calor que puede apretar en pleno verano. Aún con todo, y dada su altitud y proximidad a la sierra, tampoco estará demás pertrecharse, incluso en el tórrido verano, con alguna ligera ropa de abrigo.
La Iglesia de San Antonio Abad

Nos acompaña en el inicio de nuestro recorrido un continuo e intenso trinar de pájaros, es una banda sonora de frescor agradable. Nos encaminamos hacia la iglesia de san Antonio Abad, que se sitúa en la misma calle que el ayuntamiento, la Calle Real, pero unos cien metros hacia atrás. La Iglesia de San Antonio Abad es un templo sencillo, de una sola nave y con una profunda fragancia de flores en su interior. Ocho imágenes saludan desde sus flancos y el altar, curioso por su sencillez y conformado por tres arcos de medio punto construidos en ladrillo alberga otras tres imágenes. A la derecha del altar, una pequeña capilla, donde tres mujeres charlan con voz queda. Al final de la nave, a la izquierda, un San Antonio con dos becerros a sus pies.

Camino al Nacimiento y las eras


Salimos, de nuevo a la calle Real y caminamos por ella hasta prácticamente el final del pueblo. Tomamos una indicación a la derecha, donde se nos subraya la dirección a la Plaza de la República. Caminando por esa calle que discurre paralela a calle Real, llegamos hasta una señal que nos ofrece varias posibilidades. Hornos romanos, nacimiento, polideportivo, etc... Caminamos de frente, en busca de los hornos romanos. No los encontramos. Preguntamos en un par más de ocasiones y nos dicen que estamos en la dirección correcta. Seguimos sin hallarlos. Optamos por llamar a una casa. Nos atiende una chica joven. - Los hornos los retiraron hace unos años, la idea es construir un museo en el lugar donde se ubicaban, pero por ahora... Damos la vuelta y ponemos pies hacia el nacimiento. No tiene pérdida, sólo hay que seguir el entramado de calles paralelas a la calle Real y continuar por "Salida pueblo". Tras algo menos de un cuarto de hora andando llegamos hasta el nacimiento y las eras.

Las eras y el nacimiento


Nos llama la atención un cartel que se sitúa antes de subir hacia las eras. En amplias letras blancas indica: los Resbalaeros. El cartel hace referencia a tres tajos desgastadísimos que hay en unas rocas a la derecha y cuya leyenda dice así "Estos tajos, conocidos popularmente como Los Resbalaeros han sido para muchas generaciones de niños y niñas de La Cueva, lugar de diversión donde pasar las tardes usándolos como toboganes, dada su singular forma. Más de una rodilla y de un trasero han sufrido desollones y nuestras madres han tenido que tirar algún que otro leotardo y pantalón a la basura, tras haber pasado la tarde resbalándose con ellos puestos". Curioso y popular entretenimiento de tiempos pasados donde el contacto con lo natural era moneda corriente. Tras subir una tramo de escaleras accedemos a las eras, una pequeña explanada usada tiempo atrás para aventar las mieses del trigo y hacer que el viento realizara su trabajo, dejando sobre el empedrado el fruto del cereal. Muy próximas a las eras se encuentra el nacimiento, por lo que se ve, lugar solicitado de esparcimiento donde los cueveños y las cueveñas, al fresco de las fuentes, espantan el calor. Una red de acequias canaliza el agua y dos caños ofrecen una agua cristalina y fría, perfecta para ahuyentar el bochorno. Charlamos un rato con los lugareños y uno de ellos nos refiere otra historia que también podemos leer en las señalizaciones. Una historia de guerra y de conquistas. Parece ser que "en este lugar, conocido en la edad media como Fuentes de Huéxbar se asentó el Rey Alfonso XI "El Justiciero", con su séquito real para preparar la conquista de Ronda". También nos comentan los lugareños que poco queda de las ruinas del castillo medieval que se erigía en el Cerro del Castillón, pero que en la cara norte, subiendo por el sendero de Juan Durán (junto a la eras) se puede llegar hasta la reconstrucción de un poblado neolítico. Tomamos nota, nos refrescamos de nuevo y vamos camino del coche. El poblado se sitúa a unos cuatro kilómetros por pista del centro urbano. Regresamos junto al carrizal y la acequia que parte del Nacimiento, atravesamos la plaza de la República y por una calle lateral accedemos hasta calle Real, lugar en el que hemos aparcado el coche esta misma mañana.

Malograda visita al neolítico


Con el coche hacemos el mismo recorrido que hace unas horas hemos hecho a pie. Llegamos a Los Resbalaeros" y a las Eras y tomamos la pista hacia la derecha que se da en llamar de Juan Durán. Avanzamos despacio y con cautela. La pista está en condiciones un tanto irregulares y hay que ser precavido. Ascendemos entre un paisaje de piedra y cereal fantástico. Mientras, el camino va empeorando. Grandes surcos se abren sobre la tierra. Hemos avanzado casi dos kilómetros cuando decidimos, muy a nuestro pesar, regresar. El camino no es impracticable, pero con un turismo ordinario puedes arriesgarte a tener algún tipo de avería, así que la vuelta se hace necesaria. Con un coche mejor preparado o algo más alto el camino podría ser más fácilmente transitable. Las vistas que, desde aquí, se nos ofrece del pueblo son inmejorables. Cuevas del Becerro casi parece situarse sobre una cuna de piedra. Paramos, sacamos un par de fotos y nos dejamos llevar por la tranquilidad y el silencio que nos rodean. Ante tanta quietud nos percatamos de cierto pellizco en la boca del estómago... Es hora de comer.
Lagarto Ibérico


La mayoría de restaurantes de Cuevas del Becerro se encuentran a la entrada/salida del municipio. Dado que la carretera que comunica Ronda, Campillos y Antequera transcurre por aquí, parece lógico este desplazamiento. Optamos por el que vemos más concurrido y animado, el Mesón Pelayo. Un restaurante sencillo, con una carta sencilla, pero curiosa y eficaz. Leemos, dentro de la oferta en la que sobresalen los ibéricos a la parrilla hay un nombre que nos deja helados: Lagarto Ibérico. Hemos visto algunos en los campos próximos a Cuevas del Becerro, pero de ahí a saltar de la mesa... Ante la curiosidad y para paliar nuestra ignorancia, preguntamos: - ¿Qué es esto de lagarto ibérico, no será...? - No, no. Es una parte del cerdo que está bajo la costilla, nada grasienta y muy tierna y jugosa. Nos apuntamos al lagarto. La proximidad de Antequera se hace notar y, en temporada, también sirven porra antequerana. Nos apuntamos a la porra. Para cerrar, una presa ibérica. A la comida añadimos 2 cervezas y una botella de litro y medio de agua. Por tanto, lagarto ibérico, 9€; presa ibérica, 12€; dos porras antequeranas, 10€. Total: 35, 70€. precio razonable, La porra, fresca fresca, estaba deliciosa, el lagarto y la presa también. Los platos venían acompañados de una patata asada y guarnición de tomate y zanahoria. Todo muy recomendable.

En el retrovisor

Nos sumergimos en los campos que rodean a Cuevas del Becerro. Cereal y pinos, fragancias poderosas del mediterráneo próximo. Los roqueríos que lo protegen señalan las bibliografías geológicas fueron antes un mar. De ahí, quizá las oquedades que lo rodean, de ahí quizá la importancia espeleológica de otro de sus enclaves, la Cueva del Moro, ruta obligada para los amantes de este deporte. Dejamos atrás Cuevas del Becerro, y aún lo vemos erguido sobre su promontorio, en el espejo retrovisor, como una presencia totémica y mayestática.

Recomendaciones y enlaces de interés

Recomendaciones turísticas: En verano, imprescindible llevar gorra o sombrero. No está demás, como se ha indicado antes, pertrecharse con algo de ropa de abrigo, refresca en las noches. Visitar, como curiosidad popular , los Resbalaeros. Y degustar con fruición la fresca agua que brota de los chorros de nacimiento. Imprescindible, probar el lagarto ibérico en el Mesón Pelayo, una delicia.
Enlaces de interés: Recomendamos como guía principal la página web del Patronato de Turismo de la Costa del sol y la web municipal de Cuevas del Becerro.

Este blog queda abierto a todas las sugerencias y recomendaciones de sus lectores. Quiere ser una puerta abierta y cuantas más opciones haya, mejor. Os esperamos en El Color Azul del Cielo.