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EN / 09 EL TORCAL: Jardín de piedra

martes, 9 de agosto de 2011

La piel de la piedra, que a través de sus cicatrices nos cuenta una historia tan antigua que parece leyenda, un relato que nos habla de un mar prehistórico en las alturas que respondía al nombre de Tethys, que sumergía el paisaje de piedra que ahora desafía al sol. Un mar imposible de imaginar, habitado por seres pétreos extraídos de la profundidad de la tierra. Un paisaje colmado de formas caprichosas, de seres imaginarios, de cumbres volátiles, de espigadas crestas, de retorcidas rocas, de equilibrios inimaginables…. Más aún el poeta malagueño Salvador Rueda lo dotaba de habitantes inquietantes, de arcaicas fortalezas…

El Torcal es heráldico, combina
Con sus piedras cuarteles y dragones
y –dominó gigante – arremolina
con grandes fichas, rotos, torreones

…y Rafael de la Linde dio a estas formas título de catedral, de templo glorioso, de musa poética en la forma de estos versos…

Tu altiva sierra con sus torcales
Nos forja templos y catedrales
Nos teje sueños a la ilusión
¡Torcal grandioso, sierra bravía
tienes tesoros de poesía
eres veneno de inspiración!

Nos les faltan razones a los poetas. No les sobran motivos para dedicar al Torcal de Antequera y de Villanueva de la Concepción palabras de este calado. Entre las calles estrechas y sinuosas de esta insólita formación geológica podrían transitar todas y cada una de las leyendas concebibles. Pueblan el Torcal los seres de la imaginación que cada uno quiera ver tatuados en sus piedras, tallados a base de agua y viento y lluvia, de fuerzas telúricas que hacen desaparecer mares y crear montañas en su lugar. Que no espere el viajero un parque temático, porque aquí no lo hay, solo el resistente, insólito, brutal, caótico, hermoso hacer de la naturaleza. Esto es el Torcal, el jardín de piedra.

El Paraje Natural de El Torcal

Es de antiguo, su historia. La conversión de este reino de peñascos en Paraje Natural se remonta lejos. Los malagueños, los visitantes, los habitantes de su entorno entendieron pronto el valor de este paraje singular y así lo protegieron como Sitio de Interés Nacional en 1929, como Parque Natural en 1978 y como Paraje Natural en la actualidad. El Torcal, tiene en su geomorfología su particularidad, de hecho es el paisaje kárstico más importante de España y de Europa. La piedra calcárea que ha sido pulida, erosionada, cincelada hasta crear mutaciones inexplicables de piedras a dragones, de cimas a barcos, de rocas a rostros humanos. Y todo ello en una superficie concentrada de 20 kilómetros cuadrados dentro de un área protegida de 1.171 hectáreas.
En los días de bruma, visto El Torcal desde Villanueva de la Concepción, se acrecienta esta sensación mágica que ha sido catalogada por los científicos hasta su mínima expresión. Una dualidad, la de la imaginación y la del estudio que hace este lugar más especial aún. Se conoce mucho del Torcal, pero aún permite dejar volar la imaginación a aquellos que lo deseen.
Sabemos del Torcal que está conformado por cuatro partes diferenciadas: Sierra Pelada, el Torcal Alto, el Torcal Bajo y las Carihuelas y el Cortijo del Navazo Verde.
Además se conoce que entre los picos se hunden también los abismos, escondidos. Simas como la Azul con 114 metros de profundidad, la de la Mujer con 90 metros o la impresionante sima de la Unión con 143 metros. Y las cuevas, como la de Marinaleda, en la que se han hallado restos de cerámica funeraria, o como la de Toro, con restos arqueológicos del Neolítico Medio agazapados en su interior.
Es rico el Torcal desde el punto de vista geológico y arqueológico, y también faunístico. Se han catalogado 116 especies de vertebrados entre los que se cuentan anfibios, reptiles, aves y mamíferos, es, además, Zona Especial para la Protección de las Aves, y no es raro en el paseo descubrir majestuosas rapaces y tétricos carroñeros evolucionando en círculos en el aire. Sería baladí relatar aquí las especies de aves que el visitante puede encontrar, nombrar tan solo algunas de ellas, las más significativas como el águila real, el buitre leonado o el halcón peregrino, a los que habría que sumar el búho real, le herrerillo o el jilguero. Lo mismo ocurre en relación a los reptiles, tal es el caso del lagarto ocelado, la víbora hocicuda (precaución con esta especie), la culebra bastarda o la lagartija. Más visibles aún, los mamíferos como la cabra montesa (muy habitual y fácil de ver), el zorro, el tejón o el conejo.
Y conviene prestar atención a los números. Si se registraban 116 especies de vertebrados, se tiene constancia de 664 especies de plantas diferentes entre los que se encuentran además de líquenes, briofitos, pteridofitos y espermatofitas. Pero la comunidad vegetal más destacada son las rupícolas, que se valen de las grietas y fisuras abiertas en las rocas para crecer.
Y la importancia silente del agua, de los acuíferos, que corona y destrona las montañas con su sutileza impenitente y continuada, con las gotas de la lluvia, con las filtraciones, con el rocío y las brumas adheridos a la piel de las rocas, con su solidificación en forma de nieve y hielo. El agua, auténtico artífice del Torcal, que fue mar y dejó vestigios de su paso salado en formas de fósiles.
A toda esta información científica hay que añadir los seres creados por la imaginación. Caminar por el Torcal es descubrir dinosaurios escondidos, galeones embarrancaos en los alto de una montaña, antiguos tótems indios, temibles esfinges egipcias, camellos, etc… Todas ellas sin domesticas, sin dejar lugar al raciocinio, apelando a las fábulas que cada uno anhele construir. Nos adentramos en el Torcal y como cada ocasión en la que hemos realizado este viaje extraeremos una experiencia nueva y única.

La visita

El automóvil serpentea por la lengua oscura de carretera que parece emular a una de esas culebras bastardas que pueblan el Torcal. El paisaje de Antequera y de Villanueva de la Concepción, amarillo, ocre, salpicado de los manchones blancos de los cortijos deja paso a un mundo nuevo. Se encuentra tan alejado de cualquier concepto posible de paisaje que sobrecoge aún sin descender del vehículo. Torres grises que se yerguen aquí y allá, farallones de piedra blanca, esculturas imposibles, túmulos… Los prados, impracticables para el cultivo, se ven salpicados de piedras que sobresales como mil promontorios de mil tamaños diferentes. Los calificativos de lunar, marciano, extraterrestres vienen de inmediato a nuestra cabeza. Es un paraje sin concesiones a la galería, rotundo y fascinante. Serpeamos un tanto hasta llegar al aparcamiento próximo al Centro de Visitantes. Es una parking con capacidad para cien vehículos aproximadamente, cuando el cupo se complementa, un servicio de autobuses gratuitos cubre el trayecto desde la carretera hasta el parking del centro con el objetivo de no congestionar innecesariamente los accesos. Escaladores equipados (previo permiso), familias enteras, senderistas avezados, turistas nacionales y extranjeros, expertos biólogos…. La fauna humana que puebla el Torcal es también variante y profusa y se concentra en las épocas de primavera tardía y primer otoño.
Se aconseja antes de elegir una de las dos rutas que se adentran en el Torcal acudir al Centro de Visitantes, donde se puede hacer una idea cabal de cómo se ha formado este paisaje tan singular, de cómo la naturaleza ha podido convertir un mar en un jardín de piedra. Olores y sonidos, paneles informativos, tacto… Sólo falta el gusto para completar un recorrido por los cinco sentidos que habitan el Torcal. El Centro de Visitantes es moderno, pedagógico y eficaz en su función de explicar los sistemas geomorfológicos que configuran el Torcal. Los eruditos ratificaran sus conocimientos y los neófitos comprenderán de manera muy didáctica rodo el proceso de formación. Así pues, con los conocimientos bullendo en nuetsro interior iniciamos la ruta.
Hay dos y ambas son circulares y comparten una tramo. La Ruta Verde, de 45 minutos y dificultad media-baja y la Ruta Amarilla, de 2 horas y también de dificultad media-baja. La primera nos va a ofrecer un completo muestrario de lo que es el Torcal, la segunda nos ayudará a profundizar más sobre este complejo sistema. Ambas rutas discurren por el interior del Paraje Natural, por senderos rotos y quebrados, así que se recomienda dos cosas casi obligadas: calzado adecuado y agua. Al equipo se puede añadir cámara de fotos, prismáticos y un gorro para el sol.
Optamos por la Ruta Verde.
El sendero esconde, oculta y, de pronto, muestra el corazón del Torcal. Nos adentramos en un mundo en el que la imaginación juega un papel fundamental, en el que las formaciones rocosas se transforman en dragones, en galeones piratas, en gigantes ensombrerados, en manos, en tótems indios, en animales prehistóricos, en murallas y almenas de castillos. Es frecuente encontrarse con otros viajeros, pero pese a ser un recorrido transitado, prima el silencio, la banda sonora de la naturaleza por encima de la posible injerencia del ser humano. Caminamos, pisamos las piedras milenarias, comentamos esta o aquella forma rocosa, fotografiamos una y otra, y nos dejamos llevar. Todo parece imposible el Torcal y nos acechan las preguntas… ¿Cómo puede mantenerse erguido ese muro? ¿Cómo puede continuar esa roca en esa posición? ¿Cómo puede…? ¿Cómo puede…? Y pese a parecer imposible, la realidad nos ofrece la verdad ante nosotros. Es posible. Está ahí.
El sendero está perfectamente señalizado y no hay posibilidad de pérdida. Ante una bifurcación, aparece la señal preceptiva. Y así llegamos hasta el cruce que nos permitiría recorrer la Ruta Amarilla. La dejamos a la derecha y seguimos nuestro caminar. Observamos un grupo de cabras, alguna lagartija escurridiza. Caminamos hasta llegar a un pequeño circo montañoso presidido por un gigantesco murallón de piedra, tendrá 25 metros de altura e impone. Sus paredes, húmedas, arboladas incluso. Nuestras voces rebotan contra la pared y se nos devuelven transformadas en eco. Seguimos camino y nos adentramos en un paso más angosto, entre árboles y piedras blancas. El sendero es amarillo y nos permite recordar, vagamente, aquel de baldosas amarillas que se recorría en el Mago de Oz. Y es precisamente un mago el que parece haber situado, colocado, dejado caer, las piedras en el Torcal, por arte de magia. Nos cruzamos con otros viajeros, con niños, que intentas descubrir figuras aquí y allá. Pese a los viajeros, El Torcal aún parece indomable, un tanto indómito, dispuesto a cerrar los caminos, a cerrarse sobre sí mismo en el momento en el que el ser humano dejara de recorrer sus senderos. Se tiene esa sensación de vacío cuando se visita. Más allá de las cuestiones metafísicas el Torcal es un paraje perfecto para recorrer con niños, para hacerles volar su imaginación al viento, para que busquen e ideen formas donde hay roquedales, para que bosquejen un completo imaginario en este bosque de piedra.
La última parte del camino antes de llegar al Centro de Interpretación de nuevo se transforma en una cuesta, se amplía un nuevo circo montañoso y ya podemos ver la pasarela que nos llevará hasta el Mirador de las Ventanillas. Aún tenemos en el cuerpo la sensación de abandonar un mundo mágico, de ensueño. El mirador nos traslada de nuevo a la realidad. Nos permite contemplar ahí abajo el caserío de Villanueva de la Concepción, como un guardián de los secretos del Torcal, y enfrente, al este de los Montes de Málaga, el mar Mediterráneo, el heredero pequeño del antiguo Mar de Tethys, esa lámina de agua que cubrió todas y cada una de las rocas que pisamos, de las plantas que tocamos, del suelo por el que caminamos.
La brisa nos refresca el rostro, nos damos la vuelta y ahí está de nuevo el Torcal, como un secreto íntimo en el corazón de Málaga, un jardín de piedra único.
Nos encaminamos hacia nuestro próximo objetivo, muy próximo… El Monumento Natural del Tornillo del Torcal…

Despedida

Caminamos despacio por el sendero, saboreando el silencio de las rocas, el perfume de las flores, la intensidad de los colores. Alzamos la vista y vemos un ave rapaz alzando el vuelo hacia el cielo azul. El capricho de las formaciones se nos antoja cada vez más conocido, interpretamos sus formas y en la imaginación vamos dándoles formas, adecuándolas a los personajes de nuestros cuentos, de nuestras películas. No dejamos de sorprendernos. Sonreímos, caminamos y seguimos pintando seres imposibles con nuestra imaginación. Estamos en el Torcal, pero gracias a sus formas podríamos estar donde soñáramos.

Enlaces de interés y consejos útiles

Enlaces de Interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web de la Junta de Andalucía, Ventana del Visitante. Además, las páginas web municipales de Villanueva de la Concepción y de Antequera ofrecen todos los datos necesarios para visitar el Torcal.

Turismo rural: En la comarca Antequera y su área de influencia confluyen tres espacios naturales de Málaga. El Torcal, el Tornillo del Torcal y el Pinar del Hacho. Una buena opción de visitar los tres sin desgastarnos mucho puede ser alquilar una casa rural en la zona, muy bien equipadas e ideales para la época estival ya que la mayoría tiene piscina. A través de la Asociación de Turismo Rural Sur de “El Torcal” se puede obtener un buen catálogo de casas muy próximas a los tres destinos. En esta ocasión los dos viajeros habituales hemos estado acompañados por nueve más, tomando como base de operaciones y de ocio la casa Villa Alba.

Fotografías: Se muestran en este apartado la colección completa de fotografías correspondientes al post.



Ubicación: En este mapa de Google se puede referenciar el lugar de este Paraje Natural.


Ver El Color Azul del Cielo "Espacios Naturales de Málaga" en un mapa más grande

Gracias a Jon, Mariví, Arregui, Paco, Sara, Andrés, Pepa, Rosamari, Jesús y especialmente a Antonia por acompañarme en este viaje.

84 VILLANUEVA DE LA CONCEPCIÓN: AL AMPARO DEL TORCAL

martes, 16 de noviembre de 2010

Y asciende el leve y delicado paisaje. Asciende hasta querer encaramarse a ese enorme farallón de piedra que emerge de la tierra como una barrera colosal. Farallón que esconde un corazón pétreo, un jardín oculto que late al compás que le marca Tethys, un mar tan antiguo como la humanidad. Tesoro cincelado a base de tiempo y tiempo y tiempo. Tesoro que muta y cambia al albedrío de los fríos y de los vientos, de los meteoros. Jardín inmemorial de piedra inmemorial. Corazón oculta de Villanueva de la Concepción. Un jardín confeccionado con torcas y dolinas y lapiaz. El Torcal, su corazón oculto.

Aproximación a El Torcal

Y según ascendemos se erizan las rocas blancas, se endurecen las tierras sembradas de piedra, se ciernen sobre nosotros las lascas megalíticas, las láminas de piedra inmensa. Al revés que la bíblica mujer de Lot, nos convertiremos en estatua si miramos hacia adelante, porque si miramos hacia atrás se extenderá ante nosotros un perfecto mapa en relieve de la provincia de Málaga, un paisaje privilegiado en el que el cielo se confunde con el mar y el horizonte con las cimas de las montañas. Sólo las brumas matinales parecen escapar al hechizo de la distancia. Antes de llegar al centro de visitantes, estacionamos por un momento en el Mirador de Diego Monea. Poner el pie en el suelo y nos saluda una orquesta de esquilas y cencerros, el ganado ovino y caprino y sus dominios. La vista que obtenemos desde esta atalaya es impagable, quizá como ningún otro mirador en la provincia de Málaga. Los límites de las montañas granadinas, la Axarquía, Málaga capital, la serranía rondeña, la Sierra de las Nieves, los Montes de Málaga. Es sobrecogedor, parece que tengamos toda la provincia sobre la palma de la mano. Continuamos por este paisaje grisáceo y lunar y nos adentramos con cada tramo recorrido en un mundo imposible en formas, en tamaño, en comprensión. Parecen las dolinas los dedos de un gigante surgiendo de la tierra, descenso a los infiernos las depresiones del terreno, escaleras al cielo las torcas. Sea aquí que la naturaleza deja a tras al ser humano y para subrayarlo, un importante rebaño de ovejas reduce el paso de nuestro avance. Llegamos al Centro de Visitantes.

El Centro de Visitantes

Dada la afluencia de visitantes hasta El Torcal, los responsables han organizado un sistema que permite acceder a él sin crear en su entrada un embotellamiento de tráfico. No en vano, la carretera es sinuosa y estrecha. De esta manera, cuando se detecta que el parking superior está completo, existe una zona de aparcamiento en los accesos donde el visitante puede dejar estacionado su vehículo y ascender hasta El Torcal en un minibús. Cómodo, práctico y sostenible. No es nuestro caso, ya que la pronta hora de la mañana a la que hemos llegado nos permite acceder con nuestro propio vehículo. Estacionamos y nos adentramos en el edificio del Centro de Visitantes. Por fuera, una mole de piedra más entre todas las que le rodean, perfecto mimetismo con el entorno. El Centro de Visitantes del Torcal es reciente y como tal, responde a las necesidades del viajero moderno. Instalaciones que nos explican con paneles interactivos la formación del Torcal desde el pasado mar de Tethys, el trabajo de la erosión, el origen de las formas caprichosas que conforman este entorno tan espectacular. Además, ofrece la posibilidad de jugar con representaciones de las cadenas tróficas de la flora y la fauna, contemplar fósiles de muy muy cerca, e incluso oler los perfumes que exhala el Torcal, romero, tomillo… Un audiovisual de quince minutos explica en forma de cuento gótico la historia de esta formación geológica tan particular. Por cierto, el centro también dispone de un servicio de restaurante y bar donde avituallarse hoy se anuncia “Paella” con grandes letras, aunque también hay otras delicatesen como migas, huevos fritos con jamón ibérico, croquetas caseras y, no podía faltar, porra antequerana. Una vez informados, comenzamos la ruta.

La Ruta Verde de El Torcal

Hay dos rutas señalizadas. La primera de ellas, la Ruta Verde, de 1,5 kilómetros de distancia y de 45 minutos de duración. Otra, la amarilla, es más larga y con una duración de dos horas. Optamos por la primera. Antes de llegar al Centro de Visitantes y desde el aparcamiento sale nuestra ruta, que comparte un tramo con la otra. Conjuga el Torcal las formas delicadas con las rotundas, en un juego de sorpresas continuas en el que la imaginación puede crear monstruos, figuras imposibles, princesas y guerreros de yelmo enhiesto. Parece congelado el silencio y parecen moverse por el rabillo del ojo las grandes formaciones rocosas. Es un paisaje de embrujos, de apariencias mágicas, un jardín pétreo donde todo parece posible, una ciudad dolménica donde los roquedales ascienden hasta transformarse en ciudades, en edificios, en enormes rascacielos. Nos observan, nos miran esos tótems de piedra. Pensamos en cómo será caminar aquí entre la niebla, en uno de esos días en los que el Torcal se encapota y muestra su ceño fruncido, su mal humor intempestivo. De ahí que convenga informarse sobre la predicción meteorológica antes de acudir. Hoy hace un día radiante de cielo azul otoñal. Cuando nos situamos en el fondo de este antiguo mar parece que unas fauces dentadas fueran a cerrarse sobre nosotros hasta engullirnos. El Torcal es un juego de geologías, perfecto para visitar con niños, que encontrarán en este paraje una vasta ludoteca. La Ruta Verde no es complicada, el trazado, eso sí y como es natural, está alfombrado de piedras, así que conviene no salirse del camino, aún con todo es una ruta muy sencilla y al alcance de prácticamente todo el mundo. Y cuando parece que ya hemos contemplado todas las formas imposibles, otras surgen a nuestro paso como auténticos colosos, como gigantes, como polifemos de mil ojos. De pronto, en un altozano, se recorta una silueta que no se sabe si es de piedra o humana hasta que se mueve. Caminamos por el corazón, entre sus arterias, entre roquerío y árboles retorcidos, palpando con nuestras manos, acariciando estas piedras antiguas. La ruta se completa con una visita al Mirador de la Escalerilla, un balcón natural desde el que se divisa Colmenar, Casabermeja, el mar Mediterráneo y las azoteas, lejanas, del Villanueva de la Concepción.

El centro urbano

Dejamos atrás las espigadas formas de El Torcal e iniciamos nuestro descenso hasta Villanueva de la Concepción. Como si fuera para contrarrestar el dédalo de piedra de su paraje natural, el centro urbano de Villanueva de la Concepción posee unas calles largas, rectilíneas, que forman líneas paralelas unas con otras. Parece responder este trazado moderno, a la modernidad de su constitución como municipio independiente, el uno de los ciento uno de la provincia de Málaga. Villanueva de la Concepción perteneció hasta 2009 al municipio de Antequera. Aunque la villa posee un pasado que se remonta hasta el neolítico, su configuración como municipio ha sido muy reciente. “Villanueva de la Concepción nace como pueblo el 3 de noviembre de 1880. En marzo de 1992 es declarada Entidad de Ámbito Territorial Inferior al Municipio (EATIM), para más tarde, en 2001, ser declarada Entidad Local Autónoma (ELA), iniciando así una etapa definitiva en su declaración de municipalidad. En 2007, la Junta de Andalucía reconoció su derecho a segregación del municipio matriz, Antequera, haciéndose efectivo dicho derecho el 17 de marzo de 2009 durante un consejo de gobierno en Málaga, que autorizó la construcción del ayuntamiento, convirtiéndose así en el municipio 101 de la provincia malagueña”, así nos resume su historia reciente la wikipedia. Seguimos las indicaciones que nos llevan hasta la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción, estacionamos en la calle San Antonio, apenas a cinco metros de la entrada al templo. Es un edificio sencillo, construido a finales del siglo XIX, de luminosas paredes blancas y rematada con una sencilla espadaña. La iglesia se constituye en torno a una sola nave, en cuyo altar reposa una imagen de la Inmaculada Concepción. El retablo interior es neoclásico y posee un poco habitual color oscuro. Las calles rectilíneas, forjas negras en las ventanas y balcones, zaguanes que preceden al interior de las casas. Huele a otoño con intensidad, a comida casera, aromatizada y penetrante. Huele a brasa de picón. Paseamos por las tranquilas calles de Villanueva, tranquilas y aseadísimas, en perfecto estado de revista. El murmullo del trajín cotidiano se traduce en ruido de cacerolas, de ollas a presión, de conversaciones y saludos, de radiofonías, de músicas lejanas. Caminamos entre sus calles y no hay posibilidad de pérdida. Los paneles indicativos nos llevan hasta la plaza de Andalucía desde el callejón del Viento. La plaza es el centro neurálgico del municipio, lugar donde se celebran los eventos y fiestas más destacadas y que ha visto pasar ante sus bancos y naranjos la historia más reciente de la localidad. Posee estructura rectangular y en el centro destaca una fuente octogonal elaborada con granito rojo. Esta fuente está considerada como el principal punto de abastecimiento de agua de Villanueva. Un panel explicativo nos ayuda a situarnos y a buscar otro de nuestros objetivos. Antes, reposamos un tanto. Nos sentamos en uno de los bancos, junto a un naranjo. Dejamos que el sol, templado, nos caliente la piel. Vemos allá arriba, las estribaciones del Torcal que aún está reciente en nuestra mirada. Recordamos sus formas retorcidas y las comparamos con la rectitud de la fuente, de las esquinas de la plaza, de las azoteas de las casas. Seguimos camino por la calle Real hasta la plaza García Caparrós. Damos fe de lo que el panel explicativo subraya: “La plaza es un lugar idílico para pasar las largas tardes estivales a la sombra de los majestuosos olmos que la coronan”. Eso hacemos, trocando la tarde estival por la mañana otoñal, que vienen a tener una luz muy similar. A la plaza de García Caparrós confluyen las calles Nueva, Plantel Juvenil y García Caparrós, lo que la hace casi un lugar de paso obligado. En el centro de la plaza, una fuente borbote su murmullo de agua. Villanueva, tras la construcción del Camino Real por orden de carlos III y que comunicaba Málaga con Madrid fue un nudo de comunicaciones estratégico. Para mejorar sus accesos se construyeron tres puentes que pueden ser visitados por los curiosos de la historia, son los puentes del León, del Horcajo y del arroyo Cauche.

Despedida

Aún con el temblor del tibio sol en nuestra espalda, imaginamos el Torcal. Lo pensamos y dibujamos en nuestra mente, recorremos sus surcos y sus secretos, sus pasadizos retorcidos, sus grutas oscuras, sus edificios de piedra gris. Bosquejamos el Torcal como si fuera un sueño, los relieves de su trazado, los horizontes dentados, los caminos imposibles. Imaginamos el mar de Tethys, la pasada superficie sumergida en la que ahora nos encontramos. Imaginamos como Villanueva de la Concepción surge de los mares portando en su testuz esa corona pétrea que es su Torcal.

Información útil y enlaces de interés

El Torcal: Antes de acudir es necesario consultar el parte meteorológico, el acceso por carretera es relativamente sencillo pero puede complicarse con lluvia, hielo o nieve. Pertrecharse de cámara de fotos y de prismáticos. Imprescindible acudir antes de iniciar la ruta al Centro de Visitantes para saber y conocer qué vamos a ver.
Fiesta de la independencia: El 3 de noviembre, Villanueva de la Concepción festeja el aniversario de su proclamación como Población Rural en 1880. Es ésta una de las citas más significativas de la localidad, que transcurre con la celebración de juegos deportivos y con una gran fiesta popular. Dentro del programa festivo se incluye un acto homenaje a los mayores del pueblo como reconocimiento a su esfuerzo en la constitución de Villanueva de la Concepción como pueblo y municipio.
Día de la Haba: Villanueva de la Concepción produce anualmente entre un millón y un millón y medio de habas en cada cosecha, es de recibo que el municipio rindiera homenaje a este producto con la celebración del Día de la Haba. Durante la jornada se dan a degustar más de 2.000 raciones de cazuelas de habas. Los actos comienzan a las diez de la mañana, cuando los bares ofrecen a los visitantes y vecinos raciones de habas con aceite mientras la música de verdiales acompaña a los participantes durante toda la jornada. A mediodía la plaza de Andalucía se transforma en centro neurálgico de la fiesta donde se ofrecen de manera gratuita estas 2.000 raciones de cazuelas de habas mencionadas, acompañadas por otros surtidos gastronómicos con este ingrediente como elemento principal proporcionados por los bares y tabernas. El Día de la Haba se celebra en el mes de abril.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal, a las que sumamos una página personal sobre Villanueva de la Concepción y otra específica sobre El Torcal.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.