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83 CASARABONELA: “EMBRUJO MORISCO”

martes, 9 de noviembre de 2010

Y así podemos imaginar a ese morisco encaramado a una de las atalayas de la fortaleza. Ante su mirada, un dulce valle de olivos y acebuches que se asoma entre perezosos jirones de niebla. Allá, al fondo, el espejismo del mar erizado de montañas azules. Huele a aceite, a olivas recién prensadas, a las últimas brasas de la noche. El morisco mira el horizonte infinito y nosotros con él, y creemos que aquella mirada antigua y esta mirada nueva, la nuestra, no han cambiado un ápice en más de 500 años. El sol nos calienta la piel y el rostro. Estamos en Castra Vinaria, en Qasr Bunayna, en Casarabonela.

Llegada al “embrujo morisco”

Y es llegar, posar un pie sobre el suelo empedrado y traspasarnos esa sensación de poso viejo e historia antigua que destilan sólo un puñado de pueblos. Vive Casarabonela con naturalidad su esencia de calles quebradas, de plazuelas insólitas, de callejas que parecen no querer tener fin. Sólo ha sido traspasar el arco próximo a la fuente del Cristo y caminar por la calle José Hidalgo para comprobar en nuestra piel todas estas sensaciones. Para no perdernos en este dédalo nos hemos descargado desde la completísima página web del municipio un callejero gracias al que nos podremos ubicar, situar en el mapa del laberinto de calles superpuestas. Tañen las campanas de la iglesia, suenan los acentos serranos, el rumor de la fuente Caño de Álora un tanto más adelante (de gran importancia en el desarrollo de la Fiesta de los Rondeles que veremos más adelante). Se cierran las calles, proyectan sus sombras unas sobre otras. Casarabonela obliga al viajero a buscar y encontrar sus secretos escondidos en sus rincones blancos. Hemos recorrido la calle José Hidalgo, la calle Municipal Juan Díaz y la calle Veracruz hacia abajo para conocer nuestros primer destino, la ermita. Una curiosa construcción que abandona el blanco inmaculado preponderante para instalarse en unas tonalidades más cálidas, con fábrica de ladrillo visto en una fachada de tres cuerpos y solería de azulejos damasquinados en el exterior. La ermita de la Veracruz resguarda en su interior a la Virgen de los Rondeles, protagonista de una de las fiestas más destacadas de la comarca de la Sierra de las Nieves, en la que la oscuridad, el fuego y las antorchas juegan un papel muy destacado. Nos encontramos en la parte baja del pueblo y desde aquí tendremos que ascender hasta la fortaleza y la iglesia.

Hacia arriba

Desde la calle Verazcruz hacia arriba conectamos con la calle Albaiva, retorcida y quebradiza, hasta entroncar con la calle Real, que asciende hasta la iglesia. Múltiples hornacinas salpican las fachadas de los edificios, punto de interés turístico y que incluso contiene su propio recorrido, solicitado por distintos visitantes. En la calle Real, antiguo matadero municipal, encontramos abierta la oficina de turismo, que nos regala una entrada decorada como un mínimo museo etnográfico, con aperos de labranza, artesanía local, guías, folletos, libros…. Apenas despunta el sol en la mañana y la responsable no acudirá hasta algo más tarde. Necesitamos su ayuda y colaboración para visitar el Molino de los Mizos, pero podemos dejarlo para más tarde. Eso sí, nos facilitan las llaves del castillo para que podamos disfrutar de una de las grandes experiencias que nos deparará Casarabonela. Nos indican cómo llegar, por dónde entrar… Tomamos nota de todo ello. Durante el resto de la mañana nos sentiremos unos auténticos privilegiados, llevamos en el bolsillo las llaves de un castillo. Apenas diez metros más adelante de la oficina de turismo no encontramos con la plaza Buenavista, que remacha el significado de su nombre con un mirador espectacular que se abre al valle del Guadalhorce en una panorámica magnífica. Nos sentamos, reposamos un tanto, nos dejamor embrujar por la luz, los olores, el trino de los pájaros, el bullir cotidiano de la vida. Parece una escena arrancada de un cuento bucólico, pero hoy, aquí, ahora, en Casarabonela es una realidad.

La iglesia y en derredor

Desde la plaza desembocamos a la calle Mesón, en la que nos asalta un intenso perfume a churros recién hechos. Vemos la fachada de la churrería La Gotera, que simula la entrada a una verde casa de madera. Llegamos así hasta la plaza de Casarabonela, desde la que además de contemplar la iglesia se observa un enhiesta torre chimenea. Resulta curiosa en el marco intensamente morisco que nos ofrece la localidad. Se mantiene como parte del patrimonio arqueológico industrial, el vestigio del paso de una fábrica de comienzos del siglo XX dedicada a la producción de energía eléctrica. Nos ofrece esta plaza una estampa de relax, de sosiego, donde los moriscos (gentilicio de los habitantes del municipio) departen, charlan a la sombra de los árboles. Huele a brasa de picón, a leña a campo puro de otoño. Ascendemos un tramo de escaleras y llegamos hasta la portada de la iglesia, que se abre de nuevo al horizonte, ofreciéndonos unas vistas inmejorables. Arrullan las palomas, aromatiza las calles el perfume a puchero malagueño. Y entre tanto alimento terrenal, dejemos paso al espiritual. La iglesia parroquial de Santiago Apóstol mira el perfil de las montañas malagueñas de tú a tú. Desde su posición geoestratégica, la torre campanario se observa desde la lejanía como un faro, un aviso para navegantes. Es un templo de líneas rotundas y hermosas, volátil y enjuto a un tiempo, inmaculado, que sólo deja concesiones a la portada en la que se puede contemplar un frontón enrollado, retorcido, apoyado sobre unas columnas toscanas. Está construido en mármol rosa y negro, que destaca sobre la blanca fachada del resto de la construcción. Es una iglesia imponente, su torre campanario se eleva sobre una construcción de cuatro cuerpos rematada por una pináculo de azulejo verde y marrón. En el interior de la iglesia se encuentra un pequeño museo de arte sacro, en el que se encuentran algunas piezas muy interesantes. Desde libros de oraciones hasta casullas.

El castillo

Tomamos la calle lateral izquierda al templo hasta llegar a la una fuente donde nos refrescamos. Desde aquí vemos ya los restos amurallados del antiguo castillo de Casarabonela, último en caer en manos cristianas de esta comarca y uno de los últimos de todo Al-Andalus, el 2 de junio de 1485. Llevamos sus llaves en el bolsillo. El acceso al recinto se hace desde una puerta alojada entre dos casas. Casi pasa desapercibida y tenemos que preguntar a un vecino que nos acompaña hasta el lugar exacto. Abrimos. Entramos. Pese a que de aquel orgulloso e imponente castillo queden no más que algunos lienzos de la muralla y tres o cuatro restos de torreones, la visita resulta del todo obligada. Visto desde este altozano se entiende y explica porqué esta fortaleza cobró tanta importancia en las revueltas de Omar Ben Hafsún contra la Córdoba Omeya en el año 922 y porqué fue una de las últimas en ser conquistadas de todo Al-Ándalus. Desde aquí se contempla no solo la totalidad del Valle del Guadalhorce y todos sus accesos, sino los macizos de Sierra Prieta, Cruz Alta, Comparate y Alcaparaín, además de las estribaciones de los Montes de Málaga y las estribaciones de algunos picos de la Axarquía, el espejismo titilante del mar, los senderos, trochas y caminos que surcan las tierras de esta comarca. Resulta extraño situarse en un paraje urbano más alto que la propia torre campanario de la iglesia, tan cerca y tan lejos que casi parece pueda tocarse con los dedos de la mano. Este es un lugar para quedarse. El solo nos acaricia el rostro, la brisa nos acuna. El castillo de Casarabonela está declarado Bien de Interés Cultural desde 1985, incluido en el Inventario de protección del Patrimonio Cultural Europeo desde 1989 y en el Registro General de Bienes de Interés Cultural del Patrimonio Histórico Español con la categoría de Monumento desde el 22 de junio de 1993. Además de formar parte de los expedientes protegidos de la cultura en España, el castillo árabe de Casarabonela posee algunos de los mejores bancos de Málaga. Bancos en los que reposar y dejar volar la imaginación, bancos situados de cara al núcleo urbano, a las montañas, al Guadalhorce, bancos desde los que escuchar el rumor del viento, del trasiego de la vida morisca, bancos desde los que dejarse empapar la retina con unas vistas espectaculares. Es hora de regresar a la oficina de turismo y devolver las llaves.

La oficina de turismo y el molino de los Mizos

En las oficinas de la calle Real nos aguarda María. Nos pone al día de los planes turísticos del municipio, de las posibilidades que ofrece, de las visitas guiadas, algunas de ellas a la carta, de los distintos recorridos que se pueden realizar. Todo este recorrido que hemos realizado, incluso ampliado, se puede llevar a cabo acompañado por guías que detallarán las historias mínimas de Casarabonela, sus rincones, tradiciones, caños y hornacinas, monumentos, patrimonio cultural, patrimonio histórico. ¿Qué hacer para contactar? Llamar a la oficina de turismo en los teléfonos 952 456 561 y 952 456 067, escribir un mail a la dirección turismo@casarabonela.es o visitar la página web municipal que incluye la descarga en formato pdf de dos callejeros, tres rutas distintas a realizar, hasta 18 audioguías para su dispositivo pda, teléfono móvil, smartphone o portátil y sus correspondientes visitas virtuales. María nos acompaña por las intrincadas calles moriscas hasta el molino de los Mizos, situado en un patio sin salida en una prolongación de la calle Albaiva desde la calle Municipal Juan Díaz. El exterior no hace imaginar que tras esa puerta roja se encuentra un molino. Al cual parece una casa más, hasta que abrimos la puerta, la traspasamos y os hallamos en el corazón de un molino aceitero perfectamente conservado. Se ha estado utilizando hasta hace relativamente pocos años. Se aprovechaba la fuerza de un salto de agua combinada con tracción animal primero y mecánica más adelante para moler olivas y producir aceite o trigo y producir harina. Es curiosa su edificación. Para acceder al patio de trojes hay que traspasar una puerta y acceder a un tramo de calle cubierta por una algorfa. En el interior se puede observar la maquinaria, la bodega en la que se almacena el líquido extraído, algunos aperos de labranza y, sobre todo, se puede imaginar en uso, el sonido de la piedra contra la piedra, girando, la charla de los hombres y mujeres esperando turno de molienda, el esfuerzo de los animales tirando de las moles. Salimos y regresamos a las calles. Caminos junto a María, que nos ayuda a confeccionar el puzle definitivo del “embrujo morisco” que destila Casarabonela, como asegura su lema turístico. Casarabonela “Embrujo Morisco”, y no miente.

Despedida

Aún nos encontramos en lo más alto de la fortaleza árabe. Sentados en uno de los bancos, dejando que el horizonte malagueño nos alimente la mirada. Sentimos los retazos de historia bailar a nuestro alrededor, historia que nos habla de árabes y mudéjares, de moriscos y tropas cristianas, de califas omeyas y rebeldes cristianos, de guerra civil y bastiones por conquistar… Pero sobre todo, esta fortaleza ofrece una visión inédita y completa de la provincia de Málaga, una visión subyugadora, compleja, rica en matices, en colores, en aromas. Dejamos volar la imaginación, creyéndonos aún poseedores de las llaves del castillo

Enlaces de interés y consejos útiles

La Fiesta de los Rondeles: “La Fiesta de la Virgen de los Rondeles, fue declarada a finales del año 2001 Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía. Esa noche, víspera de Santa Lucía (13 de diciembre), el fuego adquiere un protagonismo muy especial, iluminando el recorrido de una procesión que hunde sus raíces en las brumas del tiempo. Es entonces cuando el numeroso grupo de rondeleros inicia una andadura que, desde la pequeña plaza que se encuentra junto a la Ermita de la Veracruz -edificada sobre el solar de una antigua mezquita-, asciende hasta la parte más alta del pueblo, lugar en el que se ubica la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol. La luz producida por los portadores de los capachos ilumina un trayecto que discurre a través de calles estrechas y empinadas, herencia de lo que fue la ciudad islámica. La mezcla de elementos tan diversos como el fuego, el humo de la combustión, el olor a aceite y el sonido de instrumentos tan peculiares como las castañuelas moriscas contribuye a crear una atmósfera irreal en la que las llamas proyectan sombras fantasmagóricas sobre las fachadas de los edificios que jalonan el recorrido de esta singular procesión”. Texto y fotos: página web ayuntamiento de Casarabonela.
Página web Municipal: Merece la pena destacar la completísima información turística que ofrece la página web municipal. Los planos callejeros y rutas en pdf, las audioguías, las visitas virtuales, las galerías fotográficas hacen de esta web una herramienta muy a tener en cuenta a la hora de realizar la visita a Casarabonela, Información útil, detallada, de sencilla aplicación y espléndido contenido. A este elemento se les suman las visitas turísticas guiadas, que hacen de Casarabonela uno de los municipios con la información más completa sobre su patrimonio turístico, cultural festivo y etnográfico. Los teléfonos de la Oficina de Información Turística, situada en la calle Real 5 son: 952 456 561 y 952 456 067, y el correo electrónico turismo@casarabonela.es.
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la web municipal y las páginas de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de las Nieves y de la Reserva de la Biosfera de Sierra de las Nieves.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo

37 ALOZAINA: EL ESPÍRITU DE MARÍA SAGREDO

martes, 22 de diciembre de 2009

Año 1570. Apenas era una niña, una adolescente. Con decisión subió hasta las almenas del castillo y desde allí tiro una y mil flechas contra aquel tercio de moros que asediaban Alozaina. Los hombres se afanaban en las tareas del campo y pese a que se tocaron las campanas a rebato ante el ataque les era imposible regresar a tiempo para defender sus casas. Mujeres, ancianos, niños y ella, María Sagredo, nadie más había en el interior de las murallas. Vio cómo su padre, Martín Domínguez, moría a manos del ejército invasor. ¿Qué hacer? ¿Cómo repeler el ataque? Con ingenio. María vistió a los pocos pobladores que en Alozaina había con las vestiduras de hombres y los colocó sobre las murallas para simular un ejército y que el temor entrara en las huestes moras. Con valentía inusitada repelió el primer ataque y el segundo y el tercero, poniendo a salvo las vidas de sus vecinos y vecinas. María estaba agotada, el cansancio y el miedo se agitaban en su interior, sentía un frío inmenso en los huesos y la huella de la derrota próxima se comenzaba a dibujar en su cara. La cara se le iluminó. Ordenó recoger las colmenas de abejas que había bajo los alares de algunas casas y las lanzó contra el enemigo. Una, otra, otra... Logrando así repeler el ataque hasta la llegada de refuerzos. Desde entonces, los vecinos y visitantes le decían: "María, que pican las moscas de tu tierra". María Sagredo "mereció que por parte del Rey Felipe II se la nombrara Alférez de los Tercios españoles y le diera unas haciendas de moriscos en Tolox para su casamiento", así se recoge en la pagina web del ayuntamiento de Alozaina. Tan destacado resultó este hecho que está recogido en el Escudo Heráldico de la localidad.

Sierra de las Nieves, llegada

El camino discurre entre olivares encaramados a las sugerentes lomas que algo más arriba de Alozaina irán cobrando incipiente altura hasta transformarse en moles graníticas, en montañas de sólida consistencia que batallan contra el frío en invierno y con un calor que rompe las piedras en verano. Este ecosistema único y sumamente delicado es el que conforma la Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves, galardonada en 2008 con el premio EDEN de la Unión Europea al Turismo Sostenible. Un lugar de mágico resonar con una especie arbórea única en el mundo, el pinsapo, al que acompañan olivos, quejigos, castaños... Circulamos por las curvas sinuosas de la carretera que une Coín con El Burgo, y poco a poco, ascendemos más y más. Las casas de labranza salpican las laderas de los montes y observamos algunas señas que indican alojamientos de turismo rural. Vemos cabras pastando en un campo mientras el cabrero las azuza, un hombre encabalgado sobre un burro, una mujer sentada junto a una fuente en el camino. Todo trasciende autenticidad como la esencia misma de lo natural, de lo normal, de la vida cotidiana en esta serranía. Una tierra que acoge al viajero sin caretas ni disimulos, abriendo los brazos para que conozcan, de cerca, su particular realidad. Vemos asomar el caserío de Alozaina en lo alto de un cerro que mira al inmenso valle del Guadalhorce. Entramos.

Alozaina, hacia el corazón de María Sagredo

Estacionamos en la calle principal, Avda. de Andalucía, para adentrarnos a pie en el municipio. Alozaina es un pueblo con forma de alargado cuello de botella que acaba en el recipiente formado por la iglesia y la plaza de maría Sagredo, mostrando en primera instancia la parte más nueva del municipio, para dejar al final del camino la más antigua. Leemos uno de los postes indicativos que nos invitan a escoger en una bifurcación, así se realiza el recorrido por la izquierda a través de la calle Calvario, o por la derecha teniendo como referente la propia Avda. de Andalucía. Nos hemos descargado un plano en la web municipal, y consideramos que la mejor opción para ver todos los puntos de interés es tomar la calle Calvario. Hacia allí nos dirigimos. Caminamos por la parte más moderna de Alozaina hasta llegar a un gran arco de piedra conformado por tres ojos y que sirve como tótem de entrada a la parte antigua del municipio. El Arco de Alozaina es una construcción relativamente reciente, data de mediados del siglo XX y según reza su correspondiente panel informativo... "Esta gran arquería de piedra de tres cuerpos, todos ellos de herradura, y el central más grande que los dos laterales, se construyó a mediados del siglo XX para conmemorar el pasado árabe de la villa, convirtiéndose en pórtico de entrada al pueblo, dándonos paso a una estructura urbanística eminentemente musulmana, sobre todo en su parte más antigua"... Y es que Alozaina, como muchos otros pueblos de la serranía, vivió intensamente la época árabe, así como la posterior reconquista o la rebelón morisca de 1571, imprimiendo todas ellas su particular huella en el municipio. Como se señala en el panel, a partir del arco comienza un bullir de calles que parecen trazadas sin atender a ningún orden cabal, restos de ese pasado musulmán que adaptaba sus edificaciones al terreno, aprovechando los desniveles para cimentar sus casas, buscando en la proximidad de las paredes y su sombra el refugio contra el calor. Nos sumergimos en el corazón de la villa y descubrimos, recién cruzado el arco a la izquierda una pequeña tienda de ultramarinos donde venden postales originales, realizadas por un artista de la localidad. - Un extranjero que vive aquí desde hace varios años las pinta y nos las trae. Son bonitas y también hay especiales para la Navidad-, nos comenta con amabilidad el chaval que atiende el comercio. Adquirimos por dos euros un par de ellas para escribirlas y enviarlas a mil kilómetros de distancia. Huele a brasa y a chimenea, un aroma que se pierde entre las callejas, un perfume rotundo y evocador que huele a pasado antiguo, quizá el mismo que aspirara María Sagredo. Llegados a la plaza del Romero, el suelo se transforma en empedrado. Accedemos a la plaza de la Constitución, donde se ubica el ayuntamiento y el único buzón que, según preguntamos, hay en la localidad. Un grupo de mayores se refugia del sol bajo los arcos del consistorio y pese a que esta no es una plaza grande tiene mucha actividad, Preguntamos por el torreón de María Sagredo y se nos indica que hay que cruzar un pequeño arco que hay en la misma plaza y tomar la primera bocacalle a la izquierda. Eso hacemos, y en apenas veinte metros encontramos los antiguos restos de aquella torre que vivió ese episodio de valentía y guerra. Queda en pie la base de la torre y dos láminas del muro que pertenecía a la construcción defensiva de la ciudad. Miramos hacia arriba y casi podemos imaginar a la heroína, enfundada en traje de hombre y con las colmenas en las manos... Frente a los restos del castillo encontramos una pequeña hornacina con un crucifijo en su interior y decorada con rojos claveles. Tras el torreón se encuentra la iglesia y el parque María Sagredo. La entrada a la iglesia parroquial de Santa Ana está precedida de una pequeña plaza con suelo de adoquín grana en la que desembocan, además de la principal del templo, las entradas a la sacristía y la Hermandad de la Veracruz y la santa Cruz de Jorox. Es un lugar apacible, recogido y reservado, con vistas impresionantes a los cerros preñados de olivos que preceden a los abruptos picos de la sierra y al valle del Guadalhorce. Nos sentamos, reposamos, aspiramos el aire límpido de la mañana serrana, tiramos un par de fotos, charlamos, y nuestras voces casi parecen retumbar hacia el cielo azul. Salimos de la plaza y tomamos la calle Viña, la primera a la derecha, para acceder al parque María Sagredo. La puerta de acceso está formada por un arco de tres ojos con formas de reminiscencia árabe, una vez traspasados nos encontramos con amplio mirador hacia el Guadalhorce, delimitado por unas murallas en forma de almenas y torreones blancas. El parque se sitúa a la sombra de la parroquia de Santa Ana, que con su gran campanario octogonal preside todo el conjunto. Es una plaza amplia, con servicios públicos abiertos y un recinto a la derecha en el que en la celebración de actos festivos sirve como tasca o taberna. Dos niños juegan, se persiguen, corren. Viven en una casa próxima y disfrutan de sus correrías en un marco histórico. Nos sentamos en una de las bancadas de piedra y casi podemos oír los gritos de los moriscos asediando las murallas de la villa, el miedo no nos traspasa, sabemos que el espíritu de María Sagredo está con nosotros. Las vistas desde el mirador se extienden en el horizonte. El Valle del Guadalhorce a nuestros pies, las plantaciones de olivos y los cerros que se pierden en lontananza hasta casi alcanzar el mar. Nos despedimos del mirador y nos perdemos por entre las calles de la parte antigua de Alozaina, donde nos encontramos con casas blancas encaladas de manera impoluta, los arriates de flores y las macetas con geranios, los vecinos y vecinas que se esmeran en sus tareas cotidianas, un perro que ladra, otros dos niños que juegan... Alozaina es un pueblo vivo, donde comparten la historia y la vida cotidiana los mismos sonidos, las mismas calles, los mismos perfumes. La villa pechera resulta un balcón exultante, camino de paso hacia Yunquera y El Burgo, pueblos más altos de Sierra de las Nieves, y hacia Casarabonela, conexión directa con el Guadalhorce... Un cruce de caminos asaltado por la historia...

Adiós, María Sagredo

Escribimos la postal sentados en el parque de María Sagredo, dejamos que el sol temple nuestra piel con una lámina de calor suave y delicada. Contamos en ella las hazañas de la heroína pechera, describimos el arco de entrada, los perfumes de las calles, las paredes encaladas, los arriates festoneados de flores, la vida traspasada por la historia... Escribimos y contamos lo que aquí vivimos y lo que aquí se vivió.

Consejos útiles y enlaces de interés

Pecheros: El gentilicio de Alozaina es pechero, se cuenta en la página web de la villa que este curioso nombre proviene del año 1498 cuando "se acuña el apelativo gentilicio de "pecheros", con el que se denomina a los habitantes de Alozaina. El vocablo "Pechero" viene del tributo "pecho", los primeros en pagar los impuestos".
El Hoyo de los Peñones: Así es como se llama a un asentamiento de cristianos mozárabes del siglo XI que consta de una necrópolis y una pequeña ermita. El enclave se sitúa en el camino de Casarabonela y tiene más interés arqueológico que turístico. El conjunto se completa con la Fuente del Albar, un tosco acueducto que conectaba el nacimiento del río con la fuente del mismo nombre.
Fiestas pecheras: Destacan los carnavales, en los que los pecheros y pecheras además de disfrazarse en enharinan unos a otros, siguiendo una tradición que viene de antaño. También conviene señalar el Día de la Aceituna, en el que se rinde homenaje a este producto del campo que tanta importancia tiene para Alozaina. Se celebra en el mes de septiembre.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la web municipal de Alozaina y la web personal Alozaina.net. Se puede completar la información visitando las páginas de la Reserva de la Biosfera de Sierra de las Nieves y de la Mancomunidad de Municipios de Sierra de las Nieves.

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