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83 CASARABONELA: “EMBRUJO MORISCO”

martes, 9 de noviembre de 2010

Y así podemos imaginar a ese morisco encaramado a una de las atalayas de la fortaleza. Ante su mirada, un dulce valle de olivos y acebuches que se asoma entre perezosos jirones de niebla. Allá, al fondo, el espejismo del mar erizado de montañas azules. Huele a aceite, a olivas recién prensadas, a las últimas brasas de la noche. El morisco mira el horizonte infinito y nosotros con él, y creemos que aquella mirada antigua y esta mirada nueva, la nuestra, no han cambiado un ápice en más de 500 años. El sol nos calienta la piel y el rostro. Estamos en Castra Vinaria, en Qasr Bunayna, en Casarabonela.

Llegada al “embrujo morisco”

Y es llegar, posar un pie sobre el suelo empedrado y traspasarnos esa sensación de poso viejo e historia antigua que destilan sólo un puñado de pueblos. Vive Casarabonela con naturalidad su esencia de calles quebradas, de plazuelas insólitas, de callejas que parecen no querer tener fin. Sólo ha sido traspasar el arco próximo a la fuente del Cristo y caminar por la calle José Hidalgo para comprobar en nuestra piel todas estas sensaciones. Para no perdernos en este dédalo nos hemos descargado desde la completísima página web del municipio un callejero gracias al que nos podremos ubicar, situar en el mapa del laberinto de calles superpuestas. Tañen las campanas de la iglesia, suenan los acentos serranos, el rumor de la fuente Caño de Álora un tanto más adelante (de gran importancia en el desarrollo de la Fiesta de los Rondeles que veremos más adelante). Se cierran las calles, proyectan sus sombras unas sobre otras. Casarabonela obliga al viajero a buscar y encontrar sus secretos escondidos en sus rincones blancos. Hemos recorrido la calle José Hidalgo, la calle Municipal Juan Díaz y la calle Veracruz hacia abajo para conocer nuestros primer destino, la ermita. Una curiosa construcción que abandona el blanco inmaculado preponderante para instalarse en unas tonalidades más cálidas, con fábrica de ladrillo visto en una fachada de tres cuerpos y solería de azulejos damasquinados en el exterior. La ermita de la Veracruz resguarda en su interior a la Virgen de los Rondeles, protagonista de una de las fiestas más destacadas de la comarca de la Sierra de las Nieves, en la que la oscuridad, el fuego y las antorchas juegan un papel muy destacado. Nos encontramos en la parte baja del pueblo y desde aquí tendremos que ascender hasta la fortaleza y la iglesia.

Hacia arriba

Desde la calle Verazcruz hacia arriba conectamos con la calle Albaiva, retorcida y quebradiza, hasta entroncar con la calle Real, que asciende hasta la iglesia. Múltiples hornacinas salpican las fachadas de los edificios, punto de interés turístico y que incluso contiene su propio recorrido, solicitado por distintos visitantes. En la calle Real, antiguo matadero municipal, encontramos abierta la oficina de turismo, que nos regala una entrada decorada como un mínimo museo etnográfico, con aperos de labranza, artesanía local, guías, folletos, libros…. Apenas despunta el sol en la mañana y la responsable no acudirá hasta algo más tarde. Necesitamos su ayuda y colaboración para visitar el Molino de los Mizos, pero podemos dejarlo para más tarde. Eso sí, nos facilitan las llaves del castillo para que podamos disfrutar de una de las grandes experiencias que nos deparará Casarabonela. Nos indican cómo llegar, por dónde entrar… Tomamos nota de todo ello. Durante el resto de la mañana nos sentiremos unos auténticos privilegiados, llevamos en el bolsillo las llaves de un castillo. Apenas diez metros más adelante de la oficina de turismo no encontramos con la plaza Buenavista, que remacha el significado de su nombre con un mirador espectacular que se abre al valle del Guadalhorce en una panorámica magnífica. Nos sentamos, reposamos un tanto, nos dejamor embrujar por la luz, los olores, el trino de los pájaros, el bullir cotidiano de la vida. Parece una escena arrancada de un cuento bucólico, pero hoy, aquí, ahora, en Casarabonela es una realidad.

La iglesia y en derredor

Desde la plaza desembocamos a la calle Mesón, en la que nos asalta un intenso perfume a churros recién hechos. Vemos la fachada de la churrería La Gotera, que simula la entrada a una verde casa de madera. Llegamos así hasta la plaza de Casarabonela, desde la que además de contemplar la iglesia se observa un enhiesta torre chimenea. Resulta curiosa en el marco intensamente morisco que nos ofrece la localidad. Se mantiene como parte del patrimonio arqueológico industrial, el vestigio del paso de una fábrica de comienzos del siglo XX dedicada a la producción de energía eléctrica. Nos ofrece esta plaza una estampa de relax, de sosiego, donde los moriscos (gentilicio de los habitantes del municipio) departen, charlan a la sombra de los árboles. Huele a brasa de picón, a leña a campo puro de otoño. Ascendemos un tramo de escaleras y llegamos hasta la portada de la iglesia, que se abre de nuevo al horizonte, ofreciéndonos unas vistas inmejorables. Arrullan las palomas, aromatiza las calles el perfume a puchero malagueño. Y entre tanto alimento terrenal, dejemos paso al espiritual. La iglesia parroquial de Santiago Apóstol mira el perfil de las montañas malagueñas de tú a tú. Desde su posición geoestratégica, la torre campanario se observa desde la lejanía como un faro, un aviso para navegantes. Es un templo de líneas rotundas y hermosas, volátil y enjuto a un tiempo, inmaculado, que sólo deja concesiones a la portada en la que se puede contemplar un frontón enrollado, retorcido, apoyado sobre unas columnas toscanas. Está construido en mármol rosa y negro, que destaca sobre la blanca fachada del resto de la construcción. Es una iglesia imponente, su torre campanario se eleva sobre una construcción de cuatro cuerpos rematada por una pináculo de azulejo verde y marrón. En el interior de la iglesia se encuentra un pequeño museo de arte sacro, en el que se encuentran algunas piezas muy interesantes. Desde libros de oraciones hasta casullas.

El castillo

Tomamos la calle lateral izquierda al templo hasta llegar a la una fuente donde nos refrescamos. Desde aquí vemos ya los restos amurallados del antiguo castillo de Casarabonela, último en caer en manos cristianas de esta comarca y uno de los últimos de todo Al-Andalus, el 2 de junio de 1485. Llevamos sus llaves en el bolsillo. El acceso al recinto se hace desde una puerta alojada entre dos casas. Casi pasa desapercibida y tenemos que preguntar a un vecino que nos acompaña hasta el lugar exacto. Abrimos. Entramos. Pese a que de aquel orgulloso e imponente castillo queden no más que algunos lienzos de la muralla y tres o cuatro restos de torreones, la visita resulta del todo obligada. Visto desde este altozano se entiende y explica porqué esta fortaleza cobró tanta importancia en las revueltas de Omar Ben Hafsún contra la Córdoba Omeya en el año 922 y porqué fue una de las últimas en ser conquistadas de todo Al-Ándalus. Desde aquí se contempla no solo la totalidad del Valle del Guadalhorce y todos sus accesos, sino los macizos de Sierra Prieta, Cruz Alta, Comparate y Alcaparaín, además de las estribaciones de los Montes de Málaga y las estribaciones de algunos picos de la Axarquía, el espejismo titilante del mar, los senderos, trochas y caminos que surcan las tierras de esta comarca. Resulta extraño situarse en un paraje urbano más alto que la propia torre campanario de la iglesia, tan cerca y tan lejos que casi parece pueda tocarse con los dedos de la mano. Este es un lugar para quedarse. El solo nos acaricia el rostro, la brisa nos acuna. El castillo de Casarabonela está declarado Bien de Interés Cultural desde 1985, incluido en el Inventario de protección del Patrimonio Cultural Europeo desde 1989 y en el Registro General de Bienes de Interés Cultural del Patrimonio Histórico Español con la categoría de Monumento desde el 22 de junio de 1993. Además de formar parte de los expedientes protegidos de la cultura en España, el castillo árabe de Casarabonela posee algunos de los mejores bancos de Málaga. Bancos en los que reposar y dejar volar la imaginación, bancos situados de cara al núcleo urbano, a las montañas, al Guadalhorce, bancos desde los que escuchar el rumor del viento, del trasiego de la vida morisca, bancos desde los que dejarse empapar la retina con unas vistas espectaculares. Es hora de regresar a la oficina de turismo y devolver las llaves.

La oficina de turismo y el molino de los Mizos

En las oficinas de la calle Real nos aguarda María. Nos pone al día de los planes turísticos del municipio, de las posibilidades que ofrece, de las visitas guiadas, algunas de ellas a la carta, de los distintos recorridos que se pueden realizar. Todo este recorrido que hemos realizado, incluso ampliado, se puede llevar a cabo acompañado por guías que detallarán las historias mínimas de Casarabonela, sus rincones, tradiciones, caños y hornacinas, monumentos, patrimonio cultural, patrimonio histórico. ¿Qué hacer para contactar? Llamar a la oficina de turismo en los teléfonos 952 456 561 y 952 456 067, escribir un mail a la dirección turismo@casarabonela.es o visitar la página web municipal que incluye la descarga en formato pdf de dos callejeros, tres rutas distintas a realizar, hasta 18 audioguías para su dispositivo pda, teléfono móvil, smartphone o portátil y sus correspondientes visitas virtuales. María nos acompaña por las intrincadas calles moriscas hasta el molino de los Mizos, situado en un patio sin salida en una prolongación de la calle Albaiva desde la calle Municipal Juan Díaz. El exterior no hace imaginar que tras esa puerta roja se encuentra un molino. Al cual parece una casa más, hasta que abrimos la puerta, la traspasamos y os hallamos en el corazón de un molino aceitero perfectamente conservado. Se ha estado utilizando hasta hace relativamente pocos años. Se aprovechaba la fuerza de un salto de agua combinada con tracción animal primero y mecánica más adelante para moler olivas y producir aceite o trigo y producir harina. Es curiosa su edificación. Para acceder al patio de trojes hay que traspasar una puerta y acceder a un tramo de calle cubierta por una algorfa. En el interior se puede observar la maquinaria, la bodega en la que se almacena el líquido extraído, algunos aperos de labranza y, sobre todo, se puede imaginar en uso, el sonido de la piedra contra la piedra, girando, la charla de los hombres y mujeres esperando turno de molienda, el esfuerzo de los animales tirando de las moles. Salimos y regresamos a las calles. Caminos junto a María, que nos ayuda a confeccionar el puzle definitivo del “embrujo morisco” que destila Casarabonela, como asegura su lema turístico. Casarabonela “Embrujo Morisco”, y no miente.

Despedida

Aún nos encontramos en lo más alto de la fortaleza árabe. Sentados en uno de los bancos, dejando que el horizonte malagueño nos alimente la mirada. Sentimos los retazos de historia bailar a nuestro alrededor, historia que nos habla de árabes y mudéjares, de moriscos y tropas cristianas, de califas omeyas y rebeldes cristianos, de guerra civil y bastiones por conquistar… Pero sobre todo, esta fortaleza ofrece una visión inédita y completa de la provincia de Málaga, una visión subyugadora, compleja, rica en matices, en colores, en aromas. Dejamos volar la imaginación, creyéndonos aún poseedores de las llaves del castillo

Enlaces de interés y consejos útiles

La Fiesta de los Rondeles: “La Fiesta de la Virgen de los Rondeles, fue declarada a finales del año 2001 Fiesta de Interés Turístico Nacional de Andalucía. Esa noche, víspera de Santa Lucía (13 de diciembre), el fuego adquiere un protagonismo muy especial, iluminando el recorrido de una procesión que hunde sus raíces en las brumas del tiempo. Es entonces cuando el numeroso grupo de rondeleros inicia una andadura que, desde la pequeña plaza que se encuentra junto a la Ermita de la Veracruz -edificada sobre el solar de una antigua mezquita-, asciende hasta la parte más alta del pueblo, lugar en el que se ubica la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol. La luz producida por los portadores de los capachos ilumina un trayecto que discurre a través de calles estrechas y empinadas, herencia de lo que fue la ciudad islámica. La mezcla de elementos tan diversos como el fuego, el humo de la combustión, el olor a aceite y el sonido de instrumentos tan peculiares como las castañuelas moriscas contribuye a crear una atmósfera irreal en la que las llamas proyectan sombras fantasmagóricas sobre las fachadas de los edificios que jalonan el recorrido de esta singular procesión”. Texto y fotos: página web ayuntamiento de Casarabonela.
Página web Municipal: Merece la pena destacar la completísima información turística que ofrece la página web municipal. Los planos callejeros y rutas en pdf, las audioguías, las visitas virtuales, las galerías fotográficas hacen de esta web una herramienta muy a tener en cuenta a la hora de realizar la visita a Casarabonela, Información útil, detallada, de sencilla aplicación y espléndido contenido. A este elemento se les suman las visitas turísticas guiadas, que hacen de Casarabonela uno de los municipios con la información más completa sobre su patrimonio turístico, cultural festivo y etnográfico. Los teléfonos de la Oficina de Información Turística, situada en la calle Real 5 son: 952 456 561 y 952 456 067, y el correo electrónico turismo@casarabonela.es.
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la web municipal y las páginas de la Mancomunidad de Municipios de la Sierra de las Nieves y de la Reserva de la Biosfera de Sierra de las Nieves.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo

82 TOLOX: VENTANA ABIERTA A LA SIERRA DE LAS NIEVES

martes, 2 de noviembre de 2010



Reposa Tolox. Reposa sobre una ladera, arrumbado en una cañada que lo protege de los vientos. Parece Tolox una hendidura blanca, una herida humana pintada a punto de cal contra las enormes montañas. Parece caer Tolox desde las cimas imponentes, como un alud de nieve con forma de caserío blanco. Lo contemplamos desde la explanada que se extiende a la vera de la modesta ermita de San Roque, apenas tres trancos antes de llegar al centro urbano. Nos ofrece este mirador natural una visión sin igual del poderío rocoso de Sierra de las Nieves, Reserva de la Biosfera, premio EDEN y Skal Internacional al turismo sostenible. Y es que el municipio tolita (toloxeño) rezuma esencia serrana. Para visitarlo hay que buscarlo, entreverlo, llegar hasta él. No es un pueblo de paso que el viajero encuentre en el flanco de una carretera. Hasta Tolox hay que ir. Hasta Tolox hay que llegar, y la visita merece la pena.

De los personajes y de sus historias

La historia de Tolox se encuentra preñada de personajes y de leyendas. Quizá su carácter apartado haya abrigado al amor de la lumbre muchas de ellas, mientras el picón de las brasas se calentaba y despedía aromas antiguos. Imaginamos allí a las ancianas, contando, desgranando historias que hablaran del jeque rebelde Omar Ben Hafsún, de su hijo Soleimán y la derrota que éste sufrió ante el grana califa omeya Abderramán III. También otras historias que hablaban de la Inquisición y sus prohibiciones de cantes y bailes antiguos por recordar a los cantes y bailes árabes. Cómo no, también la oscura historia de Micaela Merchán, el Padre José los “encuerichi”, que se cuenta en la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol del siguiente modo: “El origen de esta –para algunos- ‘anécdota’ parece ser que fueron las predicaciones y consiguientes influencias que un ex presidiario, conocido como Padre José, y Teresa Villatoro ejercían sobre algunas mujeres de Tolox, entre ellas Micaela Merchán, que aseguraban ver a la Virgen y a algunos difuntos y lanzaban anatemas contra los escépticos, a los que amenazaban con el infierno. La noche del 23 de marzo de 1886, este grupo de mujeres visionarias anunciaron el fin del mundo, por lo que quemaron en una hoguera todas sus posesiones, se quedaron desnudas (‘encuerichi’, que es como popularmente se conoce este suceso) e iniciaron un ritual alrededor del fuego, azotándose a modo de flagelantes medievales. Avisada la Guardia Civil, los ‘encuerichi’ fueron detenidos y juzgados. Tras el juicio, sólo resultó condenada Micaela Merchán a cuatro meses y un día por lesiones y escándalo público”.

Llegada, aparcamiento, primeras impresiones y Museo de Artes Populares

Tolox es un pueblo repleto de cuestas y calles estrechas. La mejor recomendación resulta estacionar el coche en las calles adyacentes al centro urbano y caminar y descubrir y pasear sus calles con tranquilidad. Estacionamos en la calle Cuesta del Caño y nos adentramos en el centro urbano a través de la calle Encina. Podemos seguir las indicaciones que nos señalan el camino a seguir sin la menor dificultad. En el caso de que se quiera facilitar más aún la visita, en la página web del ayuntamiento se puede descargar un completo callejero en formato pdf e imprimirlo para llevarlo como documentación de viaje. En la calle Encina, nos encontramos con el Museo de Artes y Tradiciones Populares y la oficina de turismo. “El Museo de Artes y Tradiciones Populares de Tolox abrió en 1.992. A través de su mobiliario, aperos y fotografías de personas y calles, recrea en él la vida típica del pueblo a finales del S. XIX. Consta de un dormitorio donde podemos destacar la cama con colchón de lana, cuna, misal, alpargates o traje típico toloxeño; el comedor está dedicado a las familias más pudientes, en él destacamos una colección de juguetes, varias radios, una cartilla de racionamiento y un “pan de higo pintao”. En la cocina lo principal es la chimenea con su caldera y otros objetos llamativos son un tostador de café, alcuceros, piedras de moler sal o planchas. Los aperos de trabajo se exponen en un solo espacio, juntos encontramos los de labranza, los de carpintero, panadero o molinero; entre todos ellos lo más llamativo es la era con su tabla de trilla. Horario: Martes a Domingo de 11 a 14 h. y de 15 a 18 h. de Octubre a Mayo y de 11 a 14 h. y de 18 a 21h. de Junio a Septiembre”, tal y como recoge la web municipal de Tolox.

Hasta la plaza Alta

Desde el Museo caminamos por la calle Balneario con el propósito de llegas hasta la plaza Alta. Esta calle ya nos muestra una idea de lo que es Tolox. Calles estrechas, serpenteantes, que unen las casas y portales dejando apenas un rasgón al aire entre ellas para contemplar el intenso color azul del cielo. La luz del sol refulge contra las blanquísimas paredes y realiza imposibles juegos de luces y sombras sobre ellas. Se rompe la estructura de las calles con abruptas bajadas de escalones que comunican unas calles con otras. Se abren así a izquierda y derecha cuestas arriaba y abajo. Llegamos hasta la plaza Alta, lugar de las celebraciones, fiestas y encuentros del municipio. En uno de los laterales de la misma se encuentra la Casa del Hidalgo Fernández Villamor, construida en el siglo XVI, y a la que hasta entrado el siglo XX se accedía a través de una escalinata. Está construida en lugar privilegiado, a modo de palacete, con forjados en puertas, balcones y ventanas. Destila cierto aroma de abolengo, de sentir señorial.

Las Rinconadas del Castillo y la Iglesia de San Miguel

Huele a otoño en Tolox, quizá cierto rastro de olor a castañas asadas, quizá cierto vestigio de aroma a puchero, quizá un ligero perfume de brasas de naranjo… Frente a la casa del hidalgo se halla el camino hacia la iglesia. Con cada paso nos sumergimos en el barrio de las Rinconadas del Castillo de innegable trazado morisco, de calles retorcidas y tumbadas una sobre otras, como un alambicado laberinto. Antes nos asomamos a la plazuela donde se encuentra la iglesia de San Miguel Arcángel que sorprende por sus remates granas en el dintel de la puerta principal, construido en fábrica de ladrillo, así como los remates bajo los alares o el propio tejadillo de la torre campanario. Se abren las puertas tras un toque de campana y nos sumergimos en un mundo de sombras. Resulta la iglesia de Tolox uno de esos templos de sabor añejo, antiguo, repleto de umbríos rincones bajo su imponente artesonado. En el altar mayor, San Miguel Arcángel porta en su puño una temible espada redentora. Fue en este templo, construido en el siglo XVI, donde los cristianos se refugiaron ante la sublevación morisca de 1568. Tras su incendio se reconstruyó en el año 1577 y fue restaurado en 1632. Nos sumergimos, ahora sí, en las Rinconadas del Castillo. Si miramos más allá de las calles nos encontramos con las montañas en primer término, cimas mayores y menores a la vera misma de las casas, todas ellas de porte serio. En torno a la iglesia y ocupando lo que en el pasado fuera fortaleza árabe, se asienta el barrio de Rinconadas del Castillo, que se abre y se cierra y se vuelve a abrir y que depara sorpresas como un estrecho callejón cubierto de apenas un metro de anchura que bien podría hacer competencia al tan mencionado “Callejón de Araceli” de la localidad axárquica de Canillas de Albaida. Aunque corto, internarse en él, supone un viaje al pasado morisco de Tolox. Conviene en las Rinconadas del Castillo (tras un paseo descubrimos el porqué del nombre) perderse para reencontrarse para perderse y reencontrase, descubriendo “rincones” insólitos y plazuelas del todo imposibles, calles que parecen perderse en sí mismas, patios minúsculos cuajados de flores… Y al salir de este dédalo, de este laberinto, de nuevo el horizonte escarpado de las montañas. El sol de la mañana otoñal pinta las paredes de Tolox con su paleta de colores ocres. Nos asomamos a sus barrancos, fértiles y umbríos, donde crecen los naranjos y los limoneros. Ascienden hasta nosotros rumores del agua.


El Balneario de Fuente Amargosa

Y siguiendo el hilo de ese rumor de agua, como si fuera una secreta melodía de Halloween, nuestros pies desandan el camino andado por la calle Balneario hasta desembocar en un paseo flanqueado de eucaliptos (que luego sabremos plantados por el alumnado del colegio público de Tolox hace más de 20 años). Nos cruzamos con uno, dos, tres hombres que caminan con las manos dadas a la espalda, despacio en el camino. – Buenos días-, saludamos. – Buenos días-, se nos responde. Caminamos ligeros con el paso vivo. Y en nuestra mente pintamos el Balneario de Fuente Amargosa, cuya historia conocemos gracias a su página web: “Desde tiempo inmemorial se conocían en el término municipal de Tolox una serie de fuentes y manantiales conocidos con el nombre de "amargosas" por los naturales, por el sabor especial de las mismas, que eran utilizadas por los vecinos de Tolox para curar un sin fin de afecciones, en ingestión y baños. Fue D. José García Rey, natural de Tolox y farmacéutico, quién fijó su atención en estas curaciones y dio principio a un estudio científico que condujo al exacto conocimiento de este inigualable manantial. Realizó los necesarios trabajos para la captación del agua mineral, y las analizó, catalogándola con el abigarrado nombre de Aguas alcalino-bromuradas, amónico-sulfuradas, crenato-ferromagnesianas. El balneario fue inaugurado en 1869. Arrasado en 1906 por una gran riada, fue reconstruido por D. Manuel del Rio. Políticos, artistas y toreros han sido visitantes habituales desde su construcción a finales del siglo XIX”. Llegamos. El balneario, situado en una depresión recorta sus colores amarillo y blanco contra la sierra verde que emerge detrás. Parecemos trasladados hasta finales del siglo XIX y principios del XX, a los tiempos de la burguesía malagueña, cuando sus potentados disfrutaban de la toma de aguas medicinales en la búsqueda de curaciones a sus males. Está tranquilo el paraje en esta época del año. El balneario se mantiene cerrado en los meses de invierno y reabre sus puertas en primavera. Recorremos sus terrazas, vislumbramos sus pasillos silenciosos. Nos sentamos un tanto y dejamos que el rumor del agua traiga hasta nosotros ese aroma sutil y enmascarado que pervive en todos los balnearios. Cerramos los ojos y nos dejamos llevar.

Despedida

Recorremos con el dedo índice las formas que el sol bosqueja en las fachadas de sus calles. Un cuadro pintado a base de sombras y de luces, de matices ocres, de azules cerúleos y verdes montañosos. Dibujamos con el dedo índice el perfil de la sierra imponente, perseguimos el sutil aroma del puchero otoñal, imaginamos sus leyendas, recordamos su historia de rebeliones antiguas… Y ahora es Tolox el que pinta en nuestro recuerdo un cuadro más sutil y más complejo, en el que los colores únicos se funden para crear una esencia única e indescifrable, una esencia compuesta de historia, recios espacios naturales, raíces de tradición antigua, ancestrales ritos y rincones secretos. Hasta Tolox hay que ir. Hasta Tolox hay que llegar, y la visita merece la pena.

Enlaces de interés, consejos y otras informaciones

Sierra de las Nieves, montaña y senderismo: No se puede obviar en Tolox su condición serrana. Forma parte de la Reserva de la Biosfera de Sierra de las Nieves y en su término municipal se encuentra el Torrecilla, segundo pico más alto de la provincia de Málaga con 1.919 metros de altitud. Al que se accede desde parajes privilegiados como el Puerto de los Pilones y su bosque de quejigos, o la cañada del Cuerno y su antiquísimo bosque de pinsapos únicos. Recorren su término municipal cientos de senderos que llevan a cumbres insospechadas, a cuevas insondables, a parajes imposibles. En el este enlace se pueden encontrar detallados varios de ellos. Se pueden hallar además vestigios de oficios extintos en el pasado reciente como los neveros.
Los carnavales y el Día de los Polvos:Sin duda alguna el pueblo blanco de Tolox, tiñe sus calles de una mayor blancura durante los días del Carnaval, en concreto durante el lunes y martes de Carnaval en los que se sigue una antigua tradición en la que los hombres empolvan con polvo de talco a su enamorada, demostrándole de esta forma el amor hacia ella. Este era un signo de amor que se realizaba durante estos días de algarabía que se vivía en la localidad, fruto de un suceso que acaeció entre una morisca y una cristiana, enamoradas del mismo hombre. Ambas trabajaban en un horno y comenzaron a discutir por el ser amado. La discusión subió de tono y acabaron arrojándose entre sí toda la harina que pudieron. En la actualidad el cortejo amoroso a tomado otro rumbo, permaneciendo aún y cada vez más la tradición de empolvarse unos a otros sin distinción de sexo ni procedencia, pues son muchos los forasteros que acuden este día a Tolox para tomar parte de tan singular fiesta. Durante esta fiesta son numerosas las personas que se disfrazan, participan en comparsas, en concursos de disfraces, en el entierro de la sardina, en los típicos y tradicionales bailes de Tolox como la guasa, el tío del candil; consiguiendo en este grato ambiente disfrutar de la magia en la que nos envuelve el carnaval. Es una fiesta declarada de Interés Turístico Provincial en Málaga. Fecha: No tiene fecha fija, siempre se celebra el Martes antrerior al Miercoles de ceniza” así describe esta fiesta popular y única la página web municipal.
Día de las Mozas: Otra de las tradiciones de allende los tiempos que en Tolox existe es el Día de las Mozas, que tiene su origen en un suceso ocurrido en las Navidades de 1539. La historia relata que una cristiana y una morisca generaron una disputa tremenda entre ellas por querer hornear unas confituras cada una en primer lugar. La riña entre ambas dio lugar a un conflicto mayor entre cristianos y moriscos, que los primeros terminaron del siguiente modo: Acudieron a los pueblos vecinos en busca de ayuda, al no tener batallones de soldados decidieron acudir al pueblo en masa suficiente haciendo sonar esquilas, cencerros y caracolas, formando un estruendo tal que los moriscos creyeron que era un batallón cristiano y huyeron despavoridos. De este modo cada 8 de diciembre, Día de la Inmaculada, los vecinos y vecinas de Tolox recorren las calles de la localidad haciendo sonar toda la cacharrería. La festividad se acompaña con la degustación de productos típicos de la zona.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Tolox, que posee actualizada y muy diversa documentación. Para los que deseen visitar el Balneario de Fuente Amargosa, éste también dispone de su web particular. Además se pueden incluir en las páginas informativas la de la Mancomunidad de Municipios de Sierra de las Nieves y la de la Reserva de la Biosfera de Sierra de las Nieves.

Nota: Las dos fotografías del Museo de Artes Populares y la fotografía del "Día de los polvos" se han extraído de la página web municipal.

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