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56 COLMENAR: DE MIELES Y MIESES

martes, 4 de mayo de 2010


Antes de arribar nos llegan sus perfumes, aroma de aulagas y azahares y tomillos. También resuena en nuestras lecturas el pálpito de esta localidad que es corazón de los Montes de Málaga. Degustamos el sabor de su nombre y el ambarino producto de las abejas que Colmenar le nombró. Pintamos en la imaginación su virgen isleña, tan lejos de su condición insular. Y nos remitimos a su pasado y su presente que le encumbró como cruce de caminos natural entre la Axarquía y la campiña antequerana. Visitamos Colmenar, la del escudo con un almiar en su centro y siete abejas zumbando en derredor.

El paisaje

Posee el paisaje que circunda Colmenar la esencia primera de tres comarcas malagueñas. Aúna el campo cerealista de la antequerana, la abrupta sinuosidad de la axárquica y la rotunda severidad de los Montes de Málaga. Así, las lomas suaves se transmutan en serios barrancos y estos en campos sembrados que verdean en primavera. Se otean en el horizonte que se vierte hacia la Axarquía los picos más altos de todas sus cimas. Privilegiado enclave el de Colmenar que vive con naturalidad esta condición tridimensional que le confiere su ubicación, por otra parte, estratégica.

La calle de las flores

Hemos estacionado al comienzo del casco urbano, llegando desde la carretera de Casabermeja, un tanto lejos del centro, pero esto nos va a permitir hacernos una idea de cómo está constituido Colmenar. Descendemos por la calle Camino de Málaga, y observamos que el municipio se asienta sobre dos colinas, la primera de ellas donde nos encontramos nosotros y la segunda, más antigua, donde se sitúa la iglesia y algo más arriba la ermita. Por su parte, la calle Camino de Málaga es una avenida rematada de arriates culminados en geranios rosas, blancos y rojos, una calle festoneada por una balaustrada de ladrillo visto en la que destacan las coloridas macetas en las que viene estampado el nombre de la localidad. Las casas poseen la estructura que ya hemos reconocido en la comarca de Antequera o en la del Guadalteba. Dos plantas, puerta con zaguán, estructura de patio interior umbrío, ventanas y puertas con rejas de forja... Descendemos hasta la continuación de Calle Camino de Málaga con calle Ñora, una plazuela, cruce de calles, una de las vías principales de Colmenar. En el centro de la misma se sitúa una escultura que representa a un hombre acompañado de un niño. Es uno de los hijos ilustres de la localidad, Don Alfonso Medina, que fue el promotor de la obra "benéfico-docente, Orfanato de Jesús y Candelaria, Fundación Molina-Padilla".

Hacia la iglesia

Para ascender hacia la iglesia tenemos que girar a la derecha por la estrecha calle Pescadería, que tiene una historia. Nació como calle Platería, pero tras la guerra civil se le cambió el nombre por el de Italia, debido a que en la contienda fue en este lugar donde estuvieron acampadas las tropas italianas. Más tarde pasó a llamarse Sánchez Platero en honor a un párroco muy querido por sus vecinos. En la actualidad responde a su primigenio nombre de Pescadería. En nuestro caminar observamos pronto cuál es uno de los motores económicos de Colmenar, el embutido artesano. Proliferan las tiendas con este título y exhiben sus productos naturales en sus escaparates como reclamo al público. No en vano, los embutidos son de tal calidad en estas tierras que en diciembre se celebra el Día del Mosto y la Chacina donde además de las consabidas degustaciones gastronómicas se recibe al visitante al son de verdiales y de flamenco, habilitándose una ruta tapera en la que degustar los mejores platos colmenareños. Seguimos adelante hasta llegar, ascendiendo a la Taberna de Flores, donde giraremos a la derecha para llegar hasta la iglesia. Resulta Colmenar un pueblo tranquilo, silencioso, que transita arriba y abajo entre sus dos colinas, acomodándose a las subidas y bajadas del terreno. Llegamos hasta la plaza de la iglesia, donde se encuentra la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. En 1566 se lleva a cabo en la parroquia el primer bautizo, a la niña Catalina, hija de Rodrigo de Alonso y Catalina López. Es un edificio que más parece una fortificación que una iglesia, debido al aspecto que ha tomado con el transcurso de los años y los diferentes arreglos, obras y añadidos que ha vivido. Pese a todo es un templo robusto y curioso pintado en color blanco con algunos ribetes crema. Su interior consta de tres naves divididas por arcos de medio punto. Posee tres camarines, uno de ellos, de un barroquismo exagerado.

Hacia al ermita

Retomamos el camino andado hasta la Taberna de los Flores y si antes habíamos girado a la derecha, ahora habremos de tomar el camino hacia la izquierda, empedrado, y que nos muestra una cuesta, cuando menos, seria, así que habrá que templar el ánimo. Discurrimos por sus calles traspasados por la vida cotidiana de los colmenareños y colmenareñas que realizan sus labores, paseos, trabajos... Saludan quedamente y nos señalan el mejor camino para rematar la llegada a la ermita. Llegamos, poco a poco hasta el punto más alto del pueblo, la ermita de la Candelaria, curiosamente, culto procedente de las Islas Canarias y es que la leyenda cuenta que en el año 1700, unos marineros canarios que se encontraban en el Mediterráneo faenando padecieron una terrible tormenta que a punto estuvo de desarbolar su barco. Alzaron en esa noche aciaga plegarias a la virgen Candelaria, procedente de su tierra para que les salvara y de ser así construirían en los montes que vislumbraban desde la embarcación una ermita para su culto. Así fue. La leyenda parece refrendada con una popular canción colmenareña que dice "Saliste de las Canarias/con gran acompañamiento/pasaste por tierras varias/hasta llegar al convento/Virgen de la Candelaria". La realidad nos cuenta que es una edificación sencilla, de una sola nave, construida en el siglo XVII. Lo mejor, quizá, de la ermita sea su ubicación. Desde este atalaya natural se pueden contemplar hacia el oeste los contundentes Montes de Málaga, recios, seriamente plantadas, con una altitud creciente; hacia el este, la Axarquía más occidental, con sus lomas y barrancos abruptos, tajos cortados a pico que descienden casi hasta el nivel del mar. Hoy la bruma nos empaña un tanto la vista, pero vislumbramos Riogordo en el fondo de un valle y tras él las primeras estribaciones de La Maroma, pico más alto de la provincia de Málaga. Nos sentamos en uno de los bancos de forja que rodean la ermita y dejamos que la brisa nos mezca. Suenan, algo más abajo, las llamadas de la torre campanario de la parroquia de la Asunción, a la que acompañan el trinar indolente de algunos pájaros. Hasta nosotros llega la fragancia del azahar, dulce y fresco, como una certificación de la primavera.

Despedida


Dejamos atrás Colmenar y serpenteamos por la antigua carretera de Málaga. Los campos sembrados de trigo aún verde se asemejan a un mar de sargazos con sus ondulaciones. No podemos resistir la tentación. Paramos en una de las curvas y echamos la vista atrás. Nos sumergimos en uno de ellos, rozando con la yema de los dedos los trigales verdes. Sólo se escucha el rumor del viento.


Enlaces de interés y consejos útiles

Senderismo: Su ubicación estratégica hace que la práctica del senderismo sea uno de los mejores recursos turísticos de Colmenar en la página web del ayuntamiento nos muestran cuatro posibilidades e incluyen una mapa esquemático de las mismas. La primera de ellas nos lleva al nacimiento del Río Guadalmedina que con cuatro kilómetros y medio de recorrido y un desnivel del cinco por ciento ofrece al senderista la posibilidad de conocer de primera mano las sonoridades del nacimiento de este río. La ruta transcurre por la conocida como Dorsal Bética, entre caminos abiertos por el ganado hasta llegar a una vaguada donde se parecía el eco del río Guadalmedina. En el camino, el senderista podrá reposar y refrescarse en los Llanos de Marchena, donde abundan las fuentes y el agua cristalina. La segunda ruta es la del Chamizo que con un desnivel del 11 por ciento tiene una duración aproximada de tres horas y media. En el transcurso de la misma se pueden encontrar liebres, topos, jabalíes o cabras hispánicas, además de otearse buitres y águilas. La tercera propuesta es la Ruta de Solano de seis kilómetros de distancia y dos horas y media aproximadas de duración. La particularidad de esta ruta reside en los restos arqueológicos que se hallan a lo largo de la misma. Al final del camino el senderista encontrará una masa granítica rectangular que es la que le da nombre, Mesa de Solano. La cuarta opción es la Ruta de la Molina, que además de un contrastado atractivo paisajístico, también lo tiene histórico, ya que transcurre entre cortijos como “La Molina” o “Napolín”, del siglo XVIII. El camino ocupa una antigua Cañada Real que unía Alhama con Antequera y que era paso natural y obligado de todo el ganado que transitaba entre las provincias de Granada y Málaga.
Enlaces de interés: tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, así como la web municipal de Colmenar y la web Axarquía Costa del Sol.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

55 PIZARRA: LA VEGA DEL AZAHAR

martes, 27 de abril de 2010

Huele a azahar, de manera profunda e intensa. Huele dulce. La densidad del aroma recorre las esquinas, los recovecos, se cuela bajo las puertas y entra en las casas por las ventanas. Es un perfume fuerte y delicado a un tiempo, un reclamo de antiguas herencias que ha acompañado al ser humano desde que tiene memoria en estas tierras. Y es que Pizarra es el epicentro de un vergel, de una campiña edénica conformada por inmensas plantaciones de frutales, una estampa pura del Valle del Guadalhorce. Los naranjos y los limoneros ya dieron sus frutos, y en el estallido primaveral queda la flor de azahar como reclamo mítico. Nos persigue y cautiva su olor como una esencia de lo que Pizarra es.

La iglesia y el palacio

Las calles, alargadas y empedradas, de nueva construcción. Es una localidad relativamente moderna, su constitución como municipio está datada en 1847, y su trazado poco o nada tiene que ver con los de otros pueblos de marcado pasado árabe, que ponen el acento de su crecimiento en los laberínticos espacios sobre los que se idea su estructura urbana. Seguimos dirección centro y estacionamos en una de sus calles principales, calle Málaga, frente al antiguo ayuntamiento y a la vera de una plaza que lleva su nombre y que está presidida por dos altas palmeras. En los bancos de piedra que la bordean unas cerámicas nos muestran imágenes de las diferentes pedanías en las que se constituye Pizarra, así vemos a Zalea, Cerralba, Gibralmora y la Barriada Hipólito. Se encuentra ajetreado hoy el centro pizarreño, con idas y venidas de gentes que charlan, mercadean, pasean, ríen... Un movimiento propio de entorno vivo y rico. Desde la plaza del Ayuntamiento tomamos la calle San Pedro, por la que descendemos, hasta la calle Puerta de la Guardia, donde se ubica la iglesia de San Pedro Apóstol. Las casas, de planta y piso en su mayoría, se sumergen en la umbría tras un primer zaguán. Sombras que pueblan los patios y los refrescan del calor exterior, patios donde los niños juegan y una anciana poda con delicadeza un limonero, limonero que perfuma la casa y la calle. Las ventanas están protegidas por rejas de forja negra, al igual que muchos de sus balcones, que se abren tímidos al exterior. Giramos a la derecha y nos encontramos con la entrada de San Pedro Apóstol, un templo de apariencia sencilla, con una puerta coronada en granas y sobre la cual gravita un redondo lucernario por el que se filtra la luz del sol. Cuenta la historia pintada en un panel cerámico que es una "Construcción de estilo mudéjar de una sola nave, levantada en el siglo XVII sobre el mismo solar donde Diego Romero, fundador de Pizarra, ubicó en el siglo XV la primera iglesia del pueblo. En el siglo XIX fue reformada dotándola de una nueva puerta de entrada y trayendo desde Zaragoza las vidrieras y rosetones que aún se conservan". Anejo al templo se encuentra un cuidado jardín con bancadas de piedra donde poder sentarse al fresco. Junto al jardín, el Palacio de los Condes de Puerto Hermoso. Es un edificio enorme, de cierto gusto indiano, con un gran jardín en derredor y altas murallas que impiden su visión directa. Despuntan palmeras, dos altísimas, y dos torres principales. Es un edificio de planta compleja, con tejados sobre tejados a diferentes alturas, algunas de sus terrazas asoman almenadas al exterior. Y hete aquí que aparece de nuevo el nombre de Diego Romero, ya que este insigne edificio se construyó a principios del siglo XX sobre los cimientos de la casa solariega del fundador de Pizarra. En este emblemático lugar pernoctó el Rey Alfonso XIII el 2 de mayo de 1921 y albergó, un año más tarde, la Conferencia Gubernamental sobre la Guerra de Marruecos.

El convento

Subimos por la calle Real y dejamos que aire fresco que proviene de algunos patios abiertos nos rebaje un tanto la temperatura. En todo nuestro paseo nos sentimos observados, vigilados, escrutados. Es "El santo", una enorme escultura de un Sagrado Corazón de Jesús que se erige sobre la cima de la Sierra de Gibralmora y al que se puede acceder caminando un trecho, tal y como luego indicaremos. Llegamos así hasta la plaza del Ayuntamiento, que dejamos atrás, para ascender por la calle Alta y llegar al Convento de Las Hermanas de la Cruz. En apariencia es una casa más, de no ser por el distintivo que aparece en la puerta y que cuenta, someramente la historia del centro que fue el "antiguo convento de las Madres Dominicas, fundado en Pizarra por Pedro Soto Domecq, Conde de Puerto Hermoso. Se inauguró en 1955 y destaca en su interior el magnífico retablo de estilo plateresco que adorna la capilla". Una vecina nos ve dudar en el exterior - ¿Quieren ustedes entrar en el convento?, nos pregunta. -Pos supuesto-, comentamos. La mujer da dos pasos, pulsa un timbre y allí aparece una hermana, vestida con un ropaje sencillo. Dicharachera, habladora y sonriente nos cede el paso. El convento responde a todos los atributos que le pueda atribuir el imaginario colectivo: Silencioso, sencillo, limpísimo, recogido. Preside el hall un cuadro de la fundadora, Sta. Ángela, conocida como madre Angelita. Charlamos largo y tendido con Sor María del Camino que nos cuenta que este es un convento vivo, que recibe a niños y niñas a los que se da clases extraescolares, que las siete hermanas que en él residen realizan labores de ayuda a los más necesitados con visitas a domicilio - Aunque sea sólo para hacer compañía-, apunta Sor María del Camino. Nos permite pasar a la capilla y aquí vemos el altar de estilo plateresco que rezaba la placa exterior. Tras algo más de plática, salimos al exterior.

La Raja Ancha

Continuamos calle Real hacia arriba, hasta llegar a calle Barrio Alto, que cruzamos, hasta llegar a calle Rosales, que descendemos, calle Fuertecillo hasta llegar al Área Recreativa Raja Ancha. Esta zona de esparcimiento es un amplio parque que extiende sus límites hasta bien entrada la montaña. Se encuentra equipado con fuentes, bancada sy mesas de madera, barbacoas, etc. Sabemos que en la zona alta del parque se sitúa la que se llama Raja Ancha, una hendidura natural en la roca a la que se han añadido algunos escalones tallados en la piedra y por la que el visitante puede transitar hasta llegar a su mirador. Eso pretendemos hacer. Preguntamos a dos jóvenes que se sientan lasamente en uno de los bancos - ¿Al mirador? Cinco minutos andando, no más-, contestan. Sumemos a esos cinco minutos otros diez y así tendremos el tiempo real de ascensión. No tiene pérdida, sólo hay que subir hasta encontrar las indicaciones. Llegamos hasta el roquedal y observamos las enormes piedras sujetas unas sobre otras por su propio peso. La Raja Ancha, sumida en la penumbra resulta inquietante y estimulante. Pasamos seguidos uno de otro y nos sumergimos en un instante de tinieblas. Provoca La Raja ciertas emociones encontradas, parece uno ascender hasta un mundo pétreo y sólido, pero contempla, hacia arriba, las losas sobre su cabeza y el mundo sólido se transforma en frágil. Cruzamos en silencio y ascendemos por las escaleras talladas en la piedra hasta regresar, de nuevo, a la luz total, al refugio del mirador. Desde este baluarte se otea una buena porción del centro urbano pizarreño. Reposamos un tanto, tomamos un buen trago de agua, tiramos un par de fotografías. Desde aquí parte el camino hacia "El Santo", desde el que se obtienen, nos han dicho, unas vistas inmejorables. El camino asciende, bien indicado, por una pendiente no en exceso pronunciada y llevará al visitante hasta la cima en una hora y cuarto aproximadamente. Tomamos nota para una próxima visita, aún nos queda por visitar uno de los lugares emblemáticos de Pizarra. Regresamos hasta la calle Málaga, donde habíamos estacionado el coche.

La ermita

Se puede llegar hasta la ermita caminando, excepto una pequeña cuesta al comienzo, el resto es un camino llano, un vial de tierra por el que se puede pasear sin problemas. También se puede acceder en coche. Tanto para lo uno como para lo otro hay que tomar, desde la calle Málaga, la calle Ermita y después el Camino de La Ermita que también conduce a la Vega de Santa María. En el recorrido, que en su primera parte transcurre por las calles altas de Pizarra, nos encontraremos con el mirador del Algarrobo Centenario que ofrece unas visitas inigualables de los campos de frutales que rodean el municipio. Pero, sin duda, el auténtico tesoro de este camino es la ermita. Una construcción ganada a la roca, con una portada espigada, pintada de grana y cal, con una espadaña de la que pende una campana y dos recargados tejadillos que destacan sobremanera en el edificio. "Está datada en el siglo XVI, semiexcavada en la roca y levantada sobre una antigua iglesia mozárabe del siglo XVIII, mientras que la fachada actual es de estilo neogótico, al igual que el altar interior, de mármol, datan de principios del siglo XX. Su advocación a la Virgen de la Fuente Santa se debe al manantial de agua que brotó durante su construcción". Es esta, además, una ermita con ermitaños. Josefa y Ángel viven junto al edifico religioso, en una casa también excavada en la roca que ocupan desde hace más de 20 años. Cuidan y viven en la ermita y nos cuentan que cuando el calor del verano aprieta no es raro que algún vecino visite de madrugada la capilla o se siente al fresco en su entrada mientras el perfume de azahar se cuela por todos los rincones. Charlamos con ellos, nos cuentan y relatan su vida entre anécdotas y sonrisas. Allí nos quedamos un buen rato, disfrutando de su agradable compañía, sintiendo la amabilidad de los ermitaños y de sus vivencias.

La despedida

Dejamos atrás Pizarra y circulamos entre las vegas trufadas de naranjos sin fruto. Se agitan al compás de la brisa las flores del azahar que penetran en el coche, en las ropas, en el pelo. Un olor denso y dulce, intenso y volátil, delicado y recio. Un poeta dijo que el azahar y la dama de noche olían a flores asfixiadas. Nunca había estado en Pizarra en primavera.

Consejos útiles y enlaces de interés

Pizarra arqueológica: Son muchos los vestigios de la antigua Pizarra que se conservan en relativo buen estado y que un ojo experto podría traducir en elementos reconocibles son los Castillejos de la Quintana donde en el cerro de este nombre y aprovechando su difícil acceso así como sus inmejorables condiciones de puesto defensivo y de vigilancia se ubicó un poblado en época mozárabe; los restos de la Torre Árabe, que se conserva en la Sierra de Gibralmora, y que formó parte del sistema defensivo musulmán en el Valle del Guadalhorce; una necrópolis prehistórica en la zona conocida como Castillejos de Luna, compuesta por en torno a una decena de tumbas en cista que se encuadran cronológicamente dentro de la Edad del Bronce; o el "Bañaero de la Reina", se llama así al lugar porque según la tradición popular allí se bañaba la reina mora. Aunque en realidad nos encontramos con una pileta de época romana para la captación de agua.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, a la que añadimos la del Patronato de Turismo de Pizarra, la web municipal del consistorio pizarrerño y la del Grupo de Desarrollo Rural Valle del Guadalhorce.

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