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52 CÓMPETA: MÁS DULCE QUE EL VINO

martes, 6 de abril de 2010

Y pinta el caserío competeño una suave composición de blancos. Blancos que juegan a la sombra gris en las esquinas, al verde en los campos frutales, al anaranjado oscuro en algunos de sus tejados y terrazas, al rojo fogoso en la torre de su campanario al atardecer, al grana en la uva y la vid, a los colores ocres intensos en sus vinos... Pinta Cómpeta sus tonalidades con los acentos de sus gentes, con el murmullo de las conversaciones en las plazas y plazuelas, con el empedrado de sus calles y callejas, con el secreto de sus rincones floreados, con las ventanas entreabiertas de sus casas... Se configura así un puzzle único y delicado, repleto de sutilezas y delicadas formas, un puzzle que ya hemos hecho nuestro, un puzzle que va mucho más allá del vino de la tierra...

Por primera vez

Por primera vez nos dejaremos llevar. Dejaremos que sean otras personas las que nos guíen, las que nos lleven de la mano, las que nos cuenten, las que nos deleiten con buena charla y conversación. Y de la misma manera que en este viaje a Cómpeta decidimos hacerlo nosotros, también lo puede hacer toda aquella persona que lo desee. Y es que la Concejalía de Turismo de la localidad pone a disposición de visitantes, viajeros y vecinos la posibilidad de realizar un recorrido integral por el municipio, una visita guiada que se puede solicitar a través del teléfono de información turística 952.553.685. La solicitud hay que realizarla con antelación y la visita se puede llevar a cabo en español, inglés, alemán, holandés, francés e italiano... Cómpeta es una Babel bien avenida en la que sus 38 nacionalidades se integran e un compromiso de colaboración. De esta manera contactamos con Tom y Gwen y con Paloma y Miguel que nos surten de material informativo. Nos acompañan Tom y Gwen. La visita comienza en la Oficina de Turismo, situada a la entrada del municipio, en la Avenida de la Constitución.

La visita: hasta la iglesia

Cómpeta es un pueblo blanco que desciende con aparente suavidad desde lo alto de un cerro. La disposición de sus calles, entrecruzadas, recortadas y en permanente ascenso hacen que la visita a pie sea de carácter obligado. Mejor estacionar el coche junto a la oficina de turismo y pasear. Se descubrirá así la esencia de un pueblo que tiene mucho que mostrar. Caminamos despacio, moreando cada sabor, cada color, cada acento que se escucha. Descubrimos que en Cómpeta, la venta de productos artesanales es una realidad y que hay numerosas tiendas en los que adquirir desde productos comestibles, el famoso vino competeño, artesanías de esparto y cerámica, etc... La zona más nueva de Cómpeta se funde de inmediato con la más antigua cuando comenzamos a ascender por la calle Rampa (que, por cierto, lleva su nombre a gala pues es una buena cuesta). Caminando por ella llegaremos hasta la plaza Almijara (donde se celebran los conciertos de una fiesta que rinde honor y tributo al que quizá sea producto más importante de Cómpeta: la Noche del Vino), hasta la iglesia de La Asunción, pasando por el nuevo ayuntamiento. El sol abraza con dulzura este pueblo blanco de raíces romanas y moras, y pese a la rigurosidad que emplea el astro rey en su cometido, tampoco resulta excesivo el calor que se aplaca gracias a las recias sombras que proporcionan las estrechas calles. Llegamos así hasta la plaza donde la presencia de restaurantes ocupa gran parte de su superficie. Y con ella a la iglesia, donde su torre campanario de ladrillo visto despunta como un auténtico faro para el visitante perdido. Actúa como eje y referencia del skyline competeño y como apunta José Antonio López Doña en su excelente libro Cómpeta: un paseo por Cómpeta y su Historia, "si nos visita por primera vez y, recorriendo sus estrechas y serpenteantes calles, se pierde no dude en mirar al cielo, allí, como colgando del mismo, la torre de la iglesia le indicará el camino e retorno a la plaza". Queda dicho. En uno de los laterales del templo y formando una terraza se sitúa el Paseo de las Tradiciones, un espacio fresco y umbrío donde se recoge la historia de Cómpeta gracias a una serie de murales en cerámica en los que se detallan los hechos históricos más relevantes, pero también las tradiciones cotidianas que hacen de Cómpeta lo que hoy es. Entramos en la iglesia de la Asunción y lo primero que nos llama la atención es el altar mayor que forma un gran mural pintado sobre la pared y realizado por un artista de Vélez Málaga. El artesonado del techo resulta más que destacables, así como el sotocoro, donde la madera oscura realiza auténtica filigranas para dar formas florales a su entramado. Salimos del templo y giramos a la derecha.

La visita: hasta el Museo Hadriano

Cómpeta es un municipio cuidado hasta el extremo. Sus calles, algunas de ellas estrechísimas, están empedradas y decoradas con flores y tiestos y macetas y arriates que ponen el mayor colorido a sus paredes y rincones. Las callejas se quiebran y retuercen en vertical, pero forman líneas estilizadas en horizontal, largas líneas que serpentean y se comban y curvan suavemente hasta confundirse en la sombra. Eso hace que el paseo se realice de manera muy cómoda y que la ascensión hasta las calles más altas no se transforme en un tour de force, sino en un decoroso caminar. La sombra que unas casas proyectan sobre otras refresca el ambiente caluroso del día. Llegamos así hasta el Museo Hadriano, una vivienda que tras su humilde puerta esconde un molino alojado en su interior. Tan es así que una piedra de moler preside la estancia principal, cuyas paredes están recubiertas de aperos y enseres de labranza. El interior es fresquísimo. Durante el verano, en una estancia contigua, se realizan exposiciones de arte. Tiene la cualidad este museo de permitir ver, tocar y apreciar in situ este auténtico catálogo de herramientas antiguas y que hablan de un pasado ligado al campo mucho más reciente de lo que imaginamos.

La visita: hasta el Museo de Las Tradiciones

Saliendo del Museo Hadriano nos adentramos en la zona de Cómpeta conocida como "El Barrio", una de las partes más antiguas de la localidad y que contagia el sentir de los vecinos y vecinas cuando saludan, con afecto, a Tom y a Gwen. No en vano, ellos, de origen británico han escogido este lugar para vivir desde hace casi una década. Caminamos hasta llegar al cauce domado de un río, que parte el pueblo en dos y permite que las rocas de la montaña sobre la que se asienta Cómpeta salgan a la luz. Es precisamente ahí, en ese roquedal donde asientan sus cimientos las casas colgantes, una serie de construcciones que casi viven suspendidas en el vacío y que parecen sólo sostenidas por capricho de las chumberas. Las casas, que parecen encalladas sobre el roquerío, sobresalen como un blanquísimo baluarte. Continuamos la visita por la calle Horno, hasta el que será próximo Museo de Artes y Tradiciones. La calle, que realiza una pronunciada curva, nos sitúa de manera natural frente al gran núcleo poblacional de Cómpeta. Es un buen lugar para tomar algunas fotos de las casas blancas entre las que sobresale la torre de la iglesia. Decimos que es un buen lugar para tomar algunas fotografías, pero hay más, sólo u poco más arriba. El Museo de las Artes y Tradiciones se abrirá en 2010, en él se van a incluir toda una suerte de elementos relacionados con la vida en el campo, con los primeros habitantes de la localidad, aperos de labranza, algunas pequeñas máquinas. Servirá además como recorrido histórico y etnográfico del entorno.

La visita: hasta la plaza de la Vendimia (y la Noche del Vino)

Detrás del museo se sitúa la ermita de San Cayetano, un minúsculo templo donde reposan algunas flores. Caminando por su misma calle, la calle San Sebastián llegamos hasta el cementerio. Junto al camposanto se encuentra la ermita de San Sebastián, patrón de la localidad, muy venerado y querido por los competeños. La ermita, pintada de blanco inmaculado y rematado en sus esquinas por un color pastel próximo al crema es de proporciones considerables. Su tejado está rematado por una espadaña de la que pende un campana y la portada simula dos columnas y un pórtico romano. Su ubicación actual responde al antiguo centro del pueblo. La ermita fue mandada construir a instancia de Isabel la Católica tras la expulsión de los moriscos en 1505. Por la avenida de Torrox vamos a pasear hasta la plaza de la Vendimia, pero antes podemos adquirir un buen aceite de oliva en las instalaciones de la Cooperativa "la Recíproca". Continuamos camino y como nos señala el mapa turístico, desde una balconada situada frente al Cuartel de la Guardia Civil se pueden tirar un par de buenas fotografías. Nos cuentan que en el atardecer, la torre de la iglesia y las terrazas competeñas parecen arder de tan intensos que resultan los colores. Esta vista de la localidad se ha transformado en una de las señas de identidad de Cómpeta. Seguimos adelante para llegar hasta la plaza de La Vendimia. Epicentro de un terremoto que sacude Cómpeta durante una noche en la que se festeja el mejor de los caldos que el dios Baco puso a disposición de los hombres, el vino. Con la Noche del Vino Cómpeta recrea las antiguas artes con la que se elaboraban los caldos. Así se representa el pisado de la uva, la realización del primer mosto, etc... Los vecinos y visitantes pueden degustar el producto que se elabora in situ. La Noche del Vino se celebra el 15 de agosto y como subraya López Doña en su libro "La Noche del Vino hunde sus raíces en la despedida que hacían antiguamente los campesinos cuando se marchaban a los cortijos a la recogida de la vendimia.(...) En esa noche se cantaban y bailaban los fandangos de Cómpeta y todo se acompañaba con el famoso caldo de estos pagos." En la actualidad se representa todo aquello con una afluencia de visitantes cada vez mayor, convirtiéndose en una de las celebraciones más destacada de la Axarquía. Así se realizan las representaciones ya comentadas y se festeja la noche con música en directo en la plaza de la Almijara. Por supuesto, la degustación de vino y viandas en la plaza de la Vendimia es gratuita.

La visita: hasta la ermita de San Antonio

Desde la plaza de la Vendimia nos adentramos en una serie de calles empedradas. Curiosamente, las paredes de las casas se encuentran embaldosadas de manera idéntica hasta un metro de altura aproximadamente. Nos perdemos acompañados de Tom y de Gwen entre los rincones de esta zona de Cómpeta. Flores, callejas estrechas, tiendas de productos artesanos. Resulta un lugar especial, con encanto y particularidad propia dentro de la localidad. Está cuidadísimo su entorno y los vecinos y vecinas procuran asear al máximo posible sus paredes, que encalan y pintan con cuidado y esmero. Llegamos hasta la plazoleta, en una de cuyas esquinas se encontraba una antigua fábrica de fideos. En la actualidad el solar está ocupado por una vivienda particular, pero una mujer nos relata que en el sótano aún se conservan algunas de las máquinas que hacían posible la elaboración de los fideos... Seguimos caminando y llegamos, de nuevo, hasta la plaza de la Almijara. De allí tomamos ruta por la calle san Antonio que nos llevará hasta la ermita del mismo nombre. La visita es tranquila, reposada y pese a lo escarpado del terreno todo son subidas suaves, en lento zig-zag. La disposición de las calles permite que la sombra señoree, refrescando la ruta. Antes de llegar a la ermita de San Antonio realizamos una parada técnica en el hotel Balcón de la Axarquía. Desde su terraza se observa el mar, dejamos que la conversación fluya y que las palabras se aireen mecidas por el viento. La ermita de San Antonio es un pequeño templo, sencillo, con un pórtico previo y un pequeño jardín que lo precede. Una niña juega en su interior.

La comida

Tom y Gwen nos aconsejan comer en el Museo del Vino, un restaurante en el que además de comer se pueden comprar artesanías locales realizadas con esparto, cerámicas, productos artesanos, etc... Aquí nos despedimos de ellos, con abrazos y promesas de regresar (que serán cumplidas), dándoles las gracias pro tan grata visita, por el cordial paseo, etc... Nos ofrecen además como obsequio uno de los más preciados tesoros de Cómpeta: una botella de su preciado vino. Tras las despedidas nos disponer a comer. Pedimos ensalada de la casa, solomillo al museo del vino, pollo al vino de Cómpeta, una cerveza de 1/3, una botella de agua, una mousse de chocolate y una café solo. Además adquirimos un jarrón (12, 5 euros) y un abanico de esparto para avivar las brasas de la chimenea (5 euros). El total de la comida y los artículos de regalo asciende a 56,55 euros. El solomillo y el pollo están deliciosos, realizando una mezcla de sabores perfecta entre el dulce y el salado. Más que recomendable.

Despedida

Cómpeta que nos ha abrazado con la dulzura que impregna su tierra de vides y de pasas. Cómpeta de casas encaladas y calles apretadas. Cómpeta, laberinto de callejas arracimadas que parecen querer emular a esos racimos de uva que la sitúan en el mapa de los mejores caldos. Cómpeta de vendimias y de vinos, de fiestas y de arriates floreados. Cómpeta como un Babel integrador. Cómpeta de costumbres antiguas que persisten en el tiempo como una muestra de lo que fue y de lo que quiere llegar a ser. Cómpeta única y como decía el poeta "...es una blanca paloma/que, colgada del cielo,/a la Axarquía se asoma, /y poco a poco, en silencio/te enamora".

Consejos de interés y enlaces útiles

Visitas guiadas: Contactar con la Oficina de Turismo es garantía de éxito. Además de las visitas guiadas en diferentes idiomas (español, inglés, alemán, holandés, francés e italiano) el material turístico que se ofrece (planos, guías, folletos, prospectos, etc...) es completísimo. Las visitas para grupos de cincuenta personas se cobran a euro por persona. Tom Ferber, concejal de Turismo de la Villa, nos indicaba la afluencia de turistas de diferentes nacionalidades es de mil por mes aproximadamente. La Oficina de Turismo de Cómpeta se sitúa en la avenida de la Constitución, en la entrada del municipio. Se distingue a la perfección, porque además de su rótulo se anuncia con tres mástiles y banderas y en ocasiones un mulo de cartón piedra suele ramonear en el exterior. El teléfono de contacto es 952.55.36.85 y el correo electrónico turismo@competa.es. La página web municipal es www.competa.es.
"Un paseo por Cómpeta y su historia": una de las herramientas que se pueden adquirir en la Oficina de Turismo es el libro "Un paseo por Cómpeta y su historia" escrito por José Antonio López Doña y que además de realizar un recorrido histórico y sentimental por las calles del municipio, incluye la descripción de seis rutas urbanas en el interior de la localidad (Rural del Este, de las Ermitas y Capillas, del Laberinto, de la Circunvalación, de los Barrios y de los Callejones) y de once rutas senderistas. Todas ellas, tanto las urbanas como las senderistas, están acompañadas de los pertinentes planos y mapas, explicaciones y detalles (en las rutas senderistas se añaden también los perfiles de las mismas). Tiene este libro la particularidad de destilar un intenso y profundo amor por Cómpeta, lo que hace sentir cada palabra y frase como si fueran propias.
Senderismo: La Oficina de Turismo inicia en abril de 2010 las rutas senderistas guiadas. Gracias a ellas se podrá acceder a alguna de las once propuestas como el Carril del Eje Central, la Acequia, la Gaviarra, el Gavilán, las Majadillas, la Loma del Daire, el Acebuchal, el Lucero, el Puerto de Frigiliana o el Puerto de los Umbrales.
Ruta del vino: Cómpeta forma junto con Algarrobo, Sayalonga, Canillas de Albaida, Torrox, Nerja y Frigiliana la llamada Ruta del Vino de la Axarquía.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la páginas web municipal de Cómpeta y la web Axarquía Costa del Sol.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

51 CANILLAS DE ALBAIDA: BLANCO SOBRE BLANCO

martes, 30 de marzo de 2010

Albaida. Blanco. Inmaculado. Albaida en árabe se traduce como blanco, inmaculado. Se asemeja así Canillas de Albaida a una pincelada sutil que pinta de manera transversal la ladera de una colina. Blanco. Albaida. Inmaculado. Su caserío se arracima sobre sí mismo, se estrechan sus calles, se vigorizan sus cuestas. Inmaculado. Blanco Albaida. Del que sólo sobresale, enhiesta, la torre de la iglesia, como un faro y aviso para navegante serranos, único edificio que se manifiesta distinto a nuestra mirada, ocre, oscuro, de ladrillo visto. Canillas de Albaida. Blanco. Inmaculado.

Canillas de Albaida: sobre una ladera

Aparece tras una curva, oculta a las miradas inquietas de los viajeros ahora y de los antiguos enemigos antes, cuando las revueltas moriscas y la reconquista a sangre que propiciaron los Reyes Católicos. Y más que aposentada parece abarrancada sobre la ladera de un cerro, como si los cimientos de sus casas se unieran a él de manera inextricable, imposibles de desenredar. La sensación se acrecienta más aún cuando nos vamos acercando, buscando un lugar donde estacionar, en la parte más baja del municipio, con el trazado laberíntico sobre nosotros. Los desniveles de las callejas se salvan con una arquitectura abrupta e imaginativa que dota a su estructura urbana de un carácter recio, con fuertes contrastes. Así nos encontramos muros fuertemente asolados, donde el sol se ensaña y refulge con intensidad blanquísima y esquinas donde duerme, fresca, la sombra. Serpentean las calles hacia arriba, buscando la verticalidad. Sus casas son blanquísimas y repelladas una y otra vez, refulgen ante el sol de mediodía. Albaida. Blanco. Inmaculado.

El laberinto

El consejo de perderse es en Canillas una obviedad. Nos enfrentamos a un dédalo de calles que se retuerce sobre sí mismo una y otra vez. Nuestra intención es ascender hasta la ermita de Santa Ana, situada en la parte más alta del pueblo y, en el camino, encontrar la iglesia y el callejón de Araceli a la subida y la fuente y el antiguo lavadero a la bajada para visitar, después y fuera del centro urbano, la ermita de San Antón y el puente romano. Los primeros pasos son resueltos para transformarse, minutos después, en vacilantes. Callejones cortos, plazuelas y plazoletas, rincones, pendientes pronunciadísimas. Estamos perfectamente perdidos, y encantados en esta pérdida que nos permite descubrir las esencias del pueblo, las calles vestidas de tiestos, arriates y macetas con tal profusión que llegan, en ocasiones a ocultar las paredes. Nos refugiamos a la sombra de los alares, bajo el abrazo de un limonero repleto de frutos amarillos y poderosamente olorosos. Caminamos, nos perdemos, nos reencontramos, preguntamos, paseamos, descubrimos. Este es el influjo poderoso de los viajes, de las visitas, el descubrimiento de lugares insospechados, de rincones secretos. Llegamos así hasta la plaza de Nuestra Señora del Rosario.

La plaza y el callejón de Araceli

Si hablábamos de profusión de flores y de calles verticales, en la plaza obtenemos un remanso de paz horizontal y un catálogo de arriates y macetas que cubren la práctica totalidad de los balcones que se asoman a la misma. Una línea de sombra parte el trazado de la plaza en dos, en sombra oscura y puro blanquísimo. La iglesia de Nuestra Señora del Rosario preside uno de los laterales de la plaza y resulta curioso que la torre que corona el templo no pueda verse desde esta ubicación por situarse justo en el lado contrario de la edificación. La puerta de la iglesia está abierta. Entramos. Nos sorprende de inmediato que la planta sea cuadrangular, es prácticamente una cuadrado perfecto. Está compuesta por tres naves, todas ellas cubiertas de artesonado de madera. El altar de apariencia sencilla está compuesto por cuatro columnas de estilo romano con un capitel triangular que apenas sobresalen del fondo. Pintado con tonos pastel, preside el conjunto la figura de la patrona de la localidad. En la entrada, a la derecha, dos imágenes femeninas parecen casi levitar por situarse sobre dos pequeñas hornacinas y cubrir con sus mantos a estas. Un crucifijo con la figura de Jesucristo encabeza este trío de figuras. Salimos, de nuevo al fulgor de la calle y, tras preguntar, subimos un trecho por la calle Hornos para girar, inmediatamente, a la derecha. Vemos el siguiente nombre: Araceli. Tiene fama merecida este callejón. Es estrecho y es relativamente largo. Mide apenas ochenta centímetros de ancho por diez metros de largo. La sensación de encajonamiento sorprende y se siente cuando los hombros apenas rozan las paredes que lo conforman. Fotos. Fotos personales con las manos extendidas tocando cada lado de sus muros, etc... Seguimos nuestro ascenso. Poco a poco, sin prisa, despacio. El sol aprieta. Nos paramos, contemplamos las casas, el paisaje. Continuamos.

La ermita de Santa Ana y el descenso hasta el lavadero

Espejean las paredes blancas, reverberan al sol. Llegamos. Los montes que rodean Canillas y la vecina Cómpeta están rodeados de vides y olivos. Suben y bajan, ascienden y descienden las colinas como una marea verde e inmóvil. No en vano nos encontramos en las estribaciones de las Sierras Tejeda, Almijara y Alhama. Dentro del Parque natural que las conforman. Llegamos así hasta la ermita de Santa Ana. El edificio es sobrio, antiguo, encalado y poderosamente atractivo. Un pequeño soportal cubre la entrada Y la disposición de la propia ermita la convierte en un mirador natural. Hacia el norte descubrimos el auténtico poderío de las sierras, las laderas que descienden de manera abrupta hasta el fondo de los valles donde resuena la cadencia vigorosa del agua. las estribaciones de Sierra Almijara son, desde aquí, una realidad palpable, constatable, impresionante. Un mosaico sobre una de las paredes del pequeño templo nos indica que data de los primeros años del siglo XVI y que está catalogada como Monumento Histórico Andaluz. Su enclave natural nos ofrece un paisaje abrumador. Al noroeste, el pico de la Maroma, el más alto de Málaga, al noreste la que podría ser provincia de Granada, bajo nuestros pies el dédalo enredado de las calles de Canillas. Y, al sur, el mar. Nos sentamos aquí un rato, recorremos las paredes d ela ermita, reposamos, descansamos, tomamos un tanto de agua. Disfrutamos. Tras el reparador respiro nos ponemos de nuevo en marcha. Descendemos por entre las callejas en un sinuoso recorrido que nos lleva por la Casa de las Marmotas, por callejas empinadísimas, por requiebros y recodos floreados, por tramos cortos de bajada, por calles transversales que nos cortan el paso. Preguntamos. Por aquí, luego allí a la derecha, después, tras un callejón, a la izquierda, tras la casa blanca de ventanas azules a la derecha otra vez, luego un poco más hacia abajo, a la izquierda y otra vez a la izquierda. Imposible. Intentamos seguir las indicaciones que de tan buena fe nos ofrecen pero nos hemos confundido en el segundo "a la izquierda". De pronto, ante nosotros, y tras una esquina aparece una hermosa fuente de tres caños poderosos y que se sitúa frente al antiguo lavadero. Dejamos la mochila en el suelo, las gafas de sol sobre una repisa, la cámara junto a las gafas, nos remangamos y sumergimos el rostro en el torrente de agua fresca y poderosa, vigorosa y reconstituyente. Nos mojamos también los brazos y dejamos que el sol nos seque al aire. Visitamos el antiguo lavadero que en la actualidad ha perdido su función primigenia y que se ve repleto de enormes maceta con plantas de todo tipo y color. Seguimos camino hacia abajo.

La ermita de San Antón y el puente romano

Justo en el lugar en el que hemos estacionado el coche una indicación señala la dirección hacia el puente romano. Se encuentra en el antiguo carril de Árchez, construido sobre el río Turvilla. Se puede acceder andando por el carril de San Antón, también desde la calle Axarquía, es un descenso relativamente suave que se va acrecentando y que luego habrá que hacer a la inversa. También se puede acceder hasta las proximidades en coche. En el camino se sitúa la ermita de San Antón, desde la que se tiene una buena perspectiva del caserío canillero. A su entrada un placa de cerámica nos cuenta que es una "sencilla construcción del siglo XVII, de una sola nave rectangular, cuberita con armadura de madera con tirantes de lazo. En el exterior, señalar su acceso de arco de medio punto con alfiz resaltado, apoyado en pilastras y espadaña de un solo hueco. Destacar en su interior el retablo de madera policromada, obra de fines del siglo XVIII y estilo rococó. La hornacina está ocupada por una imagen del patrón". Seguimos el camino de descenso hasta llegar al río Turvilla donde nos espera el sencillo puente romano, de un solo ojo y de sencilla construcción. Se puede acceder por el otro lado, desde un camino de piedra con balaustrada de madera. Frescor...

Despedida

Quizá la imagen del mar, desde la ermita de Santa Ana, el reposo tras el largo paseo en ascenso, la impresionante orografía de Sierra Almijara a nuestra espalda, el sonido lejano del agua vigorosa entre los barrancos, la brisa suave del viento que lega del Mediterráneo, el verdor intenso de las vides y de los olivos sobre las colinas, la tranquilidad del silencio de la tarde primera... Canillas. Blanco. Inmaculado. Albaida.

Enlaces de interés y consejos útiles

Fábrica de la luz: Desde la ermita de Santa Ana parte un camino transitable en coche hasta la Fábrica de la Luz, una zona de esparcimiento y acampada perfectamente equipada: Mesas con bancos, barbacoas, fuente pública, duchas, fregadero, servicios, aparcamiento, plazas para tiendas. Se encuentra a 4 kilómetros, aproximadamente del centro urbano. esta zona recreativa se sitúa dentro del Parque Natural de Sierras Tejeda, Almijara y Alhama. Más información en el teléfono: 951.040.058.
Senderismo: Desde la Fábrica de la Luz parten numerosas rutas senderistas dentro del Parque Natural de las Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama. Toda la información sobre el Parque Natural se puede encontrar pinchando AQUÍ.
Ruta del Sol y del Vino: Junto con Algarrobo, Sayalonga, Cómpeta, Torrox, Nerja y Frigiliana, Canillas de Albaida forma parte de la Ruta del Sol y del Vino de la Axarquía.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, la web municipal de Canillas de Albaida, la web personal Canillasdealbaida.com y la web Axarquía Costa del Sol.

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