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88 TORROX: LA CUNA DE ALMANZOR

martes, 14 de diciembre de 2010

“Sus huellas sobre la tierra te enseñarán su historia,
como si la vieras con tus propios ojos.
Por Dios que jamás los tiempos traerán otro semejante,
que dominara la península
y condujera los ejércitos como él”.
Ibn Idari

Descolgaron las campanas, una a una y exigió que éstas se trasladaran a Córdoba. Ordenó a su guardia personal custodiar el sepulcro del santo. Había arrasado ya Zamora y León en su camino hacia Santiago de Compostela y una vez allí no dejó piedra sobre piedra. Era cadid de Sevilla, jefe de todos los ejércitos. Poseía un poder insobornable, una carácter soberbio en los últimos tiempos antes de su caída en la batalla de Calatañazor. Abo-Amir Muhammed Ben Abi Amer, Almanzor, aún recordaba su infancia en Hins Turrus, lugar de esplendores de los omeyas cordobeses, donde el rebelde muladí Omar Ben Hafsún cayó definitivamente ante el poder omnímodo de Abderramán III. Se había criado en estas calles serpenteantes, corrido en pos de otros niños. Los cristianos le conocieron como Almanzor y temieron su espada, su brutalidad, su fiereza. Pero Torrox sólo conoció al niño Abo-Amir, que no vio cómo su pueblo se rendía ante las tropas cristianas en 1487, ni cómo la revuelta morisca fuera sofocada de manera definitiva en la batalla del Peñón de Frigiliana en 1571. Esta tierra pródiga en historia, en abundancia, también estuvo regada de conquistas y rendiciones. Torrox, cuna de Almanzor.

Una aproximación

Torrox parte en dos su esencia. La primera de ellas en forma de playa, de villa romana, de fábrica de garum. La segunda, de esencia serrana, de calles imbricadas, inextricables. Torrox Costa y Torrox Pueblo viven, según aporta su eslogan, en el lugar con el “mejor clima del mundo” con una temperatura media anual de 19ºC. Tiene, además de las historias mencionadas relativas a Almanzor, una conexión con el descubrimiento de América, ya que un torroxeño, Luis de Torres, viajaba en la expedición con las tres carabelas de Colón. Con estos mimbres hacemos un cesto en el que van a caber las historias de Caviclum, de Almanzor, de la Casa de la Joya… Todo ello situado sobre el tapete de un trazado árabe de calles imposibles, estrechas, retorcidas… Y de la mirada límpida al Mediterráneo desde sus playas.

Inicio de la visita, primeras impresiones y la iglesia de la Encarnación

Comenzamos la visita en Torrox Pueblo, apenas a tres kilómetros de su pedanía marítima. Estacionamos el coche en un amplio parking que se sitúa a la entrada, a la izquierda, sin llegar a adentrarnos en el centro urbano. Desde aquí, un paseo anejo a una hilera de casas nos llevará hasta la plaza de la Constitución. Casas bajas, macetas en sus paredes cuajadas de flores y plantas. Aromas de otoño a pucheros y ollas recias. El sol de la mañana ilumina las calles, aseadísimas y empedradas. En la página web municipal de Torrox, muy completa, se nos ofrecen en su apartado de turismo varias rutas a realizar. Hemos decidido llevar a cabo la Ruta Histórica, por considerarla la más completa, que parte desde la Plaza de la Constitución y de ahí seguir los pasos que nos indica, pero introducimos nuestras variaciones antes de llegar hasta allí. Tomamos la calle Chiste a la derecha, continuamos por ella hasta incorporarnos a la calle Paz. Los requiebros del trazado van a marcan todo el recorrido, las calles estrechas que deparan grandes sorpresas. Este es el primer caso. Tras salir de la humilde calle Paz llegamos hasta la plaza de Oriente, donde unas escaleras abalconadas nos saludan con sus macetas y tiestos florecidos. Todo es color. Tiramos un par de fotos y continuamos descubriendo rincones y recodos. Descendemos por la calle Beso (cuya placa está decorada con lo propio, un chico y una chica besándose) hasta las proximidades de la plaza de la Constitución y de la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. Nos hemos encontrado con un dédalo de calles en las que nos hemos tenido que reubicar en un par de ocasiones. Vamos a descubrir, en estas pérdidas, que a cada tanto, sobre las paredes hay una placa que reza Ruta de Almanzor. La hemos seguido y nos ha llevado hasta los lugares deseados. Comprobaremos más tarde que la ruta por la que deseamos realizar la visita se superpone casi punto por punto con esta. Ya hemos vislumbrado la iglesia desde la llegada a Torrox. Resulta curioso su color, ocre, oscuro. Más de cerca comprobamos que las paredes están grabadas con figuras geométricas que se repiten por todo su basamento. La entrada principal se realiza por una calle a la derecha, pero accedemos al interior desde unas escaleras. La iglesia, construida en el siglo XVII sobre una antigua mezquita, fue reconstruida en el año 1889. Su interior es sencillo, casi severo. El altar mayor está presidido por una cruz de madera. Destaca el artesonado de madera del techo, rojizo y recio. Desde la iglesia descendemos hasta la plaza de la Constitución.

La plaza de la Constitución

Es una plaza amplia, grande, con varios abres y restaurantes donde tapear bajo el sol cálido de la mañana otoñal. La preside la que fuera popularmente conocida como Casa de la Hoya, tal era la importancia de esta edificación que el mismísimo rey Alfonso XII se alojó en ella durante la visita que realizó a la localidad en el año 1885 tras el terremoto que asoló la comarca de la Axarquía en la natividad de ese año. Desde la plaza obtenemos una destacada vista de la iglesia en su totalidad, que se recorta con el color azul del cielo. Un grupo de residentes extranjeros reposa en una de las terrazas, toman cerveza fría y pese al tono del tiempo lucen manga corta. Merece la pena detenerse en la plaza, pasearla, disfrutarla, contemplar, bajo la Casa de la Hoya, el acceso a los juzgados, un paseo de naranjos que forman un importante patio. Precisamente desde aquí parte la calle Elisa Ortigosa. El inicio de nuestro recorrido por el centro urbano. Desde la calle Elisa Ortigosa accedemos a la calle Baja, una de las principales arterias de Torrox.
Hasta la iglesia de San Roque

La calle Baja fue uno de los itinerarios comerciales de Torrox. Algunas espléndidas casas y comercios atestiguan este pasado. Al inicio de la calle nos encontramos con dos torreones árabes, pintados de amarillo albero y en los que una placa indica que “Cuenta la leyenda que aquí vivió el príncipe Abderramán después de desembarcar en Almuñécar en septiembre del año 775. Antonio Segovia Lobillo, Poetas y escritores de la Axarquía”. Poco queda de aquella edificación original, pero no deja de resultar curioso saber que paseamos por la que fuera antigua línea defensiva de la ciudad. Continuamos nuestro paseo por la calle Baja para encontrarnos, apenas a diez metros del torreón, la calle Santa Teresa, que tiene como particularidad mostrar una serie de tres arcos que unen las dos paredes laterales de la calle que la conforman. Y es que a izquierda y derecha de la calle Baja nos vamos a encontrar numerosos ejemplos del trazado urbano morisco. Calles estrechas y empinadas, escaleras que no llevan a ninguna parte, plazoletas y plazuelas precedidas de adarves, rincones floridos, recodos sorpresivos. Sin dejar la referencia de la arteria principal, recorremos algunos de estos lugares, indagamos, buscamos, tiramos algunas fotografías. Continuamos la andadura para encontrarnos con el exterior de la que fuera casa de la Inquisición o de Alonso Algassy. No se haya en buen estado, pero refleja en su exterior a la perfección la majestuosidad que hubo de tener en otra época. Más adelante, en nuestro paseo nos topamos con la Casa de la Moneda o de la Aduana, que denota con su presencia la importancia que llegó a tener Torrox tras el descubrimiento de América. Desconocemos si en esto tuvo influencia la presencia de Luis de Torres en el rol de la nao Santa María. Luis de Torres, judío de origen torroxeño, fue el “Lenguas” de Colón en su viaje hacia el descubrimiento de América. Se apodaba como “Lenguas” a los intérpretes. Luis de Torres ya había hecho valer sus saberes lingüistas en la corte del gobernador de Murcia. Hay un par de leyendas acerca de Luis Torres y sus conocimientos sobre lenguas. “En algunos libros en inglés también se afirma que Torres descubrió el pavo (turkey, en inglés) habiéndolo llamado así por el término hebreo bíblico tukki (loro). Otra leyenda cuanta que volvió a España y fumó tabaco allí por lo que fue acusado de brujería por la Inquisición. Sin mencionar los orígenes judíos de Torres, algunas páginas web islámicas han defendido la presencia de un "español que hablaba árabe" en el primer viaje de Colón como una prueba de la antigüedad de la presencia de árabes en América. Estas conjeturas se han basado en el artículo de Phyllis McIntosh en una publicación, Washington File, del Departamento de Estado de los Estados Unidos (del 23 de agosto de 2004): “Es probable que Cristóbal Colón, que descubrió América en 1492, trazara su ruta a través del Océano Atlántico con la ayuda de un navegante árabe”, así lo asegura la wikipedia. En la actualidad la Casa de la Moneda alberga un museo de Torrox en miniatura. Continuamos y antes de llegar a la plaza de San Roque, donde se encuentra la ermita del mismo nombre. Giramos un momento a la izquierda para cruzar, ida y vuelta, el callejón de la calle Portón, un estrecho pasadizo que da lugar a un nuevo laberinto de calles. Llegamos hasta la plaza de San Roque, un lugar recoleto y recogido, en cuyas aceras crecen los naranjos (repletos de frutos) con el rumor del agua de una fuente próxima. Destaca la ermita de San Roque por su espadaña y por el color grana que se le ha dado a su portada construida en fábrica de ladrillo. Su estilo, neomudéjar, la datación de su construcción, siglo XVI.

En el laberinto

Pese a que seguimos las pistas en forma de zócalos y tenemos en nuestra mano la ruta que se nos propone en la página web hemos de confesar que nos perdemos una y otra vez. Desde la ermita hemos ascendido por la calle Fe y a partir de este instante, las calles se entrecruzan unas sobre otras, se pierden, desaparecen y vuelven a aparecer. Observamos los patios repletos de macetas y flores, cubiertos con emparrados, las ventanas de algunas casas pintadas de colores azules turquesa o verdes botella. Flores y más flores, buganvillas que descienden desde las terrazas hasta tocar el suelo y muchas casas con sus nombre propios, algunos de ellos de resonancias nórdicas y anglosajonas. Resulta una delicia perderse, saludar a los torroxeños, contemplar a un grupo de niños jugando al escondite entre los antiguos adarves. Y aunque diría que anduvimos por la calle Fe, por la calle Alegría, por la calle Espada o calle Calvario, mentiríamos, porque hace un gran rato que no vemos ninguna de las indicaciones de la Ruta de Almanzor. Vemos los retruécanos de escaleras que conducen a viviendas individuales, insólitas entradas a algunas casas casi extraídas de la imaginación de Tolkien. Llegamos a una ubicación conocida, la calle Beso. Nos centramos.

La comida

Hemos comprado un par de postales (tres, concretamente) en una tienda de ultramarinos aneja a la plaza de la Constitución. La chica que no ha atendido, encantadora, nos ha recomendado el Asador Torrox para comer. No lo dudamos. Lo hemos visto a la ida y nos coge de camino de regreso al coche. Es un restaurante sencillo. Pedimos una ensalada mixta completa, un pez espada al vino de Málaga, un ración de callos con garbanzos, dos botellas de agua de litro y medio, fría y del tiempo. Desde sus ventanas se ven el mar y la costa. Pican un tanto los callos, los que les dota de un sabor recio y delicioso.

Torrox Costa

Llegamos hasta el coche y nos dirigimos, tras pasar bajo la autopista a Torrox Costa. Al llegar a una rotonda tomamos la dirección a la izquierda y estacionamos sin problemas casi frente al faro. Torrox vivió un crecimiento inusitado del turismo en los años setenta. Estéticamente se asemeja a la vecina Algarrobo y son muchos los residentes extranjeros que han escogido este lugar para vivir. Torrox mira al Mediterráneo y, como municipio costero, uno de sus principales atractivos se encuentran en sus playas, 9 kilómetros de costa divididos en siete arenales: Calaceite, El Cenicero, El Morche, El Peñoncillo, Ferrara, Mazagarrobo y Vilches. Playas de arena oscura y que han sido galardonadas año tras año con la Bandera Azul que las acredita como algunas de las mejores de Europa por la calidad de sus aguas y la disposición de sus servicios y accesos. Vemos vecinos y vecinas, visitantes pasear acariciados por la brisa en paseo de Ferrara. El mar azul, un tanto encrespado esta mañana, juega a hacer remolinos a estrellarse contra la costa. En el inicio del Paseo de Ferrara se encuentra un amplio mirador y bajo él una de las primeras excavaciones arqueológicas de la zona, una serie de tumbas que podrían formar parte de la “Villa a Mare” del faro, una villa marítima romana. Desde este mirador se contempla gran parte de la costa axárquica, hacia poniente y hacia oriente. El viento se cuela entre los tirantes que sujetan la plataforma, ulula. Junto al mirador se encuentra el faro de Torrox y una buena historia. “En el yacimiento han sido hallados una villa, una factoría de salazones donde se fabricaba el famoso "garum", unas termas, un horno y una extensa necrópolis. El descubrimiento de estas ruinas se debe a Tomás García Ruiz, torrero del Faro de Torrox que, a principios del siglo XX, realizó unas excavaciones que dejaron al descubierto la mayoría de los restos arqueológicos que hoy son estudiados por los expertos: mosaicos, esculturas, ánforas, urnas, monedas, etc. La Villa del Faro de Torrox ha sido definida como uno de los pocos ejemplos de "Villa a Mare" o "Villa Marítima" de España. Entre las ruinas romanas se alza el Faro de Torrox, que data del año 1864 y que comenzó a desprender destellos blancos utilizando lámparas de aceite de oliva. A principios del siglo XX se le implantó el sistema de alumbrado de petróleo y, en el año 1922 fue electrificado”, apunta el Patronato de Turismo. Rodeamos el faro y la espuma de las olas nos salpica en el rostro. No nos extraña la ubicación de esta villa romana, enclavada en un lugar privilegiado. Varios historiadores aseguran que esta villa fue Mansio Caviclum, incluida en el Itinerario de Antonino. Se estima que pudo ser edificada entre los siglos I y IV. Paseamos, recorremos, caminamos en el sol templado de la tarde el paseo de Ferrara.

Despedida

Aún estamos enredados entre las callejas a las que nos ha abocado la calle Fe. Escuchamos ecos de voces infantiles, saludos quedos de mujeres, el ronroneo de un pequeño grupo de gatos. Las cales se cierran unas sobre otras, huele a flores delicadas, a perfumes de cocina otoñal. Quizá aquí, por estas calles paseó o jugó en su día el caudillo Almanzor, o Luis de Torres, que descubriera un nuevo continente. Jugamos con la mente y unimos a ambos en la misma historia. Luis de Torres ejerciendo de intérprete para Almanzor ante el prior de la catedral de San tiago de Compostela. Es historia ficción, pero imaginar no cuesta.

Otros lugares y enlaces de interés

Convento de Nuestra Señora de las Nieves: En 1646 el Cencejo Municipal de torrox ya había solicitado a los frailes Mínimos que crearan un establecimiento religioso, que además educara a los hijos de los vecinos. Los frailes no se instalaron allí hasta 1670, primero como Hospicio, y desde principios del siglo XVIII definitivamente como Convento. Con casi total seguridad, el edificio actual fue construido a fines del XVIII sobre la ermita originaria. La Fundación oficial, sellada en el Capítulo General de la Orden religiosa celebrado en Génova en 1710, lo designa como "Convento torroxensis Madonna della Neve". Información y fotografía extraídas de la web municipal.
Torre almenara de Güi Huit: Data del siglo XV. Torre vigía situada a unos 40 metros de altura, con forma troncocónica en mampostería y mortero de cal, 9m. de altura y 22,30m de circunferencia basal. Forma parte del denominado sistema defensivo de la costa. Situada en la zona de Calaceite, carretera nacional 340 en dirección a Nerja, se divisa desde la carretera. Información extraída de la web municipal.
Día de las Migas: Torrox celebra cada año su tradicional Fiesta de las Migas, declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía. El municipio realiza un homenaje al plato más típico de su gastronomía, invitando a todos los que se quieran sumar a las celebraciones a un plato de migas y a un buen vaso de vino. Los ingredientes y condimentos con los que se elaboran las migas las convierten en un plato perfecto para los trabajadores del campo. Cuando los braceros estaban en la viña y en el olivar, y llegaba la hora de almorzar, el patrón tocaba “la caracola” para hacerles saber que las migas estaban preparadas y listas para comer. El domingo previo a la festividad de Navidad, junto al Mercadillo de la Almazara, se preparan y se reparten migas que se ofrecen a todos los habitantes y visitantes que se acercan a Torrox. El toque de la caracola indica que todos pueden pasar a recoger su plato de migas. Un vaso de vino y una ensalada arriera acompañan la comida, que se desarrolla en un magnífico ambiente festivo. Después, la música y el baile continúan en la Plaza de la Constitución. Información y fotografía extraídas de la web municipal.
Enlaces de interés: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la página web municipal de Torrox (muy completa), en el apartado de Patronato de Turismo de Torrox.

Este blog queda abierto a los comentarios, anotaciones, opiniones que los navegantes deseen realizar. Nos vemos en El Color Azul del Cielo.

87 SAYALONGA: AROMAS DE SEDA Y NÍSPERO

martes, 7 de diciembre de 2010

Se abraza Sayalonga a sí misma gracias a sus callejas, que se extienden sobre el centro urbano y se cierran unas sobre otras, recogiendo en su regazo un pueblo blanco e inmaculado. Un municipio de aromas esenciales y profundos, de tranquilas sonoridades, que se amolda a la orografía de un barranco, adaptando sus desniveles y sus casas cúbicas a las querencias del terreno. Sayalonga, nombre sanguino y delicado, a fruto tropical, a conjunciones latinas que nos hablan de antiguas sayas largas. Es un misterio el origen de su nombre, la raíz que lo sustenta, su génesis. Más se hablaba en las crónicas musulmanas y cristianas de su anejo, Corumbela que de ella, de la desaparecida Batarxis incluso. Pero ahí está, aparecida tras una curva pronunciada como un fantasma inmaculado, como un jirón de niebla en el otoño, con sus penachos de nubes blancas provenientes de las chimeneas agitándose en el cielo cual banderolas.
Sayalonga.

Una aproximación

Sayalonga se configura como el acceso hacia el interior de la Axarquía desde Torrox, Nerja, Algarrobo o Frigiliana, los municipios costeros más orientales de la provincia de Málaga. Abre un nuevo mundo plagado de barrancos, de tajos ganados a las laderas de las montañas por los que ahora circulan las carreteras y sus coches y en el pasado fueron las trochas de arrieros, carros y caballos. Los pueblos blancos de la Axarquía que se asientan sobre el abrupto terreno, formando algunas de las más destacadas estampas de la provincia. Pequeñas poblaciones como Salares, Sedella, Canillas de Albaida o Árchez hunden sus raíces en estos terrenos desde tiempo inmemorial. Algunas más grandes como Cómpeta forman cabeza de una comarca en la que se entrecruzan, para gozo del viajero, las rutas del mudéjar y del sol y del vino. Una zona para visitar a conciencia y con tranquilidad, sin prisas, para admirar sus rincones insólitos, sus trazados urbanos imposibles, sus joyas en forma de alminar, de antiguas mezquitas, de plazuelas secretas de patios precedidos de adarves. Pertenece Sayalonga a la ruta del sol y del vino, pero bien podría pertenecer también a la del mudéjar, gracias al alminar que se conserva en el anejo de Corumbela.

Inicio del recorrido

Llegamos a Sayalonga desde Algarrobo y obviamos la primera indicación de parking, para llegar algo más arriba en su trazado y aparcar en la parte superior del municipio en un estacionamiento en batería habilitado en una cuesta. En nuestro recorrido ya hemos comprobado la estructura del municipio, adaptada al terreno y aferrada a él. Nos pertrechamos e iniciamos el descenso hacia el centro. Sayalonga posee una página web municipal que facilita muchísimo la visita al viajero. En la misma se especifican los monumentos a visitar y los horarios, se detallan las diversas historias que pueblan sus calles y se puede descargar un callejero en formato pdf completamente actualizado, útil y legible. Aún con todo, las indicaciones en forma de paneles y losetas que aparecen en sus paredes y fachadas casi nos van a hacer obviar el documento que ya nos habíamos impreso.

La iglesia, la ermita y la Alcuza

Seguimos las indicaciones hasta la amplia plaza de Rafael Alcoba. Dos niños juegan con una pelota, un grupo de mayores charla a la querencia del cálido sol de otoño. Junto a la plaza se encuentra el ayuntamiento y desde allí nos adentramos en el laberinto de calles en una visita que, para nuestra sorpresa, realizamos de una manera muy sencilla. En las placas de las calles se puede observar el nombre de la misma y sobre ella, un níspero. Esta fruta es uno de los importantes activos de Sayalonga, tan es así que el primer domingo del mes de mayo se celebra el “Día del níspero” fiesta declarada de Interés Turístico Nacional de Andalucía. Una jornada en la que se pueden degustar estos productos y sus diferentes variantes gastronómicas. Apenas a veinte metros de la puerta del ayuntamiento nos encontramos con la portada d ela iglesia de Santa Catalina, a su vera, la ermita de San Cayetano y frente a ellas el estrechísimo callejón de la Alcuza. Tanto la ermita como la iglesia son de una sencillez apabullante. Blanco exterior, de formas puras, puerta enrejada la ermita, puerta de madera la iglesia. Sobre el techado de esta última, construida en el siglo XVI sobre una antigua mezquita destaca su torre campanario octogonal. Del mismo periodo data la ermita, construida en los tiempos de cohabitación entre cristianos y musulmanes. En su interior se encuentra la imagen e San Cayetano, una escultura del siglo XVIII de gran valor artístico. Frente a ellas, el callejón de la Alcuza, vocablo que proviene del árabe y que significa embudo. “Callejón de la Alcuza. Con una anchura de 56 centímetros en uno de sus extremos, este callejón es el más estrecho de la comarca de la Axarquía”, reza una placa en su entrada. Y estrecho, es. Una persona de talla normal roza con los hombros los laterales que lo conforman. Callejón que entra en competición de estrecheces con el “Callejón de Araceli” en la vecina Canillas de Albaida. Hasta aquí regresaremos más tarde para, a través del Callejón de San Cayetano, llegar al Cementerio Redondo de Sayalonga. Antes, un visita a sus miradores.

El mirador de Morales

Continuamos camino adelante por la senda que nos marcan las placas informativas hacia el Museo Morisco. Llegamos a una bifurcación. A la izquierda al museo, a la derecha al mirador de Morales. Optamos por esta segunda opción. Abrumador es el calificativo que ha de situarse tras el paisaje que se observa desde el mirador de Morales. A la derecha vemos los vaivenes de los montes, cimas y barrancos axárquicos. Sobre ellos parece flotar el anejo de Corumbela con su torre alminar despuntando. Más allá el Parque Natural de las Sierras Tejeda y Almijara, despuntando sobre ellas, la cumbre más alta de la provincia de Málaga, la Maroma, con su cima cubierta de un manto de nieve pulquérrima. Junto a Corumbela, en segundo plano, las fincas y cortijos de Cómpeta y Canillas de Albaida, aunque no se llegan a distinguir los núcleos de población principales. Abajo, en el valle, junto al río se puede intuir Árchez. Nos sentamos en los bancos y dejamos que el fresco de la mañana nos inunde. Bancales de frutales, naranos con sus frutos, limoneros. Se oyen algunos ladridos lejanos. Las columnas de humo de las chimeneas ascienden hacia el cielo, desmadejándose. El mirador posee un panel explicativo en el que se cuenta que: “Esta calle recibe el nombre de Morales porque en esta zona era donde se encontraba una amplia plantación de morales (…) Estos morales se dedicaban a la cría del gusano de seda, exportándose esta seda desde un embarcadero que había en Torre del Mar a numerosos países europeos como Holanda, Inglaterra e Italia. Tal era la cantidad y la calidad de la producción que ésta era una de las zonas más prósperas del Reino de Granada”.

El Museo Morisco

Regresamos el camino recorrido hasta la bifurcación y tomamos la dirección d ela derecha hasta llegar al Museo Morisco de Sayalonga. “La elección de su emplazamiento viene derivada de motivos históricos. El edificio, propiedad del Ayuntamiento, ha tenido varias funciones a lo largo de la historia pues ha servido de escuela, de Ayuntamiento, ha sido taller de artesanía de adelfas... Actualmente sirve de museo tras una remodelación del edificio que ha permitido restaurar su estructura manteniendo en lo posible su configuración original y permitiendo crear un lugar que combina los nuevos adelantos con un estilo rústico, lo que ofrece una imagen de gran belleza. Así, el edificio en sí mismo ofrece una riqueza visual, mostrando arcos de herradura, puertas de gran belleza talladas a mano, paredes que emulan riqueza morisca y colores que impresiona al visitante. Su variedad, su multifuncionalidad y su contenido conforman un edificio muestra de la riqueza cultural de Sayalonga ofreciendo a sus visitantes información sobre cualquier aspecto relacionado con el patrimonio, la cultura y la historia. El edificio cuenta además con todos los avances tecnológicos desde medios audiovisuales, hilo musical... para facilitar cualquier acto que tenga lugar en el punto con ello pretende ser un centro cultural con amplias funciones y con muchas cosas que ofrecer al público”.

El Cementerio Redondo

Desde allí regresamos hasta la plaza de la Constitución, donde se ubican la iglesia y la ermita y tras ella nos ponemos en camino del Cementerio Redondo de Sayalonga. Es curioso, curioso y, efectivamente, redondo. Los muros exteriores del cementerio forma un círculo imperfecto (en realidad es octogonal), ante ellos, los nichos con forma abovedada que nos hacen recordar, un tanto, a los del camposanto de Casabermeja. Estos son más sencillos, quizá más toscos es su acabado, pero igualmente destacados y curiosos. Los nichos abovedados se superponen unos sobre otros y le dan al cementerio cierto aire de panal, de colmena. Son tres o cuatro las hileras superpuestas de manera irregular. La creencia popular atribuye esta forma de enterramiento al deseo de los sayalonguinos de no ser enterrados dándose la espalda unos a otros. En la actualidad, la parte central del cementerio se encuentra ocupada por nichos de corte más convencional. El camposanto de Sayalonga es uno de los lugares más visitados de toda la comarca de la Axarquía, llegando a recibir más de 3.00o al año. Junto a la puerta de entrada, a la izquierda se encuentra el Centro de Interpretación del cementerio. Recorremos sus callejas y sobrecoge el silencio, la estructura, el encerramiento. Contrasta su blanquísimo color con el azul del cielo. Antes de dejar Sayalonga camino de Corumbela, vamos a parar en el mirador del cementerio, desde el que se puede tener una visión perfecta de su redondez.

Corumbela

“La paloma blanca”, así la calificaron los romanos y de ahí proviene su nombre. Corumbela es una pedanía, un anejo de población con no más de 300 habitantes situado a unos siete kilómetros del núcleo principal. Se sitúa en un altozano y parra llegar hasta allí desde Sayalonga hay que seguir el recorrido por la carretera de Cómpeta, desviarse en el acceso a Árchez y desde allí seguir las indicaciones hacia Corumbela. Es una carretera estrecha y plagada de curvas, pero la llegada merece la pena. Por las vistas y por su magnífico alminar. Tenemos querencia en El Color Azul del Cielo por estas torres, normalmente adosadas a las iglesias y que en el pasado fueron las torres de las mezquitas en las que el muecín llamaba a la oración, como las que hemos visto en Salares o en el propio Árchez magníficamente conservadas. La de Corumbela se halla anexa a la iglesia de San Pedro y responde al canon de estructura en fábrica de ladrillo visto. En este caso no se encuentra muy historiada, pero esta sencillez es la que le dota de gran belleza. El templo es una construcción sencilla, de fachada blanca rematados sus doseles en color grana intenso. Desde Corumbela, otero privilegiado, se puede observar el Mare Nostrum, el caserío de Sayalonga, Canillas de Albaida y Cómpeta. Es una pedanía recogida y aislada, tranquila, plena de sosiegos y con un buen par de restaurantes donde comer.

Despedida

Imaginamos cómo teje la seda el gusano en el mirador de la calle Morales. Teje la fina materia prima que se transformará en delicada prensa para la corte de los reyes nazaríes. Viajará a Nápoles y a Venecia, al reino de Granada, a Roma y a Flandes. Viajará al lejano Oriente, a la Provenza francesa. Viajará. Nos sentamos en uno de los bancos de forja negra, contemplamos el paisaje. Llegan hasta nosotros los aromas de la brasa de naranjo, de los pucheros y ollas de otoño. Miramos allá Corumbela, como paloma blanca que es, a punto de alzar el vuelo. Todo es quietud y silencio. Imaginamos, imaginamos como el gusano de seda teje la fina materia prima que se transformará en delicada prenda.

Fiestas, gastronomía y enlaces de interés

Día del Níspero: “Se celebra el primer Domingo de Mayo en plena temporada de recogida del níspero, cuando el fruto está maduro y en todo su esplendor. En este importante día de celebración, también se dan a conocer los productos típicos y derivados del níspero como la mermelada dulce de níspero o el licor de níspero; y los productos típicos del lugar como el vino del terreno. Igualmente se hace entrega de los galardones del níspero a nivel andaluz, comarcal, y local. A lo largo de toda la jornada hay degustación gratuita de vino, nísperos y mermelada; y se venden y exponen los productos de los numerosos cursos que se imparten el pueblo a lo largo del año”, como apunta la web municipal. En cada edición se entrega el Níspero de Oro a todas aquellas personas e instituciones de relevancia que han dado en promulgar los intereses de Sayalonga.
Sopas cachorreñas: “Sin lugar a dudas es uno de los platos más peculiares con los que cuenta la gastronomía de la localidad. Según se dice este plato tiene su origen en Sayalonga popularizándose a continuación en la gastronomía de la Axarquía. Ingredientes: 2 ó 3 dientes de ajo, 1 Cucharada de aceite de oliva, 1 pimiento verde, pan a rebanadas, agua, vinagre (al gusto), sal., 1 huevo por persona. Preparación: Se pone el agua a hervir, cuando ya hierve se le echa el pimiento verde, su ajo machacado, su “mijita” de sal, y su cucharada de aceite. Cuando ya está cocido, se le echa un huevo por persona y se cuaja y se aparta en los platos con su pan picado y su vinagre”, así lo indica la página web de Sayalonga..
Enlaces: Tomamos como referencia la página web del Patronato de Turismo de la Costa del Sol y la completísima página web municipal de Sayalonga.

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